"Ni Glee ni sus personajes me pertenecen"
*Advertencia esta es una historia GP. Si no te gusta, no leas.
DESASTRE
Faltaban menos de nueve horas para que su vuelo saliera. Entre maletas, ropa y una Brittany con resaca Quinn intentaba empacar a tiempo todo lo que necesitaría en el viaje. Su amiga Brittany, a pesar de tener los estragos del alcohol que aun viajaba por su sistema y le hacía tener esa resaca de casi dos días, ayudaba con lo que podía.
—¿Cómo va el dolor de cabeza?
—No te burles —Susurro con los ojos entre cerrados al mirar a Quinn y tomarse la cabeza —Pero ya paso… no creo que la resaca dure tanto tiempo...
—Bueno, creo que te divertiste por mucho tiempo…
Quinn la miro riéndose mientras doblaba y empacaba su pijama. Pronto tendría que pasar por Rachel.
—Ahhh —Bufo molesta al sacar una maleta del armario celeste. Se tomo un momento y miro a Quinn —Si te pregunto algo ¿Me responderías con la verdad?
—Por supuesto Britt—Frunció el ceño confundida.
¿Desde cuándo Brittany dudaba de ella?
—Santana me llevo a mi casa después de horroroso show que arme en tu boda ¿Tú se lo pediste?
—No —Dijo dudando por un instante —¿Por qué la duda? ¿Te molesto que lo hiciera o…? Bueno es tu novia ¿no?
—Ella dice ser mi novia —Murmuro haciendo que Quinn dejara lo que hacía para mirarla atentamente —¿Qué? Hay que empacar Q…
—¿Qué pasa con Santana?
Brittany resoplo escuchando la seriedad con la que su amiga se preocupaba. Por eso quería a Quinn, porque a pesar de los problemas y las apariencias, siempre estaba para ayudarla.
—Santana está rompiendo nuestra relación. No me besa, no me abraza y ni tan siquiera me toca.
—Debe haber una razón. —Le sonrió intentando entenderla —¿Has hablado con ella de esto?
—Por supuesto. Incluso he intentado de todo para que me toque de nuevo pero se resiste. ¿Acaso ya no le gusto? Tal vez no soy tan bonita como...
—No Britt. Tu eres hermosa —La interrumpió de inmediato negando con la cabeza —Santana solo esta confundida. Déjala aclarar sus ideas
—¿Aclarar sus ideas? ¿De qué? —Pregunto Britt extrañada pero Quinn dio media vuelta intentando despegar su mirada para evitar la culpa "No lo sabe" pensó —Es que… mi paciencia se esta agotando Quinn, esto me supera.
—Vamos Britt. Lo dices porque has pasado demasiado tiempo sin sexo —Dijo en broma para despejar su incomodidad, cosa que hizo reír sonrojada a Britt —¿Acaso mi suposición es cierta?
—Mmmmm —Se lo pensó obteniendo de nuevo la mirada de Quinn. Luego soltó una leve carcajada —Si.
—Soy adivina —Rio alzando los brazos al techo. Se paso una mano por el cabello y acomodo su playera —Pero, si te consuela saber, no eres la única.
La rubia de ojos azules dejo de reír. Miro detenidamente a Quinn inspeccionando algún rastro de sarcasmo o broma. Pero no lo encontró.
—¡¿En verdad Quinn?! —Grito divertida —Digo... Se acaban de casar y pronto estarán de luna de miel... ¿Hace cuánto?
—Vamos Britt, eso no se dice.
—Quinn —Hizo un puchero. Se planto delante de la rubia y sonrió al ver su expresión de susto —Soy tu amiga, puedes confiar en mi.
—Eres una amiga muy curiosa.
—¿Y? Ambas sabemos que así me quieres. Prometo no burlarme.
—¿Promesa de meñique?
—Promesa de meñique —Entrelazaron sus meñiques y a Quinn no le quedo de otra.
—Bueno —Susurro cansada —Prácticamente… aun soy virgen.
—Oh —Ahogo una carcajada intentando mantenerse seria. Observo que su amiga no mentía y se aseguró de no parecer sorprendida —No lo veía venir.
—Esta bien. Adelante, búrlate, tienes mi permiso.
—No lo hare Quinn... Es solo que —Y comenzó a reírse sin poder evitarlo
La rubia más alta se tiro en la cama que estaba a unos metros de ella intentando ahogar con la almohada un sin fin de carcajadas que se reiniciaban al ver la ceja alzada de Quinn y sus brazos cruzados.
—Basta Britt. Eres una mala amiga —Comenzó a reírse contagiada de la extraña y peculiar alegría de Brittany
Se tiro encima de ella tomándola de la cintura y jalándola fuera de la cama.
—Oh unicornio rubio. Mereces el destierro de este lugar.
—Jajaja ¿Qué? ¿Quién te crees para desterrarme? —Le siguió el juego dejándose arrastrar hasta la puerta. Pero antes de llegar Brittany empujo levemente a Quinn
—Auch ¿Acaso se ha molestado el unicornio?
—¿Tu qué crees? —De nuevo la empujo pero esta vez contra la pared cercana a la cama. Había algo que estaba cambiando en el juego…—Ríndete.
—Britt —Susurro nerviosa con el sabor de un nudo en la garganta. Tenia frente a ella y a una mínima distancia el cuerpo de su amiga —¿Qué haces?
—No lo sé —Murmuro sin poder evitar un tono rasposo
Brittany mantenía a Quinn contra la pared con sus labios rosándose. Su respiración entre cortada se mezclaba con la dulce fragancia que Quinn desprendía y su expresión confundida... No lo podían evitar. Ambas cerraron tanto los ojos como el corto espacio que las separaba para dar paso a un beso lleno de pasión y lujuria contenida.
La tensión y las ansias de sentir aquella cercanía cerraban la razón de ambas. Quinn imaginaba tocar a Rachel y sus suaves labios... Mientras Brittany tan solo anhelaba el sabor de Santana.
—Mmmmm —Brittany dejo escapar un gemido sobre el beso.
Quinn la tomo de la cintura jalándola sobre ella, estaba excitada, cegada con el placer de las caricias que Brittany le proporcionaba al enredar sus dedos en su cabello corto y sedoso, llegando en un instante de un beso lujurioso a un juego de "desabrocha lo que estorba".
La rubia de cabello corto quedo con su playera desabrochada y el cabello despeinado, en tanto Brittany terminaba de sacar su polera celeste.
—No Britt —Dijo con la voz entre cortada. Separando unos centímetros sus cuerpos —Tú no eres Rachel y yo no soy Santana. Esto está mal.
—Yo...—Susurro confundida. Mirando aturdida lo que estaban haciendo —Discúlpame Quinn.
Dio varios pasos atrás sonrojada, con la pena de mirarse en sujetador y observar la excitación de Quinn en sus pantalones. Tomo la polera del suelo y salió de aquel incómodo momento.
—Espera —Intento frenarla pero fue demasiado tarde cuando azoto la puerta en su cara —¡Mierda Quinn! Estas casada... —Miro el anillo que portaba en su mano y se maldijo mil y una vez. —Rachel.
Bajo de la limusina que se encontraba estacionada en el patio delantero de los Berry, llevaba unos pantalones negros y una Polera blanca como ropa habitual. Miro la casa que tenia enfrente y sintió la brisa de la noche en su cabello recién lavado.
—Eres una idiota. ¡Tranquilízate! Solo cálmate Quinn —Se decía a si misma.
Cerro los ojos y absorbió el dulce aroma de aquel lugar; olía a Rachel, todo aquello le recordaba a Rachel. Se planto en la puerta y toco el timbre.
—Quinn —Susurro Rachel haciéndola pasar —Las maletas están en la sala, yo…
—Muy bien, James las subirá al auto.
James, el chofer personal de Quinn entro y salió de la casa con todas las maletas a cuestas, Rachel subió un momento a su habitación y Quinn se regaño a si misma por ser tan grosera.
—¡Ella no tiene la culpa! Deja de ser una idiota.
—Lista Quinn —Anuncio detrás de ella.
La nombrada dio media vuelta e intento sonreírle. Sus manos sudaban y su cabeza daba vueltas… ¿Qué demonios le pasaba?
Después de unas largas y pesadas horas en el avión llegaron a San Francisco, California. Se instalaron en el apartamento que su padre les presto y acomodaron su equipaje para darse una merecida ducha.
—Ya es tarde —La abrazo por la espalda y recostó su mentón en el hombro de Rachel después de salir del baño con su pijama turquesa puesta —Supongo que debemos quedarnos a descansar hasta mañana.
—Si —Sonrió dejando salir un pequeño bostezo —Tenemos una semana para recorrer el lugar.
—Y además estas cansada… —Le beso la cabeza y se deleito con el olor a frambuesa de su cabello —Vamos a dormir.
La tomo de la mano y lentamente caminaron a su dormitorio. Tal vez por dentro su conciencia gritaba y no la dejaba dormir, pero el hecho de observar el rostro apacible de Rachel la convertían en un ser aun más despreciable.
—Lo siento.
No logro dormir. No logro reconciliarse con aquella moral que se había impuesto y era en verdad una estupidez, solo había sido un beso.
—Aja ¡Claro! Intenta quitarte la culpa.
Se levantó de la cama temprano y decidió preparar el desayuno. Pero ya que no había nada en el refrigerador salió y se tomo la molestia de comprar las cosas que necesitarían durante su estadía. Solo había estado allí tres veces, pero conocía los alrededores.
—Buenos días —Saludo Rachel llegando a la cocina con su cabello despeinado y su habitual sonrojo.
Quinn se giró para mirarla con una sonrisa y el desayuno preparado
—Buenos días pequeña. ¿Lograste dormir?
—Si, muy bien. ¿y tú?
—Excelente —Mintió pasándole un tazón con frutas picadas y yogurt —Hoy caminaremos por todo el trayecto así que desayuna hasta saciarte.
Desayunaron juntas y salieron tomadas de la mano a recorrer las calles de San Francisco.
Durante todo el trayecto Rachel intuía que pasaba algo con Quinn, sus ojeras y el sudor de sus manos, su mirada distraída y sus caricias forzadas…. En verdad le preocupaba tener que seguir mirándola y fingir que no pasaba nada.
—¿Te sientes bien?
—Bueno, después de caminar por horas supongo que es normal que me duelan un poco las piernas. —Contesto sentándose en la mesa de la cocina
—No me refiero a eso —Negó dejando un tazón de ensalada en la mesa. Se sentó y tomo el valor para llegar hasta la verdad, si se suponía estaban intentando debían ser honestas la una con la otra —Has estado incomoda y extraña últimamente, creo que hay algo que te molesta.
—Estoy bien Rach —Sonrió tomándole la mano —No pasa nada.
—¿En verdad? —Dudo soltándole la mano para mirarla firmemente, no le creía nada.
Pero Quinn se mantuvo en silencio, tal vez era hora de dejar de ocultar. Desvió la mirada y se levanto para tomar agua.
—Yo…
—¿Qué hiciste Quinn?
—¿Cómo sabes que hice algo? —Se sorprendió girando sobre sus pasos para mirarla.
Estaba asustada y si bebía del agua que tenia en el vaso Rachel se daría cuenta de sus nervios. Aunque el ceño fruncido de la castaña ya anunciaba su confusión.
—No sabía que hiciste algo, solo quiero que no me mientas Quinn…
Se miraron, Quinn cerro fuertemente los ojos y suspiro antes de tomar valor. Ni siquiera sabía como debía decirlo
—Britt… —Murmuro levantando la mirada para conectarla a la de Rachel —Bese a Brittany.
—No comprendo…
—Te fui infiel Rach… —Comenzó a divagar observando el desconcierto de Rachel que ni siquiera podía hablar —Pero solo la bese, solo eso, no me acosté con ella. Por favor… creme.
Rachel se levantó ignorándola y comenzó a caminar a la sala siendo seguida por ella.
—Rachel te lo juro, yo… no pensé, no razone quien era ella, te necesitaba a ti… y cometí un error, pero me detuve a tiempo.
Ni una sola palabra. Seguía manteniendo su semblante serio junto a una mirada perdida que confundía a su esposa.
—No hubo nada más entre nosotras, yo no lo haría porque sé que te prometí ser fiel Rachel y necesitaba decírtelo pero no sabía como, es que no lo soporto…está aquí, aquí —Se comenzó a golpear la sien para plantarse frente a Rachel —Es una tortura.
Y en ese instante la castaña la miro de nuevo. Sin expresión alguna, solo con el dolor reflejado en sus ojos.
—Por favor… perdóname. No volverá a suceder. Te lo juro —Suplico Quinn desesperada por escucharla, pero Rachel ya se había cansado.
—¡Cállate! —Grito estampando su mano en la mejilla izquierda de Quinn, la cual se azoro tapando con una de sus manos la zona afectada —Apártate.
Rachel intento caminar a su habitación, quería encerrarse, quería alejarse de Quinn, en esos momentos no tenía cabeza para pensar.
—Rach… espera. —Se interpuso en su camino
—Déjame sola. —Dijo con un tono molesto al mirar directamente a Quinn
—Pequeña…
—No me llames pequeña Quinn… —Frunció el ceño antes de que la rubia la tomara por los brazos. Cosa que la hizo enojar y provoco que bruscamente se deshiciera del agarre —¡No me toques!
E intento seguir su camino, pero Quinn no podía dejar las cosas sin aclararse.
—Espera Rachel. Espera por favor, puedo explicártelo. —Suplico detrás de ella.
—Desde un principio se estipulo que nuestra unión sería una farsa. No tienes porque explicarme nada.
—Pero acordamos intentarlo…
—¿Es enserio Quinn? —Se preguntó sarcásticamente Rachel dando media vuelta.
—Lo intente Quinn… pero me rompieron el corazón.
—Déjame aclararte las cosas, no te vallas.
—No —Negó claramente molesta —¡Déjame sola!
—Rach —Se acercó enfrentado de nuevo su postura, pero esta vez, ambas se miraban a los ojos —Yo… lo lamento pequeña, sé que estuvo mal, pero los errores los comete cualquiera, solo fue un beso.
—Solo fue un beso —Susurro saboreando las palabras con disgusto —Lo que había entre nosotras solo eran eso Quinn, solo eran el intento de algo que no debió ser, el intento de querer a alguien que esta totalmente desequilibrada. ¡Escuchas! Alguien que tiene ideas extrañas de lo que es amar. Y lo peor de todo, dice estar enamorada del fiasco social que es Rachel Barbra Berry, la antisocial e inadaptada que vivió escondiéndose para no terminar de esta manera.
—Rach...
—Acéptalo Quinn. Somos un matrimonio estúpido, una farsa de lo que debería ser una relación, porque ¡vamos! yo ni tan siquiera logro dejar de sonrojarme cuando te beso ¿Y pensar en sexo? ¡Ja! Ni de broma —Comenzó a mofarse de ambas —Esto es un maldito contrato que viviremos durante cinco años y para mi está bien, así nadie se me acercara con objetivos sentimentales y aplastara mis planes a futuro. No, pero espera, alguien se adelanto. ¡Y te lo agradezco Quinn!
—Yo, pequeña —Estaba atónita, sorprendida y confundida con aquella explosión de sentimientos contradictorios. —Entiendo —Se jalo ansiosa el cabello —Entiendo que cometí un error… pero sé que debe haber una solución a lo que hice, una solución a la estupidez que estoy cometiendo.
—Claro que la hay Quinn —Sonrió arrogantemente —Dame el divorcio y te prometo que esto quedara olvidado. Tus desplantes, tus maltratos, tus malditas amenazas y todo lo que dije sentir hacia tu persona.
—No Rachel. Todo menos el divorcio
—Entonces creo que deberemos aprender a convivir para lograr pasar estos cinco años.
—No, me niego a que eso suceda —Dijo sin pensar, aturdida por todo —Espera ¿Así es como te desases de mí?
—No —Contesto fastidiada —Así es como tú terminas con el intento de "relación" que llevábamos.
Y de nuevo, intento seguir su camino. Pero de inmediato Quinn la tomo del antebrazo bruscamente.
—Rachel, no te vallas.
—Fue suficiente Quinn ¡Déjame sola! —Grito zafándose del agarre para entrar a prisa en la recamara y dar un portazo.
—¡Rachel! —Grito siguiéndola de cerca pero sin llegar a tiempo para evitar el portazo en su cara —¡Abre Rachel! ¡Abre esa puerta! Esto no puede quedarse así.
Golpeo, pataleo, e incluso grito hasta quedar sin voz, pero detrás de esa puerta había alguien que no planeaba verla de nuevo.
Al principio, cuando Quinn miro a Rachel sabia que ella era la chica ideal y lo confirmo cuando la escucho hablar. Pero Rachel, Rachel permaneció asombrada por tener la atención de Quinn Fabray por tanto tiempo, de alguien que la alagaba, le sonreía y sobre todo, la apreciaba. Estaba enamorada de su dulce sonrisa, de su cabello con esencia de frutas, sus ojos verdes avellanados y sobre todo, de la forma en que la trataba. Por primera vez, alguien se interesaba en ella y eso, en cierto modo la asustaba.
Durante aquellas semanas Rachel sonreía y dejaba que Quinn la acompañara por toda la escuela, su presencia la hacía sentirse protegida y todo estaba bien. Pero, sus inseguridades y aquellos consejos que le repetía Santana la sacaron de la burbuja explotando en timidez y apatía.
Santana le dijo que Quinn no era lo que aparentaba, que sola la utilizaba ya que ella la había visto con una de las porristas en las gradas. Y de esa manera la convenció de que a pesar de ser su amiga, quería más a Rachel y la protegería costara lo que costara. Santana fue dura y directa, Rachel insegura e ingenua y Quinn… bueno ella nunca se imagino que sería traicionada.
En ese tiempo Rachel prefirió callar y alejarse de Quinn para no salir lastimada, aunque ya lo estaba. Quinn siguió tras de Rachel ilusionada con algo que su "mejor amiga" la ayudo a romper y lo peor de todo era que ni siquiera conocía a aquella porrista. Todo se había ido por la borda… todo estaba arruinado. Y a pesar de que en la actualidad lo había conseguido, en un dos por tres logro devastarlo.
—
Eran pasada las once de la noche. Todo en el apartamento estaba silencioso, iluminado con la tenue luz de la luna que se colaba por las ventanas abiertas y las cortinas que bailaban con el aire nocturno. Entonces , Rachel decidió salir de la recámara.
Tenia la boca seca, tal vez estaba molesta y no quería hablar, pero enserio que necesitaba tomar un poco de agua. Llego a la cocina, algo torpe por la oscuridad de la noche y se llevó la sorpresa de ver en la angosta mesa con la poca luz de la luna a una Quinn deshecha.
Estaba recostada de su lado derecho con el cabello alborotado y húmedo, tal vez el calor, pensó Rachel, hasta que la miro rodar su cara al otro lado y reconocer aquel aroma. Lo que ella miraba era irreconocible.
Su cabello desalineado, el aliento destilando alcohol y sus ojos dilatados por tanto llorar. La observo detenidamente, pero Quinn parecía perdida en la pared crema que tenía de frente.
—Nadie entiende lo que es ser tu —Susurro con las palabras atropelladas pero entendibles —Todos te odian porque lastimas a los que te quieren. Ya vez a tu madre... La mataste, y ahora Rachel, eres en verdad una escoria.
Rachel se mantuvo en silencio. Sabia que no estaba hablando con ella, así que entre el entrar por el agua o no, escucho los delirios de una borracha... Bueno, su esposa la borracha.
—Le has fallado ¡Idiota! Te has fallado a ti misma con semejante estupidez. Maldita la hora en la que naciste. Maldita la hora en que te enamoraste de Rachel…
La castaña sintió pena y lastima, sabía que parte de aquello era su culpa. Intento dar un paso hacia a delante, pero su corazón latía demasiado rápido y se estrujaba al escuchar la respiración entre cortada de Quinn.
—Siempre has sido tan cobarde. —Dijo dando un golpe a la mesa —¿Por qué siempre tienes que hacer las cosas bien? Después de todo nadie te lo agradece, de nada sirve…
De un momento a otro Quinn se sentó correctamente en la silla, sacudió su cabeza y sonrió al mirar lo asustada que estaba su esposa.
—Pequeña —Grito intentando levantarse pero tropezó con la misma silla y estuvo a punto de caerse antes de lograr sostenerse de un muro que evitó el golpe. Comenzó a carcajearse y sintió el mareo de lo brusco que fue —¿Te estorbo en algo? O has venido a darme otra cachetada. Mira, dámela aquí, que ya la otra mejilla esta roja.
—Quinn... Has tomado demasiado.
—¿Tu crees cariño? Si solo me tome una botella de vino y parte del tequila que estaba guardado.
Se tambaleó de un lado al otro y Rachel se acerco a ella con el miedo de verla lastimada en el suelo. Era mejor que se sentara, pero la rubia no tenia intenciones de obedecerla.
—No te encuentras bien. Siéntate de nuevo
—¡No!
—Quinn. —Dio unos pasos atrás asustada, no deseaba alterarse estando en aquellas condiciones —Ve al cuarto y descansa. En verdad estas demasiado ebria.
—¡Eso no es cierto! —Grito caminado a paso firme hasta Rachel —Ya me canse.
Se miraron a los ojos, dejando ver el color rojo de las lagrimas y los miedos destellando impaciencia. Quinn mordió su labio inferior y en un rápido reflejo que la castaña no espero, la tomo de los brazos y pego su cuerpo al de ella.
—Me canse de esperar —La beso de improviso dejando a una Rachel azorada que de inmediato la empujaba para salir de entre sus pesados brazos. —Eres mi esposa, mi mujer. Creo que ya he esperado lo suficiente.
—Quinn —Siguió forcejeando
El hecho de estar en estado de ebriedad nublaba su razón, pero no le impedían seguir teniendo aquella fuerza con la quería tomar a Rachel
—Te amo y yo quería hacer las cosas bien. Pero eso no me lleva a ningún lado.
Unió sus frentes, sonrió altanera y la jalo aun más a ella.
—Eres mía
—No
Rachel intento gritar, pero Quinn comenzó a besarla, a besarla uniendo sus labios con torpeza y desesperación. Con su fuerza la empujo hasta la pared de la cocina, sosteniendo sus brazos arriba de la cabeza para evitar el forcejeo y poder besarle el cuello. Paso su nariz por aquella zona, embelesándose con su fragancia antes de atacarla ferozmente y dar un leve mordisco a su palpitar.
—No —Sollozo Rachel
Quinn la ignoro siguiendo su labor, hasta llegar a su oído y morder ligeramente su lóbulo.
—Te necesito.
La miro directamente antes de levantarla y llevarla arrastras hasta la puerta del dormitorio, pasando por la sala donde Rachel pataleo y la hizo tirar una lámpara.
—Déjame.
