Pan entró a la oficina de Trunks luego de que este le llamara hacía unos breves instantes. Como siempre, el joven Brief miraba hacia la ventana, meditabundo, dándole intencionadamente la espalda a la joven Son. Ella, aunque acostumbrada a esa pose, sintió de pronto la necesidad de acercársele, de que la mirase de frente, directo al rostro y dejara de evitarla. Él corría grave peligro en esos momentos y debía permanecer a su lado, sin importar qué, llevaría los límites de su trabajo más allá de los límites si eso significaba tener que correr riesgos para protegerlo a él. La sola idea de estar en un mundo sin Trunks Brief le revolvía el estómago, era inimaginable y haría lo que fuera para seguir viendo sus ojos azules que le daban una misteriosa profundidad e intensidad a su mirada, ese extravagante cabello de particular tono lila; escuchar su voz profunda y grave que le daba autoridad a cualquier orden, pero también su tono amable, que podía hacer temblar sus rodillas; seguir experimentando esa tranquilidad y nerviosismo a la vez cuando él le miraba.
Porque le daba seguridad, y eso lo hacía uno de sus amigos preferidos.
Acercósele lentamente, quizás invadiendo demasiado el espacio personal del chico, y tocando su hombro lo obligó a darse la vuelta, encontrándose cara a cara, sin evadir la mirada del otro. Atrevidamente, la chica movió su mano a la altura de su corazón, sintiendo con deleite que el ritmo de éste se volvía acelerado, a la par que su respiración se agitaba. Tomó con delicadeza la mejilla de ese hombre que, sin esperarlo, se había vuelto el que le quitaba el sueño durante las noches, al que temía perder, el que para ella estaba prohibido porque ya era de otra mujer. Pero, si tan solo pudiera saber que no era así, que ya nola deseaba… Sin embargo, ella no quería quitarle sus ueño a Mai, por más que fuera egoísta, no lo quería para ella, no debía.
Ella no debía ni podía estar enamorada de él.
No obstante, su cuerpo clamaba a gritos que probara de sus labios el elixir prohibido de su amor, que disfrutara aunque fuera por unos instantes del tibio roce de sus labios, que probara el sabor de su labios, aunque fuera de otra mujer, aunque al final se arrepintiera, tenía que disfrutar de ese momento.
Y así lo hizo.
Sin ningún atisbo de timidez, unió sus labios con el de ese sensual hombre que amenazaba con volverse parte de su corazón, algo que a ella le aterraba, porque había tenido suficiente con el dolor de su primer amor, el cual no fue correspondido como ella hubiese querido. Pero ya no podía soportarlo, debía hacerlo, debía perderse en el fuego que sentía con el contacto de los labios de aquél que era su jefe, debía hacerlo antes de que lo perdiera para siempre sin que él hubiese ido suyo. Y aunque guardar silencio supusiera que debía sufrir el resto de sus días por ello, guardaría en su corazón el recuerdo de ese beso. Para siempre…
Él la tomó por la cintura y la atrajo más hacia sí, intensificando el beso y ella se dejó llevar. Trunks comenzó a subir sus manos por su espalda, haciéndola delirar del deseo, hasta que…
—¡Pan, baja, el desayuno está listo! —gritó Goten desde la cocina, sacando de su hermosa y perfecta experiencia onírica a la morena.
Una copa de vino y un cigarrillo
Capítulo IX
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Desde una semana atrás que a Pan le asaltaban sueños referentes a su jefe, los cuales habían sido inocentes comparados con ese último, cuyas consecuencias podían verse en sus pantaletas, de las cuales no se hablará. ¿Que ella estaba enamorada de Trunks? No, de ninguna manera podía aceptarlo. Esos sueños, se repetía ella mientras bajaba a toda prisa hasta el comedor, no eran más que el producto del estrés producido por toda la carga que conllevaba estar al pendiente de cualquier movimiento extraño en la empresa. Desde que Oob le hubo contado todo acerca de sus investigaciones, las cuales le habían llevado hasta Capsule Corporation, no había podido dejar de sentir una extraña sensación en el pecho cada vez que Trunks debía salir a una reunión en otra ciudad, pero esta se convertía en frustración cuando él le decía que no tenía que estar tan preocupada, que se quedara en la empresa y desde ahí le apoyara.
—Como si eso fuera tan fácil —farfulló ella mientras tomaba asiento y vertía generosamente miel sobre sus hot cakes.
—¿Como si fuera fácil, qué, Pan? —preguntó intrigado Goten, que no se había molestado en ponerse una camisa ese día.
—Nada —respondió ella, sin mirarlo.
Para ella, era vital estar con Trunks, ya que así podía estar al tanto de lo que sucedía en la empresa y fuera de ella, con lo que la investigación de Oob sería más fructífera y podrían detener al estafador antes de que ´pudiese herirlo. Si tan sólo pudiera decírselo, la razón por la que su tensión estaba por los cielos y la razón por la que últimamente se ponía tan nerviosa si él se tardaba en llegar, pero no podía, pues el moreno le había prohibido hacerlo.
—Hacer eso, Pan—le había explicado días antes, en su descanso—, sería como dejar escapar al sujeto y perdería todo rastro de él, y no sabes cuánto trabajo me ha costado atar cabos para llegar hasta aquí.
Pan lo entendía, mas no podía dejar de pensar en ello.
No hagas nada estúpido, le había dicho Oob, y aun así, le había entregado un arma.
—Llévala siempre contigo, ¿de acuerdo? Sé que sabes cómo usarla y en qué momentos, pero sólo te recuerdo que no te dejes llevar por el pánico en situaciones de riesgo, es común que quieras disparar a cualquiera que te parezca un sospechoso, pero no lo hagas si no es necesario y en este caso, asegúrate de no matarlo—le explicó mientras daba un sorbo a su café cappuccino.
—¿Y es muy importante mantenerlo con vida? —preguntó ella tomando un poco de su café negro—. Porque, supongamos que el sujeto se suicida, ¿qué pasaría en ese caso?
—No tendríamos más información acerca de por qué habría hecho eso. Si se trata de un asesino a sueldo, alguien con esa experiencia casi no deja rastro alguno, es como un ser invisible en la sociedad. No tienen reglas y a pesar de ello, sus principios son esenciales para la ejecución efectiva de sus contratos, ya que de lo contrario, no tendría caso que los tuvieran. De cualquier manera, Pan—él la observó con severidad—, si nos enfrentamos a un tipo como ese, es necesario obtener la mayor información antes de tratar de capturarlo, como por ejemplo, quién lo contrató, qué se obtenía de ello, etc. Además, cabe la posibilidad de que en este caso, utilizaran un señuelo para atraer la atención del hombre y estafarlo, para después eliminarlo con precaución.
—¿Esa es tu teoría?
—Así es, por eso he obtenido acceso a los videos de vigilancia de la Corporación, además de implantar varios micrófonos en la oficina de Trunks Brief, así como en la recepción.
—¿De verdad? ¿No te meterás en problemas por ello?—cuestionó con cautela.
El chico le había sonreído con confianza y negó con la cabeza.
—Sabes que ya nos hemos puesto en contacto con la policía de la Capital del Oeste y me han dado un dato muy interesante: hace algún tiempo, el señor Brief los llamó para que investigaran algo acerca de un allanamiento en su departamento. Según el jefe de la policía, Trunks parecía no estar muy seguro con el asunto y aunque no reveló detalles, al final cedió y no quiso llevar las cosas muy lejos, además de mencionar que recibió un extraño paquete y pidió saber en la compañía de correos si alguien específicamente le había enviado eso, pero no tenían registro alguno del envío ni tampoco estaba en sus cámaras de seguridad. ¿Extraño, no?
—Eso creo—asintió ella e hizo una mueca—. Entonces eso quiere decir que el estafador le ha entregado ese paquete, ¿verdad?
—Eso parece, aunque es extraño. Si Trunks no quiso revelar el contenido del paquete, eso significa que debió ser muy personal y no quería que nadie más lo supiera. El que nuestro estafador sepa acerca de esta información le da un control mayor del que se supondría de un criminal de este tipo. Y el que haya enviado eso, significa que ha atravesado los límites de su objetivo y lo ha vuelto algo personal. No sé por qué, pero mientras más rápido averigüemos quién envío ese paquete y encontremos al estafador, menos riesgos afrontará tu jefe—aseguró Oob mirando a Pan de soslayo.
La chica, luego de reflexionar un poco en lo dicho por el moreno, levantó l avista hacia él, incrédula.
—¿Entonces cabe la posibilidad de que el estafador y quien mandó ese paquete no sea la misma persona, sino que se trate de dos casos distintos? ¿Hay un estafador y un acosador de los cuales proteger a Trunks?
—Las posibilidades son infinitas en este trabajo y mientras no descubramos cuál es cierta, todas son válidas. Por el momento, Pan, no hagas nada estúpido, ¿está bien? Sé que esto se sale de todo lo que has vivido antes, pero tienes impresionantes antecedentes en lo que refiere a este tipo de cosas. Por lo que recuerdo, tu madre, Videl, hace poco se retiró de su puesto como detective en Ciudad Satán, ¿no? Y tu abuelo, Goku, destaco mucho en este rubro—comentó él con admiración—. Así que confío en ti, Son Pan, pero no creas que te dejaré sola con esto, cada vez que pueda seré tu sombra y no dejaré que nada malo les suceda. No sabemos de qué son capaces los criminales hoy día y no quisiera poner en riesgo a más personas. Recuerda: actúa con prudencia y llámame ante cualquier cosa sospechosa.
—Sí, sí, claro, lo haré—aseguró ella, pidiendo la cuenta.
—Una cosa más. Como tienes acceso a sus cuentas de correo electrónico y del banco, no olvides revisarlas con cuidado para detectar cualquier anomalía. Si es así, no dudes en contactarme, ¿entendido?
—Por supuesto, detective—murmuró ella, riendo por lo bajo.
Y a pesar de que esa plática había apaciguado sus nervios por unos días, esa mañana, tras ese sueño, ya no producía su efecto relajante, pues la mente de la chica estaba más ocupada en tratar de olvidar su sueño tan fuera de contexto y convencerse de que nada de lo que sucedió en aquél, estaba cerca de sus deseos o siquiera de algo que remotamente ella quisiera; Trunks era un amigo para ella y nada más, y era esa la razón por la que se preocupara tanto por su bienestar.
Convencida con ello, siguió tomando su desayuno, bajo la mirada intrigada de Goten.
—Oye, Pan —la llamó éste—. He estado pensando ¿te peleaste con Bra o algo? Porque hace unos días que ya no las veo juntas y eso no es tan usual, ¿qué pasó?
La morena entrecerró los ojos y miró con suspicacia a su tío.
—¿Por qué no me preguntas directamente si sé dónde se ha metido Bra y te dejas de rodeos? Ah —suspiró con cansancio y lo observó en silencio—. No sé qué rayos has hecho con ella o por qué siento que debes hablar con Bra, pero te informo que desapareció sin dejar rastro y no sé cuándo volverá a la ciudad —comentó revisando la reacción del joven.
—¿Salió de la ciudad? Uh, vaya, y yo que quería invitarla a cenar —dijo encogiéndose de hombros ocn resignación mientras bebía de su jugo.
—¿Qué le hiciste, Goten? —inquirió su sobrina, amenazante, apuntándole con su tenedor.
El chico no mostró nerviosismo ni nada en su rostro, sólo un deje de incredulidad por la desconfianza de la menor.
—No le he hecho nada, ¿qué pude hacerle tan terrible para que se fuera? —comentó con inocencia.
En lo que a él respectaba, no le había hecho nada a Bra, todo lo contrario, ambos habían participado activamente en ese beso tan encantador, embriagador, que aún después de tantos días le producía un hormigueo en los labios.
—Bueno, de cualquier forma trataré de comunicarme con ella. Desde hace tres días que no me ha llamado ni mandado un mensaje y comienza a preocuparme; no me ha dicho siquiera a dónde se fue.
Dicho eso, se fue a su alcoba para cambiarse y dirigirse a la oficina, en donde no estaba Trunks, otra vez, porque iría a una junta de negocios y ella no había conseguido asistir, por lo que su nivel de estrés estaba llegando a un punto crítico, y lo mejor de todo, ella tenía un montón de papeleo que hacer. Lo único bueno era podía revisar con calma los recibos de la última quincena y así ayudar a Oob a avanzar con las investigaciones.
Despidiéndose de Goten, subió rápidamente a su auto. Aunque Trunks no estuviera, no podía darse el lujo de llegar siquiera un minuto tarde, pues tenía obligaciones que cumplir. Al detenerse en un semáforo con luz roja, su celular vibró y Pan lo revisó con rapidez antes de que la luz cambiase a verde. Era de Bra y ella, desconcertada, releyó cuantas vece le fue posible el mismo. A pesar de que varios autos empezaron a tocar el claxon para que ella avanzara, su estupefacción tardó en disiparse y aun después no podía concentrarse.
Su mejor amiga se quejaba de que había sido forzada a asistir a una cena familiar, en donde estarían Trunks y Mai para arreglar los últimos detalles previos a la boda.
Esa tarde.
Había olvidado que en menos de un mes, Mai Sato sería la esposa de Trunks. Aunque tratara de convencerse de que ella no sentía nada más que afecto por el joven, el recuerdo se le antojó amargo y devastador, pero como no podía hacer nada al respecto, trataría de desearle lo mejor a ambos.
Un futuro prometedor.
Y ante ese pensamiento, sus ojos se empañaron con las lágrimas acumuladas y se obligó a orillarse. Reclinó su cabeza sobre el volante y dejó escapar cuantiosas lágrimas llenas de dolor y desconsuelo. Eso no podía ser por amor, se convencía ingenuamente. Porque el amor duele y ella ya había tenido suficiente de eso. No le importó ya la hora, ni el papeleo, ni sus responsabilidades, ni la investigación. Se concentró en sacar las lágrimas que fueran posibles porque luego ya no se permitiría llorar, ni por Fish, ni por Trunks ni por nadie.
"Corazón estúpido" pensó con rabia mientras apretaba los dientes y los puños, con las mejillas mojadas por tibio llanto. Y no le importó que al llegar a la oficina los trabajadores la miraran extrañados, pues su aspecto dejaba mucho que desear, con los ojos hinchados y la voz ronca, ni le importaron las preguntas de la rubia Marron ni su preocupación. Se concentró en su trabajo, en olvidar, en desterrar esos estúpidos sentimientos que no le harían más que daño.
Y pasó la tarde y llegó la noche, pero al final, Son Pan no pudo olvidarse de Trunks Brief.
—
Ella estaba furiosa, no, mejor dicho, estaba ardiendo de rabia y cólera en esos instantes, mas como era una excelente actriz y sabía lo que estaba en juego si permitía que su verdadero sentir saliera a la luz, se tragó su enojo y esbozó la mejor de sus sonrisas cuando Bulma Brief, la madre de su amadoprometido, le dio la bienvenida a su hogar. Mai miró un instante el lugar, tan extravagante como siempre y aunque la mujer de azules cabellos se portaba lo más educada y cálida que podía como anfitriona, la raíz de sus problemas era otra mujer de cabello azul, mucho más joven, que sólo con verla había iniciado con sus comentarios sarcásticos. A pesar del esfuerzo que hizo Bulma para clamar a su hija, ésta era tan terca como su padre y ni un cataclismo hubiese sido suficiente como para callarla.
Comprendía que su instinto femenino era el causante y a pesar de lo mucho que negara sus intenciones, esa chica lo sabía, no con certeza, pero de cualquier forma lo sabía, y eso le ponía de muy mal humor.
Trunks estaba muy callado y nada cooperativo, desde hacía días que se comportaba de esa manera y ella era consciente de que la joven Son Pan debía ser al causante de ello. Pero ese David Fish se las pagaría caras, carísimas, pues en los últimos días no había hecho progreso alguno en su plan de reconquista. Debería haber sabido que ese estúpido rubio haría las cosas mucho más complicadas para ella, y aún así, el error lo cargaría ella.
Era malditamente estresante.
Se sentía casi asfixiada en ese ambiente lleno de cortesía, sabiendo que en realidad no era real nada de eso, que jamás siendo ella misma, hubiese tenido una oportunidad de acercársele al joven presidente y mucho menos estar recibiendo esas atenciones. Y eso la abrumaba cada vez más, desde hacía una semana que la duda le obligaba a repetirse en muchísimas ocasiones que ese era su trabajo, que debía llevar a cabo su actuación de manera extraordinaria, sin levantar sospechas, sin dar nada de qué dudar. ¿Cómo poder hacerlo si cada día era más consciente de que había perdido la motivación? Tras años de servir fielmente a Pilaf, su vigor y audacia había disminuido considerablemente. Todavía podía pasar desapercibida con aparente facilidad, pero cada vez que se miraba la espejo por las mañanas y se veía, ya no podía pasar por alto que su vida ya no valía nada, que ya sus motivos de existencia no tenían razón. Era la mejor en lo que hacía, ¿pero qué había más allá, qué era ella aparte de ser una criminal? ¿Una cáscara vacía, acaso? ¿Un instrumento nada más?
Porque ni siquiera podía llamarse a sí misma mujer.
Regresó de repente a la conversación que se llevaba a cabo en la sala de la residencia Brief, donde, afortunadamente, nadie había reparado en que ella no había puesto atención en el tópico de la misma. Trunks lucía melancólico, mas hacía el esfuerzo por poner su mejor sonrisa; Bulma estaba complacida y no se molestaba en ocultarlo y Bra, simplemente actuaba como se sentía, totalmente desinteresada.
Mai no se molestó en intervenir en la discusión del rumbo que debía tomar la empresa, no era algo que le molestara ni en que estuviera interesada, porque sabía bien que ese futuro que madre e hijo estaban planeando no tendría lugar una vez que ella diera la estocada final. Las miradas de desprecio de la menor del hogar no pasaron desapercibidas por ella, pero se limitó a ignorarlas con frialdad y desinterés. Llegó el momento de pasar al comedor y tampoco el ambiente fue muy animado. No había que discutir sobre nada de la boda, era más una cena familiar, después de todo, Mai no tenía ni idea de cómo planear una boda y menos si es boda era una completa farsa, así que todo correría a cargo de Bulma. Del vestido, eso sí, se encargaría ella y no habría objeción, ya que al trabajar en una boutique de alto prestigio, tenía a la mano poder hacer el pedido que quisiera a alguna de las tiendas afiliadas.
No quería que nadie se metiera en esa decisión.
Mientras alisaba la servilleta sobre su regazo, dio una discreta mirada al asiento que supuestamente debía ser del jefe de la familia, Vegeta, el cual permanecía completamente vacío. De hecho, solamente una vez había visto al hombre y por supuesto, con ello bastó, pues la mirada de total desdén que le dio le dejó en claro que ella era una intrusa en esa familia. Nada más alejado de la realidad.
—Señora Bulma —dijo Mai luego de carraspear un poco—, perdona la pregunta tan repentina, pero ¿dónde está el señor Vegeta?
La mujer se puso un poco pálida y se removió un poco incómoda en su asiento antes de darle una sonrisa, en la que se veía la disculpa.
—Lo siento, cariño, pero Vegeta no ha podido venir hoy, tuvo dificultades para asistir. Sin embargo, te manda saludos y una disculpa.
La sonrisa de Mai se volvió socarrona.
—Claro, no hay problema, simplemente se me ha hecho extraño. Después de todo es su hijo quien se casará, no un extraño.
—¿De qué hablas, Mai? —inquirió Trunks mirándola con interés.
La morena se volvió hacia él con una dulce sonrisa.
—Me parece que tu padre podría ser un poco más considerado contigo, amor, que te muestre un poco más de cariño —contestó encogiéndose de hombros.
El sonido de cubiertos dejados con violencia sobre la mesa desvió la atención hacia Bra, quien furiosa, se irguió en su asiento.
—Tú no sabes cómo es papá, así que no des opiniones estúpidas. Él es un hombre sumamente orgulloso y… ¡no trates de detenerme, mamá! —espetó cuando la mujer trató de detenerla con un ademán poco disimulado—. Sabes muy bien que papá no aceptó a venir porque la detesta, porque sabe al igual que yo que se trae algo entre manos. ¡Mujeres como ella abundan!
Trunks se levantó también de su asiento y reprendió a su hermana.
—¿Mujeres como ella, Bra? Por supuesto: mujeres sencillas, honestas, amables, desinteresadas, abundan, pero por fortuna, ella ha llegado a mí en el momento más adecuado y eso es algo que siempre voy a atesorar. Y si no lo recuerdas, hermana, será mi esposa, sin importar cuánto objetes o lloriquees; me casaré con ella aunque te cueste creerlo.
La chica, furiosa, no hizo más que levantar la voz.
—¡Ella es una maldita, Trunks, y si no lo has visto, ella no es nada de lo que mencionaste! Es una oportunista, de seguro solamente anda tras tu dinero y te aseguro que no hará más que traerte desgracias. Es más —agregó, furibunda—, ¡apuesto que nunca en su vida ha movido un dedo para conseguir lo que quiere!
Mai bien podría haber disfrutado del show que le proporcionaba la familia con su lucha verbal sin inmiscuirse, no obstante, esa chica había dicho las palabras prohibidas. Peligrosamente lento, apartó la servilleta de su regazo y la arrojó sin cuidado en la mesa, con lo cual, ambos hermanos dejaron de discutir y volvieron a sus asientos, confundidos. La anfitriona iba a disculparse, mas la morena la detuvo con solo levantar la mano. Frunciendo el ceño, observó fijamente a la chica de azules ojos, aquella que había colmado su paciencia y ya no lo haría más. ¡Al diablo el plan! Eso era personal.
—Dices que no he movido un dedo en mi vida paa conseguir lo que tengo, ¿no es así, niña mimada?
—Oye, a mí no me llames así —protestó Bra.
Mai la ignoró deliberadamente.
—Déjame decirte que eres tú la que no ha tenido que esforzarse para obtener absolutamente nada de lo que tiene,¡ sólo mírate!, nunca has trabajado, no estudias ya; tus padres te dan todo el amor y el dinero que necesitas, además de todas las libertades que tienes. No sabes lo afortunada que eres —sonrió con nostalgia—, porque al menos tú sabes quién eres y de dónde vienes.
—¿Crees que me vas a conmover con una historia inventada? Pues no me conoces —espetó la chica sin miramientos, cosa que hizo aumentar el enojo de la pelinegra.
—¿Conmover? —dijo ella apretando la mandíbula—. ¡¿Crees que busco tu maldita lástima, perra?!
—Hey, Mai, no uses ese vocabulario con mi hermana —intervino Trunks, quien fue ignorado vilmente.
Bulma estaba en una situación muy difícil, porque nunca imaginó que la brecha que separaba a ambas mujeres fuera tan grande, y Trunks no podía decantarse por ayudar a alguien en específico, pues la actitud de ambas era digna de un par de niñas inmaduras.
—¿Quién te crees tú para juzgarme? ¿Es que alguna vez te has ido a dormir con hambre? ¿Has pasado las frías noches de invierno en un maldito callejón sucio, lleno de olores inimaginables? ¿Alguna vez has tenido que hacer algo que odias con tal de poder sobrevivir? ¿Has sentido siquiera que tu alma se rompe en pedazos porque has perdido toda esperanza? ¿Alguna vez has tenido que soportar el dolor de los golpes que un maldito desgraciado te hizo porque quería violarte? No, ¿verdad? Y no sabes lo que es el verdadero alivio al ver que alguien te ayuda en esos momentos de necesidad, dándote la oportunidad de cambiar tu vida. Tú nunca has visto tus manos llenas de ampollas por el duro trabajo, ni sentido tus miembros entumecidos por cargar todo el día pesada mercancía. Así que ya lo sabes, la próxima ocasión que quieras decir al respecto, piensa en mis palabras, ¡porque cualquiera envidiaría tu maldita vida! —espetó, fúrica, antes de retirarse con grandes zancadas hasta la puerta.
Bulma y Bra habían quedado conmocionadas ante tales revelaciones y ninguna pudo pronunciar palabra en largo rato. Trunks, por su parte, había salido disparado para detener a la chica, ya que en ese estado no podía quedarse tranquilo si Mai pensaba en marcharse.
—Mai, por Kami, detente, ¡no voy a dejar que te vayas! —le gritaba mientras la seguía.
Él intentó sujetarla del brazo, pero ella se lo impidió con fuerza.
—No trates de arreglar algo que ya está destruido, Trunks —dijo ella sacando de una cápsula su auto.
—Pero, Mai, jamás me lo dijiste, pudiste contármelo, puedes confiar en mí —exclamó el chico de cabello lila, haciendo que la morena se detuviera en su andar ahaica su vehículo.
Dio media vuelta y le sonrió.
—Tú no puedes comprender, Trunks, no puedes hacerlo y jamás lo harás, así que mejor decidí guardar silencio. No he necesitado de nada durante años y no me derrumbaré en tus brazos como una chica frágil, ¿comprendes? Actuar como si fuera una muñeca de porcelana no es algo que vaya conmigo. Si he salido adelante, es porque nunca dejé que las adversidades me derrotaran, cariño, siempre he luchado con todas mis fuerzas para conseguir lo que quiero, y el casarme contigo no hará la diferencia —entró en el auto y desde la ventanilla sonrió con tristeza—. Diles que lo lamento —y arrancó, sin siquiera darle una oportunidad de replicar al joven Brief, quien estaba más confundido que nunca.
¿Cómo es que nunca había preguntado acerca del pasado de su prometida?
—
—Maldita sea —murmuró, apretando con todas sus fuerzas las manos, haciéndose unas marcas rojas en forma de media luna en las palmas.
Era suficiente, se había excedido y había revelado acerca de su vida privada y no tenía excusa para ello. Cuando Pilaf se enterara, porque se enteraría, tendría serios problemas. Había arriesgado la operación y le costaría caro. Y estaba harta, cansada de temer día anoche el modo en que decía las cosas, tener que encubrir los hechos. ¡Detestaba ser quien era, en lo que se había convertido!
Se dirigió al baño y miró su rostro sin rastro de maquillaje. Sus ojos no tenían ningún tipo de brillo, su cabello estaba liso y bien peinado, debajo de sus ojos había pequeñas ojeras, su piel estaba pálida. ¿Quién era esa mujer que la miraba a través del cristal pulido? No era esa misma tierna niña que miraba todo con recelo y timidez, la niña cuya inocencia atraía miradas. Lo que era y ya no fue, no podía verse mejor que a través de ese espejo. Formando un puño, producto de la furia que le daba, el asco que sentía la verse, golpeó con todas sus fuerzas el lugar donde su reflejo le acosaba constantemente, a cada mañana. Con esa acción, sus nudillos quedaron adoloridos y con pequeños y profundo cortes. Pero su furia era implacable.
Caminó veloz hasta la sala de su apartamento, buscó debajo de los cojines del sillón el arma que estaba escondida ahí para cualquier cosa. La revisó; tenía las ocho balas. Para una persona como ella, que ya no quería seguir obedeciendo órdenes, había dos alternativas: matar a su jefe o darse un tiro, y Mai había decidido inclinarse por ésta última. ¿Qué valía una vida como la suya? Si Pilaf quería el dinero de Trunks, que lo consiguiera por sus propios medios, porque ella ya no sería la marioneta de nadie.
Quitó el seguro y, aunque no lo quisiera, gruesas lágrimas comenzaron a derramarse de sus grandes ojos negros, bajando por la garganta, perdiéndose en el escote de la ligera bata de dormir. Puso el cañón de la pistola debajo de su garganta y cerró los ojos, soltando la respiración poco a poco. Se iría al infierno y no le preocupaba, todo era mejor que seguir fingiendo.
Y jaló el gatillo…
O lo hubiera hecho de no haber sido interrumpida.
—¡Pero qué diablos! —resolló Fish, quitándole el arma de las manos con presteza—, Pensé que yo era un idiota, pero creo que tú en verdad me llevas ventaja —espetó, furiosos contra la morena que temblaba, ya no de rabia, sino de terror.
¿Qué había estado a punto de hacer?
—Dime, qué demonios estabas haciendo, ¡contesta, Mai!
Pero ella no lo escuchaba, estaba consternada, con miedo, y tenía tanto frío. Lo miró a los ojos y dejó salir un sollozo. Estaba cansada, pero llegar a esos extremos no era algo de lo que pudiese estar orgullosa. Cuando él se acercó para tocarla, ella se acurrucó contra su pecho en busca de calidez, en busca del consuelo que no tenía, en los brazos de un hombre que no podría ocmprenderla.
—Por Dios, Mai, estás temblando —murmuró el rubio estrechándola contra sí, más fuerte.
La morena, en respuesta, lloró más fuerte y el chico dejó que se desahogara cuanto quisiera. La llevó al sillón y ahí se quedó, abrazándola, hasta que las fuerzas le abandonaron y se quedó dormida. Fish estaba nervioso, aunque había arrojado lejos el arma, sentía un escalofrío al pensar que pudo haber llegado muy tarde, y la sola idea de encontrarla muerta hizo que soltara un gemido. Acarició el cabello de la chica y depositó un beso en su cabeza. No la entendía, pero no necesitaba hacerlo para querer darle la felicidad que quizás nunca tuvo.
Olvidando el motivo de su inesperada visita, se recostó suavemente en el sillón con la chica en sus brazos. Necesitaba protegerla, ¿era eso un signo de locura, acaso? No lo sabía, pero no importaba. Mientras la chica no volviera a ser la misma que conoció, permanecería a su lado; mientras ella se lo permitiera, la abrazaría con todas sus fuerzas.
Y ella no estaría sola.
