LAKEWOOD – OTOÑO 1964
Despertó pero todo seguía dándole vueltas, abrió poco a poco los ojos y miro el ventanal, era de día y ella estaba en su habitación, se movió poco a poco y descubrió que no estaba sola, con cuidado se giró y el príncipe estaba a su lado dormido, completamente vestido, ¿si ella llevaba una pijama, entonces él le había quitado la ropa? Se sonrojó e intentó incorporarse pero un látigo convertido en dolor de cabeza la azoto quejándose audiblemente, Albert despertó y la miro con preocupación colocándose sobre ella
¿Estás bien? ¿Quieres un vaso de agua?
¿Que?... No, o si y... – no podía o no quería abrir los ojos
Se movió rápido tendiéndole un vaso de agua y una pastilla – es para la resaca
Ya lo sé – dijo de mal humor mirándolo de reojo – ¿que haces aquí?
Por si no lo recuerdas anoche te pusiste mal, vomitabas y lloriqueabas, a veces te reías como esquizofrénica y me dijiste... Pues básicamente de todo, cosas que no pienso volver a repetir y cosas que me gustaría volver a escuchar, te tuve que meter en la bañera, lo siento – sonrío de lado mirándola de reojo con diversión
Ella se llevó una almohada al rostro y pataleó – ¿quién demonios hizo el whisky? Es un veneno
Es poderoso si lo tomas puro como lo hicieron ustedes pequeña – reía
¿Te divierte? - asomo el rostro por encima de la almohada
Si... – se acercó a ella y acaricio su cabello – me dejaste quedarme y me dijiste que me querías
Estaba borracha y muy tonta – se derrumbó en la cama nuevamente
Voy a traerte algo de sopa es lo único que tolerarás – lo miro con ternura obligándolo a sonreírle con amor
Le dio tiempo de recordarlo todo, él la llevo en brazos hasta su habitación, despertó casi completamente justo para pedirle que se quedara y lo besó, la acariciaba con ternura pero ella se detuvo y cómo pudo llego al baño, vomitó mientras el sostenía su cabello, luego la ayudo a desnudarse y a enjabonarla, con cariño le besaba los hombros, el cuello, la espalda, mientras reía ella decía incoherencias sobre el alcohol en la sangre y cómo utilizar el bisturí para remover partes del cuerpo, la envolvió en una toalla volviendo a besarla tiernamente diciéndole cosas dulces, se acurrucó en su pecho y le dijo que lo quería, que aún sentía cuanto, solo la abrazó un rato, seco su cabello, le colocó la pijama y no lo dejó ir, hablo tonterías hasta que se quedo dormida, mientras él con adoración acariciaba su mejilla, escuchándola atentamente. Cuando regresó con el plato de sopa ella se sentía un poco mejor con el dolor de cabeza pero tonta.
Una señora simpática a la que le llaman Tata me dijo que ésta te aliviaría, preparo para el montón de sirenas alcoholizadas de la casa muy divertida, me dio desayuno para mí también pero tú no comerás nada de esto por ahora – la colocó frente a ella con una sonrisa y un beso en la cabeza
Lamento mucho lo de anoche – dijo sin mirarlo
¿Que lamentas? – preguntó mordiendo un pedazo de pan
Que te quedaras conmigo y me soportaras – tomo su sopa de sorbos pequeños haciendo gestos
No deberías, cuidas de un montón de gente siempre ¿pero quien cuida de ti? - la miro expectante
No necesito que me cuiden, no estoy enferma, es solo una reacción lógica del cerebro, no volveré a beber de ese venenoso líquido – dijo con un mohín
Todos necesitamos que nos cuiden, y a mí me gustó hacerlo, ¿estuvo bien entretenido el desorden que armaron no? – rió – las mujeres son increíbles, un rato juntas, solas con bebida y resulta el Armagedón
Patty... – se agarro la cabeza – ella bebió más que yo, debería...
Ella es problema de Stear y tú eres el mío
No tienes nada que ver conmigo – susurro mirando el plato
Anoche... Me dijiste que hacía que tu corazón latiera tan deprisa que no te dejaba pensar – murmuro sin mirarla – y yo te dije que tú eras todo para mí, haces que quiera mil cosas y todas son contigo, siempre has sido tu
Resopló sonriendo con ironía – no sabes lo que quieres
¿Tú sí? ¿Siempre sabes lo que quieres? – pero no respondió y el silencio se instaló entre ellos
Al terminar el desayuno juntos su cabeza no dejaba de dar vueltas, pero no era por el alcohol, era por su presencia – Gracias – susurro dejando los restos en la mesita que tenía a su lado - creo que debes irte, no quiero que nadie piense que… pasamos... La noche juntos
Está bien – murmuro – pero espero que recuerdes todo lo que te dije anoche, yo no estaba alcoholizado sé lo que quiero Candy lo supe desde el mismo momento en que te vi, con esa sonrisa hermosa balanceándote sobre un muro en el festival del verano – se levantó y cerrando la puerta la dejo sola
Suspiró profundamente – Albert Andrew tu presencia me alivia y me lastima al mismo tiempo, no se lo que quiero, ya no lo sé.
A las 3:00 de esa tarde las nubes habían tapado el sol y el clima descendió unos grados, Candy se sentía mejor quería caminar por Lakewood, y así lo hizo, recorrió senderos mientras arrancaba una rama y la agitaba en el viento, pateo un montón de hojas y siguió su camino respirando el Otoño, aquel lugar era bello en todas las estaciones, llevaba un pantalón ancho arremangado y botas desgastadas marrones hasta la pantorrilla, una ruana cómoda de tonos verdes y un gorro tipo boina de terciopelo verde, salto de un lado a otro, miro el lago mientras el viento le refrescaba el rostro, se recostó sobre las hojas secas en la hierva, trepó un árbol, se balanceo como cuando era niña y los recuerdos libres le llegaron haciendo que riera, allí frente a el lago se reconoció en cada árbol, en cada hoja, en ese cielo, se reprochó haber perdido a aquella chica, pero le alegraba que en el fondo seguía estando, se sentó en un columpio abandonado y se meció, estaba en paz, sola con sus pensamientos y libre, caminando más hacia el lago se detuvo frente al muelle, al final de pie con las manos en los bolsillos, abrigado con un suéter oscuro estaba el, se escondió detrás de un árbol solo para mirarlo de lejos, se veía triste y melancólico, seguro estaría pensando en lo que fue de tantas tardes iguales a esa en aquel verano, recordó todas las palabras, todas las caricias y todos los besos que con amor se prodigaron, él la amaba estaba segura de eso pero ¿como pudo decirle todo aquello? ¿cómo pudo dejarla así? sus ojos comenzaron a empañarse y decidió irse, él debió escuchar sus pisadas sobre las hojas o simplemente sentirla porque giró y corrió para alcanzarla gritando su nombre
Cuando le dio alcance la miro con una sonrisa – ¿viniste a verme pequeña?
No, yo solo estaba caminando por aquí cerca, no quería molestarte
¿Ya te sientes mejor verdad, podemos hablar?
Albert yo no tengo intenciones de hablar de nada, no sé qué podríamos conversar tú y yo
De mucho, hace seis años que no nos vemos, ¿me acompañas a tomar un café, una merienda o algo?
Su mirada la obligaba, ¿porque siempre tenía que ceder ante ese hombre? ¿porque tenía que sentir aun tantas cosas por el? – si vamos – concedió
Entraron a un café y se sentaron frente a frente, ella pidió una taza de chocolate y él solo tomaría té, por costumbre, unos minutos y solo jugaron con las galletas Candy miro a su lado el letrero en la vitrina, el café "Honey" frunció el ceño, se removió incomoda y pensó en salir de ahí, hasta que él se dio cuenta de que podría irse en cualquier momento, no quería perder la oportunidad así que decidió hablar primero para retenerla
Cuéntame cómo te las arreglas con la clínica, con los pacientes, las emergencias y todo eso, debe ser muy interesante y agotador
Al principio ella dudó pero luego poco a poco fueron conversando y sin darse cuenta entablaron una verdadera conversación, si dejaban el dolor del pasado y recordaban las cosas bellas que tenían en común volvían a ser los mismos, Albert también le hablo de lo agobiante de su trabajo, de la última vez que pudo salir de vacaciones hacía cuatro años y de lo mucho que habían crecido como empresa, pronto la tensión y la formalidad se volvió risas y anécdotas divertidas, cenaron juntos en ese lugar mientras las palabras salían cada vez mas fáciles, se sentían otra vez cómodos el uno con el otro, el tiempo se detuvo para ellos. Cuando salieron del café aún en la burbuja amena le ofreció llevarla a la villa, al llegar ella le dio las gracias y Albert en un gesto beso su mejilla, solo eso trajo unos segundos en silencio que parecieron una eternidad, mirándose fijamente tratando de no pensar, le sonrió y ella le devolvió la sonrisa, el silencio se rompió cuando Candy abrió la puerta del auto y salió hacia su casa, no hubo más, al entrar su hermana la veía con una sonrisa inmensa
¿Una cita?
Patty salí a caminar y me lo encontré por casualidad, solo me trajo
Ajá eso dices...pero anoche te vi besarlo como si quisieras comerlo entero
¡Por favor! – puso los ojos en blanco, su hermana no cambiaba - no estás en condiciones de reprochármelo pude tener una intoxicación severa
Y yo pero estamos vivas y mi boda es mañana, has que valga la pena mi última noche de soltera, tendremos una noche de hermanas
Esa noche rieron, platicaron, recordaron cuando aún eran niñas, pero solo tomaron leche y comieron de las tortillas de las que les hacía Tata desde pequeñas, Patty le contó de Stear, y cuanto lo amaba, cuando le pregunto a Candy por Noel ella solo dijo que se había acabado, le contó porque ya no estaban juntos y se sorprendió al descubrir lo poco que le importaba, no le pregunto nada de Albert y la conversación se fue en paz, cuando Candy se recostó en la cama su cadena tintineo y se expuso el anillo, Patty nunca había visto el dije de la cadena que siempre había llevado
¿Que es esto? ¿Es un anillo de compromiso verdad? - lo giró en sus manos y leyó "Eternity" – ¿y esto….? espectacular ¿Te lo dio Noel? – pregunto atenta a su respuesta
No – lo guardo dentro de la pijama – me lo dio Albert
¿Cuando...? ¿Ósea el quiso comprometerse contigo? – entrecerró los ojos
Estás haciendo muchas preguntas Patty – esquivo
¿Y lo tienes desde hace años? ¿Porque no se lo devolviste?
Se levantó sentándose frente a la ventana de Patty y respiro el aire puro...
Porque no pude, no pude dejar de quererlo, es como tenerlo conmigo eternamente...
Nunca me contaste que paso con ustedes, además de seguirse queriendo conservas el anillo, él esta corriendo detrás de ti, detente y conviértelo en esa eternidad, deja aun lado el pasado
Si, precisamente por eso lo llevo, porque aún lo sigo queriendo, ya una vez creí que era para siempre y él se fue, se fue sin mi
LAKEWOOD- VERANO 1958
El cielo amaneció encapotado, nubarrones grises surcaban el horizonte, hace tres días que no la veía, solo le envió una nota, necesitaba pensar, o tal vez hacerse a la idea, cada vez que llegaba a alguna conclusión no veía la salida, tendría que elegir por los dos, qué tonto había sido, si tan solo no la hubiese arrastrado a ella en la idea de estar juntos, si no le hubiese dicho nunca que la quería, si no hubiesen pasado unos meses queriéndose sin límites esa decisión fuera más fácil, pero le dolía más el hecho de hacerle daño que la simple idea de no volverla a ver, debía hacer algo contundente, algo que no desterrara de el único mundo que conocía y de lo que anhelaba, le prometió que no lo haría, tenía que hacer que ella considerara un futuro sin él, a su lado no podría cumplir sus sueños, y sería egoísta obligarla a esperarlo, la única forma que encontró no le gustaba nada, haría que lo odiara, pero se obligará a olvidarlo y seguirá con sus planes originales, sin atarse a nadie, lo único que quería era que fuera feliz.
Hacía frío, el otoño estaba a la vuelta de la esquina y ese día parecía advertir el cambio de estación, caminó con las manos en los bolsillos y la mirada en el suelo, deseando encontrar la fuerza que necesitaba para hacer aquello, no debía mirarla a los ojos o se le notaría cuanto la amaba, debía ser rápido, se detuvo en la esquina de el café que estaba casi vacío y cerró los ojos, algo dolía en su pecho, no podía respirar con normalidad y apretaba tanto la mandíbula que le rechinaban los dientes. La vio aparecer al final de la calle, tan bella como siempre, abrigada y sencilla, saludo a un grupo de personas y les preguntó por la salud de alguien, abrazo a un niño que gritó su nombre mientras lo giraba y le sonreía, miro el reloj y se despidió con cariño, supo que su felicidad era estar entre su gente, no lejos con desconocidos, obligada a ser solo esposa y madre, la seguía con la mirada, a lo lejos hubo un relámpago y el viento sopló fuerte haciendo que las hojas cayeran cada vez más.
Cuando sus miradas se encontraron ella le sonrió con ternura, Albert no sonreía, lo abrazó fuerte besando sus labios pero él apenas la rodeo, ella frunció el ceño y buscó su mirada pero él fingió ver el espantoso clima, sin decir hola murmuró que el tiempo lo tendrían contado, por primera vez Candy lo sintió lejano y diferente. Entraron en aquel café y dejaron los abrigos en la entrada, la chica pidió té para ambos, y se restregó las manos sentándose frente a él en una mesa con respaldares acolchados, a su lado la vitrina decía "Coffee with Honey" y a pesar de que eran las 3:00 de la tarde parecían ser las 6:00, ¿que habría hecho o dicho para que él no la mirara y estuviese tan distinto? Recordó los últimos días juntos antes de que le enviase la nota extraña pidiéndole que no se vieran en unos días por qué necesitaba arreglar unos asuntos, no pensó que fuera grave, lo había extrañado mucho y esperaba otro recibimiento, por lo menos un beso. En esos días se encontraron en la cabaña, volvieron a estar juntos y él fue tan dulce... La acariciaba con adoración, la besaba con ternura y deseo, pero algo era distinto, estaba callado y retraído. A veces parecía que quisiera decirle algo pero solo la abrazaba, la miraba en silencio hasta que se quedo dormido en su pecho mientras acariciaba su cabello.
Llego el té caliente y lo acunó para que sus manos entrarán en calor, las sentía heladas, sonrío y se obligó a entablar una conversación, Albert tenía la mirada perdida en el líquido que tenía en frente
¿Solucionaste los problemas que tenías príncipe?
Frunció en ceño y sin mirarla murmuró – no soy un príncipe, no lo soy Candy
Pero... Para mí si – cruzó la mesa para tocar su mano pero al sentirla la apartó – ¿que sucede Albert? – preguntó en tono dulce - ¿Puedes hablar conmigo y decirme de una vez lo que te pasa?
Rabia, su cerebro y su corazón convirtieron todos esos sentimientos amargos en rabia, dirigida hacia ella, por enamorarse de ella, por ser tan bella y tan dulce, por querer una vida que los separaba aunque la hiciera feliz, pero más por él mismo, por verse obligado a aquello – Candy, no me sucede nada, simplemente vine a conversar contigo y a... despedirme
¿Despedirte? - musitó casi en susurros
Si, fueron unos meses muy... Bonitos…. pero regreso con mi familia a Londres
¿Bonitos dices? – sus ojos comenzaron a empañarse, ni siquiera la miraba, le daba vueltas al té entero en la taza sobre el platillo
Si, quiero darte las gracias y despedirme de ti
Resopló con fuerza incrédula – ¿es una broma? ¿Porque te portas así conmigo? si hice algo que...
¡No hiciste nada! solo... somos personas que van en direcciones opuestas y aquí nos despedimos – su voz sonaba fría y cruel llena de rabia
Las lágrimas corrieron más rápido que sus pensamientos o incluso que su corazón – ¿porque.. porque me estás haciendo esto?
Lo siento mucho, fue un error – seguía dándole vueltas a la taza
¡Un error claro! y esperaste hasta ahora para decírmelo yo... no puedo creerte dime la verdad ¿porque Albert? y mírame, por lo menos mírame
En cuanto lo hizo algo se rompió dentro de él, se quebró, con un ruido espantoso, tragó grueso y soltó el aire, la estaba haciendo llorar, la estaba lastimando mucho, pero así debía ser, ella lo olvidaría con el tiempo, solo habían sido tres meses, se obligó a fingir – porque no eres la mujer que necesito, no estarás conmigo en Inglaterra y no estarás en casa cuando llegue del trabajo, no estarás cuidando a nuestros hijos mientras yo cuidé de nuestras finanzas, es lo que necesito y tú no lo quieres
Pe... pero... eso...nunca me dijiste que realmente eso era lo que querías, dijiste que me apoyarías, que buscaríamos la forma de... – cerró los ojos y se secó las lágrimas – Albert, escucha, si es por que retengo un proyecto...
No es por ninguno de tus planes Candy, nunca debimos estar juntos, era una tontería, todos lo sabían y permanecimos ciegos – no soportaba verla llorar, ni que intentará con tanta ternura después de que él la tratara de esa forma – No volveré, no volveré a pisar América, no volveré a pisar este continente, lo prometo
Promesas vacías como las demás ¿cierto? – Sorbía por la nariz y hablaba en voz baja
Como quieras.. – saco dinero para pagar la cuenta y al colocarlo en la mesa ella lo sostuvo por la muñeca
Estamos casados – lo miro suplicante - no pudo ser mentira todo lo que vivimos, no puede terminar así
Lo sé y lo siento mucho, nadie lo sabrá, anularé el matrimonio, quizá no tengas que firmar nada, con dinero se arreglará, un abogado de confianza hará el trámite - se soltó de su agarre que le quemaba, le dolía, le laceraba el alma
Las manos le temblaban - estás acabando con todo, con lo que soñamos, tú lo quisiste así, tú solo
Es lo mejor Candy, lo nuestro no tiene el mismo destino, no tenemos futuro juntos – pero mientras lo decía, su pecho ardía, luchaba por contenerse y mantenerse firme con la decisión más difícil y dolorosa que había tomado en su vida, todo lo que salía de su boca era mentira
Ella no dijo más, con su mano aún temblorosa se saco el anillo y lo arrastró frente a él que lo miró fijamente – adiós
Una sola palabra para demolerlo por completo, no soportaba más estar ahí – es tuyo, siempre lo será – la miro por última vez – eternamente – se levantó camino a la salida, miro atrás una última vez y se fue de su vida
Con el corazón destrozado miro el anillo, lo sostuvo en su mano un momento, las lágrimas le impedían verlo con claridad, giro a la vitrina y sobre la palabra Honey llovía, se dejó caer en la mesa entre sus brazos con el anillo apretado fuertemente en su mano y lloró, lloró con fuerza, con todo el dolor que la consumía.
Aceleraba el paso jadeante, la lluvia se le metía en los ojos, en un momento estaba empapado, se metió en el auto y miro el volante autómata, luego lo golpeó, lo golpeó varias veces con fuerza, con rabia, dejando salir maldiciones, se pasó las manos por el cabello y restregó su rostro, sentía rabia consigo mismo, se odiaba por hacerle eso, por apartarla así de su lado, pero ella merecía ser feliz; y su felicidad estaba lejos de él, no la sometería al sufrimiento, a la frustración, no la encerraría en su mundo, con los ojos rojos y calado hasta los huesos, encendió el motor y el auto rechinó al alejarse.
Decidió caminar aún no creía nada, parecía ser una pesadilla, cada paso que daba le pesaba cada vez más, sabía que lloraba pero sus lágrimas se confundían con la insistente llovizna, no sentía frío pero sus manos seguían heladas, un auto se paró a su lado, los conocía pero parecía hace mucho tiempo incluso años que no los veía, Tina iba con su novio, ellos pusieron cara de preocupación pero Candy les sonrío como si nada, subió al auto y se bajó despidiéndose con la mano en frente de su casa, al llegar veía pero no miraba, su madre la miro preocupada y ella reunió el valor para hablar, aunque su voz sonaba temblorosa "está bien mamá, estoy bien" subió a su habitación cerró la puerta, se quitó la ropa húmeda y fue directamente a la bañera, el agua salía tibia pero ella temblaba, sus labios temblaban, se acurrucó abrazando sus piernas y sollozo como una niña. Cuando se obligó a salir todo le dolía, camino a la cama y cerró los ojos fuertemente, Tata que la había visto llegar le llevó algo y se dio cuenta al entrar en su habitación que estaba a oscuras, no quiso encender la luz y le dejó una taza con un té medicinal para que no se enfermara, ella no se movió aunque estaba despierta, sin palabras la obligó a tomarlo y luego la dejo sola, miro por la ventana seguía lloviendo, sus lágrimas no habían parado tampoco, cerró los ojos y se forzó a dormir.
No quiso hablar con nadie, no quería ver a nadie estaba seguro que prefería cualquier cosa menos todo el dolor que llevaba dentro, se cuestionó por enésima vez, no había sentido tanta pena dese que su madre los dejara, seguro si estuviese viva lo regañaría como solía hacerlo cuando hacía cosas estúpidas, se volvió a repetir lo dicho mil veces y mil veces le dolió, ella no se merecía eso, ella era un ángel y él no la merecía, ni siquiera por esos días tan maravillosos a su lado, pero solo fue poco, se obligó a pensar que lo olvidaría, ese sería su castigo, se apremió a creer que un amor de verano no puede ser más que eso, que afortunado el hombre que la tenga y que miserable sería sin ella, miró la fotografía y la apretó contra su pecho, el dolor le brotaba tan natural como respirar, cerró los ojos y le pidió perdón en silencio, era ella o él quien saldría ganando de buscar otra solución en ese momento, pero no los dos, nadie entendería nunca todo el amor que se entregaron en tan poco pero en algo tenían razón fue solo un amor en verano.
Al día siguiente despertó como en sus peores pesadillas, le dolía el cuerpo, el pecho, sus ojos hinchados también dolían, se levantó de la cama y se asomó a la ventana, miro los charcos que había dejado la lluvia y se tocó la frente, sentía frío, estaba hirviendo, su madre entro esa mañana después del desayuno, la había disculpado con su padre alegando una gripe que no era del todo errónea, tocó su frente y miro sus ojos, con ternura la acuno y esta se dejó caer en su regazo, le pregunto qué le pasaba y fue el detonante para estallar en llanto, solo unas pocas palabras bastaron a su madre para no insistir "me dejo, se va sin mi" en la puerta Patty veía la escena con tristeza, su hermana estaba destrozada y todo por un amor de verano.
Pasó la noche encerrado, nadie pudo sacarlo del despacho de su padre, habían papeles en el suelo, una silla volcada y un sobre... Lo acariciaba mientras lo veía fijamente, no había dormido nada, no podría de todas formas, le susurró despacio y con voz ronca "perdóname princesa, te amo, eso no cambiará" y se dejó caer encima de él.
Feliz fin de semana para todas, se que las dejo un poco triste pero es el fin del Verano, el Otoño traerá nuevas oportunidades y nuevas formas de plantearse una oportunidad, solo que siguen estando en la misma situación, como podran resolverla? esta vez ya no son tan chicos... Saludos a todas
