Desde mi punto de vista personal este capítulo merece que lo lean detenidamente, disfrútenlo porque tiene bastantes escenas "cómicas" al estilo Jim Moriarty.

Capítulo 10

Eran las tres de la mañana y Jim aun estaba sentado en su escritorio, recostado sobre su silla con los pies encima de su escritorio, pensando en el problema. No podía forzar un enfrentamiento con Holmes, no que no lo deseara. John había hecho grandes esfuerzos para mantener su relación en secreto y lejos del conocimiento de él y lo más probable es que se enojaría si Jim aparecía en Baker Street y le decía a Sherlock la verdad; no definitivo a John no le agradaría eso. Tampoco podía asesinar a Sherlock, ya que probablemente tampoco le agradaría a John. No podría hacer nada que comprometiera su relación con John. Al final tenía que pensar en un plan sumamente astuto y Jim era bueno en eso. Por lo tanto comenzó a planearlo.

—Me estaba preguntado donde habías ido— dijo John parado detrás de la silla mientras pasaba sus manos por el pecho de Jim, metiéndolas bajo la bata. Jim había estado tan perdido pensando que ni siquiera había escuchado a John entrar. Jim giró para darle toda su atención a John y a cambio recibió una sonrisa ladeada de John. Jim de pronto fue llenado con un malestar conocido que no era del todo doloroso, pero sin duda era intenso. —¿Ocupado en intrigas? Te dejaré con ellas.

John se dio la vuelta para irse pero la mano de Jim inmediatamente lo sujetó de la muñeca para detenerlo. —No, no lo hagas. No te vayas. — Jim se estremeció ante lo patético que sonó. John aceptó con una inclinación de la cabeza y se agachó para juntar sus labios con los de Jim.

—¿Te?— murmuró John contra los labios de Jim.

—¿No quieres regresar a la cama?

—No a menos que te me unas.

—Entonces té está bien.

John sonrió antes de besarlo de nuevo. Comenzó a irse, pero Jim mantuvo sujeta su mano el mayor tiempo posible hasta que finalmente soltó la punta de sus dedos. Jim intentó volver a trabajar en su pequeño problema, pero ahora su mente no podía concentrarse. Todo lo que podía pensar era en John en su cocina, preparándole un té, sin esperar nada a cambio. Besar a John mientras tuviera el sabor del té. Entonces su mente se distrajo imaginando otra vez en John pero haciendo lo mismo para Sherlock, preparándole té. John besando a Sherlock. La forma posesiva en que Sherlock sujetó el brazo de John. La ira comenzó a hervir dentro de su pecho y se levantó de su asiento en un segundo yendo hacia la cocina inmediatamente.

Se tranquilizó en cuanto vio a John parado ahí en su cocina, tamborileando sus dedos encima de la estufa, mientras esperaba que se enfriara la tetera. Sujetó a John del brazo y lo giró para enseguida devorar la boca de John ahogando su gemido de sorpresa. John solo dudó un segundo antes de devolver el beso con el mismo entusiasmo.

—¿Qué fue todo eso?— cuestionó John, cuando se separaron, ambos jadeando con los labios hinchados.

—Olvidé decirte buenos días— Jim se encogió los hombros.

John sacudió su cabeza y se rió entre dientes, acariciando con sus dedos el cabello de Jim y dándole un ligero masaje en la nuca. —Buenos días a ti también— murmuró antes de jalar hacia él a Jim, para unir nuevamente sus labios.

Jim colocó sus manos sobre la mesa y empujó con su cuerpo contra el de John. Sintió como la excitación de de John empujaba contra su muslo y movió sus caderas para ayudarlo con eso. John gimió y echó su cabeza hacia atrás descubriendo su cuello. Jim aprovechó la oportunidad para lamer, y morder la piel ante él.

—Jim, el té— John le recordó.

—Déjalo que se enfrié.

—Jim— John suspiró exasperado. Jim rodó sus ojos y de mala gana se alejó. Sintió frio casi instantáneamente cuando se alejó y sin dar tiempo a nada salió de la cocina. Calor necesitaba calor. Así que fue al cuarto de baño, a la enorme bañera circular y comenzó a llenarla. Puso un poco de jabón y contempló la nube de burbujas que se formaba conforme se movía el agua.

Cuando el agua estuvo lo suficientemente caliente, se quitó la bata y se metió dentro. El agua estaba apenas debajo de la temperatura adecuada para no provocar quemaduras y Jim se hundió dentro de ella de muy buena gana. —No puedo recordar cuándo fue la última vez que me bañé en una tina— dijo John desde el dintel de la puerta.

—¿Te importaría unírteme?

John se encogió de hombros en señal de aceptación y fue hasta la bañera con dos tazas de té. Colocó una en el borde de esta cerca de donde se encontraba Jim y puso la suya en el lado opuesto. Deslizó lentamente su bata al suelo junto a la de Jim, se tomó su tiempo en entrar dándole tiempo a su cuerpo a adaptarse a la temperatura del agua.

—Estas demasiado lejos— Jim hizo un puchero cuando John se sentó en el lado opuesto de la bañera. John suspiró y tomo su taza y se movió hacia él. Jim colocó sus brazos a las orillas de la bañera y John se colocó a su lado. Pasó su brazo por la cintura de Jim y puso sus piernas sobre las de Jim.

—Cuéntame otra historia— pidió John, descansando su cabeza en el hombro de Jim y cerrando sus ojos. Jim observó por un momento su rostro relajado, viendo como cada una de las arrugas desaparecía.

—¿De verdad?

—Me gusta escucharte, me gusta conocerte— murmuró un adormilado John.

—¿Que quieres escuchar?

—Lo que sea, cualquier cosa que quieras contarme. Solo algo que sea verdad.

—¿Algo verdadero?— Jim repitió confundido.

—Correcto. No inventes ni endulces algo que creas que no me gustará. Estoy intentando quitarte las mascaras, intentando encontrar al hombre real debajo de estas. Por lo tanto cuéntame de ti.

El corazón de Jim comenzó a latir rápidamente y tuvo la repentina urgencia de pasarse horas y horas besando a John. Puso un dedo debajo de la barbilla de John y alzó su rostro para que sus labios pudieran encontrarse. John hizo un pequeño sonido de satisfacción y se dejo besar.

—¿Y bien?— dijo John expectante cuando finalmente se separaron. Abrió sus ojos cuando comenzó a tomar té.

—Cierra tus ojos de nuevo.

—¿Por qué?

—Lo hará más… fácil— confesó Jim. John solo asintió y recostó de nuevo su cabeza. Jim comenzó a hablar, contándole historias a John que nunca le había dicho a nadie en su vida. John solo escuchó en silencio, bebiendo su té sin alejarse del lado de Jim, con su mano en la cadera de Jim dibujando lentamente figuras al azar con sus dedos.

Le contó a sobre su primer beso, con una niña llamada Marla, cuanto tenía ocho años, cuando se había reunido por primera vez a jugar con niños al juego de besos y castigos. Por poco tiempo consideró socializar con los demás niños, hasta que vio a Marla besarse con otro chico y entonces lo reconsideró.

Cuando le contó la primera vez que asesinó a alguien con sus propias manos, la mano que le sujetaba la cadera se tensó, pero John no la apartó. Jim le contó la historia de cómo encontró a su novio de la Universidad en la cama con alguien más. De cómo había le había impactado tomar la vida de ese hombre, sintiendo el poder de quitar una vida. Como más tarde asesinó a su novio cuando lo amenazó con ir a la policía y hacer que lo encerraran.

Cambió a historias más ligeras, recordó a su abuela. La obsesión de ella con Agatha Christie, como siempre se ponía su lápiz labial de color rosa brillante y su rubor incluso cuando iba solo a comprar comestibles. Como lo arrastraba prácticamente a la iglesia todos los domingos, aunque él odiara ir. Cuando le regaló ese juego de química en su decimotercer cumpleaños, diciendo que quizás podría encontrarlo interesante.

Finalmente le contó la historia de cómo ganó su primer millón de libras, se jactó de haber estafado a un magnate del acero estadounidense por venderle un pedazo de terreno sin valor. De cómo había hackeado el sistema de una compañía de jets, donde se robó los planos del nuevo jet y los vendió a una compañía rival por diez millones de libras.

John finalmente se quedó dormido, mientras roncaba suavemente sobre el cuello de Jim. Jim sonrió y le colocó un beso suave sobre la sien de John. La taza de John estaba vacía así que Jim la puso de nuevo en el borde de la bañera, tomó la suya y se bebió el té frío de un solo trago. Beso a John de nuevo pero esta vez en los labios. Se sorprendió cuando John le correspondió el beso.

—Llévame a la cama— dijo John, su voz estaba somnolienta.

Jim asintió y jaló el tapón de la tina, dejando que el agua se fuera por el drenaje. John se apoyó en el él y caminaron lentamente hasta la recamara. Jim tomó una toalla y se secó, rápidamente hizo lo mismo con John. Colocó al otro hombre sobre la cama, quien inmediatamente se hundió en las almohadas y Jim le colocó el edredón encima de él.

—¿A dónde vas?— preguntó John, aun con medio rostro enterrado entre las almohadas y con los ojos apenas abiertos.

—De vuelta a mis planes malvados— replicó Jim con una sonrisa.

—Cuando dije que me trajeras a la cama, era una sugerencia sutil para hacer algo más, no una orden que debía ser tomada como tal.

—John, estas cansado— señaló Jim.

—Sí, ¿Y…?—

—Estas a punto de dormirte.

—¿Por lo tanto?

—John.

—Jim.

Jim rodó sus ojos y sacudió su cabeza en un gesto negativo. John se estiró para poder tomar la mano de Jim y jalarlo hacia él. Jim fue de buen agrado, aterrizó en medio del pecho del médico militar. Comenzaron a besarse perezosamente, rodando en la cama, cambiando las posiciones uno y otro quedando arriba.

—Creo que estoy enamorado de ti— confesó John, cuando Jim estaba ocupado besando su cuello. Jim se quedó quieto y se alzó un poco para poder mirar la cara de John y ver si estaba bromeando.

—¿Por qué dices eso?

—Porque me contaste cosas desagradables, historias horrendas que fueron verdad.

—Tú lo pediste— Jim se puso a la defensiva.

—Lo sé. Y ahora incluso, después de haber escuchado algunas de las terrible cosas que has hecho, aun quiero que estar aquí. Aun quiero que me toques y me beses y me folles. Eso no tiene sentido a menos que sienta algo parecido al amor.

Jim se quedó mirando mucho tiempo a John sin pestañear. No sabía que decir ni que hacer, pensar o sentir así que solo se quedó completamente inmóvil.

—¿Qué? — cuestionó John, removiéndose incomodo bajo la penetrante mirada de Jim.

—Si estas mintiéndome.

—No lo hago, no podría, no soy así. Lo sabes.

—Dilo— susurró Jim, necesitando escuchar las palabras exactas.

—Te amo— John se acercó más y acarició gentilmente la mejilla de Jim. —¡Que Dios me ayude! Lo hago. Lo intenté muy duramente evitar esto y me confundí horriblemente, porque si alguien se entera, mi vida entera se irá a la mierda. Pero soy feliz cuando estoy aquí, contigo y ¡Dios, maldita sea! ¿Por qué tenías que ser tan jodidamente extraordinario?

Los labios de Jim, lentamente formaron una gran sonrisa, hasta llegar a mostrar lo radiante que estaba a John. —¿Soy extraordinario?

—Lo eres. Eres extraordinario e inteligente y sexy e interesante y maravilloso—. Cada palabra dicha fue murmurada sobre los labios de Jim y John le daba un beso. —Me gusta estar aquí y platicar contigo. El sexo es fantástico y me haces reír, lo que nunca pensé que pasaría. Me haces feliz, creo que fue la parte más difícil que no te colaras dentro de mi cabeza. Pero nunca tuve una oportunidad, ya que me enfrentaba a la mayor mente criminal del mundo.

—No, realmente nunca lo tuviste— Jim sonrió y besó profundamente a John. No pasó demasiado tiempo para que el beso se tornara en sexo, con un John frenético por alcanzar el lubricante mientras los labios de Jim exploraban cada centímetro del pecho de John. La boca de John se abrió intentando jalar aire, se retorcía mientras los dedos de Jim estaban preparándolo, metiéndolos y sacándolos para probar que tan dilatado ya estaba.

John colocó una almohada bajo sus caderas mientras Jim quedó hincado frente a él, se agacho mientras John rodeaba las caderas de Jim con sus piernas, se movieron juntos de manera lenta y profunda, besándose hasta el grado de compartir el aliento, mientras uno exhalaba el otro inhalaba. Jim estaba mareado y aturdido por esto, pero no se detuvo, ni siquiera lo intentó. Pero John tuvo más sensatez que él y rompió el beso y jadeó contra la mejilla de Jim y frotándose uno contra otro.

—Te amo— dijo John de nuevo y con una estocada final, gruñó Jim y se corrió. John sujetó a Jim por los hombros y lo giró por lo tanto Jim quedó sobre su espalda. Agarró el lubricante y se colocó una cantidad generosa en los dedos, bajándolos hasta los glúteos de Jim. Jim se arqueó en la cama y John se arrodillo entre sus piernas sujetó sus muslos y los colocó alrededor de su cintura. Las caderas de Jim estuvieron en el perfecto ángulo para que John comenzara a empujar y golpear el dulce sitio. Jim gimió ruidosamente cuando el miembro de John comenzó a embestir de manera rápida y desesperada. John decía el nombre de Jim casi sin aliento hasta que un grito emergió de su garganta y se vació en el interior de Jim.

John salió lentamente de él y se dejó caer a su lado en la cama. El otro hombre se acercó y lo enredó entre sus brazos. —Dilo otra vez Johnny— pidió Jim, mientras acariciaba la nuca de John con su rostro.

—Ya te lo dije— le recordó John, bostezando exhausto.

—Yo te lo he dicho más veces, esta noche quiero contar cuantas veces serán.

—No necesitas llevar un registro. No todo es una competencia.

Jim suspiró impacientemente —Solo dilo Johnny—

John se giró para quedar de frente entre sí, antes de atrapar los labios de Jim y lo besó lánguidamente. —Te amo— espetó John acunando el rostro de Jim entre sus manos.

—Sabes que cediste fácilmente. Pero ya había hecho planes de cómo iba a hacer que te enamoraras de mi— dijo Jim lanzando un trágico suspiro falso.

—¿Como cuáles?

—Robar para ti, las Joyas de la Corona

John sonrió. —Me vería ridículo con una corona.

—Bien, yo me pondré la corona. Tú puedes quedarte con el cetro.

—¿Qué es lo que voy a hacer con un cetro?

—Cualquier cosa que desees, supongo. ¿Golpear gente?

—Eso es un poco dramático.

—Todo el mundo es un gran escenario Johnny— Jim dijo en una tonadilla.

John se acercó y colocó el cabello detrás de la oreja de Jim, mirando fijamente esos enormes ojos cafés. —Te amo.

—No tienes que seguir diciéndolo.

—Quiero hacerlo. Creo que no lo has escuchado las suficientes veces en tu vida.

—No— El gesto tranquilo de Jim se tornó sombrío instantáneamente. —No, no hagas eso.

Jim salió de la cama, arrojando las sabanas a lo lejos en cuestión de segundo. John lo miró con asombrado. —¿Hacer qué?

Moriarty se paseaba en la habitación jalándose el cabello furioso. —¡No me conviertas en una puta victima!— Gritó evitando deliberadamente mirar a John. —¡No soy una puta víctima, soy un villano. Esto no cambia eso!— Señaló con un gesto a ambos, pero aun evitando mirar a John.

—Jim— dijo John suavemente, intentando que el Consultor Criminal se tranquilizara.

—¡No lo hagas!— Jim amenazó con sus dientes apretados. —¡Deja de intentar racionalizar las cosas! ¡Siempre haces eso! ¡No puedes entender porque te enamoraste de mí! ¡Primero intentaste negártelo y ahora estas intentando hacerme bueno! ¡Solo detente! ¡Asesiné a personas porque quise hacerlo! ¡Esto no tuvo nada que ver con ser un niño no amado o por las veces que mi novio me engañó! ¡La gente es engañada diariamente y no terminan matando a quien lo hizo! Deja de hacerlo "¡Oh pobre de mí, mama no me quiso lo suficiente!" ¡Y date de una vez cuenta que lo único que está intentando es llegar a aceptar que te enamoraste de un psicópata!

Ambos se quedaron quietos, el único sonido que se escuchaba en el cuarto era la respiración acelerada de Jim. John se levantó lentamente de la cama y fue hacia Jim. Lo envolvió entre sus brazos y apoyó su barbilla en el hombro de Jim y deslizó sus manos con dulzura por la espalda de Jim.

—Quizás tengas razón, esto puede ser por mí. Pero también es por ti. Nadie, psicópata o no, debería pasar porque lo que tú. Nadie debería despertar porque su madre está intentando asfixiarlo. Nadie debería encontrar a su novio follando con otro. No es lástima, es empatía. Estoy intentado ser amable, para que sepas que no soy como ellos.

—Lo sé— dijo Jim en voz baja, sus manos finalmente devolvieron el abrazo a John.

—Entonces déjame hacer esto por ti. No puedo cambiar nada, pero déjame intentar hacerlo mejor, menos doloroso.

—No es doloroso, ni siquiera me importa.

—Lo es. Por supuesto que te importa. No me habrías contado ninguna de esas historias si no fueran importantes. Podrías no haberme dicho nada y sin embargo esas fueron las que elegiste contarme.

—No puedes sanar las heridas que están cerradas desde hace tanto tiempo, Johnny.

—Solo…cállate.

Jim lamió sus labios a punto de hablar, pero finalmente no dijo nada más. Por unos instantes se quedaron a así, en un silencio de confidentes, solo respirando y abrazándose. Jim cerró sus ojos y no percibió nada más que el calor que irradiaba el cuerpo de John, la fuerza de sus brazos que lo envolvían. John era solido y fuerte, confiable y confortable. Su respiración era lenta y constante, tan tranquilizante como su latido.

—¿Que sucederá ahora Doctor?

—Ahora, vamos a acostarnos en esta cama y me dejarás abrazarte hasta que ambos nos durmamos— replicó John, guiándolos caminando hacia atrás hacia la cama. Se metieron bajo las sabanas y se encontraron uno al otro de nuevo, envolviendo sus brazos alrededor del otro. Como de costumbre Jim colocó su cabeza en el pecho de John, su oreja apoyada encima de su corazón. No pasó mucho tiempo para que John se quedara dormido, pero Jim permaneció despierto, aun trabajando en el problema. Por alguna razón era mucho más fácil, cuando tenía para escuchar el latido del corazón de John en su oído.

—Te amo— dijo Jim, llevando el brazo de John hasta su cintura y abrazándolo más fuerte. —Y voy a continuar teniéndote a mi lado.

XXXX

Tuvieron un caso, lo que implicó un gran alivio. Finalmente sentía que las cosas estaban regresando a la normalidad entre Sherlock y John. John estaba ansioso por ayudarlo, aunque su último caso no terminó tan bien. Sherlock se había frustrado por la simplicidad del caso y se enojó más cuando John intentó irse. Todavía parecía pensar que estaba viéndose con Mycroft, John se lo quedó mirando fijamente durante unos segundos más y finalmente rompió el contacto visual. La despedida fue rápida y corta, ya que John se alejó para tomar un taxi e ir a la casa de Jim.

Pero ahora las cosas estaban mejor o al menos estaban encaminándose a eso. Sherlock finalmente tenía un caso que le interesó y le pidió a John que viniera. Estaban sentados uno al lado del otro en el sofá y el cliente en el del frente a ellos, John se aseguró de que hubiera suficiente espacio entre los dos, para que no se estuvieran siquiera rozando.

El cliente fue una mujer joven llamada Jessica Samuels. Había tenía una aventura con su jefe y alguien la había visto. Estaba siendo chantajeada, por más que ella se esforzó por ayudar a Sherlock para identificar al chantajista no pudo. Su jefe y ella habían ido a un club de sexo, muy exclusivo, el sitio donde necesitaba una invitación para poder siquiera atravesar su puerta.

—Fuimos cuidadosos. Muy cuidadosos. Siempre tomamos taxis separados al hotel, llegamos a diferentes horas. Nunca nos decimos nada en el trabajo. No hay manera de que alguien lo supiera a menos que fuera alguien de ese estúpido club. Él quería ir, ni siquiera fue mi idea. Pensó que podría ser más seguro, esa gente debe mantenerlo en secreto porque era demasiado exclusivo.

—¿Pero no lo fueron?— John infirió.

—Aparentemente no— ella espetó irritada.

—¿Cuando se reúne ese club?— le preguntó Sherlock, apoyando sus codos en uno de los antebrazos del sofá, sus dedos formaron una tienda de campaña que tenía como punta su barbilla.

—Las noches de los viernes cada dos semanas. Se reúnen en un almacén abandonado, puedo darle la dirección si así lo necesita.

—Si— asintió Sherlock y Jessica buscó un papel y un lápiz.

—Entonces ¿Cuál es el plan?

—Tendremos que ir a ese club, para observar y determinar quién es el sospechoso que esta chantajeándola…

—¿Qué? ¿Vamos a ir a un club de sexo?

—Bueno, ellos no nos darán exactamente la lista de miembros ¿verdad? No en un club muy exclusivo— Sherlock razonó y se puso de pie.

—Sherlock, necesitas una invitación— John le recordó a la vez que se ponía de pie también.

—Y gracias a la Srita. Samuels, tenemos una. Todo lo que necesitas es la dirección y la contraseña para acceder. Estoy seguro que ella nos la dará— Sherlock ya estaba colocándose de nuevo su abrigo, y envolviendo su cuello con su bufanda.

—Sherlock, ¡No podemos ir así como así a un club de sexo!— John intentó convencerlo de nuevo.

—¿Por qué no?— preguntó Sherlock, ajeno al por qué sería incomodo para John ir a un club de sexo.

—¡Es que no es así de simple! ¡¿Esperas solo ir por ahí preguntando a las personas?! Ellos están ahí para follar, no para ser interrogados.

—Todo estará bien. Seré capaz de eliminar a muchas personas de la lista de sospechosos cuando estemos ahí, así que todo será sumamente fácil.

—Sherlock.

—Ah, Srita. Samuels— Sherlock cortó la réplica de John cuando fue a la sala donde se encontraba su cliente. —Y la contraseña?

—La Manzana Dorada— les respondió y Sherlock asintió.

—Bueno estaremos en contacto— Le arrebató el papel de las manos, dio la vuelta y se fue.

—Eh, háganos saber si necesita cualquier otra cosa— dijo John intentando se los más amable posible y siguió su compañero de piso.

XXXX

John de verdad no tenía ni idea de cómo habían estado hablando de esto. Estaba ahí de pie fuera del almacén con el traje que Jim le había dado, junto a Sherlock, quien parecía imposiblemente más atractivo enfundado en uno de sus trajes que le ajustaba a la medida. Cuando John intentó usar otro traje diferente, Sherlock le dijo que ni siquiera lo intentara, debería verse a la altura, así que ninguno de sus trajes baratos podía ponerse.

Cuando llegaron a la puerta y esta se abrió, Sherlock dio la contraseña y nadie más les prestó atención. John estaba muy nervioso y de verdad creía que todo eso era una real estupidez. Nadie iba a querer hablar con ellos y Sherlock probablemente iba a gastar la mayor parte del tiempo intentando evitar los avances de las personas, mientras que John estaba ahí casi sin hacer nada a su lado, intentando de vez en cuando no escuchar las actividades de la gente a su alrededor.

Efectivamente mientras caminaban a través del almacén, la gente observaba fijamente a Sherlock, algunas de estas lamian sus labios sugestivamente. También se sorprendió al percatarse de las miradas de algunas personas dirigidas hacia él. Se habría sentido halagado si no fuera porque estaba completamente avergonzado por todo este problema.

El almacén había sido ambientado como un harem o algo así. El suelo de cemento estaba cubierto por alfombras finísimas. Había algunas áreas con sofás confortables, zonas que no tenían nada, únicamente almohadas y finalmente algunas camas con cortinas de terciopelo que corriéndolas daban a las personas un poco de intimidad. Todo estaba en colores rojos, purpuras, oro y con iluminación atenuada para darle un toque más intimo. Por cualquier parte que mirara, John veía una enorme cantidad de condones y lubricantes. Dos mujeres estaban en una esquina en el piso, con un dildo para complacerse una a la otra. No estaba seguro si aquí mismo se los habían dado o si ellas lo habían comprado antes. De todas formas estaba seguro que no se iban a quedar mucho tiempo ahí para averiguarlo.

—¿Qué es exactamente lo que crees que vas a conseguir Sherlock?— susurró desesperado John.

—Encontrar a alguien que se vea sea capaz de chantajear.

—¿Y vas a ser capaz de deducirlo con tan solo mirarlo?— le preguntó John, cruzando sus brazos sobre su pecho de manera desafiante.

—Mira quien esta chantajeando a la Srita. Samuels claramente es porque la vio aquí. Por lo tanto nuestro sospechoso debe estar aquí. Solo tenemos que esperar.

—¿A qué? No es como si alguno de ellos venga y nos los diga por su propia voluntad.

—Seré capaz de deducirlo— replicó Sherlock confidencialmente y le indicó con su cabeza que mirara por los alrededores. John estaba a punto de seguirlo cuando alguien lo sujetó y le tapó la boca, jalándolo hacia un apartado que estaba tras unas cortinas pesadas y lo tiró sobre una cama.

—¿Que dem…?— comenzaba a levantarse pero se detuvo cuando giró y vio a su secuestrador. —Jim, ¿Qué diablos estás haciendo aquí?

—¡Oh! He estado aquí antes— Jim le sonrió, sujetando a John por sus hombros y empujándolo de nuevo sobre las almohadas.

—Jim, de verdad no tengo tiempo para esto. Estoy aquí con Sherlock— dijo John desesperado cuando Jim comenzó a chupar su cuello.

—Te pusiste el traje Johnny, No podría quitarte las manos de encima incluso si quisiera y no quiero hacerlo— le espetó Jim agachándose y acariciando a John encima de sus pantalones.

—Jim. No tienes ningún sentido de la decencia, seguramente no tendrá problemas para interrumpirnos.

—¿Y? dime, la idea no excita un poco.

—No, no me excita— dijo John, con los dientes apretados, esperando que Jim le creyera su mentira. De hecho la idea de que Sherlock los sorprendiera era una experiencia extrañamente emocionante, dándole a la noche la sensación de peligro que John anhelaba.

—Mentiroso— le dijo Jim, dándole una sonrisa y se inclinó para besar a John de nuevo.

—Aun así, eso no quiere decir que debamos hacerlo.

—Vamos Johnny, no seas aguafiestas. No lo estarías diciendo si tú supieras todos los problemas que tuve que pasar para hacerte venir— Jim cerró de pronto su boca.

—¿Qué? ¿Para encontrarme? ¿Cómo sabía que estaba aquí?— Jim resopló y le dio una mirada como si fuera un retrasado mental. —Cierto, pregunta estúpida. Tú siempre has sabido donde estoy. No puedes haber estado buscándome porque yo ya estaba aquí, así que me encontraste de inmediato. ¿Entonces qué tipo de problemas tuviste para hacerme venir?

—No fue nada, ahora bésame— respondió Jim, intentando evadir la pregunta y capturar los labios de John de nuevo. John lo empujó a Jim y se alzó para quedar de rodillas frente a frente sobre la cama.

—Jim, ¿Qué hiciste?

—¡Nada!— insistió Jim, viéndose nada convincente. Esa sonrisa de gato de Cheshire, estaba adornando su rostro y no ayudaba exactamente a mostrar su inocencia.

—Jim, ¡Oh Dios! Por favor, dime que no estas detrás de esto.

—¿Detrás de qué?

—De esto. Del caso en el que Sherlock y yo estamos. Por favor dime que no amenazaste y asustaste a una pobre mujer solo para traerme aquí.

—¿Quieres que te mienta?— Jim preguntó confundido.

—¡Oh Dios!— gimió John, colocando sus manos sobre su rostro y tallándoselo. —Esa pobre chica cree que está siendo chantajeada.

—Está siendo chantajeada— Jim encogió sus hombros con indiferencia. —Eso es lo que hago.

—¿Por qué? Solo para traerme a un club de sexo? Podrías habérmelo pedido.

—¿Habrías dicho que si?— preguntó Jim, enarcando una ceja.

—No lo sé. Probablemente no. Esto no es exactamente mi lugar ideal— John movió sus brazos mostrando su alrededor.

—Exactamente. Pensé que quizás deberíamos darle un poco de sabor a la relación. Me preocupaba que te estuvieras aburriendo de mi— dijo Jim a la vez que rodeaba con sus brazos sus hombros y lo acercaba a él.

—Jim, la única forma en que podrías aburrirme es, si estuvieras catatónico— John lo tranquilizó y le dio un beso suave en los labios. —Si alguien debería estar preocupado porque te aburras, ese debería ser yo.

—Hmm— Jim dijo pensativamente, recorriendo sus dedos a través del cabello de John. —Entonces creo que lo mejor es que hagas lo que te pido.

—¿Qué pasa con Sherlock?

—¿Que hay con él?— cuestionó Jim frunciendo su ceño, entrecerrando sus ojos.

—Mira Jim, se perfectamente de mi amistad con Sherlock no significa absolutamente nada para ti, pero para mí es importante. Y estoy bastante seguro de que si alguna vez nos encuentra, bueno sea lo que estemos haciendo, me odiará y eso sería en el mejor de los casos.

—Bien— gruñó Jim, deshaciéndose la corbata.

—¿Que éstas haciendo?— preguntó John, frunciendo su entrecejo en señal de desconcierto.

—Esto— dijo él, cuando por fin se sacó la corbata. La uso para vendarle los ojos a John. —Ahora si llegara a descubrirnos, puedes fingir que no tenías idea de quién era.

Jim volvió a besar a John antes de que siquiera pudiera protestar. Con John estando ciego al mundo, no podía más que sentir a Jim. Siguió cada una de las órdenes del otro hombre, cada caricia era emocionante ya que no podía verla. Nunca sabía lo que Jim haría enseguida, incapaz de anticipar si era un beso, una mordida, una lamida o simplemente una caricia. Estaba completamente a merced de Jim y eso lo excitó en demasía.

Jim desabrochó los pantalones de John y los bajó hasta medio muslo. Luego guió al médico militar para que se pusiera de rodillas, la camisa y el saco seguían en su lugar. Jim rozó con sus dedos la hendidura del trasero de John, sintiendo la frialdad familiar del lubricante, como señal de advertencia de que estaba a punto de ser penetrado.

Jim y John gimieron simultáneamente a la vez que el dedo de Jim se deslizó dentro de John con relativa facilidad. —¿En serio me vas a follar con la mayoría del traje puesto?

—¿Qué? Te quite únicamente lo que necesito— dijo Jim mientras metía y sacaba su dedo, luego metió el segundo.

—Tú y este puto traje. ¿Quieres que los deje solos?— John bromeó, embistiendo contra los dedos de Jim.

—No tendría sentido. Lo que hace al traje es quien está dentro de este, llenándolo—. La mano libre de Jim, recorrió la espalda de John, sus dedos rozando la carísima tela.

—¿Adulándome?— John preguntó presumido.

—Solo la verdad Doctor. ¿Por qué molestarme en darte halagos cuando tengo mis dedos dentro de ti?— Y para ilustrar el punto, flexionó su dedo y acarició la prostrara de John, provocando que gimiera profundamente.

—Justo en el punto— admitió John, dejando caer su cabeza en las almohadas. Jim metió el tercer dedo, para dilatar más a John.

Jim manejó abrir sus pantalones con una sola mano, mientras que la otra seguía abriendo a John, sus dedos entrando y saliendo a un ritmo lento. Cuando Jim tuvo sus pantalones hasta las rodillas cogió uno de los paquetes de condones que estaba junto a la cama y lo abrió con los dientes.

—Un poco tarde para eso, ¿No crees?— cuestionó John sarcásticamente, identificando el sonido. —A menos que te preocupe dejarme embarazado.

—No puedo correr ese riesgo con todo este caos— dijo Jim mientras continuaba metiendo y sacando sus dedos, lo que obligó a los labios de John a soltar otro gemido.

Deslizó el látex sobre su miembro y tomó el lubricante aplicándose abundantemente. Se alineó y empujó solo su punta, penetrando lentamente a John. John instantemente se alejó, haciendo que el miembro de Jim se saliera de él. —¿Que mierda tienes en tu pene?— preguntó, girando la cabeza a pesar de que seguía con los ojos vendados.

—Un condón— respondió Jim como si fuera lo más obvio.

—¡Eso no se siente como un condón!— gritó John y Jim lo hizo callar.

—Es acanalado Johnny, tranquilízate.

—¡Oh Dios!— John negó con la cabeza.

Jim se ubicó de nuevo y volvió a entrar de nuevo, el aliento de John estaba siendo forzado. —Lentamente— dijo John con la mandíbula apretada.

Jim fue irritantemente lento, empujando para pasar el anillo de músculos de la entrada de John y rodeándose de una opresión abrumadora y de calor. Solo deseaba enterrar lo que restaba, pero se contuvo. Estaba casi a la mitad cuando John volvió a gritar. —Alto, alto. Demasiado. Es demasiado.

Jim detuvo todos sus movimientos y no pudo evitar pensar que a ese ritmo no iba nunca iban a follar. —Estas bien— dijo de una forma que según él era suave, pero que en realidad su tono sonó molesto. Empujó más y John volvió a gritar. Continuó y cuando llegó al dulce punto, John tuvo que morder su puño para evitar gritar más alto que las otras ocasiones. Jim empujó suavemente a sabiendas que las costillas del condón estimularían más la próstata de John.

—¡Jim!, ¡Oh Dios! ¡Joder! ¡Joder! ¡Joder!— John se escuchó a punto de llorar.

—¿Quieres que me detenga?— preguntó Jim, intentando ser considerado. Siempre podría salirse y ponerse un condón normal, pero le gustaba mirar como John se deshacía a pedazos.

John respiró profundamente y soltó el aire lentamente. —Joder no, solo… se cuidadoso conmigo, ¿sí?

—Por supuesto Johnny— prometió Jim, recorriendo su mano sobre la espalda de John antes de sujetar sus caderas. Su primer empuje real fue lento, sacando y metiendo hasta que tocó fondo. John arqueó su espalda, su cabeza echada hacia atrás mientras prácticamente aullaba. Jim lo hizo de nuevo, obteniendo prácticamente la misma reacción. Dio una cuantas embestidas rápidas y fuertes y los brazos de John prácticamente dejaron de sostenerlo.

—¡Mierda, joder!— dijo John casi sin aliento.

—¿Que tan bueno es Johnny?— cuestionó Jim, volviendo a las embestidas largas y lentas.

—¡Demasiado bueno! ¡Jim, joder! ¡Jim!— gimió alto John.

—Sabes, no tiene sentido que tengas vendados los ojos, si solo estas repitiendo mi nombre— dijo Jim, prácticamente saliendo todo, para hundirse de nuevo, despareciendo dentro de su amante.

—Bueno, esto realmente… es malditamente difícil… cuando estas… follandome… con esa… maldita cosa puesta en tu… polla— dijo jadeante John, buscando aire y aferrándose a las sabanas.

Jim comenzó a embestir más duro, tomando un ritmo, hasta que John fue un caos incontrolable, gimiendo en medio de groserías y susurrando el nombre de Jim. Prácticamente Jim apenas tocó el miembro de John, cuando este se corrió, todo el cuerpo de John se estremeció mientras se derramaba sobre la cama.

Jim se salió y giró a John para quedara sobre su espalda, alejado de su semen en las sabanas. Lo penetró de de nuevo y John se sujetó fuertemente del cabello de Jim, agarrándolos con tanta fuerza que pensó que John se lo arrancaría de la cabeza. —Casi estamos ahí— dijo, mientras aceleraba el ritmo y golpeaba a embestía a John sin piedad. John era todo un espectáculo, sonrojado y sudando con la boca abierta. Jim lamió los labrios de John, probando lo salado y dulce de su sudor. John levantó su cabeza y mordió fuertemente el cuello de Jim. Eso llevó a Jim al borde y se corrió, llenando el condón, extrañando un poco el sentirse vaciándose directamente en el interior de John.

—¡Oh Dios! ¡oh Dios!— John gimió, dejando caer su cabeza sobre la cama y moviéndola lentamente de un lado a otro para relajarse.

—¿Todo bien?— le preguntó Jim, después de que le quitara la venda de los ojos y pudiera volver a ver.

—Eres un maldito loco— espetó John, aun tratando de regularizar su respiración.

—Eso no es novedad Johnny.

John se rió y jaló a Jim para darle un beso. Jim aprovechó esa oportunidad para liberarse, mantuvo en alto el condón. Lo tiró en un bote de basura que estaba al lado de la cama para ese tipo de cosas.

Movió su mano y jaló la corbata de John para atraerlo. John parpadeó un par de veces y cuando su mirada se centró en Jim, le dio una sonrisa. —Fue demasiado.

—Gracias.

John resopló y acarició con sus labios los de Jim. Jim inmediatamente respondió y unió sus labios, devorando al médico militar en un beso hambriento. —Creo que tendrás que dejarme aquí. No sé si seré capaz de sentarme o volver a caminar nuevamente.

—Entonces me quedaré aquí contigo— ofreció Jim.

—Te amo— dijo John, sus ojos se comenzaban a cerrar exhaustos.

—Te amo— respondió Jim, entrelazando sus dedos.

Entonces algo se rompió y los ojos de John se abrieron de golpe. —¿Que fue eso?

—Nada, probablemente solo alguien a quien le gusta jugar un poco rudo— Jim encogió sus hombros.

—Eso no suena como alguien teniendo sexo rudo, sino como si alguien tiró algo. ¡Oh Dios, Sherlock!— dijo John, empujando a Jim para sacárselo de encima y sentándose. Rápidamente se acomodó la camisa y pantalones, subiéndose lo cremallera. —Me olvidé completamente que estaba aquí. Joder, que estamos en un caso.

—Estará bien. El puede manejarlo por sí mismo.

—¿Qué? ¿De qué estás hablando? Espera, tu sabes algo ¿no es así?— John le preguntó, lanzándole a Jim una mirada acusatoria.

—No— mintió Jim.

—Jim, ¿Que no me estás diciendo? ¿Qué hiciste?

—Quizás mandé a alguien a distraerlo— Jim volvió a encoger los hombros con indiferencia.

—¿Alguien?— cuestionó John y sus ojos se cerraron. —¡Oh Dios! No puedo creerlo. ¡Podría matarte por esto Jim! ¿Cómo pudiste hacer esto?

—El estará bien. Todo es parte del plan—. Insistió Jim, pero John no se lo estaba creyendo.

—¡Mierda santa, Jim!— gruñó furioso John y alzó la cortina para abandonar el lugar bruscamente.

John corrió hacia donde se escuchaba el ruido, ignorando a todas las personas que estaba follando de muchas formas diferentes. Había una puerta y John puso su oreja contra ella, escuchando el sonido de la pelea en su interior.

—¡Sherlock!— grito, golpeando con su puño la puerta.

—Estoy un poco ocupado aquí John— Sherlock respondió y John escuchó el sonido de metal chocar.

John se abalanzó contra la puerta, intentando romperla. La puerta se sacudió pero no se movió. Lo intentó de nuevo, pero sin más suerte que la primera vez. La quinta ocasión su hombro ya le estaba doliendo mucho. La sexta vez, finalmente logró embestir con todas sus fuerzas y la puerta se abrió de golpe.

—¡John, cuidado!— Sherlock exclamó y John apenas tuvo tiempo de darse cuenta de lo que estaba pasando antes de viera una sombra borrosa y un largo cuchillo afilado que caía sobre su vientre cortándolo. La herida fue superficial, pero John aun así se dejó caer de rodillas. Iba a necesitar unos cuantos puntos de sutura, lo sabía muy bien. Su carísima camisa blanca estaba empapándose de sangre, mientras se desplomaba en suelo.

—¡Oh Dios! John— Sherlock corrió hasta él y se arrodilló a su lado.

—¿Donde está él?— preguntó John, mirando a su alrededor para encontrar al hombre del cuchillo.

—Acaba de escapar por la ventana, justo después de herirte— le explicó Sherlock.

—¿Estás bien?— preguntó John, mientras revisaba visualmente a Sherlock para ver si no tenía algún daño.

Sherlock sonrió. —Únicamente tú, podrías estar ahí preguntando y sangrando y todavía tienes tiempo para ver si estoy bien. ¿Por qué no mejor nos centramos en ti?

—Estoy bien, o al menos eso creo. Creo que definitivamente necesito ir al hospital— John hizo un gesto de dolor, pero intentó ocultarlo. Sherlock lo vio de todos modos y sujetó su mano.

—Estarás bien— Sherlock apretó suavemente su mano, intentando tranquilizarlo, pero John vio el miedo en sus ojos.

—Por supuesto que sí— replicó John, tranquilizándose a sí mismo como a Sherlock. —Apenas es una herida superficial.

—Por supuesto, por supuesto que estarás bien— Sherlock asintió, pero no soltó la mano de John. —tienes que estar bien John. Tienes que estarlo.

—Haré mi mejor esfuerzo— dijo John, dándole a Sherlock una leve sonrisa. —Quizás bajaré un poco mi ritmo pero volveré.

—Lo harás, siempre lo haces— concordó Sherlock. —La ambulancia está en camino, solo aguanta.

XXXX

Jim estaba observando toda la escena desde las sombras, mirando como Sherlock tocaba a John. Su John. Sherlock tuvo el descaro de tomar la mano de John para tranquilizarlo, cuando el que debería estar ahí era Jim. Debería ser él quien estuviera junto a John, diciéndole que todo saldría bien. Apretó sus puños y se obligó a dejar de ver esa escena. Todos sus planes que había maquinado para apartarlo, hicieron todo lo contrario, Sherlock y John se acercaron más.

Se suponía que Sherlock debería estar solo para enfrentarse al asesino, entonces John llegaría. Le tomaría a Sherlock unos segundos antes de darse cuenta que John acaba de tener relaciones sexuales. Entonces Jim se aseguraría de lo viera antes de desaparecer y finalmente Sherlock ataría los cabos para darse cuenta con quien había estado John. Pero ahora todo se había jodido. Todo eso estaba arruinado y ahora Sherlock y John estaban tomados de las manos. El solo pensamiento hizo que la sangre de Jim hirviera.

Deseaba asesinar a Sherlock Holmes pero eso debería esperar. Tenía muchas formas de intentarlo. Sacó su teléfono negro y marcó el número de Moran. Morán ni siquiera tuvo la oportunidad de saludar antes de que Jim comenzara a hablar. —Encuentra ese estúpido asesino de Chaika y tráelo ante mí. Voy a tener una pequeña plática con él. Después quiero que contactes a todo quien tenga negocios con nosotros y les digas a todos que si alguno de ellos lastima o toca un simple cabello de John Watson, se las verá personalmente conmigo. John Watson esta fuera de los límites a menos que quieran una visita de mi parte.

Jim finalizó la llamada con un golpe mucho antes de que Moran pudiese decir algo o protestar. Permaneció ahí por unos instantes, hirviendo de rabia. Dio un paso atrás y se mantuvo en las sombras, observando como la ambulancia llegaba y John desaparecía dentro de esta, Sherlock nunca dejo de estar a su lado. Jim siguió mirando hasta que la ambulancia se perdió de vista y entonces se preparó para esta noche, listo para hacer sangrar a alguien.

Continuará

Arima chan

p.d. pobre Moran le toca pagar los platos rotos.

Damas y caballeros como me hizo reír este capítulo, mostrando a un Jim tan… infantil, por otro lado le veo mucho futuro al John Watson como terapeuta de Psicópatas y sociópatas, ¿ustedes que opinan?

Cualquier error culpa mía, sigo sin beta… Saludos.