"Historias que con el lento paso del tiempo se convierten en leyendas."
10. El dibujo de Lindsay
Melissa Sinclair nunca creyó en el destino, las cosas sucedían en consecuencia a uno mismo y punto. Quizá por eso se aferraba tanto a retar a un Dios que desde su trono jugaba a ser omnipotente. Hoy más que nunca estaba segura eran los mismos seres quienes definían lo que serían. La naturaleza dotó de menos capacidades a su hijo y a Lindsay pero cada uno a su manera definió lo que quisieron ser. Por un lado Lindsay quien cansada de inspirar compasión agregó a su carácter dulce y tierno un toque aguerrido y desafiante. No podía seguir sintiendo pena por sí misma. Su fiereza y decisión causaban admiración. Ella tenía algo especial que en su hijo se desvaneció. Kared se daba por vencido con mucha facilidad, prefería la comodidad de ser el pobre niño sordo a luchar por lo que amaba y anhelaba. Nunca hubiera aprendido a hablar bien si no fuera por la niña. Dos almas, marcadas de igual forma por la naturaleza y cada una eligió su camino, la manera en que escribiría su historia entre esa humanidad.
- Quiero a mi hija – irrumpió en la oficina de la mujer
- Samanta – sonrió algo contrariada por su abrupto cambio de parecer
- Le llenas la cabeza de ideas ¡Qué pretendes! Ella nació para Dios, no para tu regocijo y crueles planes
- Dios quería un hijo, así que no me reclames a mí – gritó enfadada – sal de mi oficina
- Es mía – salió cerrando la puerta con fuerza
Esbozó una sonrisa cruel. El momento había llegado. Subió a lo alto del edifico para invocar a los dioses. Tiempo para que el alma del Heredero comenzara a latir. Convocó a las fuerzas de la naturaleza y bajo ese haz de luz el pequeño dibujo que le dio Lindsay cobró vida. Sus ojos negros miraban con fiereza a su nuevo amo. Sus tenazas se abrían y cerraban mientras sus largas patas resbalaban sobre el concreto. Dio un salto para escapar lejos de la ira de su creador.
- ¡Dios!
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Nunca fue partidaria de las mentiras y mucho menos cuando su vida peligraba. Odiaba tener que entrar a escondidas como un vil ladrón. No hacían anda malo, mucho tiempo vivieron juntas y ahora por ideas de una loca maniática como Melissa debía entrar por la ventana. La odiaba. Ya no debía quejarse tanto tuvo la mejor noche de su vida. Escuchó el despertador y con la almohada se tapó la cabeza.
- Buenos días – le golpeó en las costillas juguetonamente
- No me puedo levantar – chillaba la rubia – Tengo – se quedó dormida de nuevo
- ¡Haruka despierta! Se supone me llevarías al conservatorio
- Se supone tu lo dijiste – contestó adormilada – Anoche me saltaste encima y creo me rompiste TODOS mis huesitos ¿Qué hora es?
- Las seis… Shh – se recostó cerca de ella para taparle la boca y entre risitas murmuró – guarda silencio
- No tenemos quince años para estos juegos… ya no soy joven sabes…
- Anda abuelita cállate o tendremos serios problemas
- ¡No soy una adolescente!
- ¡Cállate! – moría de risa y emoción – se fue
- Por lo menos eso, sabe qué es ser inoportuna porque no creo conozca la definición de mal tercio… O suegra metiche… O…
- ¡Shh! – la besó esperando que con eso sí guardara silencio
- Te amo
Se apiadó de ella y se marchó sola. Hizo un esfuerzo por ponerse en pie pero de verdad necesitaba dormir unas horas más. Se quedó profundamente dormida. Soñó con Joan. Ayer la había despedido en un arranque de ira. Esta vez tenía motivos para enfadarse. Ella tenía demasiados secretos y la chica demasiada curiosidad. La siguió para descubrir en qué ocupaba su hora todos los lunes.
- Creo me excedí – se estiró perezosamente
No había nada de tierno como ella dijo en ir a visitar a su padre en coma. Hasta ella misma se sentía estúpida acudiendo a su cita para platicarle, leerle olvidando que era solamente ya un vegetal. ¿Entonces por qué lo hacía? Porque anhelaba sentir que él la escuchaba, anhelaba descargar sus culpas y saber que un día abría un mejor mañana. Se incorporó de la cama para vestirse.
- Definitivamente le hablaré… Exageré
Salió por la puerta principal. La servidumbre sabía pasaba la noche allí, qué sentido tenía esconderlo a una sola persona. Odiaba a Melissa. Pensando en ello se dirigió a casa de Joan.
- Qué bonita casa – fue lo primero que dijo al verla
- Gracias – se acomodó su cabello rubio castaño y la invitó a pasar – ¿Te ofrezco algo?
- No gracias… Yo quería – se movía inquietamente sin saber por dónde comenzar – lamento lo de ayer
- No te preocupes, tienes razón: Es tu vida y sé que hice mal siguiéndote
- Tienes tu empleo – dijo sin más
- No te preocupes – sonrió la joven – No creo deba seguir trabajando contigo
- De verdad lo lamento… Sé que me excedí – excederse era una palabra que se emplea cuando sobrepasa los límites pero Haruka llegó más lejos que eso.
- No puedo seguir trabajando contigo. Lo siento
La rubia se retiró. Entre titubeos y desconcierto apenas pudo decir adiós. Sabía cuánto Joan necesitaba ese empleo y si prefería dejarlo es por lo mal que lo pasaba a su lado. Se sentó en la banqueta mientras su cerebro la martirizaba con recuerdos, cada uno de Joan y ella. Cuando no la trataba mal, le gruñía o gritaba. Llegó a ignorarla y ayer fue tan hiriente que no entendía cómo la soportaba tanto. Emitió un suspiro que sonó a quejido.
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Por hoy estaba bien de preocupaciones. Tenía un día muy atareado. Necesitaba ir de compras y cambiar un poco la imagen de niña buena de sus dos criaturas: Amy y Lindsay. Sobretodo de la primera, necesitaba la respetaran y la vieran como lo que era, su socia. Con esa facha de niña ingenua todos ansiaban sacar algo de ventaja en el único punto débil que encontraban a Melissa Sinclair… Hacía unos días el Ángel Negro encontró a la jovencita llorando amargamente, sus nuevas compañeras de trabajo encontraban gracioso burlarse de ella.
- Por qué dejas te molesten… son humanos – musitó con sus garras clavadas al respaldo de la silla
- Si alguien te ve se asustará – le invitó a sentarse en la banquita como el resto de humanos
- Puedes decir que soy una estatua
- Causas demasiado terror como para que pueda dar una explicación. Saldrán huyendo antes que yo diga algo
- Entonces ¿Cuál es el problema? Que se vayan… Me gusta estar solo… Y creo a ti también
- Hago muy mal mi trabajo – masculló tristemente – Arlet es la novia de Mitche y cree compito con ella
- Si creyera eso no te molestaría sabes… No tienes rival
Pero sí demasiada inseguridad. Si bien no conseguía cambiar su imagen por lo menos se divertirían. Kared y sus ruidosas botas la sacaron de sus cavilaciones. El chico saltó encima del sofá y agitando las llaves frenéticamente le recordó ya era hora
- Quiero una patineta
- No
- Un patín
- No
- Una moto
- No
- Un auto propio
- No
- ¡Mamá!
- Lindsay cariño – saludó la mujer a la niña – Ven te compraré ropa nueva… necesitarás verte muy bien para la secundaria
- Llevamos uniforme señora… ¿Podemos comprar un juguete mejor?
- No
- Mi mamá no sabe otra palabra. Mira ¿Quieres estudie hoy?
- Sí Kared – gritó cansada de sus tonterías de niño
- Me falló – lloriqueaba
- Señora Sinclair – jadeaba Amy – siento llegar tarde
Tuvo que repetirle cuatro veces que dejara de ver los precios pues la pobre peliazul sentía morir al ver qué costosa resultaba una blusa. La tomó de la mano cansada de sus preguntas y cálculos para con el montón de ropa que tenía escogida meterla al probador
- ¿Lindsay encontraste algo?
- Me gusta esta corbata
- Escoge algo para niñas – no volvería a salir de compras con niños
- Es para niñas – indicó su error el chiquillo
- Esta bien – se la dio a la empleada para que lo agregara a la cuenta – otra cosa
- ¿Cómo qué espera elija?
- ¿Quieres te lo elija yo? – se sentía orgullosa de que le encomendaran tal misión
- A menos que quiera esto nos lleve todo el día – mató su ilusión
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La temible creación se quedaba sin energía. Sentía que la vida se esfumaba tan lentamente. Entre pasos torpes tomó la espalda de un humano absorbiendo su energía. Acaba de descubrir cómo seguir con vida. Su mirada se llenó de codicia y ansiedad. Corrió en dirección a la multitud.
- ¡Yo te lo advertí! – chilló Lita
- Es que… es que – ya no hallaba cómo explicar sus arranques de celos – esa niña roba mí vida… es igual que yo
- Pero en mejor
- ¡Qué clase de amiga eres¡Mira! – la conversación terminaba la pequeña abominación corría hacia ellas
De un salto Mina lo libró para caer transformada. Lita no corrió con tanta suerte, el ser la tenía sujeta del cuello absorbiendo su energía. Un poderos fuego hizo que chillara y la joven alta pudo transformarse
- ¡Qué es eso! – gritaba Sailor Moon aterrada – es feo… muy feo
- Parece… parece… ¡Es un reptil! Sí, mira su cola larga, sus ojos separados y ¡Cadena de amor de Venus!
Pero la criatura se volvió poderosa con la energía de Lita, ahora condensaba su propia energía para lanzarla en un poderoso rayo a través de la cadena. Sailor Venus salió volando
- Ya veras imitador barato
- ¡Ya vez lo que yo siento con Natalie! – le gritó a Júpiter
- No es momento de discutir eso ¡Trueno de Júpiter¡Resuena!
La bestiecita lo esquivó con maestría para atrapar entre sus garras a Sailor Marts. Alcanzó a escapar con una formidable pirueta. El animal molesto por su derrota corrió velozmente, esta vez hasta Venus que apenas se incorporaba
- ¡Suéltala! – la pateó Sailor Moon
- ¡No dejes te toque! – gritó Marts
Pero la criatura quería a Rei. Le gustaba el fuego que la jovencita generaba. Esta vez no se le escapó, la sujetó de la pierna absorbiendo su energía. Ahora ya tenía dos poderes más. De su boca desprendía grandes bolas de fuego y sus garras se convirtieron en llamas.
- Al suelo – le gritó a las personas que salían de Centro comercial
- ¡Sailor Moon! – gritó Amy
Melissa se quedó perpleja, creyó que su pequeña creación aún andaría deambulando por la zona industrial de Tokio. La próxima vez tendría más cuidado con lo que hacía. Sujetó a Amy cuando vio tenía intenciones de intervenir, no se arriesgaría a darle poderes excesivos a una creación fuera de control.
- Puede absorberte tus poderes como con las Scouts
- No puedo quedarme viendo
- Déjame pensar quieres
Y en un descuido imperdonable se le escapaba Lindsay. Sabía que era su dibujo y que esto tenía que ver con los poderes de Dios. Solamente ella lo podía detener, sin importar lo que Melissa dijera
- ¡No podrás detenerlo! Si te toca estaremos perdidos
Amy la miró con cierta curiosidad ¿perdidos?
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Artemis se había acicalado por más de tres horas. Ésta era la primera vez que la niña lo llevaría a un elegante lugar y quería verse atractivo. Se vio por el espejo retrovisor para darse cuenta que un pelito acaba de salirse de su sitio. Con presura ensalivó su peludita manita para aplastarlo de una buena vez. Iba tan distraído en ello que le tomó de sorpresa cuando el auto giró bruscamente. Ahora estaba embarrado en la ventana de la limosina
- Qué pasa Toiry
- Algo muy feo… – y la criatura salto encima de la cajuela. Sus colmillos aterraron tanto al chofer que se desmayo
- ¡Nos atacan Artemis!
- ¡Transfórmate! En lo que yo recobro el equilibrio – se movía mareado de un lado a otro
- Pero… pero… he perdido práctica y si esperamos… ¿Y si me come? Se ve horrible
No necesitó tomar valor para enfrentarlo. Sailor Neptium acababa de llegar. Invocó su elemento que casi destruye el auto. Hotaru salió y con grandes esfuerzos puso a salvo a su chofer. La pequeña bestia odiaba el agua. Abrió la boca generando una poderosa bola de fuego
- ¡Pediré refuerzos! – gritó la niña
- ¡Maremoto de Neptuno!
Era demasiado hábil. Cuando llegó al lugar estaba absorbiendo el poder de Sailor Moon y aunque no obtuvo mucho era el suficiente para ser invencible. Necesitaba a Haruka. Esquivó con maestría el nuevo golpe, si dejaba la tocara estaban perdidos. La criatura lo sabía así que esta vez ideó un plan. La cadena de Venus intento sujetarla, Neptium giró en el aire evitándola pero la bestiecita ya la esperaba donde pretendía caer. Apenas logró esquivarla.
- ¡Demonios! – se acababa de lastimar la muñeca derecha
La bestia aprovechó, lanzó un poderoso rayo para terminar de una buena vez con la molestia, después de todo no perdía mucho si no absorbía sus poderes, ni siquiera le gustaba el agua. Sus ojos contemplaron la explosión. Frunció el ceño pues se suponía debieron verse luces azules y escucharse el grito de la joven. El humo se despejó dejando a una niña parada frente a la criatura, protegiendo a la joven guerrera
- ¡Basta!
Con un solo movimiento se deshizo de la segunda oleada de fuego. Su mirada severa se quedó en esos ojos amarillos de lagarto. Tal parecía que la criatura entendía ella era su amo.
- ¡Toma! – y con su poderosa hoz Sailor Saturn destruyó a la criatura
- ¿Lo hicimos? – nadie podía dar crédito a lo sucedido – ¡Lo hicimos! – gritaban Artemis y la niña de alegría
En el piso quedó solamente un dibujo. Lindsay lo recogió.
- Lo siento – le ayudó a Neptium a incorporarse – Te lastimaste por mi culpa… Lo siento
- ¿A qué te refieres?
- Lo siento
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Solo había pasado una semana pero por el caos parecían años. ¿Qué haría? Se había ido para siempre y hasta ahora notaba qué importante era, cuánto la necesitaba. Pateó las hojas del piso, cualquiera podía jurar que pasó un huracán allí. Su estómago comenzó a gruñir con fiereza reclamando por ese almuerzo a que ella la acostumbró. Ya no comía, porque lo olvidaba y para cuando lo recordaba ya nada había. Estaba aburrida de la comida enlatada y para microondas. No podía encontrar nada, sus cuentas no se pagana solas y de seguir así sus finanzas se vendrían abajo en menos de un mes.
- ¿No quieres te ayude? – se ofreció Michiru
- No, puedo con ello… Además ya contraté otra secretaria
- Si tú dices – veía a uno y otro lado buscando un lugar limpio o desocupado donde sentarse.
Su sirena tenía un esguince en la muñeca, ni siquiera podía tocar o pintar así que no la pondría a recoger su desorden. No tenía otra salida, suplicaría. Así esa tarde fue a comprar unas rosas y unos dulces… Tenía razón en haberla dejado, era tan irritante y molesta. Si alguna vez hubiera valorado su trabajo no tendría este problema ¿qué haría si no quería regresar?
- Hola – le saludaron las rosas más hermosa que hubiera visto
- ¡Haruka! – le invitó a pasar
Lo dulce y romántico se le daban bien. Hasta la cena a la luz de las velas en una pizzería sonaba bien cuando se trataba de Haruka Tenoh. Pero Joan no estaba dispuesta a seguir sufriendo por ella. Se había enamorado y no podía continuar así. Ella la odiaba o se aferraba a dejar en claro que no quería ni su saludo. Y la joven casi sentía morir de pasión. Cada negativa, cada rechazo, cada grito mataba sus ilusiones. Solamente con ella era reservada, tímida y recelosa y entonces ya no sabía qué hacer… Se convirtió en un amor que mata, de esos que tanto se aman y pocas veces se sobreviven
- No voy a envenenarte – decía observando esa mirada paranoica cuando le hacía de comer
- No es eso
Si hubiera sabido que la rubia desfallecía de amor. Que toda esa indiferencia y odio eran pura fachada para evitar hacer frente a sus sentimientos. Cómo explicaba amaba a dos personas. Quizá porque Joan significaba su amor platónico, ese momento dulce entre niñez y adolescencia en que se admira y se ama con toda la pasión de un corazón romántico. Y Michiru era la realidad, el sueño fantástico, paraíso de amor y la persona con quien deseaba pasar el resto de su vida.
- Pídeme lo que quieras, pero regresa
- En el corazón no se manda Haruka
- ¿Me odias? – ella asintió – Y qué – gritó al punto de la histeria – la gente odia su trabajo, a su jefe, su vida… ¡Y no por eso deja de trabajar o de vivir! Así es la vida ¡Así es! Te pago el triple
- No
- Triple, dos periodos de vacaciones y prometo no volver a gritar
- Sabemos que lo harás… Así eres tú y más de una vez gritarás, te enfadarás y volverás a hacer un berrinche, la diferencia es que yo no estaré ya allí
- Pídeme lo que sea… te extraño… No puedo vivir sin ti
- Necesitas una nana no una secretaria
- No, ni nana ni secretaria… Te necesito. Te extraño. Mírame te suplico porque regreses porque… porque…
- Porque – rió sabiendo que la rubia nunca le diría lo que tanto ansiaba: Te amo
La llevó a su casa. Ya mañana insistiría otra vez y si era necesario se plantaría a fuera de su casa para que accediera. Más que desear regresara a enderezar su desastrosa vida necesitaba saber no la odiaba, que aún la quería tanto como para seguirla cuidando… Entre risas intentaba abrir la puerta pero Haruka no tenía ganas de dejarla. La puerta se abrió
-¿Si te invito una copa me dejas en paz?
- No. Te necesito – musitó a su oído
Un fuerte escalofrío recorrió el cuerpo de la joven. Haruka se aferró a su cuerpo para besar su cuello. Sus ojos azules se encontraron con esa mirada sensual. Su corazón latía desenfrenadamente pidiendo por apagar la pasión. La radio se encendió, en esa misma estación que escuchaba en el trabajo. Cerró los ojos y beso sus labios, ya no podía perderla más. Esperó por la respuesta
- Besas muy rico – rió la joven
-¿Ya volverás conmigo?
- No insistas Haruka Tenoh – buscaba escapar de sus caricias
Lo que siguió fue parte de la locura que perseguía a la rubia. Se sentía tan perdida y acorralada que solamente anhelaba apagar el fuego de esas pasiones de las que era presa. Volvió a besarla dejándola acorralada totalmente en el sofá. La deseaba, la anhelaba. Le susurró que regresara con ella recibiendo como contestación esas risitas nerviosas.
- No – musitó en su oído haciéndola estremecerse por el deseo
Joan cedió a sus encantos. Besó esos labios con todo el anhelo que guardó, la sujetó con fuerza temerosa que huyera y esta vez la olvidara. Sus manos saciaban su curiosidad mientras Haruka la besaba sin cesar. Entre respiros le imploraba porque regresara. Repetía a su oído la extrañaba y la necesitaba mientras Joan enloquecida de amor se adueñaba de ese bello cuerpo. El móvil se cayó de sus pantalones quedando debajo de la mesa.
- Te quiero – musitó Joan
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No contestaba su móvil. Inhaló profundamente resignándose a ir sola. No había nada que odiara más que los eventos sociales. No era sociable y ahora con su mano lastimada no podía escaparse tras escenarios fingiendo prepararse para tocar. Su padrastro le dijo que por lo menos tendría tema de conversación: su accidente, pero para Isaac era tema de conversación haberse quedado atorado en la taza del baño de un país europeo… ¿Alguien encontraba interesante discutir el tamaño de las tazas del baño? Hasta hacía una semana creyó no, hasta Kared sabía era tonto pero Lindsay le siguió la corriente para terminar enfrascados en una acalorada discusión.
- Irá Lindsay
- Ella tocará – le decía a su madre – yo soportaré conversaciones banales y ella tocará… Yo tengo una plática y ella tiene la manera de librarse de esto. Me duele el estómago sabes
-¡Irás! – sentenció
- De verdad me duele – farfulló
La hora de irse había llegado. Tal vez podía escapar graciosamente por la puerta de atrás. Salió de la habitación sigilosamente, descendió las escaleras a toda prisa hasta llegar a la cocina… Bendita libertad, unos pasos más y cantaría victoria. Emitió un suspiro al ver sus sueños frustrados.
-¡Michiru! – gritó Kared
- Cállate – le reprendió el hombre sujetando con fuerza la chapa de la puerta – Ábrete – jalaba con violencia
-¿También quieres escapar?
No pudo evitar reír, así que eso los tenía en la cocina. Por lo menos ya no se sentiría estúpida, toda su familia anhelaba librarse del evento. Si eran mayoría por qué no hacer frente a Melissa para decir: No vamos. Quizá porque la mujer tenía métodos poco ortodoxos de convencimiento…
- Qué hacen – y los tres gritaron aterrorizados
- Cariño – saludó Isaac – Venía a buscar carbonato porque me duele una muela
- Yo – tartamudeaba Kared
- ¿Buscan esto? – agitó las llaves de su libertad frente a ello – Es una lástima pero no hay manera de escaparse. Vamonos
- Que niños tan malos son ¡Se iba a atrever a abandonar a su madre y a mí en esa aburrida reunión! La familia es importante y como familia debemos hacer cosas juntos. Como aburrirnos… eso es divertido. Aburrirse en familia
- Si no te callas Isaac tendrás serios problemas, sé que también estabas pensando en largarte
- ¿Yo? – gritó asombrado por tal reproche – sería incapaz. Yo amo esos evento, no me pierdo ninguno
Michiru reía a carcajadas, era muy divertido verlo en problemas o repitiendo como desquiciado ¡Niños malos!
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Creía soñaba. Fue tan espontáneo que ni siquiera lo pensó, eso era infidelidad aquí y en el otro lado del mundo mas ella aún no lo entendía. También un beso era un beso. Ahora necesitaba explicar qué y cómo sucedió porque de repente su corazón se quedó ansioso y a la vez enamorado por algo más que ella. Michiru. Éste fue su primer pensamiento consciente. Abrió los ojos aterrada y de un salto quedó de pie. Enloquecida comenzó a buscar su móvil
- ¿Y ahora qué?
- ¡Michiru me matará!
- Bueno sí – veía a su alrededor la comprometedora escena, tal vez la rubia ya había captado lo que acaba de hacer
- Quedé de acompañarla al evento ese. ¡Ese! – no lograba recordar cuál era – Y mírame – señaló su persona a medio vestir – Mi móvil… mi móvil – se metió debajo de la mesa donde escuchaba ese ligero ruido – Hola – contestó con presura – No, no… Ya voy para allá… He tenido mucho trabajo… Sí, no, no, no ¡En cinco minutos estoy allí¡Lo prometo! – colgó
- Estás en problemas – sonrió la joven
- ¿Verdad que si? Cómo lo olvidé – su mirada colérica se dirigió a ella – tú tienes la culpa, porque si estuvieras conmigo yo no lo habría olvidado¡eres buena en eso! De seguro lo habrías apuntado en tu linda agendita y hasta me tendrías un traje de gala preparado o algo así…
- Estas conmigo – rió a carcajadas – y creo por eso lo olvidaste
- Buen punto – se abotonó y fajó la camisa – Como sea, te espero mañana en el trabajo
- ¡No!
- ¡Me la debes!
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Melissa quería matar a la niña, por más que insistió no accedió a quitarse esa horrible corbata que engrapó a su camisa al revés. No solo le gustaba llamar la atención sino parecer una loca con esa ropa estrafalaria. Isaac le repitió que se veía bien, un poco rara pero bien y ese poco rara era lo que le preocupaba. En un descuido la llevaría al baño para componer su vestimenta
- Te ves genial – le dijo en el lenguaje a señas Kared
- Lo sé – sonrió Lindsay arrogantemente
Michiru se separó de su familia al ver llegar a su compañera. Cojeaba levemente del pie izquierdo y apenas vio a Michiru sacó del bolsillo de su saco una pequeña florecita un poco apachurrada por el viaje. Sonrió con esa encantadora sonrisa que derretía corazones.
- ¿Qué te pasó?
- Un mal atajo – respiraba de forma agitada – Lo lamento…
- No te preocupes ya había conseguido compañía – la desairó con ese aire seductor que la enloquecía – Mira te presento a Ismael Hassied Es cantante y un muchacho muy interesante
- Uhm – frunció la boca mientras sus celos explotaban lentamente
- ¡Michiru! – gritaba a todo pulmón Kared – ¡Lindsay! Lindsay
- Qué tiene
- ¡La boba nunca ha tocado sola¡Le dará un¡Un!
- Ya voy. No te vayas – le guiñó coquetamente el ojo a su torbellino
Haruka se sentó en la mesa. Cómo le encantaban esos eventos, servían la comida más extraña y deliciosa que pudiera imaginar o comer. Era una lástima que Michiru no fuera a tocar, le encantaba escucharla. De reojo vio a la mujer que tanto tiempo cuidó de Michiru: Dana Kaioh. Se levantó para seguirla. La última vez que la vio fue en el juzgado, Michiru y ella se lastimaron tanto que parecía imposible una reconciliación. Su sirena la buscó unos años después con el fin de limar asperezas pero el orgullo Kaioh era de familia y la fiera mujer se aferró a la misma idea de aquella vez: Para ella estaba muerta. ¿Aún lo estaría? De ser así qué era ella… ¿Hablaría con una viuda? Nada perdía con averiguarlo.
- Señora Kaioh
- ¡Haruka! – casi muere del susto – Nunca esperé verte aquí – se llevó la mano al pecho aún sentía el corazón acelerado por el impacto
- ¿Cómo ha estado? Michiru también vino – por el gesto de la mujer entendió debió hacer más conversación antes de hablar de ella – La extraña sabe… Ha estado – para qué seguir Dana estaba por dejarla hablando sola – Como sea
- ¿Todavía compites?
- Sí – por qué aún no se iba. Quizá sí quería escuchar sobre Michiru
- Ni te esfuerces – dijo al verla abrir la boca – espero para saludar a Lindsay. Es una niña muy talentosa, y muy hermosa, se parece mucho a su madre y espero que sea lo único que halla heredado de ellos
- Quizá el genio, la pedantería y esa mala manía de preocuparse por los demás – rió recordando cómo sacaba de quicio a su sirena. Levantó la vista buscando a su amante. La vio en el escenario con la niña, si las conocía bien el único muerto de terror por su primera aparición sería Kared
-¿Qué le pasó?
-¿A quién? – Por fin le daban una copa de vino – ¿Michiru? – se fijó que la mujer la observaba – ¿No dijo que no le importaba? – la mueca de enfado le contestó – pregúnteselo ahora que venga. Su padrastro la maltrata ¿no ve qué pálida se ve? – buena treta ahora Dana estaba absorta observando cómo estaba Michiru
- Se ve bien
- Casi bien… La extraña… demasiado diría yo – sorbió un trago de su copa – La ama
