Nunca pensé que la confianza fuese algo tan frágil, la simple idea de que uno de nosotros pueda traicionar a James no pasa por mi cabeza sin embargo Sirius ya no me cuenta nada, hemos pasado de ser casi unos hermanos que vivían juntos a unos desconocidos. No importa lo que yo pueda decir a mi favor, ni que ponga mi vida en sus manos cada luna llena, él ya no confía en nadie. Quizás si le hubiese dicho antes donde trabajaba, las cosas serían de otro modo, pero en realidad todo esto es culpa de Voldemort persiguiendo a James, Lily y Harry para matarlos, perderlos a ellos puede significar el fin de todo para Sirius, y no tengo la menor duda de que pondrá su vida en juego por ellos.
Harry es un hermoso bebé, no hace tanto estábamos celebrando su nacimiento deseándole toda la felicidad del mundo, esperando con nuestros corazones que de verdad creciera en un lugar sin guerras, que pronto terminase todo esto, pero entonces Dumbledore llego con su profecía, maldita sea la adivinación, no sé suponía que era algo para pasar el rato, pero no, cuando es Dumbledore el que habla sobre ello es algo para temer, porque Harry puede ser quien termine con Voldemort, Harry o el hijo de Alice y Frank, eso sólo lo sabe el destino, nosotros sólo podemos proteger a nuestros seres queridos.
No era el hijo de Alice y Frank o lo mismo si lo es, lo que está claro es que ellos no han tenido mucha suerte, la crueldad de los hombres de Voldemort no tiene lugar, no logro entender porque luchan de esa forma, como realmente pueden desear un reinado de terror en el que no seremos más que los juguetes de esa alimaña sanguinaria sin corazón, quizás es que ellos tampoco tienen uno, como han podido torturar a dos personas de esa manera, dejarlos en tal estado que han perdido la cordura para siempre.
Ahora mis amigos han de permanecer ocultos, yo mismo no sé dónde están, es lo mejor para que puedan estar a salvo, aunque ya no creo que exista un lugar seguro.
Llego de noche a casa y Sirius me espera oculto en la oscuridad con el revolver en las manos, hace girar el tambor y me mira fijamente mientras me apunta con el arma, no dice nada, se marcha dejándome solo, todos nos estamos perdiendo en el miedo y la desconfianza, intento recordar las palabras de Dalia cuando leyó mi futuro pero sólo recuerdo que habría una traición.
Mis turnos en el trabajo siguen siendo los mismos, salvo que ahora no estoy acompañado, Dalia me pidió que cuidase de todo en su ausencia y me entrego las llaves del lugar, incluso me dijo que podía entrar a la parte que era su vivienda. Los rostros preocupados de los habituales cada vez que entran y hago una negativa silenciosa con la cabeza, cuando sirvo sus pedidos sin el acostumbrado acompañante de regalo, todos sentimos su falta. Mientras estoy recogiendo todo tras el cierre escuchando la música favorita de mi jefa y amiga, el hombre impresentable que firma mis cheques aparece, huele a sangre, alcohol, chocolate y naranja, esa mezcla de olores me descoloca un poco, pero los dos últimos cobran sentido cuando me entrega una caja que contiene un bizcocho de chocolate casero, encima de este coloca un sobre rectangular bastante gordo.
– Con eso estamos en paz, no hace falta que regreses. – Dice en ese tono imperativo que me desagrada.
– Pero… – Empiezo a decir seguro de que Dalia no cerraría jamás.
– Las llaves.
No tiene sentido que discuta con él, no voy a sacar nada y tampoco conseguiré saber nada de mi amiga, me pongo el abrigo encima del delantal, guardo el sobre en el bolsillo de mi abrigo y dejo las llaves sobre la barra, comeré el bizcocho con Sirius.
Apenas llego a dejar el bizcocho a casa, me quito el delantal por debajo del abrigo para salir a luchar una vez más, enfrentarnos a los seguidores de Voldemort no es tarea fácil, echo de menos la seguridad de un amigo cubriéndome la espalda, pero ninguno de los chicos está en esta batalla, me digo a mi mismo que sobreviviré a una batalla más y cuando acabe lo celebrare junto a Sirius y pronto espero poder celebrar con todos la caída de Voldemort.
Con el cansancio de la batalla sobre mis hombros, escucho la buena nueva de la caída de Voldemort, pero pronto se convierte en una victoria pírrica y amarga, de un plumazo he perdido a mis amigos, todos nosotros fuimos traicionados por uno de los nuestros y no tengo palabras para describir lo que siento, sólo sé que no quiero seguir en Londres, ni en la casa que compartí con el traidor y a la que no tengo más remedio que regresar.
Al entrar en la casa todavía puedo oler el bizcocho mezclado con el aroma de Sirius, antes el segundo me resultaba agradable, era como la confirmación de estar en casa, pero ahora me resulta repulsivo. Sobre la mesa la caja con el bizcocho y el sobre con mi último sueldo, todavía no me he molestado en comprobar que este todo, pero por su peso diría que hay mucho más de lo que me corresponde, al sacar el dinero lo confirmo, se encuentra el sueldo de tres meses. No tengo hambre ni deseo alguno de probar el bizcocho, sin embargo abro la caja igualmente para encontrarme con el bizcocho que tantas veces añore en el trabajo y el deseo de compartirlo con un amigo me da ganas de llorar, en su lugar preparo té para cuatro y sirvo a cada uno de mis amigos como si aún estuvieran con vida, menos a Sirius que se pudrirá en Azkabán por traición, a sus amigos, a sus creencias y a la casa que compartimos los cinco.
"Sigue caminando, Capricornio reaparecerá en tu vida y juntos alcanzareis la felicidad." Es el mensaje escrito con crema pastelera dentro de la caja del bizcocho.
