N/A:

Hoy tengo un agradecimiento especial para Yakko99. Gracias por tus ideas para la realización de este capítulo (y que me servirán para los que siguen). Aunque sigas sin creerme, enserio que me hubiera estancado sin tu ayuda ._. Enserio. Jaja n.n Y gracias por tu súper comentario. Hay que decir que ojalá fuera tan fácil para Jareth hacer el conjuro y quitarse de encima a Lestat, pero hay ciertas circunstancias que no se lo permiten ;).

Excentricaluli: como siempre gracias por leer y por tu comentario :3 Me hace feliz.

Corazón de Piedra Verde: ¡Me da mucho gusto verte por aquí de nuevo! Jajaja no te preocupes, me sucede lo mismo la verdad. Ya que lo dices, iré a espiar tu trabajo también jaja n.n hace rato que no me doy una vuelta por ningún lado, uff. Y me halaga que consideres éste un buen Fic :3 Muchas gracias! Ojalá pueda seguir dándoles sorpresas ;)

Oh, por cierto que tengo un anuncio. Una pequeña sorpresa les aguarda. ¡Calma, que aún está en proceso! Por lo mientras les dejo éste nuevo capítulo. Ya Jareth ha aceptado el trato que Lestat le ha ofrecido pero, ¿Exactamente a qué ha dicho que sí? ¿Habría sido una buena idea o solamente ha "metido la pata"? D: Nada bueno puede salir de la alianza con alguien como ése ser de oscuridad pero ¡Quién sabe!

P.D: Hoy les dejo dos citas ;) ¡Y que comience la función!

Disclaimer:

Los personajes no me pertenecen, son de Jim Henson. Solo es mía la historia actual y los nuevos personajes, por supuesto.

Y no gano nada con esta historia, salvo el placer que implica la escritura y el ver una continuación de esta magnífica aventura.

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"El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho."

-William Shakespeare

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"A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante."

-Oscar Wilde

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Capítulo 9: Depende del cristal con que se mire.

Probablemente uno de los sentimientos más terribles que podemos percibir, es el sentimiento de culpa. Es un algo frío, que se arrastra por el cuerpo dejando una huella visible, inquietando el alma, marcando el espíritu con su tinta indeleble. Quién se siente culpable difícilmente logra pensar con claridad y sensatez; Hoggle se daba cuenta de ello ahora.

Allá atrás, a un par de manzanas, había dejado inconsciente a una mujer rubia que se había cruzado con él. La bella fémina iba caminando aprisa bajo la lluvia (que en ése par de días no había dejado de caer sobre el poblado) cuando se encontró con el pequeño y preocupado Hoggle. En el momento en que su cerebro procesó la imagen, la mujer abrió mucho sus ojos azules y dejó escapar un gemido de los carnosos labios antes de desplomarse a mitad de la acera. Hoggle había intentado ser cuidadoso, enserio, pero a decir verdad esta era la tercera vez que un mortal perdía la conciencia al verlo. No los culpaba, después de todo no es cosa de todos los días encontrarse con un Goblin, pero él estaba seguro de que no era para tanto, es decir, exceptuando a la mujer rubia, los humanos que había visto eran seguro tan espantosos cómo él, con esas ropas tan extravagantes de colores extraños y esa pintura que teñía su cabello (por no hablar de las piezas metálicas que algunos llevaban incrustadas en la piel) ; El consideraba injusto que se asustaran de esa manera al verlo siendo ellos en su mayoría igual o más atemorizantes.

De cualquier manera anotó mentalmente tener cuidado y no llamar la atención. Se había dicho mucho eso, pero tal vez ahora sí podría cumplirlo.

La culpa que sentía lo estaba carcomiendo. No era culpa por dejar a Jareth, era mas bien porque no podía olvidar lo que había orillado a hacer a su gente. Pensaba en todos los crueles castigos por los que tendrían que pasar por intentar rebelarse ¡Qué horror! Se estremecía de solo pensarlo.

Como consecuencia andaba distraído, dejando humanos inconscientes tras él, como el caminito de migajas de pan que Hanzel y Gretel habían dejado para saber el camino de vuelta.

Un enorme letrero que decía "Bar" iluminaba la noche; Hoggle se preguntó qué clase de cosas habría adentro. Tenía mucha curiosidad sobre el mundo de los humanos (aunque claro que después de su mala experiencia con la "Tachuela", pensó que era mejor hacer caso omiso de sus dudas).

Lo que justo ahora intentaba encontrar, era la escuela de Sarah para intentar acercársele, y estaba casi seguro de que había empezado a seguir el camino correcto. Lo que lo hizo desorientarse, fue el escándalo de la noche anterior; un grupo de jovencitas corrían cómo alma que lleva el diablo en dirección a él. Lo que le pareció totalmente extraño fue que ni siquiera se detuvieran al verlo. Aparentemente aquello de lo que huían era mucho más atemorizante que la ciruela pasa que parecía su cara.

De inmediato intentó retomar el camino, pero algo más ocurrió: unas estructuras extrañas de metal con ruedas y que parecían emanar luces rojas y azules, se acercaron por el camino, emitiendo un ruido espantoso a su paso. Hoggle pegó un brinco y se escondió; Todo aquel escándalo y actividad no cesó hasta la mañana siguiente, entonces fue libre de intentar continuar, aunque para entonces ya no tenía la menor idea de cómo seguir y tuvo que inventarse su propio camino.

Era domingo por la noche y Hoggle doblaba la esquina de la calle Silverwood sigilosamente. Allí frente a sus ojos estaba la imponente fachada de la escuela de Sarah. Caminó hasta ella ansioso por encontrarla y desahogar su alma, Ignorante de la escuela no estaba abierta de noche. Ignorante de cuan malo era que contara más de lo debido a Sarah cuando la encontrara. Ignorante de que tan mala idea había sido abandonar a Jareth.

OooOooO

-¡Sarah!- chilló Alice desde la puerta de su habitación- ¡Te he extrañado hoy!, ¿Cómo has estado?, ¿Qué fue lo que ocurrió?

Sarah puso los ojos en blanco, pero sonrió con afecto. Esa era la Alice que conocía; incapaz de ser prudente ni en el momento más crítico.

Era lunes por la tarde, Sarah no había ido a la escuela porque su padre había hecho todo un drama sobre lo ocurrido. Sí, seguro que lo que Mizzy y sus amigas hicieron lo ameritaba pero, por otro lado, ella hubiera preferido que no se hiciera un escándalo de ello.

Alice se apresuró a llegar al lado de su amiga y se inclinó para examinarla como si fuese un doctor especializado. Ahora Sarah entendía la razón por la que su padre se negó a que Alice la visitara el domingo; las cosas aún estaban un poco fuera de control y una adolescente histérica y melodramática no era la mejor compañía.

-¿Te hicieron daño esas brujas?

-No, pero estuvieron cerca. ¿Por qué rayos no me dijiste que Mizzy te insinuó que sería una "fiesta"? -cuando dijo la palabra fiesta, dibujó comillas imaginarias en el aire.

-¿Eh?

Sarah suspiró. -Olvídalo- dijo, levantándose del lecho.- No tiene importancia ya.

-Escuché lo que decían en las noticias. Tu papá declaró que ellas te...

-¿Iban a herir?, ¿Engañaron?, Sí. ¡Ya me parecía extraña esa invitación! - Ahora Sarah miraba a través de la ventana de su habitación. No había lechuza alguna en el árbol frente ella. Siempre que se sentía... Perdida, allí había una lechuza blanca. Quiso hacerse la loca cuando al fin descubrió la verdad, sin embargo, no funcionó. Ella lo sabía, sabía que la lechuza era Jareth. Muy en el fondo de su corazón lo deseaba (que fuera cierto) y el verlo transformarse esa noche frente a ella, solo lo confirmó.

-Alice, esas cosas que todos decían sobre la noche de las "iniciaciones" de la tonta hermandad (o lo que sea) de Mizzy, eran reales. Ella quería hacerme algo como parte de ello... Es una demente.

Alice se acercó a su amiga con un gesto casi solemne en su pálido rostro.

-No debí insistir en que fueras...

-¡Ni se te ocurra!- dijo Sarah, volviéndose- ¡No es culpa tuya!

-¡Cómo no!, te fastidié tanto que solo te quedó ceder para hacerme callar, ¿Verdad?

Sarah tragó saliva, era cierto.

-¡Para nada! Vaya... ¡Olvidemos eso ya!

Antes de que Sarah se volviera hacia la ventana, Alice la tomó del brazo.

-¿Qué más pasó? La policía dijo que las chicas... Ellas declararon que salieron de la casa porque un hombre se había metido.

La expresión de Sarah cambió, ya no estaba tan serena. No era sólo el dramatismo de su padre lo que la había mantenido en casa, sino su propia histeria. Sarah no había querido decir ni una palabra sobre el último hecho, porque la ponía nerviosa e incluso la había sumergido en un pequeño ataque de pánico en la estación de los uniformados.

Al ver el miedo de Sarah asomarse de improviso en sus ojos, Alice se arriesgó:

-¿Te hizo algo malo?, Sarah, ¿Qué ocurrió? Ese... ¿Ese hombre te hizo daño?

Sarah negó con la cabeza lentamente y le hizo una seña a su amiga para qué la soltara. Después, se dirigió hasta la ventana en silencio. No quería recordar esa presencia tan desagradable, esa mirada tan llena de odio y maldad. En el momento en que ocurrió, Sarah no sintió el más mínimo terror, pero ahora que no estaba conmocionada y no podía pensar más que en ello, la visión en su mente se volvía insoportable.

Imagínate que descubres que uno de tus terrores nocturnos es real y que anda rondando por ahí. Sí, es espantoso. Sarah se había convencido de que lo que esa cosa o persona deseaba, era solo atormentarla con su aparición, esperaba el momento oportuno y entonces... ¡Bam! La atacaría.

-Es solo que...

-¿Si?

-No quiero hablar de ello Alice. No ahora.

La chica miraba a Sarah con tristeza. Se acercó lentamente y la rodeó con un brazo; ahora ambas miraban a la ventana. Afuera no había nada interesante, solo el árbol. Sin embargo, pareció que ellas veían más que eso... Deseaban ver más que eso.

-Espero que vuelvas a la escuela pronto. Hoy se ha armado un alboroto cuando el señor Coben "anunció" su partida.

Sarah giró la cabeza para mirar a Alice, perpleja.

-¿El señor Coben, dijiste? ¿El señor Coben de Literatura?

-Así como lo oyes, querida. Tal parece que nos abandona.

-¿Pero, por qué? Es decir... ¿Nos odia tanto?

Alice intentó reprimir una risita, sin éxito. Sarah era la alumna favorita del señor Coben. "Nos odia" era algo inapropiado, no incluía para nada a su alumna estrella, Sarah. El detestaba al resto de sus alumnos (los típicos chicos problemáticos e irresponsables) porque tomaban el taller de teatro que impartía solo por los beneficios que traía (un 10 asegurado en Literatura y artes, ya que las asignaturas estaban vinculadas). Sarah lo tomaba por que adoraba tomar prestada la piel de los personajes y pretender que no era ella.

-¡No te burles de mí, Alice! Yo de verdad quería salir en una obra real. El prometió que yo sería...

-No me burlo, no te enojes. Interrumpió- Mira, él se va pero otro profesor vendrá en su lugar.

-Pero es que...

-Y con suerte, tal vez hasta sea guapo ¿eh? -dijo Alice guiñando un ojo.

-Sí, claro- respondió Sarah- Y a todo esto... ¿Por qué se va?, Dijiste algo sobre alboroto.

-Ni idea. En medio de la clase se puso a gritar cómo un lunático que umm "El sistema educativo apestaba". Luego salió hecho una furia y le gritó a la directora. Puedes imaginarte que lo mandaron a casa de inmediato, ¿Verdad? La señora Collins no tolera que le griten.

¿Y quién sí? Se preguntó Sarah.

-Ummm es extraño. Creí que iba enserio con "El teatro de caridad".

-Pues al parecer no. Igual no te preocupes, seguro que su sustituto retoma el trabajo. Digo, después de todo está ya hecho prácticamente ¿No?

Sarah ignoró lo que su amiga dijo. Sabía, presentía que muchas cosas cambiarían.

-Las cosas no podrían ser peor.

Alice le dio un abrazo.

-Calma, Sarah. Yo sé que todo mejorará. Tal vez recibas una gran sorpresa del destino pronto.

Sarah sonrió ante las palabras de su amiga, sin embargo la forma en que las dijo la alarmó. Una sorpresa decía. Sarah ya había tenido suficiente de sorpresas.

OooOooO

Ésta era la buena vida. Él, rey de 5 de 7 reinos mágicos. Él, un hechicero de los poderosos. Él, inmortal, rico y destinado a la grandeza. Él, Lestat.

No podría ser más perfecto. Cada uno de sus planes viejos habían salido a la perfección y los nuevos, llevaban buen curso.

No todo se hace en un día. Le tomó siglos llegar a donde estaba ahora; todo había sido ideado cuidadosamente con el fin de que lo llevara al gran destino que merecía. Jamás dio un paso sin asegurarse de que el suelo era firme y por eso había llegado tan lejos. No cómo cierto ex rey.

Admiró de nuevo con orgullo su reflejo en el espejo de cuerpo entero: pálida y joven piel, ojos de un hermoso gris y cabellos largos y negros; Era alto y de complexión media.

Apuesto sin duda, pero lo mejores empaques suelen tener desagradables sorpresas en su interior.

La anciana Goblin no pudo controlar más su temblorina y lo pinchó accidentalmente con un alfiler. Lestat apenas se inmutó, pero la miró tan ferozmente a través del espejo que ella misma se dirigió a los Golems que custodiaban las puertas, para que la llevaran a cumplir "el castigo que se merecía" por su error.

Había estado confeccionando un nuevo traje para su Rey. Claro que Lestat podría haberlo hecho aparecer, pero era muy feliz viendo a los Goblins retorciéndose de miedo en su presencia. Él mismo había movido su brazo para que la aguja lo pinchara y la Goblin fuera su nueva víctima, ya que otro de sus pasatiempos favoritos era precisamente ver cómo se torturaba a los Goblins.

Se estudió otro rato en el espejo; no había forma de que algo saliera mal. Ya estaba muy, muy cerca. Una pequeña niña boba no podía ser quien lo derrotara, él no era cómo el inútil de Jareth.

Jareth. Para él también tenía planes. En cuánto tuviera a la chica en su poder todo estaría bajo control de nuevo y entonces nadie nunca volvería a despreciarlo, a hacerlo a un lado. TODOS, incluso los mortales lo respetarían, Ya era tiempo de dar a conocer su poderío a esas basuras también. Jamás volvería a esconderse cómo un paria y los humanos y las razas inferiores a la suya sabrían quién realmente mandaba aquí. El mundo (de hecho ambos) estarían en manos de a quien siempre debió pertenecer, él se encargaría de que así fuera.

OooOooO

-¡Bola de lodo apestoso! ¡Sí, vos! ¡Exijo que nos saquéis de aquí ipso facto!- gruñía Sir Didymus al Golem que se encontraba sentado a la sombra de un viejo árbol y que, por cierto, lo ignoraba.

-¡Hueleee maaaal!-se quejaba ludo.

Allí estaban, de vuelta en el pantano de la eterna hediondez, o mejor dicho, sobre él.

Tras un breve juicio (que fue retrasado bastante) Los habían metido en una enorme jaula fabricada a base de huesos y pendían sobre el asqueroso pantano.

Sir Didymus, Ludo y el pobre Ambrosius estaban atrapados, a pesar de que cada determinado tiempo aparecía en su jaula algo de alimento (aunque no el suficiente), ¿Qué sentido podría tener esa condena, en realidad?

-¡Sufriréis mi venganza, enorme bestia!, ¡Doy mi palabra de caballeroooo...!-No pudo terminar su cantaleta porque Ludo lo tomó de la pata y lo elevó delante de sí.

-¡Ayudaaaa... Hueleeee maaaal!

-¡Pero, sir ludo!, ¡suélteme ahora mismo camarada!

-¡Hueleeee maaaaaaaaaal!

En ese momento, en medio del griterío, una enorme bola de fuego cruzó el cielo y se estrelló contra el Golem antes de que éste pudiera tener oportunidad de reaccionar. No ardió, pero fue convirtiéndose lentamente en piedra. No podía tratarse de fuego entonces.

Bien es sabido que a veces un conjuro debe tomar una forma para exteriorizarse y se proyecta de acuerdo al reino del que provenga el hechicero o hechicera. Y ésa era una bola de fuego. Alguien del reino de Endor, del reino del fuego, estaba allí.

El griterío había cesado y Ludo y Sir Didymus observaban temerosos en dirección de procedencia del conjuro. Las tierras de Endor eran temidas por muchos, eran tierras salvajes repletas de criaturas de fuego horribles y feroces (aún más que los Dragones) y volcanes en constante erupción. Pocos hechiceros habitaban ahí o se habían criado en ese lugar. Era también una de las razones por las que nadie (ni siquiera Lestat) había intentado gobernarlas.

En el horizonte apareció una figura delgada, cubierta con una capa negra que ocultaba su identidad.

Los tres amigos temblaban dentro de la jaula (Ambrosius más que nadie). Esta podría tornarse en una situación peor que la visita de Lestat, por lo que ellos sabían. En comparación el nuevo rey resultaría un bufón, porque con alguien que se dijese de Endor, (alguien capaz de sobrevivir a tales peligros) NADIE se mete.

OoooOoooO

Tras una larga charla sobre Malas compañías, el Sr. Williams finalmente le permitió ir a Sarah a la escuela. Era martes tan solo, pero la joven ya sentía que moría; estar un solo día lejos de las distracciones de la escuela (y su amado taller de Teatro) la estaba enloqueciendo. Es decir, ya llevaba una relación decente con su "familia", pero no era para exagerar, demasiado tiempo juntos podría arruinar el pequeño avance.

Aunque aún estaba preocupada, tal vez su única distracción (Teatro) acabaría por perderse también. Su vida últimamente estaba tomando giros inesperados; Se sentía como en una montaña rusa. La única cosa que faltaba era que la expulsaran también, Esa sería la cereza del pastel.

Ingresó en el salón de clases con paso tranquilo, intentando ignorar las miradas que se cernían sobre ella. Las malas nuevas vuelan deprisa y ahora era evidente que todos sabían lo que había ocurrido en la casa de Mizzy. Ella había sido el corderito para sacrificar, eso era lamentable hasta para la invisible Sarah Williams.

Se sentó en su pupitre ansiosa porque el regaño matutino del profesor robara la atención de sus compañeros. Hoy Mizzy y sus "secuaces" no habían ido a clase. Alice le contó que las habían suspendido por dos semanas y que además harían servicio comunitario (cosa que Sarah ya esperaba, pues siendo sus madres tan amigas de la directora, no podían ser expulsadas ni incendiando el colegio).

-¡Sarah!- gritó Alice, siendo así tan discreta como siempre.

Sarah rodó los ojos y se volvió. Alice tenía una enorme y espeluznante sonrisa en el rostro.

-Buenos días, creí que llegarías tan tarde como siemp…

-¡Ni hablar! Sarah, es que… es que ¡Ya lo he visto! Y ¡Oh mi dios! ¡Está de mueeerrrrte!

-¿Qué?, ¿De qué hablas?- dijo Sarah frunciendo el ceño. Esperaba que al menos le dijera buenos días también.

-¿De qué va a ser Tontita? Me refiero a nuestro nuevo profesor de Literatura.

Apenas terminó la frase, la señorita Collins, directora de la escuela ingresó en el salón, causando una pequeña estampida de adolescentes desesperados por llegar a su asiento antes de que la mal geniuda mujer los reprendiera.

Estando Sarah tan distraída con todo el asunto de Mizzy y sus escalofriantes pesadillas diarias, apenas había tenido tiempo de notar que precisamente su horario indicaba LITERATURA. Bien, si iban a anunciarle que el proyecto de teatro se cancelaría, más valdría que fuera pronto. Sin embargo un escalofrío recorrió su espalda. Algo pasaría.

-Buenos días alumnos- dijo la directora con su rara y chirriante voz- Bueno, como todos saben, el Sr. Coben no seguirá impartiendo clases en ésta institución, por tanto se les asignará a un nuevo profesor que…

Los chicos comenzaron a quejarse y las chicas a murmurar y soltar risitas. La directora los mandó callar con una mirada.

-Decía yo que se les asignará a un nuevo profesor que impartirá esa materia y el taller de teatro, tal como lo hacía el Sr. Coben. Aquí nos preocupamos por que no se pierda el valioso tiempo que sus mentes pueden ocupar para aprender.- la Srita. Collins señaló a la puerta, indicando a quien fuera que estaba del otro lado del umbral, que podía pasar. Extrañamente, su expresión se ablandó, haciéndola sonreír del mismo modo en que Sarah había visto sonreír a Alice- Sin más, les presento a su nuevo profesor de Literatura: Albert Hydel.

Sarah no esperó a ver, agachó la mirada. Esa rara sensación se había triplicado y temía lo peor. De repente, las manos le sudaban y las piernas no las sentía. Respiró profundo. También escuchó los murmullos multiplicarse y variadas expresiones de admiración. Justo antes de que pudiera levantar la vista la voz masculina se hizo presente.

-Buenos días a todos.

Ahora Sarah se sentía desfallecer, ese timbre de voz era un que conocía; uno que jamás podría olvidar. La libreta que sostenía en las manos cayó al suelo.

Lentamente la joven levantó la vista y al frente de la clase, tomado del brazo por la srita. Collins y con un aspecto más "común", descubrió a Jareth "El rey de los Goblins".