Había sentido los dedos de Clary encajándose en la piel de sus brazos haciéndole daño y a pesar de todo, lo que más dolor le causo fue la desesperación y la tristeza en su rostro mientras le recriminaba que no había hecho nada. Era cierto, al menos eso se repetía una y otra vez Hermione. Las palabras duras de la cazadora de sombras solo constataban la verdad, no importaba que no hubiera sido su decisión quedarse como prenda con los ángeles y que sus compañeros tuvieran que hacerse cargo solos de la situación, lo cierto era que ella no hizo nada.
Se sentía desolada, devastada e impotente como hace mucho no se sentía, quizás la última vez que se había sentido de esa manera fue durante la guerra en Hogwarts cuando llego demasiado tarde para salvar a Lavender Brown de las garras de aquel hombre lobo. Aun tenía fresco ese recuerdo, el mismo que se le presentaba una y otra vez en sus noches de vigilia o en sus pesadillas. Todavía podía ver sus ojos sin vida mirándola, el rojo carmesí tintando sus cabellos y extendiéndose en un charco de sangre que fluía de su garganta destrozada.
La castaña no se sintió capaz de soportar un minuto dentro del cuartel, sintió la imperiosa necesidad de salir para tomar aire, la sensación de culpa se volvía algo asfixiante y claustrofóbica a tal punto que no lograba respirar con normalidad.
Si tan solo fuera capaz de llorar lo haría, pero incluso las lágrimas se negaban en fluir de nuevo para darle un poco de alivio, las traía atoradas en los ojos, en ese nudo cerrado que se formó en su garganta que le oprimía el pecho.
Se sentó en la soledad de la noche sobre las raíces de un frondoso árbol a pocos metros del patio trasero de la casa de campo. Quería estar sola, sus amigos lo sabían por esa razón le dieron una tregua para que lidiara con sus propios demonios antes de intentar acercarse.
La noche caía con pesadez sobre sus hombros como el presagio de que todo apenas estaba comenzando y no sabía si sería realmente capaz de seguir adelante sabiendo que los costos cada vez eran mucho más altos.
-Solo te falta llorar para verte completamente patética. -Escucho una voz a pocos pasos de distancia, misma que no mostraba emoción alguna.
La joven ni siquiera se tomó la molestia de mirar al intruso que se atrevía a entrometerse en sus momentos de soledad.
-No creo que ese sea tu problema, si mal no recuerdo, siempre disfrutaste de mi sufrimiento. -No había reproche en sus palabras, era más bien un recordatoria del pasado que tenían en común.
-Lo sé. -Fue su escueta respuesta, - aunque no es del todo cierto. -Afirmo en medio de un prolongado suspiro.
Esa respuesta despertó la curiosidad de Hermione a tal punto que levanto la vista para observarlo con cierta duda.
Draco estaba a pocos metros de ella con la espalda recargada en un árbol cercano, pero no lo miraba a ella mientras hablaba, si no sus ojos grises miraban con fijeza a la Luna de plata que encumbraba en cielo nocturno.
Ella quería preguntar a qué se refería, pero se contuvo, sabiendo que de presionarlo no obtendría nada. En lugar de interrogarlo se quedó en silencio mirando también la palidez de ese astro.
-No disfrutaba de tu sufrimiento. -lo dijo con firmeza fijando por primera vez sus ojos en ella. -Era demasiado estúpido para entender muchas cosas.
Hermione supo que no mentía, que esa declaración era cierta y eso la desconcertaba por que no lograba entender los motivos que habían llevado a Malfoy a tratarla siempre como escoria, si no disfrutaba de su sufrimiento.
-Y no te creas tan importante, no es que molestarte hubiera sido algo especial. -Le dijo con petulancia, aunque su sonrisa torcida le dejo entrever que era solo una broma.
De una extraña forma la castaña había comenzado a entender el humor negro y la acidez de las bromas de rubio. -Hermione sonrió. -No todo gira a tu alrededor Malfoy. -Contrataco.
El silencio se prolongó por unos minutos, pero era un silencio bienvenido, incluso recorfortante.
-Deberías estar descansando para recuperarte. -soltó de repente con preocupación Granger recordando el estado de su acompañante.
-Estoy bien. -Dijo restándole importancia. -Lo que me diste me puso bien de inmediato.
-Aun así deberías descansar ha sido un día muy largo.
-Lo mismo podía decirte a ti.
-No es como si yo hubiera hecho mucho hoy. -La voz de la castaña era triste y afligida, avergonzada giro su rostro para evitar mirarle.
-Nos salvaste la vida Granger, hubiéramos muerto de no ser por ti. Si eso no te es suficiente es que estas más trastornada de lo que imaginaba.
-Los deje solos, sacrificaron mucho. -La pena se translucía en cada palabra, en la manera que se abrazaba a sí misma.
-No fue tu culpa. -Se acercó molesto hincándose para estar a su altura. -Deja tu faceta de mártir porque me enferma. -Reprocho tomándola con firmeza por los brazos para sacudirla un poco. -No fue tu culpa. -Repitió.
-Tu casi mueres desangrado, Jace ofreció su amor por Clary y yo… yo no hice nada. -Las palabras se le cortaron, de nuevo del nudo en la garganta le impedía hablar.
-¡Por Merlín, Granger! Impediste que Jace cayera por el acantilado, cargaste con ambos y nos trajiste de vuelta. ¿Qué más quería hacer?
Hermione negó con la cabeza aun afligida por los grandes sacrificios que habían hecho.
-Todos nos metimos en esto por voluntad propia y sabíamos de los riesgos, además no es como si esos dos no pudieran recuperar lo que perdieron.
-Lo sé, pero…
-¡Pero nada! -Dijo tajante. Sorprendiendo a Granger por la dureza de sus palabras. -No puedes salvar a todos.
Molesto Draco regreso a la casa. No soportaba la sola idea de que Hermione terminara sacrificándose por nadie. Potter tenía mucha razón en señalar que ella haría todo lo que estuviera en sus manos para salvarlos, aunque fueran casos perdidos o una lucha sin sentido.
No encontraba la manera de protegerla de sí misma, era tan desesperantemente terca, tan obstinada, valiente y temeraria que no sabía qué hacer.
. . .
Cuando el Ángel que fue invocado por Valentine emergió del lago Lyng, Clary pudo haber pedido cualquier cosa que quisiera, pero no había nada que quisiera más que Jace estuviera vivo y asi fue que su gran amor fue arrancado de la muerte y traído de vuelta.
Ella lo amaba tanto que era devastador darse cuenta que había sido borrada por completo de la vida y la memoria, pero sobre todo del corazón de Jace.
Sus más grandes miedos volvían convertidos en una verdad desoladora. Antes se había enfrentado a todo tipo de obstáculos; a la idea descabellada de que eran hermanos, la renuencia de su madre Jocelyn por que Jace era el vivo retrato de Valentine, a la posesión de Lilith que lo ligo a Jonathan, incluso entonces con todo en contra y a pesar de que para todos era una causa perdida, ella había luchado convencida en que podía salvarle y lo había hecho porque lo amaba.
Había luchado entonces contra viento y marea, contra los planes de su padre y hermano, contra la desconfianza de su madre, pero ¿Cómo luchar contra el mismo? Cuando el amor que le tenían se había esfumado por completo como si nunca hubiera existido.
Su mirada fría la tomó por sorpresa golpeándola con tal fuerza que se sintió aturdida cuando tomo su mano para impedir que golpeara a Granger. La había defendido con una vehemencia tal que la hirió profundamente pero cuando la aparto sintió que su mundo se desmoronaba a sus pies.
Lloro hasta quedarse sin lágrimas en el hombro de Simón, ante la mirada triste y angustiada de Alec e Isabelle que no tenían palabras que pudieran consolarla de alguna manera por lo que decidieron dejarlos solos. Se quedó dormida de tanto llorar. Entonces su amigo la acomodo con cuidado cubriéndola con las sabanas y salio de la habitación.
-¿Cómo está? -Pregunto con interés Magnus
-¡Cómo crees que esta! -Exclamo con exasperación, con unas inmensas ganas de saltarle encima para romperle el cuello.
-¡Cálmate! -Le pidió suavemente Isabella tomándolo del brazo.
-Es que Clary ha dado tanto por Jace, no es justo que esté pasando por esto.
-Jace siempre dio también todo por Clary y se que no es justo pero eso no cambia las cosas. -Magnus soltó un suspiro.
-¿No crees que exista manera de solucionarlo? Es decir, que alguna forma en que Jace recuerde lo que sentía por Clary. -Pregunto Alec.
El brujo movió la cabeza de manera negativa. -No hay marcha atrás Alec.
. . .
Jace jugueteaba con una daga haciéndola girar con agilidad entre sus dedos de manera distraído con el pensamiento en otra parte. Su cabeza se había aclarado poco a poco, al principio se había sentido un tanto desubicado, no era difícil suponer que era un efecto secundario de entregar su "Corazón" a la causa por la que luchaba.
Recordaba todo con detalle al menos buena parte de su vida estaba en su memoria de manera intacta, sin embargo, era frustrante encontrarse con algunas lagunas en su mente donde aquella insoportable chiquilla pelirroja estaba presente.
Había entrado a la sala en el justo momento en que Hermione explicaba lo que había ocurrido en su misión, con todos los detalles que pudiera decir dado que ella no estuvo presente. Le llevo unos minutos apenas darse cuenta de la situación y otros tantos intervenir para que Clary no lastimara más a la castaña.
Cuando pronuncio su nombre y se abrazó a el llorando, algo en su interior se removió, pero duro a penas un segundo, pues apenas se recuperó de la sorpresa se había separado de ella con la clara advertencia que no volviera a tocar a su salvadora.
Sabía que Clary era una constante en su vida desde hacía algunos años pero sus recuerdos no eran tan nítidos como pudiera esperarse eran como pequeños fragmentos que se han mutilado aquí y allá hasta dejar un confuso mensaje que no está completo.
"Entregue mi corazón" se repitió mentalmente varias veces hasta comprender la dimensión de estas palabras. No creía posible que alguien como él pudiera amar, al menos de la manera en la que se suponía tenía que hacerlo para que le quitaran ese sentimiento.
La idea le parecía tan imposible que le resultaba incluso insoportable aunque no entendía porque se sentía de aquella manera.
El sonido de la puerta al abrirse lo saco de sus pensamientos, fijo sus ojos dorados en lo grises de Malfoy.
-Creo que es tiempo de que hablemos.
-Tu y yo no tenemos nada de qué hablar.
-Te equivocas tenemos mucho en común, además clara de nuestra encantadora personalidad. -Dijo con petulancia Jace.
-¿Qué es eso que tenemos en común? -Pregunto con fingido interés Draco.
-Hermione Granger. -Esas dos palabras lograron que el mago se envara incómodo.
