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El último día había llegado, Candy se levantó, semi a regañadientes peleando consigo misma y la alarma del celular que no dejaba de recordarle que debía levantarse.
Caminó hacia el baño arrastrando los pies. Se paró frente al espejo y se miró, tenía todo el pelo desordenado y con volumen, mucho volumen. Y empezaba su turno a las 8… eso era media hora más.
¿Media hora?, abrió los ojos ampliamente y miró el reloj del celular. Las siete y media. Corrió hacia la ducha, la abrió completa y fue cuando el agua tocó su cuerpo que se dio cuenta que no había prendido el calefont. Ni manera, dos minutos después salió del baño con el pelo chorreando agua y a medio cubrir por la toalla.
Abrió la cómoda buscando su ropa interior, sacó lo primero que encontró y se lo puso.
-Candy…
- Ahora no Albert, estoy atrasada, mi turno y examen final son en media hora.
- Cariño…
- En serio, estoy apurada… ¿dónde habré dejado las zapatillas?
- ¡Candy!
- ¿qué?
- Los boxers no te quedan linda.
Lo miró sorprendida, ¿los boxers?, ¿qué boxers? Albert la observaba divertido y sólo señaló su trasero. Bajó la mirada y descubrió que en el apuro se había puesto la ropa interior de Albert.
Con la cara roja de vergüenza regresó a la cómoda, sacó un par de calzones y volvió al baño. Regresó ya completamente vestida y con el pelo en un moño que dejaba todo mojado a su alrededor.
Albert se había despertado con el ruido que hacía la rubia al correr por la habitación. Se había acostado tardísimo analizando unos papeles y se veía cansado. Tomó su celular y llamó a Edward para que llevara a su rubia al hospital. Pero no alcanzó a marcar el discado directo, la puerta del departamento se cerró con un fuerte portazo.
¡Ay!, ¿quién me manda a dormir con ella justo la noche anterior a su examen final? Cuando me fui a dormir el reloj marcaba las 3 de la mañana y Candy no dejaba de darse vueltas en la cama, se levantaba, revisaba sus apuntes, se paseaba y volvía a acostarse.
Cerca de las tres y media cayó rendida y yo también. Por suerte hoy no me tenía que levantar temprano, así que apoyé mi cabeza sin culpas sobre la almohada y me dormí.
El ruido de su celular me despertó, eso y una lluvia de ropa que cayó sobre mí. Abrí los ojos y la vi completamente acelerada, nerviosa y con mis boxers puestos. Era divertidísimo, aunque se ve bien con ellos… y sin ellos…bueno, traté de advertírselo y no me escuchó hasta que tuve que gritarle.
Cuando se percató se puso roja… ¡se veía tan linda! Para que no se pusiera más nerviosa todavía quise llamar a Edward, el chofer, pero no fue necesario mi joven enfermera favorita salió despavorida del departamento.
Puse el teléfono en el velador y seguí durmiendo. Cuando desperté ya era mediodía. Me levanté con la sensación de que un auto había pasado sobre mí. Nota mental: no trasnochar de nuevo, a menos que sea con Candy, de preferencia sin tener que dar exámenes al día siguiente.
Prendí el televisor para escuchar el reporte de prensa de mediodía, mientras iba por un café. Miré el reloj, las 12 y cuarto, Candy estaría libre para comer a la una. La iría a ver para saber como le fue en el examen final.
Cuando llegué, la sala de urgencias estaba tranquila. Al pasar me saludaron los paramédicos, el guardia y uno de los doctores de turno. Prácticamente conocía a todo el personal.
Mandy, la enfermera jefe del hospital me vio y se acercó. Cuando vi su rostro preocupado y un poco sombrío supe que algo estaba mal.
- Por suerte ha llegado Albert, hemos tratado de contactarlo toda la mañana.
- Lo siento, he dormido y creo que el celular estaba en silencio. ¿Pasa algo?
- Sí, Candy… está… en cuidados intensivos.
Quise morir.
