We Meet Again

By Tsuki No Hana

IX

"Fotografías"

Año 1995

—Clase, el día de hoy se nos unirán dos nuevos compañeros —anunció la profesora—. Ellos son Fye y Yuui, vienen de Inglaterra y estarán acompañándonos durante un tiempo. Espero que sean amables con ellos.

Los gemelos estaban parados al frente del salón, con su mochila al hombro cada uno y portando el uniforme escolar que los hacía ver tan tiernos y adorables. Se veían demasiado serios para ser apenas unos niños de diez años. Y en cuanto a la clase, todos los niños los veían asombrados.

—Son igualitos —murmuró un niño.

—Obvio tonto, son gemelos —lo corrigió una pequeña.

—Sí, ¡Pero mira su cabello y sus ojos! Son de colores extraños.

Estos y más comentarios se dejaron escuchar un poco por todo el salón. En seguida la profesora le asignó un asiento a cada uno, pero como venían en pareja, les tocó compartir el pupitre.

—Por lo pronto estarán juntos, después los separaré de lugar para que vayan haciendo amigos en el salón —informó la maestra con una gran sonrisa, se veía muy amable.

Los gemelos caminaron hacia el centro del salón y tomaron su respectivo asiento.

A partir de ahí comenzó una nueva etapa para ese par de niños ingleses, todo cambiaría a partir de ahora.

OoOoOoOoO

—¿Dónde comemos Yuui?

—Mmm… ¡Ven! —lo tomó de la mano y juntos fueron al patio, donde encontraron unas banquitas perfectas para comer su almuerzo.

—¿Te gusta la nueva escuela?

—Sí, me gusta mucho ¿A ti no? —preguntó después de darle una mordida a su sándwich.

—Sí, pero… —se veía dudoso, ni siquiera había probado aún su comida—. Extraño nuestra casa, la escuela, el parque, extraño a mamá…

—Fye… —dejó de comer al ver que su hermano se entristecía de verdad. Se había encorvado un poco sobre sí mismo mientras veía sus pies—. Esta es nuestra escuela ahora, y la casa nueva será nuestro hogar de ahora en adelante —puso una mano sobre su hombro, consolándolo. Al pobre ya se le estaban saliendo las lágrimas, de coraje y tristeza.

—Es que… ¡No me gusta este país! No entiendo esas letras tan raras, no me gusta cómo hablan y tampoco me gusta su comida —estalló al fin, se lo había venido guardando desde hace tiempo, pero no quería preocupar a su padre, así que optó por no decir nada.

—Fye… —entristeció también. A decir verdad él también se sentía un poco desesperado por el cambio tan brusco. Afortunadamente en su antigua escuela enseñaban idiomas, así que no tenían tanto problema con el japonés, pero aun así la situación no era muy agradable—. Es difícil, pero papá sólo quiere lo mejor para nosotros.

El otro sólo asintió con tristeza.

—Ya sé, ya sé —suspiró fastidiado.

—Mejor come, anda —lo animó un poco, él ya había acabado su almuerzo, pero al parecer Fye no tenía mucho apetito—. Mientras voy al baño, espérame aquí.

—¿Sabes dónde está?

—No —rio entre dientes—. Pero lo buscaré.

Fye suspiró con una sonrisa. Qué sería de él sin su hermano, quien siempre le daba ánimos y le mostraba el lado bueno aún de las peores circunstancias

—¡Hola! —una aguda y alegre voz lo hizo saltar. Su sándwich casi terminó en el suelo por el susto, alzó la mirada con algo de enfado, pero todo enojo se esfumó al ver esa carita angelical tan cerca de él.

—Hola —respondió, ecuánime y sin mirarla del todo, por alguna razón se ponía nervioso al ver su linda carita.

—¿Me puedo sentar contigo? ¿Por qué estás tan solito?—preguntó con su tierna vocecita.

—Sí… y no, no estoy solo —por segunda vez la vio con atención—. Bueno, espero a mi hermano. Él fue al baño —respondió con un poco de nerviosismo, sin dejar de apretar sus pequeñas manitas sobre su regazo, incluso había dejado su sándwich de nuevo en su lonchera.

—Ya veo —comenzó a balancear sus pies, pues no alcanzaba a tocar el piso—. Y… —tomó aire—. ¿Cómo te llamas? ¿Qué edad tienes? y ¿Cuál es tu color preferido? —preguntó con una rapidez que sorprendió al pequeño niño rubio.

—Yo… me llamo Fye, tengo 10 años y mi color favorito es el azul, aunque…—se le quedó viendo fijamente a los ojos—. Creo que ahora es el verde —murmuró, diciéndolo con completa sinceridad.

—¿Sí? ¿Por qué? —inclinó un poco su rostro hacia un lado, logrando verse aún más linda.

—Tus ojos verdes son muy bonitos —confesó sin una pizca de vergüenza o timidez.

Él no pensaba en las niñas de una manera romántica, como cualquier niño normal a su edad, pero al ver a Sakura hubo una conexión especial, algo que le hizo pensar demasiado en esos ojos, esa sonrisa y en su tierna vocecita. Ella no era una niña como las demás, no, ella era diferente.

—¡Gracias! —respondió con algo de vergüenza, pero muy animosa.

Definitivamente quedó flechado y pensó: "Ella será mi novia, cuando sea mayor, y tenga auto y dinero, la invitaré a salir. Sí, será mi novia" pensó decidido, sin dejar de sonreír en ningún momento. Había pasado de un estado de ánimo neutro, a uno emocionado.

—Y… —siguió sonriendo—. ¿Qué hay de ti? —la miró fijamente, sintiendo calor en sus mejillas al hacerlo. Nunca había visto a una niña tan entusiasta o con una sonrisa tan cálida y tampoco con unos ojos tan grandes y hermosos. Nunca le había llamado la atención una niña, hasta el día de hoy.

—Me llamo Sakura Kinomoto, tengo 10 años y me encanta el color verde. Aunque… el azul también es muy lindo, como el celeste de tus ojos. Es como el azul del cielo. Los demás niños del salón dicen que son de un color raro, pero a mí me gustan mucho —sonrió ampliamente, sin dejar de balancear sus pies.

Meses después…

—Buenos días —saludaron los gemelos al llegar a su salón de clases. Kurogane, Tadashi y Tomoyo les respondieron amablemente, pero hubo algo que llamó su atención, en especial la de Fye.

—¿Y Sakura? —inquirió el menor de los gemelos al no verla por ningún lado en el salón de clases.

—¿No lo supiste Fye?

—¿Qué ocurrió? —ahora fue Yuui el preocupado.

Tomoyo soltó un pesado suspiro y procedió a explicar.

—Ayer en la tarde Sakura y yo salimos a patinar un rato, pero al regresar a su casa comenzó a sentirse muy mal, se desmayó y sus papás la llevaron al hospital. Se quedó allí internada y no sabemos cuándo saldrá.

—¡¿Qué!? —el pequeño rubio se exaltó demasiado, su gemelo lo miró preocupado, sabía cómo se ponía Fye cuando se trataba de hospitales, enfermedades y cosas por el estilo.

—Pero va a estar bien —agregó Kurogane, tratando de disminuir la atmósfera de tristeza y angustia que se había formado.

—Pero… ella está en el hospital y… no… no ella no puede morir —murmuró Fye, cada vez actuando más extraño.

—Oh por Dios ¡No! Ella no morirá —saltó Tomoyo, asustada.

—No… ella no… —siguió murmurando, viendo nada en particular y comenzando a temblar muy levemente.

—Hey, ¿Estás bien? —inquirió Kurogane al ver a su amigo actuando tan extraño.

Fye no respondió nada, sólo se dio media vuelta y salió corriendo del aula.

—¡Fye! —Tomoyo se puso de pie, dispuesta a ir tras él.

—Déjalo así —la infantil y suave voz de Yuui la detuvo. Su semblante era muy triste—. En esos caso es mejor dejarlo solo.

—¿Por qué huyó así? La clase está por comenzar —preguntó el moreno con curiosidad.

—No le gusta cuando la gente empieza a hablar de hospitales y enfermedades.

—¿Por qué? —preguntó Tomoyo, aún muy preocupada por su amiguito.

—Pues… eso es porque…—suspiró con tristeza—. Nuestra madre falleció hace poco, justo antes de venirnos a Japón. Ella estaba enferma y estuvo mucho tiempo en hospitales y con tratamientos, pero finalmente murió. Fye no ha podido superarlo —bajó la mirada—. Ni yo tampoco —pensó—. Es por eso que reacciona de esa manera. Lo mejor es dejarlo solo un rato, más tarde hablaré con él.

—Lo siento mucho, Yuui.

El rubio le sonrió con suavidad a su amiga mientras asentía con la cabeza.

OoOoOoOoO

—¡Fye! —Yuui vio a su hermano de lejos y corrió en su dirección junto con el resto de sus amigos. Tenían rato buscándolo—. Oye ¿Dónde te habías metido?

El aludido bajó la mirada desde la rama del árbol en donde estaba sentado y sin previo aviso bajó de ahí con un salto.

—Vayamos a ver a Sakura al hospital.

—¿Qué?

—Lo que dije.

—Pero… —abrió ambos ojos con mucha sorpresa—. ¿Qué no te daban pánico los hospitales? —pensó.

—Vayamos al salir —insistió.

—Sí, yo también quiero ir —se le unió Tomoyo, ésta miró a Kurogane, pero él permanecía estoico como siempre, así que lo codeó levemente.

—Yo también —suspiró resignado mientras se cruzaba de brazos.

—De acuerdo —suspiró con resignación—. Iremos al salir de clases —estaba preocupado por su hermano y la reacción que tendría al pisar de nuevo un hospital.

—Llamaré a mi madre para que nos lleve —dijo Tomoyo de inmediato.

Horas más tarde ya se encontraban en el hospital central de Tokio, los cinco niños frente a las enormes puertas de cristal del gigantesco hospital. Había mucho bullicio en la calle, al fin Tokio, pero apenas pusieron un pie dentro, todo se volvió silencio y tranquilidad.

Caminaron directo a la recepción y buscaron a una enfermera, pero antes de encontrarla, alguien los encontró a ellos.

—¿Fye, Yuui?

Los gemelos miraron al dueño de esa voz y se quedaron de piedra en su lugar.

—Papá —murmuraron los al unísono.

—¿Qué están haciendo aquí? Se supone que deberían estar en casa —puso ambas manos en sus caderas sobre su bata de médico mientras caminaba hacia los cinco niños.

—Vinimos a visitar a una amiga que está internada. Espera… ¿Este es el hospital donde trabajas? —preguntó Yuui, sorprendido.

Ashura suspiró.

—Sí. Lo sabrían si hubieran aceptado venir aquella vez que no quisieron acompañarme —alzó una ceja y luego miró a los otros dos niños y les sonrió—. Hola, mucho gusto. Soy Ashura, el padre de estos dos niños —se presentó amablemente, pero aprovechó para reprender a sus hijos.

—Soy Tomoyo, mucho gusto señor —sonrió tiernamente, el padre de sus amigos se veía muy buena persona.

—Kurogane, mucho gusto —se presentó el moreno.

—Entonces… ¿Vienen a visitar a una amiga?

—Así es, a Sakura Kinomoto ¿Sabe en qué habitación está? —preguntó con una madurez poco común en una niña de diez años.

—Oh ¿Sakura Kinomoto? —inquirió con sorpresa al reconocer el nombre y relacionarlo con el de una de sus pacientes, además que cuando la conoció el día de ayer, no pensó que se tratara de la misma Sakura Kinomoto que conoció sólo de nombre por un divertido acontecimiento ocurrido días atrás.

—Así es ¿La conoce?

—Sí, al fin se me hizo conocerla —miró fijamente y con diversión al menor de sus gemelos, éste se sonrojó de gran manera mientras que Yuui soltaba una risita divertida al recordar que su padre lo sorprendió escribiendo el nombre de "Sakura Kinomoto" en las últimas hojas de su libreta—. No recuerdo en cuál está, pero ahora mismo lo investigo y…

—¡Tomoyo! Querida, tú y tus amigos discúlpenme por tardarme tanto, pero no encontraba dónde estacionarme y lue… —se calló al mirar con quién estaban los niños—. Buenas tardes —saludó con sus mejillas algo sonrosadas.

—Buenas tardes —respondió con amabilidad—. Dr. Ashura Flowrigth, mucho gusto —le extendió la mano.

—Sonomi Daidouji —estrechó su mano suavemente—. Disculpe, ¿Los niños se metieron en algún problema, doctor?

—Oh no, para nada. Sólo estos dos —señaló a sus hijos.

—¿Fye y Yuui? Pero… si ellos son muy buenos niños ¿Qué fue lo que hicieron? —de verdad se la había creído, acababa de conocer a esos dos amigos nuevos de su hija, pero estaba segura de que eran niños muy buenos, pues eran de verdad educados.

Ashura comenzó a reír y Sonomi a molestarse.

—Disculpe, déjeme decirle que Fye y Yuui son mis hijos y se acaban de meter en problemas por no avisarme que saliendo de la escuela no irían a casa—sonrió de lado.

—¡Oh! —se avergonzó un poco—. Vaya, pero… si usted se ve muy joven como para tener hijos de esta edad.

El aludido se sonrojó muy levemente.

—Lo mismo digo de usted, imagino que Tomoyo es su hija.

—Oh, muchas gracias, y sí, ella lo es —sonrió ampliamente.

Los niños intercambiaron miradas entre ellos e hicieron muecas chistosas de desagrado. A Sonomi le brillaban los ojos cuando veía al doctor y éste se ponía un tanto nervioso con la mirada de la mujer.

Finalmente Fye carraspeó con algo de fuerza, atrayendo la atención de los adultos.

—Disculpen, pero… queremos ver a nuestra amiga.

—Sí, déjame buscar su habitación —el señor Flowrigth aprovechó la oportunidad para deslindarse de la conversación con la señora Daidouji. Le había incomodado un poco la mirada llena de admiración que le dirigía.

Ashura encontró fácilmente el número de habitación de Sakura y llevó a los niños a la recámara.

—Procuren no hacerla hablar mucho, necesita reposo y tranquilidad. En quince minutos volvemos por ustedes ¿De acuerdo?

—¿Quince minutos? —Fye infló las mejillas, decepcionado.

—Quince minutos —repitió.

Los niños aceptaron. Ashura tocó la puerta de la habitación 809 y después de un suave "adelante" entró sólo él.

—Buenas tardes —saludó a los señores Kinomoto y a otro joven como de dieciséis años que estaba en la habitación.

—Buenas tardes doctor —lo recibieron con amabilidad—. ¿Viene a revisar a Sakura? —inquirió la madre de ésta.

—En realidad vengo por otro asunto —sonrió con misterio y luego miró a la pequeña—. Sakura-chan ¿Cómo te sientes para recibir visitas?

La pequeña sonrió débilmente, pero asintió con la cabeza. Eso era un sí.

—Bien, porque en el pasillo hay cinco niños esperándote y vaya que a uno de ellos le espantan los hospitales —dijo refiriéndose a Fye—. ¿Quieres que los pase?

—Sí —sonrió más ampliamente al imaginarse quiénes serían.

Luego de que Ashura salió, los niños entraron de inmediato y sonrieron al ver a su amiga despierta, aunque se sorprendieron un poco al verla tan débil y pálida.

—¡Sakura! —Tomoyo corrió a su lado y tomó su mano—. ¿Cómo te sientes? —estaba muy angustiada.

—Bien —dijo en voz baja y con una sonrisita.

—Me alegro —sonrió, pero no dejaba de estar preocupada a pesar de ello. Se giró y saludó amablemente a los padres de su amiga y a su hermano, Kurogane hizo lo mismo y pronto le siguieron Fye y Yuui, presentándose con los señores y el hermano de su amiga.

—¿Flowrigth? ¿Igual que el doctor? —inquirió Touya, astuto.

—Es nuestro padre —aclaró Yuui. Los tres Kinomoto se asombraron.

—Vaya, no se parecen mucho —agregó el joven.

—Nos parecemos más a nuestra madre —sonrió Yuui.

—Su madre ha de ser una mujer muy linda —mencionó Nadeshiko con una gentil sonrisa.

Yuui no pudo responder a eso, sólo asintió con un nudo en la garganta y una sonrisa. Kurogane y Tomoyo vieron la tristeza reflejada en los ojos de sus amigos, pero pronto se recuperaron y fueron a donde Sakura para verla más de cerca y platicar un poco, aunque ella no dijo mucho debido a que se fatigaba con mucha facilidad.

El mayor de los gemelos no dejaba de parlotear con Sakura, Tomoyo le siguió la corriente y pronto los dos no dejaban de hablar con la castaña mientras que ella sólo reía suavemente y asentía con la cabeza. Kurogane se unía de vez en cuando y reía junto con sus amigos, el que definitivamente no decía ni "pío" era el menor de los gemelos. Fye estaba algo apartado de sus amigos, sentado en un pequeño sillón desde donde podía ver claramente a Sakura, lo cual hizo durante más de diez minutos, sin detenerse. Su mirada fija en ella, como si temiera que al voltearse ella fuera a desaparecer.

—Ese niño… —murmuró Touya, extrañado.

—¿Qué ocurre, hijo? — preguntó su madre.

—No deja de ver a mi hermana —murmuró, celoso.

—Creo que su padre se refería a él cuando dijo que a uno le espantaban los hospitales —sonrió suavemente.

—¿Pero por qué no deja de ver a Sakura? —gruñó.

—Déjalo en paz —rio un poco—. Son solo niños.

Touya resopló ante las palabras de su madre, pero aún sí no pudo desviar su atención de ese niño, podría ser igual físicamente a su gemelo, pero rápidamente notó lo distintos que eran.

—¿Fye, por qué no vienes? —inquirió su hermano, mirándolo con el ceño fruncido.

—Así estoy bien —respondió, serio. Esto sólo marcó más el ceño de su hermano, pero lo que él no sabía era que el Fye no quería moverse de ahí para poder tener una vista completa de la castaña, si se acercaba, ella notaría la angustia y miedo en sus ojos, así que se conformaba con verla y asegurarse de que estaba viva y no moriría.

OoOoOoOoO

—Entonces… ¿Eres el médico de Sakura? —preguntó Sonomi con seriedad. Ella y Ashura habían ido a la cafetería por un refrigerio mientras los niños visitaban a su amiga.

—Sí, bueno… cuando llegó a urgencias fui el primero en atenderla, pero al revisarla tuve que llamar a un colega. Sigo siendo su médico principal, pero otro especialista se encarga de su caso —explicó con seriedad.

—Tú eres médico…

—…pediatra —completó—. Soy el jefe de pediatría de este hospital.

—Oh —se asombró mucho, pero su expresión cambió pronto a la de preocupación—. Lo que Sakura tiene… ¿Es muy grave?

Ashura suspiró un poco.

—No te voy a mentir… Sakura-chan tiene un problema cardiaco grave.

—Oh por Dios —se llevó ambas manos a la boca con terror—. ¿Qué es lo que le pasa?

—Cierta parte de su corazón no está funcionando bien.

—¿Y no se la pueden reparar?

—No es tan fácil, para empezar no existe una operación para arreglar ese tipo de daños y por otra parte un trasplante de corazón no es una opción en su caso, pues lo que padece no es suficiente para entrar en la lista de espera para un corazón nuevo.

—No… —se horrorizó—. ¿Entonces qué es lo que van a hacer?

—Por lo pronto su médico está buscando alguna combinación de medicamentos que la ayuden a tener una vida normal. En el mejor de los casos podrá tener una vida casi normal, sólo deberá evitar emociones fuertes y el arduo ejercicio. Eso será hasta que encuentren una cura para su enfermedad —la miró con tristeza. Ella no lo notó, pero Ashura sentía una gran impotencia en su interior. La medicina y la ciencia se quedaban cortas para el problema que padecía la pequeña.

—No puede ser… —sollozó.

Año 1997

—¿A dónde vamos Fye? —soltó una risita traviesa, siendo aún arrastrada de la mano por el rubio, quien daba vuelta en un pasillo, luego otro, subía escaleras y pasaba por cuartos extraños de la primaria, sin soltarla en ningún momento.

—Es una sorpresa —respondió sin siquiera voltear, pues parecía más preocupado por llegar a tiempo a cierto lugar.

La risita cantarina de la castaña resonó en todo el pasillo, vacío a las seis de la tarde de ese día de primavera. Ella no podía verle el rostro, pues la jalaba de un lado a otro, caminando de prisa y sin mirar atrás.

Ciertamente ese niño se había vuelto un gran amigo suyo desde el día en que se conocieron a mitad del recreo, pero nunca se esperó llevarse tan bien con él y su gemelo, los dos son unos niños muy divertidos a pesar de su apariencia tan seria, en especial Fye, pues siempre resultaba ser muy ocurrente y bromista.

—Nos van a regañar si nos encuentran aquí —murmuró con la respiración acelerada por la carrera, al fin el rubio se había detenido, pero ella no terminaba de entender lo que quería mostrarle, pues antes de la hora de salida, le dejó un recado en su locker, citándola en la puerta principal a las seis de la tarde.

—¡Es por aquí! —reanudó la carrera, ignorando lo que le había advertido.

Ella ya no se resistió más y terminó cediendo, esperando y siguiéndolo pacientemente hasta que…

—Llegamos.

Al fin se detuvieron frente a una puerta, después de haber subido cientos de escalones. Y ahí fue donde vio el rostro de su amigo por primera vez en un buen rato… se veía muy nervioso ¿Por qué sería?

La puerta frente a ella se abrió entonces, en un movimiento lento, pero decidido.

—¿Esto es… la terraza de la escuela? —se animó a preguntar, aun sabiendo la respuesta.

—No sólo eso… —extendió su bracito en un gesto galante, indicándole que pasara ella primero—… también es la terraza del edificio más alto de la primaria —afirmó emocionado.

El trinar de algunas aves de canto y el leve murmullo de las hojas de los árboles al moverse, eran lo único que se escuchaba a los alrededores.

—¡Es hermoso! —se emocionó cuando vio el atardecer a lo lejos—. ¿Por qué no habíamos venido aquí antes? ¿No me digas que este es el lugar en donde siempre te escondías en los recreos? —preguntó rápidamente, sorprendida y muy divertida.

—Es un lugar muy especial para mí y no se lo enseño a cualquiera. Y sí, aquí vengo siempre que estoy aburrido o cuando no quiero hablar con nadie —respondió a cada pregunta.

—¿También cuando no quieres hablar conmigo? —preguntó con un atisbo de tristeza.

—¡N-no! Contigo yo siempre quiero hablar. Me gusta muchísimo platicar contigo en los recreos y…—su rostro se ruborizó por completo al ser consciente de lo que decía y la enorme sonrisa asomándose en los labios de su amiguita—… ejem… bueno, yo… —se rascó la nuca, avergonzado por su arrebato de sinceridad, pero su cuerpo se congeló al sentir que su amiga lo tomaba de la mano libre y le sonreía de una manera muy tierna.

—Me hace muy feliz saber eso, que te gusta platicar conmigo —sonrió más ampliamente, haciendo que el sonrojo en su amigo aumentara, al igual que sus nervios.

—Sí… —desvió la mirada, muy apenado y sin saber qué hacer ahora—. Vamos… no pierdas el valor —se decía a sí mismo. Hace un par de años había estado a punto de perder a su amiga, ahí se dio cuenta de que la vida es corta como para perder el tiempo. También pensó: "¿Qué pasaría si cualquiera de los dos muere y ella nunca se entera de mis sentimientos?" así que había tomado ya una decisión.

—¿Y para qué vinimos aquí? —soltó su mano y caminó a los alrededores, disfrutando de la hermosa vista que le ofrecía ese décimo piso.

El niño no dijo nada, sólo apuntó con su mano hacia un lugar a unos metros de ellos.

Había preparado un "pic nic" para los dos. Sakura se llevó una enorme sorpresa, y muy feliz aceptó merendar con su amigo, aunque aún no entendía el motivo de todo eso, hasta que…

El sol estaba dando sus últimos rayos cuando Fye al fin tuvo el valor de hacer lo que se había propuesto casi desde que conoció a esa despistada niña castaña y ojiverde.

—Sakura yo… yo quería decirte que yo… —se petrificó cuando esos hermosos ojos verdes se posaron sobre los suyos, mirándolo con curiosidad—. Yo… —las manos le sudaban, su corazón tenía taquicardia y su voz… bueno, ya había empezado a tartamudear por los nervios.

—Sí, dime.

—Yo quisiera saber si tú… ¿¡Te vas a acabar eso!? —señaló el último bocadillo en el plato.

—No ¿Lo quieres? —se lo ofreció sonriente.

—Sí… ¡No! —gritó, frustrado por su intento fallido.

—¿Entonces? —ella ya no entendía. Rio con diversión.

El pequeño sólo sintió cómo su corazón se le quería salir del pecho. No pensó que sería tan difícil decirle que la quería.

—Rayos… —sin previo aviso se puso de pie y caminó hasta la baranda de la terraza, dándole la espalda a su amiga, cuya carita estaba adornada por la más pura expresión de la confusión. No esperó ni un segundo para seguirlo.

—¿Está todo bien, Fye? —se paró a su lado, tratando de verle el rostro.

—Yo quería decirte algo importante, pero no sé cómo hacerlo —confesó al fin, muy apenado.

—Pues sólo dilo —sonrió ampliamente mientras se encogía de hombros.

—Tienes razón… —suspiró y luego llenó sus pulmones de aire—. ¡Quiero que seas mi novia! —soltó de golpe.

—¡¿Qué?! —retrocedió un paso.

—¡Sí! —se sonrojó hasta las orejas, al igual que su amiga, luego se dio cuenta de su error—. ¡Pero no ahorita! Aún estamos pequeños, por eso quiero pedirte que seas mi novia cuando seamos mayores, cuando yo sea más alto que tú y tenga auto y dinero para salir a pasear juntos. Pero quería que supieras que tú me gustas mucho y que serás mi novia, después nos casaremos y estaremos juntos por siempre —exclamó rápidamente y con mucha seguridad a pesar de su carita completamente roja.

La castaña aún estaba perpleja. Nunca se habría esperado aquello. ¿Ella? ¿Gustarle a Fye? Increíble…

—¿Qué dices? —preguntó nervioso, dando un paso al frente para quedar más cerca de ella.

—Yo…—bajó su carita y miró sus zapatos, pensando y analizando sus sentimientos—. No lo sé, yo… ¡Fye, so-sólo tenemos diez años! —trastabilló, completamente nerviosa, pero cuando alzó la mirada no tuvo tiempo de pensar, pues de un segundo a otro Fye ya estaba sobre sus labios. Una extraña chispa se hizo presente justo cuando sus labios se unieron. El contacto no duró más de dos segundos, pero fue suficiente para que su corazón se detuviera y latiera a mil por segundo ¿Cómo era posible aquello?

Parpadeó repetidamente, aun sintiendo un leve cosquilleo donde momentos antes habían estado los labios de su amigo.

Alzó la mirada hasta toparse con el rostro de Fye tan rojo como nunca y con sus ojazos azules inundados en un brillo muy especial.

Ambos se llevaron una mano a los labios, sorprendidos aún por esa extraña chispa, fue como un leve y suave choque de electricidad. Además… había sido el primer beso de ambos.

—Lo sé, somos pequeños y… —desvió la mirada—…no nos permitirán ser novios aún, así que te pido por favor que me esperes. Cuando seamos un poco mayores, nadie podrá impedir que estemos juntos.

La ojiverde asintió en silencio, aún con los ojos enormemente abiertos y con una mano sobre sus labios. Estaba en shock.

—Di algo, por favor —se avergonzó aún más ante su silencio.

—Yo te esperaré…—murmuró muy quedito, pero lo suficientemente alto como para que el rubio la escuchara. Fue lo único que necesitó para que una enorme sonrisa adornara el rostro del pequeño ojiazul.

—¿Entonces tú también me quieres? —preguntó con su dulce vocecita infantil, asombrado y aún algo inquieto.

—Sí —asintió con un leve movimiento de cabeza. Sus mejillas continuaban arreboladas y esto sólo la hacía más hermosa ante los ojos del rubio, quien no se contuvo más y la abrazó con mucha felicidad.

—¡Con que aquí estaban!

Una voz grave y muy conocida por ambos, los hizo saltar de su lugar.

—Touya… —murmuraron los dos con un tono lleno de terror.

—¡Oye tú! —apuntó a Fye con el dedo acusadoramente—. Suelta-a-mi-hermana-ahora.

El pobre obedeció al instante y ambos niños se quedaron como piedras en su lugar.

—¿Qué están haciendo aquí? —espetó con verdadero fastidio, pero no los dejó responder—. Monstruo, hoy te tocaba hacer la cena, pero nunca llegaste y mis papás se preocuparon mucho por ti. Tu padre también te estaba buscando, pero fue tu hermano el que nos dijo que estaban aquí —miró acusadoramente al rubio—. ¿Qué querías hacerle a mi hermana, mocoso? —entornó los ojos con molestia.

—¡Touya! —exclamó Sakura—. No hizo nada malo, sólo preparó un pic nic para los dos —señaló con su mano el mantel y la cesta con comida.

—Pequeño mocoso —gruñó—. Vámonos ya a casa, que a los dos les espera un buen castigo por no llegar y tampoco avisar que estarían fuera.

—Pero Sakura no… —trató de defenderla.

—Los dos tendrán castigo —espetó, interrumpiéndolo—. Estaba molesto por la preocupación que pasaron al estarlos buscando, pero más que eso eran los celos lo que corría ahora por sus venas. Estaba claro para todos que Fye estaba loquito por Sakura, así que eso fue más que suficiente para que Touya le hablara de "mocoso" todo el tiempo.

Resignados recogieron todo y se fueron detrás de Touya por los pasillos.

La castaña dio un pequeño salto al sentir que tomaban su mano con cariño, miró la unión de sus manos y luego al dueño de ella, quien le guiñó un ojo cómplicemente y le soltó la mano antes de que el hermano mayor los descubriera.

OoOoOoOoO

—¡Yuui! —el rubio entró a la habitación de su hermano—. ¿Por qué me descubriste con papá? Ahora estaré castigado por una semana.

—¡Lo siento! —dejó de leer su manga preferido y se acercó a su gemelo—. Pero mi papá tenía al teléfono a la mamá de Sakura y ella se oía muy preocupada, después recordé que me dijiste lo que harías, así que tuve que decirles, lo siento… —se avergonzó de verdad.

—Está bien… —suspiró.

—Pero dime —sonrió con complicidad—. ¿Cómo te fue? ¿Le dijiste ya?

Sólo obtuvo como respuesta una enorme y pura sonrisa de parte de su gemelo y eso bastó para que supiera que le fue excelente.

—¡¿Ya son novios?! Pero sabes que no nos dejan… —fue interrumpido.

—No, claro que no, pero… le dije que será mi novia cuando seamos grandes y que me casaré con ella y…

—¡Wow! Espera hermano, te estás adelantando mucho —lo detuvo, pero el otro infló sus mejillas infantilmente—. ¿En verdad quieres casarte y hacer cosas cochinas con tu esposa? —hizo mueca de verdadero asco.

—Sí, Tadashi nos platicó unas cosas increíble hoy, dijo que sus papás le explicaron cómo se hacen los bebés y la verdad es algo asqueroso.

—¿Y cómo se hacen los bebés? —preguntó Fye inocentemente. La cara de Yuui enrojeció por completo.

—E-eso lo sabrás cuando nos lo expliquen en clase —tomó su manga y siguió leyendo a pesar de que su gemelo insistió por un buen rato.

OoOoOoOoOoO

—Buenos días clase —saludó la profesora de ciencias naturales—. El día de hoy vamos a ver un tema muy importante: "Sexualidad y reproducción humana"

Los niños que ya sabían algo sobre el tema hicieron muecas y exclamaciones de asco, mientras que los niños que no tenían ni idea, se quedaron callados y atentos.

—No, qué asco, no quiero escuchar esto de nuevo —Yuui se tapó la cara con ambas manos mientras Fye lo veía confundido y pensaba: "¿Qué tan malo puede ser?"

En el pupitre de atrás se encontraban Kurogane y Tadashi, quien hizo la misma expresión asqueada que Yuui.

—Ya maduren —suspiró Kurogane, cruzado de brazos y con mucha seriedad—. Tarde o temprano teníamos que ver ese tema.

Sakura y Tomoyo estaban al lado del pupitre de los gemelos, ésta última miró a Kurogane como si se tratara del chico más guapo de la escuela, estaba admirada por su seriedad y madurez. La castaña era tan distraída que no se percató de ello, más bien permanecía en su propio mundo, nerviosa y acalorada por el tema que estaba a punto de ver. Su madre ya le había explicado algunas cosas, como por ejemplo lo que les ocurre a las mujeres cuando dejan de ser niñas, pero nunca le había dicho cómo se hace un bebé, esto era tema nuevo para ella y a decir verdad tenía mucha curiosidad al respecto, pues días atrás Fye le había declarado su amor y hasta le dijo que sería su novia y finalmente su esposa, eso quería decir que tendrían hijos juntos, todos las personas que se casan los tienen.

—Empezaremos por el aparato reproductor femenino y continuaremos con el masculino, antes que nada tienen que saber…

Y así transcurrió la clase, conforme la profesora avanzaba en su explicación de cada órgano y su función, los alumnos se ponían cada vez más y más rojos y nerviosos. Terminó de explicar el aparato reproductor femenino, luego el masculino y todo iba bien, hasta que comenzó a explicar la función que tenían que hacer juntos para poder crear vida.

Muchas exclamaciones de asco se dejaron escuchar por toda el aula.

—Niños, tranquilos, no hagan esas expresiones que esto es lo más normal del mundo, si no fuera por esto ninguno de nosotros podría tener hijos ¿No creen que es hermoso?

—¡Esta profesora está loca! —exclamó Tadashi, Kurogane bufó fastidiado, aun de brazos cruzados al ver la actitud de sus compañeros y Tomoyo… bueno, ella sonrió divertida al ver la cara estupefacta de Fye y Sakura, ninguno de los dos hacía exclamación alguna y sus rostros estaban más rojos que la grana.

La risilla de Yuui atrajo la atención de sus amigos más cercanos.

—¿Y sigues con la idea de casarte y tener hijos, hermanito? —murmuró bajito, pero lo suficientemente alto para que Fye y Sakura escucharan.

—¡Adoptaremos!

—¡Adoptaremos! —exclamaron los dos al mismo tiempo, el problema fue que toda la clase los escuchó y no tardaron en estallar en carcajadas. Pronto se empezó a escuchar un corito: "Sakura y Fye sentados en un árbol, se dan besitos y tienen muchos hijos"

—Joven Flowrigth, señorita Kinomoto. ¿Podrían hacernos el favor de guardar silencio? Tal vez ahora piensen que es mejor adoptar, pero cuando crezcan les prometo que no pensarán lo mismo, incluso querrán hacerlo aunque no quieran hijos y… —se detuvo al ver la cara de asco de todo el salón—… bueno, olvídenlo, sólo guarden silencio por favor —suspiró y continuó. Todos los años era lo mismo.

Año 2000

—¡¿Qué?! —casi se va de espaldas—. ¿Kurogane ya… tú y él… ya te lo pidió? —se hiperventiló.

—¡Sí amiga! ¡Ya somos novios!

—Pero… ¿Tú mamá qué dice sobre eso?

—No lo sabe… —suspiró—. No quiere que tenga novio hasta que sea mayor de edad, ya sabes cómo es de celosa, pero… tú sabes que Kurogane me ha gustado desde el prescolar —suspiró enamorada—. Y ahora él me pidió que fuera su novia, me dijo que me ha querido desde el prescolar también, pero no se animaba a decírmelo porque aún éramos pequeños.

—Y… ¿Ya se besaron? —preguntó emocionada, soltó un gritillo de emoción cuando su amiga asintió muy feliz—. Nunca me imaginé que ustedes….

—Lo sé, varias personas me han dicho lo mismo, sobretodo porque no nos parecemos en nada, pero eso es lo que me encanta de él, nos complementamos a la perfección —sonrió con dulzura.

Kurogane era de verdad un chico muy apuesto y codiciado en la secundaria, pero a la vez era conocido por ser demasiado serio y reservado, muy maduro, además que intimidaba un poco a los demás con su profunda mirada oscura que en ocasiones destilaba destellos rojizos. Tomoyo en vez de considerarlo motivo para tenerle temor, lo veía como alguien único y especial, perfecto para ella.

—Qué bonito es querer tanto a una persona…

—Oye, no te pongas triste. Tienes a Fye ¿No? Él está loquito por ti desde la primaria —se sorprendió.

—Lo sé —rio nerviosa—. Pero… no sé si siga siendo igual.

—¿Por qué lo dices? —la aludida suspiró tristemente.

—Casi ya no hablamos, siempre está ocupado y… y ya nunca volvimos a tocar el tema de ser novios.

—Pero aquella vez hasta te besó ¿No es así?

—S-sí, pero… no sé.

—No te preocupes Sakura, ya viene el baile de graduación y ten por seguro que te invitará —le guiñó un ojo.

—Eso espero…

—Cambiando un poco de tema…—quiso animarla un poco—. ¿Has visto que últimamente Yuui pasa mucho tiempo con Akemi?

—¿Akemi, la chica de segundo año?

—Sí, ella. No sé… me da la impresión de que le gusta.

—¿Tú crees? —se asombró y lo meditó unos momentos—. Ahora que lo mencionas hacen muy bonita pareja.

Tomoyo rio y su amiga la miró sin entender.

—¿Y no te has dado cuenta?

—¿De qué?

—Akemi es casi idéntica a ti, tienen mucho parecido. Si no las conociera pensaría que son primas o incluso hermanas. Y es chistoso porque tú y Fye serán novios y no lo dudo de que Akemi y Yuui también. Si salen los cuatro juntos parecerán dos pares de gemelos —rio—. Al parecer los hermanos tienen gustos muy similares —siguió riendo.

—Tomoyo, qué cosas dices —se contagió con la risa de su amiga.

OoOoOoOoO

—Te vez hermosa hija —la miró con una gran sonrisa.

—Gracias papá —lo abrazó con cariño y luego miró al joven que estaba parado en la entrada de su habitación, quien se recargó contra el marco de la puerta, viéndola, luego arrastró una de sus medias sonrisas con ese tinte de burla y un poco de intriga.

—Pues… después de todo no quedaste tan mal—murmuró deliberadamente.

—¿Qué estás insinuando, her-ma-no? —alzó una ceja inquisitiva y él se limitó a mantener su sonrisa socarrona.

—Que para ser un monstruo no quedaste nada mal. Mamá, sí que hiciste un buen trabajo, te felicito.

Los señores Kinomoto no pudieron evitar soltar risitas al ver cómo Sakura trataba de darle una fuerte patada a su hermano, viendo en el intento que sería inútil mientras portara ese hermoso vestido y sus esquicitos zapatos de tacón.

—No le hagas caso cariño, estás hermosa. Además, tu hermano dice eso porque está celoso.

—¡Bah! ¿Celoso yo? Sí claro —rodó los ojos y se cruzó de brazos.

En ese instante el sonido del timbre de la casa inundó todas las habitaciones.

—¡Debe ser Fye! —saltó la castaña, ya sonrojada y muy nerviosa.

—Ese mocoso… —masculló el mayor de los hermanos Kinomoto.

—¿Decías? —inquirió su madre con un tinte de diversión y sarcasmo en su voz. Touya sólo gruñó más y frunció el ceño—. Iré a abrirle la puerta.

Mientras tanto la castaña se puso aún más nerviosa y corrió a su espejo para cerciorarse de que todo estuviera correcto en su arreglo. Se retocó un poco el maquillaje y continuó acomodándose el cabello hasta que vio en el reflejo del espejo a su padre y hermano, ambos la veían fijamente; cada uno a su manera, claro. Touya seguía con el mismo ceño fruncido mientras su boca formaba una fina línea horizontal, y en cuanto a su padre… bueno, él la veía con mucho amor.

—Ya eres toda una jovencita, mi pequeña.

—Oh papá —el sentimiento le ganó y corrió a sus brazos.

—Vamos, no se pongan emotivos. La monstruo apenas tiene quince años, no es la gran cosa.

—¿¡Qué dijiste?! —preguntó amenazadoramente, alzando su puño cerrado, pero todo su enfado se esfumó al escuchar las siguientes palabras.

—Sakura, baja, Fye te está esperando.

La voz de su madre llegó hasta sus oídos, logrando que su nerviosismo volviera. ¿Y si no le gustaba a Fye? ¿Y si tal vez se había arreglado y maquillado de más? Era cierto que era el baile de su graduación de secundaria, pero tal vez se había esmerado demasiado en su aspecto y…

Su mente quedó en blanco a la mitad del camino en las escaleras, pues al final de éstas la esperaba el chico más apuesto que había visto en su vida entera. Se quedó unos segundo contemplándolo, quedando tan impresionada con lo bien que se veía, que ni siquiera se percató de que el pobre estaba en las mismas circunstancias al verla bajar. Aprovechó el tiempo y lo miró de arriba abajo, se veía tan apuesto con ese smoking negro y su corbata color azul índigo a juego con el vestido que ella portaba, y ni qué decir de su cabello, se lo había cortado un poco y se había peinado, aunque aun así seguía manteniendo su estilo "libre" y "desinteresado"

Agradeció al cielo que llegó a la planta baja sin caerse con tal chico frente a ella. Tal parece que él se percató del temblor de sus rodillas, pues cuando estaba a tan sólo dos escalones de llegar a su lado, le extendió caballerosamente una mano. Ella la tomó gustosa y estaba a punto de decirle lo guapo y atractivo que se veía, pero tenía un nudo en su garganta ¿Nervios? No, que va, sólo sentía que si seguía observándolo tanto, tal vez dejarían de ser amigos en ese mismo instante y se lanzaría a sus labios sin pensarlo dos veces.

Sonrió al percatarse de sus extraños pensamientos. Ciertamente ambos estaban conscientes de los sentimientos del uno por el otro, pero aun así no habían vuelto a tocar el tema desde que el rubio se le declaró en la terraza de la escuela, sin embargo… ambos sabían a la perfección que sus sentimientos permanecían intactos dentro de sus corazones, lo notaban cada que se miraban a los ojos, con cada gesto y cada acción.

—Hola.

—Ho-hola Fye —terminó de bajar los últimos dos escalones con su ayuda. Estuvo tentada a saludarlo con un beso en la mejilla (Como siempre) pero se contuvo al sentir la penetrante mirada de su hermano sobre la nuca.

La ojiverde escuchó que otras dos voces la saludaban y fue hasta ahí que se percató de la presencia de la familia de su amigo. Su padre Ashura (Quien los llevaría al baile) la veía con el mismo cariño que su papá, mientras que Yuui, tan guapo como su hermano, le sonreía como Touya debería hacerlo. Tristemente no tuvo la fortuna de tener un hermano como Yuui, todo sería armonioso y feliz si fuese así.

Finalmente y después de que Nadeshiko les tomara unas cien fotos, los Flowrigth salieron de la residencia, llevándose a la pequeña flor de cerezo con ellos.

—Estás bellísima —le susurró al oído una vez que los cuatro estaban en el automóvil. Ellos dos atrás y Yuui como copiloto.

—Gracias —se sonrojó hasta las orejas, Fye no le decía eso todos los días, aunque lo notaba en su mirada—. Tú… tú te ves muy bien.

—¿Sólo "muy bien"? —dramatizó un puchero. Sakura rio.

—Te vez muy, pero muy guapo —rio un poco más.

—¿Y qué tal me veo yo, Sakura? —preguntó Yuui, asomándose a la cabina de atrás y guiñándole un ojo con galantería. La castaña se ruborizó al percatarse de que sí los escuchaban y observó la mirada divertida del padre de sus amigos por el retrovisor. ¡Qué vergüenza!

—Ta-también te vez muy bien, Yuui.

—¿Y tú, hermano? —enfatizó la última palabra, celoso—. No me has dicho a quién invitaste al baile. ¿Puedo saber de quién se trata?

—¡Por supuesto! De hecho, ahora mismo vamos por ella ¿Verdad, papá?

El mayor sólo rio un poco y asintió.

Los dos se llevaron una enorme sorpresa al ver que se trataba de Akemi, otra chica del grupito con el que se juntaban. Ella era de primer año de secundaria, pero la conocían desde el preescolar. Siempre fue muy buena amiga de Sakura y Tomoyo, y por consecuente de Kurogane, Fye y Yuui, aunque al parecer éste ultimo sentía algo especial por ella.

—Asaltacunas —murmuró Fye con fingida indignación—. Te lo tenías bien escondido —entornó los ojos y el otro rubio se puso muy nervioso.

—Pero sólo es dos años menor que nosotros —se excusó.

—Asaltacunas —Sakura repitió las palabras de su amigo mientras se cruzaba de brazos y lo miraba "reprobatoriamente" aunque no pudo evitar soltar una risita al final—. Cuida bien de ella.

—Más te vale que lo hagas —advirtió Fye, pues le tenía cariño a la "pequeña" del grupo.

—Claro que sí —desvió la mirada y se sonrojó furiosamente—. Yo la quiero de verdad…

Todos menos Ashura, se llevaron una gran sorpresa, pues Yuui de verdad que se lo tenía bien escondido.

Después de pasar por Akemi, quien también se veía hermosa, finalmente llegaron a la escuela. Ashura los dejó ahí con la condición de que pasaría temprano por ellos, antes de medianoche. Todos estuvieron de acuerdo y entraron con emoción al gimnasio de la secundaria, el cual parecía todo menos un gimnasio con tanta decoración, luces, alimentos, ponche y con esa música tan alegre.

Al lado de la improvisada pista de baile, estaban en la mesa Kurogane y Tomoyo recibiéndolos con una sonrisa, bueno, de parte de Kurogane no tanto. De inmediato dejaron sus cosas en las sillas de esa mesa y corrieron a la pista de baile, aunque no sin antes de llevarse una gran y grata sorpresa al ver que Yuui y Akemi iban juntos como pareja, lo Fye y Sakura no fue una gran sorpresa, pues todos ahí sabían que ambos se querían, pero eran demasiado penosos como para admitirlo una vez más y así dar el siguiente paso.

Las tres parejas bailaban al ritmo de la música de los 90's, aunque… Kurogane se mantenía renuente a bailar esa música tan "escandalosa" para su gusto, aun así complació a su novia con una o dos canciones.

El momento de la música romántica y lenta llegó, provocando que la pista se despejara un poco y se quedaran sólo las parejas de novios en la pista. Los rubios y sus respectivas parejas se fueron a beber algo a su mesa, mientras que Tomoyo y Kurogane disfrutaban un poco de esa música, pues él gustosamente aceptaba bailar eso, pues… así podía tener el cuerpo de su novia muy cerca del suyo, y eso le encantaba.

Hablando de ellos… su relación era algo complicada, no porque hubiera tensión y diferencias, no ¡Qué va! Si siempre se llevaron muy bien, ella entendía incluso los silencios del moreno y él le brindaba el cariño y amor que a nadie más le mostraba, ambos formaban una pareja muy madura a pesar de sus cortos quince años. El problema era que… la madre de Tomoyo no estaba de acuerdo con que su hija tuviera novio aún, decía que era todavía una niña y no dejaría que ningún pelafustán la enredara sino hasta que tuviera la mayoría de edad. Esto era un problema, pues debían ocultar su relación. Y en cuanto a los padres del moreno… ellos no tenían ningún problema en que su hijo tuviera novia, pero tampoco les habían dicho, pues al hacerlo ellos pedirían conocer a la familia de su novia, por simple cordialidad y eso, mis amigos, sería un grave problema.

—Es la segunda vez que miras en aquella dirección ¿Qué te preocupa? —le preguntó con suavidad y con las manos alrededor de su nuca mientras él la sujetaba suavemente de la cintura, meciéndose al ritmo de "You're beautiful" de James Blunt.

—No es nada de qué preocuparse, al contrario… —sonrió de lado y volvió a mirar hacia la mesa, específicamente a Sakura y a Fye.

—¡Oh por Dios! No me digas que…

Su novio asintió con una sonrisa ladina.

—¿Hoy lo hará? ¡¿Estás seguro?!

—Claro que sí —rio un poco por la efusividad de su novia—. Me lo dijo hace una semana, hoy se lo pedirá, de hecho… creo que está a punto de hacerlo —señaló con la mirada a su par de amigos que salían por una de las puertas del gimnasio que daban hacia el jardín de la secundaria que había sido adornado con luces, fuentes de agua y flores por doquier, con un lindo quiosco en medio de todo. Allí fue donde Fye condujo a Sakura.

La noche era hermosa y el jardín estaba iluminado mágicamente con miles de pequeñas lucecillas que conducían a ese blanco e iluminado quiosco. El pavimento se encontraba algo húmedo debido a la brisa nocturna y las luciérnagas se dejaban ver, haciendo aún más mágico el ambiente. El rubio caminó hasta el quiosco sin soltar la mano de su amiga, cuyas mejillas estaban tiernamente ruborizadas.

—La noche es hermosa —murmuró ella de pronto, tratando de romper el silencio que se había formado.

Tú lo eres más—quiso decir él, pero se contuvo, por ahora…—. Sí, es una noche muy especial —se recargó en la baranda del quiosco, sin soltar la mano de la castaña. De pronto la apegó más a él, tirando suavemente de su mano—. Sakura —la miró fijamente a los ojos, sólo unos centímetros los separaban.

—¡Oh por Dios! Va a decírmelo, ahora mismo él…—se puso mucho más nerviosa al notar cuánto había madurado desde su primera declaración de amor hace ya varios años cuando los dos eran apenas unos niños. En aquel entonces él se había puesto sumamente nervioso y eso le causó tanta ternura que la ayudó a no sentirse tan tímida, pero ahora la situación era muy distinta. Él poseía esa seguridad en sus ojos… esa madurez y seguridad que había adquirido con los años. Era cierto, apenas eran unos adolescentes de quince años, pero aun así él había adquirido cierto aire de misterio, madurez y seriedad; cualidades que volvían loca a cualquier chica de secundaria. No por nada era uno de los chicos más atractivos y codiciados de la escuela.

—Quiero decirte que yo… —no terminó, pues de pronto los dos se vieron rodeados de una espesa negrura.

—La luz…

—Se fue… —completó él con el ceño fruncido, el cual desapareció al sentir cómo ella se afianzaba de las solapas de su traje, algo asustada por la falta de luz. Así fue como pudo sentir de nuevo su aroma tan exquisito, incluso bajó un poco el rostro para alcanzar a aspirar ese perfume que lo embriagaba; y sí, tuvo que agacharse un poco, pues había crecido bastante en esos cinco años, Sakura no era más alta que él, YA NO. Ahora él la sobrepasaba por mucho.

—Creo que deberíamos regresar con los demás —quiso salir de allí, pero una mano sujetando con suavidad la suya la hizo detenerse en seco. Quiso ver el rostro de su amigo, pero debido a la oscuridad sólo alcanzó a notar sus ojos azules más brillantes que de costumbre. Sólo eso le permitía ver la luz que le proporcionaban las estrellas, pues esa noche la luna no quiso acompañarlos.

—Espera…

Había sido su imaginación o… la voz de Fye sonó más grave y algo ronca. Su piel se puso de gallina, por un momento se sintió indefensa y muy nerviosa; además, sentía ese revoloteo extraño en su estómago, acompañado por un leve temblor en sus rodillas.

—¿Por qué no nos quedamos un poco más? La luz no debe tardar en llegar.

A pesar de la oscuridad, la castaña pudo notar que sonreía, lo veía en sus ojos alegres.

—S-sí, está bien…

—Tranquila, estás segura conmigo —tomó de nuevo su mano, sin percatarse del tierno y gran sonrojo que invadió las mejillas de su amiga. Sabía que le aterraba la oscuridad y ni se diga el miedo que poseía a los fantasmas, aunque éstos no existieran. En fin… nuevamente la estiró un poco hacia él, pero ahora pegándola a su pecho—. Si tienes miedo puedes abrazarme —le guiñó un ojo con picardía y ella casi se pone a temblar por completo.

¿Por qué me pongo tan nerviosa? Si se trata de Fye, mi mejor amigo de toda la vida…—suspiró—. El problema es que no lo veo sólo como eso…

—¿Qué ocurre? —preguntó de repente, alzando suavemente el mentón de la chica.

—Hum… nada, sólo pensaba en lo que estabas por decirme —mintió un poco—. ¿Qué me ibas a decir antes de que se fuera la luz?

El rubio sonrió con mucha seguridad y galantería.

—Iba a decirte que… primero: Soy más alto que tú; segundo: tengo auto, aunque compartido con Yuui, pero es un auto —se encogió de hombros mientras enumeraba con sus dedos—. Y tercero: tengo dinero. No es mucho, sólo lo que mi padre me ha dado de mesada, pero he estado ahorrando para poder salir juntos. Ya sabes, mi padre no quiere darnos la "gran mesada" porque dice que nos malcriaremos —rio un poco, y su risa fue como música a los oídos de la castaña, aunque aún se preguntaba algo: ¿Dónde había quedado ese niño súper tímido que se ruborizaba por cualquier cosa? Tal como ella suele hacerlo hasta la fecha.

Ha cambiado—pensó con una gran sonrisa en sus labios. Fye había cambiado y… le encantaba. Todas esas cualidades suyas sólo lo hacían más irresistible; su seguridad, su voz, su mirada, su aroma tan inconfundible…

Pero una interrogante seguía bailando en su mente… ¿A dónde iba con todo ese monólogo? Ella pensó que él se le declararía, pero terminó diciéndole tres cosas que…Oh… acababa de recordar una escena de hace cinco años:

"¡Se mi novia por favor! ¡Pero no ahorita! Aún estamos muy pequeños, por eso quiero pedirte que seas mi novia cuando seamos mayores, cuando yo sea más alto que tú y tenga auto y dinero para salir a pasear juntos. Pero quería que supieras que tú me gustas mucho y que serás mi novia, después nos casaremos y estaremos juntos por siempre."

¡Santo Dios! Sí se le estaba declarando…

—Fye… —murmuró con las mejillas tan rojas como un tomate.

—A lo que voy con todo esto… —dijo de pronto, rascándose la nuca con algo de nerviosismo, por primera vez en la noche—… es que quiero pedirte algo muy importante —agradecía enormemente que la luz aún no volviera, eso le daba un poco más de valor, pues sólo veía sus brillantes ojos esmeraldas.

De pronto él se recargó de nuevo sobre la baranda del quiosco, viéndola. Arrastró una de sus medias sonrisas con ese tinte coqueto y un poco divertido. A pesar de la oscuridad, Sakura pudo vislumbrarla claramente y sólo logró acelerar sus latidos. Lo que no sabía era que el rubio estaba tan nervioso como ella, había estado a punto de confesarle sus sentimientos, pero se retractó justo antes de hacerlo.

¡Maldición!—gruñó él internamente—. A la mierda todo, si ya no siente lo mismo por mí, por lo menos no me habré quedado con la duda—pensó con decisión.

—¿Y… qué es? —preguntó, nerviosa y con la curiosidad desbordándose por sus ojos.

Sin decir una palabra más, dio un paso al frente y se inclinó hacia ella.

—Quiero pedirte que seas oficialmente mi novia —susurró cerca de sus labios y admiró su expresión asombrada durante unos segundos antes de besarla con toda la lentitud del mundo, como si no existiera más el flujo del tiempo. Muy diferente a aquella vez en que la besó con torpeza, beso que duró no más de dos segundos. Las cosas eran distintas ahora… ya no eran unos niños y él iba muy en serio. Esto sí que era un beso, pues fue como si un torbellino de distintos sentimientos los invadiera, llevándose todo lo demás, excepto la calidez de sentir los labios de uno contra los del otro. Ella se rindió y regresó el beso con la misma fuerza y anhelo que Fye. Él le rodeó la cintura para acercarla más y ella enredó sus manos en la nuca del rubio. En ese momento las mariposas parecían tener un baile en sus estómagos, además… el ojiazul encontró en los labios de la castaña algo que no era nada parecido a lo que creyó que sería, ni siquiera se acercaba a lo que él había soñado, pues su imaginación se había quedado corta con la realidad, de ahí en adelante ya no quiso pensar, sólo dejarse llevar y envolver con esa calidez que lo invadió, llenando todo su cuerpo.

Se separaron, no por gusto, sino porque la luz tuvo la buena idea de regresar en ese instante. Y como siempre ocurría cuando la electricidad sufría problemas… todos los aparatos que necesitaban electricidad terminaban volviéndose locos, tal como los aspersores del jardín, que justo en ese momento se encendieron y comenzaron a mojar todo a su alrededor, incluyendo a la pareja dentro del quiosco.

La castaña soltó un gritillo por la temperatura fría del agua y él… estalló en carcajadas, seguido por ella momentos después. El rubio tomó su mano y la guio lejos del alcance de los aspersores, corriendo con ella de la mano en medio del jardín, lejos de todos los demás. Corrieron hasta que sus pulmones no dieron para más, habían llegado a la parte trasera del gimnasio, igualmente iluminada y decorada con miles de lucecillas por doquier, dándole un aspecto romántico y mágico a la noche.

Finalmente los dos se miraron de arriba abajo, notando que estaban completamente mojados. Y de nuevo se echaron a reír como dos tontos, aunque la ojiverde se detuvo en seco al sentir una húmeda y fresca mano sobre su mejilla, igualmente empapada, pero muy caliente. Alzó su mirada hasta toparse con esos zafiros tan profundos y hermosos mirándola con un sentimiento lleno de amor y tan bello que sería casi imposible describirlo en palabras.

—¿Entonces…?

Pareció salir de su ensoñación al escuchar esa simple pregunta cargada de emoción y sentimientos. Entendió a lo que se refería, ella no había respondido aún, aunque… él no le dio mucho tiempo que digamos.

—Soy más bajita que tú, no tengo auto y mis ahorros nunca duran mucho —respondió con la misma jugada que él, sonriendo con diversión, pero sin lograr esconder su nerviosismo y el enorme sonrojo en toda su cara—. Creo que encajamos perfectamente.

Eso era un "sí" y Fye pareció estar de acuerdo porque una abierta sonrisa se hizo camino en sus labios, extendiéndose mucho más allá que aquella sonrisa ladina y relajada tan suya, llegando a formar un hoyuelo en su mejilla derecha y dejando entrever sus dientes perfectos.

Sakura sonrió avergonzada por su propia respuesta, pero se sintió tranquila al ver esa hermosa sonrisa en su ahora novio, quien se acercó a ella hasta que el espació entre ellos desapareció, rio contra la mejilla femenina y ella sintió los brazos del rubio cerrarse alrededor de su cintura.

—Sakura… —susurró contra su oído y fue como si una onda de calor le atravesara el cuerpo—. Te amo —la apegó a su cuerpo y sin más preámbulos besó de nuevo sus labios, fue como una caricia, pero un poco más desesperada y apasionada que la anterior. Ambos se separaron con la respiración algo agitada y ella más sonrojada que nunca—. Lo siento, pero creo que me he vuelto adicto —murmuró con picardía, perdiéndose de nueva cuenta en sus labios suaves y deliciosos.

Y ella estaba que no cabía en sí de la felicidad que sentía en ese momento. Al fin eran novios. Después de cinco años de espera que valieron la pena, pues ahora comprobaba que sus sospechas subestimaban a Fye, pues besarlo era mucho mejor a como lo recordaba.

Después de estar disfrutado un rato a solas, decidieron regresar con los demás a darles las buenas nuevas, pero cuando llegaron con sus amigos a la mesa, se llevaron una gran sorpresa…

—¿Qué pasó aquí? —inquirió el rubio con asombro. Akemi y Yuui estaban llenos de ponche.

La carcajada de Kurogane no tardó en aparecer.

—Verás… —comenzó a explicar el moreno—. Tu hermano se le estaba declarando a Akemi y ella se asustó tanto que le tiró el ponche encima.

—¡Kurogane! —lo regañó su novia—. Eso no fue así. Lo que pasó fue que Yuui le pidió a Akemi que fuera su novia y en eso se fue la luz y… bueno, ya te imaginarás.

Sakura y Fye se miraron entre sí y luego soltaron una carcajada. Las víctimas no sabían dónde esconderse, llenos de ponche y avergonzados a más no poder.

—¿Y ustedes, por qué están empapados? ¡Se van a resfriar! —exclamó Tomoyo.

—Bueno… —dijo Fye, buscando la manera de explicarlo mejor, pero fue suficiente el que vieran sus manos entrelazadas para que el resto se diera cuenta de lo que había ocurrido ahí afuera.

—¡No! —exclamó Tomoyo con emoción.

—¡Sí! —respondió Sakura.

—¡No!

—¡Sí!

—¡Ahhh! —soltó un gritillo emocionado y abrazó a Sakura con mucho cariño y emoción. El resto las miró algo sorprendidos—. ¡Felicidades a los dos!

—¿Eh? ¿De qué me perdí? —preguntó la distraída de Akemi.

—Fye y Sakura son novios —respondió Yuui con una sonrisa.

—Oh… —miró de reojo a su acompañante y no pudo más que sonrojarse hasta las orejas, apenas hace unos momentos le había pedido que fueran novios ¡Un chico de último año le pidió que fuera su novia! Y no sólo eso, Yuui era su gran amigo al igual que todos los demás. Desde que los conoció en la biblioteca se volvieron muy amigos los seis, pero ser novia de Yuui… ¡Ahhhh!

Finalmente Sakura y Fye explicaron la razón por la que estaban empapados y todos se echaron a reír con esa historia, definitivamente quedaría para la posteridad; sería algo que le contarían a sus hijos, nietos, etc.

—¿No creen que es mejor que nos vayamos ya a casa? Es media noche y ustedes están empapados, pescarán un resfriado si no se cambian cuanto antes de ropa.

Los aludidos se miraron entre sí y luego a Tomoyo para negar con la cabeza como dos niños pequeños.

—Antes queremos bailar un poco, nadie me va a quitar el gusto de bailar con mi novia esta noche —le guiñó un ojo, haciéndola sonrojar.

—Hagan lo que quieran, pero se enfermarán —murmulló Kurogane.

Los dos se encogieron de hombros y corrieron a la pista. Sólo quedaban parejitas en el salón, pues la música era exclusiva para bailar juntitos y lento. Tomoyo le sonrió sugestivamente a su novio y eso fue suficiente para convencerlo a ir a bailar. En cuanto al otro gemelo y la chica de primer año…

—Siento mucho lo del ponche —se disculpó Akemi, triste y avergonzada. Ninguno de los dos se paró de la mesa a partir de ese momento.

—¡No hay problema! —sonrió de oreja a oreja—. Pero… tú también estás mojada y el ambiente está fresco, no te vayas a enfermar.

—N-no creo, yo…—silenció al sentir algo sobre sus hombros. El rubio se había quitado el saco para ponérselo a su "casi novia" quien no le respondió la pregunta en ningún momento. Esto lo entristeció en gran manera, pero no lo demostraría en frente de sus amigos—. Yuui, pero… ¿Y tú?

—Estoy bien, no tengo frío —le sonrió de nueva cuenta.

—Gracias…

Al poco rato los padres de Kurogane llegaron por él y por Tomoyo. Un poco más tarde llegó Ashura por el resto.

—¿Por qué los cuatro están mojados? —cuestionó con una ceja alzada cuando los vio subirse al auto. Los adolescentes se miraron entre sí y estallaron en carcajadas. Pronto le explicaron al médico qué fue lo que ocurrió y éste se puso contento al saber la nueva noticia—. Entonces ya son novios…

—Sí —respondió Fye, expectante a lo que podría decir su padre, éste se veía serio—. Me da mucho gusto muchachos —sonrió sinceramente y los de atrás pudieron notarlo por el retrovisor—. Pero no olviden que un noviazgo es algo serio ¿De acuerdo? —y los dos asintieron al mismo tiempo, estaban muy conscientes de ello, y a decir verdad, Ashura sabía que su hijo se moría por Sakura desde que volvió de la escuela aquel primer día de clases. No dejaba de hablar de "La niña con ojos verdes bonitos".

Pronto llegaron a la casa de Akemi, el señor Flowrigth se estacionó en frente de la casa mientras que Yuui la acompañaba a la puerta.

—Gracias por invitarme, la pasé muy bien —sonrió tímida y nerviosa. Ambos estaban ya en frente de la puerta principal, algo alejados y ocultos de la vista de Ashura.

—No tienes que agradecerlo, al contrario… creo que debo disculparme por lo del ponche y…

—Pero fui yo quien lo derramó.

—Sí, pero yo no pude evitarlo —se encogió de hombros, ahora sí se le veía un poco triste, simplemente no podía ocultarlo más.

—Yuui…

—¿Si? —la miró expectante.

—Yo… no respondí a tu pregunta de hace rato.

—No te preocupes, entiendo que no quieras salir conmigo.

—¡Tú me gustas mucho! Y mi respuesta es sí, sí quiero ser tu novia, Yuui —casi se cubría el rostro con ambas manos, estaba muy sonrojada y nerviosa.

—¿Q-qué? ¿En serio?

La pobre asintió aún muy nerviosa. Yuui sonrió ampliamente y con total calma (A pesar de su corazón golpeándole con fuerza el pecho) usó ambas manos para atraer el rostro de su ahora novia con completa suavidad y ternura. Cuando estaban a unos centímetros la castaña cerró los ojos y recibió el beso cargado de amor y ternura, su primero beso…

—Te quiero —le dijo al separase del beso, juntando su frente con la de su novia.

—Yo también te quiero, Yuui —sus ojos brillaban como estrellas y su rostro ardía en vergüenza, además de que su corazón golpeteaba su pecho con mucha fuerza.

—Descansa y… hablamos mañana —no quería despedirse, pero tenía que hacerlo. Akemi asintió tímidamente. Yuui comenzó a alejarse un poco, pero no pudo, la tentación le ganó y tuvo que regresar a ella, sólo que en esta ocasión la abrazó fuertemente por la cintura, cargándola un poco para alcanzar sus suaves labios. Ella con algo de nerviosismo usó sus manos para rodearle el cuello y acercarlo más.

El beso se volvió más demandante. Las manos del rubio la aprisionaban con fuerza a su cuerpo y ella se aferraba más a su cuello, sintiendo aún que le faltaba el piso bajo los pies. Cuando el aire se les escapó, separaron sus labios unos segundos y se vieron fijamente a los ojos. Él sonrió más feliz que nunca en su vida. Besó su frente lentamente y la bajó al suelo.

—Hablamos mañana, mi amor —sonrió ampliamente al ver cómo se avergonzó ella. Terminó todo con un último y casto beso en sus labios. No querían, pero era hora de despedirse.

—Adiós Yuui —se despidió con la mano y rio un poco al ver el pucherito que hizo él al escuchar su nombre a secas.

Finalmente Yuui tuvo que regresar al auto, donde todos lo esperaban desde hace un buen rato.

—Vaya, hasta que te dignas a regresar —lo molestó su gemelo, pero ni siquiera eso lograría enfadarlo ahora.

—Vienes muy sonriente hijo ¿Qué ocurrió? —preguntó mientras arrancaba el auto con dirección a la casa Kinomoto.

—Pues… ahora yo también tengo novia —sonrió orgulloso.

—Ya era hora —murmuró Fye.

—¡Oye! Ni digas nada que Sakura y tú se hicieron novios hace apenas unas horas —se giró hacia la cabina trasera, apuntando a su hermano con un dedo acusador.

—¿Qué voy a hacer con ustedes? —murmuró Ashura, dramatizando con una sonrisa. Sakura soltó una risilla traviesa.

OoOoOoOoOoO

Año 2002

—¿Seguros que estarán bien? No creo tardar mucho, salgo hoy en la noche y vuelvo mañana a media noche talvez.

—Sí papá, estaremos bien —insistió Yuui. El mayor suspiró pesadamente.

—Pero nunca antes los había dejado solos.

—Ya tenemos diecisiete años papá —rio Fye—. Estaremos bien una noche sin ti, no te preocupes y ve. Pero tráeme de mis dulces preferidos, no los pruebo desde que tenía diez años, es una lástima que sólo los vendan en Londres —suspiró.

—Wow, qué maduro, pidiéndole dulces a papá.

—Deja de molestar —le sacó la lengua a su gemelo. El otro no se dejó e hizo lo mismo, logrando un pesado suspiro en Ashura.

—Y quieren que no me preocupe —murmuró por lo bajo. Cerró la maleta que tenía sobre la cama y salió de su habitación, seguido por sus dos hijos.

—Estaremos bien —dijeron al unísono los dos rubios, riendo un poco.

—Además… puede que mañana vengan todos a ver películas.

—¿Aquí? —alzó una ceja inquisitivamente.

—Sí ¿Por qué no?

—Veamos Fye… tres parejas de adolescentes, solos en una casa, con las hormonas alborotadas y sin la supervisión de un adulto. Mmm… no, creo que no será buena idea —fue un rotundo no.

—Pero… —insistió Fye.

—Nada de peros. Si se van a juntar, háganlo en casa de Sakura o incluso en la de Kurogane.

—¿Y si invitamos también a Touya? —sugirió Yuui, logrando que su padre detuviera la marcha a la salida.

—¡Noo! —Fye reclamó.

—Buena idea. Si él viene tienen permiso para juntarse aquí —sonrió complacido, sabía que con Touya presente ningún adolescente actuaría de manera inadecuada—. El taxi me espera, tengo que irme. Vengan acá —extendió sus brazos para recibir a sus dos hijos, pero ninguno de los dos dio un paso al frente, sólo se quedaron ahí parados, rascándose la nuca con incomodidad—. Vaya madurez —rio—. No quieren ni abrazar a su padre —dio un paso hacia ellos y los abrazó al mismo tiempo—. Pórtense bien, no quiero quejas de ustedes —recalcó mucho para luego revolverles el cabello como cuando eran unos niños pequeños, aunque para él aún lo eran, apenas le sobrepasaban el hombro, eran unos niños crecidos solamente.

—Adiós papá.

—Cuídate mucho.

Apenas se cerró la puerta de la casa, ambos gemelos tomaron sus teléfonos celulares y comenzaron a hacer llamadas. Mañana sería noche de películas con los chicos, no les importaba invitar a Touya, aunque dudaban que él quisiera asistir a algo así, después de todo tiene ya veintitrés años.

—¿Por qué tenías que mencionar lo de Touya? —le dio un codazo muy fuerte a su gemelo.

—¡Auch! —se quejó, pero no se lo regresó—. Era la única manera de que nos dejara ¿Qué más querías?

—Pero si él viene no me va a dejar siquiera tocar a su hermana.

—¿¡Pues qué quieres hacerle?! —se asustó. Fye no entendió hasta después de unos segundos. Su rostro se puso más rojo que un tomate.

—¡No seas idiota! —le volvió a dar un golpe.

—¡Deja de golpearme! —se defendió.

—Pues deja de decir estupideces —se quejó.

—Ya —suspiró cansado de eso—. Tengo una idea, así que cállate y déjame hablar —tomó su teléfono y marcó un número—. Hola ¿Nakuru? ¿Cómo estás? —sonrió—. Te hablo para invitarlos a ti y a Touya, mañana en la noche veremos películas en mi casa y nos gustaría que también vinieran ¿Puedes? —esperó unos segundos y sonrió ampliamente—. ¡Perfecto! Los esperamos aquí a las ocho. ¡Adiós!

—Tienes una mente macabra hermanito —negó con la cabeza sin dejar de sonreír torcidamente.

El aludido sólo se encogió de hombros.

—Vendrá Touya, pero al estar con su novia no seremos los únicos adolescentes con hormonas alborotadas —rio abiertamente, seguido por su hermano.

OoOoOoOoO

—Iré por más palomitas —dijo Fye al levantarse del sillón.

—Ajá —murmuró Touya sin apartar la vista de la pantalla.

Todos los invitados habían llegado muy puntuales y justo ahora veían una de las películas preferidas de Touya, pero al parecer todos estaban muy sumergidos en la trama, a excepción de Sakura, pues no gustaba de las películas de terror. Ella fue quien se levantó segundos después y alcanzó a su novio en la cocina.

—Hola —le dijo con una sonrisilla.

—Hola —respondió él—. ¿Te aburrió la película? —preguntó mientras metía el paquete de granos de maíz al microondas.

—Un poco —suspiró—. No me gustan nada ese tipo de películas, pero ya vez como es mi hermano. ¡La siguiente película debe ser diferente! —exigió con un puño al aire.

Fye rio.

—Claro que sí —se giró de espaldas al microondas y recargándose en el mueble que sostenía al electrodoméstico, miró a Sakura fijamente durante unos segundos.

—¿Qué ocurre? —alzó una ceja, extrañada y algo nerviosa por la insistente mirada.

El rubio sólo se encogió de hombros.

—¿Qué clase de respuesta es esa? —reclamó la castaña, aunque no pudo evitar soltar una risilla traviesa al final.

Nuevamente se encogió de hombros y ella estuvo a punto de reclamar otra vez, pero se paralizó con las palabras de su novio.

—Eres hermosa.

La pobre se puso de mil colores. Tenían ya dos años de ser novios, pero aun así no podía evitar sonrojarse cada que él decía o hacía cosas lindas por ella.

—Gra-gracias.

—No te avergüences —rio un poco mientras se le acercaba lo suficiente como para acariciar su mejilla. Ella sólo atinó a asentir con la cabeza y tragó en seco al tenerlo tan cerca de sí—. Quédate aquí hasta que las palomitas estén listas ¿Si? —le sonrió—. Iré a traer varias películas que tengo en mi habitación para ver cuál pondremos ahora —besó su frente y se alejó, saliendo de la cocina.

—¿Qué me pasa? —murmuró la ojiverde con una mano sobre el corazón, éste se aceleraba cada que Fye le decía cosas así. Afortunadamente no dejaba de tomar su medicamento para el corazón todos los días, pero aun así de repente sentía una que otra molestia. No lo decía para no preocupar a nadie, pero últimamente su corazón se agitaba demasiado con esfuerzos mínimos.

Soltó un pesado suspiro que terminó en sobresalto al escuchar un fuerte golpe proveniente del segundo piso. Algo o alguien se había caído.

El sonido llegó hasta la sala de estar de la casa Flowrigth, a lo que Touya recordó que Sakura ni Fye estaban ahí con ellos.

—¿Sakura? —llamó en voz alta, pero sin despegar la vista de la película, tuvo que repetir su nombre debido a que las bocinas estaban en un volumen muy alto.

—Aquí estoy —se asomó desde la cocina.

—¿Dónde está el mocoso?

—No es ningún mocoso —refunfuñó.

—Como sea.

—Subió a buscar películas —suspiró.

—¿Entonces qué fue el ruido que se escuchó? —cuestionó Tomoyo con preocupación y algo de miedo.

—Ha de ser la niña del aro muajajaja —murmuró Nakuru en tono macabro. Touya rio con ganas y rodó los ojos ante las ocurrencias de su novia, pero lo que más risa le dio fue la reacción de su hermana. La pobre nunca dejaría de temerle a los "fantasmas"

La risa de Yuui inundó el lugar, fue casi una carcajada.

—No se preocupen, seguro lo que se escuchó fue la pila de películas que tiene mi hermano amontonadas en una repisa.

—Humm… —fue la respuesta de Touya, estaba demasiado entretenido con la película y su gran bowl de palomitas.

Sakura sonrió al ver así a su hermano, estaba sobre la alfombra del piso, sentado con las piernas cruzadas bajo su cuerpo y un bowl de palomitas entre ellas. Su mano derecha asía el bowl como si su vida dependiese de ello y con la izquierda intentaba meterse un puñado enorme de palomitas en la boca. Si midiese un metro menos sería la completa imagen de un niño. Definitivamente esto ameritaba una fotografía del recuerdo, ¡Incluso un video! Así que no perdió el tiempo y sin que se diera cuenta lo grabó unos segundos. Tuvo que contener su risa al imaginarse el momento en que se lo enseñaría.

Terminó de hacer eso y regresó a la cocina para vaciar las palomitas en algún recipiente, pero antes de volver a la sala con todos, se detuvo un segundo frente a las escaleras de la casa. Por su mente pasó una buena opción que era subir y ver por qué Fye tardaba tanto en bajar, pero le daba vergüenza subir, nunca lo había hecho y tal vez sería de mala educación pero…

No aguantó la curiosidad y subió sigilosamente. Al terminar las escaleras, se topó con un largo pasillo y unas cuatro puertas en las paredes de éste. Caminó a paso lento y silencioso ¿Cuál sería el cuarto de Fye? Se detuvo en la penúltima puerta al escuchar un quejido proveniente de su interior. No lo pensó dos veces para entrar, ni siquiera se molestó en tocar antes.

—¡Fye! —se asustó al verlo en el suelo, rodeado de un montón cajas de películas—. ¿Qué te pasó? —Se acercó y lo ayudó a levantarse. El pobre se echó a reír de vergüenza.

—Intenté alcanzar las películas, pero se me vinieron todas encima —explicó estando ya sentado en la cama, a un lado de Sakura.

—Pues ni siquiera te molestaste en prender la luz, por eso se te vinieron encima —le reprendió y procedió a encenderla, pero no pudo.

—El foco está fundido, pero tengo estás lámparas —con un botón encendió las lámparas a los lados de su cama y otra que estaba al otro extremo de la habitación, no iluminaba mucho, pero sí lo suficiente para apreciar bien el lugar.

Sakura se quedó parada ahí un momento, observando desde su posición toda la recámara de su novio. Ésta era amplia y decorada con muy buen gusto, el azul marino, celeste, blanco y marrón abundaban en la habitación. La cama era muy amplia, tenía también un escritorio, librero y algunas repisas. También una televisión en la pared y un par de sillones de bola, esos en los que te sientas y te hundes cómodamente en ellos. Seguramente Kurogane y él los usaban cada que se juntaban a jugar un nuevo videojuego—. Vaya, tu habitación está muy ordenada —se sorprendió.

El rubio se rio un poco y se levantó de la cama, yendo hacia la pila de películas que quedó en el piso, pero al agacharse se mareó un poco. Sakura se asustó y lo ayudó a detenerse, pero Fye rio con ganas.

—¡No le veo lo gracioso! —le reprendió ella, preocupada.

—Tranquila, estoy bien, es sólo que me pegué fuerte en la cabeza. Yuui ya me había dicho que debía organizar esta repisa, pero no lo hice por flojera.

—¡Oh! Estás sangrando de la frente —se espantó.

El rubio se llevó una mano a la frente y lo comprobó.

—No es nada —le restó importancia.

—¡Claro que sí! ¡Siéntate! —le exigió con tal autoridad que el rubio sólo asintió e hizo caso.

La castaña desapareció un momento y luego volvió con un pequeño botiquín en mano.

—Lo encontré en el baño, espero no haya problema —se sentó a su lado y lo puso sobre el colchón.

—Esta es también tu casa —le guiñó un ojo. Ella se sonrojó, pero no dijo nada y sólo se dedicó a curarlo. El pobre soltó uno que otro quejido ante el alcohol.

—Listo.

—Gracias, me has salvado la vida —tomó sus dos manos y las besó con cariño. La pobre se sonrojó hasta las orejas.

—No fue nada, no exageres —rio un poco.

Fye soltó sus manos. Con la izquierda se apoyó en el colchón y con la derecha atrajo el rostro de su novia hacia el suyo, ésta no se lo esperaba, pero aun así correspondió con el mismo amor y dulzura.

Al separarse ambos juntaron sus frentes. Los ojos de Fye miraban fijamente a los de Sakura. Sus miradas profundas se conectaban expresando todo su sentir. Él no esperó más y la volvió a besar, pero ahora con más profundidad que antes, ella lo notó e intentó seguirle el ritmo. Se separaron y él soltó una risilla divertida, pero antes de que siquiera ella pudiera preguntar algo, el rubio la abrazó con posesión, aprisionándola, acarició su mejilla con una mano y la besó con fuerza, con pasión. Dejándole literalmente con la boca abierta, lo que la llevó a aumentar más su admiración al sentir algo más que los labios de Fye en ese beso. Era muy distinto a aquellos dulces y castos besos que se habían dado hasta ahora. Esta era un beso que le quemaba los labios y le robaba el aliento, dejándola completamente pasmada, cansada y sonrojada, hasta le dolía ¿La había mordido al final o sólo se lo imaginó?

Cuando se separaron, ella abrió y cerró los ojos de forma chistosa, ni siquiera podía articular palabra alguna. Y ahí estaba él, sonriéndole con picardía, ampliando esa sonrisa al ver su rubor y timidez. Se veía completa y totalmente atractivo, con sus labios algo hinchados por el beso y con esos ojos tan brillosos.

—Esto me ayudará un poco a esperar, gracias Sakura —le dijo sin el menor recato o arrepentimiento, con una ligera pero sensual sonrisa en los labios que la dejó con la palabra en la boca. Ella lo miraba fijamente y sin decir nada, estaba sorprendida

—¿Qué quieres decir? —preguntó en un hilo de voz, después de un rato y aún agitada por tal beso. Sus mejillas ardían en calor, sus labios quemaban y su corazón estaba por estallar.

—Quiero decir que te amo demasiado y a veces me cuesta contenerme —la acorraló contra el colchón, quedando ella acostada y él casi sobre ella—. Pero cada vez que te veo quisiera besarte como hace unos momentos, abrazarte tan fuerte y nunca soltarte —murmuró cada vez más bajito y más cerca de sus labios—. Pero ese beso me ayudará a esperar…

—¿Es-esperar? —contuvo el aliento al imaginarse a lo que podría referirse.

—Sakura… —susurró a la vez que se sonrojaba por primera vez—. Yo de verdad te quiero, no… te amo —acarició su mejilla—. Y muero por estar contigo —suspiró mientras ella abría sus ojos a más no poder, después de todo sí se trataba de lo que ella sospechó—. Pero tranquila, no haré nada que no quieras. Por eso te dije: Ese beso me ayudará a esperar y… —desconcertado, Fye bajó levemente la cabeza, para su sorpresa Sakura le puso una mano sobre el pecho mientras sonreía tiernamente.

—Tu corazón late demasiado rápido a pesar de que te ves muy tranquilo —susurró suavemente.

Fye tragó en seco. Lo que ella no sabía es que estaba muy nervioso, pero lograba contenerse un poco, aunque su corazón comenzó a latir más desbocadamente cuando ella tomó su mano y acomodó la palma sobre su propio pecho. Ahí el rubio pudo registrar un latido tan acelerado como el suyo bajo su mano.

—Mi corazón está igual ¿Lo sientes? —preguntó con dulzura y más tranquila que antes.

Ella lo miraba fijamente y sin decir nada, estaba sorprendida

—Puedo sentirlo —sonrió igual que ella y finalmente suspiró.

—¿Sabes? Esta situación es muy difícil para mí —se puso serio, pero terminó sonriendo nuevamente—. Tú aquí, en mi cama, debajo de mí, tan cerca…

Sakura se sonrojó demasiado y estuvo a punto de empujarlo para levantarse y así volver con los demás, pero algo en su azulada mirada la detuvo, había algo que no notó con anterioridad.

—Fye.

—¿Sí? —suspiró fascinado al tenerla tan cerca, su rostro de ángel tan bellamente sonrojado. Sabía que debía quitársele de encima, que cualquiera podría subir a buscarlos y en el mejor de los casos sería Touya, se enfurecería al encontrarlos así, pero… quería aprovechar esos bellos momentos a su lado, esos instantes íntimos no son fáciles de conseguir.

—¿Q-qué me dirías si…? —desvió la mirada, pero él la tomó suavemente de la barbilla, obligándola a verlo—. No quiero que pienses que soy una cualquiera por lo que estoy a punto de decirte, pero es que yo de verdad te amo y siento la necesidad de hacerlo de verdad, quiero… quiero que mi primera vez sea contigo —se sonrojó tanto cuando terminó de decirlo, que simplemente no pudo soportar la mirada asombrada de su novio.

—Sakura… —dijo ahogadamente—. Nunca, jamás pensaría eso de ti —sonrió de oreja a oreja. No lo aguantó más y la abrazó con mucha fuerza—. Eres tan… —soltó una risilla—. Te amo.

—Es verdad lo que te dije —se separaron un poco del abrazo y la conexión de sus miradas fue eterna—. Fye… —soltó en un suspiro y él empezó a respirar agitadamente.

—Sa-Sakura —cerró los ojos al sentir un pequeño beso sobre su cuello y la ojiverde aprovechó la situación para incorporarse y dejarlo debajo de ella—. No hagas esto, escucha… —ella estuvo tentada a reír, se veía tan adorable en aquella actitud, toda su seguridad se desplomó con ese pequeñísimo beso, lo que Sakura no sabía era que si hubiesen estado de pie, las piernas del rubio se hubieran hecho gelatina—. No soy tan bueno, te deseo demasiado y no voy a poder contenerme, de verdad…

—No te contengas.

—Pero… —no pudo seguir, ella se inclinó sobre él y lo besó suavemente en los labios, sujetando con ambas manos su rostro. Sentía que flotaba, que aquel momento era único en el mundo—. Sakura… —susurró contra sus labios, apretó las cobijas bajo sus manos para no ceder ante la tentación de amarrarse a su cuerpo tibio, impidiéndole escapar—. No creo que estés lista, yo sé que…

—No puedes decidir eso por mí —se sonrojó furiosamente, pero no retrocedió, metió las manos bajo la camisa de su novio y sintió su cálida piel, su tibieza y el latir errático de su corazón.

—Sa-Sakura… —intentó una última y desesperada estrategia—. Te deseo demasiado, pero no quisiera hacerte daño. No juegues con fuego porque…

—Podría quemarme —en un último arranque de valentía lo sujetó por la nuca con ambas manos y le dio el beso más largo que habían experimentado en sus cortas vidas.

Lo que él no entendió en ese cambio tan drástico en su novia, fue que por su mente habían pasado muchos pensamientos algo pesimistas, uno de ellos era la incógnita sobre su longevidad. El doctor ya le había dicho que ella no viviría muchos años, Fye no lo sabía, pero ella quería hacerlo porque no sabía cuánto tiempo le quedaba en realidad, ¿Y si se moría sin haber experimentado algo tan bello como hacer el amor con la persona que más amas en el mundo? Definitivamente no quería eso.

Fye no pudo entonces volver a pensar con claridad, el hombre que había estado contenido dentro de él despertó con voracidad y no tardó en corresponder ese beso tan demandante. Introdujo sus manos debajo de la blusa de su novia, sintiendo por primera vez su deliciosa y suave piel, tan cálida y sedosa. Empezó con su cintura, su espalda; con la yema de los dedos acarició ese plano abdomen y finalmente con algo de voracidad las dirigió a su espalda, justo donde se unía su sostén. No lo pensó dos veces para desabrocharlo con agilidad, pero dedicó un tiempo especial acariciando la piel de sus costados y especialmente la piel debajo de sus costillas, esa área donde, si decidía subir un poco más, tocaría sus senos. Esto lo llenaba de excitación, pero se detuvo a mirar la cara de su novia, tenía los ojos cerrados y suspirada de vez en vez ante sus caricias. Aprovechó ese momento para girarla en la cama y quedar nuevamente sobre ella. Sakura soltó una risita muy leve.

—¿Estás segura de esto?

—Lo estoy —enredó los brazos alrededor de su cuello y lo atrajo en un beso como el de hace rato. Mientras tanto el rubio volvió a introducir las manos en su blusa, pero ahora fue directo a su objetivo. Se agitó mucho al sentirlos por primera vez entre sus manos, eran muy pequeños, pero suaves y firmes. Comenzó a masajearlos con tranquilidad, expectante a las reacciones que tenía ella ante sus caricias. La castaña arqueaba su espalda y suspiraba constantemente, cada vez su corazón estaba más acelerado, pero nunca tanto como cuando…—¡Oh Fye! —tuvo que morderse la lengua para no gritar al sentir sus labios sobre uno de sus senos. Le había levantado la blusa lo mayormente posible y se dedicaba por completo a llenarla de placer.

—Sakura… eres tan hermosa —susurró ahora contra sus labios. Dejó caer un poco de su peso sobre ella, quería sentir su cuerpo contra el suyo, pero la pobre dio un pequeño brinco al sentir algo desconocido haciendo presión sobre su muslo. Bajó la mirada y casi se ahoga con su propio aliento al ver algo que nunca antes había notado en ningún hombre.

—Oh por dios…

El rubio entendió el porqué de su reacción y se avergonzó un poco.

—Es que… me vuelves loco —admitió avergonzado y muy sonrojado.

—Te amo… —susurró sobre sus labios hasta que un dolor repentino atacó su pecho. No se dio cuenta en qué momento lo empujó a un lado y se acostó de lado, haciéndose bolita sobre el colchón mientras se apretaba el pecho con ambas manos.

—¡Sakura! —se espantó sobremanera—. ¿Qué ocurre? —el terror lo atacó al recordar su enfermedad.

—Me duele… mi corazón, me duele mucho —murmuró entre cortadamente.

El rubio actuó rápido. Le acomodó la blusa en su lugar y luego la recostó bien en la cama, quitando las almohadas de la cabeza y poniéndolas todas bajo sus piernas. Había investigado ya y eso era lo más recomendable para casos así.

—Vuelvo en seguida ¿Si? Resiste un poco —a pesar de estar aterrado, actuó con la mente fría y rápidamente. De inmediato bajó en busca de ayuda—. ¡Rápido! ¡Llamen a una ambulancia! Sakura se puso muy mal.

Eso fue suficiente para que todos se alteraran sobremanera, en especial cierto hermano sobreprotector.

—Nakuru, llama a una ambulancia —le pidió a su novia con prisa—. ¿Dónde está mi hermana? —masculló entre dientes dirigiéndose al rubio.

—Está en mi habitación —tuvo que admitir.

—¿¡Y qué demonios hacían en tu habitación como para que le diera un ataque?! —explotó, no lo pensó para arremeter contra Fye, pues lo tomó del cuello de su playera amenazadoramente.

—¡Tranquilos! —Tomoyo puso orden—. ¡Lo que importa ahora es la salud de Sakura! ¿Qué no lo entienden? —se molestó mucho.

—La ambulancia viene en camino —anunció Nakuru.

Touya soltó a Fye, pero se le quedó viendo amenazadoramente durante un buen rato, hasta que decidió subir a buscar a su hermana. Se sorprendió al ver que su novio ya le había dado la atención necesaria, al menos era lo más que podían hacer por ella.

—Tranquila, la ambulancia viene en camino —tomó su mano libre, pues con la otra se apretaba el pecho con desesperación. Ni siquiera podía hablar bien por el dolor y la falta de aire. Poco a poco se fue poniendo pálida.

La ambulancia llegó y trasladó a Sakura al hospital central de Tokio, su cardiólogo la recibió de inmediato y le dieron el tratamiento necesario. Muy pronto los señores Kinomoto llegaron al hospital, asustados y angustiados. Afortunadamente no había sido algo demasiado grave puesto que la atendieron enseguida, pero aun así seguía corriendo mucho riesgo.

—¿Cómo está nuestra hija? —preguntó Fujitaka al médico.

—Está fuera de peligro, su ritmo cardiaco se regularizó, sólo necesita descansar por unas horas más.

—¿Podemos verla? —preguntó Nadeshiko.

—Yo preferiría que fuera un poco más tarde, está sedada por ahora.

—De acuerdo —la señora Kinomoto suspiró y abrazó a su esposo, buscando consuelo.

—¿Quién estaba con Sakura durante el incidente? —preguntó a todos los que estaban en la sala de espera.

—Yo —se levantó Fye.

—¿Podemos hablar un momento? —el rubio asintió y siguió al doctor hasta su consultorio.

—Bien… necesito saber qué fue lo que pasó realmente. Hablé con Sakura antes de sedarla, pero ella insistía en que el ataque le dio de pronto y sin razón o motivo alguno ¿Es eso verdad, Fye?

—No —no lo pensó dos veces antes de decir la verdad, se trataba de la salud de su novia después de todo y no la pondría en juego sólo por ocultar lo que estaban haciendo—. Nosotros… bueno —desvió la mirada un poco avergonzado—. Estábamos por tener relaciones —se sonrojó a más no poder, a pesar de no quererlo.

—Oh, ya veo… —suspiró pesadamente—. Estos muchachos de hoy —se quejó el médico—. Voy a necesitar que me respondas algunas preguntas necesarias para saber qué exámenes hacerle a Sakura.

—De acuerdo.

—¿Desde qué edad tienen relaciones? ¿Ella es tu única pareja sexual? ¿Has contraído alguna infección de transmisión sexual? ¿Con qué tanta frecuencia visitas a tu médico? Y…

—¡E-espere! —se avergonzó mucho—. Ninguno de los dos lo ha hecho antes, nunca.

El médico parpadeó confundido.

—Oh… eso cambia mucho las cosas —suspiró y al final soltó una risilla mientras cruzaba los brazos y negaba suavemente con la cabeza—. Aún son muy jóvenes muchacho, tienen toda una vida por delante ¿Por qué apresurar las cosas? ¿Tu padre sabe de esto?

—No lo sabe, y sobre lo otro… es así porque sé que Sakura no tiene mucho tiempo —respondió con frialdad y severidad—. Ella cree que no lo sé, pero… lo escuché a usted hablando con sus padres hace un par de años. Sé que su enfermedad no tiene cura y que en cualquier momento podría morir.

El doctor se quedó de piedra ante esa respuesta.

—Tienes razón —aceptó por fin—. La situación de ustedes es diferente.

—Doctor, sé que usted la conoce desde hace muchos años, incluso la quiere como si fuera de su familia; por eso déjeme decirle que ella ha sido mi única novia y así lo será por siempre. La quiero de verdad y no pienso abandonarla por ningún motivo o circunstancia.

—Entonces creo que necesitarán algo.

—¿A qué se refiere?

—En las condiciones en las que se encuentra el corazón de Sakura, es imposible que tenga relaciones sin sufrir algún ataque.

El rubio se sonrojó un poco.

—Si quieren aprovechar su tiempo necesitarán cierto medicamento. No lo puedo recetar aún porque necesitas ser mayor de edad para conseguirlo, pero ya falta muy poco para eso.

—¿Medicamento?

—Sí, es un relajante. Es un poco fuerte, pero funciona para casos así. Evitará que Sakura se exalte demasiado. Es la única manera… —se cruzó de brazos y negó con la cabeza—. Es increíble que le esté dando consejos de este tipo a un crío —rio—. Si tu padre me escuchara o incluso si sus padres lo supieran.

—Ninguno lo sabrá —sonrió de lado—. Muchas gracias doctor Seishiro.

—Y sobre lo que estaban haciendo antes del ataque… —suspiró—. No te preocupes por ello, no diré nada a nadie, lo guardaré como secreto profesional ¿De acuerdo? Pero prométeme que dejaran de manosearse, al menos hasta que sean mayores de edad y pueda ella tomar el medicamento —lo apuntó con un dedo acusador—. ¿Entendido?

El rubio tragó en seco y a la vez se sonrojó mucho.

—¡Por supuesto!

—Una última cosa… Los paramédicos me dijeron que la encontraron en posición de Trendelenburg. Fue lo mejor que pudieron hacer por ella en ese momento, gracias a eso el daño no fue tan grave. Dime… ¿Tú lo hiciste?

—Sí —aceptó algo avergonzado.

—¿Y cómo es que sabes eso? ¿Tu padre te da clases de medicina o algo por el estilo?

—No.

Seishiro se asombró mucho.

—Vaya… y ¿Ya tienes pensado qué vas a estudiar al salir de la preparatoria?

—Bueno… pienso entrar a la universidad de artes visuales. Sakura y yo lo haremos.

—¡Qué desperdicio! —exclamó.

—¿Perdón? —alzó una ceja.

—Lo siento, es que… a lo largo de los años y con el tiempo que he convivido contigo y tu padre, me he dado cuenta de que comparten mucho más que el parentesco. Las cosas sobre medicina se te facilitan más que a otros, actúas rápido y te gusta investigar por tu cuenta ¿No es así? —el rubio asintió—. No estoy diciendo que esa universidad sea algo demasiado fácil, y me imagino que los dos han de ser muy bueno en cosas como el arte, pero… ¿No te has puesto a pensar en cómo sería tu vida si estudias medicina?

—Nunca me lo había planteado —parpadeó sorprendido.

—En primer lugar, harías muy feliz a tu padre; y en segundo, tu mujer estaría segura a tu lado si eres médico, así como hoy, podrías llegar a ayudarla, incluso más que eso… podrías encontrar una cura para su enfermedad.

El rubio abrió los ojos a más no poder, nunca lo había pensado y a decir verdad sonaba demasiado surrealista todo ese cuento.

—Pero usted es un buen médico…

—Pero ya soy viejo, muchacho. Me sobran los años y ya a estas alturas es muy difícil hacer investigación y proponer nuevos protocolos y proyectos. Necesitamos carne fresca, personas innovadoras y con propósito. Tú encajas perfectamente aquí, además… hay un programa especial de cardiología en Londres, apenas están arrancando con ese proyecto, pero para cuando acabes la carrera de medicina te podrías regresar unos años a tu ciudad natal y volverías a Japón hecho todo un especialista ¿Qué te parece?

—Wow… creo que va muy rápido, apenas tengo diecisiete y no he terminado la preparatoria aún…

—Ponte metas, propósitos. Si la amas como dices, estoy seguro que la salvarás. Piénsalo…

OoOoOoOoO

Los párpados le pesaban mucho y todo su cuerpo estaba entumecido. No reconocía el lugar donde estaba y mucho menos recordaba lo que había pasado. Miró a su derecha y vio un par de bolsas colgando bocabajo con un líquido extraño en su interior, esto iba directamente a un catéter conectado en su vena. Miró a su izquierda y se encontró a su novio sentado en la silla junto a su cama. Al verlo llegaron todos los recuerdos de esa noche, lo que estaban haciendo cuando le dio el ataque.

Qué vergüenza… —pensó azorada. Fijó su vista en su novio, pero notó que éste se encontraba tan pensativo que ni siquiera se percató de que ya estaba consciente. Su ceño estaba un poco fruncido y sus labios formaban una fina línea horizontal.

No es mala idea… puedo estudiar medicina, en realidad siempre me ha llamado la atención. Antes le temía a los hospitales por lo que le pasó a mamá, pero lo superé gracias a Sakura, además… ahora tengo un nuevo propósito: mantenerla con vida cueste lo que cueste. Encontraré una cura para su enfermedad y podremos vivir una larga vida, juntos. Sí, así será —sonrió con verdaderas esperanzas llenando su corazón—. Aunque se molestará un poco cuando le diga que no entraré a Artes Visuales, pero definitivamente no puedo decirle el motivo por el cual quiero estudiar medicina, no me lo permitiría. Pero aun así lo hare —sonrió ampliamente ahora.

—¿En qué tanto piensas… que sonríes tanto?

Ese leve murmullo lo trajo de vuelta a la realidad.

—¡Sakura! —se puso de pie y tomó su mano—. ¿Cómo te sientes?

—Estoy bien —sonrió con debilidad—. Pero he tenido mejores momentos —rio un poco, pero eso fue suficiente para causarle molestias.

—Trata de no exaltarte mucho —acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja con mucho cariño, ella sonrió feliz.

—No puedo hacerlo si estás a mi lado.

—Tonta —le pellizcó la nariz.

—Sobre lo de la otra noche…—murmuró apenada, pero fue interrumpida.

—No te preocupes, no volverá a pasar.

—Pero… —la desilusión opacó por completo los ojos verdes de la castaña.

—No podemos volver a hacerlo —apretó su mano entre las suyas—. Al menos no hasta que alguno de los dos tenga dieciocho —sonrió pícaramente.

—¿A qué te refieres?

El rubio procedió a explicarle todo lo que había dicho el doctor y ella no pudo más que sonrojarse mucho, pero se sintió aliviada al saber que no les diría nada a sus padres.

—Vas a cumplir dieciocho el otro mes —sus ojos brillaron. Fye rio.

—Sí, pero tranquila pequeña saltamontes, que ese momento tiene que ser especial. No quiero que la primera vez de ambos sea un simple revolcón —desvió la mirada, avergonzado.

—El baile de graduación ¿Qué te parece esa fecha? Ya los dos tendremos dieciocho.

—Me parece perfecto, planearemos algo especial para esa noche ¿De acuerdo? —juntó su frente con la de ella y besó sus labios con mucha suavidad y ternura—. Por cierto, tus padres se acaban de ir a la cafetería a desayunar algo, los supliré por un rato.

—¿Serás mi niñera?

El rubio rio.

—Sí, así que pórtate bien.

—Lo que usted diga, sempai.

El rubio rio aún más.

—Oh… ¿Y esas flores? —inquirió con sorpresa al ver la mesita de al lado, había varios ramos y arreglos de flores.

—Las orquídeas son de Tomoyo y su madre, los girasoles de Nakuru y Touya, el montón de globos y golosinas de por allá son de tus padres, ese de variedad de flores de colores es de mi padre y estos —señaló unos tulipanes color rojo intenso—. Son míos —sonrió.

—Oh… son muchas flores, la verdad no lo esperaba. Muchas gracias Fye, son hermosos —tomó su mano y la apretó con cariño.

—Es lo menos que puedo hacer después de que pasaras por esto…

—Pero… no es tu culpa —se angustió un poco, no quería que se sintiera culpable por ello, no después de que fue ella la que insistió en tener relaciones.

—Íbamos a terminar el año sin visitas al hospital, al menos por urgencias como estas.

—Es verdad… —reflexionó un poco y ya faltaba poco para que terminara el año y que se cumpliera el record de "No urgencias ni ataques" —. Pero no me importa, mientras estés a mi lado todo irá bien.

Fye suspiró pesadamente, se le seguía viendo muy pensativo.

—Te amo —se inclinó sobre sus labios para darle un casto y suave beso.

Meses después

Meses después es el baile de graduación y Fye saca a Sakura del baile para llevarla a la casa de verano que tiene su padre en una playa cercana a Tomoeda. Se van desde temprano, pero tienen una coartada perfecta para que sus padres no se den cuenta, pues entre todos los ayudaron para que pasaran esa noche especial, aunque ninguno esperó que entre los planes del rubio estuviera el hacer el amor con Sakura, no después de lo que ocurrió.

Esta vez no ocurre nada malo, pues él se encarga de que ella no se sobresalte mucho a pesar de la inmensa emoción que sentían los dos al estar juntos de esa manera por primera vez.]

Año 2016, tiempo presente.

—Aún recuerdo muy bien esa noche.

Sakura no pudo evitar mirarlo con los ojos muy abiertos y el corazón latiéndole más fuerte. Y es que lo había dicho en un tono muy añorado, lleno de nostalgia, como si quisiera repetir esos momentos. Una sonrisa muy suave y dulce se asomaba en sus finos labios, como si estuviera recordando una travesura.

—Yo también —tuvo que admitir.

Fye la miró y soltó un suspiro cargado de nostalgia a la vez que se tumbaba bocarriba en la cama.

—Eran buenos tiempos ¿Verdad?

—Lo eran… —suspiró—. Si tan sólo pudiéramos volver a ellos —pensó.

—Si tan sólo pudiéramos volver a ellos —materializó las palabras que Sakura tenía en mente. Ésta se sorprendió—. Aunque… podríamos hacerlo —se incorporó la suficiente como para quedar frente a frente con ella, muy cerquita.

—¿Qué quieres decir? —tragó en seco.

—Sakura… yo aún te amo. Nunca dejé de hacerlo —sus ojos eran sinceros, sus palabras muy claras y verdaderas. Y su expresión… bueno, ésta logró robarle el aliento a la castaña. No pudo responder nada—. Lo que dije en el fin de año era totalmente cierto: En verdad quiero que formes parte de mi vida en este año y en todos los que vienen. Y si no lo quieres así, juro que te seguiré a donde sea necesario para que se cumpla.

—Que caprichoso —fue lo único que atinó a decir, logrando que la expresión del rubio entristeciera un poco.

—Hablo en serio, Sakura —se acercó más a ella, tomando su rostro entre sus manos—. Pero… ¿Qué es lo que sientes tú por mí? —ahora no cometió el error de besarla antes de obtener una respuesta, no, esperaría.

—Yo… —¿Qué debía decirle? También lo quería ¡Por dios! ¿A quién quería engañar? Cuando intentó suicidarse no dejaba de pensar en él en cada momento, el tiempo en que estuvo inconsciente soñó con él, con su reencuentro. Y ahora que lo tenía frente a ella, diciéndole lo mucho que aún la amaba, no era capaz de articular palabra alguna, no podía externar sus sentimientos y decirle cuánto lo amaba. Su orgullo era aún más grande que su amor, tristemente…

Su mente le traía todos esos malos recuerdos, pero… ¡Qué mierda! Justo ahora estaban recordando bellos momentos de su infancia y adolescencia, y en todos ellos Fye siempre estuvo presente. Los momentos buenos fueron más que los malos y fueron mucho mejores…

—Fye, yo…

El timbre del teléfono resonó en toda la residencia.

—Sí, dime —insistió, ansioso y sin importarle el teléfono.

—¿No vas a contestar?

—Eso no importa ahora. ¿Qué ibas a decirme? —sus ojos brillaban en ansiedad, casi como cuando un adicto está frente a su coctel favorito.

—Bueno, yo también…

Ahora el teléfono móvil del rubio sonaba con insistencia.

—Debe ser importante, mejor contesta —pidió la castaña.

Fye miró su teléfono y a Sakura alternativamente. Terminó suspirando con pesadez y contestó.

—¿Diga? —escuchó atentamente lo que le decían al teléfono, de pronto sus ojos se abrieron a más no poder y su expresión se desencajó por completo. Poco a poco se fue poniendo más pálido de lo normal—. Sí, sí. Ahora mismo voy para allá —colgó.

—¿Qué ocurrió?

—Me hablaron de la escuela —se puso de pie de inmediato—. Ámber tuvo un accidente, necesitan que vaya cuanto antes.

—¡Oh por dios! ¿Qué le pasó?

—No me dijeron, iré a averiguarlo. Vuelvo más tarde —ni siquiera esperó una respuesta, prácticamente ya se encontraba saliendo de la casa. No tardó ni un minuto más para ya estar arrancando su auto rumbo al instituto.

Continuará…

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