Capítulo 10

Esto es… amor

Ambos estaban sucumbidos en un delicioso beso, Terry tenía a Candy fuertemente sujeta, y no pensaba dejarla ir, su paciencia se había agotado por completo y ya no aguantaba más. Se separó lentamente de ella para ver su rostro, sus mejillas sonrosadas y su respiración entrecortada solo podrían significar una cosa…

Aquel dulce momento quedo interrumpido por los gritos de voces conocidas eran Archie y Albert que habían salido momentos después de que Terry lo hiciera. El castaño al percatarse de la presencia de los dos intrusos tomo a Candy de la muñeca y la arrastro a unos arbustos para esconderse mientras le tapaba la boca.

-Espera Archie- dijo Albert jadeando- ella está bien, seguro que se encuentra con Terry.

-Pero Candy necesita de alguien que de verdad se preocupe por ella- sentencio Archie ansioso.

-Ella está más que bien con la compañía de Terry- se acercó un poco al castaño- además recuerda que no debes dejar sola a tu esposa- dijo Albert haciendo énfasis en la última palabra.

Archie al percatarse de que la realidad era totalmente diferente a su imaginación decidió hacerle caso a Albert y volver con la que esa noche se convertiría en su mujer.

La conversación de Archie y Albert no había pasado desapercibida para Terry, era más que obvio que el castaño estaba enamorado de Candy; apretó los dientes al llegar a esa conclusión, definitivamente debía tenerlo vigilado, ¿Cómo se atrevía a desear a su pecosa?, aunque ya después saldaría cuentas con él, por ahora había algo mucho más importante de lo que debía ocuparse.

El castaño aun sostenía fuertemente a Candy, ambos estaban sentados, ella delante de él mientras que Terry con una mano le tapaba la boca con la otra la aprisionaba fuertemente contra su cuerpo haciéndole imposible escapar.

-Shhh – susurro en el oído de la rubia- debes portarte bien mi querida pecosa, te liberare pero ni se te ocurra gritar. Retiro lentamente su mano de la boca de Candy, mientras que ella trataba de recuperar la respiración.

-Te… Terry p… pero que es lo que te pasa-dijo jadeando.

-No quería que esos dos nos encontraran- le dio un breve beso en la mejilla- esta noche seré el único que verá tu sonrisa- dijo abrazándola con ternura mientras hundía su rostro en el cabello de Candy.

-Terry…- dijo la rubia en un suspiro mientras que una sonrisa se dibujaba en sus labios.

-No me importa los errores que hayas cometido- dijo aspirando el olor de aquella hermosa cabellera rubia- solo me interesa el tú de ahora, amo la dulce pecosa que es capaz de reír así por dentro quiera soltarse en llanto, amo a la Candy que es buena con todos así no todos sean buenos con ella, amo aquellos hermosos ojos puros y cristalinos que me miran con una ternura que sería capaz de derretir el hielo, amo aquella delicada boca y sensual cuerpo que hace que me vuelva loco, yo solo amo a la que tiene prisionero mi corazón, solo te amo a ti mi pequeña pecosa.

Candy estaba perpleja por lo que había oído, era lo más hermoso que había escuchado en su vida, ahora era sumamente feliz; a él, a su amado no le importaba nada más que ella, ¿acaso no podría ser mejor?, ella también lo amaba, todos esos sentimientos reprimidos al fin serian escuchados.

La rubia se dio vuelta lentamente, y se sorprendió al encontrar unas pupilas azules llenas de lágrimas retenidas, jamás había visto a Terry así, tan indefenso, tan transparente, ahora sentía que lo conocía mucho más que antes. No pudo reprimir el deseo de besarlo; puso delicadamente sus manos en el cuello del joven y se acercó lentamente a él. Era la primera vez que ella iniciaba el beso, y por ello ambos se dieron cuenta que este era el mejor de todos.

Terry no cabía de la dicha, su pecosa lo besaba, ella estaba aceptando sus sentimientos, le estaba entregando aquella dulce respuesta en un beso de ensueño que jamás pensó que tendría.

-Candy…-suspiro Terry mientras se separaban lentamente.

-Terry… -ahora era el momento para decirle a su amado sus sentimientos ya que ahora sabía que serían correspondidos- no soy muy hábil, muchas veces tomo decisiones incorrectas, pero ahora me doy cuenta de que el estar contigo es de lo único que jamás me arrepentiría en mi vida, de verdad eres a quien más amo, te lastime mucho antes y no sabes lo feliz que me siento al escuchar que aún me ames, quiero estar contigo para siempre.

Terry abrazo fuertemente a la rubia, era imposible que él pudiera tener tanta felicidad en tan poco tiempo, definitivamente no era merecedor de un premio tan grande, pero ahora mismo tenía a su pecosa, a su Candy declarándose ante él, después de todo lo que habían pasado, había perdurado el verdadero amor.

-Candy… yo… no puedo soportar… tanta felicidad- dijo el castaño apretando fuertemente a Candy- no quiero dejarte ir, quiero que seas mía.

-Yo… también quiero serlo – susurro Candy tímidamente, sin pensar en que esas simples palabras habían dado un sin número de sensaciones en el cuerpo de Terry.

-Candy… -suspiro el castaño- ¿Vendrías conmigo?-dijo Terry levantándose mientras le extendía su mano con aquella sonrisa que lo caracterizaba.

-Si-dijo la pecosa sonriendo ampliamente mientras tomaba la mano del castaño.

….

Terry abrió la puerta de su habitación del lujoso hotel donde se hospedaba.

-Pasa Candy-dijo Terry sonriendo mientras Candy avanzaba revisaba con ojos asombrados todo el lugar, de verdad era bellísimo.

-¡Terry!, ¡No sabía que era un lugar tan hermoso!- se dio vuelta lentamente y encontró al castaño con una dulce mirada, aquellas que no le dejaba ver a cualquiera.

-¿En serio?-dijo seductoramente- creo que se siente más cálido ahora que tú estás aquí- camino rápidamente hacia la rubia aprisionando sus labios en salvaje beso.

Candy empezó a sentir como empezaba a emerger dentro de ella un dolor que subía por su vientre. Al mismo tiempo Terry bajaba sus labios por el blanco cuello de la rubia; empezó a besarlo y a lamerlo lentamente mientras arrancaba pequeños gemidos de la boca de Candy. Las manos del castaño se posaron en la espalda de ella mientras empezaban a desabrochar aquel vestido que lucía tan bien en ella, pero que ahora simplemente estorbaba; lo retiro con sumo cuidado, paseando su boca por los blancos hombros de Candy, mientras que ella instintivamente arqueaba su cuerpo hacia atrás, entonces Terry pudo ver los pezones erectos y no pudo resistir más así que simplemente dejo caer el vestido al suelo.

Habiendo terminado con aquella labor, la recostó suavemente en la cama, al mismo tiempo que sorprendía con la belleza del cuerpo de Candy, la vista que tenia de ella era verdaderamente increíble: estaba totalmente ruborizada con sus ojos verdes entreabiertos, su boca un tanto húmeda y con un delicioso color carmín, su pecho se movía sin control alguno, y sus senos tan blancos y suaves le daban ganar de comérselos.

-Terry… no mires -dijo Candy mientras se tapaba el rostro con una almohada.

-No hagas eso pecosa, déjame verte- dijo el castaño tratando de retirar suavemente la almohada del rostro de la rubia.

-No quiero… me da vergüenza- contesto sujetando fuertemente la almohada.

-Soy el único que te está viendo- susurro.

-Porque eres tú… me da vergüenza- contesto tímidamente.

-Entonces hare que te apenes aun mas- y sin esperar más Terry toco los senos de la rubia haciendo que ella jadeara haciendo que la almohada se separara levemente de su rostro, cosa que él castaño aprovecho para besar aquellos labios que lo tenían loco.

-Candy…-susurro cerca de su oído, y de repente mordió suavemente su oreja.

Se separó un poco de la rubia, y con una de sus manos tomo delicadamente uno de los rizados mechones de su cabello, se inclinó un poco hacia el para olerlo, sonriendo dijo:

-Que olor tan embriagante –dijo el castaño mientras aspiraba- no sé cómo saciar la sed que tengo por mi pecosa, quiero todo de ti- sentencio mientras la envolvía en aquellos besos apasionantes que solo él era capaz de darle.

Candy estaba totalmente ruborizada, además tenía mucha vergüenza de que Terry la estuviera viendo totalmente desnuda, pero aun así él le hacía sentir seguridad, poco a poco se sintió mas cómoda con las nuevas sensaciones que él castaño le proporcionaba.

La rubia puso sus manos en el pecho de Terry, era tan fuerte, quería conocer cada rincón del castaño, quería saber todo él; con dedos temblorosos empezó a desabotonar su camisa, cosa que a Terry le alegro bastante, ella también lo deseaba, así que dejo que su pecosa recorriera su cuerpo.

Al haber quitado por completo su camisa, se dirigió a su pantalón, lo desabotono de igual forma tratando de sentir lo más posible su anatomía; finalmente dejo al descubierto su ropa interior con un bulto emergiendo de este; los ojos de Candy se llenaron aun mas de deseo y Terry se dio cuenta de ello, así que se quitó rápidamente lo le quedaba de ropa. La rubia admiro por completo al hombre que tenía delante de ella, ¿acaso podría ser más perfecto?

Sus ojos azules la miraban con deseo, su boca entreabierta inhalaba y exhalaba aire mientras que de vez en cuando se relamía sensualmente aquellos delgados labios que había probado ya tantas veces, su fuerte pecho estaba cubierto sutilmente de gotitas de sudor al igual que su frente, su cabello caía descuidadamente sobre su rostro haciendo que este se enmarcara viéndose más maduro y sexy.

Los labios de Terry fueron bajando lentamente hasta atrapar uno de sus senos, lo lamio suavemente mientras Candy dejaba escapar gemidos que solo hacían que el castaño la deseara más; jugo, mordisqueo y lamio aquellos blancos senos sin restricción alguna, disfrutando de los sonidos que hacia su pecosa.

-Candy… tu sabor es tan exquisito- dijo totalmente excitado. Sus manos bajaron hasta la feminidad de la rubia, mientras la masajeaba suavemente sentía que esta se ponía más húmeda.

-Po… por favor, ya… ya no puedo…- suplico la joven con dificultad, necesitaba a Terry dentro de ella.

-¿Me deseas pecosa? –dijo mientras la masajeaba con más fuerza.

-Si…Terry – dijo mientras movía sus piernas. El castaño se posiciono entre las piernas de Candy. A pesar de lo excitado que estaba aún debía ser cuidadoso con su pecosa; así que muy lentamente empezó a entrar, mientras las facciones de Candy demostraban dolor, al ver esto Terry se asustó, no quería dañar a Candy.

-Perdón... Candy –dijo el castaño con los sentidos nublados.

-Está bien, continúa… Terry- dijo totalmente agitada, mientras sus caderas empezaban a contraerse.

El castaño empezó a moverse suavemente, mientras Candy- más ruborizada que nunca- seguía gimiendo mientras gritaba el nombre de Terry, el castaño empezó a moverse entonces más rápido, haciendo la excitación en Candy más intensa. Al fin eran uno solo; aquella noche Terry le había dado a Candy algo que ella jamás olvidaría, ahora estaban por fin juntos, después de años nada importaba solo aquel momento que los dos habían deseado tanto. Finalmente llegaron al clímax, gritando el nombre del otro.

Terry se desplomo sobre ella mientras que trataba de tranquilizar su respiración, podía sentir como debajo de él palpitaba rápidamente el corazón de su mujer.

-Candy…-susurro el castaño agitado mientras se separaba un poco de Candy para verle el rostro- te amo pecosa- dijo mientras quitaba delicadamente los mechones de la cara de la rubia, y ella sin poder contenerse sintió como otra vez sus mejillas eran poseídas por un escandaloso color carmín.

-Yo también te amo Terry. Y sellando aquellas palabras Candy cerró sus ojos y se aproximó a los labios del joven, los cuales la recibieron con gusto.

-"Ojala pudiera estar así para siempre"- pensó Candy mientras el beso se acrecentaba y el punzante dolor de su vientre volvía a invadirla.

….

Candy abrió lentamente sus ojos, dando paso a un profundo color esmeralda con un brillo un poco peculiar en ellos, al mismo tiempo que sus labios delineaban una sonrisa al ver al caprichoso castaño que tenía a su lado.

No podía separar la vista de él, y no era para menos ya que nunca lo había visto de ese modo, tan tranquilo e indefenso, parecía alguien totalmente diferente mientras dormía; y tal vez ahora después de todo lo que había sucedido en la noche anterior, podría verlo muchísimas veces más así.

Aún no había amanecido por completo, por lo que Candy se levantó de la cama para observar la salida del sol; se disponía a hacerlo cuando sintió que algo la jalaba por la muñeca y la volvía a lanzar a la cama.

-¡Terry!- dijo Candy sorprendida, mientras que el castaño la sujetaba fuertemente por las muñecas.

-¿Acaso te ibas a escapar pecosa?- susurro Terry mientras se acercaba lentamente a los labios de la rubia.

-No… yo solo…- No pudo terminar la oración cuando Terry atrapo sus labios en un delicioso beso, como si abrazara tiernamente su boca.

-De ahora en adelante serás mía para siempre- se acercó a su oído- no podrás escapar jamás.

Aquellas peligrosas palabras recorrieron a Candy como si una corriente eléctrica recorriera su espalda. Se dejó envolver de nuevo en el embriagante beso que Terry le estaba dando. Al terminar aquella caricia, Terry dejo caerse al lado de la rubia, la rodeo con uno de sus brazos para que ella se acomodara en su pecho.

Candy podía sentir los latidos de Terry, eran tan relajantes, su pecho tan fuerte y a la vez tan suave era tan cómodo, se sumía cada vez más en un trance junto a Terry mientras que este paseaba sus manos por el brazo de ella.

Ninguno de los dos creía todo lo que había pasado la noche anterior, era algo tan inesperado y a la vez tan anhelado que jamás creyeron que se haría realidad, pero ahora se encontraban ahí juntos, en una habitación, después de haberse amado durante toda la noche. Aquella caricia que muchos practicaban solo por placer, para ellos era la muestra de amor más pura, no había nada mejor que convertirse en uno solo con la persona que amaban.

De repente Candy recordó fugazmente algo…

-Tengo que ir al hospital temprano- dijo Candy removiéndose un poco.

-No vayas, no creo que pase nada porque faltes un día, quédate aquí- dijo abrazándola con fuerza.

De repente el sonido de un timbre telefónico rompió el romántico momento que habían creado.

-Contesta Terry- dijo la rubia levantándose- yo iré a bañarme- Candy se dirigió al cuarto de baño y cerró la puerta, mientras que Terry algo molesto camino hacia el teléfono que sonaba incesantemente.

-Habla Terruce Grandchester – contesto secamente.

-Sr. Grandchester tiene una llamada de New York.

-La acepto- solo podía llamarlo una persona de New York.

-¿Hola? ¿Terry?

-Hola Emily- respondió el castaño sintiendo que su mal humor bajaba.

-Qué bueno que te encuentro, oye tienes que volver, es urgente.

-¿Volver?- dijo Terry asustado, no quería separarse de Candy y menos ahora que había logrado atrapar su corazón; pero aun así, él era un actor y no podía abandonar su trabajo.

-Si Terry, ya falta poco para la gira ¿recuerdas?- claro que lo recordaba solo que creyó que aún tenía tiempo, ¿Cómo podía tener tan mala suerte?, ahora después de todo tendría que separarse de Candy.

-Si… recuerdo- dijo melancólico.

-Me tengo que ir, pero por lo visto ¿no te quieres separar de tu chica cierto?, igual no te preocupes al menos pudiste aclarar todo ¿no es así?

-Si entrometida, por eso es que no quiero irme, pero supongo que no puedo hacer nada, hablamos luego Emily-dijo más alegre- iré lo más pronto posible.

-Te lo agradecería, todo el mundo está con los nervios de punta, ven pronto a más tardar mañana, ¡nos vemos!

Terry colgó el teléfono, como le diría a Candy que tenía que irse, no quería separarse de nuevo de ella y más ahora que tenía claro todo por primera vez en mucho tiempo. Bueno luego pensaría en eso, ahora lo que quería era tomar una tibia ducha con su pecosa.

Abrió lentamente la puerta del baño y vio a la rubia en la bañera con los ojos cerrados mientras que el agua le llegaba hasta la mitad de sus senos, sus mejillas estaban sonrojadas y el cuarto estaba inundado de vapor mesclado con el sutil aroma a Candy.

No pudo resistirse el acercarse a ella, así que lentamente se aproximó a la gigantesca bañera y con mucho cuidado se introdujo sintiendo como el agua caliente cubría lentamente su cuerpo, finalmente decidió hablar.

-¿Quieres compañía Candy?-dijo Terry sorprendiendo a la rubia, quien abrió los ojos para encontrarse al castaño totalmente desnudo y con una erección más que evidente.

-Te… Terry- dijo nerviosa- y… yo ya casi termino- desvió la mirada de la virilidad del joven.

-¿En serio?-dijo mientras caminaba hacia ella- ¿acaso crees que te dejare ir tan fácil pecosa?- acorralo a la joven a una esquina de la enorme bañera, y empezó a lamer su cuello suavemente mientras que se deleitaba con los sonidos que esta hacía.

-Terry…-suspiro excitada, no podía evitar dejar escapar jadeos que solo hacían que el castaño la deseara más.

-Candy… mi adicción… aun no tengo suficiente de ti- dijo mientras jalaba el cabello de la chica haciendo que esta se arqueara hacia atrás, de este modo tenía total accesibilidad a su cuerpo.

Sus labios no tuvieron suficiente con su cuello así que bajaron hasta sus senos, la lengua del castaño empezó a explorar los pezones rosas de la rubia, mientras que ella nublada por la excitación había bajado sus manos hasta el miembro de Terry y comenzaba a masajearlo.

-¡Candy!- dijo sorprendido al sentir el toque- sí que eres una pecosa traviesa…- sus labios volvieron a encontrarse con los de la rubia quien no había dejado de tocarlo.

El teniendo la misma idea, empezó a masajear su feminidad sintiendo como las movimientos de Candy en su miembro se hacían más rápidos y sus gemidos más intensos. Introdujo dos de sus dedos sorprendiendo por completo a la rubia, sintió la calidez de su interior, y esto solo incrementaba su excitación. Poso de nuevo sus labios en los de Candy mordisqueándolos e invadiéndolos salvajemente.

-Ya… no aguanto Terry- suplico entre jadeos, y como si fuese una orden el castaño de inmediato se posiciono entre las piernas de la rubia y se introdujo rápidamente mientras que ella lo abrazaba con sus piernas.

Los movimientos del joven se volvieron más rápidos, hasta que juntos llegaron al clímax; Candy pudo sentir de nuevo aquel cálido líquido derramándose en su interior.

-¡Candy llegas muy tarde!- la regaño Lucy mientras que la rubia trataba torpemente su uniforme.

-Lo siento Lucy, no volverá a pasar- respondió con su usual sonrisa.

-Solo por esta vez- se quedó mirando un momento a Candy- hoy te vez diferente, ¿te paso algo?

-¿!Ehhh!?- respondió la rubia sorprendida, ¿cómo era posible que su amiga lo pudiera adivinar todo?

-¿Entonces si paso algo verdad?- inquirió sonriendo- me lo contaras después del trabajo.

-Lo siento… yo… tengo una cita así que no puedo ir- respondió sonrojada.

-Jumm ahora entiendo, bien hablaremos después entonces, ahora vamos tenemos trabajo que hacer.

-¡Sí!

Las dos chicas se dirigieron a la sala de urgencias, mientras Candy recordaba lo que Terry le había dicho antes de salir del hotel….

-Escucha Candy- dijo serio- hay algo que debo decirte, así que ¿podemos vernos cuando salgas del trabajo?

-Claro… pero ¿por qué no me lo dices ya?- cuestiono preocupada.

-Es algo importante y necesito que no estés apurada.

-Entiendo… entonces nos veremos más tarde- respondió la rubia alegremente.

…..

El cielo tenía un suave resplandor naranja, ya era la hora acordada para verse y Terry esperaba impaciente a la entrada del hospital, claro que no demostraba ni una pisca de ello. Pronto vio unos risos dorados siendo mecidos por el viento mientras que Candy corría alegremente hacia él, era una vista hermosa.

-Hola pecosa- dijo mientras la recibía abrazándola, la tomo de la barbilla y le dio un tierno beso en los labios.

-¡Terry!, ¡pero que haces no vez que hay mucha gente!- dijo avergonzada tratando de separarse del castaño.

-Eso significa que ¿quieres ir a un lugar donde no nos molesten?, ¿acaso quieres repetir lo de esta mañana?- respondió riendo mientras se alejaba de Candy sabiendo que esta le pegaría.

-¡Pero que dices Terry si yo soy una dama!-grito mientras corría tras el castaño. Fue como un deja vu para ambos, hace tiempo que no jugaban así…

Pronto divisaron un gran roble donde Terry cansado se detuvo.

-E… está bien pecosa… me rindo- dijo tratando de recobrar el aliento.

-Lo dejare pasar por esta vez- definitivamente Candy estaba en mejor condición física, y como no si se la pasaba corriendo por todo el hospital.

Terry se sentó a la sombra del árbol e hizo un ademan a Candy para que se sentara junto a él.

-Escucha Candy- empezó Terry serio- mis vacaciones por así decirlo han finalizado y…. debo partir a New York esta noche para iniciar una gira con la compañía Sttanford - dijo mirando con atención el rostro de la rubia.

Candy no sabía que decir… ¡Terry se iría esa misma noche!, después de que le había dado el mejor de los placeres se iría sin decir más que un simple adiós. No podía creerlo, sabía que no era culpa del castaño pero aun así no puedo evitar sentirse utilizada, jamás pensó decir "hice el amor con mi hombre soñado y el al siguiente día se va a cientos de kilómetros de distancia". No pudo evitar derramar unas lágrimas de desilusión, a pesar de todo iban a seguir separados…

-Candy…-musito el joven mientras veía las lágrimas de la rubia bañar sus mejillas- no será por mucho…-delicadamente seco las mejillas de la chica con sus manos- te lo prometo.

-Está bien Terry-dijo al mismo tiempo que trataba de retener las lágrimas de sus ojos- sé que no es tu culpa… pero aun así te extrañare… mucho- con estas últimas palabras la rubia no aguanto más y se soltó en llanto mientras tapaba su rostro con sus manos.

El castaño al ver aquella escena no pudo evitar rodearla en un abrazo sumamente cálido. Aquella caricia tan dulce al mismo tiempo que era triste, era la forma de decir "no importa lo que pase, nos volveremos a ver", y aunque tuviese razón no podían ignorar que no sabían con exactitud el tiempo que estaría separados, aun así esto no era como aquella despedida en Inglaterra, ahora los unía algo más grande que un enamoramiento juvenil, ambos habían madurado y podían decir con exactitud lo que significa estar enamorado.

El tiempo había pasado sumamente rápido, el cielo se había cubierto de un espeso manto negro con matices azulados, al mismo tiempo que podía divisarse pequeños puntos brillando en la lejanía. Terry supo en ese instante que el momento de la despedida se acercaba, debía separarse de su pecosa por quien sabe cuánto tiempo… un mes… dos meses… no lo sabía con certeza, su único consuelo era saber que a pesar de que se marcharía Candy estaría esperándolo con su radiante sonrisa.

-Ya es hora de vaya a la estación pecosa- dijo mirándola a los ojos.

-Entiendo…-respondió tratando de parecer tranquila- ¿puedo acompañarte?- susurro tímidamente con sus mejillas teñidas de carmín. Terry sonrió para sus adentros, ¿acaso la rubia que tenía en frente podía ser más encantadora?

-Por supuesto pecosa.

Ambos se levantaron del gran roble, y se dirigieron con pasos lentos a su destino, donde se verían por última vez en mucho tiempo. Terry tomo a Candy de la mano entrelazando sus dedos, un simple contacto que para muchos parecía común, pero para ellos era como disfrutar cada trozo de calidez de la otra persona, ya que sabrían que les haría falta. Mientras caminaban no tenían plática alguna, las palabras sobraban entre ellos, aquella conexión era tan especial que ambos que no necesitaban conversaciones banales para entenderse, ellos simplemente quería estar así, en un silencio tan íntimo que podían escuchar los latidos de sus corazones combinados en uno solo.

A pesar de que sus pasos eran lentos, sin darse cuenta llegaron a la estación que amenazaba con separarlos. Candy al percatarse de eso no pudo evitar apretar con fuerza la mano de Terry y este simplemente la miro con dulzura. Al estar más cerca del lugar se percataron de la presencia de uno de sus amigos…

-Hola Albert- saludo alegremente el castaño sin soltar la mano de Candy.

-Hola Terry… y Candy – dijo alzando las cejas al pronunciar el ultimo nombre, cosa que a la rubia le había producido vergüenza ya que horas antes solo le había llamado para decirle un simple "estoy bien" y sin dejarlo hablar simplemente colgó para seguir con su trabajo; esto le había molestado a Albert, pero como era de esperarse de él, supuso que después de todo no había mucho que decir, cuando ya era más que obvio que había pasado la noche juntos.

-Hola… Albert-saludo tímidamente la rubia.

-Por cierto Albert gracias por recoger mi maleta en el hotel-dijo Terry para aligerar la atmosfera.

-Está bien, supuse que no ibas a tener tiempo de recogerla- contesto mirando de reojo a Candy- ¿A qué hora sale tu tren?

-7:00 –miro su reloj- ya es algo tarde.

-Si es mejor que nos apresuremos- dijo el rubio con tranquilidad.

Los tres se dirigieron a la parada donde llegaría el tren a New York; al llegar allí Albert supuso que era un mal trio así que mintió diciendo que tenía que ir al baño dejando a los dos amantes solos.

-Candy…-empezó diciendo el castaño- te prometo que no será por mucho tiempo ¿sí?

-¡Sí!, te estaré esperando- respondió la rubia para no preocuparlo, no importaba lo que sintiera en ese momento, quería que lo último que viera Terry de ella fuera una sonrisa.

-Además también te escribiré todos los días –agrego Terry.

-Si… yo también –dijo dulcemente Candy posando su mano sobre el rostro del joven, un leve rubor cubría sus mejillas y sus ojos se notaban más brillantes a causa de las lágrimas retenidas.

El castaño estaba sorprendido por el inesperado contacto de la chica, y el reacciono posando su mano sobre la de Candy; no sabía porque, pero tenía un mal presentimiento sobre su regreso a New York, sentía que si se iba algo malo le iba a suceder a su pecosa, tal vez solo era su imaginación, pero aun así no quería dejarla; claro que si razonaba un poco, era imposible que algo malo llegase a sucederle, tal vez sea distraída y torpe, pero había muchísimas personas que estaban pendientes de ella. Solo esperaba que esa extraña corazonada desapareciera lo más pronto posible.

Candy noto que el semblante del joven cambio de un momento a otro, como si le preocupara algo…, entonces recordó que ya había visto esa expresión antes en él; fue cuando él se encontraba en esa lucha interna sobre si elegir a Susana o a ella, hace años, cuando ella aun no sabía ni siquiera de la existencia de la rubia e ignoraba el sufrimiento de Terry, definitivamente no quería que eso volviera a sucederle.

-¿Terry?- pregunto preocupada- ¿Qué pasa?

-¿Ehh?- respondió nervioso rompiendo el contacto que había creado con las manos de Candy- no es nada.

De pronto un fuerte ruido los interrumpió obligándolos a mirar al lugar donde este provenía; el tren estaba por llegar, y así mismo… su despedida. El castaño al ver esto abrazo a Candy con fuerza y ella le correspondió del mismo modo, se aferraron fuertemente, como si trataran de fundirse en una misma persona, una misma alma…

-¡Todos los pasajeros a bordo!- la pareja al escuchar el grito del hombre del tren se separaron lentamente, con la promesa de que se volverían a ver; Terry miro por última vez aquellas brillantes esmeraldas y no pudo evitar regalarle a su pecosa aquella sensual sonrisa que podía derretir el hielo; al ver esto, Candy no pudo resistirse, así que con sus brazos rodeo al joven por el cuello y le dio un tierno beso en los labios mientras que unas delgadas lagrimas se escapaban de sus ojos, Terry la rodeo por la cintura mientras le correspondía con total entrega aquella cálida y embriagante caricia.

-¡Último aviso, el tren partirá!- de nuevo la voz de aquel hombre los trajo al presente. Muy a su pesar se soltaron.

-Toma Candy- dijo Terry mientras se quitaba su bufanda y se la ponía Candy en los hombros- quiero que la tengas hasta que nos volvamos a ver, ¿sí?

Candy toco la prenda que el castaño le había dado, era suave y tenía un embriagante olor a Terry, era claro que la cuidaría como si fuese lo más preciado para ella.

-¡Sí!- respondió alegremente-Lo prometo.

Terry salto al tren que ya estaba en movimiento. Candy siguió sonriendo mientras que veía a él tren alejarse cuando de repente escucho la voz de Terry.

-¡Te amo pecosa, no lo olvides!- grito alzando su brazo mientras lo movía en forma de despedida.

-¡Yo también te amo!- Candy imito el movimiento del joven- ¡Adiós Terry! ¡Adiós!- seguía gritando.

Una vez que el tren desapareció en la distancia, Candy soltó aquellas lágrimas de tristeza que había estado reteniendo durante todo ese tiempo. Al instante sintió que alguien la rodeaba con el brazo.

-Vamos Candy, se hace tarde- dijo Albert.

-Si… - contesto aferrándose más al pecho del rubio.

….

Una vez en la salida de la estación los dos rubios sintieron como un fuerte ventarrón azotaba a la ciudad; era tan fuerte que Candy se dio cuenta de cómo la bufanda de Terry era arrastrada por el viento y ella sin pensarlo dos veces se soltó del agarre del rubio y fue tras aquella prenda.

La rubia corrió en contra del viento con todas fuerzas mientras que escuchaba a sus espaldas como Albert la llamaba a gritos, pero ella no pensaba detenerse, era la bufanda de Terry, le había hecho una promesa al castaño de devolverla, y así lo haría. Finalmente pudo detenerla, la tomo entre sus brazos y la abrazo con fuerza, pero sintió como dos luces brillantes iluminaban fuertemente su costado, no pudo ver con claridad lo que eran ya que al segundo siguiente sintió un fuerte choque contra su cuerpo, sintió como su costado derecho recibía el impacto al mismo tiempo que una fuerza mayor hacia que su cuerpo se elevara por los aires para finalmente impactar sobre su cabeza en el duro pavimento.

Abrió los ojos lentamente, aunque no pudo ver con claridad ya que un espeso liquido rojo le cubría parte de su visión, solo veía muchas sombras a su alrededor murmurando, sintió entonces un agudo dolor en su cabeza mientras veía como todo se tornaba negro, pero antes de caer en un profundo sueño se dio cuenta que aún tenía entre sus manos la bufanda del castaño.

-Terry…- fue lo último que pensó antes que el dolor la venciera por completo.

Notas de la autora:

Hola a todos, aquí les dejo un nuevo capítulo de "Dulce Amor", espero que les haya gustado, gracias por todos sus comentarios, recuerden que es muy importante para mí que dejen sus opiniones. Siento mucho no haber podido actualizar antes pero bueno aquí lo tienen. ¡Nos vemos pronto!