No eran muy comunes las veces en la que la estación abandonada de las alcantarillas se encontrara en total silencio, debido a que cuatro pequeños niños vivían ahí, pero hoy era un día especial.

-Vamos Leo, me quiero ir ya.- exclamaba un Michelangelo de siete años tirando el brazo de su hermano mayor.

-Espera Mikey, hay que esperar a que Sensei venga.

-Vamos Leo, papá nos dijo que podíamos irnos a jugar fuera. Nos lo prometió.

-Ya lo sé Raph, pero tenemos que esperar a que...

-Ya no es necesario que esperéis, niños- dijo la rata acercándose a sus hijos, los cuales ya estaban colocados en línea del más mayor al más pequeño-. Muy bien, podéis ir a jugar fuera de la guarida durante un rato, pero en dos horas os quiero ver aquí, ¿de acuerdo?

-Hai Sensei.- respondió Leonardo.

-Sí papá.- como era de esperar, Leo fue el único que le llamó Sensei.

-Recordar obedecer a Leonardo, y no separaros- la vieja rata miró a Donatello y a Michelangelo-. Hacer los que os diga Leonardo y Raphael, y procurad no causar muchos problemas.

-Claro que no papá- contestó la tortuguita con bandana morada-. No nos iremos muy lejos.

-Muy bien. Confío en que me obedecereis y seréis responsables.

-¿Podemos irnos ya papá?- preguntó ansioso Mikey el cuál daba saltitos de emoción. Splinter rió.

-Sí mis niños, pero id con cuidado- ante eso las cuatro tortugas se fueron corriendo entre risas fuera de la guarida. Splinter los miraba con alegría a la vez que nostalgia-. Crecen demasiado rápido.

...

-¿A qué podemos jugar?- preguntó el pequeño Mikey sujetando la mano de Donnie, el cuál le estaba ayudando a pasar por una tabla de madera para pasar al otro lado del pequeño canal de agua que había.

-No lo sé. ¿Alguna idea?- Mikey levantó la mano emocionado.

-¡Al escondite!- dijo con alegría.

-Eso es para niños. Yo quiero ir al pozo del final de la alcantarilla.- dijo Raphael señalando a su derecha con una sonrisa.

-No, ese sitio me da miedo.- dijo Mikey escondiéndose detrás de Donnie.

-Eres un miedica.- Raphael le sacó la lengua a su hermano, el cuál imitó su acción.

-Raph, eso queda muy lejos. Papá dijo que no nos alejasemos tanto.- el nombrado miró con fastidio y aburrimiento al de azul.

-Vamos Leo, no seas aburrido. No pasará nada por acercarse un poco.

-No Raph, yo soy el mayor aquí y no vamos a ir más lejos.

-Aburrido.- Raphael se cruzó de brazos mientras miraba a un lado.

-Yo también quiero jugar al escondite.- dijo el más alto por fin, para alegría de Mikey.

-Porfa Leo.

-Vale, vamos a jugar al escondite- dijo sonriendo el mayor-. ¿Juegas Raph?- miró al recién nombrado.

-Ya qué...- dijo Raphael levantando los hombros con desinterés.

-¡Bien! ¡Yo me pido esconderme!- dijo Mikey.

-Yo también.- dijo Donnie levantando la mano.

-Vale, yo y Raph os buscaremos, y luego nos buscareis a nosotros.

-¡Sí!- exclamaron los dos alegres.

-Vamos Mikey.- Donatello cogió de la mano a su hermanito y se fue corriendo para esconderse, mientras que Raphael y Leonardo se quedaron con los ojos tapados contando hasta veinte.

...

-Ven Mikey, recuerdo que había un túnel con un hueco para esconderse por aquí.- los menores del clan se encontraban caminando por unos túneles algo lejos de donde estaban sus hermanos. Un lugar con poca iluminación para desgracia del menor.

-Donnie, está muy oscuro. Tengo miedo.- dijo Mikey encogiendose en forma de bolita mientras seguía a su hermano.

-No pasa nada Mikey, no hay peligro aquí. Además, somos ninjas, nada nos da miedo. Es más, es al revés, es a nosotros quien nos deben tener miedo.- dijo Donnie para reconfortar a su hermano, cosa que al parecer funcionó.

-¡Sí, yo soy un ninja valiente!- puso una pose de defensa- Nadie va a hacerme daño, ni a mí ni a vosotros, por que entonces le haré mucho daño para que se marche.- Donnie se rió.

-Claro que sí Mikey, al igual que yo.- ambos hermanos empezaron a reír, pero por desgracia no vieron un pequeño agujero que había en el suelo, el cuál formaba una grieta bastante grande.

El suelo, ante el peso de ambos menores, empezó a derrumbarse debajo suyo, haciendo que ambos cayeran.

Un pequeño agujero de unos 4 metros de profundidad se formó, quedando así los pequeños atrapados.

-Ay- Donnie se levantó mientras se masajeaba la cabeza, pero inmediatamente empezó a buscar a su hermano- ¿MIKEY?

-DONNIE- su hermanito estaba a un metro suyo, en la otra punta del agujero. Rápidamente fue a su lado para saber cómo estaba-. Me duele la rodilla...- dijo con pequeñas lágrimas que no querían salir.

-A ver- Mikey le enseñó la rodilla izquierda, y pudo ver que, en efecto, estaba algo roja e hinchada-. Tranquilo Mikey, ¿te duele mucho?

-No lloro por eso- dijo Mikey con una voz ronca por el llanto que se quería aguantar-. Te sale sangre de la cabeza...- dijo apuntando al sitio.

Donnie se dio cuenta de la pequeña herida que tenía, por eso el dolor que sintió antes, pero ahora no era el momento de pensar en eso.

-No pasa nada Mikey, es muy pequeñita, no me duele- se acercó para abrazar a su hermano, al cuál se aferró a él-. Dentro de nada Leo y Raph nos encontrarán aquí y nos iremos los cuatro a la guarida, y allí papá nos curará a ambos.

-¿Y si no vuelven? ¿Y si nos quedamos aquí para siempre?- dijo el menor con miedo, incluso temblaba.

-Eso no va a pasar- Donnie tenía miedo, estaba en medio de las alcantarillas en un agujero de 4 metros y encima en casi oscuridad, él también quería llorar, pero eso no ayudaría en nada ahora, y menos aún a Mikey. Tenía que ser fuerte por él mismo y por su hermanito-. Leo y Raph nunca nos van a abandonar. Si ven que no aparecemos irán a buscar a papá, y él nos encontrará. Nunca nadie quedará solo, ni tú, ni yo ni nadie. Somos una familia y siempre nos vamos a cuidar.

-¿De verdad? ¿Incluso cuando seamos tan viejos como papá?- preguntó inocentemente el menor mirando a Donnie.

-En ese momento y más. Siempre vamos a protegerte.

-Yo también os voy a proteger- dijo Mikey decidido mirando a su hermano-. No dejaré que nadie os haga daño, ni a ti, ni a Leo y Raph ni a papá. No dejaré que eso pase.- Donatello no pudo evitar abrazar más fuerte a su hermano.

-Lo sé Mikey, siempre nos vamos a proteger. Pero ahora tenemos que esperar.- ambos hermanos se quedaron abrazados, esperando a que sus hermanos mayores les encontrasen.

...

-¡MIKEY, DONNIE, SALIR YA!- gritó un Raphael algo preocupado.

Habían pasado 45 minutos desde que empezaron a jugar, pero en todo ese tiempo no había ni rastro de Donnie y Mikey, era como si se los hubiera tragado la tierra.

Leonardo buscaba casi desesperado por los sitios, temía que algo malo le hubiese pasado a sus hermanos, y eso era algo que bo quería.

-Raph, busquemos por aquí.- dijo el mayor señalando unos túneles que se perdían en la oscuridad.

-¿Tú crees que el miedica de Mikey se haya atrevido a entrar ahí?- dijo Raphael cruzado de brazos.

-Con Donnie a su lado sí. Además, es el único sitio donde no hemos mirado.- Raphael suspiró cansado y se adentró al túnel siguiendo a su hermano. En nada ambos chicos empezaron a gritar los nombres de los menores.

-¿LEO, RAPH?- ambos hermanos pudieron escuchar esa voz, la voz del más alto de los cuatro- ¡LEO, RAPH, ESTAMOS AQUÍ!- los dos empezaron a correr por donde provenía su voz, hasta que por fin llegaron al agujero donde se encontraban los menores.

-¡Tranquilos chicos, os vamos a sacar de ahí!- gritó Leonardo para después empezar a buscar por alrededor en busca de algo para subirlos.

Por suerte, en uno de los canales de agua sucia del lugar había una cuerda vieja enganchada en la entrada del canal. Leo, sin pensárselo, lo cogió con cuidado y fue hasta el lugar.

-Agarraos y empezar a subir.- dijo Leo mientras sujetaba la cuerda junto a Raph para que los menores pudieran subir.

Michelangelo fue el primero, seguido de Donnie el cuál le ayudaba a subir a causa de su rodilla mala. Ambos hermanos lograron subir antes de que la cuerda se partiese a la mitad, dejándolos a salvo.

-Mikey, Donnie, estáis bien.- Raphael se lanzó a abrazarlos en cuanto ambos menores estaban bien.

-Espera, ¿nos estás... abrazando?- preguntó extrañado Donnie al recibir tal afecto del de rojo.

-¡Claro que sí idiota, nos habéis asustado!- gritó enfadado Raph mientras se separaba. Leonardo, en cambio, miraba milímetro a milímetro a sus hermanos para comprobar que estuvieran bien. Fue ahí cuando vio la herida de Donnie en la cabeza y la rodilla izquierda roja de Mikey.

-Tenemos que llevaros a casa para que papá os cure.- dijo Leo serio mirando a sus hermanos.

-Venga pequeñajo, te llevo, Raphael cargó en su caparazón al menor de los cuatro, mientras que Leo agarraba de la mano a Donnie para guiarle.

Los cuatro hermanos se dirigieron rumbo a casa.

...

Splinter amaba de corazón a sus hijos. Eran sin duda una de las mejores cosas que le había pasado en la vida, pero había que reconocer que estaba disfrutando de la tranquilidad que había en la guarida. El constante ruido de sus angelitos corriendo y jugando de aquí para allá era a veces demasiado, y ahora podía pasar al menos unas horas en silencio para meditar.

-¡Papá!

Splinter abrió sus ojos. Pudo escuchar claramente la voz de Leonardo a la puerta de la guarida. Al menos llegaron a la hora acordada.

Se levantó del suelo para ir en dirección a la entrada, pero la puerta del Dojo fue repentinamente abierta por sus hijos.

-Papá, Mikey y Donnie están heridos.

Raphael bajó a Mikey de su caparazón para mostrarle a su padre la rodilla mala de Mikey, mientras que Donnie se señalaba la cabeza en la zona herida.

Rápidamente se acercó a sus hijos. Primero se acercó para comprobar la herida de Donatello, y para su suerte era solo un corte superficial, incluso había dejado de sangrar.

-Leonardo, ve a la cocina y traeme una toalla mojada por favor.- el mayor asintió y fue corriendo a la cocina para hacer lo que le pidió.

-¿Está bien Donnie?- preguntó Mikey a su padre, y sonrió al ver a su padre asentir.

-Sí hijo mío, no es nada grave, pero ahora te toca a ti- Splinter cogió al pequeño Michelangelo y lo sentó en una pequeña silla que había en la esquina del Dojo, llamada la "silla de los castigos"-. Raphael, tú y Leonardo limpiar la cabeza de Donatello, ¿de acuerdo?

-Sí papá.- dijo Raphael. Splinter depósito al menor en la silla.

-¿Estoy castigado papá?- preguntó inocentemente Mikey, a lo cuál se ganó la risa del adulto.

-No Michelangelo, esta vez no- Splinter estiró la pierna de su hijo con cuidado de no hacerle daño, y empezó a tocar por la zona de la rodilla para comprobar su estado-. Hum... no está rota, pero sí hinchada. Te pondré un poco de agua fría y luego una venda, ¿vale?- Mikey asintió.

Al cabo de media hora ambos pequeños estaban totalmente revisados. Donatello tenía una pequeña tirita en la cabeza mientras que Mikey tenía una venda en su rodilla izquierda. Luego de una pequeña cena y un baño caliente, los menores ya estaban listos para dormir.

-Papá, ¿Donnie y Mikey se van a poner bien?- preguntó Leonardo mientras su padre le acostaba.

-Sí hijo mío, en unos cuantos días tus hermanos estarán perfectamente bien. Ahora tienes que dormir- Splinter le cubrió con su manta hasta el cuello, para seguidamente darle un beso en su frente-. Buenas noches hijo mío.

-Buenas noches papá.- Leonardo cerró los ojos dispuesto a dormir mientras su padre salía de su habitación y cerraba la puerta.

Pero se encontró con una sorpresita en el pasillo.

-¿Michelangelo? ¿Qué haces aún levantado?- preguntó la rata mientras se acercaba al menor del clan. Mikey elevó sus bracitos en señal de que quería que lo recogiera. En su mano izquierda llevaba uno de sus peluches favoritos, un animalito de color amarillo medio naranja con dos colas.

-Es que no quiero dormir. ¿Y si viene un monstruo?- Splinter no dudó en coger a su hijo en brazos mientras se dirigía a la habitación del menor.

-Michelangelo, creí que habías entendido que en las alcantarillas no hay monstruos.

-No digo a los monstruos de los cómics de Raph- dijo el de pecas-. Me refiero a los hombres malos que vemos a veces contigo en la tele.- explicó mientras movía sus manos.

-¿Y a qué se debe eso, hijo mío? Sabes que no dejaré que nadie os haga daño ni a ti ni a tus hermanos.- Splinter entró en la habitación y se sentó en la cama del pecoso, pero este aún en su regazo.

-Pero papá, ¿y si te hacen daño a ti?

-No pasaría nada, por que lo importante es que vosotros cuatro estéis bien- dijo Splinter juntando su frente con la del menor, consiguiendo así esa dulce risa que le caracterizaba-. Esa es mi prioridad.

-Pero yo también quiero ayudar. No quiero quedarme como un niño asustado llorando mientras peleas con los malos. Yo también quiero ser fuerte y valiente,- Mikey levantó su mirada- como tú.

Splinter sonrió enternecido ante lo dicho por su hijo.

-Michelangelo, tú también eres fuerte y valiente.

-¿De verdad?- preguntó confundido el menor.

-Claro que sí. Por ejemplo cuando ayudas a tu hermano Raphael cuando encuentra un bicho en su habitación y lo sacas de la guarida, o cuando ayudas a Donatello a coger esas cajas donde guarda sus cosas.

-O cuando llamo a Leo a comer cuando está viendo "Héroes Espaciales".- dijo Mikey estirando los brazos.

-Sí hijo mío, hay que ser muy valiente para hacer eso. Todo el mundo es valiente, pero a su manera. Tú también puedes serlo, por eso te enseño Ninjutsu Michelangelo, para que puedas defenderte solo.

-Pero cuando estábamos en el agujero no fui valiente. Empecé a llorar mientras Donnie me abrazaba. No fui para nada valiente.

-Michelangelo, una persona valiente no es aquella que no tiene miedo, es aquella que se enfrenta al miedo y a sus temores- dijo Splinter mirando a su hijo a los ojos-. Nunca olvides eso.

-¿Entonces soy valiente? ¿Podré yo también protegerte a ti y a mis hermanos?

-Claro que sí hijo mío, estoy seguro que serás un gran héroe.- Mikey abrazó a su padre con cariño.

-Gracias papá.- Splinter acarició la cabeza de su hijo.

-Ahora hay que dormir.- Mikey asintió y se fue directo a su almohada, para después tumbarse y sentir cómo Splinter le arropaba.

-Buenas noches papá.- dijo el pequeño cerrando sus ojos, y pudo sentir su frente siendo besada por su padre.

-Buenas noches hijo mío.

Mikey empezó a caer en los brazos de Morfeo.

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Michelangelo empezó a abrir sus ojos, encontrándose con un suelo de cemento. Lentamente empezó a mirar a su alrededor algo desorientado, encontrándose con una habitación casi a oscuras. La brillante luz de la Luna entraba por una pequeña ventana en una pared, iluminando un poco la zona.

-¿Pero qué... Dónde estoy?- preguntó Mikey levantándose del suelo.

-Veo que por fin has despertado.- una espeluznante voz sonó detrás suya. Rápidamente se giró para encontrarse con una figura extraña. Era alta y con unos ojos marrones que daban miedo.

-¿Quién eres? ¿Qué es este sitio?- preguntó Mikey mirando serio a la sombra, intentando ocultar su miedo.

-Jejeje, tranquilo niño, eso lo averiguaras en un rato. Humm, puedo oler tu MIEDO- los ojos marrones se agrandaron, y esta vez fueron acompañados de una sonrisa-. Me encanta.

-No te tengo miedo.

-Ohh tranquilo, no pasa nada por que no me tengas miedo ahora- el demonio empezó a girarse y a desaparecer entre la oscuridad-. Yo misma me encargaré de que me supliques clemencia.

-¡Nunca!- gritó Mikey. Los ojos lo volvieron a ver.

-Qué pena, por que yo creo que será al revés. Conozco tu punto débil.- Mikey empezó a temblar. ¿Su punto débil? ¿Se refería a su familia? ¿Acaso estaba...?

"Una persona valiente no es aquella que no tiene miedo, es aquella quese enfrenta al miedo y a sus temores."

Las palabras de su padre resonaron en su mente. Siempre recordaba esas palabras que le hacían tener valor en las situaciones difíciles. No iba a ser un cobarde. Iba a demostrar que no iba a rendirse, que iba a ser valiente.

-Ellos no son tu objetivo. Ese soy yo. No vas a hacer daño a mi familia.- pudo ver cómo los ojos demostraban asombro.

-Eres mejor de lo que esperaba. Me alegro ver que no eres un niño llorón de papá. ASÍ ME DIVERTIRE MÁS.- los ojos empezaron a desaparecer.

-¿¡Quién eres?!- preguntó Mikey.

-No tengo un nombre, pero puedes llamarme...

"Pandora".

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Halo jóvenes ninjas!

Vale, vale, sí, en el cap anterior prometí cap en una semana, y tardé tres. ¿Por qué tarde tanto?

Primero, el día en que publiqué el capítulo no tuvo que ser ese día, sino el lunes de la semana que viene. Vereis, cuando publico un cap tarda en subirse a Fanfiction y a que salgan las notificaciones, y en mi caso tarda como dos o tres horas en dar el aviso, por lo que mi plan fue subirlo el domingo tarde para que llegara el lunes por la madrugada, pero claro, esta vez, en cambio, le dio la gana de subirse pronto, por lo que la semana siguiente no contaba en el plazo ya que entraría en la semana que publiqué.

Vale, eso justifica la semana pasada, pero, ¿por qué tardé OTRA semana en publicar? Fácil, los estudios.

Esta semana y la pasada tenía básicamente trabajos y exámenes, literalmente estaba llena de ellos, y obviamente para aprovar necesito estudiar y alejarme del teléfono.

Por desgracia hay dos que no funcionaron para aprovar :'^)

Pero bueno, ahora estaré tranquila por al menos dos semanas, y espero poder publicar en mi otra historia principal o hacer otro one-shoot en ese tiempo.

Odio la filosofía y a la profesora :^)

Pos eso es todo, siento mucho la demora, de verdad, pero también tengo pequeñas obligaciones que me obligan a hacer sacrificios.

Nos vemos en el siguiente cap y os envío un gran Booyakasha!

Pd: he puesto un pequeño mister-egg en el cap. El primero en averiguarlo y lo diga en los comentarios se gana un one-shoot de lo que él quiera en mi historia de "Simplemente es amor" con el shipp que quiera (si quiere claro). Doy una pista, es un personaje de videojuegos de mi infancia y que me encanta.