Brillaba el sol sobre la mar, con toda su fuerza brillaba: se esforzaba por lograr
que las olas relucieran... Cosa rara, porque era justamente medianoche.

"¡Sopa de noche, hermosa sopa!"

"¿Ves como el industrioso cocodrilo aprovecha su lustrosa cola y derrama las aguas del Nilo por sobre sus escamas de oro?"

"¡Curiorífico y curiorífico!"

"Aquí me quedaré -dijo-, de vez en cuando durante días. Tú cuídate del sentido
que los sonidos se cuidarán ellos solos."

Esa es la voz de la Langosta, a quien oí declarar: .. "Me has horneado tostándome en exceso, y debo azucararme el pelo"

O el pozo era de veras muy profundo o el descenso era muy lento; lo cierto es que mientras bajaba, Alicia tuvo tiempo de mirar a su alrededor y preguntarse qué iría a pasar después.

"… el Gato siguió sonriendo más y más. "¡Vaya! Parece que le va gustando", pensó, y continuó:

La cuestión es... quien ha de ser el amo, y nada más

"…Curiorífico… curiorífico…"


Después de pasar todo el sábado limpiando, caer rendida en la cama era lo mínimo que podía hacer. Con lo quisquillosa que es mi madre, perfección no bastaba. Cualquier régimen totalitario hubiera estado feliz de tenerla entre sus filas en cuanto a limpieza se refiere.

Ami, claro, se unió a la misión sin rechistar, y al parecer todo estaba listo para recibirlos. Digo al parecer, porque nada es nunca suficiente para mi madre.

Por la mañana fuimos a hacer las compras y, claro, compramos el doble de todo, tanto porque habría más gente, como para que mi madre tuviera material para trabajar y hacer alguna de sus creaciones. Bajo ninguna circunstancia iba a cocinar yo teniendo a mi madre aquí.

Nos duchamos y pusimos un vino en el refrigerados para tomar con mis padres…luego esperamos…y esperamos…Como no llegaban, nos pusimos con el montón de tarea que nos dejó Darien, el gran montón de tarea. Debo admitir que hacer tarea de Nietzsche me era relajante y por más que hubiese complicaciones, lo disfrutaba enormemente. Por otro lado, me di cuenta que no estaba realmente concentrada, cuando Ami terminó uno de los ejercicios antes que yo.

-Serena, ¿aún no has terminado?- cuando me habló desperté de mi estado pillado.

-¿Eh? No…no he podido escribir más que un par de líneas.- dije mirando la computadora.

-¿Tú? Pero si tienes verborrea nietzscheana.-

-Ami…- ella asintió.- Me quedé pensando en Darien.- admití.- No sé, le ponía su voz a las letras, su entonación a las frases… ¿qué estará haciendo?-

-No sé, dando una conferencia probablemente, o siendo felicitado por una.- sí…felicitado…él se lo merece, y yo…probablemente escriba algún sinrazón que no valga la pena ser leído.

-Ami, no puedo escribir.-

-¿Tienes ganas de hacer otra cosa? Pero tienes que terminar la tarea…-

-No, no es eso…tengo miedo…no me salen las palabras, estoy a la expectativa de escribir algo bueno que sé que no saldrá, y Darien creerá que soy una tonta.- terminé mientras releía mis dos grandes frases.

-Ya…Pues no eres ninguna tonta, eso deberías saberlo, y menos en este tema, él lo sabe también, a todos nos queda claro. Sabes perfectamente lo que te está pasando y no puedes permitirlo, tienes que hacer lo más que puedas para mantener esta relación, en la medida de lo posible, alejada de tu vida escolar.-

Asentí y me levanté por algo de tomar a la cocina. Era verdad, ahora tenía tantas expectativas en Darien, en lo que pensara de mí, que el sólo pensamiento me ataba de manos para ponerme de nuevo abajo, en la base de la pirámide. En esto no podía dudar de mí, no podía pensar en lo que él esperaba, más bien en lo que podía salir de mí.

Regresé a la mesa un poco más animada, borré lo que tenía escrito y comencé con un ejercicio de concentración que me había ayudado en el pasado con mi dislexia. Imagine a mi autor sentado en la silla de enfrente, como si hablara con él, ahí, yo le preguntaba y él me respondía. Después de un rato, regresé al libro y encontré el camino del ensayo, elegí una cita y con ella empecé, todo el ensayo se desprendería de ahí.

Después de una hora, había escrito una cantidad considerable y podía dar por sentado ese ensayo. Pasaría a leer todo lo que me restaba. Me dirigí a mi habitación a buscar la otra lectura, pero en eso, sonó el timbre. Corrí a coger el interfón, aunque sabía que eran mis padres. Les abrí desde arriba y esperé a que subieran.

Cuando oí los ruidos de las escaleras, abrí la puerta y ahí estaban todos.

-¡Maman!- corrí a abrazarla.

-¡Serena!- soltó su maleta un momento y me abrazó.

-Pasen, Pasen.- entramos y mi madre y yo seguíamos abrazadas.- Tenía ganas de verte, ¿por qué tardaron tanto?-

-El viaje ha sido toda una aventura.-

-¿Sí? ¿Por qué?- pregunté mientras abrazaba a los demás- No me digas que Shingo se la pasó el camino vomitando.-

-¡Oye! ¡Te escuché!- mi madre sólo rió.

-Pues esta vez no. El auto se calentó por alguna situación y tuvimos que bajar a buscar un sitio para comprar agua y ponérsela al radiador para que se enfriara.-

-¿De verdad? Qué extraño…si es casi nuevo…-

-Para que veas…ha sido todo un tema, tu padre se ha pasado lo que restaba del camino diciéndole un par de cosas a la agencia.- reí, mi padre no se puede quedar callado nunca, ni decir las cosas con buenas maneras cuando está enojado, será algo que se pegó de las costumbres francesas.

-Pues qué cosas…- cogí la maleta de mis padres y la llevé a mi cuarto, cuando salí, Ami volvía del suyo, yo abracé a Hotaru con un brazo mientras ellos se saludaban. En verdad que se había puesto guapa en un par de meses que llevaba sin verla.

-¡Ami! ¡Qué gusto de verte!- dijo mi padre dándole la mano.

-¡Tsukino-San! ¡Simone! ¡Qué bueno tenerlos aquí! ¿Cómo están?- mi madre abrazó a Ami.- ¡Miren! ¡Hasta Hotaru está aquí!- Ami fue a saludarla y yo le hice un gesto de "rápido, esconde el maquillaje" que ella reprobó con la mirada.

-Todos estamos muy bien, gracias.- respondió mi madre.

-Pues bueno, espero que estén cómodos. Yo debo ir a la biblioteca hoy. Serena, ¿necesitas algo? Procuraré no demorar.-

-No, estamos bien, anda. Aunque quizá…si puedes, trae algo más de jugo para el desayuno, eso estaría bien.- el jugo nunca sobra….

-Perfecto. Ahora que regrese planeamos algo para salir con los muchachos.- les dijo Ami a mi hermano y a Hotaru, pero enseguida se giró a ver a mis padres.- Si no es problema, claro.- terminó mientras se ponía el abrigo.

-No, mientras no sea muy tarde o algún lugar extraño, creo que está bien.- comentó mi padre.

-¡Papá!- me quejé arrastrando la palabra.-

-No se preocupe Tsukino-San. Bueno, me despido.- agitó la mano, y se fue.

-¡Qué buena chica es Ami!- comentó mi padre cuando ella ya no estaba.

-Sí, me alegra que compartas con ella el piso.- secundó mi madre.

-Sí, es una gran chef para el desayuno.- dije, pero enseguida me corregí al ver la extrañeza en sus caras.- No…- reí.- Yo también me alegro.- me giré para ver a Shingo y pensé que aún teníamos que organizarnos.- ¿Qué hacemos contigo, Shingo? ¿Quieres ir ya a casa de Mal?-

-Pues a mí me alegra esa idea, así no me la paso entre flores, maquillaje y trapos de niña.- dijo muy propio él.

-¿Flores? ¿Dónde ves flores?- le pregunté con cara de pesada.

-Pues en sus trajes, en las macetas…-

-Shingo, no empieces.- amenacé.

-Recuerda que hace dos años, Ami se la pasó llenando el piso de flores, rosas y esas cosas…regresé a casa oliendo a niña.-

-Él quiso que lo maquilláramos.- le dije a mi madre y a Hotaru que reían sin cesar.- ¡Fuiste tú el que así lo quiso!-

-¡Callate! Eso es una mentira. Hotaru, no le creas nada a esta demente.- dijo muy rojo.

-¡No lo es!-

-Además, a mí me usaban como conejillo de indias porque era más chico.-

-Hotaru, tu novio el gran filósofo, nos pidió entrar en nuestro juego y quiso que lo maquilláramos sólo porque Mal se dejó, pero no te preocupes, te llevaré a la universidad para filosofar bien y bonito.-

-Gracias Serena, y la verdad, Shingo, si te maquillaron o no, eso es lo de menos, ¿no crees?- Hotaru tomó su mano tiernamente, pero enseguida soltó un genial sarcasmo.- Lo importante es que no te guste hacerlo.-

-He ahí el punto, querida, ¡Le gustó!-

-¡No! ¡Basta Serena! Mamá, ¿puedes callar a este engendro del mal?-

-¡Maquillaje, Maquillaje!- empecé a gritar como si estuviera tras bambalinas de una pasarela.

-Assez, Serena! Compórtate como la mayor que eres, y tú Shingo, no te comportes como un niño.- terminé riendo y fui hasta mi bolso por el móvil para llamar a Mal.

-Mon amour, ¿puedes venir a recoger a Shingo?-

-¿Cómo? ¿Ya llegaron? ¿Está ahí mi bella pequeña?-

-Sí, sí, aquí está, ven pronto a llevarte al adolecente.-

-Ahora mismo voy, besos preciosa.- colgué y me giré a ver a Shingo, alzando las cejas.

-Perfecto, ya puedes irte despidiendo de mi piso, querido. Aunque creo que corres más peligro en el piso de Mal con Mina ahí, pero...- me giré a Hotaru.- Debes sentir un GRAN alivio.-

-Lo siento.- se burló ella como asintiendo y Shingo la miró mal.- No…lo digo por el hecho de ver a Mal.- rió pretextando.

-Bueno, como sea, igual cuídate; Mina es un tifón devastador, ni Mal ni nadie puede con ella cuando se le mete una idea en la cabeza.- advertí con voz de ultratumba.

-¿Y qué idea se supone que se le va a meter en la cabeza?- preguntó mi madre divertida, conociendo a Mina…

-Puede que un Stripper, en otras palabras, o Shingo es la víctima, o él será el Stripper.- terminé doblándome de la risa, secundada por Hotaru.

-¡Serena!- dijo mi madre por lo bajo.- No digas eso, ya sabes cómo le sientan esos comentarios a tu padre.- pero ni Hotaru ni yo podíamos dejar de reír, hasta que sonó el timbre. Abrí la puerta con los ojos llorosos por las carcajadas, y ahí estaba Mal. En cuanto vio a su pequeña, abrió los brazos y ella fue corriendo hasta él, que la cargó y le dio de vueltas.

-¡Cómo te extrañaba, piojo!-

-¡Hermano! ¡Y yo a ti!- yo miraba la escena abrazada de mi madre.

Nadie se imagina lo que significan en uno para el otro; Mal siempre pidió a sus padres, a Santa Claus, a la estrellas y a todos un hermanito, lo deseaba más que nada, y sus padres no podían dárselo, su propia concepción había sido algo que no se esperaban los médicos.

Cuando por fin el trámite de adopción fue positivo y Hotaru llegó a la casa, él fue el más feliz, mientras era pequeña y no se adaptaba a la casa, era de lo más delicado con ella, después se convirtió en su compañera inseparable, ella siempre había sido una niña mucho más madura de lo normal, lo aconsejaba con sus problemas…

Hotaru, que había vivido mucho tiempo en un orfanato, tenía en su nueva familia mucho más de lo que se había imaginado, unos padres amorosos, un hermano dedicado… Es curioso verlos juntos, ella es tan pequeña, completamente japonesa; Mal es tan grande, tan rubio…pero después de eso no me cabe duda que la hermandad surge en otro lado que no es la sangre.

Tras juntar sus frentes y decirse un par de cosas, Mal se giró a vernos.

-Gracias por traérmela.-

-No hay de qué, querido.- dijo mi madre y lo abrazó también.

-¿Y tú, Shingo? Te portas bien con mi pequeña, ¿verdad? Porque recuerda que estarás en mis dominios.- preguntó Mal con cara de malo.

-Ella es la mala aquí, pregúntale a mamá.-

-Sólo piénsalo, estarás en mis dominios.- siguió Mal con su broma.

-Y pensar que tengo que recurrir a la ayuda de Zafiro y Diamante para que me defiendan de ti que eres casi mi hermano.- bromeó Shingo también, cruzado de brazos.

-No es necesario eso, sabes que es mentira.- dijo Mal abrazándolo con un brazo por los hombros.- Estoy feliz de que estés con mi pequeño piojo.- se giró a mi padre.- Kenji, ahora tenemos que hacer planes para nosotros.- me miró de reojo.- Estas mujeres nos abandonarán a nuestra suerte, hay que sacar ventaja de la libertad.-

-¡Oh, sí! Haremos compras, compras y más compras.- secundó mi madre, mi padre rió.

-Sera un placer, ¿me quieres acompañar a la nueva torre? Muero por ver las nuevas estructuras…-

-Claro que sí, Kenji. Será un honor oír tu explicación de experto…luego de unas cervezas.- siguió Mal, después de una cervezas la explicación no sería tan experta, pero seguro que mucho más divertida.- Bueno, tengo que ir a la universidad a dejar unas cosas, ¿vamos Shingo?- éste asintió.

-Diviértanse.- les deseó mi madre.

-Hotaru, ¿quieres quedarte con nosotras aún, o quieres ir con Mal?- le pregunté.

-¿Puedo ir con ellos y luego encontrarme con ustedes?- pidió casi haciendo puchero.

-Claro que puedes.- soltó mi madre riendo.- Mal, ¿la puedes traer después?-

-Sin problemas. ¡Vamos engendros!- los acompañé a la puerta. Mal me abrazó con fuerza hasta levantarme y me dio sus dos besos de siempre en las mejillas. Cuando se cerró la puerta, volteé a ver a mis padres.

-Bien, pónganse cómodos, les ayudo a sacar la maleta.- pero mi madre tenía otros planes, cosa que era muy obvia por la forma macabra en que se tallaba las manos. Así que ignoró mi comentario.

-Bien, vamos a ver qué hay en la cocina para ver con qué cuento para trabajar.- miré a mi padre que escondía una risita y dejé caer la cabeza con pesadumbre, siguiendo a mi madre a la cocina, hasta que me vio en mi teatro y habló de nuevo.- Querrás croissants, ¿no?- el sólo pensamiento en sus delicias al horno me hizo dejar el drama y correr detrás de ella, mientras mi padre se iba a la habitación.

-¡Sí, sí, sí! ¡Quiero, quiero!-

-Muy bien, pero antes, me vas a decir por qué te fuiste de casa como alma que lleva el diablo la otra vez.- me frené de golpe, ¡esto es chantaje! ¡Me quejo! ¡Que venga el juez!

-Creo que ese día te lo dije.- sin cambiar la expresión de mi rostro.

-No, no me dijiste nada, y lo sabes bien.- siguió mi madre como si nada, mientras abría las estanterías.

-Sí, exámenes, E X A M E N E S.- dije lentamente como haciéndolo obvio.

-Creí que había quedado claro que N O-M E-L O-C R E Í.- mi imitó, ya de ahí tenía yo esa manía.

-¿Por qué te complicas las cosas cuando no hay razón?-

-¿Quieres que llame a Rei para que quede claro que no me invento nada? Ella me dará la razón, aún incluso cuando no necesito saberlo, sólo lo siento y sé que no es así. Así que mejor dímelo por tu propia voluntad, yo te parí y sé de lo que hablo.-

-Tu intuición falla, de verdad, debe ser la edad.- me miró incrédula y enfadada.- Mamá, no hay nada, ¿quieres hablar con Rei? ¡Hazlo! No sé qué nudos te haces, pero si lo deseas, llámale.- le extendí el móvil y vi incrédula como lo tomaba y buscaba un número. Enseguida se lo llevó al oído.

-¿Un chico, quizá?-

-Habla con ella.- dije enfadada y cruzada de brazos. En eso, al parecer, Reo cogió el teléfono.

-Rei, linda, ¡Hola!...Sí, me alegro de oírte también, ¿quieres venir a tomar un bocadillo y a ayudarme a acosar a Serena?... ¡Sabía que podía contar contigo!...Aquí te veo…Adiós.- cortó la llamada y me miró.- Dime entonces, ¿un chico? Hay un chico, ¿verdad?-

-Espera a hablar con ella. Por lo que veo, prefieres creer a una amiga que a mí, y eso me agrada de sobremanera.- comenté sarcástica.

-No prefiero, pero ante tu falta de cooperación, ¿qué me queda?- no dejé mi postura, pero al parecer, mi madre sí cambió la suya y prosiguió emocionada.- ¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Es guapo?-

-¡BASTA MAMÁ!- me desesperé apretando los puños.

-¡Hey! ¡Tranquila! No es para tanto…algo importante tiene que ser para que te pongas así…-

-Si no te lo cuento es porque aún no estoy preparada para hacerlo.-

-O sea que sí hay algo…- tras rolar los ojos ante la insistencia de mi madre resolví salir de ahí, de otro modo la discusión no acabaría.

Mi padre ya había sacado las cosas de su maleta y de disponía a acostarse un momento, pero lo pospuso un poco para ayudarme a poner listo el sofá-cama para Hotaru. Le pusimos sábanas, almohadas y en pocos minutos estuvo lista. Mi padre me dio un beso en la frente y se fue a mi cuarto a descansar, me dijo que lo despertara para cenar.

Me quedé un momento en medio del salón pensando en las demás cosas que me quedaban para hacer, y justo cuando me dirigía al baño a sacar toallas para todo el mundo, sonó el timbre…Rei. Suspiré pesadamente, tenía todo un round por delante.

Abrí la puerta y ahí estaba Rei que me miraba con una muy exagerada sonrisa de superioridad, esta era su gran oportunidad. Me abrazó y enseguida corrió a la cocina a abrazar a mi madre, las dos parecía muy contentas por verse. Mi madre siempre consideró a Rei como una más de sus hijos, y Rei se refugiaba mucho en ella, de su vida, del trabajo de su padre…de todo un poco.

Mi madre la mandó a la mesa y enseguida salió con una charola de chocolate caliente en las manos, no tenía siquiera que preguntarnos, sabía que lo amamos. Rei y yo tomamos felices las tazas, pero mi madre alzó su mano en señal de "Alto".

-¿Es que ustedes no aprenden? ¡Está caliente! ¡Esperen!- Rei y yo reímos y le soplamos por largo rato a la taza hasta que lo pudimos tomar.

-¡Está buenísimo, Simone! ¡Muchas gracias!-

-De nada Cariño, para ti lo que quieras.- hubo una pausa corta y mi madre volvió a hablar.- Rei, cuéntame, ¿qué has hecho últimamente?-

-Pues ha habido cosas nuevas.- Rei sonrió sin poderlo ocultar.- Mi tesis va bien, las cosas con mi padre no están tan mal como de costumbre y…- se sonrojó.- bueno, y estoy con un chico.- mi madre aplaudió feliz.

-Algo ya había oído, pero quería oírlo de ti.-

-Sí, con Zafiro…no sé bien de dónde salió todo eso, pero me gusta mucho y nos va bien juntos.-

-Me da gusto, pequeña. Espero que siga así…y hablando de eso… ¿qué me puedes decir de Serena?- preguntó descaradamente delante de mí.

-¿De Serena?- repitió Rei mirándome con ojos gozosos.

-Sí, creo que hay algo que no me dice.-

-Y lo hay…algo MUY, MUY INTERESANTE.- contestó Rei. Yo no había querido sucumbir ante su mirada de "yo sé algo", pero cuando oí eso no pude evitar rogarle con la mirada.

-¿Ah, sí? ¡Cuenta! Es que ella no me quiere decir nada…-

-Pues resulta que…Serena se está…mmm…saltando ciertas…reglas, de la universidad.- mi madre clavó sus ojos en Rei, quería saber más, yo sólo negaba con la cabeza completamente incrédula.- Sí…bueno, no está explícito en ningún lado que no se pueda, pero…tiene dos asesores para la tesis.- sentí que todos los colores me regresaban y suspiré sin poder evitarlo.

-¿Serena? ¿No es así?- me preguntó Rei.

-Sí….- admití como si fuera algo importante.

-¿Y eso por qué le podría traer problemas?- preguntó mi madre.

-Oh, porque claro, ahora está tan absorta en las cosas que su nuevo asesor le deja para hacer, que todo lo demás queda atrás, y además porque Setsuna ya es su asesora y Serena debería decidir qué quiere.- ¡Claro! Rei no le estaba diciendo las cosas como tal a mi madre, pero yo entendía todo…

-Eso es verdad Serena.- apoyó mi madre.- Tienes que tener bien claro lo que quieres y además, no te puedes avocar a este profesor y a lo que él quiere que hagas, tienes muchas cosas a las que poner atención.-

-Claro Serena, además claro de que ese profesor es su profesor de Nietzsche, así que entre su clase y LO DEMÁS, la tiene prácticamente para él todo el día.- rolé los ojos y conté hasta diez mentalmente, si Rei seguía así, habían dos opciones: o yo explotaba o mi madre comenzaba a sospechar algo.

-¡Oh! ¡Tu curso de Nietzsche! ¿Cómo va?-

-Muy bien.- respondí sin dejar de mirar a mi amiga.- Sí, bueno, ya quedó claro que el profesor es muy bueno, y eso hace muy bueno el curso.-

-Claro, además, le presta muchas atenciones especiales a Serena.- se quedó callada un momento.- Por su inclinación al tema...- en ese momento sonó el timbre del horno y mi madre se levantó sonriendo a sacar lo que estaba haciendo, probablemente iba pensando en lo orgullosa que estaba de que el profesor admitiera que su hija era buena…qué mal me sentía…

-¡Rei! ¡Coño!-

-¿Qué?- me miró con cara de inocencia.- ¿Acaso dije algo que no sea cierto?- resoplé, era verdad que todo lo que dijo tenía dos significados y que yo no podía reclamar objetivamente.- Serena, esto sólo es una probadita de lo que va a ser tu vida si sigues con esto y de lo que podría pasar si alguien se entera. ¿Te imaginas escondiéndote siempre? ¿Vigilando lo que dices y lo que dicen los demás?-

-Me imagino que hay cosas que son tema y cosas que no.- respondí dura.

-Vale, como quieras, no vine a discutir, pero deberías pensar en mínimo tener el apoyo de tus padres, en decírselo, sería más doloroso que se enteran por otro lado…más si lo tuyo con Chiba va en serio.- ha…claro, buen predicamento…ni yo sé si esto es en serio…

-Agradezco tus observaciones y la verdad es que son buenas, pero por ahora eso es un tema que ni siquiera se asoma en mi cabeza y no quiero que lo haga.-

-Como quieras.-

-Como quiera.- terminamos sarcásticas las dos.

Mi madre en breves volvió con una charola con croissants, mermelada y mantequilla. Mi padre despertó por el olor y antes de que nos dejara comer, llamó a Mal para ver si Hotaru venía a cenar. Llamó también a Ami. Cuando Hotaru, Mal y el Padawan estuvieron ahí, cenamos. Shingo estaba ya en casa de Mal, colgado de los videojuegos con Zafiro y Diamante y sería feliz comiendo arroz toda la semana, él tenía a mi madre en casa y podía comer eso cuando quisiera.

Después de un rato, todos recogimos los trastes, los lavamos y nos fuimos a la cama. Mañana sería un día movido. Por la mañana, mi padre quería que lo acompañara a la universidad a buscar a su amigo profesor de arquitectura. Por la tarde, saldríamos todos a dar una vuelta y esas cosas.

Así, llegó ese otro día, así llegó que fuimos mi padre, Ami y yo a la universidad. Llegamos bastante cómodos de tiempo, no teníamos clase con Darien y aún quedaba un rato para que empezara la de Andrew, aunque era con el suplente. Ya que las demás no llegarían desde antes a la universidad, no hubo café ese día, en su lugar hubo buscar la oficina del amigo de mi padre, ¿igual de divertido? ¡No lo creo!

En el camino, tuvimos una visión, una epifanía, una…un encuentro con el demonio pintado de pelirrojo. Kaolinette venía caminando de frente a nosotros contoneándose exageradamente como siempre. Al ver que venía con nosotros alguien que parecía ser un padre, fue imposible zafarnos de ella.

-¡Buenos días, chicas!- claro, como si le diera gusto vernos.

-Buenos días Kaolinette.- respondimos Ami y yo con pereza como repiten los niños pequeños.

-¡Mucho gusto!- se presentó ella misma ante mi padre, extendiéndole la mano.

-Tsukino Kenji, encantado.- respondió él algo destanteado y, claro, dándole a la perra ninfómana la información que quería.

-¡Oh! Usted es el padre de Serena, mucho gusto de conocerlo, ella es siempre tan independiente que…claro, no lo conocíamos…- eso en idioma perra ninfómana significa que piensa que mis padres me descuidan, entre otros…

-No se preocupe, no suelo pasarme mucho por la universidad, pero mi esposa conoce a los profesores de nuestra hija.- ¡tómalo, puta!

-¿Ah, sí? Bueno, será que no he tenido el gusto, yo he sido profesora de Serena en Lógica, y digamos que no sobresalió particularmente.- mi padre me miró sonriendo.

-No se puede ser bueno en todo, y la Lógica no es algo que interese mucho a mi hija.-

-Sí, debe ser eso…-

-Bueno.- se inclinó mi padre y nosotras también, conteniendo la risa.- Un gusto, maestra. Que tenga un buen día.-

Ella respondió, o más bien, se quedó sin nada más que decir y nosotros nos alejamos riendo. Creo que cambie de parecer, esto es más divertido que ir al café. En el camino a la facultad de arquitectura le contamos a mi padre todo sobre Kaolinette y él se moría de risa, ya había oído mis quejas sobre ella, pero verlo responderle tan natural y tan sarcástico fue genial

Todo empezó en primer año. Desde el principio yo me regalé con Setsuna. No sé, no era que pensara que era mejor que los demás, era sólo que había empatía, ella respondía mis preguntas en sus temas…y Kaolinette daba una materia que no me gustaba, independientemente de que ella no era lo mejor que podía uno toparse como persona. Pues así fue que un día insultó a Setsuna muy directamente en su clase y yo, seguida por las chicas, la defendí; acto seguido, reprobamos un examen que estaba perfectamente aprobado. Algo teníamos que hacer…Rei y yo no estábamos muy seguras, pero Mina tenía un fuego interno por defender los derechos humanos y por ir a hablar con Tomoe sobre todo esto. Nos convenció y fuimos con él sin saber, claro, qué tipo de garrapata es. Él pudo haber castigado a Kaolinette, pero se limitó a darle el examen a calificar a Nicholas, además de ir a decirle todo a ella.

Nicholas nos aprobó, pero con ella estalló la guerra. Después me enteré de todos los problemas que causa y de su pelea personal con Sestsuna… y esa es la historia.

El día escolar pasó y mi padre nos esperaba a la salida de la clase de Andrew para llevarnos a comer. Fuimos por mi madre y por Hotaru, y todos juntos escogimos un restaurante; nada nuevo, una barra de sushi muy buena que conocíamos. Éramos todo un circo, Diamante, Zafiro, Mal, Ami, Mina…en fin, todos.

Después de comer fuimos por un helado al parque. Mis padres nos dijeron que se quedarían ahí y darían un paseo. Hotaru se fue con Mal a casa y Ami y yo volvimos a hacer tarea. Así, acabó el día.

El martes, mi madre nos despertó a Ami y a mí a primera hora, tenía todo un horario planeado. Sabía exactamente a qué tiendas quería ir y todo eso. Sin dejarnos respirar, nos sacó de la cama, lo mismo con Hotaru, nos dio de desayunar y nos subió a mi coche. Yo aún no cavilaba dos más dos, pero ya estaba conduciendo por Tokio.

Nos quedamos de ver con las demás en la primera parada y de ahí no hubo paz. Arriba y abajo; abajo y arriba. Algunos viajes al coche a dejar bolsas y muchas, muchas horas después, subíamos con el cargamento al piso. Mal y mi padre aún no volvían de sus visitas. Ami y yo estábamos reventadas, pero al parecer, Mina, Hotaru y mi madre estaban como nuevas. Rei y Lita simplemente estaban. Bueno, la verdad es que no podía negar que me sentaba genial un montón de ropa nueva a cuenta de mis padres.

Mi padre nos llamó y dijo que los alcanzáramos para cenar. Las chicas volvieron a sus casas, y los habitantes de la mía, (los permanentes y los ocasionales) fuimos a la cena.

El miércoles, cuando desperté, las piernas me dolían con potencia. Ni en el entrenamiento de Kung-fu conseguía esas agujetas. Desperté a Hotaru con cuidado y a Ami con un poco menos de lo mismo, estaba reacia a levantarse. Las tres nos fuimos juntas a la universidad y Hotaru fue la más emocionada con las clases. Mal incluso se salió de sus asignaturas para entrar a las nuestras y acompañar a su hermana.

Después de clases, me quedé a trabajar con Setsuna y las chicas se llevaron a Hotaru para hacer desperfectos, maquillarla y eso. Cuando volví a casa, mi madre me dijo que el profesor amigo de mi padre los había invitado a cenar, así que nosotros hicimos planes para salir. Fuimos todos, con Hotaru genialmente arreglada (obra de Mina con regaños de Rei detrás para que no exagerara) y con Shingo no tanto, al restaurante de Diamante a cenar, y de ahí al Bombay a bailar.

Como siempre, Mal y yo nos apropiamos de la pista de baile, Hotaru reía por cosas que le decía Shingo, Rei y Zafiro no se separaban, Ami y Taiki conversaban animados, Mina había logrado atraer la atención de un chico y Lita…la pobre Lita y el pobre de Diamante hablaban con cara de asco con Neflite.

Sólo de verlo se me revolvió el estómago. Sabía que para Lita, olvidarse de Jedite iba a ser tan difícil como para mí había sido dejar de lado a este patán. Ella lo estaba llevando bien, pero yo sabía que dentro había otra cosa. Me distraje del baile y Mal se giró a ver hacia dónde miraban mis ojos, cuando se dio cuenta, me jaló del brazo, me hizo verlo a los ojos y con infinita ternura negó con la cabeza antes de abrazarme.

Al parecer, últimamente se habían distanciado, después de ser amigos…se notaba en su gesto, se notaba en la cara de Diamante. También estaba la cosa de que últimamente los había oído decir que para este momento de sus vidas, ellos eran amigos para fiestas y poco más; eso era algo que yo no entendía muy bien, pero Mal y Diamante son ciertamente más simples, menos complicados.

Como sea, traté de distraerme, pero cuando oí a Neflite reír por encima de la música del lugar, pude recordar cada uno de sus gritos, de sus palabras hirientes, de su poco apoyo en una situación que de haber sido como ambos pensábamos, nos hubiera correspondido arreglar a los dos…Me reprimía, a mí me reprimía, pero por atrás…tenía todo un teatro muy, muy bien armado…

Lita me vio y dejó al patán con Diamante para venir conmigo. Mal fue con Diamante y Lita y yo tuvimos una muy larga conversación sobre nuestras frustradas relaciones. Ella me dijo que estaba bien, que de vez en cuando aún lo echaba de menos, pero que en general prefería estar así. Había vuelto con fuerza a hacer deporte y según ella, había algo o alguien por ahí que la animaba.

Cuando me giré para buscar a Mal con la mirada, después de mucho rato, vi que ya no estaba con el patán, pero que en vez de él, con Neflite estaba Berjerite, riendo estruendosamente y jugando con su cabello. ¡Esto sí que era una sorpresa! Después de ser alguien tan estúpidamente cerrado y con la moral "muy alta" como para decirme a mí que era una cualquiera, a ella la trataba muy amablemente y a mí como una puta. No es que Berjerite lo fuera y no seré yo quien juzgue la moral de los demás, pero no es que sea más puritana que yo…No entiendo cómo Ante tiene lo que sea con ella…no me entra en la cabeza. En algún movimiento de ojos, lo vi mirándome, pero enseguida se cruzaron nuestras miradas, giró la cabeza.

Mal, que estaba con Mina y con su ligue, se dio cuenta que lo buscaba con la mirada y vino hacia mí.

-Oye, guapo, creo que es hora de llevar a Romeo y a Julieta a casa, ¿no?-

-Sí, me parece que les debimos haber medido mejor las cervezas.- los dos bailaban felices de la vida en la pista.

-Creo que se van a decepcionar cuando les digamos que nos vamos…- dije sonriendo.

-No lo dudo, bonita, pero no quiero enfrentarme a Kenji cuando se le rompe un acuerdo, y creo que tú tampoco…Ya suficiente de eso tuvimos los dos hace diez años…- reí y fui hacia los dos tortolos. La verdad es que fue más fácil de lo que pensé, ellos, sin discutir dijeron que sí y fueron por sus cosas. Habían tenido bastante, en Osaka no debían salir mucho al no tenernos a Mal y a mí allí…debíamos ir más seguido para estar con ellos.

Me despedí de Lita que se había encontrado con unas chicas de su clase y planeaba quedarse más, y fui hasta Mal, que llamó a Diamante para irnos pues venían juntos. Los chicos y yo fuimos afuera para que yo pudiera fumar un cigarro y esperamos a los grandes, pero más grande fue mi sorpresa cuando vi a Ante salir con Berjerite abrazada por la cintura y susurrando en su oído mientras reía.

Todos subimos al coche y Mal me cargó en sus piernas, pues así íbamos mejor que cuatro apretados en el asiento de atrás; eso sí…la señorita iba muy cómoda en el asiento de adelante. En el caminó Mal me acarició el pelo y me decía en la oreja cosas para que me tranquilizara o para que me riera…y aunque logró que me tranquilizara, no me reí…simplemente me abstuve de cruzar con la tipa esa más que un "Hola".

Sé que Ante tiene lo que sea con ella, pero otra muy diferente es tener ese "lo que sea" delante de mí y verla comportarse "como si nada" después de todo lo que pasó…

El camino me pareció interminable, pero al final, llegamos a casa. Los visitantes se iban mañana, así que Mal se quiso quedar a dormir para despedirse mañana de Hotaru. Ami y yo fuimos directo a la cama y escuchamos por algún tiempo a los dos hermanitos charlando en la sala. Yo trataba de conciliar el sueño, pero mis pensamientos se veían distraídos tanto por la estúpida y el patán, como por Darien. ¿Qué estaría haciendo? ¿Cómo le habría ido en la conferencia? ¿Habría tenido muchas admiradoras? ¿Estaría durmiendo ya? ¿Se habría quedado con ese mismo deseo en la boca que yo tenía? Un escalofrío me recorrió la espalda sólo de acordarme de aquella noche; tenía ganas de verlo, de abstraerme del mundo con él…

Un rato después, Mal vino al cuarto de Ami y le preguntó si le podía cambiar el lugar porque él no cabía en el sofá. Ambas reímos y Ami fue a dormir con Hotaru. Yo seguía de malas, así que Mal me abrazó y me acarició el pelo sin decir nada, hasta que me quedé dormida.

Al día siguiente desperté sola y sin pereza, me levanté de la cama y dejé a Mal ahí, que parecía muy divertido hablando con él mismo, todo enredado en las sábanas.

Todos parecían dormidos, menos mi madre que estaba en la cocina, y quien deduje que sería mi padre en la ducha.

-Bon Jour.- dije cuando entré a la cocina.

-Bon Jour, Serena.- respondió mi madre, que ya estaba ocupada haciendo emparedados para el camino.

-¿Lo pasaste bien?-

-Muy bien, cariño, muy bien. Nos encanta visitarte.-

-Me alegro.-

-¿Y tú? ¿Lo pasaste bien anoche?-

-Bueno…en general sí…aunque en el bar habían algunos indeseables.-

-Ya…pero yo me refiero a en la noche.- se giró alzando una ceja.

-¡MA!- arrastré, evidentemente sabía que Mal había dormido conmigo.- ¡No pasó nada! ¡Sólo dormimos en la misma cama!-

-¡Ash! Eres tan poco divertida, hija mía…-

-Y tú tan chocante.- terminé riendo y fui a despertar a Hotaru al ver que mi padre salía de la ducha. Ella fue hacia el baño aún medio dormida. Dejaría dormir a Ami, no tenía que levantarse.

Cuando ella salió, me duché yo, y cuando salí fui a despertar a Mal, que se estiró como gato en la cama miles de veces antes de salir de ella.

-¡Anda ya!-

-No quiero…- se negaba.

-Mal…- dije con tono de mi madre.

-Vale, vale…Por cierto…hablaste dormida.-

-¿Ah, sí? Tú también.- terminé antes de ir a ayudar a mi madre con el desayuno. Mal se levantó eventualmente y fue a la ducha también. Me gustaba tanto tenerlo en casa, y cada faceta de nuestra relación me gusta mucho. Es muy extraña, y yo sé que nadie entiende que un día estemos revolcándonos en la cama y al siguiente simplemente durmamos como hermanos, pero así es, y es mutuo.

Con el ruido, Ami se despertó. Yo le dije que fuera a su cuarto, que ahora estaba libre, pero dijo que no podría dormir ya y se quedó ayudando a mi padre a volver el sofá cama a su lugar de sofá.

En breves, todos habíamos desayunado y la feliz familia estaba lista a partir. En fila, todos se despidieron de Ami, hasta el payaso de Mal, que la veía casi a diario. Luego me tocó a mí; mi padre, tranquilo como siempre, me dijo que me veía muy bien y que fuera más a menudo a casa. Mi madre me dio miles de besos y miles de consejos de última hora para la cocina: que si menos harina a esto, que si más sal a lo otro…y terminó con que fuera más a menudo a casa. Hotaru me abrazó muy fuerte, me dijo que lo había pasado muy bien y que esperaba que pudiéramos hacerlo más a menudo. Mal me dio un beso fuerte en cada mejilla y me dijo que nos veíamos mañana para comer con Diamante.

Por fin, le dije a mi madre que me despidiera de Shingo, y se fueron todos juntos a casa de Mal, a dejar a éste último y a recoger al chico Nintendo. Espero que su casa estuviera visible, sino, mi madre no se podría resistir y entraría a darles consejos de limpieza. Me suena a Mónica de Friends…siempre hay algo en la vida que me remite a Friends.

Cerré la puerta con cierta nostalgia porque se habían ido todos ya, y Ami, que me esperaba adentro, me miró elocuente. Ambas suspiramos, y minutos después, la propia Ami decidió que era hora de poner manos a la obra. Sacamos las sábanas de ambas camas, las metimos a la lavadora, los platos sucios al fregadero, nuevas sábanas, escoba…y bueno, en general a regresar el piso a la normalidad.

Mientras Ami lavaba los trastes, fui al supermercado a reponer todo lo que ya no había y de regreso compré una maceta nueva para la casa con flores moradas…pequeñas flores moradas…Fue algo cara, pero en invierno tan pocas eran las flores que se conseguían, como muchas las personas que querían algo de verde en sus casas.

Después de comer Ami se fue a su clase de danzas polinesias y yo fui al Dojo. En el camino me llamó mi madre para decirme que ya estaban casi en casa, que habían parado a comer y que el camino había ido bien. Hablé también un poco con Shingo, que me contó que lo había pasado muy bien.

Rei vino en la tarde a estudiar con nosotras, y como ya habíamos terminado todo lo que había que hacer en casa, nos pusimos en la mesa a seguir con la pila de trabajo.

Sobre las diez de la noche terminamos con la pila que Darien había dejado, tras uno que otro comentario sarcástico de Rei tipo: "bueno, ya que eres TAN cercana al profesor, podías decirle que nos perdone el trabajo".

Mi obvia respuesta era siempre una sonrisa fingida, y al final, debo decir que la tarde cundió porque adelantamos tarea de Andrew también. Andy se había portado sin duda mejor, y no había dejado trabajo extra durante su ausencia, pero había puesto un suplente para sus clases.

Estábamos las tres completamente muertas por el exceso de concentración, tanto así, que decidimos ir a la cama enseguida. Rei se quedó a dormir, lo cual me vino bien, así no sentiría la casa muy vacía de repente.

Ami fue a su cama y Rei vino conmigo a la mía. Cuando estuvimos metidas en la cama, curiosamente se nos fue el sueño, así que cada quien se puso a leer, hasta que un poco antes de las once sonó mi teléfono. Hice un gesto de extrañeza, pero rebusqué entre las cosas del buró y me apresuré a contestar sin mirar.

-¿Moshi, Moshi?-

-¿Moshi, Moshi?- repitió la voz serena y ronca del otro lado, yo reí un poco.

-Ya veo, soy tan genial que repites lo que digo.-

-Sabes que sí…- la sonrisa en boca debería haber sido difícil de disimular, al igual que los acelerados latidos de mi corazón.

-¿Qué tal va todo?-

-Muy bien.- hizo pausa.- Todo ha salido bien.-

-¿El PowerPoint salió bien?- rió.

-Sí…bueno un par de contratiempos, pero en general todo salió bien.-

-Me alegro, ¿has visto muchos lugares?-

-No tantos como me hubiera gustado, la única tarde libre Andrew me arrastró a un bar, y…bueno… ¿tú qué tal?-

-Muy bien, mis padres han venido y se fueron hoy por la mañana, y hoy…nada, en la cama a punto de dormir.-

-¿No has salido de fiesta? ¿Tú?- preguntó exagerado, yo reí.

-No, yo no he salido de fiesta porque he tenido un día extenuante haciendo trabajos extra que alguien sin escrúpulos nos dejó.- si Rei tenía alguna duda de con quién hablaba, lo acababa de comprobar y no perdió oportunidad de rolar los ojos.

-¡Qué mala gente hay por ahí!-

-En verdad que sí, ¿eh? ¿Y tú? ¿En qué andas?-

-No mucho, estaba por irme a la cama, pero me apetecía muchísimo darte las buenas noches.-

-Oh, qué genial de tu parte, me alegra mucho.-

-Sí, estoy cansado, así que también me iré a la cama en nada, pero vuelvo el sábado, quizá podríamos hacer algo en la noche, o el domingo.-

-Me parece genial, llámame cuando llegues.- sólo de pensarlo me emocioné

-Así lo haré, Pandora.-

-Que duermas bien.- le deseé

-Tú también.-

-Ciao.- terminé y él lo repitió.

Colgué la llamada, dejé el móvil en la mesa y me dejé ir en la cama con una gran sonrisa en los labios. Se acordó de mí en su viaje, y no sólo eso, sino que el recuerdo lo empujó a llamarme… a asegurar que nos veríamos el fin de semana. Mi mundo de castillos terminó por la sonrisa irónica de Rei.

-Insisto, podías haberle dicho que nos eximiera de la tarea.-

-¡Ash!- fue todo lo que alcancé a decir y me giré hacia mi lado de la cama. Apagué mi lámpara y cerré los ojos tratando de imaginar dónde estaba Darien, el hotel, su cama, si mira televisión antes de dormir… Rei al poco rato hizo lo mismo que yo y después de otro rato más, cuando estaba a punto de caer dormida, la escuché hablarme.

-Estoy contenta por ti, pero no me pidas que lo repita nunca más.- eso yo lo sabía bien, no necesitaba que me lo dijera, así que para dejar las cosas bien, no dije nada, sólo asentí un poco con la cabeza y me dejé llevar por el sueño.

La alarma del móvil de Rei nos despertó por la mañana, ella fue la primera en levantarse. Desde la cama vi cómo buscaba ropa entre mi closet y se dirigía al baño, así que después de unos minutos, me estiré perezosamente y fui a despertar a Ami. Ésta tardó en levantarse, pero lo hizo. Entre bromas me metí a la ducha cuando Rei salió y cuando terminé, me fui a buscar qué ponerme. Ahora sí que tenía un problema, con todas las cosas nuevas que había comprado, no sabía qué ponerme, pero de algo estaba segura, ¡Las botas rojas, nuevas!

Estuve buscando entre los vestidos una y otra vez, hasta que decidí por uno gris. Era lindísimo, suelto, algo corto, con botones desde arriba hasta abajo y caído por los hombros. Me lo puse y me comencé a desesperar cuando no encontré por ningún lado mis medias negras; no podía salir así, sin ellas, el frío era demasiado.

-Ami, ¿has visto mis medias negras?-

-No, para nada.-

-¿Tienes una para prestarme?-

-Tengo unas, pero tienen un hoyo justo en el muslo…- ¡carajo! No iban a servir…

-Déjalo, ya veré lo que hago…-

Bueno, después de todo lo que compre, pude haber pensado en medias…las rojas se estaban lavando…las grises tenían hoyos y las había tirado ya… ¡Ah! ¿Qué voy a hacer? Ya se me había metido en la cabeza ponerme eso y además se me estaba haciendo tarde.

Volví al cajón a ver si de casualidad se me había pasado verlas, pero no, no estaban. Hubo un corto momento de ilusión en que creí encontrarlas, pero eran mis medias con ligas. Las había comprado una vez para sorprender a Mal vestida de French Maid y habían servido para muchas cosas…Sí, eso era… me pondría las medias de ligas, a fin de cuentas, eran negras, y el vestido las cubriría, aunque quizá no sean tan calientes como las otras…en fin…

Rei entró en la habitación cuando me las estaba poniendo y moría de risa. Me dijo que era una necia, que podía comprar unas medias de regreso de la universidad y ponerme eso mañana, y quizá tenía razón, pero yo no quería y punto.

Me puse las geniales botas rojas nuevas y salimos hacia la universidad. Hubo clase con Setsuna y fue un poco fuerte. Sobre todo porque ella estaba muy enfadada con los más jóvenes por entregar ensayos horribles, y con una chica en particular por dormir en clase…yo nunca entenderé cómo alguien puede dormirse en una clase así.

Al salir me di cuenta de que era viernes, mediodía y de que al no estar Darien, ya no había nada más que hacer. Como siempre inventamos algo, pero para la gran energía que yo tenía ese día, fue muy poco…era como si quisiera correr, o bailar hasta que las piernas me fallaran.

Las chicas se habían ido después del café, así que pensé en ir a la oficina a adelantar trabajo. El sol había salido y era tan lindo que decidí tomar el camino largo para pasar por el pasillo soleado.

Iba tan distraída que casi no me doy cuenta que casi al llegar a la zona de oficinas, de frente a mí, venía Darien con un taco de folios en la mano. Tenía una gran sonrisa en la cara, me miraba y venía hacia mí. Me sorprendí enormemente de verlo ahí, igual que me alegré, pensaba que lo vería hasta el domingo, o el sábado por la noche. Tenía el estómago lleno de esas molestas mariposas que nunca sé cómo se meten ahí.

-¡Darien! ¿Qué haces aquí?- pregunté cuando lo tuve frente a mí, tan deslumbrante como siempre. Sonriéndole, para intentar que aún, conservando la distancia que era propia del lugar, entendiera mi sorpresa y mi gusto por verlo.

-¡Hola, Serena! Regresé antes de la conferencia, iba a avisarte, pero me ganaste.-

-¡Oh! ¿Tuvieron algún problema?-

-Nada, sólo que se canceló el último día de conferencias y pensamos todos que sería mejor volver y no acumular más trabajo, lo cual me alegra, ¿no te alegra?- me preguntó sonriendo con autosuficiencia.

-¡Por supuesto! ¡Sabes que sí! ¿Y tu conferencia qué tal? ¿Fue mucha gente? ¿Te aplaudieron mucho?- pregunté ilusionada y sin ánimos de dar batalla, él rió.

-Pues sí, fue bastante gente.- se metió la mano entre el cabello.- Aunque creo que si una cuarta parte de los presentes hubieran sido como tú, los aplausos hubieran valido mucho más.- reí.

-Tienes mucha labia, ¿lo sabes?-

-No, no miento, pero bueno, ¿qué hacemos hoy?- se acercó un poco a mí y juro que sentí su respiración por estúpido que parezca. Me alegre infinitamente de que enseguida me preguntara qué hacer para vernos más tarde; moría por besarlo, y el hecho de tenerlo ahí, enfrente a mí y no poder sólo lo hacía más interesante.

-Pues…quedé con Mal y Diamante para comer, entonces podíamos ir por un café en la tarde, así me cuentas cómo estuvo todo.-

-Oh, bueno…sí, podríamos ir por un café y luego te llevo a tu casa para la cena.-

-No es cena, es comida en el restaurante de Diamante. Yo digo que nos veamos después de la comida, así tenemos la tarde libre, ¿o tienes algo que hacer?- sonrió con los ojos.

-No tengo nada, mi día puede ser considerado tuyo.- insinuó.- Por eso estoy aquí, avanzando con el trabajo.- reí.

-Me parece perfecto, ¿a qué hora nos vemos?- estaba impaciente.

-Dime tú la hora.-

-Ah… ¿Nos vemos a las cinco y media en el café que está atrás del parque? ¿Sabes cuál?-

-Bien, perfecto.- dijo mirándome con intensidad. Me voy, Sere, nos vemos.- dije de repente y algo de prisa.

-Espera, ¿qué pasa?-

-Nada, es que si en verdad quiero tener la tarde libre, tengo que avanzar con todo esto, ¿no crees?-

-Seguro.- sonreí.- Es que te había notado algo raro.-

-No, despreocúpate, vengo algo cansado del viaje y en verdad tengo ganas de terminar con esto y pasar la tarde contigo.

-Vale, hasta al rato entonces.-

-Adiós, Pandora.-

Siguió su camino y yo el mío. Unos pasos más adelante, no pude evitar voltear, adoro su caminar, completamente erguido, con los hombros firmes…y su trasero…lástima que el abrigo no lo dejaba ver del todo. Justo cuando estaba por regresar la vista al frente, él giró la cara, y al verme me guiñó el ojo. Me puse roja, muy roja…y así llegué donde Setsuna. Gracias a dios, ella no estaba, debía de estar en clases o en junta, así que fui donde Kumiko y le pedí las llaves para trabajar un rato.

La verdad era que hice muy poco, si no es que nada. Estaba completamente distraída pensando en Darien y en verlo más al rato. Setsuna volvió después de un rato y se alegró de verme ahí trabajando, lo que me hizo entrar en concentración y ponerme en serio a trabajar.

Mal me llamó antes de las tres y quedamos de vernos en la entrada de la universidad para ir con Diamante. Los tres solíamos juntarnos de vez en cuando desde hace mucho, planeábamos cosas, charlábamos…Zafiro también viene a veces, pero esta vez estaba con Rei, que se tenía que ir ese mismo día a Osaka.

Diamante mandó a que no lo molestaran y felizmente, comimos una pasta cuatro quesos. Mal dijo que había oído de un gran concierto de Jazz de Nueva Orleans que vendría a Kyoto pronto, así que hablamos sobre ir, y zanjamos que así sería.

-Diamante, ¿me puedes dejar en el café de detrás del parque en un rato?-

-Sí, linda, claro. ¿Alguna cita?- preguntó.

-No.- dije guiñándole el ojo.- Sólo trabajo…-

-Ya, salúdame al maestro entonces.- me puse completamente nerviosa de oírlo, ahí había mucha gente de la universidad y Mal, que no sabía nada, aunque no estaba directamente ahí.

-¡Shhh!-

-Por Mal no te preocupes, está viendo postres…y por los demás, no seas paranoica. Este tema te está sentando algo extraño, además, no creo que Mal se moleste.-

-Pues yo creo que me diría de todo en plan Rei, ya sabes, "te estás arriesgando" bla, bla…y y pues… creo que sí se tomaría muy mal que yo no se lo hubiese contado, pero es que la situación es delicada y no quiero hacer esto más abierto y menos en dirección Osaka. Disculpa por ponerme rara.- terminé y le tomé la mano. Claro que quería gritar a los cuatro vientos lo que teníamos él y yo, que él tenía algo conmigo, pero no podía y no quería tener que estarme preocupando, no sé cómo lidiar con esas cosas.

-Nada, no te preocupes…- sonrió. Mal volvió con los postres, todos nos atascamos el pastel de chocolate, y antes de que pudiera decirle a Ante que era hora de irnos, Mal salió de ahí muy deprisa por cosas que tenía que hacer…cosas que no entendí, y que me quedó muy claro que no quería decir.

Diamante y yo salimos entonces, después de que avisara que enseguida regresaba. Cuando llegamos al café, antes de que pudiera bajar del coche, puso su cara de circunstancia. Pensé que iba a hablarme del otro día con su "amiguita", pero no fue así, lo que por un lado me agradó, pues prefería no tocar el tema.

-Oye, Sere.-

-Dime.-

-Sólo…cuídate. Vive mucho lo que tengas con él, me cae bien, lo sabes, pero…cuídate.-

-Gracias, lo sé…gracias por preocuparte. Te quiero, ¿lo sabes?- le dije abrazándolo. Su reacción me tomó por sorpresa, definitivamente me agradó y me avergonzó también, ambos teníamos situaciones que el otro no aprobaba del todo, pero él lo estaba tomando mucho más madura y comprensivamente que yo.

-Lo sé, yo también te quiero.- me palmeó la cabeza.

-Gracias por traerme.-

-No es nada…anda, baja que llegas tarde.- reí.

-Qué bueno que tus episodios de circunstancia duran poco.-

-¡Calla, bruja!- reí y bajé del coche.

Miré al café buscando a Darien, pero no estaba ahí aún. Escogí una mesa y me senté, pensando que la puntualidad alemana, que era cosas bien aprendida por Darien, había fallado esta vez. Cuando pasaron unos minutos más, saqué un libro de mi mochila para no desesperarme e hice como que leía, porque en realidad mi atención estaba dispersa, cada vez que escuchaba pasos, volteaba a ver si era él. Parecía no llegar, parecía que nada pasaba, hasta que di un salto de susto cuando alguien me puso las manos en los hombros, con esa precisa intención.

-Hola.- caminó sonriendo hasta quedar frente a mí.

-¡Darien! ¡Casi me matas del susto!- se rió, entonces seria, respondí.- La puntualidad alemana falló hoy.- pero mi comentario no hizo que parara de reír.

-No del todo.- dijo sacando una cajita de su abrigo.- Ábrelo, lo vi por ahí y no pude evitar pensar en ti.- tomé la caja completamente sorprendida y la abrí. Era una genial pulsera plateada con pequeñas cosas colgando. Eran todo tipo de cosas paganas, un cáliz, un árbol, una triqueta, un dragón…pensé por un breve momento en su muy misterioso tatuaje, para volver mi atención a mi nuevo regalo. Lo miraba y no lo creía, y cuando creí haber dado toda la vuelta a la pulsera, ¡un reloj! ¡Uno de los eslabones era un reloj! Un pequeño reloj que se confundía entre las demás cosas. Era precioso.

-¡Oh! ¡Darien!-

-Espero que te quede bien en la muñeca, no sabía si te gustaría, espero que sí.- dije revolviéndose el pelo.- De hecho, dicen por ahí, que cuando te regalan un reloj, más bien, tú eres el regalado al reloj.-

-Me encanta, ¿cómo supiste? No...No debiste.-

-¿Conoces el dicho, "ver más allá de lo evidente"? Pues bien, ese dicho es mío, y no es molestia, quise hacerlo.-

-Eres todo un estuche de monerías.- comenté poniéndome el reloj.- Hasta inventas dichos.- dije graciosa, sin poder abrocharme la pulsera.- Muchas, muchas gracias.-

-¿Te ayudo?-

-Por favor.- acercó su silla a mí y se agachó para abrocharlo. Cuando lo tuve tan cerca pude oler su cabello…moría por besarlo, pero quizá ese no fuera el mejor sitio. Cuando lo logró, nos quedamos mirando y en un movimiento, sin querer, tiré el estuche del reloj. Me levanté a recogerlo y él se levantó conmigo.-Hasta la caja es linda.- sonrió tomando mi mano.

-Te queda muy bien, creo que atiné.-

-Sí, me lo regaló alguien que me cae mal, pero el reloj es bonito.- reímos. Lo había echando de menos, no lo sabía, pero ahora ahí, me daba cuenta. Él sólo se me quedó viendo.- ¿Qué? ¿Qué pasa?- sonrió

-Nada, me agrada pasar tiempo contigo, aunque también me caigas mal-

-¿Entonces eres masoquista?-

-¿Y tú no? Fíjate que me has dicho lo mismo.-

-No, yo nunca dije que me gustara estar contigo, además, sólo hago labor social.- reímos sonoramente y decidimos ir por un café. Él pidió un Espresso y yo un Latte.

Regresamos afuera y hablamos largas horas sobre lo que pasó en la conferencia, me contó sobre las preguntas que le hacías, tanto las buenas como las tontas. Me contó cómo los recibieron y lo pesado que era dormir con Andrew roncando a un lado. En fin, un poco de todo. Cuando comenzó a oscurecer, me preguntó qué quería hacer, e ir al cine me pareció una buena idea.

-¿Quieres ir al cine, o ir a mi casa a probar mi tele de plasma?- dudé, no sabría decir si su propuesta tenía algo detrás, pero me decidí por quedarme a nivel de palabras.

-En el cine hay una que quiero ver.-

-Bien, vamos. ¿Qué película quieres ver?-

-Una de un ciclo de cine francés, pero si prefieres, podemos ir a ver Bob Esponja.-

-No gracias, no soporto a ese dibujo.-

-¿Cómo? ¡Pero si es muy gracioso!- me reí y él cambió su actitud.

-Vamos, Sere, no te burles, puede costarte la nota, ¿sabes?-

-¡Ah!- dije fingiendo indignación.- ¡Ya sabes quién te puedo oír, y no le van a gustar nada tus comentarios amenazadores!- seguí, mientras caminábamos fuera del café. Él, entonces se acercó a mi oído y susurró de la forma más seductora posible.

-No me importa si se molesta, esto es algo entre tú y yo, y pienso aprovechar el tiempo si te suspendo…las horas extras serían increíbles.- se separó de mí y me miró a los ojos. Yo tenía la piel completamente erizada por sentir su cercanía y no podía casi ni respirar por la agitación que sentía dentro. Me estremecí antes de responder.

-Y si es un asunto entre tú y yo, ¿por qué está mi calificación de por medio? Y lo más importante, ¿qué haríamos en esas horas para que fueran tan increíbles?- dije siguiéndole el juego en un tono entre serio y de niña buena.

-Pues poner en práctica muchos métodos que he aprendido a lo largo de los años.- me tomó del brazo para ir a su coche.

-¿Es esto una propuesta indecorosa? Porque yo estaría encantada de poner en práctica la lectura, la reflexión, el análisis, la buena alimentación…- enumeré como distraída, dejándome llevar.

-Pues eso puede ser, sin embargo, ya elegiste cine y a eso vamos…Por ahora…- me miró frío.

-No me mires así.-

-No te miro de ninguna forma, señorita.-

-Sí me miras de una forma.- hice berrinche.

-Entre en mi auto por favor.- dijo junto a mí, al lado de la puerta.

-Vale, si quitas el seguro, entro.- ante su tontería, los dos reímos. Una vez adentro seguí con el juego.- ¡Y sí me miras de una manera!- él hizo como que no me oía y sólo conducía.- Vale, pero en verdad que hoy no acabo de entenderte.-

-No es necesario que me entiendas.- siguió, con una sonrisa triunfante.

-¿Y qué es necesario entonces?-

-Que te dejes llevar.- me miró de reojo.- Y que veamos tu película…-

Cuando llegamos a la taquilla, pagué las entradas y le dije que el Póker del otro día era a quien tenía que dar las gracias. Entramos a la sala y nos sentamos hasta atrás, no había mucha gente, pero era normal que nadie quisiera ver una película sobre Luis XIV de Francia.

Casi enseguida de haber entrado y habernos sentado, nos abalanzamos uno sobre otro. Ambos reímos al notarlo, y el beso por fin llegó. Comenzó lento y profundo, deviniendo en uno desesperado, como si el mundo se fuera a acabar.

-Hey…- dijo a modo de saludo cuando nos separamos y nos quedamos mirando.-Tenía ganas de hacerlo desde que te vi en la facultad.-

-Y yo de que lo hicieras. Por cierto, parecías molesto.-

-No es nada, otro día te lo cuento.-

-Dime, anda…-

-La verdad es que es una tontería.-

-No me dejes con la duda, no es tontería, a mí me importa lo que te pasa.- seguí.

-Para mí sí lo es, así que no te preocupes.- me crucé de brazos.

-Eres muy alemán, ¿lo sabías?-

-Claro, pero no sé qué otra cosa esperabas que fuera.- me mordió la oreja, y volviendo al beso, olvidé lo que quería saber. Sin notar nada alrededor más que nuestras propias respiraciones, la película inició sin mucha atención de nuestra parte. Eventualmente decidimos dejarnos en paz y ver al Rey en todo su esplendor. Estábamos abrazados, yo recargada en su pecho y él con su barbilla sobre mi cabeza, acariciando mi pierna con la mano. De vez en cuando me susurraba algo sobre los subtítulos y se burlaba de Francia. Así, fue subiendo su mano por mi pierna, hasta que hizo un gesto de extrañeza y me volteó a ver sorprendido.

-¿Qué?- pregunté al ver cómo me miraba.

-Tú sabrás.- dijo por toda respuesta, y entonces recordé las medias que traía, sólo para sonreír para mí misma, y probablemente enrojecer algunos tonos. Después del gran descubrimiento, no dejaba de mirarme y precisamente a las piernas.

-¿Vas a ver la película u otra cosa?- le pregunté.

-Mmm…no sé…ambas suenan bien.- me miró de reojo, pícaro, y continuó como mirando la película aún con la mano en mi pierna, aunque esta vez un poco más abajo para subir un poco de vez en cuando.

Yo me iba haciendo más pequeña en mi asiento cada vez que sentía su piel cerca de la mía, rozando con mis piernas en donde se acababan las medias. Estaba claro que ninguno daba un penique por lo que pasaba en la pantalla, pero al menos Darien hacía muy bien como que sí. Quizá lo que lo delataba eran las miradas de reojo que me dedicaba, recorriéndome completa.

Me acerqué a él para volver a besarlo y pareció que ambos estábamos pensando lo mismo pues reacción enseguida. Cuando nos separamos, reímos por lo bajo.

-¿Que no me habías dicho que ver películas era tu obsesión? ¿No piensas ver esta?-

-Mmm…soy selectivo con lo que me gusta, con las películas también lo soy…- me miró regodeándose en el efecto que sabía perfectamente que tenía en mí.

-¿Eso qué significa?-

-Que…que me gustaría la película, sin duda, y que quizá cuando esté menos distraído la vea con más atención.-

-¡Qué falta de respeto al rey!- bromeé.

-Ya, o sea que a veces también te sale lo francesa…- me jaló de nuevo y me regresó a la posición anterior, bajo su barbilla, recargada en su pecho. No pasó mucho más para que la película terminara. Quizá, de lo único que me percaté fue de la excelente música que tenía todo el filme. Me puse de pie y miré a Darien muy mal, fingidamente.

-Eres un inquisidor.- mascullé y me seguí entre las filas.

-¿Cómo?- dijo él atrás de mí, me giré.

-Sí, no me dejaste ver mi película aún sabiendo las ganas que tenía de verla.- hice berrinche.

-Disculpa, pero es que en verdad, tus medias…me tienes que decir dónde las compraste, yo quiero unas iguales.- hice un gesto de "HA HA HA" ante su comentario, intentando no reír. Él me jaló por el brazo y me besó suavemente.

-Lo peor es que ni siquiera puedo acusarte de distraerme, tú no sabías que yo llegaba hoy.-

-Ya, es que eran para el Rey.-me reí y él me volvió a besar.

-¿Entonces? ¿Vamos a cenar?-

-¿A cenar?- pregunté como insultada.

-A cenar, me dijiste que no tenías planes después de tu comida, ¿no?-

-No sé…- hice como que pensaba.- Es que no quiero distraerte de tu comida.- rió.

-¿Comida Hindú?-

-¡Comida Francesa!-

-¡Sí mi capitán!- ambos reímos y salimos del cine.

Fuimos hacia su coche y después de perdernos un rato, llegamos a un restaurante francés. Como siempre las bromas no podían faltar, así que cuando el anfitrión nos vio con cara de no pertenecer allí, Darien me dio un codazo y yo entendí. Me saqué la torre Eiffel por la garganta y le pedí con todo mi francés que nos diera una mesa al reconocidísimo artista de talla mundial y a mí.

Claro que Darien daba toda la impresión de ser algún artista reconocido, y mi actuación no fue tan desdeñable, así que pronto estábamos sentados en una mesa haciendo todos los esfuerzos para callar nuestras risas. Si alguna se escapaba, alegaríamos ser parte del mundo bohemio y estar fuera de las exigencias de las sociedades frustradas.

El mesero que nos atendía se preguntaba probablemente por qué alguien que perfectamente pudo haber reconocido como francés, hablaba con acento; y por qué alguien que era japonesa, no. Porque, claro, para seguir con nuestro teatro, Darien ordenaba todo en francés.

-¿Está contenta la niña francesa ya?-

-No…-

-¿No?- abrió mucho los ojos y yo reí.

-Tenemos que encontrar otras formas de diversión, de lo contrario, en breves vamos a estar vetados en todos los restaurantes de Tokio.-

-No.- respondió como si fuera algo obvio.- Tokio es muy grande, no creo que lleguemos a todos, todos los restaurantes.-

Ordenamos vino y unas tablas con quesos. Amo comer así, es más informal, me siento como en la Edad Media. Me preguntó sobre la visita de mis padres, le conté sobre Hotaru y su maquillaje, sobre mi hermano, sobre el encuentro con Kaolinette y casi le cuento sobre el incidente con Rei y mi madre, pero no, no podía saber cosas como esa porque entonces tendría que explicarle también todo lo afectada que había estado, y eso no cuadraba con mi plan.

-Yo podría hacerte el trabajo en diez minutos, conozco tu tema, pero no quiero.- me dijo burlón cuando la charla se desvió a otros temas y en específico a la universidad.

-Yo nunca te dije que yo quisiera que mi hicieras nada.-

-¿Nada, nada?- se inclinó hacia mí con esa forma específica que tenía cuando quería saber algo y entornando los ojos. Me sorprendí al reconocer en él gestos para cada cosa. Seguía descubriendo miles de gestos nuevos en su rostro, formas nuevas de mirar…Era como si deseara poder mirarlo por largo rato, analizando su rostro sin que él lo notara.

La plática se desvió nuevamente y ahora hablábamos sobre el japonés y lo difícil que era, como uno nunca podía saber bien a qué se refería la gente al hablar.

-De verdad, es un idioma que me encanta, pero no sé, a veces me frustra pensar que hay cosas que nunca voy a entender.-

-No, pero no es así, hablas muy bien.-

-Gracias, pero no sé, es una de estas cosas que nunca terminaré de aprender, como hoy por ejemplo: tenía un documento del departamento con el que estuve cerca de dos horas, hasta que me rendí, no pude, demasiados Kanjis que no conozco…-

-Yo podría habértelo traducido en diez minutos, porque conozco el idioma, pero no quiero.- le regresé riendo.

-Yo nunca te pedí que me hicieras nada.-

-¿Nada, nada?- reímos con ganas y seguimos pidiendo vino ante la mirada extrañada del mesero, que ahora nos oía hablar animadamente en alemán. Nos trajeron el vino, seguimos tomando, Darien me recordó que teníamos un reto; ambos a beber vino y luego ambos a beber cerveza. Yo había dicho que él no me ganaría con el vino, pero ahora lo dudaba, estaba en ese momento en que sentía un exquisito cosquilleo por dentro; me sentía febril, cálida, caliente, sonrojada…de todo un poco. Quien lo viera no se lo creería, pero después de un rato, nos dedicábamos a escoger una mesa y ponerles conversaciones que era probablemente lo más alejado a lo que se hablaba ahí.

-No, te digo que no Hina, yo no metí el gato al microondas.-

-Ah, claro, y también me vas a negar que te acostaste con la bisabuela.-

-¡Estás siendo irrazonable! La bisabuela murió antes de que yo la conociera.-

-Claro, como si eso fuera un impedimento.- sentencié. Darien comenzó a responder mirando a la mesa, pero yo, yo me perdí en su mirada azul risueña. Él no me miraba, estaba absorto en responder a la broma, y yo nuevamente no podía aparta de mi mente la idea de haber visto ese brillo en los ojos alucinantemente azules de mi profesor.

Yo no respondí a lo que él dijo, entonces volvimos a reír tontamente. El restaurante se había vaciado casi y decidimos que era hora de volver a casa. Darien pidió la cuenta y la última botella para llevar, estaba casi llena. El mesero trajo la cuenta, Darien pagó y con la cabeza muy en alto, salimos de ahí, el recepcionista nos miró muy raro, pero igual seguimos en nuestro papel, haciendo como que el mundo era una obra de arte.

El coche estaba aparcado lejos, así que caminamos hasta él. Seguíamos con nuestras bromas, yo lo entrevistaba sobre sus famosas pinturas y él respondía altanero y arrogante. Así estuvimos, hasta que casi tropecé con algo caminando. Casi caigo, pero no, Darien me detuvo por la cintura, aunque no sólo hizo eso, sino que él fue el que hizo que me tropezara con su pie.

-¡Esta me la pagas, Chiba!- reclamé una vez de pie, aunque sin soltarme de él.- ¿Crees que puedes hacer conmigo lo que te plazca?-

-Primero, soy Schibar, y bueno, más que eso, es que creo que puedas hacer que pierdas el control por mi encanto natural…mira, hasta te tropiezas.-

-¿Ah, sí? Supongo que tu pie no tuvo nada que ver con eso.-

-No, es sólo mi encanto natural.- siguió, acercándome más a él y caminando de reversa hasta que topamos con su auto.

-¿Y eso? ¿Cómo lo sabes? Eres un maestro muy arrogante.- reté mirándolo a los ojos, ciertamente algo borracha.

-Eres una alumna muy impulsiva, Serena. A demás, ¿a qué le temes? Pensé que no le temías a nada.- me preguntó mirándome penetrantemente, frío, completamente controlado. Su pregunta me hizo contener la respiración, ¿a qué le temía? Desde que me encontré con él hoy, no había podido dejar de tener esa extraña sensación y se conectaba con la última vez que nos vimos. Las señales estaban ahí y eran muy claras, sin embargo, yo no sabía qué pasaría, ni si prefería quedarme allí o ir a más, así que decidí poner la pelota en su cancha.

-Usted es el maestro, debería ser el que mantiene la compostura. Yo soy sólo una alumna impulsiva, impactada por su profesor.-

-Pero en estos momentos no estamos en el aula, Señorita Tsukino, no soy su profesor, ni usted mi alumna, por lo que no veo por qué no invitarla a terminar la botella de vino a mi humilde morada, a menos claro, que tenga miedo.- me retó, pero el momento se estropeó porque los dos reímos.- No, ya en serio, ¿quieres venir a tomar una copa de vino? Aún es pronto…- bueno, eran las doce de la noche, la posición de la luna lo decía, pero era verdad que la noche aún era joven y que su propuesta me tentaba tanto como me asustaba. En el mismo estado que la Bella Durmiente al tocar la rueca, respondí, sabiendo que entraba en la boca del lobo.

-Sí, vamos, ¿cómo decirle que no a ese vino?- sonrió, nos separamos de su auto, me besó profundamente por un momento y ambos subimos.

En el camino íbamos cantando la única canción de los Beatles que dice cosas en francés, muy conveniente después de esta noche.

-Tú eres Michelle.-

-Ta belle?-

-Ma belle.- reí.

-Cantas bien.- opiné.

-Gracias, me gusta mucho la música, otro día te cuento esa historia, ¿tocas algún instrumento?-

-Sí, el piano y un poco de guitarra.- chasqueó la lengua como diciendo que no.

-Me retracto, dejas de ser Michelle, siempre serás Pandora.-

Nos quedamos callados un rato más, mirando a la nada, me fascinaba la forma en que conducía, tan duro, tan firme, tan rápido…Simplemente todo en él me incitaba. Cuando llegamos ante su casa, sentí como si el portón tardara años en abrirse, pero curiosamente cuando por fin estuvimos adentro, tardé en reaccionar.

-¿Quieres subir, o aún tienes miedo?- preguntó con su sonrisa torcida de inquisidor. La pregunta, aunque parecía parte de la broma que teníamos antes, no lo era en lo absoluto, y quizá ni él mismo sabía lo que encerraba en ella.

-Sí, tiemblo de miedo.- me burlé y bajé del coche, para seguirlo hasta el ascensor. En cuanto entramos me jaló por la muñeca hasta hacerme aterrizar en su pecho y me besó lenta y cadenciosamente, de tal manera que, cuando nos separamos me dejó deseando más.

Como si nada hubiera pasado, como si nada pudiera turbarlo, se separó de mí al detenerse el ascensor y ambos salimos. En su piso, los ladridos de Fritz nos recibieron. Me apresuré a quitarme el abrigo y Darien lo tomó de mis manos para colgarlo, mientras yo me agachaba a acariciar al perro. Oía a Darien caminar alrededor y pronto escuché a los Red Hot Chili Peppers sonar tenuemente por el lugar. Fritz enseguida se tranquilo, Darien se acercó a mí con una copa llena de vino, yo me puse de pie y el perro caminó hasta su cama. Di un trago al vino y Darien volvió al estéreo a subir un poco el volumen.

-Voy a darle de comer a Fritz.- avisó y despareció por un momento. Yo miré alrededor tratando de encontrarme a mí misma. Me quité los zapatos, los dejé al lado de la puerta y caminé por el pasillo hasta que me quedé mirando un cuadro al final de este. No miraba en realidad, sólo tomaba sorbos de mi copa, aunque no sé por qué, estaba ya bastante entonada… Tal vez alguna parte de mí pensaba que eso lograría calmar mis nervios…

Desde que puse el primer pie en el departamento esa noche, no había dejado de estar nerviosa. Me parecía que esta vez no habría vuelta atrás y eso no me dejaba reaccionar, como tampoco me dejaba pensar el hecho de dudar si en verdad podía creer que algo iba a pasar. Sabía que esa noche llegaría y lo deseaba con toda mi alma, pero..Darien…Darien era un hombre, en comparación con otros que habían pasado por mi vida…era tan…tan…dueño de sí, tan potente…Tal vez fuera una tontería, ya que yo estaba ahí, dispuesta a estar con él… pero…Por un momento eché un vistazo a la puerta abierta a mi lado izquierdo, su habitación; ¿cuántas noches y cuántas mujeres habrían pasado por ahí? ¿Cuántas habrían tenido acceso a su cuerpo?

Lo deseaba, y sabía que él me deseaba, pero en ese momento las inquietudes que me asaltaban eran…demasiadas.

Al lado de la pintura había un estante con libros, para despejarme por un momento me acerqué y miré los títulos. Había más de uno allí que yo sabía inconseguible…oí un ruido y miré hacia atrás, no había nada, pero no pude evitar mirar la silla de la mesa del comedor…si Andrew no hubiera llamado, sé que hubiéramos seguido hasta el final, lo sé, y sin embargo ahora me sentía temblar…Quizá estaba siendo tonta esperando que algo pasara y sería así…pero…no, yo simplemente lo sabía y era precisamente esa expectativa lo que me tenía así.

Sentí entonces cómo el brazo de Darien me cogió por la cintura y me pegó a él. Me giré para verlo, muy deprisa, muy nerviosa; él ya estaba aquí. No podía manejar la situación, no podía ocultar mis nervios; hoy, nada nos interrumpiría.

-¿Encontraste algo interesante?-

-Sí, sí.- me apresuré a responder.- Estos títulos son de ensueño, en verdad.- él asintió y sin dejar de mirarme penetrantemente tomó todo lo que quedaba en su copa y la dejó en el estante. Yo cogí un libro y empecé a intentar puntualizar algo sobre esa edición que yo llevaba años buscando. No podía entender su estado completamente controlado, y justo cuando pensaba que estaba logrando decir algo sobre el libro, por atrás de mí, lo cogió, lo cerró y sin ver lo metió en el estante.

-Mañana puedes ver el libro.- me susurró al oído.

-¿Mañana?- fue lo único que alcancé a decir.

-Sí, es tarde. Esta noche, quédate a dormir.- siseó entre un rogando y exigiendo. Sentí una descarga por todo el cuerpo, no podía responder y apenas atiné a girarme lentamente para verlo. Él estaba ahí, con su magnánima sonrisa torcida, mirándome a los ojos como intentando descifrar algo más, siendo perfecto espectador del efecto que causaba en mí y gozando la situación. De una zancada se acercó a mí, y cuando me di cuenta, me tenía atrapada entre su cuerpo y la pared, sólo para tortúrame esperando a que alcanzara mis labios con los suyos.

El beso comenzó lento, estaba claro que tenía una meta, poco a poco fue pegando su cuerpo al mío, profundizando el beso y estrechándome por la cadera. Yo sentía el corazón desbocado, no podía pensar, no podía moverme, él me inundaba completa. Con la mano me tomó por la nuca y sentí sus labios besarme con una pasión desbocada y contenida que hasta ese momento no se había hecho presente. Bajo la otra mano, sin dejar de presionar su cuerpo con el mío y la detuvo por fin en mi pierna, justo donde se terminaban las medias. Sin poder evitarlo temblé bajo su cuerpo y gemí ante su tacto, no podía más que hacer eso, la cabeza no me daba para mucho más, y para probarlo, sin poder hacer nada sentí cómo se me resbalaba la copa con vino aún por las sudorosas manos. Enseguida me moví, quise recogerla, pero Darien me regresó a ese lugar entre la pared y su cuerpo, sin prestarle la mínima atención al desastre en el suelo.

-Shhh.- me dijo rozando mis labios.- Tranquila, Pandora. No tendrás miedo, ¿verdad?- me inquirió como palpando si debía seguir o no, pero mi respuesta le dio el sí.

-Me pones nerviosa, aún ahora, lo sabes…- alcancé a decir con la respiración contenida.

-Eso me emociona a tal extremo, que ya no puedo razonar, y nada me entusiasma más que proba de qué está hecha tu piel.- susurró mientras me acariciaba el cuello con la nariz y subía poco a poco mi vestido. Yo estaba completamente excitada y lo estaba tanto como aterrada. Él, por otro lado, no daba muestras de nada, de nada.- Tranquila, sólo déjate llevar.- terminó mirándome la piernas con deleite, para volver a posar sus ojos en mí, y volver a besarme. Sus ojos no dejaban de mirarme, estaban oscuros; el magnífico azul de sus ojos se había transformado en el negro mar de las tormentas y yo, en el pobre barco atrapado en ella, rogando salir, rogando naufragar en la tormenta.

Me parecía en extremo estúpida esta situación; yo, completamente paralizada ante un hombre completamente contundente. Nunca me había pasado algo así, no sabía qué hacer, pero es que el sólo hecho de pensar que era él, de sentirlo a él, me ponía a temblar; es mayor que yo, tiene más experiencia, todo él es exuberante, chispeante, alucinante…poco de lo que yo pueda hacer lo va a impresionar, a golpear…

Desperté de mi estado cuando sentí su mano en mi cadera, por debajo del vestido. Gemí sonoramente, sólo para ser testigo de otra de las sonrisas malévolas de Darien. Siguió subiendo con sus manos y subiendo el vestido con ellas. Mis manos en consecuencia y completamente por sí mismas se posaron en su pecho y comenzaron a desabotonar su camisa, él como respuesta, dirigió su boca a mi cuello y antes de atacarlo mordió el lóbulo de mi oreja. Sentí un sacudón y me pegué más a su cuerpo, mientras con presteza me tomaba con una mano del muslo y enredaba mi pierna en su cintura. Gemí nuevamente al sentir su erección atrapada en el pantalón, rozar con el punto en el que se arremolinaban todas mis tensiones.

Mi temperatura se elevaba peligrosamente y sentía la sangre agolpándose en mis mejillas, estaba caliente, caliente y rendida. Soltó mi pierna y me despegó de la pared, aferrándome a su pecho ahora desnudo. Su cuerpo estaba igual de caliente que el mío, pero no pude parar en ese pensamiento, ya que sentí como me llevaba, caminando de espaldas, a su alcoba, sin dejarme pensar, atormentando mis labios con los suyos.

No paró hasta que sentí la cama chocar con mis piernas, entonces, se quitó la camisa, la aventó a un lado y poco a poco me sacó el vestido por la cabeza. No había luz en la habitación, pero bastaba la que entraba desde el salón para adivinar bastante certeramente las formas. Se quedó mirándome de arriba abajo unos segundos sin tratar de ocultar un segundo su interés.

-¿Cómo sabías que me gusta el negro?- me preguntó mientras bajaba la tira derecha de mi sujetador. La ropa interior negra siempre había sido mi favorita, y ahora me enteraba que la suya también. Esta vez fui yo quien volvió a besarlo, recorriendo su pecho desnudo, su espalda, hasta el borde de su pantalón. Sentí como posaba una de sus rodillas en la cama al lado mío y me reclinaba junto con él, hasta que sentí la cama en mi espalda.

Darien volvió a incorporarse y no dejó mirarme, como satisfecho. Yo me quedé paralizada, acosta ahí, siendo testigo de cómo los pantalones caían y eran pateados lejos de ahí. Seguro que debería ser una tortura para él estar atrapado bajo esos pantalones cuando todo en su cuerpo era perfecto y clamaba por estar a la luz…Sus piernas eran fuertes, torneadas…y fueron esas mismas las que se hincaron a cada lado mío. Mi atención estaba absorta en sus entallados bóxers negros, y en el notable bulto dentro de ellos…pero todo desvaneció cuando sentí su peso sobre mí, su piel contra la mía, ambos ardiendo. Estaba ya para estas alturas, completamente húmeda y mi respiración se reducía a incesantes jadeos.

Después de acostumbrarme a su delicioso peso, me besó potentemente, con agresión y yo respondí igual, si bien no podía pensar ni actuar por mí misma, podía únicamente responder a las demandas de su cuerpo. Él me mordía y yo le daba pelea, era como plastilina en sus manos, derretida ante él, pero con él. Sentía su lengua pasar por mis labios, sólo para atacarlos con los dientes y volver a calmar el dolor con su deliciosa lengua. Yo no me quedé atrás, mordí y jalé de su labio inferior todo lo que me dio la gana, hasta que nuevamente, me recordó que era él quien tenía el control.

Bajó sus labios hasta mi cuello, sin dejar de morderlo, siguiendo el camino de sus manos, que sin problemas se deshacían de mi sujetador. Nuevamente se detuvo a examinarme e inequívocamente, dirigió sus dedos a mi pendiente, repasándolo antes de llevárselo a la boca. Mis pezones estaban duros, mi cuerpo suave y húmedo y todo estaba a su merced. Con la lengua daba vueltas a mi pezón y lo demás era manda de nuestros cuerpos, que se frotaban entre sí, simulando las envestidas por venir, sólo impedidos por la insignificante ropa que quedaba puesta.

Su erección me torturaba tanto, que llevé mis manos a su trasero y lo pegué a mi cuerpo. Mi recompensa fue inmensa; un ronco jadeo salió de sus labios, mientras sin dejar de atormentar mis pechos con su boca y sus manos, giraba sus ojos para encontrarse con los míos. Supe entonces que no había experimentado nunca en la vida nada tan erótico como mirarlo a los ojos mientras tenía uno de mis pechos en su boca.

Dejó lo que hacía con una de sus manos, y fue bajando, delineando todo mi costado, hasta encontrarse de nuevo con las medias y tirar de las ligas, delineando mi muslo. Se separó del pezón que tan magistralmente complacía para mirarme hacia el sur, y sin dejar de hacerlo, dirigió su mano a mi muy húmedo centro, por encima de mi tanga. Se deleitó al sentir que aún a través de la tela podía sentir la humedad y puso presión, haciéndome gritar. No se detuvo mucho ahí, pronto hizo a un lado la tela y nos encontramos piel con piel: sus dedos con mi vagina.

Pasó su pulgar por mi clítoris, yo no pude más que aferrarme a la colcha de la cama y gemir con la cabeza echada para atrás. Sabía que me miraba, sabía que lo disfrutaba, sabía que era consciente de que me transgredía y sabía también que ser el amo absoluto era su vocación.

Sentía mi humedad saliendo de mí, sentía su mirada, su peso, sus dedos colándose por mis pliegues y empezar a moverse. Con la boca abierta jadeaba, ningún sonido salía de mi boca, no era posible, sus dedos era delicados y contundentes, y me invadían toda.

Cuando pude moverme, levanté la mano y la colé por debajo de sus bóxers, hasta tocar su delicioso trasero, y él volvió con su boca a mis pechos, sin dejar mi humedad con sus dedos. Mis pechos estaban hinchados, al igual que mis labios después de todas las mordidas propinadas, pero no me importaba, quería que me mordiera de nuevo…

Se separó abruptamente de mí, me incorporé levemente sobre la cama para ver por qué. Estaba de pie ante la cama y se agachó hasta alcanzar mi tanga, y deslizarlo fuera de mí; lo mismo hizo lentamente con cada una de las medias, y de repente, ahí estaba yo, exhibida completamente ante mi profesor, olvidando este hecho por el simple otro hecho de que toda mi atención estaba en ver, con la respiración contenida, cómo comenzaba a bajar sus bóxers.

Cuando estos cayeron, dejaron al descubierto el perfecto y muy duro miembro de Darien. Rosado, tan largo como ancho…dudé severamente si entraría en mí sin problemas, pero aunque así fuese, con gusto ahogaría esos gritos de dolor, con tal de tenerlo dentro, muy dentro.

Esta vez, como felino volvió a la cama y apoyado en sus cuatro extremidades se acercó a mí. Yo, me retorcía suavemente sobre la cama, esperando a que llegara a mí. Era tan condenadamente sexy y misterioso…aún ahora conservaba ese aire superior, frío. Estando en la cama, observándolo, el mundo de repente se mostró ante mí, mis sentidos se desplegaron y fui consciente de todo lo que pasaba a mi alrededor; los Red Hot desde el estéreo, la tenue luz que entraba desde el salón, el olor de la cama, la humedad en el aire, el perfume de Darien chocando con su piel y las suaves sábanas negras debajo de mí.

Aún no sé cómo logra permanecer ecuánime, está claro que arde por dentro igual que yo, pero a la vez, parece tan controlado y frío que me provoca aún más poseerlo.

Cuando llegó hasta mí y se dejó caer sobre mi piel, llenó de besos mi cuello. Nuestras pieles ardían y cuando entraron en contacto total, ardieron aún más. Con los dedos recorrió la piel entre mis senos, mirándolos con atención.

-Así quería tenerte…eres tan suave…- sentenció casi en mis labios y se estrujó contra mí. Una nueva ola de excitación me recorrió cuando sentí su miembro completamente erecto rodear mi humedad, y como hipnotizada, estiré mi mano hasta sentirlo entre mis dedos. Dejé vagar mi mano por toda su longitud completamente extasiada. Sus ojos azules se oscurecieron aún más, cambiaban con su humor, y esta vez, fue él quien echó hacia atrás la cabeza y soltó un ronco gruñido desde lo más profundo de sr garganta.

Sólo de oírlo gruñir, gemí en su oído. Me aferró a su cuerpo moviendo su cadera contra la mía y olió fuertemente mi cabello mientras con la mano recorría mis piernas hacia arriba, hasta mi núcleo. Pensé que nuevamente me torturaría, pero eso tendría que esperar un poco, vagó con sus manos hasta mi trasero y lo aferró con los dedos para pegarme más a su gran erección. Entonces volvió a mi sexo y volvió con los dedos, adentrándose en mis pliegues, yendo cada vez más profundo. Como el mejor de los espectáculos, vi cómo separó su mano de mí para llevarla a su boca, llenar sus dedos de saliva y volver a mi vagina, humedeciéndola aún más; estaba al tanto de lo que se decía por ahí, las japonesas somos estrechas, y al menos conmigo era verdad. El momento estaba cerca.

Me dominaba y yo me dejaba dominar. Tenía quizá decisión en cuanto a lo que hacía con mis manos, que vagaban por su cuerpo completo desnudo y por su miembro en específico. Era el mayor de los altares y estaba ante mí; con el cuerpo finamente sudado, con el cabello desordenado y completamente erecto por mí. Su piel suave, tersa y fuerte me encerraba, al igual que sus labios que volvieron a los míos para morderme con desesperación.

Cuando el aire nos faltó, se separó de mí, y como haciendo acopio de toda su fuerza, se movió en la cama hasta alcanzar el buró con la mano. Abrió el cajón y sacó algo, no había que pensar mucho para saber qué era.

Dejó el paquete al lado mío, me volvió a besar y se volvió a llegar las manos a la boca para terminar entre mis pliegues, llevándome casi al delirio total y deteniéndose a pesar de mis gemidos.

Se puso de lado, y casi sin ver, tomó el condón, lo abrió, se lo colocó. Tomó una de mis piernas, delineó toda su longitud y al terminar se la llevó alrededor de la cadera, situando la punta de su pene en mi entrada. Me miró directo a los ojos sin separar la mirada, con sus piernas quitó de en medio la mía y con la mano guió su primer movimiento.

Escalofríos potentes me recorrieron completa cuando sentí la punta dentro de mí, él sonrió y me torturó más; ahí, quieto se quedó por largos momentos. En mi desesperación, escuché al mundo nuevamente; el mundo se llamaba Californication, y eso era curiosamente todo lo que había alrededor, además de nuestras propias respiraciones agitadas. Cuando me removí con las caderas pidiendo más, me complació, y lentamente fue entrando en mí. Hubo un momento en que pensé que no podría ir más allá, pero se movió levemente, como abriéndose camino, y con una envestida y un potente gemido suyo, me llenó completa.

Yo gemí también, pero por lo bajo, no podía articular palabra coherente, estaba ardiendo materialmente, mi cuerpo entero estaba húmedo y sentía el calor desbordarse exponencialmente desde que me penetró. Su miembro estaba caliente, y sólo de tenerlo dentro, pensé que iba a terminar ahí mismo.

Ambos nos quedamos quietos un segundo, acostumbrándonos el uno al otro. Sus ojos me miraban con maldad y lujuria y yo no podía despegarme de ellos, menos aún cuando comenzó a moverse sobre mí, envistiéndome poco a poco, profundamente. Me aferré a él, ardía, era grande, pero era completamente delicioso. No tenía que moverse siquiera para hacerme delirar por él, estaba llena de él hasta adentro.

Él estaba recargado en sus antebrazos, yo recorría su cuerpo con la punta de mi pié, mientras que la otra estaba firmemente aferrada a su cadera. Todo finalizaba con su mano torturando mi pezón y su nariz recorriendo mi cuello para luego volver la cara y mirarme profundamente.

Aún en este momento no dejaba de estar completamente nerviosa, yo no mandaba en mi cuerpo, solamente lo recibía en mis caderas, en mi núcleo más interno. Estaba como pasmada, no me preguntaba los motivos, y juro que mi cuerpo fluía con el suyo, pero simplemente me superaba y no podía dejar de pensar que debía acabar con este sentimiento de nervios, de inmovilidad.

Él no dejaba el ritmo que había marcado, mostrando a mi cuerpo qué ritmo seguir, lento y profundo, casi salía de mí para volver a entrar y arrancarme los más desquiciados gemidos cada vez que lo hacía; hasta que inesperadamente giró conmigo, quedando yo encima de él. Con las manos tomó mi trasero y sin perder el ritmo siguió moviéndome sobre él y embistiéndome. Mi cabello caía sobre su pecho, y el suyo dejaba entre ver sus ojos completamente cargados de deseo.

-No sé por qué creo que aún estas tensa, Pandora.- susurró en mi oído. No pude responder, no supe cómo, sólo lo miré a los ojos sin saber cómo explicarle que me superaba.- Tengo una idea.- propuso irguiendo mi cuerpo sobre el suyo.- Enséñame cómo te gusta, cómo he de complacerte.-

Tiré la cabeza hacia atrás al estar en esta posición y sentir su penetración aún más profunda. Me destanteé por un momento, ¿desde cuándo la alumna le enseñaba al maestro? Pero, nuevamente caí en la cuenta de que aquí, quién dominaba era él, y me estaba mostrando cómo relajarme.

Puse mis manos en su pecho al principio y comencé a moverme sobre él. Cuando encontré un ritmo, me solté y me erguí completa, haciendo movimientos circulares con mis caderas. Él sólo me observaba y de cuando en cuando cerraba los ojos y gemía. Inevitablemente me dejé ir con mi cuerpo y me sentí dar toda, relajarme toda. Llevó sus manos hasta mis pechos y yo comencé a agitarme más rápidamente, y, para mi sorpresa, él gimió aún más, más y más sonoramente, llevando sus manos a mis caderas y profundizando cada movimiento mío, hasta que sin previo aviso, me tomó también por la espalda y giró nuevamente conmigo, hasta quedar encima él y aprisionar mis manos sobre mi cabeza con las suyas.

Sentí la presión de su peso apoyado en mis muñecas y con sólo ver sus ojos, pude ver el infierno desatado. Me llenó, me inundó una y otra vez, devastándome completamente. Ya nada detenía mis gemidos, y mis piernas estaban firmemente enrolladas en su cintura. Podía ver su rostro brillar sudado, los mechones de su negro cabello cayendo sobre su frente y sus ojos asomarse entre ellos; vendería mi alma por esta imagen.

Hechizante y furioso, llegaba en su fricción contra algún punto misterioso en mi interior, llenando todo de éxtasis y obligando a mi cuerpo a responder a sus mandatos. Soltó mis manos, me aferré a él y tomó mis caderas para profundizar la penetración, y movía las suyas hacia adelante y hacia atrás, apoyado en sus muslos, de la forma más impactante posible, tanto, que deseaba salir de ahí, sólo para tener el placer de estar detrás de él y ver cómo lo hacía.

Las embestidas eran cada vez más rápidas, colocó su mano bajo mi trasero y levantó aún más mis caderas profundizando más y haciéndome perder la razón en absoluto.

No fui siquiera consciente en qué momento comencé a convulsionarme y perdí control de mi cuerpo totalmente, hasta gritar tendidamente y quedar a su merced. Sonrió y aceleró una vez más sus movimientos, llevándome a tensarme nuevamente, a desear más y a ser satisfecha nuevamente con otra ola de temblores ajenos a mi mandato, con otro fabuloso orgasmo. Entonces, él gimió también, lenta y tendidamente, como si desgarrara su garganta sacando el más grave de sus sonidos. Me sostuvo muy cerca de su pecho, besándome muy por encima, mientras nuestros cuerpos se relajaban lentamente y mientras aún podía sentir los restos turbulentos del orgasmo en mí.

Se dejó caer aún dentro de mí. Llevé mis dedos a su cabello, estaba húmedo y sudado, y apreté mi interior, estrujándolo dentro de mí, gimió de nuevo y alzó los ojos hasta verme, esta vez, aún con la poca luz, vi que habían regresado a su tono normal. Le retiré los cabellos de la frente y me volvió a besar muy por encima, mientras llevaba la mano hasta su miembro y salía de mí.

-Ahora vuelvo.- susurró sobre mis labios. Se levantó y se fue al baño de la habitación. Entrecerró la puerta y yo me quedé mirando alrededor, arrebujada sobre mí misma, pensando en todo lo que había pasado. Ese día, las pistas habían estado todo el tiempo ahí, su mirada, sus acciones…y ahora, yo estaba en su cama, portando sólo el reloj que me había regalado. Me sentía tan extraña, tan feliz, tan familiar, tan nerviosa otra vez y todavía…Él era, simplemente, diferente a todos los demás, era hechizante, y esa era mi respuesta.

Desde donde estaba podía ver a Fritz echado en su cama, la mesa, uno de los sillones…la música sonaba aún, Otherside…eso era…estaba en otro lugar…del otro lado, sentía mi piel enfriarse y sentía como toda la humedad del sudor refrescaba el ambiente. Me estiré hasta el buró, cogí un par de pañuelos, me limpié, los arrojé al cesto y volví a mi posición arrebujada.

Darien salió en nada del baño y me sonrió, antes de dirigirse a la sale, completamente desnudo, consciente de ello, cómodo con ella y portándolo por orgullo. Su andar garboso era insuperable y a pesar de que se perdían detalles por la luz, podía ver los músculos de su trasero y de su espalda baja moverse acompasadamente, pero mi mayor sorpresa llegó cuando subí los ojos un poco más; un poderoso Dragón montaba toda su espalda, terminando casi en su trasero.

Ahogué un grito por la sorpresa, era impactante, era enorme, abarcaba todo: la espalda entera, parte de los hombros…negro, imponente…perfecto para él. Aún entre las sombras podía verlo moviéndose sobre su espalda cada vez que se movía…debió haber dolido…No podía salir de mi asombro…Darien se movió por el salón, apagó la música, apagó las luces y se giró para volver. Era tan impresionante su andar, alumbrado sólo por las luces que entraban de afuera, seguro, despreocupado, desnudo y con ese imponente Dragón en la espalda…Recordé la última canción; "Once you know you can never go back" Era así en verdad, ya nada sería lo mismo, estaba del otro lado.

Entró en el cuarto, cerró las cortinas y se acercó a la cama. Encendió la pequeña luz del buró y me tendió la mano. Sin entender la tomé y él me movió un poco de mi posición para poder abrir la cama. Me metí entre las sábanas y Darien me siguió, tapándonos a ambos y acercándome a él. Me besó sin pausas pero sin prisas, mientras me abrazaba pasando su brazo por mi cintura. El otro brazo me servía de almohada.

Nos separamos y nos miramos a los ojos, como estudiando la cara del otro. Nada más así, no había nada más que mirarnos. De vez en cuando sonreíamos, pero la verdad era que yo estaba muy, muy perdida en su mirar. Analicé con detenimiento todo su rostro: su nariz, larga y recta; sus labios, igual de hinchados que los míos, y así seguí, hasta que entré en un extraño trance sólo mirando sus ojos.

-¿Tienes hambre? ¿Quieres comer algo?- preguntó sin moverse y sin dejar de mirarme.- ¿Sed?- negué de nuevo con la cabeza, él sólo sonrió. Estaba perfectamente bien así como estaba, entre las sábanas, entre sus brazos, entre sus ojos…

Lentamente sentí como Morfeo se iba adueñando de mí, los parpados se me cerraban, y una sonrisa muy tonta estaba pintada en mi cara. No luché más y tras echarle un vistazo a Darien, hablé por primera vez en mucho rato.

-Creo que si me voy a quedar esta noche.- él sonrió y yo cerré los ojos.

-Dormir no es arte pequeño: se necesita, para ello, estar desvelado el día entero.- sonreí inevitablemente, esto era insuperable, nunca había estado en los brazos de un hombre de ese talante, que además, citaba a Nietzsche para mí, antes de dormir.

Cuando me relajé, lo último que percibí fue a Darien moverse un poco para alcanzar la lámpara y apagar la luz. Volvió a su posición anterior y se acomodó un poco, después, todo eran nuestras respiraciones.

La próxima vez que abrí los ojos, miré a mi alrededor sin comprender del todo. Me tallé los ojos y me di la vuelta en la cama. Pretendía dormir más, hasta que vi la lámpara de mesa. Entonces los recuerdos me vinieron a la cabeza, recordé que estaba desnuda…Darien…estaba en su cuarto, en su cama…sonreí tontamente al recordar la noche anterior. Nuevamente me di vuelta en la cama, Darien no estaba ahí…me dispuse a dormir más pero no me fue posible. Me levanté y fui hasta el baño, la puerta estaba abierta, Darien no estaba ahí tampoco. Me lavé la cara, tomé agua, me arreglé un poco el pelo y cuando pensé que estaba presentable pensé en salir, detenida sólo porque mi imagen en el espejo me recordó que estaba desnuda…lo cual en realidad, no debería de importarme, pero…justo en eso, en el reflejo del espejo vi una bata colgada detrás de la puerta. Era una bata de seda color amarillo imperial, evidentemente china, con dragones rojos surcándola. Fui hasta ella, me la puse y lentamente salí del cuarto sin hacer ruido. Darien estaba de espaldas a mí, sentado en la mesa, leyendo con Fritz a su lado izquierdo en el suelo y con una gran taza de café, como las de Friends. La copa rota y la mancha habían desaparecido.

Me acerqué lentamente hasta quedar al lado de él y recargarme en la mesa. Llevaba puestos unos bóxers negros y una camiseta de tirantes del mismo color. Estaba absorto en su lectura y se dio cuenta de mi presencia hasta que Fritz se movió y comenzó a mover la cola.

-¡Hey! ¡Buenos días! ¿Quieres algo de desayunar? ¿Café?- sonrió y habló enseguida me notó ahí. Me froté la cara con una mano y con la otra le hice una señal de que se detuviera, él se calló entonces y me miró esperando mi respuesta y poniéndose de pie.

-No, no…sólo café, aún no puedo comer nada.-

-Très bien.- respondió, entonces me di cuenta de que había hablado en francés…así es esto…necesito media hora antes de hablar un idioma extranjero. Él se movió para ir por el café, pero negué nuevamente con la mano y fui yo.

-¿Llevas mucho tiempo despierto?- le pregunté desde la cocina, aún en francés.

-Más o menos, pero no te quise despertar y vine a la sala…te veías tan tranquila dormida.- alcancé la leche y puse un chorro en mi taza antes de salir y volver a recargarme en la mesa. Tomaba pequeños tragos de mi taza y sólo me disturbé por mi piel completamente erizada tras su comentario que hacía más evidente que acababa de dormir con él.

-No noté cuando te levantaste… tu cama es muy cómoda.-

-Sí, me encanta que sea así, aunque no soy de disfrutar de su abrigo como cierta personita que se enrolla toda en su manta, ¿verdad?-

-¿Yo? ¿Te quité las mantas? Espero que hayas dormido bien…que no te haya pateado toda la noche.- me puse nerviosa de repente, él rió frescamente.

-A mí no me quitaste nada, sólo recordaba lo que me dijiste de tu propia cama y de tu manda como Linus de Charlie Brown.- reí un poco y bajé la mirada.- No me pateaste, y si lo hubieras hecho, creo que no lo hubiera notado.- se volvió a sentar y me jaló para quedar sentada a horcajadas sobre él.

-¿Dormiste bien?- pregunté completamente roja y mirándolo a los ojos.-

-Muy bien, ¿tú?- me quitó la taza de las manos y la puso en la mesa.

-Bien…- pero no me dejó terminar de responder, me besó y sin mayor ceremonia soltó el nudo de la bata. Cortó el beso, me miró y echó la bata hacia atrás, que más bien cayó por su propio peso. Volvió a besarme y sus manos me invadieron, dirigiéndose directamente a mis pechos, y uno de ellos, el del pendiente, a su boca…parecía que le gustaba. Gemí tomándolo del cuello. Estaba toda desnuda sobre él…volvió a besarme y esta vez tiraba con los dientes del pendiente de mi lengua. Sus manos siguieron vagando por mi cuerpo hasta posarse en mi trasero y pegarme a su cuerpo, friccionándome contra su erección.

Los dos jadeamos con la boca abierta, moviéndonos contra el otro. Sentía su dureza contra mí, y en menos de lo que canta un gallo, estaba húmeda y lista para él, deseando por él. Por sí mismo lo pudo comprobar cuando hundió sus dedos en mí.

Sin perder el tiempo, me tomó por el trasero levantándome, y me llevó hasta la habitación. Me dejó sobre la cama, se giró al buró, se puso el condón y separando mis piernas con las suyas, se hundió nuevamente en mí sin preámbulo, aunque lentamente, hundiéndome en la cama, hasta que cayó rendido sobre mí y ambos nos recuperábamos.

Después de eso, nos quedamos en un estado de contemplación espiritual, ni dormidos, ni despiertos, hasta que los ladridos de Fritz nos despabilaron. Me froté los brazos con las manos, hacía frío. Al notarlo, lo hizo el por mí.

-¿Te arropo?- preguntó mientras me tomaba por la cintura y me acercaba a él.

-Sería muy amable de tu parte.- me pegó a su pecho y me besó.- No sé por qué, pero sospecho que vas a hacer lo contrario a arroparme.-

-¿Dudas de mí? Pero si soy un santo.-

-Ayer no me quedó muy claro eso.- dije sin mirarlo a los ojos, hasta que él me levantó la barbilla y me miró.

-Bueno, quizá mi no lo pasaste bien por mi falta de santidad, Si es así, dime, para especializarme más, practicar…-

-Lo pasé muy mal.- ironicé interrumpiéndolo y tapándome toda con una sábana.- Mis gemidos delataban lo mal que lo estaba pasando.

-¿De verdad?- tiró la sábana y me besó.- ¿Te quedas a comer? ¿Tienes hambre?- cambió de tema.

-No puedo, tengo un almuerzo con las chicas y si no llego, no sabes la ronda de preguntas que me va a caer.- dije con pesar por no poder quedarme, aunque si he de admitir algo, también quería ir a mi casa, a mi espacio, a mi lugar de seguridad…ducharme, vestirme…

-Que te las hagan.-

-Y si me las hacen, ¿qué respondo?- lo reté.

-Que estuviste con el dios del sexo en persona.- soltó riendo.

-Aha.- me puse roja.- El dios del sexo, que por casualidad es mi maestro. O sea, en pocas palabras, la respuesta sería algo así como: ¿me acosté con mi profesor?-

-Si quieres decirlo así…- asintió y movió la cabeza.- No tengo líos, pero me gusta más el título anterior.- lo empujé del hombro.

-¿Ya no tienes líos con eso entonces?-

-Un poco, pero aprendo a superarlo. Al fin y al cabo, es nuestra realidad, ¿verdad?-

-Sí…suena raro, ¿no? "Me acosté con mi profesor"- repetí a ver cómo sonaba, sin poder evitar que la sola idea me pareciera excitante…

-Pero no lo pongas así. Puedes decir que te acostaste con un chico muy, muy guapo, que además es tu profesor y que es tan bueno que te enseña TODO tipo de cosas.- reí.- Es educativo, ¿ves?-

-Sí, por eso me mandaron mis padres a la universidad. ¿Y tú? ¿Cómo lo pondrías tú?-

-Mmm…pues en mi caso, si tuviera una banda de amigos que saben de lo nuestro, diría que tuve un genial encuentro con una linda chica que es la mejor alumna de mis clases, y que a pesar de ser eso, ha logrado vencer mi lógica y no querer que se vaya de mi cama.- me besó por encima. En eso miré el reloj y me incorporé en la cama, sobresaltada.- ¿Qué pasa?- me preguntó.

-Tengo que ir a la comida con las chicas y antes tengo que pasar a casa a ducharme y a cambiarme.- tomé la bata para cubrirme y me levanté…pasaban ya de las doce.

-Tranquila…- dijo mientras me tendía mi ropa. Yo la tomé y me fui al baño a vestirme.

-Ya sabes cómo son…- Además, es una cosa de tradición.- le entregué la bata.- No me quiero perder los chismes de la semana.-

-Vale, creo que los chismes son importante.- dijo riendo. Caminamos hasta la puerta.- A mí me toca salir de mi cama aburrida y calificar cosas.-

-¿Tu cama aburrida?-

-Sí, ahora va a estar aburrida.- reí y me puse las botas. Todo estaba bien hasta que tuve la puerta en frente de mí y me di la vuelta para despedirme de él, entonces todo volvió a ser como ayer…

-Lo pasé bien.- fue lo único que se me ocurrió decir mientras me ponía el abrigo.

-¿Eso es todo?- rió y yo me puse muy, muy roja. Me jaló entonces hasta él y me besó.- Yo dormí bien y lo pasé muy bien.- ante su comentario, abrí la boca una y otra vez, pero no encontraba las palabras, nada salía. Nuevamente me acercó a él y me besó, con un beso que casi me hace perder la cabeza y no ir a ningún lado, fuerte, exigente, profundo, y todo esto, sumado a sus manos en mi cintura. Se separó unos centímetros de mí y pegó su frente con la mía.- Te llamo en un rato.-

-Llámame en un rato.- repetí, cogí mi bolso y me di la vuelta para salir. Darien me giró, me dio un beso por encima y observó recargado en la puerta hasta que me subí al ascensor, lo cual me ponía nerviosa, incómoda y de todo, pero a la vez me alegraba que lo hiciera y no ver la puerta cerrarse.

Mientras caminaba a casa con el aire frío en mis mejillas, todas mis ideas de siempre volvieron a atacar mi cabeza. Eran tantas, que decidí escoger la más pertinente y urgente, porque esta vez no me podía evitar. Por idiota que pareciera, en ese momento, lo que escogí para reflexionar fue la incesante ronda de preguntas que recibiría…no había llegado a dormir, no había duda al respecto de lo que había pasado…y lo peor, es que no tenía ninguna intención en ese momento ni de hablar de ello, ni de responder preguntas, y de hecho, no quería compartir por ahora ese momento mío y de él con nadie más.

Entre todo, me vino la idea de que si miraba toda mi semana, encontraría un collage muy gracioso... de mis padres en casa, a yo durmiendo con Darien...sin duda, una semana interesante... y aún le quedan dos días...


Desde el lejano Asgard!

¿Qué dijeron? ¿Ya se va cada quién a dormir a su casa? Pues no! Hahahahaha. Bueno, tengo que decir que traigo este chap temblando de pies a cabeza…No sé ya ni qué estoy subiendo, pero me ganó la emoción y lo subí. Ya ven que fui buena y que no los dejé así por mucho más tiempo, actualicé muy prontito.

Les deseo a todos un Feliz Solsticio de Invierno y buen 2010.

Saludos y hasta la próxima!