+STAGE 010: TÓXICO+
Sí, lamentablemente no pensé que volvería a sufrir, por una decisión de ese estilo.
Al principio había parecido estar tan hecha a la idea, que me tomó por sorpresa encontrarme en medio del llanto y de la sensación amarga de un nivel considerable de sufrimiento, ante la precipitada reacción que ella tuvo en presencia de mi débil orden y así terminó lo nuestro quizá poniéndome a mí como la única víctima.
Fue sólo en ese momento que me di cuenta cuánto la seguía amando, cuánto necesitaba estar con ella así me costase mi dignidad y cuánto esperaba poder volver a cambiar los lugares una vez más, si tan sólo no me hubiera acobardado como me acobardé esa vez y si no la hubiera dejado marchar de mi vida como si fuera alguna especie de delincuente.
Y a pesar de eso no podía seguir haciéndome la tonta, ignorando por completo el sentimiento prematuro que había nacido en mí para con él y quizá la necesidad de estar a su lado en este momento que ahora me tocaba vivir, quizá porque él era el único que sabía exactamente por lo que estaba pasando y porque él entendía a la perfección todo el embrollo en que estábamos metidas las dos.
¿Cruel? Sí, bueno… mi vida, a esta altura, era prácticamente una pesadilla.
INCLUSO CUANDO, VOLVÍAS A CASA.
-¿Limpiando?-dijiste, entrando a la habitación-¿Tú?-
-Buen día para ti también-respondí, malhumorada-No sabes lo que te extrañaba, Yoh-y así, seguí sacando las sábanas
-Bueno, perdón-te lo tomaste, como en chiste-Es que me sorprendiste, nada más-te desprendiste, la camisa-¿Pasó algo?-
-No, nada-contesté, seca-¿Ahora tiene que pasar algo, para que quiera limpiar?-y entonces, empezé a tender la cama
-Es raro en ti, digo-te excusaste, estúpido como siempre-No eres así, Anna-
-¿No te gusta?-te ataqué, sin censura-Largate, entonces-dije, queriendo-No me vendría mal, que me dejaras en paz-
-Tranquila, que no pasa nada-sonreíste, estúpido-No te enojes, ¿sí?-y descuidadamente, me abrazaste por detrás
-¿Sabes qué?-cuestioné, ante nuestro contacto-Ese es el problema, Yoh-prácticamente, grité-Estoy cansada de esto-
-¿Esto?-me besaste, la mejilla-¿Esto qué?-y así, violentamente, me deshice del agarre
-¡De ti, de tu hijo, de nosotros, de todo!-chillé, sin ocultar mi histeria-¡No tienes idea de lo que siento ni de lo que me pasa ni de lo que quiero ni de nada!-reclamé, cada cosa sin necesidad-¡Y eso me irrita, en serio! -casi, patalee-¡No puedo creer lo estúpida que fui, al malgastar mi vida en alguien como tú!-
-Tranquila, que lo haces sonar horrible-me perseguiste, despreocupado-No soy tan malo, ¿verdad?-
-¡Ese es tu maldito problema!-amenazé, con empujarte-¡No eres malo ni bueno ni nada!-casi, te perdí de vista-¡Es como si no existieras!-dije, más con rabia que con dolor-¡Y no sabes lo doloroso que es para mí, saber que nunca vas a cambiar!-
-¿Qué estás diciendo?-hablaste, serio-¿Preferirías que te golpeara?-apretaste, los dientes-¿Eso dices?-
-¡Al menos, tendríamos una relación!-confesé, sin censurar mi ira-¡Así, parece que estuviera casada conmigo misma!-volví, a reclamar-¡Es doloroso y no sabes cuánto!-
-Búscate otro, entonces-respondiste, haciéndote el rudo-Si es que eres tan infeliz, digo-
-Por supuesto-sonreí, burlona-No tienes que decírmelo dos veces-
¿Basura? Sí, eras más basura que el hombre, al que yo amaba.
Pero era como que no me sorprendía nada este resultado, a ti nunca te había importado un carajo lo relacionado conmigo y yo simplemente había explotado en el momento preciso en que se me juntaron las cosas, cuando reconocí que estaba perdidamente enamorada tanto de esa mujer como de ese hombre y que los necesitaba a los dos por igual aún si eso sonaba realmente contradictorio.
Por eso usé nuestro matrimonio para descargarme contigo, para que tú recibieras tanto la rabia como el dolor anidando dentro mío y quizá también quedara un poco más tranquila mi consciencia torcida, cosa que me trajo el apetito malvado de algún tipo de asesino y fueron mis pasos rabiosos los que me condujeron a la habitación del fruto del diablo.
Quizá fui yo la que sintió calor o tal vez fue sólo una excusa, pero… de igual manera prácticamente exploté al lado de su cuna, en tanto el pequeño dormía abrazadito a su osito de peluche y con esa maldita cobija que arrastrado hasta sus pies, lo que en realidad me dio más asco que ternura y así terminé por cortar vínculo con la criatura que lamentablemente había parido.
-¿Por qué no desapareces tú también?-musité, achicando los ojos
¿Arrepentirme? No, no me arrepentí de lo que hice, en ese momento.
Casualmente el viento sopló contra el vidrio de la recamara, reclamando la idea de querer colarse dentro y quizá peligrosamente hacerle compañía al niño solitario, lo que me llevó a obedecer rotundamente y así abrí las ventanas que antes habían mantenido calentito al bebé rubiecito.
Y sin embargo no recaí en la helada que estaba cayendo esa mañana, sólo había encontrado una manera posible de canalizar mi ira y así mis sentidos parecieron nublarse en mi acto de maldad, con tal de que ese pequeño bastardo dejara de joderme la vida al fin y también se esfumara junto al esposo que quería mandar a volar.
De esa manera abandoné lo que antes hubiera llamado "hogar" sin mirar atrás, sin preocuparme por el estado de salud del único heredero y sin fijarme en la sortija que llevaba puesta, que como loca me arranqué del dedo antes de tocar a su puerta y sumergirme en lo que era un amor tan tóxico como el que ese hombre me daba.
