+Todos los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi… la Grande

PADRE SUSTITUTO

Kanna lo observaba dar vueltas en la reducida habitación, como si de un animal enjaulado se tratara.

La palabra "furioso" no alcanzaba a describir su estado. Había fallado en un plan prácticamente perfecto, solo por que se olvidó de la niña esa… la acompañante de Sesshoumaru.

¡Pero, es que si era solo un maldito cero a la izquierda!

Náraku se reconocía tan frustrado consigo mismo, que ni siquiera se tomó tiempo para disfrutar la matanza de su nuevo palacio.

- Lo peor de todo… -dijo para sí – es que ahora el desgraciado Artos ha sido liberado… pero no comprendo… ¿no era imposible, sin la sangre de una sacerdotisa?

-Se usó sangre, Náraku –aclaró, imprevisible, la albina- la de la sacerdotisa…

-¡Demonios! –Rugió el hanyou- ¡Tienes razón!... ¡Se estaba desangrando!...

-En ninguna parte de la leyenda dice que la sacerdotisa debería morir… solo que debía usarse su sangre –comentó Hakudoshi, pensativo

-Esa Midoriko, sabía muy bien lo que hacía –dijo Náraku –no iba a arriesgar la vida de alguien más… debí preverlo.

-El hubiera no existe, Náraku –replica el albino- ¿Qué haremos ahora?

- Lo único que queda por hacer, hijos míos… ¿Kanna?

- Está hecho, Náraku –respondió aquella, ante los ojos extrañados de sus hermanos…

No le estaba ayudando mucho la penosa situación de caos controlado que se vivía en los interiores del hogar de los Higurashi…

Aunque Sesshoumaru, en alguna ocasión, había tenido contacto con hembras recién paridas (lejano, y más bien… no mucho), y sabía, por lo que su propia bondadosa madre le había contado, que suelen ser bastante latosos… nunca imaginó hasta que punto.

El caso era que, cada exactamente tres horas (en ocasiones dos y media, para hacerles justicia), los bebés despertaban llorando a gritos. En esos momentos, Ahome hacía esfuerzos casi demoníacos por alimentarlos a ambos, pero en solo un par de días descubrieron la realidad de la vida…

Solo podía alimentar uno a la vez…

Y ése la dejaba seca debido a lo impresionante de su apetito, así que al otro le tocaba biberón. Para evitarse complicaciones morales, turnaban a los cachorros… una vez con mamá… otra vez con biberón…

- Eso es lo malo de las hembras humanas –dijo, en una ocasión Sesshoumaru, refiriéndose a este problema

-¿Qué cosa? –preguntó Ahome, mientras se cambiaba de pecho al más pequeño, con la gran consternación del youkai -¿Qué es lo malo?

-¿Tienes que hacer eso en mi presencia?- el hombre viraba el rostro para no ver el torso, prácticamente desnudo, de Ahome – no me parece decoroso…

- Al demonio con el decoro –contestó la delicada dama – si no quieres ver, voltéate o algo… no me pienso complicar más la vida… ¿y cual era el problema de las humanas, entonces?

- Que solo tienen dos senos… si van a tener más de una cría, las youkais están preparadas con una hilera de…

-¡Basta!... ¡Basta bastaaaaa! –La mujer casi soltaba la carcajada, ante la expresión desconcertada de su cuñado - ¡Por Dios, Sesshoumaru! ¿Y hablas de decoro?... además, fíjate en lo que haces…

El youkai bajó la vista hacia sus brazos, donde el otro cachorro, el mayor, descansaba, mientras le daba el biberón.

Fue todo un suceso para él, informarle, y sobre todo, demostrarle, como los humanos habían progresado al punto de que también los machos podían alimentar a las crías.

Lo malo, es que desde que aprendió a hacerlo, era el encargado oficial de alimentar al cachorro en turno.

El pequeño Akurumaru había agotado el aire dentro de la botella, casi colapsándola. Y se notaba bastante desesperado, agitando brazos y piernas, para llamar la atención del youkai que le sostenía.

Una vez solucionado el problema, Sesshomaru fijó sus ojos en SU cachorro… Inufaiya se encontraba succionando con toda felicidad y, podemos confesarlo, histeria… se movía suavemente, y sus orejitas se agitaban un poco con cada nuevo trago…

Definitivamente, estaba enamorado de ese bebé…

No es que no quisiera al mayor… ¡lo amaba!... pero es que el más chico… bueno… ni él mismo podía expresarlo…

Ahome no podía evitar darse cuenta de ello. Y en cierto modo, se sentía afortunada… no padecía (o al menos no había tenido tiempo para notarlo) de depresión posparto… aunque aún sufría por su amor, la presencia de sus hijos la fortalecía…

-Además, cuñado… -replicó ella, burlona -¿me vas a salir ahora, con que nunca has visto a una mujer desnuda?

- ¡Claro que las he….! –cae en la cuenta de la trampa, sintiéndose tonto – No compares…

- ¡Que bueno! Ya me estaba preocupando tu casto pundonor… ¿no sea que te esté, inconcientemente…?

-No lo digas –le espetó el youkai, ya bastante divertido, para su descontento – no soy casto… ya que a eso te refieres…

-¿No? ¡Cuéntamelo Toooooooooodooooooooooo! Con lujo de detalles… -el brillo de sus ojos, lo asustaba – y si digo, "con lujo", me refiero a CON LUJO

-Necesitaría estar loco, para satisfacer tu petición –el gesto de desilusión de ella, relajó todos sus músculos – además, eres demasiado joven e inexperta como para escuchar ciertos detalles…

-¡¿Que?¡ -si hubiera podido saltar, lo hubiera hecho- ¿De que cosas hablas?... además no soy tan inexperta… -dijo, señalando con un gesto a los cachorros

-¿Ah no? a la primera, y quedas preñada… -ahora, el que se regocijaba era él- no creo que hayas tenido oportunidad de practicar… ciertas… cosas…

-Eso fue un golpe bajo –Ahome tenía un deje maquiavélico en los ojos – y créeme que si "practiqué" muchas cosas… Inuyasha era un fabuloso…

-No más que yo… eso te lo aseguro –la boca de la chica se secó ante éste comentario – no más que yo…

-Basta… me rindo… ¿Mas sabe el diablo por viejo?...

Y Sesshoumaru dejó escapar una carcajada profunda y grave, que al final terminó por contentarla.

¿Quien sabe, tal vez algún día, en realidad le contara…

Por el momento, lo más importante, era que se encontraba ahí, con ellos, cuidándolos. Y, estaba segura de ello, los quería más de lo que se atrevería a aceptar…

En ese momento recordó las escenas del hospital… cuando al fin le llevaron a sus bebés…

Flashback

Al abrirse la puerta, pudo ver dos cajas cristalinas, cada una empujada por una enfermera, y tras ellas, un muy solemne Taiyoukai.

-¡Mis Hijos! –Ahome casi salta de la cama, impidiéndoselo todos los que estaban cerca de ella -¡Al fin! ¿Puedo cargarlos?

- Sí –el pediatra, canoso y afable, mas bien parecía un abuelito sonriente- es increíble, pero estos bebés se recuperaron tan rápido que parece un milagro… es como si nada hubiera pasado…

-Es natural -Sesshoumaru soltó de improviso- tienen la sangre de un gran dem…

- ¡Grande! –Completó Souta – ¡Un Grande y poderoso linaje!

-Jajaja –el pediatra rió, sinceramente – el clásico síndrome del papá cuervo… es un buen síntoma.

Tras los últimos consejos y recomendaciones, el médico salió de la habitación, junto con el Abuelo, Souta y la señora Higurashi. Sin proponérselo, decidieron implícitamente, darles un poco de privacidad.

Así que Sesshoumaru, viéndose solo para enfrentar su máxima y épica batalla personal… se inclinó hacia el mayor de los bebés, y tomándolo con toda delicadeza, tal y como Ahome le iba indicando, lo puso en los brazos de su ansiosa madre…

- Hermoso –susurró Ahome – eres tan hermoso… mi pequeño Akurumaru…

-¿Akurumaru? –El youkai la observó, con una sombra de duda -¿de donde sacaste el nombre?

-Soñé con Inuyasha… -contestó ella, sin apartar los ojos de su bebé – Poco antes de que nacieran… él me dijo éste nombre… pero no me dijo como quería que se llamara el otro bebé… ¿Te gustaría elegirlo?

Sesshoumaru clavó sus ambarinos iris en los ojos castaños de ella, como buscando la trampa… pero solo encontró un dulce consentimiento…

-Inufaiya –sentenció de pronto – el nombre del niño será Inufaiya…

-Inufaiya… -murmuró ella, dulcemente – y Akurumaru… así sea, entonces…

Y el Taiyoukai por fin se acercó a la cama, y depositando al bebé en el brazo libre de su madre, la besó en la frente, y acarició la cabeza de ambos cachorros…

-En cuanto volvamos, iremos a mi palacio… los nombres de nuestros descendientes deben ser escritos en el Libro de la Familia…

-¿El de Inuyasha se encuentra ahí?

-Desde el día en que nació… -respondió, sin tanto aplomo, el youkai- yo mismo lo hice… en honor a mi padre…

- Así lo haremos… - Ella le dedicó la sonrisa más bonita de su repertorio, y acunó a los bebés levemente – ¿Sabes, creo que Inuyasha se siente satisfecho con el nombre que has elegido…

Fin del Flashback

- Creo que "alguien" necesita un cambio de pañal… Sesshoumaru… ¿quieres llamar a mi madre, y salir de la habitación, antes de que te desmayes?

- Deja de burlarte, mujer…

- No es burla… me preocupo por ti

Pero sí era burla… la primera vez que tuvieron que cambiarles un pañal premiado, el gran señor de las tierras del Oeste, el Demonio Perro, el Poderoso… el Invencible… bla, bla, bla… casi se desmaya, siendo únicamente su orgullo de hierro lo que lo sacó a flote…

Y un muy preocupado Souta, que se las ingenió para ayudarlo a llegar al Árbol Sagrado,(sin demasiada humillación) y beberse una infusión para las náuseas…

Flashback

- Vamos, señor Sesshoumaru –Souta acercaba un trapo mojado y frío al cuello del youkai – déjeme ponerle esto… se sentirá mejor

-No… déjame… estoy perfec…ta…men..te… -una arcada fue controlada a duras penas – esto es humillante…

- Bueno, nunca había lidiado con bebés –el niño al fin logró su cometido, y reía triunfal – además, con su olfato… es un milagro que haya logrado salir…

- Mh –ya ni siquiera era despreciatividad, era que si hablaba, vomitaría

-Tómese esto… es buenísimo para las náuseas… mi hermana lo tomaba…

Aunque la mirada que el youkai le regaló fue bastante psicópata, se bebió todo el té… y tras un largo suspiro, le sonrió brevemente a Souta, y le palmeó la mejilla con afecto.

-Eres un buen niño –dijo suavemente – me enorgulleces… - y sostenía el paño contra su nuca, aliviándole el malestar…

Fin del Flashback

Sesshoumaru recordaba todo esto, recostado a la sombra del Gran Árbol del tiempo. ¿alguna vez creyó hacer todo lo que ahora estaba haciendo?

No… jamás.

Y lo peor, era que, por más que tratara, no recordaba el momento justo en el que su corazón había cambiado de rumbo…

No… sí lo recordaba…

Cuando vio morir a su hermano junto a él…

Cuando sintió la sangre de Inuyasha correr por sus venas…

-Supongo que te estarás riendo de mí ahora, Inuyasha –susurró el youkai – supongo que sabías que esto pasaría en cuanto usara tu brazo

Acariciaba sin darse cuenta, la extremidad donada.

-Y ahora te sentirás feliz, después de haberme hecho vulnerable –Sesshoumaru cerró los ojos, para imaginarse la visión de un burlón hanyou, señalándole con el dedo

De pronto, una sensación curiosa lo invadió todo… fue como si de pronto, se encontrara en otro lugar, aunque siguiera sentado junto al árbol. Un olor conocido, mezclado con un suave rastro de hierba y rocío, llegó para llenar por completo sus sentidos…

- Estoy feliz, hermano –la figura de Inuyasha, parecía tan sólida, que Sesshoumaru dudó de su cordura - más deberías haberte dado cuenta de que yo no te he hecho vulnerable…

-¿Inuyasha? –el youkai tuvo el impulso de saltar y tocarlo, estrecharlo, pero no pudo mover ni un dedo -¿Cómo es posible?

- Permanezco a tu lado… siempre lo he estado… -el hanyou sonreía dulcemente – y sí, me haces reír con tus amarguras…

- No cambias… -Sesshoumaru le devolvió la sonrisa - ¿permaneces a mi lado?

-Siempre, Sesshoumaru… siempre. Debes saber, que se aproximan grandes pruebas – La expresión del joven había cambiado – pero no eres vulnerable, al contrario… Ya comprobarás el alcance de tus fuerzas…

- ¿Que debo hacer?... Náraku… y nuestro Tío…

- Ahora, lo importante es que protejas a mi familia… lo demás no es primordial.

- Te lo juré… y lo voy a cumplir…

- Para lo que se avecina, también necesitarás amarlos… realmente, con todas tus fuerzas… a todos ellos…

-¿Qué quieres decir?

- Solo así sobrevivirán… - Inuyasha se desvanecía, junto con el paisaje extraño que les rodeaba - cuento contigo hermano…

-¡Inuyasha!... ¡No te vayas! – el youkai sufría – Inuyasha…

- Permanezco… a tu lado… - solo quedaba una leve mancha de luz – Contigo…

Tal y como comenzó, todo terminó sin previo aviso. Recuperó la movilidad, y se levantó, buscando el olor que antes le rodeaba. Solo un leve rastro le aseguró que no estuvo soñando.

- ¿Amarlos… a todos? –la confusión se apoderaba de todo su ser - ¿Es que no te has dado cuenta, Inuyasha?... ellos son mi vida, ahora… no sé que más debo hacer, pero confío en que encontrarás la forma de guiarnos… como guiaste a tu mujer…

Más tranquilo de espíritu, el youkai se encaminó a la casa para gozar del ritual diario que constituía el baño de los bebés. El que aprovechaba para verificar que todo estuviera bien y en su sitio (para el regocijo del resto de la familia), y de paso, bañarse él mismo.

- Estoy seguro de que Inuyasha sabe cuanto quiere usted a sus hijos –Souta había salido de quién sabe donde, con el aún más inesperado comentario – y está feliz por eso…

-¿Qué rayos? –pero el niño salió corriendo en dirección de la cocina, dejándolo solo, con sus pensamiento -¡¿Inuyasha! Me vas a matar…

Flashback

Sin dudar, ahora el Gran Sesshoumaru, se aproximó al cachorro que ya consideraba suyo…

Su cachorrito se agitó al sentirlo…

Las grandes y finas manos se deslizaron bajo la suave nuca y espalda del crío, elevándolo con sumo cuidado, hasta llevarlo frente a su rostro…

Lo olfateó brevemente, pasando su nariz entre los pliegues que se formaban en el cuello, y carita de la criatura, deteniéndose encima del diminuto botón que formaba la naricita del cachorro, que lo observaba todo, con tal solemnidad que causaba gracia…

Por fin, en un gesto de reconocimiento, el Taiyoukai le puso un ligero beso en los labios, mientras la criatura trataba de atrapar un mechón de su pelo, y levantó la vista hacia la mujer que esperaba… en tal asombro, que no podía emitir sonido…

- Debes entender –dijo Sesshoumaru lentamente – que éste cachorro lleva una parte de mí… pero nunca, bajo ningún motivo, debes decirle a nadie que me viste hacer esto… de lo contrario…

-¿De lo contrario, que? –contestó ella, sonriente

- Te mato… y me los quedo, por supuesto…

- Lo juro… de mi no saldrá una palabra –ella ahora reía, más enternecida que asustada – con la mano en el corazón…

Fin del flash back

Ambos cachorros dormían plácidamente, alimentados y frescos. Momentos que las dos mujeres de la casa aprovecharon para descansar un poco, y disfrutar de un té caliente y unas pastas.

- Sinceramente, hay ocasiones que me gustaría abofetearlo, y otras, besarlo- la que hablaba así refiriéndose, obviamente, al atractivo inquilino peliplateado, era la señora Higurashi – pero es tan irresistiblemente dulce con los bebés…

- ¿Verdad que es todo un caso? –Ahome movió la mano formando un corto arco en el aire – pero en verdad, creo que mi Inuyasha no pudo haber elegido mejor…

- ¿Y que hay del nombre?-dijo la Señora, por encima del borde de su taza

- ¿De Inufaiya?… bueno, quise dejarlo elegir… siendo él quien le salvó la vida –Ahome sonreía soñadora – prácticamente es su padre espiritual… ¿no?

-Perro de Fuego –susurró la señora – es un nombre extraño…

- Igual que Círculo del Amanecer… ¡Pero Bueno! Tanto Sesshoumaru como Inuyasha eligieron esos nombres, así que los respetaremos…

-Son bonitos… fuertes…

-Quiero ver que opinen lo mismo cuando entren al colegio…

-Siempre puedes alegar que perteneces a un invaluable legado de guardianes de un Templo centenario… -comentó la Señora

- Buena idea… -La muchacha sorbió de su taza- por cierto… ¿Dónde está ahora?

-Con los bebés, por supuesto… sabes que primero aprende a bailar, que dejarlos solos…

- Será un gran padre… -Ahome se evadió mentalmente –cuando tenga su propia familia…

- Ya la tengo –Sesshoumaru llegó silenciosamente, asustándolas hasta sacarles un gritito – ya tengo una familia…

-¿Sesshoumaru?...

Pero el momento se rompió por el extraño cambio de comportamiento del youkai, que pasó de sereno, a un estado de alerta casi salvaje.

Tomando el mango de su espada, desapareció, prácticamente, de la vista de las dos mujeres.

Un grito de los bebés hizo correr a toda la familia hacia la recámara donde descansaban…

-Hola, hola, hola –en el centro de la misma, un demonio pardo, humanoide, sostenía a Inufaiya, mientras que Hakudoshi flotaba junto a la ventana – tenemos un mensaje de Náraku…

-¡Suelta a mi hijo! –Souta había alcanzado a tomar a Akurumaru, corriendo fuera del cuarto con él - ¡Suéltalo ahora mismo!

- El mensaje es… -Hakudoshi buscaba algo con la mirada, sin éxito aparente- "regresa a casa, querida… o yo vendré por ustedes"… Te estaremos esperando…

En ese momento, un haz de luz atravesó y dividió en dos el cuerpo del demonio que sostenía al cachorro, siendo éste último, tomado con velocidad prodigiosa, por un absoluta, completa y llanamente furioso, Sesshoumaru…

Que, por cierto, se materializó de la nada…

El mismo ataque se repitió para el chiquillo albino, pero éste solo era una ilusión… un mensajero… se desvaneció en el aire, riéndose sonoramente.

- Esto no se va a quedar así –siseó el youkai – volveré… y los mataré a ambos…

- ¿Sesshoumaru?... ¿Cómo está mi niño? –Ahome arrebató al bebé de los brazos del demonio, revisándolo rápidamente - ¡Ahhhh! Gracias a Dios esta bien…

Casi se desvanecía, cuando el Taiyoukai la levantó en brazos, y la llevó a su cama, colocando después a ambos cachorros con ella.

De otro modo, no iba a querer dormirse.

-¿A eso te referías, Inuyasha? –pensó, preocupado - ¿Esto es lo que se avecinaba?...

Y tomó su puesto frente a la cama de Ahome, vigilante y alerta. Y no durmió nada. Ya no lo haría por mucho tiempo.

No importaba… ellos estarían a salvo, costara lo que costara…

En el Sengoku, el grupo esperaba pacientemente el retorno de Sesshoumaru… o de toda la familia…

-¿Crees que regresen pronto, Miroku? –preguntó el kitsune, sin apartar los ojos del pozo de los huesos – me pregunto como estarán Ahome y sus bebés.

- A ver, alguien que me explique de nuevo éste asunto del pozo –Suelta el oso, de pronto, haciéndolos reír por enésima vez en el día.

- No tiene mayor ciencia… -dice Sango- Ahome puede pasar a través de él, gracias al fragmento de la perla… Sesshoumaru e Inuyasha, bueno, pudieron pasar solo así…

-¿Saltan dentro y ya? –el alto ser blanco, tenia una expresión tan desconcertada, que daba ternura - ¿solo así?

-Sí –Miroku parecía completamente impresionado por la presencia del Tío de Inuyasha- pero creo que usted no debería intentarlo, Artos-Sama. Aunque pasara, ese es un mundo completamente distinto, Ahome tuvo bastantes problemas para hacer que Sesshoumaru se adaptara… y no creo que ella esté en condiciones ahora para enseñarle a usted…

-Lo sé… -Artos dejó caer los brazos, abatido – me comen las ansias… pero esperaré con ustedes… aunque pienso que soy mas dúctil que mi sobrino…

Tres segundos después, el Gran Artos volvía a elevar sus brazos tras su nuca, para estirarse de un modo que se antojaba felino, y luego adoptar una pose de total relajación…

Sentado con la espalda en el pozo…

-Además, algo me dice, que pronto estarán de vuelta –Artos permanecía como extraviado – y no será precisamente una visita de carácter social…