Hola, Luego de pasar un tiempo "en la oscuridad" he decidido por fin, casar a esta pareja. Quería que Lady Adry lo escribiese, sin embargo me apreció adecuado hacerlo yo misma ya que; conosco más el fandom. Espero les guste
Muchos besos y cariños.
S's- Lady, Adry de Lockshire.
Capítulo 10: Marido y mujer.
La mañana siguiente se sucitó muy accidentada. La familia Granger en pleno se hayaba despierta desde muy temprano. De hecho todo el hogar no había podido conciliar el sueño.
Dumbledore había sugerido que Snape permaneciera en Grinmauld Place, pero se había ido luego de haber vuelto. Hermione no temía que éste no se presentase, de hecho; no sabía por que ella se dejaba casar.
¿El anillo los mataría? ¿En realidad serían capaces?
Sostuvo su rostro con las manos, llena de angustia y de lágrimas. No se había atrevido a siquiera, abandonar la habitación; pensando que podía morir en la cama. Aunsente de toda angustia por supuesto.
Ginny se adentró en la habitación y observó a Hermione con cierta curiosidad, como si quisiese preguntarle si estaba lista. Una necedad de su parte, seguramente.
Trató de preparar su mejor sonrisa. Desde que la noticia, había encontrado que; quería más a su compañera de lo que estimaba. Se convertía en su obseción, el verle feliz se convertía en su obseción. ¿Estaba ella enamorada tal vez?
Una afirmación sin duda peligrosa y muy poco práctica ¿Qué cosas positivas podía ello, acarrear? ¿Cómo podría reaccionar Hermione si llegara a decírselo?
- Buenos días Hermione- musitó, un nudo en su garganta.
- Buenos Ginny.
Siquiera fue capaz de alzar la cabeza, estaba terriblemente mal y no sabía que hacer con su vida. Ginny se acercó lentamente y colocó su mano sobre su hombro. Hermione apartó sus manos de su rostro y la observó.
- No sabes lo feliz que me siento de ser la dama de honor, de poder estar a tu lado.
- ¿Qué sentido tiene todo esto Ginny? Igual van a matarnos luego, ¿Por qué lo hacemos?
La joven gryffindor sostuvo entre sus brazos a su amiga, lo odiaba, odiaba cuando sufría de esa forma. Pero, al final de cuentas la admiraba, admiraba su enorme valentía digna de una Gryffindor.
- ¿Y si tengo un hijo Ginny? ¿Qué pasará con él? ¿Qué pasará conmigo y con Snape? Seguramente seremos materia inútil, desecha.
No iba a permitírselo, no iba a permitir que hablara así de sí misma. Sostuvo su rostro con ambas manos y la obligó a que se detuviera. Sonrió, como siempre hacía cuando su hermano solía decir idioteces.
- No sucederá nada de eso, vas a salvarte y seguramente; tendrás un hermoso hijo.
Hermione asintió, aunque sabía que; ella no había logrado convencerla con aquellas vacías palabras y falasias sin ningún sentido. De hecho, no entendía como Snape llevaba tan bien la situación.
Admiró al pie de la cama el vestido blanco, y entonces cayó en cuenta de que se realizaba lo que ella más temía. Sólo esperaba que Snape se apiadara de Hermione y no la dejase plantada en el "altar", de lo contrario ella moriría sin remedio.
Su padre lo había intentado, había intentado detener la medida que les permitía a los entes ministeriales tal atrocidad. Pero no, el anillo seguía su curso y no podía salir de su dedo ya que; un inmeso dolor le precedía.
Parecía entonces que, Voldemort había regresado; esta vez eran miles de Voldemorts que se hacían llamar "séquito ministerial"
Soltó a Hermione quien, suavemente se acercó a la cama y se dedicó a contemplar el vestido. Su madre lo había usado en su boda y su abuela también, más sin embargo ella no quería usarlo; tan sólo quería tomarlo entre sus dedos y rajarlo enteramente.
Ese día seguro, iba a ser recordado como el peor en la historia de su humanidad. Observo a Ginny quien, distraídamente observaba el velo del vestido ¿Había en ella una expresión risueña tal vez?
- Mi madre me indicó que, tenía las joyas perfectas que compaginan con este vestido- indicó, buscando en la cómoda de la habitación- no me imagino, donde las pudo dejar.
¿Por qué se preocupaban? Era una boda arreglada, obligada. ¿Por qué debía lucir bella para Snape? La tradición no precedía esa locura, ella no lo amaba. ¿Por qué nadie lo entendía?
Sacó de una gaveta, una caja azul oscuro y la lustró lentamente. Al notarlo más de cerca, ésta; lucía como mármol. Lo abrió con mucho cuidado y dentro de ella habían, unos hermosos zarcillos con ínfimos diamantes.
El collar no deslucía ante los finos pendientes, brillaban más de lo que habría querido. Ginny sonrió maternalmente y los sustrajo con mucho cuidado de la pequeña caja.
Abrió lentamente la mano de Hermione y los depositó con, igual cuidado. Hermione levantó la vista, estaba intuyendo lo que sucedía en aquel momento.
Ese era su regalo de bodas.
- Quiere que los tengas, tú les darás un mejor uso. Por cierto, feliz año nuevo Hermione.
Las sensaciones del año nuevo, podían verse a través del aire. Una gruesa capa de nieve, parecía resurgir del cielo y llenar todos los espacios con; su mullida capa blanca.
El frío afuera, también podía sentirse dentro. Mucho más, desde el lugar en el que se encontraba él. Sus huesos le dolían, como si fuese un anciano, tanto o más que el mismísimo Dumbledore.
No sabía que debía hacer, pero recordaba que; claramente la respuesta llegaría hasta él muy pronto. Odiaba, estar encerrado, así que tomando una desición fácil; salió a caminar.
Se la imaginaba, preparándose; vistiéndose enteramente de blanco. ¡Demonios! ¿Qué se suponía que debía pensar de ello? ¿Debía aceptar como todo un cobarde? Pero, ¿Y si Granger moría? ¿Por su culpa?
Observó el perímetro, Hogwarths apenas podía verse a través de la nieve. Por una particular y patética razón, Dumbledore había escogido a Hogwarths como el lugar a realizar; la boda.
De no ser por esos anillos, seguramente podría desistir. ¿Pero cómo podía quitárselo? Sin duda la magia que los protegía, escapaba de sus conocimientos y posibilidades. Debía de haber una forma, seguramente debía.
Mientras lo pensaba, Minerva le alcanzó en el camino. Parecía alegre por una razón que, no quiso dilucidar. Se detuvo a su lado y le observó con cierta parsimonia. Luego de ello; habló.
- Severus, aquí estás. El director ha estado buscándote por el castillo.
- ¿Ahora qué?- preguntó, con las manos tras su espalda, observando un punto muerto en el bosque.
- Dice que, tiene algo muy importante que decirte; algo que quiere que veas.
Esperaba así fuera, aunque conociéndolo; seguramente era una idiotez. Se encaminó con la profesora hacia los adentros del castillo, un poco de nieve se quedó esperándolo en el vestíbulo; gracias a sus zapatos.
Subió las escaleras, con lo que su cuerpo le permitía. No necesitó decir la contraseña, parecía como si; ya supieran que se acercaba. Al observarlo, Dumbledore esbozó una sonrisa.
- ¡Ah Severus!- suspiró el anciano director- Necesitaba verte cuanto antes, creo que lo que voy a enseñarte te alegrará.
- ¿Ah sí? ¿El matrimonio fue cancelado?- se burló el hombre, sentándose con abatimiento.
Dumbledore extendió, lentamente una carta hacia él. La tomó con cierto recelo, como si esperase que esta fuese una sentencia de algún tipo. Mientras la abría, Dumbledore se mantenía sonriente ¿Qué le pasaba?
Sus ojos fueron violentamente, de línea en línea sin poderlo creer. Por lo que, la carta decía; su madre le estaba felicitando por su matrimonio. ¿Su madre estaba viva? Se sorprendió abiertamente ante lo expuesto en el pedazo de pergamino.
Seguramente era una broma, un mal chiste. La última vez que la vio, estab bajo las amenazas y los gritos de su padre. Quizás asesinada por su propia mano. Dumbledore le examinó, esperando oír sus palabras que, por cierto; jamás llegaron.
"Nunca cierres tus ojos al amor Severus"
¿Por qué le felicitaba su madre exáctamente? Sus errores eran tan grandes como la magia del Señor Tenebroso. ¿Qué había en sus palabras que, tomar en cuenta?
- ¿Quién te envió esto?- espetó.
- No sé, llegó esta mañana. Siquiera vi a la lechuza que la trajo.
Sostuvo el pedazo de pergamino entre sus dedos, de seguro así se sentía la mano de su madre; dura y seca. La arrugó con cierta violencia y la colocó en el escritorio nuevamente. No le necesitaba, ni le necesitó alguna vez.
- Severus, debes casarte. Hermione necesita de ti, tú necesitas de ella.
- ¡Yo no la necesito!, ella puede morir si lo desea.
- No puedes hacer nada- por un momento la voz de Dumbledore se hizo suave y fría- Hiciste una promesa Severus.
- ¿Cual promesa?- espetó, levantándose de golpe.
- Prometiste que haría lo que yo te pidiera, si yo te mantenía fuera de Azkaban.
- ¡Pero! ¿De qué estás hablando? ¡Yo prometí proteger al hijo de Evans, no cumplir todas tus locas exigencias!
- Lo prometiste Severus, prometiste hacer todo lo posible por salvar al mundo.
Salió de la habitación, dejándo tras de sí; una estela mucho más fría que la propia nieve en el exterior. Había jurado una vez, proteger al mundo, pero el mundo siempre había estado en manos de Harry Potter. ¿Por qué no lo hacía él? "El niño que sobrevivió", que les enseñe entonces a sobrevivir.
- Feliz año nuevo- sonrió Sirius al lado de Hermione, algunas canas se asomaban en su negro cabello- ¿Cómo te sientes Hermione?
- Estoy, bien gracias- mintió, como siempre hacía cuando quería ocultarse.
Lupin alzó la cabeza, había estado bebiendo vino en silencio. Todo ese asunto del matrimonio contractual lo tenía muy tenso y nervioso. No dudaba que Snape fuese un "hombre honorable" pero no le gustaban todas, esas disposiciones ministeriales.
Tonks hizo lo mismo, al lado de quien era su pareja. Había estado teniendo los mismos problemas que Hermione, su familia no era precisamente "pura" pero; se encontraba mucho mejor que ella.
La familia entera se mantenía en silencio, dentro del salón. Se miraban los unos a los otros, con cierto nerviosismo. Ron había preferido mantenerse solo, no quería recordar que su mejor amiga y su; amada iba a casarse.
- Me ha indicado Ginny que el vestido te luce hermoso- suspiró la señora Weasly.
- Sí, eso creo.
- ¿A qué hora será el casamiento?- preguntó Sirius. Había preferido llamarlo casamiento, la sola mención de "Snape" hacía subir su tensión; a niveles insospechados.
- No lo sabemos, Dumbledore acordó quenos avisarían en cuanto; el ministerio estuviese listo. Al igual que Draco Malfoy- indicó el señor Weasly.
- ¿Ese chico debe ser?- preguntó Sirius con sorpresa, Lupin se le adelantó.
- ¿El padrino? Sí, él debe serlo.
Se mantuvo pensativo en su depacho, admirando el fondo vacío de su vaso. Odiaba su vida, odiaba el hecho de que su madre lo hubiera concebido; ¡Incluso la odiaba!
Miró el anillo con ira, lo tomó entre sus dedos y trató de halarlo; pero sólo consiguió herirse a sí mismo. ¿Qué clase de hechizo oscuro podía, estar tras él? Debía de haber una forma de romperlo, algo debía poder romperlo.
La varita sin duda no lo haría seguramente repelía cualquier hechizo que le conjurase encima. ¿Qué era entonces tan fuerte como para reventarlo?
Una imagen borrosa vino a su mente, la había visto y; sabía donde estaba. Era lo suficientemente afiliada como para quizás hacer una grieta en él; gloria a los Gryffindor.
Se levantó rapidamente, impulsado por una nueva idea. Si tenía éxito, podía olvidarse de todo ello y hasta; ¡podía cambiar de aspecto y nadie, lo encontraría!
Recorrió el castillo con rápidez, y se detuvo frente al despacho de Dumbledore. No importaba si estaba dentro, al final lograría su cometido.
Notó con cierto alivio, que estaba solo dentro. Buscó con prisa el sombrero seleccionador y lo tomó introduciéndo su mano. hurgó con mucho cuidado, pero pareció que no había nada dentro.
¿Por qué? juraba él que allí estaba. ¿A dónde había ido a parar, luego de habérsela llevado a Potter? No podía recordarlo con exactitud. ¿Dónde Dumbledore, podía guardar una cosa como esa?
Entonces meditó más profúndamente. Si estuviera dentro del sombrero; ¿Por qué éste no quería dársela? ¿Qué era lo que necesitaba para obtenerla? ¿Cual era el requisito?
¿Qué eran los Gryffindors, aparte de unos tarados? ¿Cual era su emblema primordial?
La valentía.
Quizás, por ello no podía sacar la espada. Quizás su motivo, era lo suficientemente cobarde como para poder sustraerla del sombrero. Ya la había sacado antes, cuando debió ayudar a Potter. Pero, ¿Ahora que debía hacer?
No iba a poder sacarla, ya no. No quería casarse realmente, y huir por la salida fácil no tenía nada de valentía. No amaba a Hermione, no podía simplemente casarse con ella y arruinar su vida. ¿Cómo podía acostarse con ella y darle un hijo? ¿Cómo podía obligarla a hacer semejante cosa junto a él? Sería demasiado cobarde si, la obligaba a quedarse junto a él.
Sintió algo metálico en sus manos y tiró de el con fuerza. Allí estaba la espada, reluciente y fuera del sombrero. ¿Qué había hecho para sacarla? No había cambiado de opinión.
No lo pensó demasiado, colocó su mano sobre la mesa y se apuntó con la espada. No debía fallar, debía partir el anillo y luego; todo terminaría.
Mantuvo los ojos fijos sobre la espada, mientras esta se acercaba violentamente hacia su mano. Golpeó en el anillo y agradeció que, aún sus funciones fuesen lo suficientemente buenas como, para; tener un golpe certero.
No sucedió nada, al principio. Un dolor intenso precedió el golpe, soltó la espada que cayó estridentemente en el suelo y; se sostuvo la mano. Dolía como si, tiraran de él; como si la carne se estuviera despegando. Soltó un gemido y retrocedió chocando con un aparador del cual; calleron muchas cosas.
¿Qué era ese dolor tan fuerte? ¿El anillo estaba maldito? Su visión periférica se nubló y éste; cayó de rodillas en el suelo.
Hermione también gritó, un espasmo la alcanzó directamente y la hizo tambalearse. Los reunidos, nerviosos intuyeron que; se trataba de otro ataque de la enfermedad. Mantenía los ojos cerrados, y al abrirlos; una sola palabra brotó de sus labios.
Severus.
Estiró su mano violentamente, y trató de retirar de ella el anillo. Los presentes no entendían lo que trataba de hacer o; lo que sucedía. Sirius mantuvo a Hermione entre sus brazos, antes de que cayera al suelo.
Era obvio que el anillo le causaba algo, así que trató de retirarlo. Hermione soltó un fuerte quejido, estaba fuertemente dispuesto en su mano.
- ¿Qué podemos hacer?- exclamó Ginny, la cabeza de su amiga no dejaba de moverse ante el dolor imaginario.
- ¡No lo sé!- bramó Harry- ¡tenemos que llevarla a San Mungo!
"Que pare por favor" "Que el dolor se vaya"
Se mantuvo en silencio, tendido sobre el suelo; su mano extendida sobre él. Estaba seguro de haber escuchado la voz de alguien, la voz de una mujer sobre su cabeza. Sonaba como, Hermione.
No sabía que demonios había sucedido, pero tenía miedo de enterarse. La espada estaba del otro lado, intacta, como quizás lo estaba también el anillo.
Giró su rostro hacia su mano, no había nada de particular en ella; el anillo relucía con la suave luz del sol. No podía entenderlo, ese había sido; uno de los dolores más terribles que había sufrido en su vida.
Se reincorporó con parsimonia, sin dejar de admirar el anillo. ¿Los del ministerio, había sido capáces e hacer algo así? Una maldición fuerte seguro le retenía a ellos, ¿Pero qué tenía que ver Hermione?
- ¿Severus?- era Dumbledore, le observaba. A él y a la espada.
No habló, era demasiado obvio como para intentar mentir; tal vez. Rodeó el escritorio y le ayudo con cierta confusión, mientras se ponía de pie; juró que iba a volver a caer al suelo.
Dumbledore le admiró con lentitud, luego de ello observó como éste colocaba la espada nuevamente dentro del sombrero.
- Severus, tengo algo muy importante que decirte. Algo terrible ha sucedido.
- ¿Qué cosa?
- Hermione, la internaron en San Mungo.
- ¿San Mungo?
- Está débil, le recomiendo mucho descanso- indicó una medimaga que la atendía.
- ¿Va a ponerse bien?
- Afortunadamente sí, el impacto no fue tan grave. Fuera lo que fuera, no alcanzó a hacerle mucho daño.
Suspiraron aliviados, habían estado temiendo lo peor. Ginny aún analizaba los hechos en su mente. Estaba segura de que su amiga había gemido el nombre del profesor antes de; caer en la inconciencia. ¿Pero por qué? ¿Qué podía él, tener que ver en todo aquello?
Observó como, Hermione movía la cabeza y murmuraba algo con suavidad. Mientras se despertaba, comenzó a acercarse silenciosamente. Al menos, no había sido nada grave.
- Ginny, ¿Dónde, dónde estoy?
- En San Mungo Hermione, te sentiste muy mal y tuvimos que traerte.
- Pero si estaba en el despacho de Snape.
- Hermione, eso fue ya hace mucho.
- No es cierto, aún faltan dos semanas para año nuevo.
¿Era posible que su amiga no recordase nada en absoluto? Supuso que el golpe debió de haberle hecho perder la memoria. Aunque recordaba que el ministro, había indicado que; ella perdería la memoria a largo y a corto plazo.
Snape observó a Dumbledore sin podérselo creer. Hermione, lo último que supo de ella; fue ese grito. Quizás, lo que había hecho con el anillo había tenido que ver, ¿O no?
Dumbledore suspiró con pesar, pero no dejaba escapar el hecho de que; su joven profesor tuviese la espada de Gryffindor. ¿Eran ideas suyas o, trataba de usarla para algo? Debía de estar muy desesperado, ya que había logrado sacarla del mismo.
Mcgnagall entró en el despacho y se detuvo al verlos. Parecía desesperada por decir algo, algo que parecía seguramente; algo muy importante.
- Hermione está bien- dijo, en un suspiro- pero, está perdiendo la memoria; ya no se acuerda de muchas cosas.
- ¿Qué quieres decir Minerva?
- Está "retrocediendo" Ginny me ha informado que, parece creer que, estaba reunida contigo Snape. En tu despacho.
- ¿Qué le sucedió?-preguntó el segundo, curioso.
- No saben, sólo sintió un dolor muy fuerte.
Dumbledore meditó con cuidado la información, ahora que Hermione no recordaba ¿Cómo podía eso afectar la boda? Se giró hacia Snape que se mantení igual de pensativo; con la vista fija sobre su mano.
- ¿Qué estabas haciendo Severus? ¿Qué tratabas de hacer con la espada?
Sabía que no podía mentirle, no debía. Alzó la vista y trató de mantenerla imperturbable frente a la de Dumbledore.
- Traté de romper el anillo con ella.
- Dime, ¿acaso le pediste al sombrero que te la diera?
- No, simplemente la saqué de él.
- ¿Y qué sucedió?
- Golpeé el anillo con ella, pero no se rompió; tan sólo sentí un dolor inexplicable. Fue como sí, tirasen de mi mano.
Dumbledore volvió a meditar, aquello tenía el sentido que debía. El ministerio no era tonto, por supuesto.
- El anillo está protegido Severus, para que no pueda ser retirado a voluntad. Tu vida, está ahora atada a la de Hermione.
El viento frío se colaba a través del comedor, Snape estaba parado al final, vestido como usualmente acostumbraba; se sentía el idiota más grande del universo. Estaba frente a Draco quien; no dejaba de mirarle de reojo.
¿Qué hacían? Ah sí, esperar a la novia. Mcgonagall no había hablado con ella, pero parecía que; iban a lograr aquella locura. La boda iba a terminar en unos cuantos minutos.
Estaba tenso, convivir con una pareja era; lo menos que quería. Aún así, aún así que hubiese amado a Lily; no estaba seguro de desear una vida como esa.
Se hicieron rápidamente las doce en punto. El reloj resollaba en las paredes y aquello; hacía parecer que velaban a un cadáver en silencio. Entonces, las puertas se abrieron; y él pudo verla.
Apenas se manejaba para caminar, la habían vestido enteramente de blanco; aquel vestido que le había visto antes. No sabía exactamente por que estaba haciendo aquello, parecía que Hermione; por fin había logrado mermar en él. ¿O había sido Dumbledore y sus amenzas? ¿Quizás el ministerio?
Lucía hermosa, no podía negarlo. Las finas piezas le adornaban como a ninguna mujer. Hubiese sido perfecto, de haberse encontrado feliz por ello. Pero no, no lo estaba.
Se detuvo frente a él, sin observarlo. Sus padres, a lo lejos trataban de mantener el temple ante lo que; estaba por suceder. Su cabello estaba adornado con una cinta blanca, parecía sin embargo; que las heridas comenzaban a debilitarla cada vez más.
¿Cuanto tiempo podría quedarle?
Los "invitados" comenzaron a llegar poco a poco. Harry, Ron, Ginny, Luna, Neville. Todos quienes fueran allegados a a joven, estaba dentro de aquel salón.
- Hagamos esto de una buena vez- musitó ella, cansada ya miles de heridas circundando su alma.
El ministro y su comitiva entraban lentamente. Incluso Sirius y Lupin estaban dentro, pero eso no le importó; no estaba dispuesto a observar al mundo a su alrededor. Su percepción del él, estaba perdida.
- Ahora que estamos reunidos, podremos dar oficialmente; los votos en matrimonio. Que el padrino, saque su varita y se coloque en medio de ellos.
Por un momento Draco no se movió, esperando que su profesor detuviera aquella locura. No le dijo nada y por un momento, se detuvo en seco; con la varita en alto.
- Profesor.
- Señor Draco- el ministro alzó la voz- hágalo.
Renuente, se acercó hasta ellos. El ministro indicó que, ambos debían tomarse de las manos para formalizar el matrimonio y; eso hicieron. Draco colocó la punta de su varita sobre sus manos y, suavemente ambas; se entrelazaron con un suave cordel.
- Muy bien, los anillos serán sellados por el ministerio.
Lentamente, una mujer se acercó hasta ellos y los miró con resignación. Otro hechizo resplandeciente tocó sus manos, se sintió como un débil cosquilleo.
- A partir de ahora, tienen dos meses para concebir un hijo; o lo que la enfermedad les de. Es imperativo que.
Hubo un súbito movimiento, alguien se levantaba a lo lejos. Era Ron, parecía tenso y estaba lívido. Abandonó el lugar con rapidez, Hermione desvió la mirada sin saber que pensar.
- Es imperativo que- continuó el ministro- cumplan con el contrato que se les ha asignado. Periódicamente irá un funcionario a observarlos.
El ministro respiró hondamente, seguramente lo que iba a decir; no iba a general beneplácito a ninguno de los afectados; siquiera a los presentes. Volvió entonces a intentar hablar.
- Debe, para finalizar; besar a la joven.
Ambos se giraron atónitos, ¿no había sido suficiente con todo lo anterior? Deseó replicar, pero su mente no obtuvo un proceso de abstracción para generar una respuesta concreta.
Observó a Hermione, se mantenía tranquila ante lo que sucedía; aunque lloraba en silencio. Simplemente no podía, simplemente no podía segur haciendo esa locura.
Tomó su rostro lentamente, y la besó.
Feliz año nuevo Severus.TBC.
Espero les haya gustado, ¿la boda pareció cutre? Unos besos y saludos.
