Atrapando a un Youkai

Autora: YukaKyo
Serie: Inuyasha

Parejas: Sesshoumaru x Inuyasha, Naraku x Miroku y la novedad de SangoxKagome
Categoría: Yaoi, Yuri, Romance, Comedia. ¬¬ si les gusta que bueno, si no, se joden -o-

Beta-reading Oficial: Pily-chan, aunque para este hubo ayuda de Carol. Domo Arigato!

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Revisado, corregido: 01/07/07

Capitulo 10— ¡Adorables Metiches!

El brillante resplandor de la esfera fue debilitándose, mientras iba descendiendo del cielo. Ningún sonido se escucho, al menos hasta que la brillante luz hubo desaparecido y dejo al descubierto aquellos dos jóvenes. Sesshoumaru miro con ternura a Inuyasha, que estaba aun sujeto con fuerza a él. Aunque parecía dormido, después de todo, su rostro restaba relajado y su respiración pausada.

El youkai levanto la mirada, girando un poco el rostro hacia un costado. No muy lejos de ahí, estaban los demás compañeros de Inuyasha. Giro una vez mas el rostro en dirección contraria. Percibiendo el aroma inconfundible de la pequeña niña y el sapo que le seguían, esperándolo justo donde les había dejado. Volvió a bajar la vista, concentrándose en el hanyou que suavemente recargado contra él dormía.

¿Llevaba a Inuyasha con sus amigos?

O

Mejor aun

¿Se quedaba esa noche junto a él?

Levanto al pequeño hanyou entre sus brazos sosteniéndolo con suavidad para poder caminar, después de haber tomado una decisión. Inuyasha suspiro, acurrucándose mas contra el pecho de Sesshoumaru, enredando sus dedos en un mechón celeste que había quedado cerca de su rostro. El youkai dejo de mirarlo para concentrar su vista en el camino que seguiría, dando pequeños pasos, acercándose con lentitud a donde sus sirvientes le esperaban seguramente más que dormidos.

Inuyasha se quedaría esa noche junto a él, así lo había decidido. Además

No lo iba a despertar para preguntarle algo tan insignificante como aquello

La rojiza y débil llama de la fogata hizo que sus ojos brillaran, busco con los mismos a sus acompañantes y como esperaba los encontró dormidos cerca de la calidez de aquella fogata. Ah-Un levanto una de sus cabezas, mas no gruño ni se movió, simplemente le contemplo para una vez mas dejar sobre el suelo la cabeza y dormir una vez más.

Dejo de mirarlos, para buscar donde dormir, finalmente encontró el lugar adecuado, no tan lejos de sus protegidos, pero tampoco demasiado cerca, una débil sonrisa se delineo en sus labios antes de dirigirse hacia ahí, llevando con cuidado de no despertar la preciada carga que llevaba entre sus brazos.

¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.

Las delicadas y suaves manos de Sango subieron despacio, torturando con su escaso roce la húmeda piel de la espalda desnuda de la miko. Porque así era como estaba, completamente desnuda frente a la exterminadora. Kagome la miraba con ojos entrecerrados, embargada en aquellas nuevas sensaciones que la recorrían.

—¿Sabes algo Kagome? Hace mucho que deseaba estar, así, contigo— las manos de la exterminadora que hasta aquellos momentos habían estado jugueteando sobre la cintura de la miko, se cerraron, atrayéndola a su cuerpo, dejándola totalmente contra ella.

Un leve suspiro abandono los labios de la miko, quien solo pudo levantar sus manos, colocándolas sobre los blancos hombros de la exterminadora. Sango se acerco lentamente hasta su rostro, resbalando sus labios por su mejilla hasta detenerse en su oreja, lamiéndola primero para después morderla muy levemente, solo presionando sus dientes en la frágil piel. Logrando que la miko se contrajera presa de un delicioso escalofrió que le recorrió todo el cuerpo.

—Déjate llevar mi Kagome— susurro en su oído Sango, volviendo a besar la mejilla, regresando con pasividad a aquellos rojizos labios que segundos antes había besado con suavidad y ternura. Kagome se dejo llevar, pero arqueo la espalda con fuerza cuando sintió aquello.

Una de aquellas manos traviesas había abandonado su cintura, para subir por su costado, dirigiéndose con rapidez hasta uno de sus pechos, posando sus dedos en él apretándolo firmemente, sorprendiendo a Kagome y haciéndola gemir. La joven miko no pudo mas que recostarse aun mas sobre la exterminadora, apretando son sus piernas la estrecha cintura de la misma y es que en ningún momento se había bajado de sobre sus piernas. Dejo recargada su frente sobre uno de los hombros de Sango. Sintiendo como esta ahora besaba y lamía la húmeda piel de su cuello y clavícula.

— ¡Sango! aaa— soltó como quejido la miko, cuando los labios de la exterminadora bajaron aun mas, probando al fin el rosado pezón del pecho libre que no sujetaba entre sus dedos. El sonrojo en las mejillas de la miko aumento, si es que aun se podía, e inconscientemente comenzó a acariciar también a la joven de cabellos castaños.

Sango sonrió divertida, dejando de prestar atención a aquellos duros senos que le exigían cuidado, para levantar su rostro, atrapando los hambrientos labios de Kagome, que sin dudarlo le correspondieron con pasión. Las lenguas comenzaron a juntase, luchando juntas para ganar aquella pequeña batalla de la dominación, mientras que las manos de ambas, viajaban por sus cuerpos, tocando, palpando, sintiendo la tersa piel al alcance. Y ambas jóvenes se dieron cuenta que por más que lo quisieran, no podrían controlarse más.

Se separaron levemente de ese beso, mirándose con deseo y pasión mutua, e iban a volver a besarse cuando.

— ¡Kagome-chan, Sango-chan!. ¡Ya voy con ustedes!—

—¡Demonios!—gruño frustrada la exterminadora al escuchar aquellas palabras del zorrito que seguramente venia a bañarse junto a ellas, como en antaño lo hacían.

Giro sus castaños ojos hasta donde la infantil voz se había oído y sintió con pesar como la miko se baja de arriba de ella, buscando con sus manos la toalla, enredándose en ella, quedando sentada a un lado suyo, con la vista baja aun sumamente sonrojada. Y fue justo aquella imagen la que le dio ideas al pequeño zorro que hacia su entrada triunfal junto con un enorme salvavidas de patito.

— ¡Que estaban haciendo cochinotas!-. Kagome solo bajo mas la cabeza con vergüenza y eso no lo pudo soportar la exterminadora.

—¡Nada tonto¿Qué no vas a bañarte?— gruño furiosa la exterminadora.

—¡Siiii!—Grito feliz el zorrito, echándose un clavado en las aguas termales, salpicando todo de agua. Sango lo iba a regañar, mas sintió como la suave mano de la miko se posaba sobre la suya.

Los castaños ojos de Sango buscaron desesperados los de Kagome, encontrándoles con alegría y una dulce sonrisa en aquellos labios delicados que tanto gustaba besar. Apretó con un poco de fuerza la mano de la miko, debajo del agua, quedándose así, sujetas de la mano. Sintió como la miko dejo su cuerpo recargado sobre su hombro, mientras desprendía su mirada de la joven para posarla sobre el zorrito que chapoteaba el agua divertido.

Shippo después de todo no tenia la culpa.

Y ellas, podrían hacerlo cuando quisieran, aunque ahora y en frente del niño, no era adecuado. Seguramente después se les presentaría otra oportunidad.

Sango sonrió finalmente, para después unirse a la joven miko, en aquella guerrita de agua, que el pequeño zorro había comenzado como un suave chapoteo contra ellas y ahora era una divertida batalla. Y algo le decía que esta vez Shippo no les podría ganar.

¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.

El hanyou movió las orejitas blancas, era lo primero que hacia antes de levantarse, pero no quería abrir los ojos, había tenido un sueño muy bonito y quería intentar nuevamente volver a soñarlo, eso si se quedaba otra vez dormido. Aunque era posible, después de todo, estaba caliento y suave ahí donde se encontraba. Se acurruco un poquito mas cerca de esa calidez y tembló ligeramente cuando recordó lo que había pasado la noche anterior.

Aunque para ser exacto solo recordaba a Naraku y

¡Sesshoumaru!

Abrió los ojos alterado, mas se tranquilizo al encontrase junto a él. Un violento sonrojo adorno sus mejillas al percatarse de que estaba demasiado cerca del youkai, incluso aun más que si lo estuviera abrazando, ya que todo su cuerpo estaba descansando sobre la mitad del de Sesshoumaru. Con lentitud fue bajándose del youkai, hasta solo quedar a un lado suyo, pero ni siquiera habían pasado unos segundos, cuando Sesshoumaru se giro quedando de lado, frente a frente de Inuyasha. Más no estaba despierto, o eso le pareció al hanyou.

La suave respiración de Sesshoumaru, golpeaba sus mejillas, no sabia exactamente porque aun seguía al lado del youkai, aunque tampoco le interesaba mucho, no si se encontraba sí de cerca. Como jamás ni en sus más locos sueños hubiese creído posible. Levanto con timidez una de sus manos, alejando del rostro de Sesshoumaru, uno de sus mechones celestes que celosamente le impedían observar con fascinación sus finos y delicados rasgos. Dejándolo sujeto detrás de su puntiaguda oreja.

Despacio fue trazando una vez mas aquel rostro, memorizando cada curva, marca, textura, teniendo especial cuidado de no presionar mucho sus yemas en la suave piel, no deseaba despertarlo, mucho menos si eso significaba alejarse de él. Detuvo sus garras en la aterciopelada piel de los labios, apenas tocándolos, acerco su rostro al del youkai. Ahora podía besarlo sin problemas, aunque seguramente si lo hacia el youkai se despertaría.

Nah

Que más daba

Necesitaba más que nada probar aquellos labios aunque fuese solo una vez en su vida

Se acerco cauteloso, cerciorándose que Sesshoumaru no le estuviese jugando una broma y estuviera despierto haciéndose el dormido, pero no encontró nada que le comprobara aquello así que continúo con su lento avance hacia los entreabiertos labios del youkai. El sonrojo en sus mejillas comenzó aumentar, al igual que aquel delicioso cosquilleo en su estomago, que era presente cada vez que estaba tan cerca de Sesshoumaru. Se detuvo justo a unos cuantos milímetros de los labios de Sesshoumaru, contemplándolos.

Ansiaba tocarlos, pero, no de aquélla forma.

No deseaba que su primer beso con el youkai fuera robado, sino mas bien.

Consentido por ambos.

Bajo el rostro, aceptando aquello, obligándose a no mirar y desear volver a hacerlo. Con suavidad, recargo su frente en el pecho de Sesshoumaru, cerrando los ojos por un momento. Tratando de contenerse de las terribles ganas que tenía de llorar, aunque no sabia exactamente por que.

¡Mentira!. ¡Si lo sabia!

Era porque un beso consentido entre ambos jamás podría ser.

—Inu… yasha..— aquel leve susurro soltado por los labios de Sesshoumaru, le hizo levantar con rapidez su rostro, fijando su mirada en el youkai, mas seguía dormido, una apenas sugerida sonrisa se dibujaba en sus labios. Inuyasha sonrió dulcemente también, sintiéndose feliz, Sesshoumaru se veía tan tierno y adorable cuando dormía.

Un momento ¿Sesshoumaru había dicho su nombre mientras dormía?

¿Acaso estaba soñando con él?

—¿Sesshoumaru?— murmuro débilmente el hanyou, acercando su rostro una vez más al del youkai.

—Inuyasha. Eres un estúpido, fijarte en el monje idiota— volvió a susurrar Sesshoumaru, revolviéndose un poco, acomodando su cabeza su brazo el cual había usado como una almohada. Las orejas blancas de Inuyasha se movieron, no podía creerlo, el youkai estaba hablando, no mas bien reclamándole entre sueños.

—¿Lo crees?— contesto inmediatamente Inuyasha bajando el rostro sonrojado, mas se regaño mentalmente al ver que era estúpido aquello, Sesshoumaru estaba dormido y no le ponía atención a él, sino a su sueño, pero aun así tenia sus dudas.

—Entonces ¿En quien me debí de haber fijado?— los dorados ojos de Inuyasha buscaron los del youkai, pero estos continuaban escondidos tras sus párpados. Después de unos segundos de silencio, supo que Sesshoumaru no le contestaría.

—Debiste de fijarte en alguien como..—los ojos de Inuyasha se abrieron de sorpresa, Sesshoumaru le ponía atención después de todo, sus ojos se entrecerraron deseando solo una cosa. Que diga: como yo, que lo diga pensó concentrado, tanto que no se dio cuenta que el youkai, aproximaba su rostro al suyo y que sus labios buscaban aquel ansiado roce.

Pero…

—¡SESSHOUMARU-SAMA!—grito con fuerza la chiquilla de cabellos negros dejándose caer a un lado de su señor que le daban al espalda, mas bien para caer sobre el estomago de Inuyasha, que solo reprimió el gemido de dolor, aunque no lo pareciera le había dolido.

—¿Inuyasha?— pregunto Lin, mirando al hanyou que había ablandado su caída, se bajo rápido de sus estomago, mirando como este se levantaba hasta quedar sentado, mientras llevaba una de sus manos a su abdomen.

—¡Lin que manera de despertarme!—

—Perdón no sabia que estabas aquí, mas bien, no sabia que estabas con el señor Sesshoumaru— Inuyasha dejo de mirar a la chiquilla para girar sus ojos hacia el youkai, que ni siquiera por el fuerte grito de la niña había despertado, es mas en ese momento gruño y se giro, dándoles la espalda mientras suspiraba continuando con sus sueños.

Una gran gota se formo en la cabeza de la niña y el hanyou.

—Je¡Hay ocasiones que nos cuesta mucho levantarlo!— menciono Lin sentándose a un lado del hanyou. Aunque en realidad eran contadas esas ocasiones, ya que nunca dormía tan profundamente a menos que estuviese terriblemente cansado por una batalla o también. Lin se quedo mirando expectativa al hanyou e Inuyasha también la miro así.

—¿Entonces?—

—¿Entonces que?— gruño a la defensiva, incomodándose por que la niña le viera de aquella forma, como si el le hubiese hecho algo no muy decente al youkai.

—¿No me digas que no ha pasado nada entre ustedes?. ¡Si dormiste con él!- Inuyasha sudo frío sonrojándose inmediatamente, pero que diablos le pasaba a esa chiquilla era tan solo una niña y hablaba como toda una adulta.

—Yo no dormí con él, sino junto a él— corrigió rápidamente Inuyasha, sonrojándose con fuerza.

—Ha—soltó decepcionada la niña, logrando que el hanyou sudara una gota. No entendía que pasaba por aquella infantil e inocente mente.

—Inuyasha—

—¿Qué quieres?— aunque en realidad no quería ni saberlo, que podía esperarse de esa niña precoz.

—¿Me ayudas a cazar el desayuno?—

—¿Y que desayunaremos?—debía aceptar que tenia algo de hambre, después de todo el día anterior apenas y había desayunado y probado un poco de comida en la tarde, pero no había cenado nada en la noche.

—¡Pescado!—Inuyasha giro el rostro asqueado, no era un gato para comer pescado como desayuno, iba a decirle algo a la chiquilla.

—¡Oye!. ¡Espera!— demasiado tarde, una de las manos de la niña ya lo jalaba alejándolo de Sesshoumaru y acercándolo a la orilla del río.

¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.

Kagome abrió los ojos pesadamente, odiaba que los rayos de sol le dieran contra la cara de aquella forma. Sintió algo de frío a pesar de estar bien abrigada con la colchoneta gruesa de su bolsa de dormir. Abrió los ojos dándose cuenta de que faltaba algo, más bien que le faltaba alguien a su lado. Pero se tranquilizo al verla de espaldas, arrodillada frente a la fogata, el delicioso aroma del desayuno empezaba a desprenderse de los alimentos que con cuidado Sango cocinaba. Mas dejo de hacer aquello al sentirse observada.

— ¡Buenos días Kagome!— Shippo le gano el saludo a la exterminadora, que simplemente sonrío, haciéndole señas a la miko para que se acercara también a desayunar. Kagome saludo también, mas no se acerco, ya que primero recogió su bolsa de dormir, desvío su mirada buscando en una familiar rama al hanyou. Más no le encontró.

—Sango-chan e Inuyasha ¿Dónde esta?— la exterminadora le miro, dejando entre las pequeñas manos del kitzune el plato de su comida. Para luego acercarse hasta le miko abrazándola con suavidad de la cintura.

—No se tu Kagome, pero no quede satisfecha con lo de anoche— susurro quedo la exterminadora en uno de los oídos de la joven, evadiendo la pregunta que le había hecho y haciendo que se sonrojara con sus palabras. Sango deposito un rápido beso en su mejilla— Y seguramente Inuyasha hizo algo parecido con Sesshoumaru ¿No crees?—

— ¡No puede ser!— chillo Kagome, revolviéndose entre los brazos de la joven. Hasta girarse y quedar ambas frente afrente.

— ¿Porque no? Si nosotras tuvimos algo de suerte anoche¿Por qué Inuyasha no? Ya que si no hubiese sido así en estos momentos estaría aquí, llorando como una Magdalena por Sesshoumaru—

—¡Sango!—

— ¡Bueno te propongo algo! Si para medio día no regresa, iremos juntas a buscarlo— Kagome asintió con ánimos, sujetando la mano que la joven le tendía, para que ambas se dirigían a la fogata, para desayunar.

— ¿Y Miroku?. ¿No lo vamos a esperar para comer todos juntos?- soltó Shippo, aunque el zorrito ya llevaba mas de medio plato vacío.

— No, desde temprano se fue y no creo que vuelva tan pronto, demás Shippo tú de que te quejas si ya casi te terminaste tu comida— termino Sango, alcanzándole un plato bien servido a la miko. Mirando con enfado al zorrito metiche y aguafiestas de interesantes momentos.

— Bueno solo decía, oye Sango ¿Me das mas comida?— rogó el kitzune con ojos brillantes y casi llorosos cuando la exterminadora le vio, mas negó con la cabeza, logrando que este comenzara a llorar. Sango lo iba a regañar pero la miko se le adelanto, sirviéndole un poco mas de comida. Después de todo si, Shippo no se callaba en ese momento, no dejaría de llorar en todo el día solo para molestarlas.

— ¡Un poco mas pero es todo Shippo!. ¡Déjale algo a Inuyasha!— a regañadientes el pequeño zorrito acepto aquello.

¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.

Los ojos azules del monje se dirigieron con temor hacia la orilla del río, tenia un mal presentimiento, después de todo no quería que sus palabras se hicieran realidad. El que tanto cuidaba su cuerpo y rostro, lo que menos deseaba eran las cicatrices, raspones o…

—¡Moretones!— bramo molesto e incrédulo el monje, palpando con sus dedos las violáceas marcas en sus mejillas, producidas por los puños de aquellos queridos amigos suyos.

Golpeo el agua con sus manos, dejándose caer sentado en la tierra cercana a este. Su venganza en parte de ser perfecta ¡También era la mas dolorosa y antiestética!. Realmente valía la pena hacer todo aquello para que al final estuviese pero de cómo había empezado. Presiono con sus dedo uno de los moretones en su rostro sintiendo la punzada de dolor dañándole.

Claro que lo valía y mas si ellas sufrían mas que él.

— ¡Maldita Sango, tonta Kagome y Estúpido Inuyasha!—grito a los cuatro vientos con furia, mas aquellas palabras solo llegaron a los oídos de un demonio, que no muy alejado del él le había visto llegar hasta ahí, minutos antes.

—¿Por qué tanto odio hacia tusa camaradas monje?—

Miroku levanto la vista, buscando al dueño de aquellas palabras, mas fue cuando este se dejo caer del árbol, quedando a un lado suyo, que supo de quien se trataba, después de todo aquellos ojos carmesíes eran inconfundibles para él.

¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.·´¨"¤.¸¸.