Notas: (*) Poemario de Chantal Maillard.

Tengo que decirlo, mayo es un mes brutal para mí, ya saben, final de semestre, puedo contarles de cómo a veces paso hasta trece horas en la escuela o algo así pero es aburrido. No estoy segura de poder actualizar pronto. Me disculparan si desaparezco y regreso en junio xD.

Pardón si hay faltas de ortografía, se me pasan~.

Agradecimientos: ¡muchas gracias por sus preciosos comentarios y su amable lectura! El Señor Oscuro les bendiga… o maldiga… o… creo que se entiende el punto.

Capítulo X

Poemas a mi muerte (*)

{O de cómo hay lírica en los finales.}

Había sorpresa. Había tensión. Había silencio y también un intercambio de miradas. Harry encontró interesante e inquietante el asunto. Vera se removió, consciente del constante palpitar del corazón de su dueño; aquello sólo podía significar que se encontraba en peligro, sin embargo, no hizo amago de salir, esperaría hasta los últimos momentos.

—¿Harry James Potter? —cuestionó Tom Riddle, saliendo de su inicial sorpresa. Ignoró la provocación del niño—. ¿Potter? ¿Eres Harrison Potter y te alegraste los días engañándome? La ironía, un maldito Gryffindor jugando conmigo.

—Engañar es una palabra muy fea. Yo prefiero decir que estuve actuando. Además, ¿nunca te dijeron que no es bueno revelar información personal a desconocidos? —preguntó Harry con afabilidad—. Por cierto, no soy un Gryffindor, eww, el rojo escarlata opaca mis ojos. ¡Qué horrible hubiera sido usar esas túnicas todos los días por siete años!

Tom se rió con sequedad, el sonido emitido fue tan carente de emociones que Harry se incómodo.

El niño que vivió… —dijo Riddle—. De alguna manera el héroe del mundo mágico se hizo con mi diario aún cuando las probabilidades de que eso sucediera fueran tan bajas. Le haces honor a tu título, Harry, ¿no te lo dije ya? Cualquier otro en tu lugar estaría a punto de morir por los constantes drenajes de energía. También debo de reconocer que tienes voluntad, te negaste a ceder ante los encantos de compulsión y no pude poseerte como hubiera sido lo ideal.

Ah, Tom Maldito Riddle amaba hablar, pensó Harry. La plática sólo estaba poniéndolo más nervioso.

—Tan malévolo —susurró Harry—. ¿Ahora qué? ¿Buscaras la manera de absorber todo lo que me queda, de adueñarte de mi cuerpo?

Tom hizo un fingido gesto pensativo. Enseguida se acerco hasta la orilla de la cama, extendió su mano y tomó uno de los tobillos del niño. Harry soltó un chillido por la fría sensación, intentó liberarse pataleando.

—¡¿Cómo es que puedes tocarme si eres transparente?!

—Es secreto. —Tom apretó su agarre, jaló la pierna de Harry con fuerza, después retrocedió unos pasos y arrastró el cuerpo más pequeño por el colchón sin mucha delicadeza.

Harry se aferró a la sábana que recubría la cama; la soltó cuando sintió que se le acababa el respaldo y su cuerpo se estrellaba contra el frío suelo. Un dolor en la lumbar y el zumbido en sus oídos fue todo lo que necesito para gemir de dolor. Vera siseó también al ser aplastada.

—¿Tu varita, Harry? Prefiero matarte rápido y sin mucho drama, desde que estamos en un orfanato… deseo terminar esto pronto.

Potter ignoró a Riddle, se llevó sus manos a su nuca y la sobó. La serpiente que había estado escondida salió, se irguió amenazante y soltó un silbido fuerte y constante.

—Vera, no… —murmuró Harry angustiado. Dejo su dolor a un lado, se paró con problemas y se puso delante de la víbora que en más de una ocasión le había ayudado a preservar su vida.

—Una serpiente —susurró Tom, desconcertado por los acontecimientos—. Y tiene suéter…

En cualquier otro momento Harry se hubiera echado a reír. Todas las personas reaccionaban de la misma manera cuando veían las prendas de vestir de Veratrum, pero dudaba que su burla lo ayudara en su precaria situación. No estaba seguro de que tan peligroso era el espectro de Tom Riddle. ¿Podía arrancarle todo lo que le quedaba de vida ahora mismo o se necesitaba que él siguiera sosteniendo el diario?

—Dime, Harry… ¿qué tanto mentiste? ¿De lo que me contaste qué es verdad y qué es mentira?

—Casi todo fue verdad —respondió el aludido.

—¿Eres un Ravenclaw? ¿La historia sobre Voldemort es correcta y no se te paso darme ningún dato?

—Todo lo que dije sobre el pudín os—, digo Voldemort es cierto. Bueno, creo que hay algo que puedo agregar ahora pero no lo sabrás si me matas. —Harry recordó su encuentro con Quirrell.

—No estás en posición de negociar.

—¿Y tú lo estás? Créeme que le temo más a la esclavitud que a la muerte. Estoy pensando que quizá no drenaste mi vida tan rápido porque me necesitas aún, pero ¿cuál es la razón? Si, por ejemplo, me lanzó ahora mismo desde la ventana para cometer suicidio, ¿desaparecerás porque se perderá tu fuente de alimento? ¿Serás condenado al olvido durante otros 50 años? ¿Te destruirán? —Harry se mofó.

—No te atreverías —dijo Riddle con tono peligroso.

—Mi vidaaa, por supuesto que me atrevería —sostuvo Harry con voz melosa—. Me suicidaría con mucho gusto si eso significa no dejarte ganar.

Tom entrecerró los ojos. Dirigió su atención a la serpiente que estaba detrás del niño. Vera todavía se mantenía en posición de ataque y mostraba sus filosos colmillos.

Tu amo quiere hacerse daño, ayúdame a impedírselo, te lo ordeno —siseó Tom.

Veratrum no hizo caso a las palabras de Riddle, al contrario, se mostró más agresiva. Harry alzó una ceja y abrió la boca.

—Vaya… ¿mierda? ¿De casualidad eres pariente del Señor Uso Siempre Negro Y Por Eso Me Llaman Oscuro?

Riddle regresó su vista a Harry.

—¿Por qué la pregunta?

—Me han dicho que la última persona conocida por hablar pársel fue Voldemort… —respondió Harry.

—Oh, Harry. Eres una cosa tan tierna —comentó Riddle, parecía divertido a morir con el asunto—. Podríamos habernos llevado bien en otras circunstancias. Antes de seguir, repito la pregunta que esquivaste antes con mucha astucia, ¿eres un Ravenclaw?

—No. Soy un Hufflepuff. —Harry rió—. Digo, sólo mírame, soy tan esponjoso y… oh dios, no frunzas el ceño… y no me mires como si quisieras ayudarme a que me aviente por la ventana.

—Eres un Slytherin —declaró Tom.

—¡Din, din, din, din! ¡Tenemos un ganador! —gritó Harry.

—Enserio quiero matarte pronto.

Harry sonrió angustiado, odiaba su carácter tan impulsivo, sus comentarios "listillos" siempre se le salían en el peor momento posible.

—No quieres, precioso Tommy, mira, puedes seguir quitándome la vida poco a poco. Te prometo que a mis veintisiete te daré mi cuerpo… y… joder, déjame redacto la última parte de mi oración porque se oyó muy mal. El punto aquí es que… seríamos buenos amigos y…

—Cállate.

—Entiendo, grabemos la escena en la que me suicido o por lo menos lo intento porque no quiero que me mates y te adueñes de mi cuerpo.

—¿Siempre eres así de molesto?

Harry se alzó de hombros.

Riddle se acercó más al niño, Vera enseguida volvió a silbar en advertencia.

—Es curioso que tengas una serpiente como mascota, Harry.

Potter sintió ganas de retroceder pero se mantuvo delante de Veratrum. Tom estiró ambas manos, con la intensión de tomar el cuello del otro entre ellas, sin embargo, Harry lo esquivó con facilidad, haciéndose hace atrás.

—¿Por la forma difícil? Perfecto, por la forma difícil. —Riddle retrocedió, examinó la habitación y dio con el baúl de Harry—. Sospecho que no tienes tu varita contigo, ya la hubieras ocupado desde que te tome por el tobillo, los menores pueden usar magia fuera de la escuela si y sólo si están en peligro de muerte. Tú lo estás pero no has hecho ademán de defenderte.

Harry mordió su labio inferior, quería llorar de rabia. Maldijo para sus adentros, odiando que el Riddle notara su precaria situación.

—Está en tu baúl —prosiguió Tom. Dio la media vuelta y empezó a caminar en dirección al cofre.

El heredero Potter reflexionó con ahínco. Tom Riddle no tenía una forma física pero podía tocar, aferrarse, por lo tanto representaba un peligro en ese aspecto. Por la simpleza con la que lo jaló para tirarlo de la cama discernía que el muchacho bonito poseía una fuerza mayor a la de él. Además, a diferencia de Quirrell, se mantenía más tranquilo, más apacible, incluso conversador. Aquella serie de características volvía inquietante el encuentro.

Que Tom pudiera agarrarlo no significaba que él pudiera hacer lo mismo, probar la hipótesis era peligroso. ¿Cuál era entonces el punto débil de su enemigo? ¿El diario mismo? Vio a Riddle abrir el baúl, rebuscar en él, sacó su varita y enseguida se repuso. Una sonrisa feroz se fijo en el rostro del guapo adolescente. Harry consideró el ir por el diario e intentar destruirlo pero enseguida descarto el plan. Era mucho riesgo.

Tenía que negociar. Sacar a flote ese maldito carisma que Hermione decía que tenía.

—¿Por qué estás haciendo esto?

—Porque necesito hacerlo. —Tom parpadeó lento. Se distrajo con la varita que sostenía, se sentía tan familiar, era como si fuera suya y la vez no—. Si quiero volver a este mundo necesito de un cuerpo.

"No de nuevo", caviló Harry. ¿Qué diablos pasaba con los enemigos que se encontraba? ¿Estaba de moda eso de buscarse un cuerpo? Primero Voldemort junto a Quirrell y ahora Tom Riddle.

—Ok, me voy a lanzar de la ventana ahora. No quiero terminar con mi profesor de defensa, con una cara en la nuca. ¡Qué asqueroso! —dijo Harry—, acabo de hacerme de una imagen mental horrible. Olvidaré mi plan de negociar, prefiero el deceso, me rehusó a mancillar mi precioso cuerpo.

Tom tuvo que aguantarse las ganas de rodar los ojos. Harry Potter era la persona más extraña que había conocido jamás. Levantó la varita ajena y le apuntó al dueño, éste ni siquiera pareció sorprendido.

Harry suspiró. Empezó a caminar hacia la ventana, las cortinas se ondeaban a causa del viento y el ruido de los niños jugando a lo lejos lo alcanzó. Casi existía una sazón metafórica en la descripción de su ventanal. Apoyó sus manos sobre el alfeizar, midió más o menos la distancia al suelo y estimó unos siete metros. ¿Sobreviviría? A lo mejor. Subió una de sus rodillas para poder impulsarse y tirarse de cabeza. Sintió el golpeteó del aire en su cara y enseguida la adrenalina causada por la sensación de peligro. Soltó sus manos y espero la caída.

Pero nunca llegó.

A cambio se empezó a ahogar con el cuello de su camisa y suéter.

Tom Riddle estaba sosteniendo su ropa de la parte dorsal. Sus ojos, que antes parecieron oscuros ahora resplandecían rojos. Harry se removió, necesitaba respirar o que lo dejaran caer, cualquier cosa era buena en ese momento.

—¿Qué clase de Slytherin corre a su muerte sólo por vanidad? —preguntó Tom—. Dime, Harry Potter, ¿tanto odias la idea de estar bajo la influencia de otros? —Haló de la camisa del niño para traerlo de vuelta al interior. Terminó lanzando el pequeño cuerpo hacia dónde estaba una confundida y asustada serpiente.

—Ah… —exhaló Harry por el nuevo golpe—. Espera cinco minutos antes de que sigamos con la patética escena en donde me amenazas de muerte pero no acabas conmigo porque necesitas completar no sé qué ritual satánico y yo me intentó quitar la vida porque me niego a ser utilizado. Tengo que ordenar mis pensamientos, todo se está poniendo caótico.

Riddle odiaba al mocoso. Potter era una criatura descarada, fin de la discusión.

—Vamos en orden. Me quieres ver nadando junto a los peces porque deseas mi cuerpo… y que mal suena eso, de nuevo… y porque necesitas de mi energía… —comentó Harry.

—Sí, ese es el plan.

—¿Alguna otra razón?

—Eres una amenaza. Has dicho que cuando eras un bebé fuiste la causa de la caída de Voldemort.

—Umh… yo no diría que fue mi triunfo —dijo Harry con voz plana—. Dudo mucho que con un año de edad fuera capaz de tal cosa. Reconozco que estoy sobre la media, que soy una persona a la que otros consideran "talentoso", pero también reconozco que no soy impresionante. No tengo un súper poder más allá de mi capacidad de poner en práctica todo lo que aprendo. El lugar en el que estoy no es inalcanzable, cualquiera que esté dispuesto a escalar lo suficiente será capaz de llegar a él. Creo que la muerte del pudín oscuro tiene que ver con mis padres.

—Tus padres…

—Algo hicieron para proteger a su amado hijo. Ellos eran fuertes, desafiaron al pudín oscuro tres veces y salieron indemnes, ¿por qué no lograr lo imposible una cuarta vez? James y Lily Potter suenan como nombres de leyendas, ¿no lo crees? Que yo haya sobrevivido a la fatídica noche de halloween no significa que sea el vencedor.

Tom jugueteó con la varita. Meditó las palabras del niño, tenían lógica.

—Aunque no seas quien acabo con Voldemort aún necesito tu cuerpo.

Vera, creo que hicimos bien en quedarnos con la piedra —siseó Harry, luego se echó a reír. Sus verdes ojos se clavaron en la serpiente que se relajo al escuchar el ruido feliz de su dueño.

Si Riddle creyó antes que Potter era una persona peculiar, ahora no tenía palabras para definir al pequeño niño.

—Un hablante…

Como tú —dijo Harry.

—agregó Tom.

—Tengo una idea, monsieur Riddle. Te aseguro que los dos salimos ganando.

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(Poemas a mi muerte)

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Katherine Watts se consideraba una mujer perspicaz, todo lo que quería comprender, lo comprendía. No obstante, Harry Potter siempre la desconcertó. Dudaba descifrarlo algún día.

El niño era tan singular, tan diferente, tan lleno de algo indescriptible. No es que fuera un muchachito en extremo lindo, un pequeño querubín de etérea belleza ni un ser despegado de la realidad. Que sí, era brillante, tanto que a menudo asustaba su capacidad de raciocinio para su edad y, contra todo pronóstico, todavía conservaba la inocencia de la niñez, además de una moral incorruptible. Nunca podría poner en palabras lo que hacía tan singular a Harry, lo que lo ponía en una categoría única. Tal cosa como "encanto" no aplicaba al genio, no satisfacía lo que hacía de Harry Potter la aguja en el montón de paja.

Mágico, diría ella. Había magia en los ojos de Harry. En sus palabras y en su forma de moverse. Existía una fuerza inefable que lo rodeaba. Y ya estaba pesando como una hereje, que Dios la librará…

Sonrió. Como si dios existiera. Es que era la costumbre jurar y apoyarse en un ser superior.

Siguió contemplando la imagen de Harry enseñándoles a los más jóvenes sobre matemáticas, inglés, ciencias y quién sabe qué más. El niño de cabellos rebeldes se mostraba jovial a pesar de que lucía un tanto enfermo y cansado. La matrona supuso que sus clases en el internado lo habían dejado agotado, pasarían unos días antes de que se recuperara.

—Se extrañaba a Harry, ¿no? —comentó una de las ayudantes que se acercaba y apreciaba de igual manera la escena.

—Sí.

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(Poemas a mi muerte)

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Harry no estaba muy seguro de querer volver a abrir el diario, pasó sus últimos días distrayéndose ayudando con sus deberes de verano a los menores (y mayores), pero seguir postergando las cosas le traería más estrés a su vida y un trato era un trato.

"¿Tommy?," escribió con valentía.

"Harry, NO me llames Tommy o la próxima vez que tome suficiente energía de ti y logré materializarme me aseguraré de orillarte de nuevo al suicidio y esta vez no te detendré sino que te patearé para que te caigas más rápido de la ventana o de donde sea que decidas lanzarte".

"Aw, Tommy, ¿por qué el mal humor?, ¿qué no sabes que los amigos se llaman por apodos?," preguntó Harry.

"No somos amigos".

"Entonces somos súper duper amigos".

"Hazle un favor al mundo y consíguete un cerebro funcional".

"Eres un cascarrabias. ¡Y pensar que antes actuabas todo encantador! Como sea, quería preguntarte algo, ¿conoces libros sobre alquimia y pociones que recomiendes? Creo que con todo el tiempo libre que tendré en vacaciones puedo avanzar con mis tareas para cumplir con la parte que me corresponde del trato". Harry despeinó su cabello.

"Conozco varios. Unos son más accesibles que otros, hablando del precio. En tu caso, dudo que el dinero sea un problema, hasta donde recuerdo la familia Potter era reconocida por su pureza de sangre y su fortuna. No formaban parte de los Veintiocho Sangrados pero se les consideraba gente decente," contó Tom. "Tanto que incluso una Black se caso con uno de ellos, ¿Dorea Potter, no es así?".

"Es gracioso que yo haya llegado a 'ensuciar' el linaje… soy el primer mestizo de la familia".

"Tu madre era una sangre sucia."

"Pero si a callar, que tienes apellido muggle," replicó Harry, molesto por el insulto a su mamá. "¿Eras un nacido de muggles?".

"No es de tu incumbencia".

"Nah, olvídalo, de seguro tenías sangre mestiza. Acabo de recordar que el pársel es un don heredado. Dejemos la charla ociosa para luego, ¿títulos recomendados?", pidió Harry. Recibió una larga lista como respuesta.

Anotó los nombres en un pergamino previamente preparado con su mejor letra. Una vez que terminó cayó en cuenta de que eran alrededor de treinta libros. Y todos ellos debían de ser analizados a fondo, además de que de seguro tendría que revisar muchos más conceptos antes de entender ciertos temas.

Iban a ser unos meses largos.

"Gracias, Riddle. Tengo que irme, debo de seguir con mis deberes".

"Ajá. Buena suerte, la necesitaras".

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(Poemas a mi muerte)

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Tom no mintió cuando dijo que necesitaría suerte. Llevaba casi un día intentado leer uno de los libros recomendados. Cualquier persona que no conociera a Harry diría que era normal que un niño de doce años tardara en leer 523 páginas, sin embargo, Harry podía leer eso y más cuando estaba de vacaciones.

—Oh maldición, lo que me faltaba —murmuró desesperado—. Esto es complejo a morir para mí.

Resopló de tal manera que lanzó aire hacia su flequillo, jugueteó con su cabello durante varios minutos hasta que decidió el siguiente paso a dar. Revisaría todos los libros y con base a eso haría un segundo pedido a Flourish y Blotts. Recordó con desazón su trato con Riddle. Tenía muy poco tiempo para cumplir con su parte: dos años, que se traducían como 730 días pero de esos tendría que restar los que ocuparía para la escuela y otros menesteres. Si era realista, en si, tenía 10 meses hábiles.

Recargó sus brazos sobre su viejo escritorio. Se sintió ansioso y desprotegido. Desde su llegada al mundo mágico todo a alrededor se volvió un caos. El descontrol no era algo que le cayera bien.

Repasó lo que sabías sobre el diario. Uno, el dueño era Tom Riddle, un estudiante que estuvo en Hogwarts hace cincuenta años. Dos, si lo de cincuenta años era correcto, Tom Riddle nació en algún momento de 1925 ó 1926. Tres, Riddle estaba usando las túnicas de Slytherin cuando se materializó, por tanto, era un estudiante de esa casa. Cuatro, tenía consciencia, una forma particular de actuar y pensar. Cinco, Tom deseaba un cuerpo, habló de una posesión como si nada así que…

Harry se reincorporó.

¿Posesión?

Echó su cabeza hacia atrás, sus ojos vagaron por el techo. A lo mejor estaba pensando muy a la manera muggle pero hasta donde tenía entendido sólo los espíritus eran capaces de poseer un cuerpo ajeno para dominar la voluntad del huésped original. Pero anteriormente ya había teorizado que Tom Riddle era como un alma encerrada en un diario. Las personas tendían a usar alma y espíritu como sinónimos a pesar de que las fuentes bíblicas y demás diferenciaban los conceptos.

—¿Estoy dando vueltas en círculos? —se preguntó a sí mismo—. Para que Tom no tenga un cuerpo… ¿eso significa que fue asesinado y él se aferro a un diario? No, dijo que era una serie de memorias.

Memoria era igual a hecho pasado. Conjunto de memorias era igual a una serie de sucesos pasados. Por lo tanto el Tom Riddle del diario era sólo un trozo de algún individuo que seguía rondando por ahí. Snape había mencionado que para que un cuaderno tuviera consciencia significaba dejar el alma atrás…

—¿Es una parte de alma? ¿Una astilla? —preguntó Harry en voz alta, su propia voz lo ayudaba a relajarse—. ¿El dueño decidió que no podía desechar todo y únicamente incrustaría sus primeros años de vida en un diario?

¿Sería el Tom Riddle original capaz de imaginar que lo que dejo a su paso más tarde intentaría tomar un recipiente nuevo? ¿Fracturar el alma era incluso posible? ¿Cómo se rompía en pedazos la existencia y luego se colocaba un trozo en un objeto? Harry se llevó una mano a la boca, empezó a mordisquear la uña de su dedo meñique.

"Más libros", pensó. "Muchos más libros".

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(Poemas a mi muerte)

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Estimado Draco:

Estoy agradecido de que te hayas tomado el tiempo para escribirme una carta. Me he regocijado con cada una de tus palabras. Ojalá que sigas disfrutando de tus días libres y del tiempo al lado de tu familia.

Por mi parte no hay novedad. Lo único digno de mencionar es que tengo un repentino interés por pociones y alquimia. Te preguntaras que me orillo a ello, la respuesta es simple: química. Ambas ramas de la magia me recuerdan a la química, una… "rama muggle" que estudia las propiedades, la estructura y la composición de la materia, además de cómo reaccionan los elementos entre sí. Es complejo de explicar pero puedo intentar hacerlo en una siguiente carta si así lo deseas. El punto es que compre un montón de libros sobre pociones y alquimia pero necesito más bases.

¿Crees que puedes ser tan amable de prestarme unos cuantos ejemplares sobre los temas? Recuerdo haberte escuchado decir alguna vez que en tu casa hay una biblioteca de la que la familia se enorgullece y tú eres muy versado en pociones, confió en tu juicio. De paso, sería lindo que, asimismo, pudieras mandar algún libro sobre hablantes de pársel (planeo contarle a Vera sobre ellos por las noches, será como narrarle cuentos para que se duerma).

Espero con ansias tu respuesta.

Con amor,

El niño que vivió para ser divino.

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(Poemas a mi muerte)

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Tres días después, Harry recibió una respuesta de Draco. Hedwig regresó con un paquete y una extensa carta. Sintió ganas de reírse, el heredero Malfoy era inesperadamente conversador por correo, contaba las cosas más insignificantes como si fueran la gran cosa y hacia más grande lo que ya era grande.

Abrió primero la epístola.

Potter:

Antes que nada, el paquete que te ha llevado tu lechuza tiene un encanto de expansión al abrir. Te recomiendo que lo pongas en el suelo o en una superficie amplia. Te mando alrededor de 37 libros. Cuídalos con tu vida, si algo les sucede mi padre nos cazara a ambos, nos disecara y después nos pondrá en exhibición para que todos vean lo que sucede con los que dañan la colección Malfoy.

Como sea, estoy seguro de que no tengo que decir más. Entiendes a la primera.

Dejo la carta sobre su cama y precedió a tomar el paquete. Le dio las gracias a la lechuza por su arduo trabajo, llenó un recipiente con agua y otro con comida para que el animal se alimentara.

Colocó el bulto en el suelo, desamarró los listones que contenían el envoltorio, enseguida rompió el papel y retrocedió. Tal y como Draco dijo, el paquete se expandió. Una caja de gran tamaño se situó en medio de la pequeña habitación. La abrió y halló varios ejemplares hermosos. Harry discernió que muchos, sino es que todos, estaban hechos a mano.

Llevó todos los libros hasta su escritorio. Le quedaba mes y medio de vacaciones y tenía 75 libros a leer. Debía de ir a un ritmo alarmante.

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(Poemas a mi muerte)

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Cuando el primero de septiembre llegó, Harry quería darse de topes contra la pared más dura que encontrara. Había terminado de leer y analizar los libros enviados por Draco pero no los recomendados por Riddle y los que pidió después. Le faltaban diecisiete a pesar de todos sus esfuerzos. Tres cuadernos completos fueron llenados con cientos de notas. En la última página del tercero anotó el nombre de uno de los tantos hablantes de pársel que más le llamo la atención: Herpo el Loco. Mientras le leía a Vera sobre él descubrió que el hombre fue el primero en lograr producir un basilisco y crear un objeto para contener fragmentos de un alma.

Se dedico a meter uno por uno los libros que Draco le prestó en su baúl, agregó las tres libretas con información recabada y los diecisiete compendios que le quedaban pendientes. Eran sobre pociones avanzadas y alquimia.

Le dio instrucciones a Hedwig para que partiera a Hogwarts y no tuviera que soportar el viaje en el expreso. Estuvo a punto de salir pero enseguida regreso por unos grandes textos de química inorgánica y física general. Tenía el presentimiento de que podría necesitarlos para cuando llegara a la parte de alquimia.

Jaló su baúl con problemas por el pasillo y las escaleras.

La señora Katherine lo vio con diversión.

—Te he pedido un taxi. Ve a la puerta principal y el chófer de seguro te ayudara con tu equipaje.

—Gracias, señora —lloriqueó dramático Harry—. La amo, ¿me escucha? La amo.

—Lo sé. Ahora date prisa, tienes el tiempo contado para llegar a la estación. ¡Más te vale portarte bien! Y Harry…

—¿Si?

—Cuídate. Luces desmejorado. Dudo que te encuentres enfermo a nivel físico, he cuidado de niños por años y tengo el presentimiento de que lo tuyo es estrés, así que todo lo que puedo hacer es decirte que siempre puedes mandar una carta o llamarme por teléfono para contarme lo que te preocupa o te pone mal, la escuela para genios es difícil, ¿eh? —reconfortó la mujer.

—Gracias… de nuevo. De verdad lo aprecio mucho. —Harry sonrió con verdadera felicidad. Las palabras de la matrona lo habían animado.

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(Poemas a mi muerte)

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La llegada a King Cross fue rápida. Harry le pagó y le dio las gracias al chófer una y otra vez. Fue hasta la plataforma que le correspondía y atravesó el concreto sin muchos problemas. Cuando estuvo en el corredor volteó a todos lados. No se encontró con alguno de sus amigos así que se alzó de hombros, iría a buscar un compartimiento. Aprovechó que estaba en zona mágica y sacó su varita para levitar el maldito baúl que pesaba como veinte kilos más que él.

Fue a través del expreso, hasta el fondo. Se metió en donde más le plació y enseguida se acomodó. Sacó un libro para seguir con su autoimpuesta tarea. Necesitaba seguir avanzando.

Pasaron veinte minutos antes de que Hermione se apareciera, Ron estaba junto a ella.

—¡Harry! —llamaron ambos.

—Hola —respondió Potter con alegría. Bajo su libro para poder prestarle atención a sus amigos.

—¿Cómo estuvieron las vacaciones? ¿Te llego mi regalo de cumpleaños? ¿Comiste bien? —cuestionó Hermione.

—Sí a todo, general —respondió Harry—, gracias por las novelas, Mione, hace mucho que no compraba o recibía libros que no tuvieran que ver con la escuela. Y Ron, gracias por los dulces, mis caries estaban muy felices por la ingesta de azúcar.

—Tú no tienes caries, Harry —dijo Hermione.

—Puede que ahora tenga una o dos.

—De nada, compañero —dijo Ron, tomó lugar enfrente de Harry y cerca de la ventana—. ¿Hiciste algo divertido durante tus vacaciones?

El pequeño Potter dejo caer sus hombros. ¿Qué si había hecho algo divertido?

—Leí sobre otros magos que han hablando pársel a lo largo de la historia. Fueron los cuentos para dormir de Vera, descubrí que… —Harry se detuvo de repente.

Los Gaunt fueron la última familia relacionada directamente con Slytherin, hablantes de pársel… ¿Tom Riddle estaba relacionado con ellos?

—¿Harry? —preguntó Hermione.

—Lo siento, me perdí en mis pensamientos, les decía que descubrí que uno de los primeros hablantes de pársel fue quien origino el primer basilisco conocido en la historia de la magia.

—Oh, parece que fueron unas vacaciones interesantes.

—Suena aburridísimo —dijo Ron—, sólo ustedes pueden pensar que es divertido.

Harry dejo que una carcajada se le escapara.

—¿Qué es tan gracioso?

Los presentes voltearon a la puerta, Draco estaba levitando su baúl detrás de él y mostraba la misma expresión arrogante de siempre.

—Draco, ¿cómo has estado? —preguntó Harry.

—Ya lo sabes, te lo he contado todo por cartas, pero dime, ¿qué es tan gracioso?

—Que Ron considera que mis vacaciones fueron aburridas porque me la pase leyendo —respondió Harry.

—¿Terminaste los libros que te mande? —cuestionó en broma.

—Afirmativo. —Harry revolvió su cabello—. Fueron de gran ayuda.

Draco parpadeo sorprendido.

—¿En serio?

—¿Por qué pareces tan descolocado?

—Porque muchos de ellos son para alumnos que van a tomar sus TIMO o sus EXTASIS. No esperaba que los leyeras en que… ¿mes y medio? —Draco alzó una ceja. Se sentó junto a Harry y siguió mirándolo con desconcierto.

—Oh, no fue sencillo. Tuve que ordenar los libros que mandaste, del más fácil al más complejo. Fui por niveles e hice un montón de notas. Gaste todo mi tiempo en ellos. Absorbí la teoría pero ni siquiera sueño en practicarla hasta dentro de unos años, muchos pasos y descripciones para realizar pociones requieren de una agilidad innata o mucha dedicación. —Harry entrecerró los ojos.

Hermione frunció el ceño.

—¿Pociones? —cuestionó Ron.

—De repente sentí que eran el equivalente de los experimentos en química y me obsesione —respondió Harry, notó por el rabillo de ojo que Hermione relajaba sus facciones—. Pero dejemos de lado mis actividades, ¿qué hicieron ustedes?

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(Poemas a mi muerte)

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Cuando llegaron a Hogsmeade, Harry, Hermione, Draco y Ron ya estaban al día. Fueron dirigidos hasta unos carruajes que los llevarían al castillo. Un escalofrió de incertidumbre recorrió a Harry; podía ver ciertas bestias que fungían como caballos pero muchos otros no.

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(Poemas a mi muerte)

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Procrastinar era un mal hábito. Huir por la vergüenza era un comportamiento indigno. Procrastinar era un mal hábito. Huir por la vergüenza era un comportamiento indigno. Sonaba sencillo cuando Harry lo decía en su cabeza. Se quedó frente a la puerta de la oficina de la persona que deseaba ver desde meses atrás durante varios minutos, indeciso. No tenía ni idea de cómo sería recibido por Snape después de su "travesura" del ciclo anterior. Luego de muchos suspiros se atrevió a tocar.

La puerta se abrió. El profesor de pociones apareció tan serio como siempre.

—Potter, qué horrible verlo por aquí.

Ah, hasta los amables saludos seguían siendo los mismos, meditó Harry.

—Vengo a incordiar… ya sabe… problemas adolescentes… de los que más odia.

—Pase, entre más pronto acabemos con esto, más tiempo tendré para recuperarme de su terrible visita. —Snape se llevó una mano a las sienes y las masajeo con cansancio.

Harry entró a la oficina. Todo seguía igual, la pulcritud, los colores sobrios y los diferentes viales esparcidos por todo el lugar; eso lo calmaba. Tomó asiento y espero a que su profesor hiciera lo mismo.

—Empiece con sus insignificancias, Potter.

—Lo siento —dijo Harry.

—¿Qué siente?

—Me metí en problemas el año pasado y arrastre a más alumnos a ellos, dudo que haya sido divertido lidiar con las consecuencias… usted es nuestro jefe de casa y… de seguro hubo represalias. —Harry se quitó los lentes, peinó con lentitud de cabello hacia atrás y clavó la mirada en la nada—. Lamento lo sucedido. Fue… yo fui insensato.

Snape reflexionó sobre lo extraño que resultaba ver a la calca de James Potter disculpándose con tanta tranquilidad, admitiendo sus errores y mirándose tan lamentable. Los brillantes ojos que alguna vez Lily Potter poseyó emitían sinceridad.

—Podrían haber muerto —acotó Severus.

—Sí —respondió Harry—. Todas esas pruebas empezaron a ponerse letales… Bueno, al menos fue divertido ver a Draco tirado después de ser golpeado por una pieza de ajedrez. Dijo que estaba en una pose tan indigna de un Malfoy. —Harry se rió.

El maestro de pociones notó que la risa del chico estaba desprovista de diversión.

—La piedra filosofal —Snape hizo una mueca—, ¿de verdad no la vio en sus últimos momentos de consciencia?

Las cejas de Harry temblaron. ¿Había visto la piedra al final?

—No —respondió. Técnicamente era cierto. La perdió de vista desde que se enfocó en matar a Quirrell con lo que quedaba del Espejo Oesed. Quien se encargó de encontrarla había sido Veratrum—. Después de la ruptura del espejo todo se volvió tan sangriento que fue en lo último que me concentre.

—El director teme que haya caído en manos de Voldemort.

—Puff, el pudín oscuro la quería pero nunca la tuvo más de dos minutos en sus dedos —dijo Harry—. Yo tampoco la sostuve durante mucho tiempo.

Severus asintió ante la información.

—¿Y no está muerto? Digo, Quirrell está tres metros bajo tierra ahora.

—No, al parecer el alma de Voldemort logró escapar. Y, ¿señor Potter?

—Dígame.

—Vaya con precaución. —Snape se mantuvo serio. Las cosas de ahora en adelante irían para peor.

Desde que Dumbledore le dijo que el sacrificio de amor de Lily era inútil para proteger a Harry debido a que Petunia lo había rechazado en su casa, todo lo que le quedaba al niño era resistir y volverse lo suficientemente fuerte como para evitar la muerte.

Severus Snape se hubiera inquietado más si supiera del encuentro y trato celebrado por Harry Potter y Tom Riddle en Strawberry Field.