DISCLAIMER: Yuri on Ice no me pertenece.


-¡Yuuri! ¡Yuuri!

Al oír que lo llaman se despereza lentamente, aún sumido en la neblina del sueño. Recorre sus alrededores con la mirada, entrecerrando los ojos puesto que no usa sus anteojos, luchando por sobreponerse al desasosiego que lo embarga, como si hubiera estado atrapado en una pesadilla.

-Vaya, hasta que al fin despiertas.

-¿Mari?-la llama, reconociendo su voz-¿Por qué estás aquí?

-¿Cómo que por qué?-cuestiona, arqueando una ceja-Pues para despertarte, ¿por qué más?

Yuuri duda. Hay algo que no le cuadra del todo. Pero está en su casa, en su habitación, en teoría todo es perfectamente normal. Se lleva una mano al cuello, que le molesta como si un insecto lo hubiera picado. Supone que se cruzó con un enjambre de abejas en el bosque… ¿o en otro sitio? Sí, fue en otro lugar, o más bien… en otro bosque… lo que es imposible, ya que nunca ha salido del Distrito 12.

Impaciente, Mari abre la ventana y termina bañada por una luz plateada tan intensa, que Yuuri tiene que volver a cerrar los ojos. Ella se le acerca y le arranca las cobijas de un tirón.

-Arriba, el último en levantarse se quedará sin desayuno.

Es lo que le dice todas las mañanas. Trata de convencerse que seguro tuvo un mal sueño durante la noche y por eso se siente tan aturdido. Entonces nota la primera cosa que anda mal.

-¿Y Vicchan?

Vicchan siempre duerme en su cama y por lo general, nunca sale del cuarto hasta que Yuuri lo hace, así que no verlo le resulta demasiado extraño y el doble de preocupante.

-Date prisa y cámbiate-prosigue Mari como si no lo hubiera escuchado-Mamá preparó algo muy especial para el desayuno.

Asiente en silencio y espera a que Mari salga para quitarse la pijama y ponerse su ropa de diario, sin embargo no logra arrancarse la sensación de angustia. Intentando una última vez, se asoma dentro del closet y bajo la cama, deseando encontrar a Vicchan sin éxito, aunque puede comprobar que salvo por la ausencia de su perro, todo sigue exactamente igual.

"¿Y por qué tendría que haber algo diferente?" rectifica, inseguro, clavándose las uñas en el dorso de la mano izquierda, que ha comenzado a molestarle de la nada.

"Tal vez Vicchan se adelantó. Si mamá preparó algo delicioso, debe estar comiendo ya…" trata de racionalizar. Conoce bien a su mascota y sabe que es un glotón "Las mascotas se parecen a su dueño" piensa, obligándose a esbozar una sonrisa que más bien semeja una mueca extraña.

-¡Yuuri!-su madre grita, sacándolo de sus pensamientos-¡La comida se enfría!

-¡Ya voy!-responde, colocándose los zapatos y casi tropezándose al mismo tiempo que intenta correr, y olvidándose de que no trae puestos sus anteojos.

Su familia ya se encuentra comiendo. Mari lo ignora a favor de deleitarse del desayuno, una especie de estofado. Su padre se toma la molestia de darle los buenos días y despeinarlo con cariño. Yuuri experimenta un ligero alivio. Nada está fuera de lo normal.

-Ay, Yuuri…-comienza Hiroko- ¿Por qué tardaste tanto?

-Lo siento, es que no encontraba a Vicchan y…

-Ah, Vicchan-repite Hiroko en tono alegre-Por supuesto que sí. No íbamos a olvidarlo.

-¿Entonces…?-vacila Yuuri, sintiendo otra vez una punzada de dolor en el cuello y la rodilla derecha.

-Tu madre ha estado cocinando desde temprano-explica Toshiya y señala una olla en la mesa-Vamos Yuuri, prueba un poco. Está delicioso.

Con cautela, Yuuri se aproxima un par de pasos y retira la tapa. Lo que ve dentro lo deja helado y lo hace gritar de terror.

En la olla se encuentra Vicchan, su querido cachorro, empapado en sangre y con un cuchillo incrustado hasta el mango en su cabeza, la cual está prácticamente separada del cuerpo. Tiene el torso abierto de un único tajo y logra divisar, horrorizado, que su corazón todavía late. Le han arrancado las orejas y los ojos y en su lugar, gusanos se retuercen y salen primero del cuerpo y después, de la olla y dejan tras de sí un sendero sanguinolento.

Un gemido queda ahogado en su garganta mientras su familia ríe y disfruta del macabro banquete, como si no ocurriera ningún problema. Yuuri retrocede y se da un fuerte golpe contra la pared. Intenta hablar pero es incapaz de proferir sonido alguno. Los gusanos se extienden por la mesa, trepando por sus padres y Mari, quienes no tienen ninguna reacción, y luego bajan hasta él. Desesperado, busca ponerse de pie, lo que no consigue. Las piernas le tiemblan y no logra moverse. Aquellas diminutas y repulsivas criaturas marchan en fila, subiendo por todo su cuerpo, manchándolo de sangre y metiéndose en su boca y ojos. Es en ese punto que, por suerte, pierde el conocimiento y todo se vuelve negro.


Justo cuando cree que ha pasado la peor pesadilla, la próxima le demuestra lo equivocado que estaba.

Ha perdido la cuenta del número de veces y las múltiples formas en que ha visto morir a su familia: quemados vivos en un incendio mientras la piel se les cae a pedazos, devorados por jaurías de perros salvajes, acribillados por una lluvia de flechas disparadas por la chica del Distrito 4, fusilados por un escuadrón de agentes de la paz… todas tienen en común que lo llaman, suplicando por ayuda y por más que trata de alcanzarlos, inevitablemente fracasa. Pero la tortura no se aplica exclusivamente a su familia, en sus delirios también aparecen sus amigos: Yuuko, atacada por los bravucones de la escuela o algún muto o bestia salvaje; Takeshi, perseguido y acribillado por otros agentes de la paz que se vuelven en su contra; y Yuri Plisetsky. Su mente recrea el desafortunado encuentro bajo la lluvia que tuvieron años atrás con una diferencia, en las pesadillas llega demasiado tarde y al asomarse fuera de su casa, se topa con su esqueleto inerte.

Todos y cada uno de sus temores se vuelven realidad y si bien una pequeña parte racional en su cerebro trata de recordarle que no es sino el efecto del veneno de las rastrevíspulas, le resulta imposible dilucidar lo verdadero de lo falso.

Un montón de hormigas trepan por todo su cuerpo y grita y manotea, arañándose en el proceso para quitárselas de encima. La chica del Distrito 2, o mejor dicho, lo que queda de su cadáver hinchado por las picaduras se arrastra por el suelo y comienza a ahorcarlo. Luchando por escapar, se golpea la cabeza con fuerza y de pronto cae en cuenta que se está ahorcando a sí mismo. No tiene tiempo de reponerse de una visión cuando otra ya lo está agobiando. Piensa que ya ha visto padecer a todos sus seres queridos y entonces, su mente lo traiciona. De pronto, Viktor Nikiforov se vuelve el centro de sus pesadillas.

En una, Yuuri se encuentra en casa de Yuuko y un grupo de hombres irrumpen llevando a un herido de las minas el cual resulta ser ni más ni menos que Viktor. Tiene la mitad del cuerpo cubierto de terribles quemaduras, prácticamente carbonizado y Yuuri es obligado a verlo agonizar. En otra, los agentes de la paz lo tienen acorralado y Viktor le ruega que lo ayude.

-¡No, no!-exclama, completamente fuera de sí-¡Déjenlo, suéltenlo!

Sumido en la neblina de la ensoñación, Yuuri intenta correr hacia él y liberarlo, un disparo resuena y Viktor se desploma. Es ahí cuando Yuuri comprueba que tiene el revólver humeante en la mano y vuelve a desmayarse.


Ha sucedido. Milagrosamente, Yuuri logró triunfar en los Juegos del Hambre y coronarse como el primer vencedor del Distrito 12.

Hay desfiles, fiestas y otras tantas celebraciones en su honor. Regresa a casa y todos están esperando por verlo, y entre esos rostros ansiosos, uno se distingue especialmente.

-¡Yuuri! ¡Yuuri!

Viktor lo llama y corre a su encuentro, abriéndose paso entre la multitud y atrapándolo en un fuerte abrazo primero, y después, besándolo.

Yuuri, demasiado sorprendido, no atina a reaccionar. Es vagamente consciente de la presión sobre sus labios y que una de las manos de Viktor roza su cuello, produciéndole una leve molestia que es incapaz de explicarse. Viktor se separa con lentitud, permitiendo que Yuuri lo admire. Luce tal como lo recuerda, los mismos ojos azules, la misma piel blanca, su cabello largo que resplandece como un halo plateado, confiriéndole una apariencia etérea.

-Ahora puedo decirte lo que no pude cuando nos despedimos-expresa, tomando sus manos y el dorso de la izquierda comienza a arderle, aunque ni eso lo hace querer apartarse-Yuuri Katsuki, yo… te amo.

A su alrededor, la gente estalla en vítores. A Yuuri se le llenan los ojos de lágrimas. Todo es demasiado perfecto, demasiado maravilloso… hasta que una punzada de dolor en su cuello le arranca un grito desgarrador. La sangre… su sangre, mana del corte limpio sin que pueda contenerla. Yuuri cae y Viktor limpia la hoja del cuchillo.

-Desde que te fuiste, no han parado de preguntarme lo que siento por ti. Y a veces ni eso, simplemente asumen que corresponderé sin dudar a tu "noble sacrificio". Y pensé que podía hacerlo, pero ya me cansé de fingir-le cuenta sin mirarlo, como si fuera tan poca cosa, que ni siquiera eso merece-La verdad, nunca te pedí que te ofrecieras en mi lugar.

Yuuri permanece paralizado y trata de abrir la boca para decir… lo que sea, pero otra puñalada, esta vez en su rodilla, se lo impide.

-Eres realmente patético, lo sabes, ¿cierto?-continua Viktor, impasible-Siempre siguiéndome, igual que un perro a su dueño, todos estos años…-hace una mueca de desagrado- ¿Tan desesperado estabas por llamar mi atención?

-¡No, no! Te equivocas, te juro que yo no…-balbucea, pero el dolor lo obliga a callar y se arrastra torpemente por suelo, no está seguro si para acercarse o para alejarse de Viktor.

El cuchillo queda clavado en su mano izquierda, evitando que pueda moverse. Viktor se inclina y toma su rostro, dedicándola una sonrisa tan hermosa como cruel.

-Me das asco. No eres más que un cerdo.

Yuuri jura que acaba de escuchar algo rompiéndose y es su propio corazón.

-Y eres todavía peor que un animal. Eres un asesino. Nadie va a quererte ahora.

Son rodeados por una serie de siluetas de las cuales es capaz de identificar algunas. Once se encuentran vestidas exactamente igual, los tributos caídos, y lo señalan de manera acusatoria. Tras ellos aparecen sus padres y Mari, sacudiendo la cabeza, mirándolo con repugnancia, al igual que Yuuko y Takeshi. También ve a Yuri Plisetsky frunciendo el ceño, juzgándolo y moviendo los labios formando palabras que interpreta como "despreciable", "cerdo" y "asesino".

-Por favor, sólo… sólo mátenme.

Viktor niega y Yuuri comprende. La muerte es un castigo muy leve para alguien como él. El joven de ojos azules le da la espalda y se aparta. Yuuri extiende una mano, la que no está clavada contra el suelo, hacia él y lo llama a gritos, pero Viktor lo ignora. Entonces, una mariposa de alas plateadas revolotea, sumergiendo todo a su alrededor en una neblina del mismo color y vuelve a perder el conocimiento.


Pasa un periodo de tiempo indeterminado tumbado en el piso, hecho un ovillo abrazando sus rodillas, con la cabeza palpitándole por los golpes que se dio contra la pared y los arañazos ardiéndole en las manos y el rostro, temiendo que si se mueve otra visión iniciará y menguará lo que queda de su cordura.

Cada una de las cosas que más miedo le dan… su familia muriendo, haber sido incapaz de mantener vivo a Vicchan, ver sufrir a sus amigos… ver sufrir a Viktor… ser rechazado por Viktor… acaba de experimentar sus peores temores en carne propia y fueron tan vívidos, que ya no está seguro de lo que ha ocurrido y lo que fue un sueño. Rememora que, cuando estaba en su hogar y despertaba después de una pesadilla especialmente horrenda, su padre lo ayudaba a salir de la bruma del miedo repitiendo cosas que con toda certeza, eran verdaderas.

-Mi… mi nombre es Yuuri Katsuki…-comienza, sobreponiéndose al nudo en su garganta que también le duele por todas las veces que gritó, e ignorando lo débil y rasposa que suena su voz-Soy del Distrito Doce, m-mis… padres son Hiroko y Toshiya, mi hermana es Mari… y los tres están vivos-un sollozo lo interrumpe y tiene que recordarse que las pesadillas son mentira y que su cuerpo ha expulsado el veneno de las rastrevíspulas, por lo que no se volverán a repetir-Mis amigos son Yuuko, Takeshi y Yuri, y también están vivos… mi mascota es Vicchan y…

Calla de golpe, porque lo relaciona con Viktor y su mente se enmaraña de nueva cuenta. Quien murió en el accidente de la mina no fue Viktor sino su padre, y los agentes de la paz nunca lo pusieron en peligro, más bien él negociaba con ellos… ¿entonces qué pasó en el bosque esa vez? ¿Viktor, aprovechándose de sus tratos con la autoridad, le ordenó a aquel agente que atacara a Yuuri como su visión le mostró?

"No, no. Viktor se estaba escondiendo del agente que lo buscaba y me negué a entregarlo…" rectifica, tocándose la sien, donde lo golpearon, palpando la delgada cicatriz que le quedó.

Viktor fue a verlo para despedirse... y le dijo que estaba feliz de librarse de él.

"No, él… prometió cuidar a Vicchan, me aconsejó que usara trampas e iba a decirme otra cosa, pero se nos acabó el tiempo."

Un sonido agudo lo pone en alerta y por un instante, le preocupa que las alucinaciones vayan a reiniciar, especialmente cuando un objeto plateado aparece en su rango de visión, pero se tranquiliza al verificar que es un paracaídas. Parpadea confundido, luchando por asimilarlo. ¡Su primer regalo de un patrocinador!

Se incorpora con dificultad. Tiene problemas para enfocar bien sin sus anteojos y todo el cuerpo le duele. Las picaduras se han hinchado hasta crear bultos del tamaño de naranjas pequeñas. Se retira los aguijones mientras camina, venciendo el dolor en su rodilla, para tomar el paquete y reflexiona sobre acerca de otro detalle. ¿Cómo hizo para llegar hasta la cueva? Lo último que recuerda antes de que lo picaran, es que los otros tres huyeron y él cayó del árbol. Bueno, dos de sus perseguidores lograron escapar. Jewel, la chica del Distrito 2 no tuvo tanta suerte. Visualiza su cuerpo cubierto de picaduras y tiene que cubrirse la boca con la mano para reprimir las arcadas. Se obliga a inhalar y exhalar varias veces hasta que logra calmarse lo suficiente como para notar…

-¡El arco!-exclama, dejándose llevar por el alivio.

En medio de su delirio, se aferró al arco y al carcaj con siete flechas y jamás los soltó.

Otro sonido llama su atención y comprueba asombrado que al primer paracaídas se han sumado otros tres. Piensa en Minako, Lilia y Phichit y las lágrimas amenazan con escapársele en cualquier segundo aunque ya no por miedo o angustia, sino por alegría. Toca el prendedor de sinsajo y esboza una sonrisa, consciente de que, a pesar de todo, no está solo.


Yuuri reconoce que tenía sus reservas acerca de dos puntos: el primero, si habría impresionado a alguien lo suficiente como para que decidiera patrocinarlo y el segundo, si Minako no tendría problemas con las negociaciones puesto que era su debut como mentora. Por suerte, al ver sus envíos, le queda claro que se preocupó por nada.

Se coloca sus lentes nuevos y le maravilla notar que son de la graduación precisa, por lo que su mala visión ya no representará un impedimento si tiene que disparar. Ha recibido además alimento, consistente en carne, panecillos y sopa; y a pesar de que no ha probado bocado en un tiempo considerable, su estomago se rebela para retener la comida. El último de sus regalos representa un completo enigma; consiste en un sencillo estuche negro con algunas herramientas de pequeño tamaño: destornilladores, pinzas, tijeras y un alambre extremadamente delgado. La implicación es obvia, son para que construya algo, la cuestión es… ¿qué?

Reflexiona al respecto a la vez que explora sus alrededores. Localiza un estanque y no a mucha distancia, una planta cuyas hojas le resultan familiares y que son justo lo que necesitaba. Cuando visitaba el bosque con Yuuko, solían recolectarlas para que su madre preparara un ungüento para las picaduras. Ahora no cuenta con tantos recursos, por lo que se limita a machacarlas con ayuda de unas rocas y a untarlas en sus heridas y el alivio es instantáneo.

-Ay, Yuuko…-suspira sin poder evitarlo, pensando en su querida amiga-Me haces mucha falta.

Si espera volver a verla y a sus otros seres queridos, tiene que ganar a como dé lugar y sospecha que las herramientas que le envió Minako son su mejor opción.

"Son muy especializadas para las trampas básicas que conozco…" porque hasta ese momento, pudo arreglárselas bien improvisando, empleando elementos de su entorno. Toma un destornillador "Esto me serviría para abrir algo o activar un mecanismo, ¿pero dónde voy a encontrar un mecanismo aquí?"

Detiene sus cavilaciones por unos segundos. De hecho, hay un único sitio en la arena en donde podría encontrar un mecanismo para activar.

-La cornucopia-pronuncia en voz alta, sintiendo una punzada de temor.

Con toda probabilidad, los profesionales restantes habrían ido a refugiarse y reabastecerse ahí y Minako debe saberlo bien. Partir a la cornucopia equivaldría a marchar directo a la boca del lobo. Su mentora tiene un buen plan, o de lo contrario no le indicaría que corriera ese riesgo.

"Bueno, ya sobreviví a un ataque antes, si tengo cuidado, todo saldrá bien… ¿cierto?"

En realidad, es incapaz de creerse a sí mismo.

Improvisa un saco con uno de los paracaídas para guardar la comida que sobró y las herramientas. Además, se aplica otra capa de hojas sobre las picaduras y guarda otras de reserva antes de emprender el camino de vuelta a la cornucopia no sin cierta vacilación. Si tiene éxito, podría obtener una clave invaluable para ganar los Juegos, pero si no…

Traga grueso y sacude la cabeza, echándose el carcaj con las flechas y el arco en la espalda. Es verdad, ha resistido hasta ahora y cuenta con medios para defenderse. Si uno de los profesionales llegara a aparecer, ya no huiría, dispararía… al menos en teoría porque en la práctica no confía poder llevarlo a cabo.

"Eres un asesino" le dijo el Viktor de sus pesadillas y Yuuri se abofetea a sí mismo para evitar caer en otra crisis. No puede volver a derrumbarse.

Eleva la vista al cielo y decide que tendrá que aguardar a la noche para enterarse de qué sucedió durante su periodo de inconsciencia, lo que no le produce mucho entusiasmo.

La rodilla, aún afectada por la picadura, le molesta al caminar, por lo que requiere detenerse cada cierto tiempo a descansar, lo que aprovecha para hacer unas cuantas trampas esperando le sirvan para ampliar sus reservas de alimento, dado que los envíos de Minako no durarán mucho.

Conforme se acerca a su destino, su ansiedad se dispara y hasta el menor ruido lo pone en alerta. Intenta tomar una flecha por si requiere atacar, pero sus manos tiemblan tanto, que ni siquiera es capaz de acomodarla.

"Un segundo de vacilación podría significar la muerte" le dijo Lilia, y concede que tiene razón.

La silueta dorada que es la cornucopia aparece en su rango de visión y en lugar de apresurarse, redobla precauciones. Visualiza algunas cuerdas medio ocultas entre la hierba en una pobre imitación de sus trampas que sortea sin dificultad.

Se topa con una serie de arbustos anchos y de abundantes hojas que dan justo a la llanura de la que partieron el primer día y tras comprobar que no son plantas venenosas, avanza entre ellos agazapado para usarlos como escondite y observar mejor la cornucopia. Los objetos anteriormente desperdigados alrededor han desaparecido, ya fuera que otros tributos se los llevaran o los tomaran los profesionales para aumentar su reserva. Nota algo. Una caja blanca, un botiquín, yace cuidadosamente colocado a cierta distancia, a otros tantos metros está una mochila y más adelante hay una red repleta de latas y otros alimentos. Todos los objetos fueron acomodados creando un zigzag.

"Es una trampa" se percata Yuuri, tensándose instintivamente, así como de otro detalle "Y es demasiado obvia"

Cualquier tributo, si se tomaba el suficiente tiempo antes de correr hacia esos tesoros, sería capaz de identificar el patrón y tomar sus precauciones. No tiene sentido, a menos qué…

"Sea justo lo que quieren. Esperan que busquemos otra ruta distinta y seguro esa la tienen vigilada"

Se fija en los pedestales de donde los soltaron a la arena. Dos están relativamente cerca y alguien o excavó alrededor para sacar… algo. Frunce el ceño, inconforme, sintiendo que pasa por alto un punto importante. Tantea el kit de herramientas que guardó en el saco improvisado y pronto lo comprende. Lo único que un tributo desesperado podría desenterrar de ahí, son las minas. Basándose en la tierra removida, otro ya se le adelantó, por lo que debe darse prisa.

Permanece quieto por lo que parece una eternidad, meditando qué hacer, hasta que visualiza a Bridge, del Distrit Konrad, del Distrito 3. Ambos siguen cubiertos de picaduras, lo que le indica a Yuuri que no hay medicina para tratarlas en la arena y que desconocen que un tipo de hojas podría ayudarlos. Bridge además tiene el rostro y las manos enrojecidos y se rasca insistentemente. Yuuri adivina que tuvo un encuentro con una hiedra venenosa.

Konrad habla a su aliada y aunque no consigue escucharlo, sus palabras parecen alterarla.

-¡He dicho que no!-responde ella, bruscamente, empujándolo-Tu plan no está funcionando. Si encontró la forma de tirarnos el nido encima, no será lo bastante estúpido como para acercarse.

Intuye que se refieren a él. Creen que les arrojó el nido de rastrevíspulas y Bridge quiere hacerle pagar. Por más que Yuuri quiere decirle que no tuvo nada que ver, supone que exponerse no es una buena idea, así que se queda bien quieto mientras escucha a la chica despotricar y nota que su aliado la observa, inconforme. Cae en cuenta que siempre fue Jewel quien los guiaba y funcionaba como la voz de la razón. Ahora que son sólo ellos, el ambiente está demasiado tenso y honestamente, le sorprende que la alianza siga en pie.

Divisa algo arrastrándose sigilosamente por el suelo. Identifica una mata de pelo cobrizo camuflajeada entre lodo y hojas. Es una chica, aunque ignora su nombre y a qué distrito pertenece. Ella aprovecha que los otros discuten (Bridge insiste en marcharse al bosque, Konrad argumenta que tarde o temprano, Yuuri acudirá ahí a buscar medicina para sus picaduras y otros suministros) para aproximarse a uno de los pedestales y desenterrar una de las minas. Seguramente descubrió la forma de reactivarlas.

"Y Minako espera que haga lo mismo" concluye, tanteando el kit de herramientas.

La tributo guarda las minas en una pequeña mochila negra y se aleja tan sigilosamente como llegó, o al menos eso pretendía, porque la mochila se abre y una de las minas cae. Yuuri y ella contienen la respiración mientras la ven rodar por el suelo y detenerse a pleno campo de visión de los otros. La chica se debate entre recuperarla o huir, decantándose por la segunda opción. Sin embargo, al revisar a los aliados por el rabillo del ojo, tropieza con algunas latas que los otros dejaron como cebo y deja escapar un gritito.

-¿Qué fue eso?-cuestiona Bridge, alerta.

Yuuri se apresura a recoge una roca y empleando la cuerda del arco como si fuera una resortera, la dispara en otra dirección.

-¡Por allá!-señala Konrad y ambos se echan a correr.

Por unos instantes, la mirada de la chica se cruza con la de Yuuri. Ella parece comprender que acaba de ayudarla y le dedica un leve movimiento de cabeza, luego escapa hacia el bosque a toda prisa, echa un último vistazo a su alrededor, otro a Yuuri… y rebusca en su mochila para extraer un pequeño estuche y dejarlo en el suelo, frente a un árbol. Debe ser su manera de agradecerle.

Yuuri verifica que no haya señales de los profesionales antes de abandonar su escondite. Se permite esbozar una sonrisa satisfecha. Por supuesto, no todos en la arena poseen la misma mentalidad de "presa o cazador" de los profesionales. Seguro que a muchos les desagrada su presente situación y si tuvieran una alternativa, la tomarían antes de tener que matar.

El optimismo le dura hasta que nota un parche con tierra que se distingue entre la hierba, a pocos centímetros del árbol donde la chica le dejó el estuche. Entiende que, de haberse distraído y seguido avanzando, muy probablemente habría pisado una mina.

Reprime un grito y retrocede, cayendo de espaldas a la vez que se cubre la boca con la mano, reprendiéndose por ser tan ingenuo. Aprieta los puños hasta que sus nudillos se ponen blancos, enfadado consigo mismo.

-Soy un tonto. Aquí no puedo confiar en nadie-expresa en voz alta, pensando que Yuri Plisetsky le diría algo similar.

Puesto que ya ha perdido mucho tiempo, se precipita a sacar las minas enterradas que tiene su alcance, y se dispone a retirarse cuando una idea lo interrumpe. ¿Y si averigua si en efecto, pueden reactivarse? Con ese plan en mente y vigilando que los profesionales no vayan a regresar, emplea las latas con las que la chica desconocida tropezara momentos atrás y, cuidando de estar a una prudente distancia, las arroja con todas sus fuerzas al sospechoso parche de tierra.

Sus primeros tres intentos caen fuera del sitio destinado, pero el cuarto da de lleno. Por unos segundos, parece que no ocurrirá nada, hasta un estruendo resuena en toda la llanura y pese a que se encuentra unos metros alejado, Yuuri sale volando por los aires.


El golpe le saca el aire y las nubes de polvo y humo que se levantan le crean dificultades tanto para ver como para respirar. Un persistente zumbido inunda sus oídos y es lo que le hace reaccionar. La explosión tuvo que alertar a los profesionales, así que Yuuri se apresura a recoger sus lentes, que el estallido le tumbó, y recuperar su saco y el carcaj antes de incorporarse y huir, lo que tampoco le resulta fácil, puesto que sigue aturdido.

Tambaleante, consigue regresar a los arbustos y desploma ahí, víctima de un ataque de tos y cubriéndose las orejas con las manos, como si temiera que la explosión se las arrancara. La espalda le duele por la caída y todavía no puede oír bien, sin embargo, su pequeño experimento valió la pena. Ha comprobado dos puntos valiosos: que es posible reactivar las minas y que no se necesita de una gran presión para hacerlas estallar. Ahora está seguro que puede hacerlo.

Inhala y exhala varias veces para que sus pulmones repongan el aire perdido. Supone que tendría que alejarse y regresar a la cueva, pero un intenso mareo le impide moverse y sumado su sordera temporal, actuar precipitadamente equivaldría a ponerse en peligro. Mejor esperar.

El polvo y el humo terminan por ceder y una silueta aparece. Se trata de la chica de pelo cobrizo. Ella bate las palmas, emocionada, y a juzgar por su expresión, se está riendo. Es probable que también tuviera dudas sobre si pudo hacer funcionar las minas y al igual que Yuuri, quiso verificarlo.

La chica escucha algo que Yuuri no y se vuelve, palideciendo. Los profesionales han regresado. Konrad la persigue, pero ella se las ingenia para desaparecer en el bosque y contrario a lo que cabría esperar, el chico del 3 se toma su tiempo para ir por ella.

"¿Quizás las picaduras afectaron su velocidad?" se cuestiona Yuuri. Konrad es el tributo más rápido, por lo que atrapar a la otra no le representaría problema. De cualquier manera, su repentina lentitud es sospechosa.

Una bandada de aves atraviesa el cielo a toda velocidad y al zumbido se sobrepone otro sonido, un cañón. Varios minutos después, Bridge aparece.

"Konrad la conducía hacia ella" razona Yuuri. Los aliados se reencuentran y tras lo ocurrido, sus actitudes han cambiado. Bridge le da unas palmaditas amistosas a Konrad en el hombro y éste le sonríe abiertamente. Juntos inspeccionan sus alrededores y discuten lo sucedido. Por más que intenta, Yuuri es incapaz de oírlos y comienza a preocuparse que su sordera no vaya a curarse pronto.

Los otros dos guardan distintos objetos en mochilas negras y Yuuri supone que han decidido reanudar la caza. Por lo que sabe, podrían quedar únicamente ellos tres, dado que aún desconoce cuánto duró inconsciente.

El sol se pone y cae la noche. El himno del Capitolio resuena en la arena y Yuuri suspira aliviado al percibirlo con mayor claridad, una señal de que va a recuperarse. Tanto él como la pareja permanecen atentos al conteo de bajas y finalmente puede corroborar que Seung Gil y Kenjiro Minami continúan con vida. La chica de pelo cobrizo resultó ser del Distrito 6. Contempla su imagen en el cielo y descubre que no es capaz de odiarla, más bien siente pena por ella. Decide que no tiene ningún derecho a juzgarla, optando por enfocarse en algo más importante.

"Quedamos cinco tributos" reflexiona, contándolos con los dedos y repitiendo el proceso varias veces, sin podérselo creer.

Hacía mucho que su distrito no avanzaba tanto en los Juegos. Es más bien probable que nadie apostara a que llegara tan lejos.

"Con la excepción de Phichit" recuerda, con afecto "Que mal que a los estilistas no se les permite, hubiera ganado mucho dinero"

La pareja de aliados termina de reabastecerse y se refugia en el interior de la cornucopia sin molestarse en tomar otras precauciones. Seguro se sienten confiados y prefieren descansar e iniciar la cacería por la mañana. Yuuri aprovecha para emprender el camino de vuelta a la cueva, si bien hace una pausa para inspeccionar las minas y probar sus herramientas.

El mecanismo es mucho más simple de lo que creyó, aunque igualmente tiene dificultades para rearmarlas y la obscuridad tampoco le ayuda mucho. Podría encender una fogata, y la brisa fría que sopla y le entume las manos, le sugiere que sería muy útil, pero no quiere arriesgarse y señalar su posición.

Batalla para enrollar el alambre e introducirlo por una ranura, y reflexiona que en serio tiene una oportunidad de volver a casa. La emoción lo embarga y se detiene para tallarse los ojos. Podrá estar con su familia y ver a sus amigos, jugar de nuevo con Vicchan y tal vez, pueda armarse de valor para hablar con…

-Ay, no…-se lamenta, ya fuera porque el alambre enrollado resultó ser demasiado ancho y ahora debe desenrollarlo y empezar de nuevo, o porque pensó en Viktor Nikiforov.

Si en efecto gana y regresa al Distrito 12, tendrá que enfrentarlo y admitir las razones que le llevaron a ofrecerse en su lugar. Nunca más serán simples conocidos.

Inhala hondo y trata de cerrar su mente a cualquier cosa que no sea montar la mina, pero le es imposible. Las pesadillas y la agonía que le causaron siguen demasiado frescas y por más que le duela admitirlo, guardan algo de verdad. A lo largo de todos esos años, tuvo pequeños pero valiosos contactos con Viktor, y a consecuencia de sus inseguridades, jamás se animó a tratar de convertirlos en algo más. ¿Qué si resulta ser como la pesadilla le mostró y Viktor lo busca porque se siente en deuda con él? El corazón se le encoge en un nudo y sacude la cabeza. Una relación basada únicamente en la culpa o para compensarlo… es lo último que quiere.

"Hablaré con él y le diré que no me debe nada, le aseguraré que todo está bien, que no pretendo obligarlo a nada y que podemos seguir como si nada hubiera ocurrido…"

Al tratar de levantar una cubierta, se clava el destornillador justo debajo de la uña y suelta una maldición en voz alta que está seguro le oyó decir a Yurio en alguna ocasión.

"Basta de imaginar cosas, si espero ganar, tengo que echar a andar esto"

Suficiente de dudas. Requiere enfocarse y adoptar una mentalidad de tributo profesional. Todo lo demás es una distracción. Especialmente Viktor.


Contra todos los pronósticos, logra re-armar las minas… o eso quiere pensar. A diferencia de la joven del Distrito 6, no puede darse el lujo de verificar su funcionan, tendrá que averiguarlo sobre la marchan. Las manos le molestan y las tiene cubiertas de ampollas. Siente un profundo respeto hacia la chica de pelo cobrizo. Sí, pudiera ser que intentara probar las minas con él y eliminarlo, pero a él le costó trabajo reactivarlas a pesar de las herramientas que le envió Minako y ella sin embargo pudo lograrlo aunque no contaba con nada más que su ingenio.

Cuenta con siete, que coloca en sitios estratégicos: tres a orillas del lago, una junto a un arbusto de bayas y así sucesivamente. Lo mira desde un punto de vista frío, imaginándose por donde es más probable que pase un insospechado tributo, luchando por sobreponerse al asco que siente contra sí mismo e ignorando las voces en su cabeza que no dejan de repetirle que está por convertirse en un asesino.

"Nadie que te aprecie te juzgará" le djo Minako la noche antes de partir a la arena, y desea con desesperación que así sea.

Estornuda y se estremece ante una ráfaga de aire frío. Luego de los sucesos del día está completamente agotado y le es difícil mantener los ojos abiertos, que también le arden por forzar la vista tantas horas en la obscuridad. Falta para que amanezca y si bien lo ideal sería terminar el viaje a la cueva, ya no tiene más energías. De modo que se obliga a comer uno de los panecillos que le envió Minako, unta una última capa de hojas curativas sobre las picaduras y busca un sitio para dormir, eligiendo un tronco hueco donde cabe sin problemas y que ayuda a protegerlo un poco del viento helado. Antes de cerrar los ojos, hace una última petición:

-Por favor, hoy no quiero soñar.

Le preocupa que las pesadillas se repitan. Pero ya sea porque la suerte le sonríe o porque está demasiado cansado, disfruta de una noche sin sueños.

A la mañana siguiente, Yuuri se permite unos segundos para disfrutar del alivio que le produce percatarse de los sonidos del bosque (aves aleteando, animales corriendo), que le indican que ha recuperado la audición. Sin embargo, la calma dura hasta que nota las llamas que se precipitan sobre él.

Al principio, lo único que atina a hacer es contemplar el infierno que lo rodea. Los árboles arden y sus hojas caen cual una lluvia de fuego. Algunas ramas crujen y terminan por romperse. Pega un brinco y retrocede, a tiempo para evitar que una le caiga encima.

-¿Tener un día tranquilo es mucho pedir?-exclama enfadado, quejándose abiertamente de lo injusto que es aquel incendio, convencido que los Vigilantes lo han provocado.

Cuenta quince segundos exactos para ordenar sus pertenencias, revisar que tenga todo, y cubrirse la boca nariz con la chaqueta antes de empezar a correr. Afortunadamente, un conejo atraviesa su camino y Yuuri decide seguirlo, confiando en que los animales poseen tanto sentidos como un instinto de supervivencia más agudizados y por ende tienen más posibilidades de encontrar una ruta de escape.

El rostro se le llena de cortes y algo ardiendo le cae en una mejilla. Ignora el dolor lo mejor que puede, a favor de seguir corriendo, pero su apuro lo traiciona y tropieza con una raíz, terminando en el suelo. Las flechas salen del carcaj y Yuuri las recupera sin dudar. Perder un recurso tan valioso es un lujo que no puede darse. Apenas demora unos instantes, pero los animales ya han escapado, dejándolo solo con las llamas. El humo le llena los pulmones, impidiéndole respirar. Entonces, identifica algo. Derribado en el piso, todavía sin que el fuego lo alcance, yace el nido de las rastrevíspulas. Es la señal inequívoca de que va por buen camino. Si consigue avanzar y abrirse paso entre las llamas, podrá llegar hasta la cueva y al estanque, y aguardar hasta que el incendio termine… suponiendo que pueda moverse, porque de pronto se ha quedado paralizado.

El calor es asfixiante y al final se quita los lentes y los guarda. De todas formas entre el humo de las llamas, no consigue ver muy lejos y no quiere arriesgarse a perderlos. Algo, una rama, quizás, le roza el brazo y el dolor quemante le recuerda que tiene que salir de ahí a cómo de lugar.

Se abre paso entre una zona con llamas delgadas, protegiéndose el rostro con los brazos y se insta a sí mismo a no volver a detenerse.

"Falta poco, una vez que esté en la cueva podré descansar…" trata de motivarse, sobreponiéndose a un ataque de tos que termina con el escaso aire que le quedaba en los pulmones y al malestar que sus quemaduras le ocasionan "Sólo debo seguir y ya no detenerme…"

Algo atrae su atención. A pocos metros, divisa el cuerpo inerte de un tributo. El cañón no ha sonado, por lo que quien quiera que sea, aún está vivo, y si no se levanta, será consumido lentamente por el fuego.

"¡No! Lo salvarás… ¿y luego qué? Te apuñalará por la espalda en cuanto se recupere, como la chica del Distrito 6... "

Para bien o para mal, su cuerpo reacciona antes que su mente acabe de decidirse y ya está corriendo hacia el otro. Apenas lo reconoce abre bien los ojos, para poner su asombro de manifiesto.

-Yuu… ri…

Kenjiro Minami, del Distrito 11, pronuncia su nombre y se desmaya. Yuuri consigue jalarlo a tiempo para esquivar una bola de fuego que claramente algún vigilante les arrojó. Frunce el ceño y como puede, se las arregla para avanzar llevando a Minami a rastras y refugiarse bajo una saliente rocosa que los protege del fuego, que por suerte no tarda mucho en detenerse. Yuuri supone que los vigilantes lograron cualquiera que fuera su cometido al iniciar el incendio.

Las quemaduras le duelen terriblemente, pero a la vez son un recordatorio de que sigue con vida. De momento, lo único que es capaz de hacer, es respirar para recuperar el aire perdido. Después, deberá tratar sus heridas, ir a otro escondite más seguro, reabastecer sus reservas de alimentos… y decidir qué hacer con Kenjiro Minami.


Retomamos los Juegos de Yuuri que no falta mucho para que terminen. Lo siguiente será la alianza con Minami corregida y aumentada, así que les recomiendo que preparen sus cajitas y pañuelos y el helado. Por último, quisiera desearles felices vacaciones y felices fiestas a todas ustedes, personas maravillosas que se toman la molestia de leerme. Les deseo de todo corazón que pasen estos días en buena compañía, con buena comida y reciban muchos regalos.

Comentario extra: ¿Alguien puede decirme como hacerle para tener más de 2 fics al mismo tiempo? Tengo muchas cosas que quiero escribir, pero sé que si empiezo otro distinto a este AU, corro el riesgo de que con mi poca atención, termine ignorando uno a favor del otro.

Si leyeron hasta aquí, muchas gracias!