Epilogo: y fueron felices por siempre… eso se supone…

El epilogo definitivo de esta historia, contando las diferentes parejas citadas en el fandom, más las parejas crack que han salido a relucir. Va a haber de todo para todos los gustos, (tanto hetero como yaoi) y también algo de GER/ITA, FR/UK (con rape incluido), Britaincest y los pairings crack planteados durante la historia.

También se incluye algo de FRANLOMBIA, de Col/Ven no correspondido, y algo de Ven/Bel.


En el muelle de la isla, cerca de las 5:30 de la mañana.

La celebración había llegado a su punto culmen, con la salida de los novios hacia su luna de miel. Después de tanta celebración, (en la que más de uno terminó usando las cabañas para otra cosa) Lovino y Antonio habían regresado a la fiesta antes de la partida, y más de uno había notado que el español caminaba un poco raro… mientras no podía disimular una sonrisa difícil de describir (España tiene su lado puerco), y a su vez Colombia y sur de México regresaban también bastante acaramelados.

Horas antes, pero en otro lugar

Inglaterra y Sajonia estaban en una playa solitaria, sin dirigirse absolutamente la palabra. Ambos estaban descalzos, mirando alejados la inmensidad del cristalino océano, bañado bajo la luz de la luna. Sajonia usaba una guayabera, pantalones de color blanco y una pañoleta que ocultaba su cuello. Inglaterra por su parte usaba una camisa de fondo algo desabrochada, y el kilt, ya sin el sporran.

Inglaterra intentó hablar con Sajonia al respecto. No sabía de qué forma comenzar, los dos se habían ignorado mutuamente durante su estadía en casa de Nueva Zelanda, se habían tratado con la mayor frialdad posible. Sin embargo, el profundo sentimiento de culpabilidad era enorme.

—ha pasado mucho tiempo desde la última vez —afirmó Inglaterra.

— ¿a qué te refieres Arthur? —inquirió Sajonia.

—la última vez en la que hablamos sin tener de por medio una espada, un sable o una bayoneta.

Se formó un torvo silencio entre los dos. Sajonia solo se dedicó a mirar el mar, mientras se acomodaba hacia atrás la larga cabellera rubia.

— ¿aún me guardas rencor, verdad?

—Lo que hiciste con Dresde no tiene nombre —le reprochó Sajonia de forma triste.

—así como no tiene nombre lo de Conventry. —afirma el inglés severo.

Sus miradas acusadoras se cruzaron por primera vez en días. Los ojos celestes de Sajonia se fijaban en los ojos verde esmeralda de Inglaterra.

—tienes que comprender que era una guerra, seguía ordenes, tu hermano estaba fuera de control

—Y tú también lo estabas Arthur, —reafirma Sajonia —no es que quiera justificar lo que Ludwig hizo durante la guerra, pero eso no te daba derecho a pagar con la misma moneda…

—Que querías que hiciera entonces—responde Arthur a la defensiva— tenía que responder.

—sí, y respondiste de una forma despiadada, tú no sabes cómo han sido mis días desde el bombardeo, oír los malditos gritos de angustia, mirar mi cuerpo y ver las horribles cicatrices del costado, soñar todos los días con ese maldito día…

—Tu hermano me había hecho lo mismo, ¿crees que vivo tranquilo y feliz de la vida después de lo que tu hermano hizo con Conventry?

Sajonia no lo había visto desde ese punto de vista. Arthur había quedado muy destrozado moral y anímicamente con el blitz en los primeros años de guerra. Se sintió culpable, igual de culpable que su hermano, a pesar de haber participado poco en aquella guerra despiadada y cruel.

—sencillamente debemos olvidar, Klaus. —Reafirma Inglaterra— Olvidar y echar tierra a nuestros errores.

—es sencillo decirlo para ti, pero creo que llevarlo a la práctica sería difícil para ambos.

—sabes, tienes razón.

Sencillamente se habían puesto de acuerdo en al menos una cosa.

Y dicho esto, Sajonia se levantó, ofreciéndole una mano de amistad para Inglaterra. Este último no dudó en aceptar.

—aun así hay que intentarlo.

Inglaterra se levantó con ayuda del sajón. Al menos se había dado el primer paso.

Una hora más tarde…

Francia no pudo haber pasado peor semana que esa. Sin sexo, sin pornografía, sin nada de nada. La torre Eiffel pedía atención a gritos, nunca había pasado por tanto tiempo de abstinencia sexual. Ahora Mónaco estaba distraída con estonia, pues durante la fiesta le había perdido la vista. Y para más inri le había perdido la pista a Inglaterra, a pesar de que podía deleitar su visión con los hermanos de este, o con las demás naciones (sin importar su género) que habían asistido a la ceremonia y a la fiesta.

Con malta no podía contar, porque ya estaba "atado" a Westfalia (aunque él no le veía problema para un ménagé-a-troiscon ese par) y para sorpresa de todos San Marino estaba bastante feliz conversando con Ucrania (para consternación de más de uno, eso sí era tener valor por los hermanos que se gastaba la ucraniana). Y en cuanto a Latinoamérica, con Juan no podía hacer nada, aunque el colombiano se gastaba un muy buen físico, pero estaba acaramelado con Itzel, y Pedro lo fulminaría en un par de segundos si se atrevía a acercarse a la morena de ojos color avellana.

Todos ya se empezaban a disponer a dirigirse al muelle para la despedida, pero Francis Bonnefoy no se quedaría así como así, debía de atender sus necesidades sexuales. Él era la nación del amour et le romance… y prácticamente el romance se respiraba en la fiesta. Mónaco no pudo haber sido más cruel al haberlo sometido a tan estricta abstinencia sexual, la cual lo empezaba a trastornar mentalmente.

Arthur se había ido con Klaus a una playa cercana para hablar a solas. Francis por su parte caminaba errático, aun vestido con el pulcro traje blanco de gala de la fiesta, encontrándose con Arthur en un claro cercano al centro de operaciones logísticas, en donde estonia, los banqueteros franceses y los encargados del servicio de logística habían establecido la base de operaciones en donde se coordinaba toda la ceremonia, la fiesta, los artistas y que estaba ubicado en el centro de la isla, (mas no en el claro del manantial).

—oohh mon chérie Angleterre, que gusto volverte a ver aquí… honhonhonhonhon —exclamó el francés de larga cabellera con una sonrisa,… difícil de describir

Inglaterra estaba allí, aun descalzo con su kilt, la camisa de fondo semiabotonada, no podía negar que se viera condenadamente sexy con el kilt puesto, y en especial en ese momento, Inglaterra se veía tan violable…tal vez demasiado violable… parecía como si la kilt que llevaba puesta el británico le dijera: viólalo bastard!, no tendrás otra oportunidad mejor que esta.

—Que quieres, winebastard—espetó el inglés— no tengo tiempo para tus porquerías…

Non… mon chérie— afirma el francés de forma ansiosamente macabra— quiero darme gusto con tu cuerpo, quiero que seas solo mío…

Las intenciones de Francis eran claras. La torre Eiffel estaba que rompía la bragueta del pantalón de Francia, la mirada de Francis era rayando en la degeneración y la más absurda necesidad de hacer suyo al inglés cascarrabias que tenía enfrente suyo.

Con una rapidez inusitada, y una cara de pervertido que de verdad daba bastante miedo acorraló a Inglaterra en un árbol, mientras pasaba una de sus manos por debajo del kilt, y para fortuna de Francis no había nada por debajo… obviamente.

— QUE HACES, MALDITO PERVERTIDO SUELTAMEE!—Gritó el inglés desesperado y asustado por las depravadas intenciones del francés, la torre Eiffel de este ya había roto el pantalón y la ropa interior, dejándola ver toda erguida, erecta y palpitante, deseosa de sexo después de una semana sin haber tenido ejercicio o haber salido tan siquiera al exterior. El inglés al ver la patente excitación del francés, adivinaba que lo habian puesto de ayuno sexual. Nunca había visto la torre Eiffel de Francia tan erguida…

—NOOOO— grita Francis a los cuatro vientos callándolo con un apasionado y violento beso. —serás MIOOO, solamente MIOOOO

Y después de tantos lengüetazos, besos y caricias inapropiadas a las que Inglaterra intentó resistirse, sucedió lo que tenía que suceder.

Al final Inglaterra caminaba un poco… raro… destilaba un líquido blancuzco por debajo de la kilt y tenía una cara como de traumatizado, complacido, consternado, y agotado (además de faltarle dos botones de la camisa, un par de chupetones de vampiro en el cuello y su cabello estaba alborotado por completo, además de que no había sentido dolor tan bestial en el trasero en su vida) mientras Francia regresaba con una sonrisa de oreja a oreja, y bastante relajado, y de la torre Eiffel, esta estaba allí tranquilita como siempre.

(nota del autor:Francia se lo tenía que violar tarde o temprano)

Entre tanto, Canadá estaba conversando cariñosamente con Panamá, buscando cosas en común, mientras la panameña sostenía en su regazo a Kumajiro. Los dos se sentían a gusto, y en cierto modo empezaban a llamar la atención: ambos eran ignorados y hechos a un lado por sus hermanos mayores, opacados ya fuera por sus conflictos o por sus pretensiones narcisistas. Se comprendían y se entendían a la perfección, además que la morena no podía negar en el pelirrubio cierto encanto, atractivo y dulzura.

(nota del autor: la siguiente escena no es apta para diabéticos o hipoglicemicos, contiene demasiado azúcar y dulce, y hasta ahora no he podido escribir relato más empalagoso que el que van a leer a continuación. Si hay alguien que considere que no puedo ser más cursi o empalagoso, lo siento, soy hombre y no se me da bien escribir cursilerías)

—Hey! Mattie, ¿me puedes presentar a esta chica?

Matthew no pudo evitar mirar con algo de hartazgo a Alfred. Que se olvidase de él vaya y venga, pero que no se acordase de Pilar daba mucho que desear.

—en serio Alfred, ¿no te acuerdas de ella?

El aludido no pudo evitar mirar con algo de perplejidad, al parecer su memoria era muy corta.

—Bruto, es María del Pilar,… —le contestó Matthew de malagana.

— ¿María del pi…-que?

Y a su vez el oso polar que estaba en el regazo de la panameña le pregunta a la chica que lo sostiene

— ¿Quién eres?

—soy Canadá

—No, no te pregunto a ti— le respondió el oso— le pregunto a ella.

La chica sonrió, al parecer Kumajiro quería saber el nombre de la pretendida de su amo

— ¿yo?— Inquirió a su vez la chica de cabellos negros y ojos color—soy panamá chiquitín…

La dulce escena no podía ser más romántica. El oso de Canadá por su parte, toma la mano de su amo, y la de la panameña mientras los miraba con sus ojos negros fijamente. Luego, junta ambas manos, e inevitablemente los dos se sonrojan.

El canadiense miró fijamente los ojos color avellana de la panameña. La panameña también miró los ojos color azul claro del canadiense. Se sonrojaron, sintieron las palpitaciones de cada uno.

—parece que kumajiro-san nos quiere ver juntos.

— ¿será que Kuma quiere una madre?

—tu serias la madre perfecta.

Y sin dudarlo, la besa con ternura y pasión, sabiendo que había encontrado al fin su media naranja.

(nota del autor: juzguen ustedes si esta escena tiene poca o demasiada azúcar. Retornamos a nuestra programación habitual)

Cerca de allí, en la zona de cabañas…

José y Enrique le habían perdido la pista a Juan, lo mismo que pedro a Itzel. Ya la mayor parte de las naciones que habían sido invitadas empezaban a dirigirse hacia el muelle para el lanzamiento del bouquet. Y si ese par de "tortolos" no aparecían por ningún lado, daba a entender muchas cosas.

Los últimos que los habían visto eran nada más y nada menos que Lovino y Antonio (antes de que ese par hiciera lo suyo).

Entre tanto, Juan e Itzel estaban acaramelados y muy abrazados en la cama de la habitación asignada para el colombiano, en la cabaña nº 5.

Pedro por su parte también se encontraba en el mismo predicamento. Itzel nada que aparecía, y la última vez que la había visto era cuando se había dirigido a la cabaña nº 5 a descansar, pues ya se encontraba algo cansada y aburrida, y la compañía de la psicópata hermana de Rusia no era grata.

Entre tanto, y siendo eso de las 5.30 am Juan pablo se levanta con delicadeza, teniendo cuidado en no despertar a la chica de cabellera negra azabache, tersa piel morena y delicadas facciones mayas en su rostro, dirigiéndose así como estaba (sin nada de ropa a excepción de las vendas del pecho, los brazos y las piernas) por el desayuno: café recién hecho, (y del mejor café colombiano cortesía de Juan Valdez), tostadas con mermelada de naranjas, huevos revueltos y por ultimo un clavel que había puesto en un florero, al lado del platillo con las tostadas en la bandeja.

Sigilosamente abre de nuevo la puerta del cuarto, pero para sorpresa suya irrumpen nada más y nada menos que Alfred, Pedro, Enrique y Antonio, los cuales ven al colombiano con la charola, disponiéndose a entrar a su habitación sin absolutamente nada puesto.

— ¡QUE PINCHE MADRES HICISTE CON MI HERMANA, JUAN PABLO!—gritó norte de México enojado.

—sssh, baja la voz, no quiero que se despierte con tanta alharaca[1]—le suplica Colombia a su escandaloso "cuñado".

Antonio intentó tranquilizar al mexicano, porque por lo visto no le agradaba que su hermana estuviese en "esas" con Colombia.

—Oye, deberías ponerte algo Juan, no vaya a ser que Francis te pille así—le dice Antonio intentando evadir la mirada.

—lo haría si pudiera, pero ¿no ves que tengo mis manos ocupadas?

Y coincidencias del destino (o por obra del autor que tiene una mente muy retorcida y enferma) aparece Francis, el cual nota al colombiano todo al desnudo (aparte de los obvios vendajes) y no puede evitarlo mirar, sangrar por la nariz y babear cual fiera en celo.

Mon cherié Colombie—suspira el francés corriendo a una velocidad inusitada— te haré mío en este instante, estas que te derrites de lo bueno que estás mon amour…

Y rápidamente Juan entra al cuarto con rapidez inusitada teniendo cuidado de no regar el café o tirar la bandeja, encerrándose con seguro adentro del mismo, mientras que Antonio, Pedro y Enrique controlaban al francés lujurioso, desquiciado y ávido de sexo el cual quería romper la puerta para violá no pudo evitar mirar con algo de envidia al colombiano, y a su vez intentó controlar al francés degenerado que estaba que rompía la puerta y se violaba al latino.

Ella aún se encontraba dormida. Pone la bandeja en la cama, y la despierta con un dulce beso en la frente.

—buenos días, rosa de mi vida…

Itzel se levanta, lo mira algo adormilada, y sonríe. Nunca había tenido un hombre tan cortés como Juan.

—mmmm, huele bien el desayuno…

—tomate primero el café, frio puede saber horrendo.

Entre los dos consumen el desayuno, mientras se comparten mutuamente los bocados de comida, mirándose con dulzura. El café era dulce, con matices de vainilla y leche, y un pequeño toque de cacao. Prácticamente le había dado al clavo con la mezcla que había hecho, se le daba bastante fácil preparar café, y en especial cuando estaba demasiado enamorado.

— ¿Por qué tanto alboroto afuera?

—ah eso, simplemente eran tu hermano, Toño y Kike buscándonos… —dijo Colombia y luego agregó algo nervioso— y Francis… que quería violarme.

— ¿saliste así por el desayuno?

—era simplemente de aquí a la cocina, ni modo que me pusiera algo…

—no importa.

—no todos los días me sirven el desayuno en la cama.

—si me dejas podría servírtelo todos los días.

Luego, un último beso, hicieron a un lado la bandeja, y se empezaron a besar de nuevo, e inevitablemente la sureña nota unos cuantos sabores de café y azúcar en su paladar, mientras que a Juan el sabor de su boca le recuerda la dulce miel de las abejas del mayab.

Luego, lo beso con pasión ávida, como si se le fuese la vida en ello. Después del desayuno, se vistieron y salieron del cuarto. Y con posterioridad se dirigieron hacia afuera, en donde ya todos se estaban arremolinando para recibir el ramo.

Tendrían que dirigirse al muelle, pues los recién casados ya saldrían a su luna de miel.

Un par de horas más tarde, después de Italia haber tirado el bouquet…

Todos los asistentes a la fiesta despedirían a la pareja de recién casados en el muelle. El "príncipe de malta" había sido adornado profusamente para la ocasión, con varios arreglos florales en las barandillas. Malta había tomado su bandera, arriándola y doblándola con cuidado, e izando la bandera alemana en el asta de popa.

Empezaba a amanecer en el pacifico sur. Los primeros rayos del alba iluminaban el océano, y la cubierta del barco. Alemania cargaba en brazos a Italia, mientras caminaba por el muelle acompañado de Malta y Romano, los cuales los conducirían hacia el velero.

—Cuídalo bien Ludwig —le advierte Malta— el "príncipe" a veces tiende a ser algo arisco al principio, pero ya sabrás como domarlo.

—Cuidaré bien a tu bote, Renato —responde Alemania— en tres meses lo encontrarás en Hamburgo tal cual como me lo entregaste.

El maltés no pudo evitar abrazar el casco del velero como si fuese a desprenderse de su "esposa", besando cariñosamente el mismo y diciéndole al oído.

—cariño, compórtate bien con Ludwig, y ten cuidado con las tormentas. —le susurra el maltes al barco— estaré pendiente de ti.

Y romano, siempre con ese agrio malgenio que se gasta le dice.

—deja de ser tan exagerado bastardo, es solo un simple barco.

Luego de las despedidas, el "príncipe de malta" zarpa cerca a las 6:00 de la mañana, en medio de aplausos y ovaciones.

Unos cuantos metros más allá, en el helipuerto.

Suiza, Liechtenstein y Luxemburgo serían los primeros en partir, (pues suiza ya hacía mucha falta en casa), y Luxemburgo y Liechtenstein no podían evitar mirarse con amor, pues gracias a los ruegos de Lily había conseguido que Alois los acompañara, a una "cita supervisada" en Lausana, en la casa del helvético. Cupido había hecho "su agosto" en la boda de Italia y Alemania, pues Luxie había conseguido fijarse en Liech no como la niña dulce y mimada que protegía suiza con ahínco y esmero, sino como aquella chica que deseaba conocer las mieles del amor. Y Luxemburgo no podía ser el mejor para enseñarle a Liechtenstein (sin malas intenciones valga aclarar).

Suiza consideraba vigilar a Luxemburgo el mayor tiempo posible, y este último no podía evitar sentir esa presión sobre él. De cuando en cuando una mirada asesina lo amilanaba de forma impresionante, Luxie no sabía cuándo suiza podía apuntar a su cabeza o a sus regiones vitales con su escopeta. Pero Liechtenstein lo desarmaba con su inocente y angelical mirada, que tenía prácticamente a Alois a sus pies.

El helicóptero del ejército federal suizo había arribado al helipuerto. Los tres se disponían a subir, pero la figura de un italiano de lentes, cabello castaño clarísimo, crucifijo en el cuello, pantalón negro, camisa blanca y sandalias detiene al helvético.

— Vash… ¿por qué te regresas a tu casa tan rápido?

El suizo paró en seco, antes de subirse al helicóptero. Se da vuelta y al verlo no puede evitar reprimir una leve sonrisa.

—despídete de mí como se debe, Vash. —le refrenda el italiano de forma dura, seca y seria.

—está bien, te daré lo que quieres.—responde el suizo secamente.

Y antes de volver a subir, se dirige hacia el italiano, le quita los lentes a este y lo besa con una descontrolada pasión, cosa rara en el helvético.

Ambos sonríen. A pesar de que Luxemburgo se queda un poco extrañado con la dureza y frialdad mutua entre los dos estados, no es nadie para criticar la extraña forma de amarse de ese par.

— ¿contento?

—es más de lo que yo esperaba.

Raro en el mezquino suiza semejante fogosidad. Luxemburgo no dudó en taparle los ojos a su pretendida, no consideraba correcto que viese esas escenitas. Aunque no podía negar que su "cuñado" le estaba dando ideas.

Y acto seguido Suiza se apea al helicóptero, despegando el mismo del helipuerto, mientras el estado de la ciudad del vaticano se retira de allí, con el dulce sabor del chocolate aun en su boca. Y la confederación suiza no puede tampoco evitar sentir en su paladar un gusto a vino de consagrar.

Entre tanto, en el muelle…

El yate que habían alquilado los británicos había recién anclado al muelle. Los encargados del servicio de logística habían tenido que usar un par de guardacostas para orientar algunos barcos que habian traído algunos países, los cuales se irían por mar hacia Auckland, y dirigirse vía aérea hacia sus respectivas casas.

Irlanda por su parte, había notado la tardanza de Inglaterra. Una tardanza bastante rara…

—Andy, como que Arthur está tardándose mucho…

El escocés se limitó a mirar al irlandés con algo de fingida perplejidad, aunque ya suponía lo que pudo haber pasado… con Francia. En cierto modo sentía una rabia visceral por el francés depravado, Inglaterra era solo de él y nada más, y no le daba derecho a agarrarlo desprevenido, eso lo haría él.

—no me extraña, debe estar con ese damnedfrog of shit.—espeto escocia malhumorado.

—me parece, o es que estás celoso de Francia,…

—NO SOY UN MALDITO DEGENERADO INCESTUOSO, PATRICK.

—yo no dije que fueras un degenerado incestuoso, tú lo dijiste— afirmó Irlanda con una voz melosamente siniestra.

No podía negarlo más. Aun así, Irlanda se acercó a escocia y le dijo:

—Me callo con dos condiciones: primera, que jamás por el resto de tu vida me obligues a usar kilt, y la segunda, dame un lote completo de tu mejor whisky.

—puedes contar con lo primero, pero no te voy a dar de mis mejores lotes, ni loco los soltaría.

—perfecto… —dijo el irlandés— entonces le contaré a Arthur… porqué sé que desde hace tiempo le tienes ganas… uuuuh sí, no puedo negar que él es muy buen amante en la cama, todo dócil, todo sumiso... MMMM para mi estar con él fue una delicia…

Escocia estaba muerto de celos y rabia, eso no se podía negar, aunque lo que había dicho Irlanda en parte era cierto. Si, casi se lo viola una ocasión en la ONU. (Los estados ingleses son unos incestuosos degenerados), pero eso no pasó de ahí, aunque Hungría los habian sorprendido infraganti y había conseguido ese material tan valioso de incesto, pero después de riñas y bastantes extorsiones y presiones de todo tipo, habian conseguido ese video y lo habian destruido.

—Eres un cerdo, Patrick Kirkland… —espetó el escoces con rabia

—mira quién habla, tu eres peor cerdo que yo.

Sin embargo, Escocia cede.

—te paso un lote de mi mejor Scotch con una sola condición: quiero tener a Inglaterra, así que tienes que ayudarme.

—ahhh, te lo quieres violar, —afirmó e irlandés algo sarcástico— bueno, por ese whisky soy capaz de venderle el alma al mismísimo diablo, así que te ayudaré con eso.

Se cortaron las manos con un cuchillo de trinchar y se dieron un firme apretón de manos. El pacto estaba hecho. Y no se disolvería tan fácil.

Inglaterra en ese momento había llegado, y aunque ya no seguía caminando… raro,… y ya todo el… liquido blancuzco había sido expulsado (no hay que ser tan explícito), todavía tenía una cara de trauma atroz (y ni hablar del dolor que tenían sus posaderas).La única que por así decirlo se había percatado del trauma de Inglaterra era las islas del canal.

—DIOS SANTO, que te pasó Arthur —exclamó la chica de coletas y cabello castaño—IDIOTAS, VENGAN A AYUDARME YÁ!

E inmediatamente todos los británicos hacen subir al inglés al yate. Con posterioridad La anglonormanda le ordena al norirlandés:

—TU, PEDAZO DE IMBECIL, TRAE UN POCO DE TÉ PARA ARTHUR, ¡YA, EN ESTE PRECISO MOMENTO!

Y dicho esto Seann obedece en el acto, trayendo una tetera con té y una taza de porcelana, la cual Arthur bebió tembloroso.

—No… no creí… que… él fue-fue-fue-ra ca-ca-paz de hacer esto… con-con-conmigo —musitaba Inglaterra aterrado y traumatizado, el cual temblaba de forma descontrolada —lo cre-ia ca-ca-ca-paz de-de cual-quier-co-co-cosa, me-me-nos dé-de- eso...

—Debí haber sido yo el que lo hubiese traumado así, y no Francia —musitó escocia resentido—fucking son of bitch.

— ¿Qué decías Andy? —inquirió Gales bastante serio, sabiendo las oscuras y depravadas intenciones del escoces.

—No, no decía absolutamente nada… —respondió el pelirrojo mientras sacaba de su cigarrera un cigarrillo y lo encendía con una cerilla.

Después de eso, y del consabido trauma del inglés, el yate parte de inmediato. Inglaterra ya superaría ese trauma, aunque Francia no lo había violado así durante toda su inmortal vida.

La moraleja de la historia es: no fuerces a Francia a hacer abstinencia sexual, porque alguien resultará traumado y violado… y en especial si ese es Inglaterra… me compadezco de él.

Horas más tarde,…

Los encargados del servicio de logística empezaban a hacer el desmonte de todo lo usado para la ceremonia. En menos de 3 horas la isla luciría igual como lucia antes de arribar a preparar todo lo del matrimonio.

Alemania e Italia ya habian partido, debían ya de estar en medio del pacifico de camino a la polinesia francesa, específicamente a Atuona en done Klaus y Gilbert habian dispuesto todo para la primer escala de la larga luna de miel que les esperaba. Romano y San Marino se encargarían del norte de Italia (la región geográfica, no Feliciano), mientras que Sajonia, Prusia y Baviera reemplazarían a Alemania durante su ausencia.

Entre tanto, Fabriccio, quien estaba junto con Ekaterina conversando de forma animada y dulce, dudaba de si volver a hacer las paces con Renato. Él era el amigo de toda su vida, nunca habian peleado, bueno, habian peleado por cosas sin importancia pero en fin de cuentas no habian llegado a las instancias de los golpes. Sin embargo, Renato debía de hablar con él.

— ¿Tienes unos cuantos minutos para que pueda hablar contigo?

El italiano de cabellos rubios y ojos castaños, fijo su mirada en el maltés de cabello castaño y ojos color almíbar.

—claro, si me esperas un segundo…

Se despidió de Ekaterina con un sutil beso en la mejilla que la sonrojó, naturalmente Iván no podía evitar desconfiar y mirar al micro estado italiano con recelo y desconfianza, pero a su vez una pequeña mirada de advertencia hace desarmar al enorme ruso, el cual sonríe, de forma algo intimidante, pero en fin de cuentas se nota algo de genuina tranquilidad detrás del aura intimidante y siniestra.

Los dos se dirigieron a la playa, la cual estaba iluminada por el sol de la playa. Greta se encontraba con sus demás hermanos ultimando los detalles para el regreso. En cuanto a los euroasiáticos, estos ya partirían en contados segundos, y San Marino se había ofrecido a acompañar a Ucrania a su casa, el regresaría en un par de días a la suya.

Ucrania por su parte estaba con Georgia y Azerbaiyán charlando, mientras que su hermano Rusia estaba con los asiáticos. De Bielorrusia, ni rastro, lo mismo que de Venezuela.

—no deberíamos de estar así, Fabriccio —le dice dolido el maltés—somos amigos, sé que hice mal en no hacerme al lado, en no contarte lo que sentía por Greta, pero no quería que sufrieras más.

—yo… no séqué decir… pero creo que el destino es extraño.—Responde el sanmarinense—mírame ahora, Katiushka es una chica muy noble y buena, quizás sea ella lo que busque para mí.

— ¿y qué piensas de Iván, no sé porque pero ese tipo inspira miedo?

—no puedo negar que es algo… intimidante, pero cuando comienzas a conocerlo mejor, es alguien muy amable.

Se forma un tenso silencio, solo roto por el murmullo de las olas.

—Perdóname por haberte golpeado la noche anterior, no sé en qué estaba pensando—se excusa el chico de cabello rubio y rizo dorado.

—No hay problema, yo hubiese hecho lo mismo—le responde el de cabello castaño y ojos almibarados.

—entonces,… ¿volvemos a ser amigos?

—Sí, —contestó el rubio— amigos por toda la vida.

Acto seguido estrechan sus manos y se abrazan de forma fraternal, sintiendo un alivio inmenso en sus conciencias, al poder saber que al menos las cosas seguirían siendo como antes.

—Ven, te presentaré a ti y a Greta a mi Kathiuska

E inmediatamente la alemana y el maltés se dirigen juntos hacia la playa, mientras el sanmarinense y la ucraniana también hacen lo propio, y después de las debidas presentaciones conversan los cuatro, como si fuesen amigos de toda la vida.

El sinsabor de la decepción de ver a un amigo con la mujer que uno pretende se esfuma, Fabriccio bromea, ríe, sonríe y contempla con ternura el rostro de la ucraniana, la cual charla con desparpajo y confianza con la alemana y el maltes. Al verlo así, Renato se sintió tranquilo: Al fin su amigo había conseguido ser feliz.

Y eso lo hacía feliz enormemente.

Y por último, cerca de las 4:00 de la tarde…

Se había insinuado que Bielorrusia y Venezuela se habian perdido. Pues resulta que Venezuela, de forma hábil había logrado convencer a Natalya (si por convencer se entiende llevarse a la bielorrusa casi a la fuerza) para hablar con él.

—IDIOTA, EL QUE NUESTROS JEFES SE LLEVEN BIEN NO TE DÁ DERECHO PARA QUE ME LLEVES ASÍ IMBECIL —gritaba la bielorrusa enojada.

—Y después Juan dice que yo soy el neurótico amargado —exclama el venezolano.

No podía evitar fijarse en Bielorrusia, la ira la hacía ver más atractiva, su rostro, sus ojos purpura, su prístino vestido azul claro ceñido al cuerpo, su cabello rubio ceniciento, el lazo de su cabello. La beldad al frente suyo debía de ser suya a cualquier costo… a pesar de que se llevase unos cuantos golpes en el proceso.

—NII-SAN, SALVAME, SALVAME DE ESTE IMBECIL

—no insistas Natalya, él está bastante feliz con Yao

Sin embargo, Bielorrusia, con una cara que daba bastante miedo, le dice a Venezuela.

—NO ES CIERTO, MI NII-SAN NO ESTÁ CON EL, EL ES MIO, SOLO MIO Y DE NADIE MAS, PRONTO NOS CASAREMOS Y SEREMOS UNO!

Pobre chica, sí que estaba bastante desquiciada. Pero loca, psicópata, obsesiva y todo José así la quería. Y no se dejaría amedrentar de Natalya, él no era Toris Lorianitis, élera José Francisco Páez, y esa catira indomable sería suya. No se dejaría amedrentar como el idiota masoquista de Lituania, él era la "república bolivariana de Venezuela" o para los amigos, Venezuela-kun. Y algo que no conocía Venezuela-Kun era el significado de la palabra NO.

Después de haberla calmado un poco (si por calmarla se entienden unos cuantos bofetones de parte y parte con la única mano que tenía libre) el latino le inquiere a la euroasiática.

—dime, ¿de verdad quieres casarte con tu hermano o es por palabrerío de tu jefe el que te ha metido esa idea?

—Pues siempre he querido ser una con mi hermano… siempre —contesta segura de sí misma la nación bielorrusa.

—entonces, ¿Por qué te independizaste? ¿No que querías mucho a tu hermano?

—no hables de eso idiota, m obligaron a separarme de mi nii-san.

—ya veo.

Se formó un torvo silencio, la bielorrusa naturalmente estaba amarrada, y de su cuchillo ni rastro.

(nota del autor: pues como creen que Bielorrusia hablaría tranquilamente con Venezuela, si no está amarrada y sin el cuchillo. Y Venezuela es un buen llanero, valga aclarar, la tiene amarrada como a un ternero)

— ¿quieres que te cuente una historia?

—no imbécil. —le responde Bielorrusia— NII-SAN SALVAMEEEE

—no te oirá, él está con china, cuantas veces te lo tengo que repetir.

Y acto seguido, le cuenta su historia.

Veras, yo hace un tiempo atrás era igual que tú. Estaba obsesionado con mi hermano menor, Juan. Naturalmente crecimos juntos en casa del viejo Toño, nos hicimos amigos, hermanos, confidentes, y después de cierto tiempo me fui de la casa de España. No soportaba más a Antonio, se estaba volviendo neurótico, loco, obsesivo, estaba desesperado. Quería que juan se fuera conmigo pero él me dijo tajantemente que no, que él se iría por su propia cuenta. Y dos meses más tarde, él se fue.

La bielorrusa había empezado a oír con atención la historia, José no era tan diferente a ella después de todo.

Posterior a eso, Antonio nos hizo la vida imposible a los dos, quería recuperarnos a cualquier costo. Con Juan las cosas fueron sencillas, él es algo bipolar (nota del autor: la bipolaridad de Colombia se debe a las guerras civiles del Siglo XIX y al conflicto armado que ha seguido desde los 60) así que Antonio lo sometió fácil. Yo di la pelea pero a la larga regresamos a casa, a la fuerza.

Y Luego, llego Simón (bolívar) el cual nos liberó a mí y a Juan, y luego a Enrique, a Miguel y a Octavio (Bolivia), y a la vez nos hizo vivir a Enrique, a juan y a mí en una casa llamada la "gran Colombia".

Pronto empezaron a surgir los problemas. Juan quería una cosa, yo quería otra, Enrique estaba en el medio simplemente mirando las cosas con indiferencia. Yo quería seguir con Juan, él ya quería irse, consideraba la convivencia insoportable. Don simón intentaba hacernos calmar a todos, pero no tenía éxito. Al final, algunos conspiradores que venían de la casa de juan intentaron matar a Don Simón, las cosas se estaban haciendo cada vez más insostenibles por lo que decidí para bien mío, el de Juan y el de Enrique irme de casa.

Quería mucho a mi hermano, quería estar junto a él, pero si seguía junto a él lo haría infeliz.

La bielorrusa no sabía que pensar.

—Yo… no sé si mi nii-san sea feliz con Yao, pero las pocas veces que lo veo con el noto que él sonríe, mientras que cuando está conmigo veo que siente miedo…

—continua…

—siente miedo… de mí.

—Y si lo quieres, ¿no deseas que tu nii-san sea feliz?, yo también quiero que mi nii-san lo sea, por eso, a pesar de que en cierto modo me arda el pecho de rabia por verlo con Itzel, no se lo reprocho. —Responde el venezolano— si él está feliz, yo también lo estoy.

Había dado el primer paso. Bielorrusia al menos no se comportaba de forma tan obsesiva.

—Entonces… ¿serias capaz de darme una oportunidad, o se la darás al imbécil poco hombre de Lituania?

—Yo… con ese idiota,… estás loco.

El venezolano suspiró aliviado, se pasó por atrás el cabello castaño, aunque el rebelde rizo siguió en su lugar.

—bueno, tenía que saberlo.

Sin embargo, le vuelve a preguntar a la chica, la cual aún lo miraba de forma seria.

—bien, Lituania no te ha ganado. —Exclamó el venezolano— así que tengo una oportunidad.

—no soy una trofeo imbécil —le reprocha la bielorrusa, para luego gritar con todas sus fuerzas— NII-SAN, RESCATAME, AYUDAMEEE!

—ya te dije que no te oirá…

Entre tanto, unos dos metros más allá

—me parece, o es que estoy oyendo a tu hermana suplicar ayuda, Aru…

—yo no oigo absolutamente nada, China.

De vuelta con nuestra pareja de "sádicos tortolitos"…

Sin embargo, la ansiedad de ver a la bielorrusa ahí amarrada, con esos fieros ojos purpura mirándolo, con esa rabia contenida, con esa pasional ira lo llevó a reaccionar de forma desesperada.

La besó a la fuerza.

No pudieron evitar morderse mutuamente los labios, el hilillo de sangre eslava se entremezcló con el de sangre amerindia, la pasional fogosidad de ambas naciones era patente, ambos saborearon con deleite la sangre de ambos. No se resistió más y al final cedió.

—y después de esto, ¿aun amas a tu Nii-san?

—aun lo amo —respondió la bielorrusa— pero tengo espacio para alguien más.

Y dicho esto, ella con el único brazo libre lo acerco hacia sí y lo besó apasionadamente.

Con eso se conformaba. Por el momento. Porque haría todo lo humanamente posible para que Bielorrusia fuera enteramente suya. Y dejara la obsesión macabra y enferma por Rusia, y así todos serian felices.

Siempre y cuando no sucediese lo contrario: que Rusia acosase a su "pretendida".

Entre tanto, unos cuantos dos o tres kilómetros más adelante... en medio del océano pacifico…

El mar estaba tranquilo y sereno, y el sol ya comenzaba a ocultarse. Los regalos de la boda que les habían entregado la mayor parte de los invitados estaban en una pequeña bodega en el velero, que ya no se daba abasto. La mitad restante de los regalos tendrían que llevarla a casa del alemán. Habían regalos de todo tipo, libros, electrodomésticos, lencería erótica (ese era Francia) un cosplay de maid con cola y orejas de gato, (eso debió de haber sido Hungría o Japón), un par de brazaletes egipcios en oro con incrustaciones de ópalos (regalo de Egipto) una cafetera Excélsior, con dos libras del mejor café colombiano (debió de ser Colombia) además de dos broches engastados en esmeraldas con detalles de oro en filigrana momposina (también de Colombia), entre varios regalos más. Agregado a los víveres que les darían sostén por tres meses, sería una buena luna de miel.

Malta había fijado previamente el curso del velero hacia la isla de Atuona en la polinesia francesa. Todo estaba ya fijado en la carta de navegación, la cual no comprendía tan fácil Alemania.

—Alemania, ¿tienes algún problema?

—No, no Italia —mintió el germano— no tengo ningún problema.

Sin embargo, Feliciano había notado los nervios de Ludwig, al parecer era la primer vez que navegaba en velero, así que se acercó hacia el en la cabina de mando, abrazándolo por la espalda.

—Anda Ludd… puedes confiar en mí…

Recordaba las palabras de su hermano en la ceremonia: se cuidarán y se protegerán el uno al otro… no solo hablaba de proteger a Italia, si no que Italia lo protegiera a él, que lo protegiera del miedo a equivocarse.

Se dejó guiar, mientras que Italia le enseñaba a maniobrar el timón, dedicando horas y horas interminables de la noche, enseñándole a Ludwig los usos de las cartas de navegación, como orientarse por las estrellas y demás.

Italia podía ser un mal soldado pero era un buen navegante.

Y después de un agotador día, en el que ya habían comenzado una nueva vida. Al entrar al camarote lo encontraron con velas y pétalos de rosa. Naturalmente, las velas estaban apagadas. En la litera, encontraron una nota manuscrita, junto con una caja de chocolate afrodisiaco, y unas orejas de gato que habían desempacado sus hermanos antes de que el velero zarpara.

Lud y Feli…

Espero que tengan una buena noche. Aunque Gabriel se opuso, y Renato puso el grito en el cielo, les arreglamos un regalito especial para su "noche de bodas".

Francis nos ayudó con lo de las orejas de Gato, si desean pueden usarla.

Espero que les guste...

Con todo nuestro amor:

Greta y Ellisabeta

PD: revisen con atención todo el camarote: puede que Elli haya puesto cámaras mientras arreglábamos todo para su noche especial.

Sin embargo, no hicieron caso de esa última advertencia. Tanto se amaban que con o sin cámaras, lo iban a hacer.

Feliciano se puso las orejas de gato, y luego se las puso a Ludwig.

Y después paso lo que tenía que pasar, poco importaban las cámaras, quizás podrían conservar el video para sí solos.

Eran felices, y todo lo demás importaba poco. Al fin eran uno solo.


[1]Alharaca (COL): dícese de cualquier escándalo, barullo o ruido fuerte hecho con el propósito de fastidiar a alguien a propósito.