Al siguiente día me sentía plenamente feliz, con la extraña idea de que a partir de ahora todo sería diferente, de que quizá Serena al fin me aceptaría, después de darse cuenta de que no me rendía tan fácilmente. Para empezar un buen día decidí ducharme e ir a buscar a Hotaru, debía disculparme.

Cuando llegué a su casa la encontré en el pórtico regando unas macetas, al verme se sorprendió, lo supe por su mirada, pero también me di cuenta de que no se alegro del todo, pues su rostro dibujó una mueca. Me acerqué tímidamente y avergonzado y le pedí miles de disculpas.

Hotaru no habló durante mucho tiempo, solo estuvo ahí, mirándome, me sentí mal de hacerle esa clase de cosas, pero a veces no lograba controlar mis impulsos.

-Esta bien, Diamante, comprendo que hay personas más importantes que otras, y que uno no puede dejarlas para después.

Me dolió el comentario de Hotaru, pero sabía perfectamente que era verdad, desde que Serena había aparecido en mi vida la había hecho a un lado, y a pesar de que yo sabía que estaba mal, era algo que no podía cambiar. Quería arreglar de alguna manera mis problemas con Hotaru, pero no tenía idea de cómo.

-Hoy…quiero reparar mi falta, por lo que te dedicaré todo el día.

Hotaru me miró sorprendida y al fin logré que una sonrisa saliera de su rostro, por lo que yo también sonreí.

-¿Enserio?

-Claro.

Hotaru me abrazó y después se dirigió a avisarles a sus padres que saldría.

Caminamos juntos hasta el parque de diversiones, compramos un par de mantecados y nos subimos a la mayoría de los juegos, la verdad es que disfruté mucho de estar con Hotaru, hacía tanto tiempo que no pasábamos tiempo juntos que ya no recordaba que bien se sentía. Regresamos a casa al atardecer, mientras caminábamos encontramos a Serena y sus amigos en la plaza central, me emocioné porque quizá iba a poder aunque sea verla, sin embargo no me gustó lo que vi.

Seiya tomaba con una mano la de Serena y con otra la rodeaba por la cintura, traté de ignorarlo aunque Hotaru se dio cuenta.

-¿Estas bien?

Asentí con la cabeza y comencé a caminar más rápido.

-Será mejor que nos vayamos rápido de aquí, estoy bien, enserio…solo me siento incómodo, estoy perfecto.

Mi mirada se encontró con la de Serena, al parecer nada de lo que había sucedido entre nosotros el día anterior había hecho efecto en ella, pero por alguna razón, por idiota, quizá, me aferré a la confianza, confié en que todo fuera parte de su plan, como siempre, y que no significara nada.

Hotaru y yo llegamos a casa y la invité a cenar, a mi madre le dio gusto ver que habíamos pasado el día juntos y nos sirvió un par de emparedados de esos que le salían tan ricos.

Al terminar la acompañé a su casa, al parecer Hotaru lucía más animada y eso me alegraba, al llegar frente a su casa me dio un abrazo inesperado que le correspondí, pero duró demasiado tiempo y me dio la impresión de que Hotaru no quería soltarme.

-Diamante.-dijo nerviosa.-Quisiera que todos los días fueran así, odio tener que dejarte ir ahora y que mañana estés con ella…

No supe que contestar, no sentía lo mismo, a pesar de que la extrañaba como amiga, no sentía lo mismo, y no deseaba herirla, por lo que no respondí.

-Sé que no sientes igual, y que por eso no respondes…pero de cualquier manera sabes mis sentimientos, Diamante, y aquí estaré.

Hotaru me soltó y me dio un beso en la mejilla, ella se sonrojo y entró rápidamente a su casa. Regresé con la cabeza llena de confusión, aunque no podía parar de pensar en Seiya y Serena, ¿por qué de nuevo Serena le permitía tocarla?, era algo que no soportaba.

Cuando llegué a casa revisé mi celular, pues lo había olvidado, y entonces me di cuenta de que tenía un mensaje de Serena, el corazón me latió intensamente. Aunque al leerlo no me sentí bien.

"Te espero mañana a las 4 en el parque", era lo único que decía y no me daba un buen presentimiento, por alguna razón sentía que ese encuentro no sería bueno.

Al día siguiente, con algo de temor, llegué al parque a la hora que me dijo, estaba ahí sentada, esperándome, se veía espléndidamente bella. Sonreí al verla, pero su aspecto no me dejó nada bueno.

Intenté abrazarla para saludarla, pero no me lo permitió.

-¿Sucede algo malo, Serena?

-Tengo que decirte algo…antes de que te enteres por otro lado.

-Te escucho.

-Seiya y yo…somos novios.

El corazón se me paralizó por completo, sus palabras hicieron eco en mi cabeza, al principio no pude responder, la miré desconcertado y dolido.

-Pero tu…yo…

-No, Diamante, te lo dije muchas veces, yo…

-¡Me besaste!, ¡me abrazaste!, ¡yo sé que me quieres!

-No te confundas.

-Tu mirada, tus besos, tus caricias me lo dicen, no es algo que se pueda ocultar.

-Será mejor que ya no nos veamos ni nada por el estilo, quisiera respetar a Seiya.

-No hablas enserio, ¿sabes que no lo voy a hacer?, no dejaré de buscarte o hablarte, no lo haré.

-Será mejor que si.

-No.

Fue mi última palabra, no iba a dejarla, no quería hacerlo, no me resignaría de aquella manera, no iba a renunciar a todo, no aunque ella misma me lo pidiera, porque yo sabía perfectamente que ella me amaba, tanto como yo a ella, estaba seguro, pero ese afán de Serena de mantenerme lejos no nos dejaba estar juntos.

-No voy a renunciar a ti, Serena Tsukino, ni aunque tu misma me lo pidas.

Le di la espalda y comencé a caminar, sentí como me tomaba del brazo.

-¿Adónde vas?

No hubiera querido que me detuviera, porque precisamente huía para no hacer lo que ahora haría.

La tomé sin control entre mis brazos y la besé, ella me correspondió, la amaba sin control y sus mortíferos besos me volvían loco, la solté muy a mi pesar.

-No lo haré, no importa con quien estés.

Me alejé de ella rápidamente, el dolor me invadía todo el cuerpo, me sentía desdichado, pero no me daría por vencido, eso nunca, primero muerto.

Primero muerto.

Serena, ¿Por qué me destrozas así, nuevamente?