Recuerdos séptima parte III. Amigas.

"Paró en seco; y quedó con la mirada fija hacia ninguna parte: como cuando el velo que nubla la vista cae, esa frase resonó en su mente: "ante la impotencia de no poderle devolver la vida una vez más con tenseiga, dejó la espada de lado, como abandonándola.."

¡Si, -gritó, llena de ilusión-, ¡Eso es!

Instantes después, una solitaria y sonriente Kágome daba pequeños saltos de alegría, en plena madrugada, sin poder contener su emoción: había desentrañado el significado de esa simbólica acción."

¡Siiiii!, - volvió a gritar llena de alegría sin poder contenerse- ¡Eso es! ¡No puedo estar equivocada! - empezó a dar vueltas de felicidad, como si fuera una niña pequeña.

El alboroto hizo que Rin se revolviera en su futón, incómoda. Al darse cuenta de lo que había provocado, Kágome instintivamente se detuvo y tapó su boca con una mano, mirándola: ¡Ups! –pensó.

Al ver que no se despertaba, continuó con su feliz acción.

Momentos después paró, exhalando un suspiro de alivio. Por primera vez en varias horas en que su mente no había tenido descanso, se sintió tranquila. Por inercia, se acostó en el viejo piso, con los brazos extendidos, paseando sus manos, sintiendo el fresco de la madera bajo su cuerpo; soltó otro suspiro, esta vez de ilusión.

No puedo equivocarme–pensó-,mi corazón me dice que tengo razón. Ese gesto de Sesshomaru, al dejar esa espada fue muy significativo. ¡Mucho!. Si, -reafirmó- no puede ser de otra manera: En ese tiempo, si mal no recordaba, él acabada de enterarse que tenseiga tenía una técnica muy poderosa, diferente a la de curar y dar vida, que para él significaban solo nimiedades sin importancia; una que él si apreciaba: el "meido zanguetsuha", una técnica capaz de abrir un portal al inframundo y arrastrar dentro de él a hordas enteras de enemigos; una técnica que, para un demonio como él, sediento de poder, era muy valiosa y útil en batalla. Y sin embargo, al darse cuenta de que ya no podía utilizar esa espada para devolver la vida a Rin otra vez, la dejó de lado; eso, no podía sino significar una sola cosa: que la vida de ella fue más valiosa que todo su deseo de poder, que todos sus sueños de imperio.

Por eso tiró la espada, porque se dio cuenta que, contra todos sus principios, esa niña, esa pequeña humana, le importaba más que cualquier cosa; más que su propia vida; por eso dejó ver sus sentimientos ante su propia madre; por eso no le importó lo que nadie, ni siquiera ella, pudiera pensar, y, en un arrebato de felicidad, le hizo una caricia cuando volvió a la vida, algo impensable viniendo del gran y orgulloso Lord de las Tierras del Oeste; porque Rin, sin duda alguna, significaba lo más importante para él.

Porque aún y cuando después de eso, volvió a enfrentar a Inuyasha por colmillo de acero, ya no fue lo mismo, ya no luchó como antes, ciertamente utilizó todo su poder, pero ya no había el mismo odio en sus ojos; eso fue algo que ella siempre sospechó, y después de escuchar las historias de Rin, todo encajaba, por eso dejó en paz a Inuyasha y abandonó ambas espadas, porque con ella, con Rin, era suficiente; ya sólo le quedaba un pendiente: Náraku, para cobrarle una afrenta personal: haber intentado engañarlo, apoderarse de sus poderes, y secuestrar a Rin.

Por esa razón, luego que Náraku fue vencido, la dejó en la aldea a cargo de la anciana Kaede, porque era una niña y no quiso exponerla a más peligros; porque sabía que si algo le pasaba, nunca podría perdonárselo, y porque, aunque nunca llegara a admitirlo, sabía que Inuyasha, Sango y Miroku, estarían cerca de ella y no dudarían en protegerla; para darle la oportunidad de crecer entre los de su propia especie, de tener la vida que le correspondía como humana, y luego, la de elegir, ya adulta, si seguirlo o quedarse.

Pero curiosamente, siempre se preocupó por estar presente en su vida, por cubrir sus necesidades, por eso los infaltables regalos y visitas; porque quería que ella no se olvidara de él, porque no quería perder la oportunidad de tenerla nuevamente a su lado, en su vida; porque ella, en alguna forma, tenía un lugar importante a su lado, y tal vez en sus planes; porque si no fuera así, si solo le interesara el poder, ¿por qué molestarse en volver por ella, sabiendo que su presencia sería un obstáculo, siempre un blanco fácil de sus enemigos, siempre una debilidad para él?

No podía saber, al cien por ciento, las razones del youkai, pero algo si era indiscutible: En resumidas cuentas el arrogante príncipe de Oeste, amaba a Rin, del alguna manera, la amaba, solo faltaba saber hasta qué punto, y, después de todo este tiempo, de qué forma lo hacía, considerando que Rin ya era una mujer.

Yuna hermosa mujer, cabía añadir, porque–la miró apreciativamente- ahora era una jovencita que mostraba signos de una belleza exuberante: era varios centímetros más alta que ella; con la piel igual de blanca; si bien de pequeña se veía más oscura, eso debió haber sido por su eterna exposición al sol, ya que ahora, su tez lucía casi nívea; tenía una boca pequeña, sus labios eran gruesos, bien delineados, de pálido color rosado; sus facciones eran finas y bien definidas, pero sin llegar a ser duras, ya que dejaban entrever la dulzura y amabilidad que la caracterizaba. Sus ojos grandes, claros, avellanados, y su contrastante cabello negro azabache, la hacían destacarse del resto de las jovencitas.

Su cuerpo aún era delgado, ahora más por haber estado enferma tanto tiempo, pero ya mostraba los signos de su adolescencia, de los catorce años que tenía, estaba en plena formación, aún le faltaba crecer y desarrollarse, y ya empezaba a llamar la atención de los chicos de la aldea.

Una sonrisa se dibujó en su rostro. No cabe duda que Rin tiene mucho terreno ganado en el corazón de Sesshomaru, y cuando venga por ella, porque vendrá, si tan solo se tarda algunos años en volver, -pensó-, no reconocerá a la mujer que tendrá enfrente, y vaya, vaya que Rin tendrá armas con que hacerlo reconsiderar su actitud hacia los humanos.

Un inesperado sonrojo se hizo presente en sus mejillas. Por Kami, pero que cosas estoy pensando. -Se dijo, sin dejar de sonreir.