15 de Junio de 1947

Creo que no tengo suficientes palabras para describir todo lo que siento en mi interior, es una mezcla de rabia, tristeza, desesperación, asco, impotencia, no puedo creer que esto me haya pasado a mí, no puedo creer que haya sido tan tonta como para dejarme engañar de esa manera.

Hace rato, mientras me bañaba, pensé seriamente en cancelar mi boda, pero después de mucho meditarlo, decidí no hacerlo, no pienso darle ese gusto a Neil, ni a Elisa, no pienso dejarme derrotar, voy a actuar como si nada hubiera pasado y voy a seguir adelante con la cabeza en alto. Sé que el tiempo se encargará de curar mis heridas, igual que pasó con Albert.

No sé si pueda dormir esta noche, aún no puedo sacarme de la cabeza la cara de satisfacción de Neal, lo odio, lo odio con todas mis fuerzas, le deseo todo el mal que hay en la tierra, a él y a toda su despreciable familia, ojalá y se muera y se pudra como la basura que es.

A la mañana siguiente, Anthony fue a recogerme temprano, después pasamos por Annie a su casa, platicamos durante todo el camino a Chicago, él nos dejó en la más prestigiosa tienda de ropa de la ciudad y nos dijo que nos recogería a las 3 de la tarde en ese mismo lugar. Yo me maravillé de lo grande y hermosa que era la ciudad, desde que tenía cinco años, no había vuelto a poner un pie ahí.

Annie me ayudó a escoger mi nuevo guardarropa, si había algo que ella tenía, era buen gusto. Después me llevó a un salón de belleza, según ella, yo tenía que cambiar mi apariencia de pueblerina, ahí me cortaron el cabello, que en ese entonces me llegaba casi hasta la cintura y me hicieron un peinado sofisticado, luego me maquillaron.

Terminamos una hora antes de la acordada con Anthony, decidimos esperar en una cafetería cercana, las dos pedimos un café y una rebanada de pastel para compartir, mientras esperábamos, le pregunté sobre su interés en Archie.

- No sabría decirte en que momento me enamoré de él, cuando me di cuenta, yo ya estaba perdidamente enamorada, pero él solo me ve como su amiga y creo que nunca me mirará de otra manera – Me dijo ella.

- ¿Pero le has dicho de frente lo que sientes por él?

- No, pero estoy segura que él lo sabe, de hecho todos lo saben.

- Tal vez deberías intentar decírselo.

- Él es un hombre asediado, sé de muy buena fuente que mantiene varios romances aquí en Chicago…. Vi la manera en que te observaba ayer, casi te comía con la mirada. Yo no sé si podría soportar un rechazo de su parte, creo que prefiero seguir así, amándolo a la distancia.

- Respeto tu decisión, pero quiero que sepas que yo no tengo ningún interés en él, ni en ningún otro hombre.

- ¿Ni siquiera en Anthony?

Yo me quedé en silencio por un momento, si bien la presencia de Anthony me inquietaba, después de lo ocurrido con Albert, no me sentía lista para iniciar otra relación.

- ¿Qué pasó con el chico del que me contabas en tus cartas? ¿Se llamaba Albert, no?

- Él… desapareció hace más de un año, se fue de repente y no volví a saber nada más de él, no sé si huyó, si lo secuestraron, si murió ahogado en el río, no sé nada.

- ¿Es por eso que regresaste?

- Sí, aunque me negaba a aceptarlo, el hecho de seguir viviendo en ese lugar me hacía mucho daño.

En ese momento miré el reloj, vi que ya casi era hora de irnos, pagamos la cuenta y salimos de la cafetería para esperar a Anthony. Él quedó fascinado con mi cambio de apariencia.

Las siguientes semanas tuve mucha compañía, Patty y Annie iban casi todos los días a verme, también disfrutaba de las constantes visitas de Archie, que siempre me invitaba a pasear por el lago, a pesar de lo bien que me la pasaba con él, yo me vi forzada a rechazar sus invitaciones, ya que no quería lastimar los sentimientos de Annie.

Anthony iba cada fin de semana a verme, realmente disfrutaba de su compañía, aunque ya no éramos unos niños, nos gustaba subir a la casita del árbol, podíamos pasarnos las tardes enteras platicando, siempre creí que Anthony tenía el don de adivinar mis más profundos pensamientos, era muy común que los dos dijéramos lo mismo al mismo tiempo, y él siempre tenía la respuesta perfecta a cada una de mis preguntas.

Yo enviaba cartas al rancho cada semana, le escribía a mi tía, a la señorita Paulina y a la señorita Fisher, en mis cartas siempre les preguntaba sobre Albert y siempre recibía la misma respuesta, que no habían tenido ninguna noticia de él.

Los meses siguieron pasando y yo sentí como poco a poco mi corazón se iba curando, si bien aún seguía pensando en Albert, ya no me dolía tanto recordarlo ni hablar de él. Dejé de preguntar por Albert en mis cartas y comencé a escribirles sobre mis amigos y lo mucho que me gustaba estar de nuevo en Lakewood.

Tal parecía que a todos les gustaba hacer fiestas, el pretexto era lo de menos, yo iba de reunión en reunión con Annie y Patty, a veces nos quedábamos a dormir en casa de Annie, solíamos dormirnos hasta la madrugada enfrascadas en pláticas picantes, la mayoría de ellas enfocadas en nuestros apuestos amigos.

Después de mucho insistirle, Patty por fin nos contó sobre la relación intensa que mantenía con Stear desde hace años, yo también les hablé de Albert y de las dos veces que fuimos cachados en el río, ninguna de ellas podía creer que yo hubiera "llegado tan lejos con él" y no me dejaron en paz hasta que les conté el último detalle de mi encuentro apasionado. Annie nos contó sobre la breve aventura que había tenido con Neal cuando ella tenía 16 años, y de lo mucho que se había arrepentido de haber aceptado salir con él.

- Neal es peor que un pulpo, además es tan irrespetuoso, siempre hubo algo en él que me causaba un poco de miedo - Nos dijo Annie algo avergonzada, Paty y yo reímos mucho ante su confesión.

La verdad es que a mí también me daba miedo Neal, me lo había topado en varias fiestas y siempre me miraba de una manera lujuriosa, como si me estuviera desnudando con el pensamiento. Varias veces se acercó a mí y me invitó a salir, yo rechacé sus invitaciones de la manera más cordial, había algo en él que me causaba repulsión.

Él siempre iba acompañado de Elisa, quien no perdía ninguna oportunidad para fastidiarme, yo sabía bien que ella estaba celosa, desde mi llegada, sus encuentros con Anthony habían cesado, ya que él pasaba conmigo todo el tiempo que estaba en Lakewood.

Tal vez, si yo hubiera tenido la experiencia que tengo ahora, habría tenido mucho más cuidado con ellos y así me hubiera evitado tantos infortunios, pero en ese entonces yo no sabía que la maldad no tiene límites.

Cuando me di cuenta, ya había pasado un año desde mi regreso, Anthony y yo nos habíamos vuelto muy cercanos, él ya había terminado la universidad y había decidido pasar unos meses en Lakewood antes de buscar trabajo en algún hospital de Chicago. Solíamos vernos todos los días por las tardes, siempre íbamos a caminar por el bosque y terminábamos nuestros paseos en la casita del árbol, platicando mientras observábamos el lago.

A pesar de su insistencia, yo no le había contado nada de lo que había pasado con Albert, ya habían pasado tantos meses desde la última vez que me había preguntado, que por un momento pensé que ya había olvidado ese tema. Una tarde él me preguntó de nuevo y yo le conté todo.

- ¿Aún lo amas? – Me preguntó después de escuchar mi historia.

- Siento que el amor que le tenía desapareció, al igual que él. Antes solía pasar todos mis días recordándolo, pero desde hace algunos meses su recuerdo dejó de atormentarme.

- ¿Y piensas seguir esperando por él?

- No, creo que hace tiempo deje de esperar su regreso.

- ¿Por qué no me das una oportunidad? Sé que puedo hacerte muy feliz.

Yo lo miré, lo cierto era que desde hace algunos meses había empezado a sentir algo por él, realmente disfrutaba su compañía, amaba sentir sus brazos rodeando mis hombros al atardecer, amaba las conversaciones tan variadas que teníamos hasta el anochecer, amaba su perfume y amaba la manera en que me miraba, lo amaba a él.

No contesté nada, él se acercó a mí y me besó, fue un beso tan tierno, después de ese beso siguieron muchos más. No pasó mucho tiempo antes de que todos se enteraran de nuestra relación, a nadie pareció sorprenderle que al fin hubiéramos formalizado nuestro noviazgo.

Esos fueron los días más felices que viví en Lakewood, pasábamos todo el día, todos los días, juntos, su padre y su abuela estaban felices de que yo hubiera aceptado ser su novia, él me llevaba a todos los eventos familiares que hacían ahí y en Chicago.

Una noche, Anthony me llevó a la casa del árbol, antes de subir, me vendó los ojos, por un momento tuve miedo de caer por la escalera, pero con su ayuda logré llegar hasta arriba. Cuando estuvimos ahí, me quitó la venda, me sorprendí de ver una botella de champagne y dos copas.

- ¿Y esto? ¿Estamos celebrando algo? – Le pregunté.

- Si dices que sí, probablemente haya algo que celebrar.

- ¿Si digo que sí?

Anthony sacó una cajita y la abrió enfrente de mí, en ella había un hermoso anillo con un gran diamante, al verlo, yo me quedé sin palabras.

- Candy, ¿te gustaría casarte conmigo? A mí no me queda duda de que tú eres la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida.

Sí, sí quiero casarme contigo.

Después de besarnos, los dos brindamos por nuestro compromiso, yo ya era mayor de edad, así que no necesitaba pedirle permiso a nadie para poder casarme, aun así, pensé en escribirle una carta a mi tía informándole del compromiso. Fijamos la fecha de la boda para dentro de seis meses, ninguno de los dos quería esperar mucho tiempo.

- Recuerdas cuando te dije que algún día nos casaríamos, no estaban tan equivocado después de todo – Me dijo él.

Yo comencé a reír, lo cierto es que hacía muchos años que yo había olvidado esa conversación, el hecho de que él la recordara, me hacía darme cuenta de lo mucho que él siempre me había amado, yo estaba segura de que con él podría ser muy feliz.

Ahora que lo pienso, creo que todo ocurrió demasiado rápido, aunque nunca he dudado de la veracidad de mis sentimientos por Anthony, creo que en el fondo yo estaba muy necesitada de cariño, necesitaba aferrarme a alguien que me quisiera y que nunca se alejara de mí.

Los siguientes meses me dediqué a organizar mi boda, Annie y Patty me ayudaron bastante, hasta George parecía estar contento de que yo uniera mi vida a la de Anthony, debido a que yo no tenía más familiares que mi tía, le pedí a él que me entregara en el altar, después de todo, él siempre había estado al pendiente de mí después de la muerte de mis padres.

Yo me sentía muy ilusionada, a veces creía que todo era como un sueño, pensé que todo era obra del destino y que la desaparición de Albert de alguna manera me había ayudado a llegar a ese punto de mi vida, donde todo era tan perfecto, pero al destino le gustaba jugar cruelmente conmigo.

Dos días antes de mi boda, salí a dar una caminata por el jardín, cerca de la entrada de la mansión me encontré con Elisa.

- Candy, que bueno que te veo, Anthony me dijo que te esperaba en esa casa que está sobre el árbol.

Muchas veces desee poder retroceder el tiempo y advertirme a mí misma de no creer en sus palabras - Gracias Elisa – Le contesté y me dirigí hacia la casita del árbol, cuando llegué hasta arriba, me encontré con Neal.

- Hola Candy, que guapa te ves hoy – Me dijo él mientras me miraba con morbo, yo tuve un mal presentimiento y traté de bajar enseguida, pero él me tomó del brazo – No te vayas, tu y yo la vamos a pasar muy bien.

- No gracias, mi novio me está esperando en la casa.

- Neal comenzó a reír – No creo, Elisa se está encargando de él en estos momentos.

En ese momento yo comencé a sentir mucho miedo, traté de zafarme pero él me sujetaba con fuerza – Suéltame o te juro que voy a gritar.

- Grita todo lo que quieras, nadie te va a escuchar.

Yo le di un golpe en la entrepierna y logré que me soltara, traté de caminar hacia la escalera, pero me jaló del pie y me caí al suelo, él se echó encima de mí rápidamente.

- Si te resistes va a ser peor, lo mejor será que cooperes conmigo.

Yo comencé a llorar – Por favor, no me hagas daño, déjame ir – Le rogué, pero él hizo caso omiso a mis súplicas, yo traté de pegarle, pero no pude, entonces comencé a gritar, en ese momento él me dio un fuerte golpe en la cara, yo quedé un poco aturdida por el dolor.

- Deja de hacer las cosas tan difíciles – Me dijo enojado y me golpeó una vez más, después comenzó a quitarme la ropa.

- Por favor, déjame ir – Le volví a suplicar, pero fue en vano, él comenzó a acariciarme con sus sucias manos, luego trató de besarme, pero no me dejé, él me volvió a golpear.

Neal se quitó el pantalón, yo le rogué un par de veces más – Por favor, no lo hagas, no me hagas daño – Le dije, pero todo fue inútil, al final él me violó.

En ese momento mi cerebro se desconectó de todo, realmente nunca he podido recordar con claridad ese horrible momento, creo que solo fueron unos cuantos minutos, pero para mí fue una eternidad, aparte del dolor físico que sentí, también tuve un gran dolor emocional, nunca esperé que mi primera vez sería de esa manera tan espantosa. Cuando él terminó, me miró de una manera burlona y se vistió rápidamente, después se fue, no sin antes advertirme que si hablaba, se iba a vengar de mí.

Yo me quedé llorando, lo único que quería era desaparecer, me sentía tan desdichada, una vez más pensé en meterme al lago y morirme ahí, probablemente lo hubiera hecho si no hubiera sido por Stear, que al pasar por ahí me escuchó llorar y decidió subir a ver qué era lo que estaba pasando. No hubo necesidad de explicarle nada, cuando Stear me vio tirada en el piso, comprendió perfectamente que era lo que había sucedido y quien lo había hecho, ya que mientras caminaba hacia el lago, él se había topado con Neal, quien se dirigía de manera nerviosa hacia su casa.

Stear se quitó su abrigo y me tapó, después me abrazó con fuerza, yo no podía dejar de llorar – Tranquila Candy, todo va a estar bien – Me decía mientras besaba mi frente.

Cuando por fin me tranquilicé, le pedí a Stear que no le dijera nada a nadie, me avergonzaba tanto de lo sucedido, que no quería que nadie se enterara de mi desgracia.

- Creo que deberías decírselo a Anthony – Me dijo él.

- No, no quiero que nadie se entere, tienes que prometerme que no dirás nada.

- ¿Y cómo vas a justificar los golpes que tienes en el rostro?

- Diré que salí a cabalgar y me caí del caballo.

- Candy, creo que debes decir la verdad.

- No, júrame que no se lo dirás a nadie, júramelo.

- Está bien, te lo juro.

Él bajó primero de la casita para que yo pudiera vestirme, cuando intenté descender, sentí que me temblaban las piernas, Stear me ayudó a bajar y después me llevó hasta mi casa, al llegar a la mansión, me despedí de él y luego me dirigí a mi cuarto, me sentía asqueada, corrí hacia el baño y comencé a vomitar, después me bañé, me sentía sucia, permanecí en la tina por mucho tiempo, no podía quitarme esa sensación de mi cuerpo.

Tardé mucho tiempo en poder superar ese triste episodio de mi vida, muchos años después, él me ayudó a hacerlo, con su amor y su ternura logró cerrar todas las heridas que permanecían abiertas en mi interior.

¡Dios! Son las 4 de la madrugada y yo sigo despierta, desde que llegué a la mansión no he hecho otra cosa que leer mi diario, debo comenzar a buscar el vestido de novia, se supone que esa es la razón principal por la que yo estoy aquí, no puedo regresar a su casa con las manos vacías.

Me pregunto que estará haciendo él en estos momentos, probablemente esté en el pórtico de la casa, tocando la armónica, Ellie me ha dicho que cuando yo no estoy con ellos, él no puede dormirse temprano, lo extraño tanto, tal vez deba hacer un último intento para persuadirlo de que venga conmigo, mañana temprano le enviaré un telegrama, espero poder convencerlo.