Cuando me miras así

Por Cielo Azul A - Clarycinder.

==Capítulo Diez==

En ese momento Albert iba a salir tras ella, pero alguien lo tomo por el brazo, al voltear se sorprendió de ver a Sebastian.

-Creo que es mejor que la dejes un momento sola, necesita calmarse y si vas tras ella probablemente consigas que ella no escuche nada de lo que tú deseas decirle, no te preocupes, yo voy con ella.

Como había dolido ese golpe, pero no era el golpe si no lo que lo había causado, jamás imagino a una Candy de esa forma, quedando perdido en sus pensamientos, suspiro.

Los tenues rayos empezaron a colarse por las cortinas de la enorme ventana de su dormitorio, él despertó con la mano sobre su mejilla y aún sentía ese dolor que le había causado la bofetada recibida en su perturbador sueño, en realidad confirmaba que se había equivocado desmesuradamente en haber pospuesto esa importante platica con Candy, el haber esperado un momento oportuno cuando ese momento había sido desde el primer segundo que aquella mujer había cruzado la puerta para perturbar su tranquilidad con su actitud y esos recuerdos.

Al parecer los recuerdos lo habían hecho tener esa dura pesadilla que afortunadamente solo era eso.

Decidió poner su mejor cara y prepararse para bajar al desayuno, al llegar al comedor se sorprendió de que todos estuvieran esperando ya, lo primero que hizo fue ver a Candy que sin duda lucia radiante, hermosa como un ángel con sus brillantes ojos verdes y ese vestido que parecía estar hecho e inspirado solo en ella.

Saludo a todos pero en especial a ella, le tomo la mano y le dio un beso, y aunque escucho un carraspeo que provenía de la dirección donde se encontraba la tía abuela, eso no impidió sus demostraciones de afecto.

Al ver la escena las hermanas Swan le solicitaron a Candy que las llevara a conocer un lugar muy especial del cual les habían platicado, por supuesto que la tía Elroy no pudo negarse a la petición de las invitadas por lo que accedió a dejar libre a Candy por la tarde, y ellas sonrieron al tener la aprobación de la Sra. Elroy.

Alejandrina simplemente se limitó a seguir en silencio, lo que menos deseaba era una convivencia con esas señoritas, mucho menos con Candy a quien ya le había expuesto sus intenciones, así que mejor pensó en aprovechar el tiempo y se escaparía a buscar a Albert a sus oficinas con el pretexto de saber cómo iban los negocios que desafortunadamente para ella, era lo único que los unía.

Albert se despidió de las damas e informo que no regresaría hasta pasada la hora de la cena, algo que puso un poco triste a Candy pues esperaba que él las acompañara en la cena y así tener esa plática que estaba pendiente.

La noche le había ayudado a pensar mucho las cosas, aunque no podía negar que seguía desconcertada por la acción de Albert de no haberle dicho lo sucedido con Alejandrina.

Cuando todos terminaron, él se levantó y le pidió a Candy que lo acompañara, la tomo de la mano y salieron del comedor.

En la puerta de la mansión en espera de su auto, Albert tomo su mano y le dijo suavemente.

-Princesa, sabes que tenemos una conversación pendiente, recuerdas.

-Creo que debe ser importante por la forma en la que lo dices.

-Muy importante, respondió él.

Él le regalo una intensa mirada, ella al verlo sabía que esos azules ojos no le mentirían, que podía confiar en él como siempre lo había hecho, por su parte Albert no podía dejar de contemplar sus verdes ojos que lo habían hechizado, la amaba y la deseaba tanto que cada día se le hacía más difícil poder controlar sus sentimientos y deseos, aunque era poco el tiempo que llevaban juntos, aun así cuando no la tenía cerca por un instante, para él significaban años, como los años dolorosos desde que la amaba en silencio, por lo que en cada oportunidad que tenia una de las cosas que más deseaba era besarla, solo así podía calmar un poco ese deseo.

La tomo suavemente de la cintura y la fue acercando lentamente a sus labios, los acaricio con los suyos, los saboreo y los beso profundamente.

Ella en ningún momento se resistió, al contrario, lo amaba tanto que cada beso que le daba lo atesoraba, los contaba y este era el tercero y todos eran simplemente deliciosos, eran como saborear una jugosa, suave y deliciosa fruta.

En esta ocasión fue ella quien detuvo el beso pues sabía que no era el lugar para besarse de esa forma, no sin antes poder percibir que alguien los observaba.

-Te extrañare princesa, con esas palabras se despidió de ella y le dio un pequeño beso en los labios.

-Yo también Albert, cuídate y que tengas un buen día.

Candy se dirigió a la biblioteca para tomar una de sus múltiples lecciones, no sin antes detenerse junto a un enorme ventanal.

-Señorita Ferrer, imagino que después de lo que vio habrá confirmado mis palabras de ayer, si fuera usted tomaría mi dignidad y saldría de esta casa.

Alejandrina salió de la enorme cortina en donde se había ocultado para no ser vista, su mirada colérica podía decir mucho más que cualquier palabra que en ese momento hubiese pronunciado.

Mientras Candy tomaba sus lecciones Isabella y Elizabeth preparaban las cosas para llevar a su visita, las jóvenes terminaron y para cuando llego la tarde, Candy solo fue en busca de ellas, en realidad no sabía a dónde querían ir, las tres jóvenes salieron joviales de la mansión y tomaron el auto , llegando al portal de las rosas Candy vio que se aproximaba el auto de Sebastian, así que se detuvieron y él bajo a saludar a las jóvenes, Candy había percibido el interés que su amigo había demostrado hacia Isabella, aunque por los sucesos en su visita del té parecía que no se animaría por lo menos a fomentar una relación de amistad entre ellos, se dijo a si misma que era el momento de ayudar a su buen amigo.

Ya todos fuera del auto se saludaron y a Candy se le vino en mente invitar a Sebastian al paseo.

-Sebastian, ¿te gustaría acompañarnos? pregunto Candy

-Disculpen, no sabía que iban de salida, creo que fue muy mal educado de mi parte venir sin ser invitado, respondió Sebastian.

-Por favor, no necesitas ser invitado, sabes que siempre me gusta verte, así se acercó y le dio un afectuoso abrazo.

Isabella se quedó un poco sorprendida ante tanta muestra de cariño, no sabía que ellos fueran tan amigos, su mirada se volvió algo distante en ese momento.

-Que dices Sebastian, ¿nos acompañas?, pregunto Elizabeth.

-Sera un honor acompañar a tantas hermosas damas, pero ¿A dónde van?

-Bueno en realidad ni yo sé a dónde vamos, comento Candy.

-Sabes Candy, Albert nos platicó de un lugar muy significativo para él, es una cabaña y nos encantaría poder conocerla, él habla tanto de ella que bueno la curiosidad siempre nos gana, respondió Isabella.

-¡Oh! ya veo, pero no creo que este en muy buenas condiciones, recuerdo que no estaba en buen estado cuando la conocí.

-No importa, nos encantaría conocerla, además llevamos todo lo necesario para poder hacer un picnic, será fantástico.

-Entonces qué opinas Sebastian, dijo Candy.

-Claro, será un placer acompañarlas.

-Excelente Sebastian, de esa forma dio un leve empujón a Sebastian en dirección a Isabella.

-Creo que Elizabeth y yo nos vamos en este coche, Isabella ¿puedes por favor acompañar a Sebastian?

-Sí, claro Candy, y un ligero sonrojo apareció en sus mejillas.

Todos subieron a los autos, Sebastian los seguiría en su auto, en el camino a la cabaña se hizo un breve silencio entre ellos, por lo que él para romperlo le platico un poco como había conocido a Candy, ella hizo más preguntas y él en unas breves palabras le platico la historia de la vida de Candy, que era una chica sin padres que su única familia eran las personas del Hogar de Pony y claro los Andrew quienes la adoptaron.

-Ella es optimista, alegre, con un espíritu libre, algunos pensarían que es frágil por ser mujer, pero quienes la conocemos sabemos lo fuerte que es de espíritu, dispuesta en apoyar y tal vez a realizar los sueños de los demás a costa de sacrificar algo ella misma.

Te voy a contar una leyenda sobre los sueños, se llama "El colibrí maya", comento Sebastian a Isabella.

"Se dice que los mayas, más viejos y sabios, cuentan que los dioses crearon todas las cosas de la Tierra. Y a cada animal, a cada árbol y a cada piedra le encargaron un trabajo. Pero, cuando ya habían terminado, notaron que no había nadie encargado de llevar los deseos y los pensamientos de un lado a otro.

Como ya no tenían barro ni maíz para hacer otro animal, tomaron una piedra de jade y tallaron una flecha. Era una flecha muy chiquita. Cuando estuvo lista, soplaron sobre ella y la flechita salió volando. Ya no era una flechita, porque estaba viva.

Los dioses, habían hecho un colibrí.

Era tan frágil y tan ligero el colibrí que podía acercarse a las flores más delicadas sin mover uno solo de sus pétalos. Sus plumas brillaban bajo el sol como gotas de lluvia y reflejaban todos los colores.

Entonces los hombres trataron de atrapar al pájaro precioso para adornarse con sus plumitas.

Los dioses se enojaron y ordenaron: "si alguien lo atrapa, el colibrí morirá". Por eso, nunca nadie ha visto un colibrí en una jaula ni en la mano de un hombre.

Así, el misterioso y delicado pajarillo puede hacer tranquilo su trabajo: llevar de aquí para allá los pensamientos de los hombres. Si te desean un bien, él te trae el deseo; si te desean un mal, él también te lo trae.

Si un colibrí vuela alrededor de tu cabeza, no lo toques. El tomará tu deseo y lo llevará a los otros; piensa bien y desea cosas buenas para todos. Por algo pasa el colibrí por tu camino; puede ser por bien…o puede ser por mal". [1]

-Cuando conocí a Candy aún me encontraba un tanto devastado por algunos hechos de mi vida, pero a pesar de eso deseaba con toda mi alma ser médico y ayudar a quienes necesitaran de mí y ella con su apoyo y entusiasmo, creo que ella tomo mi deseo y lo llevo a donde lo podía hacer realidad, al hospital en donde ambos trabajamos, me dio su confianza sin siquiera saber quién era y me recomendó en el hospital arriesgando su credibilidad, por eso sé que si ella está en mi camino, será siempre para bien, sé que no solo mis deseos ella ha llevado, sino el deseo de muchas personas a quienes ha ayudado.

Sin dejar de mencionar que su espíritu libre jamás podría ser aprisionado, esa es su esencia y a diferencia de los colibríes ella es fuerte, muy fuerte, pues a pesar de haber sido golpeada de diferentes formas, sigue en pie y ahora al casarse con William es como si los dioses la estuviesen protegiendo de ser lastimada una vez más; tengo la certeza de que ellos serán felices.

-Entonces, ¿Tú lo has notado?

-¡Que la ama!, por supuesto, ellos son los únicos que no han mantenido abiertos los ojos y los sentidos para percibirlo, pero imagino que William no tardara en declararle su amor, aunque para ser sincero pienso que Candy se le puede adelantar.

Y con una gran carcajada Isabella demostró su sorpresa ante la confesión de Sebastian.

-Imagino que por eso la llamas Colibrí.

-Sí, es por eso, aunque nunca le he dicho porque la llamo así, tú eres la primera en saberlo.

Isabella, no pudo evitar expresar una leve sonrisa.

Por su parte Candy estaba casi segura de que Sebastian tenía un fuerte interés en Isabella, pudo percibir un brillo en sus ojos, ese brillo del que tanto él decía que veía en los ojos de ella cada que hablaban de Albert y por supuesto que existía pues ella lo amaba como jamás imagino que se pudiera amar a una persona; recordó aquella tarde del té donde había conocido una parte de su historia, quien lo diría ellos dos casi convertidos en marido y mujer, su mente no le permitía imaginar más allá, pues él era demasiado valioso para una mujer así.

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Después de la declaración de Albert ella no había tenido oportunidad de ver a Sebastian a pesar de que él le había dicho que tenían que hablar antes de ir a casa de los Andrew a esa tarde de té, llego ese día y Candy salió a recibir a Sebastian, se saludaron afectuosamente como siempre, sin embargo ella lo noto algo diferente, nervioso para ser exacta.

-¿Sucede algo?, pregunto ella.

-Solo te pido que no te sorprendas de nada de lo que escuches o veas, después de esta tarde yo te explicare todo con detalle, de acuerdo. –dijo el joven médico.

-Me inquietas con esa petición.

-Por favor solo confía en mí.

-Sebastian, sabes que eso siempre lo hago, no tienes por qué pedírmelo.

-Gracias Candy, bueno creo que es hora de entrar.

En la sala del té, se encontraban las jóvenes conversando amenamente cuando Candy y Sebastian ingresaron al recinto, en ese momento ella lo vio y se levanto de su asiento como impulsada por un resorte, exclamo.

-Tú, ¿Qué haces aquí?, y sin siquiera planearlo vio en la mano de Candy el brillante anillo que indicaba era de compromiso.

-Así que tú eres quien se ha dignado a casarse con ella, pero que se podía esperar, creo que son tal para cual.

-Que placer verte nuevamente, pero por favor no esperaba un recibimiento más cálido de tu parte.

Ante todo soy un caballero y no respondo como debería por respeto a las damas presentes.

Y sobre ser el prometido de Candy creeme que me sentiría el hombre más honrado de compartir mi vida con una mujer tan excepcional como ella, disculpa, creo que tú no entiendes el significado de esas palabras, sin embargo…

A lo lejos se escuchó una voz fuerte.

-Sin embargo Candy me ha dado ese honor a mí, afirmo Albert.

-William, ¿tú eres el prometido de ella?

-Sí y te pido que moderes la intensidad y las palabras con las que te diriges a mi futura esposa y a los invitados de esta casa.

Un fugaz silencio se apodero del lugar, todos estaban desconcertados por la batalla de palabras que se había desatado en ese momento, a excepción de ella y Sebastian.

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Candy se había sumido en los recuerdos, cuando de repente escucho la voz de Elizabeth quien le preguntaba.

-¿Sucede algo?

-Disculpa, no te escuche, te puedo preguntar algo.

-Si, por supuesto, dime.

-Isabella tiene novio o pretendientes, bueno lo de pretendientes no lo dudo es una mujer hermosa.

Las dos rieron ante el comentario de Candy.

-En realidad no, no tiene novio, creo que es algo exigente con respecto al amor, dice que no está preparada para el amor, ¿has notado algo diferente en ella, verdad?

Candy le dedico una sonrisa de complicidad y le explico todo lo que ella pensaba que estaba sucediendo y al final terminaron ideando un plan para la joven.

Llegaron a la cabaña y Candy quedo impresionada con el cambio que veía en ella, por supuesto que no quedaba rastro de lo que ella recordaba, ahora era un lugar muy cambiado, por fuera se veía acogedor, le habían integrado una bella terraza donde ella se imaginaba que se podían contemplar hermosos atardeceres o noches estrelladas, por un momento se imagino en los brazos de Albert en ambas situaciones, que romántico seria poder hacerlo, musito.

El cielo se nublo y por un momento apareció amenazar con dejar caer una lluvia.

Sebastian estaciono el auto y los cuatro se vieron frente a la cabaña, ¿Pero y ahora como vamos a entrar?, se pregunto Candy que al no saber a dónde iban no podía prever llevar unas llaves, así que Sebastian e Isabella se ofrecieron a regresar a la mansión por las llaves mientras Elizabeth dijo que deseaba conocer un poco más el lugar por fuera, así que sin esperar respuesta de Candy cada quien hizo lo suyo y de repente ella se encontró sola frente a la cabaña, fue acercándose poco a poco e intento buscar una entrada, rodeo la propiedad y para su sorpresa pudo ver entre abierta la puerta que conectaba la nueva terraza con la cabaña, se acerco cautelosamente y abrió la puerta, al verla por dentro quedo más impresionada aún por el cambio, ahora ese pequeño lugar lleno de recuerdos para ella, tenía un ambiente intimo, realmente ese lugar inspiraba a vivir en el, un delicioso aroma a comida la fue atrayendo hasta quedar frente a una chimenea, se acercó y vio las fotos que lucían en la chimenea, eran fotos de ella, Albert, Stear, Archie, Anthony, Rosemary, hasta de la tía abuela había, al igual que una de los padres de él, su madre era una mujer hermosa, Rosemary parecía una réplica exacta de su madre y bueno su padre sin duda era buen mozo, ahora entendía porque Albert era tan guapo, con el clima que había cambiado sintió el deseo de encender el fuego de la chimenea, lo hizo y contemplo el hermoso sofá donde se imaginó recostarse en el durante una tarde fría o lluviosa frente al calor de la chimenea, claro que este tipo de visiones siempre iban acompañadas junto a ese hombre de profundos ojos azules.

Contemplo cada rincón y cada detalle, ideando mil y un fantasías en ese lugar junto a Albert, era más de lo que su imaginación le permitía procesar en cada momento, de pronto sintió la presencia de alguien atrás de ella, ese aroma ella lo conocía perfectamente, un aroma herbal que le hacía despertar aún más sus sentidos.

-¿Te gusta?

Ella se giro y él le dedico una radiante sonrisa, insinuando que esperaba una respuesta.

Lo único que pudo balbucear en ese momento fue un, "es maravilloso"

-Me alegra que te guste, mientras él se le acercaba la tomaba de la mano y hacia entrega de algo.

-¿De qué es esta llave?, pregunto.

-La llave es de aquí y solo tú y yo la tenemos, pensé que este podía ser un agradable lugar para poder estar lejos del barullo y tener más tranquilidad, un lugar solo para nosotros, ¿Qué opinas?

Ella lo miro con ojos de aprobación y de emoción, "gracias Albert por tantas atenciones", termino respondiendo.

Al verse reflejada en los ojos de él, su imaginación empezó a jugar nuevamente con ella, su mirada se dirigía a sus ojos y por momentos a sus labios, algo que él no pudo pasar desapercibido, él se tomó su tiempo y cuando Candy sintió, los labios de Albert estaban acariciando los de ella, de una forma tan dulce y fascinante, que ella se preguntaba si eso era lo que llamaban "seducción", si era así, era simplemente algo magnifico.

"Seducción", pero que sabía ella de esa palabra, salvo lo que había leído en ese libro que compro en la librería del pueblo, aún recordaba la cara de la persona de la librería cuando leyó el título y vio la cara de la joven que lo compraba.

-¿Está segura que quiere comprarlo?

-Claro, respondió ella con una sonrisa que llevaba implícita tal seguridad como la que no había sentido en mucho tiempo.

"Secretos de un matrimonio feliz", ese era el título, al momento de encontrarlo lo primero que le llego a la mente fue Albert, eso era lo que más deseaba, ser feliz junto al hombre que amaba en su matrimonio, sabía que tendrían momentos en que no todo fuera miel sobre hojuelas, pero lo amaba y deseaba realmente ser feliz.

Albert la fue pegando tanto a su cuerpo que lo único que los separaba era la delgada tela de sus prendas, sin saber cómo llegaron a un amplio sillón color marfil que se encontraba frente a la chimenea, él la empujo suavemente hasta quedar recostada sobre el sillón, de pronto ella sintió un calor que emanaba de su vientre y se iba extendiendo por su cuerpo como una reacción en cadena que la invadía en ese contacto con el hombre que amaba, él fue bajando poco a poco su mano hasta dejarla justo sobre su pierna y así paulatinamente la fue deslizando sobre su suave piel, su mano recorría lentamente su pierna hasta detenerse en la cadera de ella, de pronto sintió que su cordura no le respondía, por un momento pensó que se desvanecería, no quería pensar solo sentir, el nuevamente fue deslizando su mano y bajando paulatinamente hasta dejar la falda de ella sutilmente en esa acción.

-Princesa, "Te amo".

Esas eran las palabras más maravillosas que había escuchado y él se las estaba confesando en ese momento, de esa forma el volvió a besarla, fue resbalándose poco a poco de sus labios a su cuello, pero en ese juego de besos sus manos no dejaron de hacer lo propio, le acariciaba los brazos, los muslos hasta que de pronto sintió esa firme mano sobre uno de sus pechos, jamás imagino un Albert tan dedicado en cada caricia y a la vez tan apasionado.

Él coloco un casto beso sobre sus labios y eso fue lo que la hizo reaccionar de toda esa vivencia que se había gestado en su imaginación, dándose cuenta que aquella escena solo había sido una fantasía, se sonrojo por la acción de Albert y por como lo había imaginado.

-¿Te encuentras bien?, por un momento sentí que no estabas aquí.

-¡Eh!, si, por supuesto que me encuentro bien, es qué este lugar quedo tan hermoso que aún sigo impresionada.

En ese momento él se dirigió a la cocina por algo de beber para ambos y ella se quedó frente a la chimenea contemplando el fuego, cuando de pronto regresaron a su mente los recuerdos que la habían impulsado a comprar aquel libro.

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-¿Te ha besado?, pregunto Sebastian.

Ella se sonrojo tan intensamente como jamás imagino que en su vida le haya sucedido.

-Sí, respondió con un brillo en sus ojos.

-¿Por qué no le confiesas que lo amas?

-Somos novios y pronto esposos pero no creo que él corresponda mis sentimientos, opino que el matrimonio entre nosotros es porque nos conocemos tanto y él cansado de la insistencia de la tía, eligió una esposa y ahora ese lugar lo ocupare yo.

En ese instante le llego un sentimiento de necesidad de tener a alguien a quien contarle sus inquietudes más intimas, las de mujer y una madre a quien hacerle tantas preguntas que no había hecho jamás, por momentos se sentía tan sola, sin embargo jamás había sentido esa necesidad tanto como ahora, pronto seria la esposa de Albert y las cuestiones físicas las conocía por su profesión, pero las situaciones emocionales e intimas, ¿Cómo sería?, ahora como esposa sabia que debían tener intimidad pero no deseaba que eso fuera una obligación o un deber, quería que fuera por deseo, por mutuo acuerdo de vivir esa experiencia y deseaba aprender con él ese acto de amor, pero con quien hablarlo, la tía Elroy, no, ni imaginarlo siquiera, se infartaría con tales inquietudes, la señorita Pony o la hermana María, su vida la habían consagrado a los niños que intuía que poco podría explorar un tema de esa naturaleza con ellas, sus amigas estaban tan lejos que poco sabia de ellas, entonces ¿a quién recurrir?.

-Candy, creo que como mujer te gustaría una charla con otra mujer, alguien con quien puedas disipar ciertas dudas, pero por favor no me veas como hombre, sino como el amigo que intentara siempre apoyarte y escucharte, ¿de acuerdo?

-Gracias Sebastian, me estabas leyendo el pensamiento.

-No precisamente pero por tus gesticulaciones lo deduje, recuerda que soy tu amigo y he aprendido a conocer ciertos detalles.

-Te confieso que jamás imagine que un beso fueran tan dulce y lleno de sentimientos, solo una vez me habían besado antes de Albert y fue un beso tan arrebatador y fugaz que por un momento llegue a pensar que los besos eran así, pero ahora el me ha enseñado que no es así, sus labios me han demostrado algo totalmente diferente, por un segundo he pensado que puede nacer un sentimiento hacia la mujer de él a mí.

-Me alegra saber eso, porque creo que empiezas a distinguir que no solo con palabras puedes saber los sentimientos, también con el cuerpo.

Después de esa platica y de caminar un momento por las calles de Lakewood, se detuvo frente a una librería, sabía que Albert gustaba de la lectura, así que decidió regalarle un libro, y en esa búsqueda se topo con ese libro, leyó el titulo y sus inquietudes regresaron a su mente, probablemente en esa lectura podría dar respuesta a sus preguntas.

Lo tomo y se dirigió con la persona a pagarlo, el responsable de la librería la miro y se sorprendió por su compra, ella se extraño, pero al llegar a casa y esperar a la noche para poder iniciar esa lectura, empezó a entender.

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-Albert, disculpa por mi distracción, tienes mucho tiempo ahí.

-En realidad no, pero tenía una hermosa vista que el tiempo fue lo de menos.

Ella le sonrió y él la sorprendió con un beso, para Albert era difícil evitarlo pues cada que la veía lo primero que quería saber era como estaba por medio de sus labios, sus labios le hacían sentir tantas cosas que empezaba a tener la seguridad de que ella lo amaba por la forma en la que lo correspondía y había tomado la decisión que después de la plática que tenía pendiente con ella, le confesaría su amor, se había hecho el firme propósito de abrirle su corazón y hacerle saber sus sentimientos, se los había guardado por tanto tiempo que simplemente creía injusto seguir así, esas palabras las reafirmaba en ese beso donde sus bocas se exploraban en un intento por conocerse más de lo que se conocían, náufragos de ese momento se escucho en un susurro "te amo".

+++++++++Continuara+++++++++


Ya se acerca un nuevo capitulo, gracias por la espera.