Capítulo 10

El suelo bajo mis pies formaba un charco de sangre con cada basura que eliminaba a mi paso. Me encontraba cerca del cuartel de los capas negras, los refuerzos que mandaban eran sólo simples juguetes fácil de romper. Uno tras otro, sentían la amenaza que implicaba mi presencia y venían a detenerme, pero a quien quería sacar no aparecía. Estaba cansado de tener que lidiar con tanta mierda, Eren no aparecía por ningún lado y si entrar a ese maldito lugar sería lo único que me devolvería al mocoso, lo haría. Sin embargo, mientras más me acercaba a ellos podía sentir una repugnante fuerza que se oponía a mi ser provocándome nauseas. Estos malditos no malgastaron su tiempo rascándose las bolas, habían reforzado la seguridad de sus campos, llegar allí no sería tan fácil como lo estimaba, pero no sería imposible para mí.

Destruí el cuello de una mujer en una de mis manos cuando sentí la presencia del mocoso en otro lugar. No estaba muy lejos de aquí, pero se encontraba en una dirección opuesta a la mía. Dejé de lado el juego que traía conmigo, todas las personas que pretendían encarcelarme, las hice a un lado con mover mi brazo a mí alrededor generando una ventisca que los elevó lejos de mí.

Me orienté hacia donde se encontraba Eren, no necesitaba mucho tiempo para llegar al punto donde se hallaba, salto en salto mi cuerpo se movía ágilmente sobre las estructuras a mi alcance y antes de acercarme más, Eren había acudido hacia mí. Descendí a la calle y él apareció agitado corriendo en mi dirección. Seguía siendo el mismo mocoso que corría tras mí ser con esa cara entusiasmada al verme, al igual que cuando apenas se mantenía en pie. Pude sentir como toda esa asquerosa molestia desaparecía con la imagen frente a mis ojos, había recuperado a Eren pero este se detuvo a pasos de distancia y su baboso rostro cambio por uno de esos que yo tanto amaba ver en los humanos; duda, miedo y tristeza eran los sentimientos que afloraban de él. Sin embargo, pude sentir por primera vez como esos dulces sentimientos llegaban a mí con un sabor amargo, no disfrutaba verlos en él.

-¿Viniste por mí…?

-Ya sabes que me debes tus poderes, no te vas a morir sin antes llevar a cabo lo planeado.

-Levi… ¿Soy sólo un objeto?

-¿A qué viene este interrogatorio?-pregunté ante su repentino cambio de tono-

-Necesito saber… ¿Qué ocurrió con mis padres?

-Ya hablamos de eso varias veces, no seas molesto y vamos-algo sabía ese mocoso y yo empezaba a perder mi neutralidad nuevamente-

-No. ¿Es cierto que tú mataste a mis padres?

Sus ojos me exigían una respuesta, esos malditos y asquerosos ojos de borrego con los que me observaba, me intranquilizaban. Lo sabía, esa basura de Erwin de seguro le había dicho todo y Eren prefirió creerle. Pondrían a Eren en nuestra contra. Era sencillo, si él se enteraba de la verdad sólo debía asesinarlo, pero me inquietaba saber que se había acabado y se iría, me enfurecía sentirme así de vulnerable. No era más que un simple niño al cual recogí para mis propósitos, eso y sólo eso continuaría siendo.

-Yo los mate-respondí sin ataduras-

-N-no, eso es mentira...-sus ojos empezaban acumular lágrimas, un nuevo sabor amargo acompañado de una puntada en mi pecho me hicieron enfurecer más-

-¿Qué harás ahora? ¿Lucharas en vano al igual que los desgraciados de tus padres? No tardaré nada en enviarte junto a ellos. Al igual que esas basuras, serás presa fácil-dije en un arranqué de ira-

-No te perdonaré…-susurró-

Eren se quedó en silencio, podía sentir su ira emerger de su cuerpo y su corazón se empezaba a destruir de a poco. El nocivo malestar en mi pecho no me abandonaba y parecía hacerse más fuerte al percibir las emociones de Eren, no quise rendirme ante ello, todo este rato estuve buscando eliminarlos por completo y pretendiendo hacerlo de nuevo empecé a reír. Las risas sólo incrementaban la ira de Eren, y en parte, me hacía sentir bien el saber que no era el único idiota sintiendo algo molesto, se lo merecía.

Sorpresivamente, se lanzó hacia mí con la intención de cortar mi cuello. Era sólo un niño, un niño con un par de juguetes en las manos, no podría tocarme así de fácil. Le esquivé sin ningún esfuerzo y le recordé su lugar con una fuerte patada que lo dejó tumbado en el suelo. Me acerqué a él y con mi pie presioné su cabeza hueca contra el suelo.

-Dime Eren, ¿Qué vas hacer?-le pregunté-

-Kjh…¡T-te voy a destruir!-me gritó-

Nada mal, esa determinación que reflejo en su grito era justo lo que estuve buscando en él, mas, que su objetivo hubiera sido yo borró todo interés en su expresión. Fui un estúpido al hallarme sumergido en mis pensamientos, ya que él no esperó y movió su katana hacia mis piernas, logrando rasguñarme con el filo de la hoja. Seguido de eso, Eren continuó atacándome, esta vez, utilizaba sus poderes. Pensaba matarme, ya no me serviría. Salté y me dirigí hacia él para eliminarlo de una vez por todas, el mocoso insolente se atrevía a levantar un arma en contra mía y me desafiaba con esos ojos que me descolocaban.

Pero antes de poder tocarlo, Erwin se interpuso entre nosotros protegiendo a Eren tras su espalda mientras que yo, tuve que alejarme.

-¿No tienes que jugar con tu perro Erwin?

-Vengo a salvar a un pequeño niño-sus ojos me desafiaban-

-No tengo tiempo para jugar contigo.

-Ahora tendrás, ya que Eren no estará de tu lado-espetó reflejando victoria en su mirar-

La idea de que Eren se marchara era intolerable, todo este rato lo tenía presente y no había podido controlar mis acciones, y ahora, que veía al asqueroso de Erwin tomando en sus brazos a quien me pertenecía sobrepaso mis límites. Llevaba tiempo sintiéndome inestable, pero toda esa inestabilidad no se comparaba a lo que se apoderaba de mí producto de la imagen frente a mis ojos. Bramé de rabia al verlos, era mío y no se lo entregaría a nadie.

-Por ahora nos iremos de aquí Eren.

-No te vas a quedar con ese mocoso Erwin-preparó su equipo para huir de allí. No lo iba a dejar ir y utilicé mi ira puesta en mis poderes para cortar sus malditos cables, sin embargo, una ira igual de potente que la mía me detuvo con un campo-Eren, me perteneces-declaré sin pensarlo al sentir que se marchaba-

-Te mataré-me respondió con su mirada de odio sobre mí al instante que se iba-

Pude haberlos seguido, no obstante no lo hice y desconocía el porqué. La nueva expresión de Eren, aquella vacía que sólo podía llenarse de odio y venganza, versus las babosas imágenes de un pequeño mocoso esforzándose por alcanzarme desde pequeño chocaron en mi mente. Tenía claro su objetivo, buscaría destruirme aunque eso le llevara a la misma muerte. Mordí mi labio inferior al tener esa idea en la cabeza, mi interior era un completo huracán de inútiles emociones que inevitablemente me enloquecían. Sólo es una herramienta, trataba de convencerme de ello y no lo conseguía, quería degollarme a mí mismo por ser uno de los más grandes estorbos que he tenido. Eren no dejaba de atacar mi mente con recuerdos; sentía su asquerosa risa de niño en mi oído, sus primeros pasos, su voz en distintas etapas llamándome y sus irritantes sonrisas junto a sus brillosos ojos. Azoté una de mis manos contra mi frente, estaba enloqueciendo, nosotros no conservábamos recuerdos y mucho menos teníamos estos pasajes sentimentales.

Hanji se acercaba, esa mujer siempre llegaba en el momento más inoportuno. Debió sentir el conflicto de energías y reconocer las nuestras peleando por matar al otro. Iba a preguntar y lo que menos deseaba ahora eran preguntas obvias que evidenciaran aún más la situación.

Llegó a mis espaldas, yo no voltee a verla ni mucho menos a dirigirle la palabra, todavía no lograba calmarme y desconocía el puto enredo que me tenía así.

-Lo sabe-hablo Hanji a mis espaldas-

-Sí-respondí cortante-

-Te advertí que este día podía llegar…

-Maldición Hanji no necesito tus inútiles sermoneos-volteo a hacerle frente-

Hanji se mantenía cabeza gacha, con unos ojos deprimidos y perdidos en el suelo, ¿Estaba triste? No había visto esa expresión en ella y tampoco debía tenerla, carecíamos de sentimientos, eso nos definía y nos permitía ser quienes somos. No había luchado tanto para llegar aquí en vano, con o sin Eren cumpliré mi objetivo y no dejaré que esta mujer cambie de idea luego de tantos siglos.

-¿Qué hay con esa lamentable expresión?-le hice notar-No me digas que te dejaste engatusar por un mocoso.

Ella no respondió, levantó su vista hacia mí y pude ver reflejado en sus crueles ojos teñidos de carmín cálidos sentimientos. Mi cuerpo se congeló, esa mujer de verdad se había dejado llevar y engañó a su propia naturaleza.

-¿Eres idiota? ¿Olvidaste quien mierda eres?-cargué mi voz-

-Hay cosas que a veces cambian sin que uno se dé cuenta de ello… ¿Me equivoco Levi?

-¿Qué buscas con eso?-sentí como sus palabras indagaban en mí-

-¿Cuánto tiempo más debe pasar para que te des cuenta?

-No sé a qué quieres llegar. Déjame aclararte nuestro propósito, con o sin ese mocoso nuestro destino sigue igual-respondí molesto-

-Entonces lo vas a matar-reconoció sombríamente-

-Eso es obvio, desde un principio te lo dije. Termina con esa actitud tuya que no aporta nada-le ordené-

Sin esperarla regresé por mi cuenta a lo que llamábamos casa, de camino me cuestioné el motivo por el cual siempre volvía allí, nosotros no teníamos que llevar una vida humana, todo ese montaje había sido por Eren.

Pese a que ya no volvería a esa casa, la costumbre me llevó a ella ese día y los que siguieron.

-o-

Llevaba un mes aproximadamente dentro de la asociación, Erwin se encargó de ocultarme no tan sólo de Levi, sino que también de los mismos reclutas. Sólo unos pocos miembros de confianza lo sabían. Me otorgó una celda en el calabozo, debido a que había matado a miembros de los capas negras no podía deambular por los alrededores como cualquier otro, me reconocerían por mis ojos y habría problemas.

Me permitirían llevar una vida normal asistiendo a la escuela y ocultando mi identidad del exterior, el comité que sabía de mi existencia se negaba al conocer la capacidad de mis poderes que yo desconocía, pero Erwin fue capaz de convencerlos. Con el fin de protegerme de Levi y asegurarse que yo no atentara en contra, dispondrían de dos escoltas que me seguirían a todos lados con precaución. Uno de ellos era Mike, lamentablemente.

Pese a los permisos conferidos, pase mis dos primeras semanas encerrado en mi celda. Mike entraba a dejarme la comida todos los días y yo me negaba a probar algo. Erwin venía todas las noches a comprobar mi estado, se sentaba a los pies de mi cama y me hablaba de temas irrelevantes a su trabajo, pero, sus palabras se me eran lejanas ya que yo me hallaba sumergido en mi propia agonía. No era fácil enterarse que aquellos que fueron tu familia habían asesinado a tus padres y te habían acogido para fines despiadados. Si bien mi corazón albergaba odio y deseos de venganza, aun vacilaba ante el amor que les tenía. Amarlos desde que tengo conciencia era algo que no desaparecería de la noche a la mañana, ellos fueron todo para mí; mis ojos, mi luz, mi felicidad, mi familia e incluso mi primer amor, Levi.

Estuve los cinco primeros días sin decir ninguna palabra, sin responder ante nada, ni probar ningún bocado. La primera palabra que pronuncié, fue la quinta noche donde le dije un simple "Gracias" a Erwin. No le estaba viendo pero pude sentir como sonrió. Después de ello module simples "no" y "sí" cuando Mike me traía comida, Erwin no dejó de venir en la noches, sin falta llegaba, se quedaba unas cuantas horas hablando y me daba de comer. El octavo día probé alimento por mi propia cuenta. Yo continuaba sintiendo como mi pecho ardía cual infierno, sólo dormía cuando mi cuerpo ya no podía seguir luchando y las lágrimas nunca llegaron a salvar mis noches. La oscuridad externa dejó de ser un problema, aquella que invadía mi interior era mil veces peor y no podía escapar. Me había convertido en un cadáver, un vacío cadáver sin nada por lo que vivir.

Dormía para escapar de mi cansancio y despertaba para huir de mis pesadillas, mis días se debatían en ello. No fue sino hasta el día en que se concretaron dos semanas donde por fin desperté.

Esa noche Erwin llegó como siempre a mi celda, se sentó a los pies de mi cama y empezó hablar. Como de costumbre sus palabras volaban en ese espacio frío, pero esa noche, su mano se posó sobre mi cabeza y la acarició con suaves movimientos mientras me decía: "Todo estará bien" Me negué de un principio a ese cariño, luego me encontré con sus ojos llenos de ternura hacia mí, y después de casi catorce días sin derramar una lagrima, rompí en llanto lamentando todo mi calvario. Erwin no me dijo nada, con su otra mano tomó la mía mientras que la que se encontraba sobre mi cabeza continuaba con sus caricias.

Volví a nacer, me tomó cinco días hablar, al octavo empecé a comer por mí propia cuenta y fue el catorceavo día donde aprendí a llorar otra vez, dando paso al nuevo yo y despidiéndome de los sueños que alguna vez tuve. Una nueva determinación que dio vida a mi nuevo ser, no necesitaba nada más.

La mañana siguiente pedí mi uniforme de la escuela, ellos se encargaron de conseguir todo nuevo para mí y hallándome listo regresé a mi vida diaria escoltado por los capas negras.

Ellos me siguieron a ocultas de la gente, si mi identidad quería ser protegida debían de ser cuidadosos. Esa mañana sentí el vacío de caminar sin mi mejor amigo, no lo había olvidado y aunque me volviera miembro de la asociación no perdonaría al desgraciado de Mike por haberlo asesinado. No era necesario preguntar de más, cuando Erwin me dijo que Mike tuvo que utilizar sus métodos y, que tal vez, se encontraría bien por su naturaleza, me lo dejo claro. Ese hombre no utilizaba métodos suaves para llevar a cabo su labor, menos con un animal que atenta en contra del comandante. La verdad es que mi amigo sólo me estaba protegiendo, no tenía malas intenciones y debido a su fidelidad se vio inmerso en un charco de sangre. No pude proteger al único ser que me amo de verdad en este mundo hipócrita, pero su recuerdo sería el regalo más precioso que pudo haberme dado el mundo, aún si su naturaleza era la de un demonio.

Esa mañana encontré a mis amigos camino a la escuela, estaban muy preocupados por mí sobre todo Mikasa, que como siempre, había esperado lo peor. Alguien había dado aviso a la escuela que me ausentaría por un tiempo producto de una neumonía que se cuidaría en casa. Se suponía que habían sido mis tutores, pero bien sabía yo que se trataba de Erwin.

Cuando me vieron solo preguntaron por Kuro, yo mentí y dije que no me dejaban verlo aun debido a lo inestable que me encontraba, siendo que jamás volvería a mí.

Gracias al aviso de Erwin yo pude retomar mi vida de estudiante normal, mi ausencia en la escuela había sido respaldada por una enfermedad y todo me fue facilitado por la asociación que me ortorgó mis necesidades.

Los días pasaron, Levi y Hanji no dieron señales de asecharme y hoy sería el inicio de mi entrenamiento.

Era la mañana de un sábado, hoy no asistiría a clases y por primera vez deambularía por los pasillos del castillo como un recluta. No sabía a qué me expondría, tampoco sabía cómo reaccionarían los soldados al verme y mucho menos la dificultad que me llevaría ser un uniformado y unirme a la batalla. Pero había algo de lo que estaba seguro, no importaba cuanto, me esforzaría por derribar toda barrera que apareciera en mi camino.

Escuché el sonido de la puerta que se encontraba subiendo las escaleras a la salida. Seguido a ello, pasos de dos personas descendían calmadamente. No sabía qué hora era, en este lugar no había ninguna ventana que dejara entrar la luz, la iluminación se debía a las antorchas y el frío era tan denso que llegaba hasta tus huesos. Erwin apareció con Mike siguiéndole el paso, de verdad parecía un perro fiel, uno que mordía fuerte.

-¿Estás listo?-me preguntó el comandante-

-Sí-conteste firme-

-Vamos entonces-me invitó-

Y así abandoné ese lugar, siguiendo a Erwin con mi espalda siendo cuartada por Mike, miré de reojo y me encontré con su rostro en mi hombro. Di un salto del susto, ¿Qué demonios hacía ese imbécil? Él se enderezó y sus labios dibujaron una media sonrisa. Hice una mueca en disgusto, no sabía que había hecho pero me daba asco.

-Tranquilo, es normal en él-me aseguró Erwin al notar mi evidente incomodidad-

-¿Ah sí?-pregunté sarcásticamente, sin apartar mi vista de él-

-Codifica tu aroma, después de eso es capaz de encontrarte a través del olfato.

-¿Cómo un rastreador…?-enarqué una ceja-

-Impresionante, ¿No?

-Claro…-definitivamente un perro, concluí-

Era temprano, estimaba que debían ser las seis de la mañana y ya habían soldados preparando cosas. Nuevamente sentía sus miradas sobre mí, con la única diferencia, que esta vez no parecían dudar de mi persona ni conservar dudas hacía mí. Algo habían hecho para que todos estuvieran enterados de algún modo, por algo no mostraban esa inseguridad cuando me veían pasar junto al comandante.

Debo admitir que mi imaginación había creado un campo de batalla bien elaborado, con armas, obstáculos, un campo de batalla, equipos con los cuales se movilizaban, blancos para disparar y entre muchos otros. Lo que me encontré al llegar al lugar de entrenamiento no se acercó ni un poco a mi imaginación, estábamos en un jardín, sí, un jardín con flores, árboles, arbustos y un césped frondoso, todo un paraíso hallado del lado contrario a la entrada del castillo.

Mi rostro fue reflejo de mi decepción, si iba a empezar un entrenamiento no veía cómo iba a matar demonios con flores y hierbas. Erwin se percató de mi expresión y se empezó a reír silenciosamente.

-¿Qué es esto?-pregunté molesto por su burla y decepcionado ante el paisaje-

-Tú entrenamiento-aclaró Erwin-

-¿Aquí…?

-Sí, aquí.

-¿Haré un curso de jardinería?-pregunté en tono sarcástico, Mike pareció enfardarse por mi tono insolente hacia Erwin y fijó sus feroces ojos sobre mí-

-¿Alguna vez escuchaste hablar sobre el origen de tus poderes?-preguntó Erwin-

-No, nada.

-El trabajo de matar demonios también se nos encomendó a nosotros para proteger a la humanidad, es por ello que muchos de los que están aquí recibieron un poder que se les otorgó al nacer. Niños como tú tienen una energía espiritual muy grande que les permite por naturaleza desarrollar un área diferente a los demás. La mayoría de los que están aquí son personas que aprendieron a cultivar su energía espiritual y así utilizarla, a los niños como tú sólo hay que enseñarles-hizo una pausa asegurándose que estuviera entendiendo todo-Esta energía la podemos canalizar en nuestras armas e incluso en el equilibro de nuestro entorno, generando así campos de fuerzas, movimientos de tierras y aguas, manipulación de la naturaleza e incluso curación. Nadie ha desarrollado todas las áreas, tampoco ha tenido la posibilidad de hacerlo. Hasta ahora.

-No querrá decir...

-Según los estudios que te hicimos mientras te encontrabas inconsciente, tu energía y funciones cerebrales tienen un desarrollo mucho más elevado que cualquier niño prodigio, y sólo son desbloqueadas cuando te guías por tus emociones. Actualmente, eres considerado una latente amenaza no tan sólo para nosotros, sino para toda una humanidad, fuiste acogido por demonios y eso no le da ninguna seguridad al comité-me aseguró-

-¿Entonces por qué no le cuenta mi desgraciada historia? Tal vez con eso sus retrógrados cerebros comprendan la situación-propuse molesto-

-Ya te lo había dicho, no tienes idea de lo que guardas dentro. Es por eso que antes de lanzarte a luchar debes practicar algo que es esencial-tomó una pequeña maceta que le tendió Mike y me la entregó-

El florero era un poco más grande que un vaso común, dentro de este no había rastro de algo verde, únicamente tierna tierra resguardada en ese espacio. Sentía que jugaban conmigo, vine aprender a luchar y así eliminar a Levi, no a jugar con la naturaleza.

-¿Qué es esto…?-pregunté mirando el objeto en mis manos con descrédito-

-Al interior hay una semilla, quiero ver un brote allí en la tarde-me ordenó con una sonrisa-

-…No crecerá tan pronto…

-Haz que crezca. Te ayudaré un poco, las plantas son susceptibles a las emociones externas. Empieza con tu entrenamiento, vendré a ver tus avances en la tarde-se marchó sin esperar que respondiera-

Ese hombre me encolerizaba con sus actos y sonrisas, a veces sentía que me tomaban a la ligera y qué mejor ejemplo que dejarme con una planta. Era imposible que emergiera algo de esa maceta en tan poco tiempo, aunque sus palabras dijeran que si fuese posible, esto era absurdo.

Mientras yo me encontrase jugando con esto, Levi continuaría allá afuera disfrutando de sus días. Lo único que deseaba era arrancarle la cabeza, ese era mi deseo y el motivo por el cual me hallaba aquí. Después que consiguiera matarlo no sé qué sería de mí, que entrara a los capas negras no significaba que los aprobaba como el bando bueno de todo de este asunto, mis propios fines me mantenían en este lugar y cuando completara mi propósito no tendría motivos para estar aquí. Tal vez sería ejecutado por traición, pero cuando Levi dejara de existir ya no habría nada en este mundo para mí, todo lo que me mantenía firme era mi determinación, nada más.

Estuve todo un día intentando de diversas maneras obtener un brote y no ocurrió nada. De un comienzo no tuve la intención de hacer algo tan tonto, pero no me iba a quedar ahí todo el día sin hacer nada, y además, fue la sonrisa burlona de Mike que me animó a intentar algo. Podría ser estúpido, pero no dejaría que ese bastardo se riera de mí, debía haber un método de hacer florecer algo. Sin embargo no hubo nada y ya empezaba atardecer.

-¡Maldición maldita planta!-elevé mis brazos por sobre mi cabeza, listo para hacer estallar la maceta contra el piso-

Antes de dejarme llevar por mis arrebatos, logré recapacitar un poco. Mike se mantenía a metros de distancia observando lo que hacía, como si hubiese esperado todo este tiempo que destruyera el florero, esbozó una sonrisa. Me tranquilicé y volví a dejarla en el suelo frente a mí. Estuve haciéndolo mal todo el día.

Erwin me había dicho que las plantas eran susceptibles a las emociones y yo sólo la insulte y rabie en contra de esta. Sí ella iba a florecer, de seguro no lo haría con esa clase de sentimientos, ¿Quién quiere someterse a eso? Nadie. Debía darle calidez, algo que no mantenía en mi interior.

Puse mis manos a los costados de la maceta sin tocarla, cerré mis ojos y me esforcé por buscar los recuerdos que me hicieran sentir esa calidez. Kuro apareció en mi mente, podía verlo claramente siendo un cachorro junto a mi yo de cinco años. Jugueteaba conmigo, corríamos por el amplio jardín trasero de nuestro hogar y cuando perdía el equilibrio el venía hacia mí para levantarme, preocupándose de lamer mi rostro para que no llorara.

Podía sentir como entre mis manos crecía algo, no obstante me mantuve concentrado en mis recuerdos.

Entonces, en medio de ese escenario, apareció Levi llamándome para que entrara de una vez y dejara de meter ruido. Fruncí el ceño en disgusto. Mi yo pequeño me hacía revivir esos sentimientos que tenía hacia él, y como si fuera un visitante dentro del escenario de mis recuerdos, pude ver mi pequeña expresión iluminada al verlo llamarme mientras me levantaba y corría torpemente a aferrarme a su pierna. Levi bajaba su rostro y no me decía nada, yo le sonreía, él me arrebataba su extremidad en respuesta y se adentraba al interior de nuestra casa seguido de un pequeño e inocente niño que le hablaba alegremente sin obtener respuestas.

Los sentimientos que creía muerto hacia Levi empezaban a emerger como sombras que me arrastraban hacia la oscuridad de mi alma, no tardé en recordar ese día que me confesó todos sus actos e intentó asesinarme. Abrí mis ojos de golpe, obligándome volver a la realidad y hallándome con un largo tallo, de un poco más de treinta centímetros, con sus hojas marchitas frente a mí.

-Eren-llamó una voz a mis espaldas-¿Estás bien?

Erwin se encontraba junto a Mike a mis espaldas, no sé en qué momento llegó y ambos se veían preocupados. Mike tenía una pistola en mano, listo para disparar, como si hubiese una amenaza aquí, la cual era yo.

-Estoy bien-respondí fríamente, sin apartar mis ojos de la planta marchita-

-Hay alguien que quiere hablar contigo-me invitó el comandante-

-No quiero hablar con nadie.

-Tal vez te interese saber más de tus padres.

Al escuchar la continuación, acepté que me guiara hacia quien quería hablar conmigo. Erwin no me dijo de quien se trataba y tampoco hablo como de costumbre lo hacía. Tenía miedo de conocer más sobre mis padres, jamás escuche nada sobre ellos y todo esto había sido un impacto para mí. Entramos al castillo y nos detuvimos frente a la puerta de una habitación.

-Es aquí. Después que termines necesito que vayas a mi habitación-concretó el comandante-

-De acuerdo-acepté-

-Te estaré esperando-me sonrió-

Erwin y Mike me dejaron solo, no sabía a quién me encontraría adentro y nunca descarté la idea de que pudiera ser una trampa. Pero ya estaba aquí, y si era cierto lo que me decían, adentro podría conocer más sobre mis padres. Con suaves golpes previos en la puerta, la abrí y me adentre encontrándome con Hannes sentado sobre su cama sorprendido al verme entrar. No dijo nada, yo tampoco lo hice, sólo nos miramos en silencio esperando por algo.

-Pensé que no vendrías nunca conmigo…-hablo afligido-

-Quiero conocer a mis padres.

-Acércate-me tendió una silla frente a él-

Sin sentirme en confianza, avancé receloso y me senté frente al hombre que no apartaba sus piadosos ojos de mí. Por un momento pensé que se iba abalanzar sobre mi cuerpo como todas las demás veces que lo vi, sin embargo, ahora se mantuvo en una posición de respeto a mi espacio y empezó hablar.

Carla y Grisha Jager fueron dos soldados de los capas negras, ambos prestigiosos debido a sus poderes. Mi padre había sido un niño prodigio al igual que yo, fue apartado de su madre apenas pudo independizarse de la leche materna y fue criado por la asociación. Mi madre en cambio, fue una niña normal, tuvo una vida normal y decidió ser soldado por su propia cuenta. Los dos se conocieron aquí y fueron pareja en combate. Poseían el historial más abundante en caza de demonios y con ello mi padre había llegado a ser uno de los más poderosos comandantes que haya existido. Sin embargo, luego de que mi madre quedara embarazada de mí, decidió dejar su cargo para cuidarnos a nosotros. Ella no podría estar como soldado activo debido a su condición y los pronósticos que preveían un embarazo complicado. Él compró una casa no muy lejos del cuartel para darle a mi madre una vida más tranquila sin arriesgarse a estar desprotegidos.

Su mujer dio a luz en su propia casa, atendida por doctores de la misma asociación y sin dificultades mayores durante el parto. Un niño de ojos verdes, al igual que mi padre. Debido a que era hijo de cazadores de demonios, ellos podrían cuidar de mí siempre dentro de la asociación, no sería apartado de ellos nunca. Sin embargo, por razones desconocidas, cuando yo aún dependía al cien por ciento de mi madre, se mudaron a las afueras de la ciudad a una casa apartada. Muchos demonios querían vengarse de mis padres, pero las fuerzas que ambos tenían lo impedían. No obstante, después de mi nacimiento, mi madre perdió mucha energía al darme a luz y mantenerme con vida, fue el momento indicado donde ellos fueron atacados y derrotados por quien yo ya sabía, Levi.

Hannes me tendió un álbum de fotos antiguo, al interior se hallaban varias fotografías de mis padres junto a otros solados. Hannes se hallaba en las fotos, era íntimo amigo de ellos y fue a quien más le peso la muerte de ellos. Cuando me contó sobre ellos las lágrimas recorrieron su rostro demostrando lo mucho que le dolía la desgracia.

Mi madre era una mujer de contextura delgada, pelo y ojos café, de piel trigueña como la mía y una sonrisa jovial. Mi padre parecía más serio, compartía el mismo color de ojos que los suyos, su pelo era largo y castaño, su tez era un poco más clara que la de mi madre, usaba lentes y en muchas fotos salía con el pelo atado en una cola. Ellos eran mis padres...

-Tú madre era muy pasional, siempre andaba sonriendo y a la vez era demasiado conflictiva-sonrió al recordar-Grisha era mucho más racional, a veces creíamos que no tenía sentimientos, hasta que se casó con tu madre. Después que naciste Carla se volvió mucho más madura por ti.

-Eran buenas personas-concluí con tristeza viéndolos en las fotografías-

-Sí. Puedo verlos a ambos en ti, los ojos de tu padre, la belleza de tu madre y lo conflictiva que era-liberó risas mucho más fuertes-¿Qué diría Grisha al verte así? De seguro andaría detrás de tuyo intentando calmar tus arrebatos como lo hacía con tu madre, o sería ella quien lo hiciera.

-De seguro viviría una larga condena de castigos.

-Quien sabe. La última vez que te vi dormías todo el día, y ahora, estás tan grande…-bajo su mirada-¿Me permites abrazarte?

-Me da igual-acepté-

Hannes no esperó y me abrazó desesperadamente. Sus brazos me sostenían con fuerzas y mi rostro quedaba oculto en su pecho, podía escucharlo sollozar y estrecharme con más fuerza.

-Has crecido bastante, lamento no haberte hallado antes. Siempre creí que habías muerto junto a tus padres y estás aquí…-se disculpaba-

-Está bien, estoy seguro que estarán más tranquilos ahora-intenté calmarlo-

-Ellos estarían orgullosos-me aseguró-

Quien sabe, pensé. Ellos no estarían aquí para expresar sus íntimos pensamientos y sentimientos hacía su hijo. Se les había arrebatado todo, Levi destruyó nuestras vidas y las de quienes los conocían, como su mejor amigo.

Hannes continuó hablándome de ellos, sobre todo de anécdotas, y con cada una de sus palabras, podía sentir como mi odio hacia Levi aumentaba. Lo mataría a la primera oportunidad que se presentara, era un juramento que cumpliría sin importar qué.

-o-

Desperté al sentir la noche avecinarse. El día no era para nosotros, por lo que normalmente lo evitábamos y así disfrutábamos mejor las penumbras de la noche. Me encontraba en mi habitación al interior de ese recinto al cual llamábamos hogar en su tiempo para mantener a Eren, a mi lado se encontraba Petra descansando y cubierta por sábanas. La había llamado para jugar con ella en medio de mi aburrimiento, ella era uno de mis demonios y obedecía a todo lo que le ordenase, y siendo un demonio este tipo de cosas eran beneficiosas para nosotros.

Me levanté y vestí con ropa humana como acostumbraba hacerlo, no me preocupé de avisarle que me iba, no le debía explicaciones a nadie. Al salir de mi habitación me encontré con la molesta de Hanji afuera aguardando mi salida de brazos cruzados y con un su semblante enfadado. Fingí no haberla visto y seguí mi camino, pero al pasar de largo ella volteo y me detuvo con sus palabras:

-¿Qué estás haciendo?-me preguntó con su ausente rostro burlesco y poco serio de siempre, esta vez se veía enfadada-

-Deja de meterte en mis cosas cuatro ojos-repudié-

-¿Hasta cuándo te seguirás comportando así?-me regañó-

-¿Qué mierda te ocurre? Esto es lo que somos, no finjas que ahora está mal. Te estás volviendo débil Hanji-

Baje las escaleras antes de que la odiosa mujer continuara con su sermón, ella no me siguió, de seguro echaría a Petra de aquí como lo había estado haciendo este último tiempo. Desde que Eren se marchó ella no ha dejado de comportarse extraño, ya no es la misma de antes y tampoco parecía conservar su esencia de demonio. Si no era el maldito mocoso, era ella quien me volvía loco.

No era la primera vez donde utilizaba a Petra para satisfacerme, era muy común entre nosotros, sin embargo, esa fuente había desaparecido al momento que llegó Eren y tuvimos que armar toda una farsa.

Llegué a la cocina y preparé un café por mi propia cuenta, solía hacerlo Eren e imitarlo no era nada del otro mundo. No necesitaba el alimento humano, pero por alguna razón me había condicionado a esa sustancia.

Me senté como siempre en el sofá del living, todo estaba silencioso y no había nada que me pudiera fastidiar. Haberme despojado de esas cadenas que me ataban al cuidar de Eren me permitía volver a mi vida normal, estuve desperdiciando todos estos años en un maldito mocoso que no valió la pena. Sin embargo, no podía sentir el placer de antaño, probablemente se debía al tiempo que estuve simulando actuar como humano. Incluso el café carecía del gusto que buscaba, no importaba cuantas veces repitiera el mismo proceso, aquel sabor jamás aparecía.

-o-

Ya había anochecido, estuve un buen rato junto con Hannes, Erwin no me mintió al traerme a su habitación. Al principio me negué a creerlo, pero haberlo escuchado hablar sobre mis padres y que se preocupara por querer conocerme me brindó un momento inolvidable. Conocí a mis padres, no como se supone que debió ser, pero ahora podía saber de quienes hablaba cuando me refería a ellos y sobre todo, sabía que los tenía.

Antes de volver a mi fría celda, debía pasar por la habitación del comandante y él sería quien me llevara al calabozo después.

La habitación de Erwin se hallaba más apartada que las demás, siendo el comandante la privacidad que le daban era mucho mayor debido a los asuntos confidenciales que debía atender. La única habitación cercana era la de Mike, por supuesto, era su perro guardián y debía estar atento a cualquier inconveniente.

Al llegar a la habitación de Erwin, golpee la puerta esperando su autorización que fue dada enseguida. Entré y lo vi sentado en su escritorio leyendo unos papeles, y a su alrededor, pilas de hojas se amontonaban sobre la superficie de su mueble.

-¿Para qué me llamó?-le pregunté-

-Veras, respecto a tu celda, te he asignado una nueva habitación-me informó-

-¿Dónde dormiré ahora?

-Aquí.

-¿Disculpe…?-enarqué una ceja, enajenado a sus palabras-

Él me indicó con su mano que observara los pies de la cama. No me había percatado que mis cosas se hallaban allí, es decir, el cambio era oficial. Pero en esta habitación había sólo una cama y dos personas…alguien no sabían contar bien.

-No puedo quedarme aquí, sólo hay una cama-me opuse-

-Por ahora no hay habitaciones disponibles. Además, siendo una amenaza no querían dejarte salir del calabozo, entonces propuse que te quedaras aquí. Las noches allá abajo son muy frías y este es tu nuevo hogar-explicó-

-La verdad no importa, puedo volver no me molesta. Usted debe descansar-insistí-

-Yo no acostumbro a dormir. El trabajo que tengo aquí apenas me deja tiempo para descansar unas pocas horas y acostumbro hacerlo en mi silla.

Podía ver que sus palabras eran ciertas, con todos esos documentos amontonados sobre su escritorio debía de necesitar mucho tiempo para atenderlos todos. Y aun así, él se daba el tiempo para enseñarme y fue todas las noches hablar conmigo mientras podría estar trabajando. Esta persona no era tan mala después de todo, pero no me iba a dejar engañar, tras esas apariencias se podían ocultar sus verdaderas intenciones, entonces, ¿Por qué me hacía feliz saber que se preocupaba por mí?

-Volveré a mi celda-decidí y fui por mis cosas-

-No podrás, está cerrada. Hay un baño cruzando esa puerta-señaló una puerta dentro de la habitación-Puedes tomar una ducha y cambiarte, siéntete como en casa-me sonrió-

-Bueno…-acepté-Erwin, gracias por lo anterior-agradecí lo de Hannes ocultando mi rostro fruncido-

-Espero te sientas mejor.

Luego de tomar un baño y cambiarme, entré a la cama del comandante sin decir nada ni mostrar mi nerviosismo por ello. La luz de la lámpara de su escritorio iluminaba tenuemente la habitación, no era algo que me incomodara, estaba acostumbrado a dormir con luz debido a mi temor a la oscuridad. Lo cierto era que ese temor ya había desaparecido, la luz en medio de la noche no era necesaria.

Escuchaba el movimiento de papel proviniendo del escritorio a mis espaldas, de verdad no paraba de trabajar. Tuve deseos de curiosear qué tanto hacía, y, procurando no causar ruido giré mi cuerpo sobre la cama para observarlo. Sólo mis ojos salían de las sábanas para ver a escondidas lo que hacía; sus manos sostenían varios papeles a la vez, a veces dejaba de lado uno para tomar un lápiz y escribir, las facciones de su rostro serio y pasivo eran iluminadas por la luz de su lámpara, mientras que sus ojos azules se encargaban de estudiar cada letra en aquellos documentos. Más que curiosidad, ahora era él quien me interesaba, mis ojos se fijaban en cada detalle de sus movimientos hasta que nuestras miradas chocaron sin previo aviso. Yo abrí mis ojos al ser descubierto y él sonrió al ver mí sorpresiva expresión al ser descubierto, giré mi cuerpo y me apegué a la pared avergonzado por mi estupidez.

-¿Te molesta la luz?

-N-no, me da igual-no pude ocultar el nerviosismo en mis palabras-

-¿No puedes dormir?

-Ya me dormiré-respondí molestó y cerré mis ojos con fuerza-

Erwin se levantó de su silla, no le estaba viendo pero sentía sus pasos aproximarse a la cama. Estaba nervioso y no entendía el porqué, si había algo que no me gustaba lo diría o actuaría, pero no fue así, me quede en silencio, apretando las sabanas en mis manos nervioso ante sus pasos.

El comandante se sentó y puso una de sus manos sobre mi cabeza, relaje mi cuerpo al sentirla y voltee para encontrar su rostro más cerca de lo que esperaba. Podía ver mis ojos reflejados en los suyos, estaba demasiado cerca y no me negué a la cercanía.

-¿Quieres que me quede contigo hasta que duermas?-me preguntó sin mostrarse nervioso pese a la poca distancia que separaba nuestros rostros-

-No, lo haré por mi propia cuenta-me negué-

Pese a mi respuesta, el comandante subió su cuerpo a la cama y sostuvo su cabeza con su brazo sobre la mía. Llevó los dedos de su mano contraria a mi mejilla sonrojada, eran ásperos y grandes, y con leves caricias se quedó observándome, sin darme oportunidad de apartarle la mirada. Me sentía raro, incluso llegaba a ser incomodo esta sensación tan familiar, no dijimos nada y tampoco me opuse a que se encontrara tan cerca mío. Su compañía me daba una seguridad incondicional y en sus ojos buscaba encontrar mucho más de lo que ya sabía y debía saber del comandante. Era cálido y empezaba a desearlo más.

Pero recordé todo el dolor que sentí, todo lo que pase para convertirme en lo que soy ahora y lo que llegaría a ser en poco tiempo. No confiaría en nadie, no dejaría entrar a nadie en mi vida y que me entregara luz para luego arrebatármela sin piedad. Lo tenía claro, pero mi corazón no pensaba en lo mismo… latía sin control y parecía arrancarse por mi garganta.

Mi cuerpo se dejó caer en un profundo sueño, sin ser descuidado por la mirada de Erwin hasta que perdí la conciencia. Esta noche no era fría, tampoco oscura y solitaria, una persona se encontraba al lado mío compartiendo su calor.

Lo sabía, no debía caer de nuevo en el mismo juego, y sin embargo, la pieza dentro de mi corazón ya había sido puesta en marcha…

Continuará…

¡Hola! ¿Cómo están? Siento mucho haber traído la conti tan tarde, pero la traje :3 Podré demorarme pero siempre habrá conti c: Sé que a muchos no les gusta el Eruren, pero es mi primera vez escribiendo algo de esa pareja y no sé cómo lo encontraron? (Es necesario para la historia) Me gustaría leer sus opiniones c: Respecto a la relación con Levi y Eren, tengan fe? xD Espero les haya gustado el cap de hoy, tengo poco tiempo así que me despido rápido.

No podré responder reviews hoy pero prometo hacerlo en el otro cap c: 3

Muchas gracias a todos sus lindos y sensuales reviews, no duden en dejarlos. Gracias a todo aquel que lee la historia y espero que siga siendo de su agrado.

Cuídense que tengan un lindo día, nos leemos 3