Disclaimer: Harry Potter y sus personajes pertenecen a J. K. Rowling. La presente historia no pretende infringir en los derechos de autor ni obtener lucro alguno.

"Recomenzar"

Aleksast, 2015

X

Las clases de alquimia habían resultado bastante interesantes en la teoría, elementos, tablas antiguas de química, y principios de la composición alquímica de las cosas. Pero la práctica era algo que sólo al final se llevaría a cabo, y eso en Malfoy cayó mal, esperaba aprender acerca de la transmutación de objetos tan pronto fuese posible, y profundizar en el tema curioso de los homúnculos, sin embargo, curioso era que por azares del destino tuviera que investigar, posteriormente, a Nicolas Flamel, el mismísimo alquimista de la piedra filosofal.

En cuanto a Arte Muggle, Harry debía confesar que si bien la había escogido por ser una materia aparentemente llevadera, el profesor William, un hombre en extremo delgado y de facciones alargadas, había contado una historia graciosa respecto de tres pinturas en particular: La noche estrellada de Vincent Van Gogh, Mujer en Azul de Paul Cézanne, y Salón de la Rue des Moulins, de Henry Tolouse-Lautrec. Al parecer el post-impresionismo sería el primer tema a estudiar, sus características, sus exponentes principales y también sus diferencias con otros movimientos casi contemporáneos como el expresionismo, cubismo, surrealismo entre otras cosas. Le parecía interesante el hecho de que la mayoría de los cuadros del castillo tuviese un estilo que pertenecía bien a la época del renacimiento, o bien a movimientos posteriores pero ninguno como aquellos que había visto en clase, propios de principios del siglo XX.

Las clases pasaron tan pronto que llegó la tarde con su dorado brillo bañando el castillo, amenazando con levantar su áureo manto cada minuto que se acercaba la noche. Draco estaba hambriento, no le agradaba ni un poco que Slughorn fuera otra vez profesor de pociones, la última clase del día por cierto, pues no tenía la firmeza que Snape, no obstante, lo único rescatable era las raras pociones que ahora requerían salir a buscar exóticos ingredientes, y todas ellas serían evaluadas mes con mes hasta que al final del curso se le presentaran terminadas para su debida calificación. Le gustase o no, tenía que sacar un puntaje alto para obtener su EXTASIS con el fin de estudiar para Sanador en San Mungo, aunque no descartaba probar suerte también en la medicina del mundo no mágico, idea precipitada ahora, pero no tan descabellada, aunque el hecho de estar rodeado de muggles sin usar magia le daba escalofríos.

Estuvo a unos pasos de llegar al comedor cuando vio a dos caras conocidas ciertamente cambiadas, las gemelas Carrow, de un año menor, ellas pasaron lentamente frente a él mirándole fijamente, pero hubo algo que le incomodó o atemorizó, ellas, siempre insípidas, siempre ordinarias, como carentes de la capacidad de mostrar alguna expresión facial, tenían media sonrisa al irse, como si hubiesen esperado ese momento para planear algo después, se percató, claro, pero no le dio importancia a ello, además, el apellido Carrow asociado a unos hermanos era un recuerdo de lo más tenebroso, y estuvieran ellas emparentadas con los mortífagos del mismo apellido o no, Draco prefería por el momento hacer caso omiso de esas llamadas de atención, ni siquiera le interesaban físicamente, tenía prioridades y confiaba en mantenerlas a lo largo del año.

Volteó, por curiosidad, para ver hacia la mesa de Ravenclaw, apenas poblada pues la mayoría había comido antes o cenaría más entrada la noche, y la miró, esos ojos claros y esa sonrisa soñadora, sí, la lunática estaba particularmente bella este preciso día, no quiso mirar más, no era el momento y realmente era muy estúpido enamorarse, en su opinión, de la más rara de todo el colegio, sólo era atracción pasajera, para el amor hacían falta muchísimas cosas más.

A falta de una amiga con más tiempo de conocerla y contar sus dudas acerca del desconocido tema de las relaciones amorosas, habría de recurrir a la única chica a su alcance que no le echaría un encantamiento al preguntarle acerca de chicas, valga la redundancia. ¿Preguntarle a Granger? Draco, estás perdiendo la cabeza, además, ¡Es Lunática Lovegood por amor de Merlín! ¡Deja de pensar en cosas irrelevantes! Le exclamó su conciencia, tragando saliva al conceder que tenía razón. Buscó con la mirada al par de Potter y Granger, encontrando a ésta únicamente comiendo delicadamente una crema de calabaza bastante apetitosa.

– ¿Qué tal esa última clase de pociones, eh? Incluso para mí fue aburrida – comentó, dejando de lado su bolso con algunos libros – no pensé decir esto de nadie, pero extraño a Snape.

– También lo extrañamos – señaló Hermione hablando también por Harry – aunque odiase con toda su alma a nuestra casa – agregó con una sonrisa melancólica, al recordar la valentía y el coraje del difunto profesor.

– No te confundas, Hermione – dijo Draco divertido, para luego dirigir su mirada a Potter – de hecho sólo odiaba a Harry, tú le hubieses caído bien si hubieras sido un poco más… discreta con tu habilidad de saberlo todo. La soberbia y la gente inoportuna era lo que detestaba él, y bueno, quizás también le caías mal por naturaleza.

– Yo no fui soberbia – le reviró ella – él desde el principio me despreciaba por ser hija de muggles.

– Como tú digas, yo sólo digo lo que vi, buen provecho – el rubio sin más comenzó a comer con parsimonia, después de todo su madre le había inculcado, de buena o mala manera, modales en la mesa y a la hora de comer.

– ¡Di algo Harry!

El aludido se limpió con una servilleta antes de mediar palabra – ¿Tiene sentido discutir algo pasado? Además, esta crema de calabazas está deliciosa y no es de buenos modales hablar mientras uno está comiendo, ni discutir en la mesa.

– ¿Lo ves?

– Pero… – Hermione acabó aceptando que Harry tenía razón, aunque eso pudiese implicar que Malfoy también la tenía, suspiró de cansancio y de mala gana se retiró de ahí.

– Y es por eso que no comprendo a las mujeres – señaló el Slytherin, alzando los hombros como si nada hubiese pasado.

– No es que ellas nos entiendan así de sencillo tampoco – secundó Harry, sin embargo miró fijamente a Draco por un par de segundos y volvió la vista al plato – ahora ve por ella, tiene que cenar bien, todavía no come lo suficiente.

– ¿Qué? ¿Ahora me vas a dar órdenes, Potter? Nada más eso me faltaba.

– No va a funcionar conmigo, Draco. Te toca, ve.

– Rayos, está bien… pero sólo lo hago porque se supone que es mi amiga – le aclaró señalándole, para luego seguir con la mirada a Granger y caminar a paso rápido, pero sin perder el porte, se vería mal corriendo tras ella.

No tardó mucho en ponerse frente a Hermione, en un lugar cercano, sin embargo ésta intentaba escapar de él, pero Draco se colocó frente justo donde ella pretendía pasar – Si no quieres que te rompa la nariz otra vez, aléjate – le advirtió claramente molesta.

– Escucha, Granger, no espero llevarme bien contigo a la primera, hay cosas que son inamovibles en mí, además, no podemos estar peleando por cosas sin importancia, pero… ¿Por qué es tan vergonzoso esto?– rodó los ojos, respirando profundamente, ¡ya qué! – me pareces una persona interesante, y quiero que seas mi amiga por ridículo que esto suene, no puedes estar rehuyéndome por cada discusión sin sentido que tengamos, así que por favor… Por Merlín… termina de cenar con nosotros, habrá tiempo después para hacer los deberes, Potter dice que no has comido bien y eso tampoco es que me sea del todo indiferente – y al final ofreció su mano, y en el justo momento en que ella había aceptado, un flash raro hizo que ambos fruncieran el ceño y luego se dirigieran al origen de ese destello.

La chica corrió fuera de su alcance mientras ambos observaban cómo traía cargando la cámara con la instantánea recién hecha – Astoria Greengrass, no sé pero tengo un mal augurio acerca de ella, vámonos – le dijo Draco, volviendo con Harry que estaba revolviendo su siguiente plato a modo de entretenerse, esperando que llegaran – Potter, creo que estamos en problemas.

– Justo acabo de escuchar algo interesante – dijo Harry, acomodándose las gafas – pero… ¿Qué clase de problemas, si se puede saber? Espero que no tenga que ver con Filch.

– La hermana de Daphne acaba de sacar una foto que puede malentenderse… no sé qué se traiga entre manos ¿Por qué no puede ser igual que su hermana? Ella era muy diferente que las chicas de mi casa, de hecho no le importaba la pureza de la sangre y aunque no era la más popular de Slytherin, tenía amigos hasta en Gryffindor, de hecho me pareció escuchar que fue parte de tu club contra el señor tenebroso, Potter – suspiró, pensando en lo que Astoria pudiera hacer – Sólo espero que esto no pueda ponerse peor.

– ¿Astoria Greengrass? Ahora que la mencionas, al parecer Hogwarts va a tener un periódico escolar totalmente hecho para estudiantes… eso escuché – indicó Harry, señalando discretamente con la mano a un trío de estudiantes más jóvenes que él hablar del tema – la dirección se la dieron a la Slytherin más destacada del año pasado, y es ella.

– Como si Corazón de Bruja y esas estupideces no fueran suficiente – añadió Hermione, sorbiendo un poco del tarro con café que aún humeaba – No creo que McGonnagall permita un periódico así en Hogwarts.

– Más vale que no, o soy capaz de colgar a la que publique esa foto de la torre más alta del castillo, como castigo.

– Hay otras formas más efectivas de sancionar a los estudiantes, Draco, no debes alterarte, mejor olvida que pasó eso y termina de cenar – le sugirió ella. La cena continuó en paz, se despidieron al finalizar, Draco tomaría un baño de burbujas mientras que Harry y Hermione irían a la biblioteca a sacar algo de información para sus tareas. No es que a Potter de viniese de pronto el interés por adelantar el trabajo, pero sentía cierta necesidad de estar con Hermione, aunque tuviese que guardar silencio.

Hermione leía con atención un libro acerca de bestias y animales mágicos de Europa Oriental, muchos de ellos eran dragones entre otras especies que sólo en esa demarcación geográfica habían sido avistados, y algo de ello le recordó las veces escasas que había salido con Viktor Krum, hace ya algunos años, su serenidad y su fuerza hicieron que el recuerdo la llenara y veía ausentemente las hojas del libro con aire soñador.

Harry estaba con un libro sobre el hechizo desilusionador, uno para el cual se requería de una destreza y potencia bastante avanzadas, sin embargo, al querer tomar un pergamino no pudo evitar rozar la mano de Hermione, causándole una sensación extraña que le recorrió la espina dorsal. Al tacto, ella salió inmediatamente de sus pensamientos y se sobresaltó para luego mirar a Harry, quien de nuevo tenía un poco de rojo coloreando sus mejillas, él pidió disculpas apenas en un susurro y tomó rápidamente el pergamino para rayar en él lo primero que se le viniese en mente, la pluma rápidamente la mojó en el tintero y comenzó a escribir… su propio nombre.

– ¿Sucede algo, Harry? – le pregunto ella, intentando verle la cara, pero él evitaba que lo lograra volteando hacia otro lado, inusualmente nervioso – ¿Harry?

– Perdón, Hermione, estabas concentrada en tu libro y te distraje – le dijo, tragando saliva, esperando que no dijera nada más, pero no correría con tanta suerte.

– Independientemente de eso, Harry, es la segunda ocasión que te veo tan… nervioso, y no creo que te preocupen mucho los deberes para ponerte en ese estado, puedes decirme qué te pasa – insistió ella, colocando su mano en el hombro de él.

– Ah, lo sé – Harry no tuvo alternativa y volteó para verla directamente a los ojos – bueno, quiero decir, no sé qué sucede a veces, que me pasa esto – señaló sus mejillas rojas – no quiero que me malentiendas, Hermione… pero… ¿Alguna vez te he dicho que tu compañía es muy agradable? Creo que no te lo dije cuando estuvimos huyendo de Voldemort y buscando los horrocruxes.

– No ha sido necesario Harry, yo también siento lo mismo, lo sabes – le contestó ella, reflejándose en ese par de esmeraldas que emanaban cierto fulgor especial.

– ¿Quieres que te cuente algo? Cuando el profesor Slughorn alguna vez me hizo oler la Amortentia, tuve que aspirar dos veces antes de poder deducir los aromas – le dijo en voz baja, sonriendo ya más calmado – recuerdo que era madera, bueno, más bien ese aroma que tiene el bosque después de llover, tarta de melaza, mi postre favorito, y… te diré lo último si me dices qué, además de pergamino y pasta de dientes, fue lo que percibiste.

– Es raro no saber qué es lo que hueles a la primera… qué buena memoria tienes, Harry, pensé que nadie recordaría lo que dije esa ocasión – respondió ella, viéndole con curiosidad – yo no recuerdo qué era – le mintió, cerrando su libro y preparándose para salir de ahí.

– Eso no vale, Herms, ¡vuelve acá! – reclamó él, yendo tras ella, olvidando la pluma, el tintero y el pergamino que había tomado.

– Oblígame – le dijo ella sin dejar de correr.

– Si no fueras mi mejor amiga te haría flotar para que no te movieras, tienes suerte, Hermione Jean Granger – contestó Harry, sin duda había perdido un poco de velocidad y la chica le llevaba algunos pasos ya de distancia, rumbo a la sala común.

– Lo siento, Harry James Potter, pero hay cosas para las cuales no estás preparado para saberlo – y en un abrir y cerrar de ojos ella desapareció tras una pared falsa que llevaba a un pasadizo, Harry, que había dejado el Mapa de los Merodeadores en su habitación, detuvo su persecución, respirando pesadamente tras el esprint hecho.

– Bueno, entonces no sabrás que lo último que olí fue… – suspiró profundamente, chasqueando la boca, resignándose a tener que verla hasta el día siguiente – no lo creerías si te lo dijera – decepcionado, se dirigió a la sala de los prefectos, pensando en qué hubiese pasado en otras circunstancias, por ejemplo, saber ese tercer elemento en los aromas de la poderosa y codiciada poción.

Mientras tanto Draco se había conseguido un aparato para escuchar música y relajarse, de hecho el sonido envolvía todo el baño sin llegar a ser estruendoso, había que conceder que ese aparato muggle era superior en muchos aspectos a los tocadiscos anticuados del mundo mágico, la selección le pareció un tanto atrayente, el chico que le había intercambiado el coso aquél por un par de galeones de oro escuetamente le explicó cómo funcionaba, no a detalle, por miedo a que algún profesor le confiscara el objeto, de modo que el Slytherin apenas y supo cómo encender, reproducir y apagarlo. La canción duraba poco más de veinte minutos, el título estaba en alemán así que supuso que el anterior dueño era extranjero cuando leyó "Eine Kleine Nachtmusik", una pieza primordialmente basada en melodías interpretadas por instrumentos de cuerda, con una armonía y gusto tan delicados que a Malfoy le pareció ser obra de un músico mágico.

– No creo que un muggle llegue a tener tal creatividad como para haber compuesto esto – dijo en voz alta, con los ojos cerrados, relajado en la tina repleta de agua y burbujas en su superficie que cubrían la mayoría de ésta.

Un par de minutos antes, Harry escuchó un tenue sonido familiar proviniendo del baño de prefectos que ahí se encontraba, cautelosamente abrió la puerta para ver de quién se trataba, probablemente algún prefecto también era de padres muggles, de otro modo no se explicaría por qué esa melodía sonaba ahí dentro si los magos, por lo general, desconocían o despreciaban el arte no mago.

– Llegaste, Potter, tendrás que esperar para usar el baño, así que… te pido amablemente – dijo con especial énfasis en esta última palabra – que salgas de aquí.

– De todos los magos que me pude imaginar, jamás pensé que llegaría a vivir para ver que Draco Malfoy escucha música de muggles – le comentó Harry con voz de asombro, cerrando la puerta tras de sí – Creeré que los tortosoplos y los nargles existen ahora que he visto a un Malfoy escuchar a Mozart.

Continuará