Capítulo X
Esgaroth, la Ciudad del Lago, se alzaba justo en el medio del Lago Largo, la extensión de agua más grande que pudieran ver los visitantes. Era una ciudad de madera construida sobre troncos en la misma superficie del lago.
Eran Los Hombres de Lago los únicos que se atrevían a vivir en una zona tan cercana a la montaña del dragón. Eran gentes pacíficas y lo único que sabían de Erebor eran viejas canciones que hablaban sobre el regreso de Thror y Thráin, los reyes Enanos de la raza de Durin, sobre la llegada de un dragón y la caída de los Señores de Valle.
Las canciones profetizaban el regreso del Rey Bajo la Montaña y que cuando eso sucediera el oro saldría de la Montaña Solitaria como un río dorado.
Pero nadie creía ya en esas leyendas e incluso dudaban de la existencia de un dragón dormido allá dentro de la montaña. Hasta que una mañana el grupo de guardias que despreocupados y alegres vigilaban el gran puente ven llegar a cuatro extraños visitantes que muy pomposamente cruzaban el puente directo a la ciudad….
Del susto que se llevaron saltaron de sus asientos con las armas apuntando a los tres hombrecitos pequeños y extravagantes, más una criatura más pequeña todavía que no conocían, que venían llegando de la nada.
Nuestra llegada a Esgaroth fue todo un espectáculo, Thorin iba delante y yo con Fili y Kili caminábamos unos pasos más atrás, marchando con paso firme.
-¿Quién eres?- gritaron los hombres que vigilaban el puente al vernos llegar y nuevamente estaba yo sorprendida de ver gente tan alta e imponente. Eran los Hombres, a quienes yo veía por primera vez, y por la sorpresa en el rostro de aquellos hombres ellos también veían a alguien como yo por primera vez.
Thorin les llegaba apenas a la cintura y yo era aún más pequeña.
-¿Quiénes son? ¡Hablen!- temblaba otro de los guardias.
-¡Soy Thorin hijo de Thráin hijo de Thror, Rey Bajo la Montaña!- dijo el Enano con voz recia y a pesar de las ropas prestadas que llevaba desgastadas por el viaje, pues Thraduil le había quitado su traje real, Thorin conservaba joyas y cadenas de oro encima suyo que no dejaba de usar y eso lo hacía lucir como un verdadero rey- He regresado y deseo ver al gobernador-
Todo el mundo allí lanzó exclamaciones pues el rey Enano de las leyendas llegaba y algunos incluso corrieron a ver si el río se tornaba dorado.
El capitán de la guardia preguntó quiénes éramos entonces los otros seres que veníamos con él.
-Ellos son Fili y Kili, hijos de la hija de mi padre. Y ella es la señorita Bolsón, miembro valioso de mi compañía y que ha viajado con nosotros desde el oeste. Venimos en paz, como ven no tenemos armas. Hemos regresado a nuestros dominios, y como me dijo la señorita Bolsón, no podemos luchar contra todos ustedes-
Los Hombres de Esgaroth recibieron a los sorpresivos visitantes con perplejidad. Atendieron la petición de Thorin y los llevarían con el gobernador de la ciudad que estaba en una fiesta, y para allá llevaron a los Enanos y la pequeña criatura que iba con ellos.
El gobernador de la ciudad era un hombre enorme, y estaba sentado en una silla disfrutando de un banquete en medio de su gente y algunos Elfos cuando a las puertas del lugar llegó un Enano que se presentó antes de que cualquier guardia pudiera hablar:
-¡Soy Thorin hijo de Thráin hijo de Thror, Rey Bajo la Montaña y he regresado!-
Todos en la fiesta se levantaron de sus asientos de un salto ante la presencia del Enano, incluyendo el gobernador, y los Elfos presentes gritaron:
-Éste es el Enano que se escapó de nuestras prisiones- denunciaron a Thorin enérgicamente ante el gobernador. El Hombre cuestionó a Thorin con la mirada.
-Es cierto, los Elfos me encarcelaron sin razón alguna. Cuando yo soy sólo alguien que regresa a su tierra legítima. Nadie puede impedir que se cumplan las profecías-
El gobernador de Esgaroth era imparcial pero se regía por la política y ellos tenían trato con Thranduil. Sin embargo no cedió antes las denuncias de los Elfos sino que actuó con cierto interés y para complacer a la supersticiosa multitud: Fingió que Thorin y compañía eran lo que decían y así los recibió en la ciudad como huéspedes. A los otros Enanos los fueron a buscar e igualmente la gente los aclamó cuando llegaron.
Prepararon una casa enorme con habitaciones para cada uno de ellos, con comida y comodidades y la gente cantaba las canciones por las calles.
Al fin podía sentirme como en casa. Tenía una cama enorme y cómoda, comida, tinas y baños para asearme a gusto, y ropa limpia.
En aquella cama cabíamos como cinco hobbits ¡Los Hombres eran en verdad grandes!
La llegada a Esgaroth nos alegró a todos, incluso Thorin se veía más animado, ahora con sus ropas limpias, el cabello arreglado, sin rastros de ninguna herida. Era como un rey que ya se paseaba por sus dominios… De una belleza extraordinaria.
De todos los Hombres de Lago, uno en especial llamó mi atención: Durante nuestros días en Esgaroth, Bofur y yo conocimos a Bardo el Arquero, el Hombre que habla con las aves.
Éste era el que no me quitaba los ojos de encima desde que llegamos, de cabellos negros y muy apuesto. Muy amablemente nos invitó a comer en la taberna esa tarde, donde también estaban Bombur, por supuesto comiendo, Dori, Nori y Ori sentados en una mesa al otro extremo.
-Entonces, tú eres de la raza de los Hombres de Valle- adivinó Bofur pues los Hombres de Valle entendían la lengua de los zorzales- Entonces es cierto que hay aquí descendientes de Girion-
Bardo asintió con la cabeza pero no dijo nada al respecto.
-Y tú, pequeña- se dirigió a mí- ¿Es cierto que salvaste a Thorin Escudo de Roble?-
-Sí, señor-
-Nunca había visto a un hobbit. Ya veo que son criaturas maravillosas, y también muy lindas- elogió el hombre y yo me puse muy colorada. Me hubiera gustado oír esas palabras tan galantes en Thorin.
-¿Y cuál es tu misión en la compañía?-
-Entrar a la Montaña Solitaria y averiguar de Smaug y el tesoro. Especialmente rescatar la Piedra Del Arca de Thror para Thorin-
-Sí, algo así- agregó Bofur sin parar de engullir comida como un desesperado. No lo podía evitar después de pasar tanta hambre, tenía el temor de que nunca más volvería ver tanta comida.
-Pero no entiendo mucho ese plan- Bardo jugueteaba con su vaso de jugo pensativo. Bofur y yo nos miramos, en realidad no era un plan muy convincente –Hablaré con ese jefe de ustedes ¿Dónde está?-
-Thorin se pasa casi todos los días en su habitación y no sale mucho- informa Bofur- Y cuando sale es para pasearse por allí, pensando en quién sabe qué, o para reunirse con el gobernador-
Efectivamente Thorin estaba en su habitación y nunca se reunía con sus compañeros en la taberna, solía comer allí también, sentado en el escritorio que estaba lleno de papeles y libros (y el mapa de la Montaña Solitaria) en completa soledad.
Alguien tocó a su puerta y Enano se levanta a abrir: era Balin.
El recién llegado pasea la mirada por la habitación deteniéndose en la ventana:
-Estamos muy cerca- comenta mirando por la ventana la Montaña Solitaria que ya se veía desde allí -Pareciera que todo sucedió ayer-
-Así es- suspira Thorin invadido por los recuerdos y las sensaciones de antaño, de cuando vivía allá en el reino con su familia completa.
-¿Ves como pasan los años de rápido? No hay que dejar pasar nada, Thorin- dijo el Enano enigmáticamente para Thorin.
-¿A qué te refieres?- gruñó el aludido.
-Sólo quiero que sepas que si tienes algo qué hablar, puedes contar conmigo, como siempre-
-Yo no tengo nada de qué hablar-
Balin respiró profundo y se sentó en la cama con cansancio.
-Déjame decirte algo, es un grave error ocultar los sentimientos, un grave error. Los sentimientos se deben demostrar y eso no es ninguna debilidad, Thorin- le clavó sus negros ojos encima al rey Enano- No sabemos cuánto tiempo tenemos aquí en esta tierra, y hay cosas más importantes que el oro, que nuestros logros como guerreros o reyes, y eso es, te lo digo por mi experiencia, el amor, y estar con las personas que más queremos. Y yo creo que tú sabes eso muy bien ahora que otra cosa ocupa tu corazón y que no es precisamente Erebor ¿Hum?-
Thorin reflexionó y por un momento sintió un fuerte impulso para desahogarse con Balin. Contarle todo. Pero en ese justo momento llegaba un Hombre del Lago a su puerta y ambos Enanos se ven interrumpidos.
