Advertencias: leves spoilers de la primera historia de La segunda generación, o si lo que se dice de la relación entre Sturm y Kit en El ocaso de los dioses...
N/A. El otro día me dio un venazo horrible, vuelvo a estar enganchadísima a esta saga T.T El caso es que me puse a releer mis partes favoritas de La forja de un túnica negra, y encontré cosas de Kitiara hablando sobre lo que pasó cuando fue al norte con Sturm... sobre sus motivos más que nada, muy relacionados con Tanis. He tocado el tema de la venganza hacia Sturm, pero nunca hacía el semielfo, así que pensé que estaría bien hacer para esta una mezcla de los dos :)
SESGADA
X. VENGANZA
Sturm se adelantó, haciendo sombrilla con la mano para poder ver a lo lejos. Ante él se extendían las vastas llanuras de Solamnia, una zona seca y prácticamente deshabitada una vez se pasaba Solanthus. Al Oeste, a lo lejos, se veía la amenazadora sombra de una columna vertebral de gránito, las montañas de Dargaard, tras la que se veía el brillo rojo del Sol poniéndose.
-Este es un buen sitio para pasar la noche.
-Si quieres que te corten el cuello mientras duermes -rebatió Kitiara, arqueando las cejas.
-Otras veces hemos dormido al borde de caminos -se defendió Sturm, enrojeciendo.
-Esto es un paso de caravanas. Si hay bandoleros será en el primer lugar en el que busquen. -Kitiara dio una patada a una piedra. Estaba harta del afán de jefe de grupo que había desarrollado últimamente Sturm-. Podemos encender una hoguera también, para que no tengan problemas en encontrarnos.
-No hace falta que te pongas...
-¿Qué me ponga cómo?
-Era una idea -gruñó Sturm, apartando la mirada.
-Deja de tenerlas o harás que nos maten.
Echó a andar, alejándose del camino. No dijo nada a Brightblade. Que hiciera lo que quisiese. Posiblemente, si moría, ella acabaría su viaje más rápido, sin tener que esperar a que terminase sus cien oraciones diarias a Paladine. ¡Dioses! ¡Estaba harta de los dioses! Tanis hubiera sido un compañero infinitamente mejor de viaje, pero el muy traidor la había abandonado por ir en busca de los verdaderos dioses. Bufó, furiosa. Sólo los insensatos como Sturm seguían creyendo en esos cuentos de niños. Alguien como Tanis no debería...
Sabiendo que él tenía miedo de preguntarle nada, se lo había propuesto ella. Ir hacia el Norte, juntos. Buscar a su padre. Si no lo encontraban podrían enrolarse en algún ejército. Le había contado esos rumores, los de que gracias a unos estúpidos que se creían que la Reina Oscura había regresado estaban creando uno enorme. Necesitaban manos, espadas. También arcos, le había dicho con una sonrisa, acariciándole el pecho desnudo y pegándose a él. ¡Y él se atrevía a responderle aquello! Que si había oído esos rumores; que si Takhisis había regresado, quizá lo habrían hecho el resto. Que llevaba mucho tiempo pensando en ir en búsqueda de señales que lo indicasen.
Se había enfadado tanto que había pasado media noche dando un paseo por Solace, recorriendo los puentes que unían un vallenwood a otro. Le había escuchado llamarla, pero ella no había querido volver. Tenía mucho que pensar. Cosas como, por ejemplo, esa extraña atadura que sentía cuando estaba cerca de Tanis. Se había encaprichado de muchos hombres, pero a los pocos días, a lo sumo una semana, acababan aburriéndola. Con el semielfo llevaba meses.
Y él se había atrevido a dejarla por sus dioses.
-Prepara la comida.
-¿Perdona? -Se volvió, dándose cuenta de que al final Sturm había optado por seguirla. Kitiara dejó caer la bolsa que llevaba a la espalda, encarándose con él.
-Yo voy a buscar leña.
-Hay pan duro -masculló, sacando las mantas y extendiéndolas en el suelo-. Puedes cenar eso.
Brightblade dejó caer las bolsas de golpe al lado de la mujer, asustándola, y Kitiara lo vio sacar sus mantas de viaje. No parecía tener ninguna intención de hacer una hoguera. Las dejó en el suelo, a unos metros de las de la mujer, y empezó a soltarse la armadura de cuero. Era una suerte tener un río cerca, al menos durante esa parte del camino. Sturm se bañaba ahí todas las noches.
Se sumió en un mutismo distraído, mientras veía al hombre quitarse la camisola. Era fuerte, bien entrenado por el ejercicio diario. Ya se había fijado alguna vez en sus espaldas: anchas, con los músculos bien formados. Tenía antebrazos gruesos y manos de guerrero, sin callos aun. No estaba curtido.
Si no se hubiera tratado de Brightblade, quizá...
Lo miró con más interés. ¿Por qué no? Y, precisamente, porque se trataba de él. Se vengaría de él, por sus órdenes, por creerse incorruptible. Se vengaría de Tanis, por abandonarla y hacerla sentir así.
Se burlaría de sus dioses.
-Eh, Sturm -le llamó.
Su voz fue tranquila, profunda, vagamente seductora.
-¿Qué?
-¿Sigues teniendo hambre?
