Glosario; Mae: Expresión costarricense para referirse a la otra persona. Oye, mae, es similar a Oye, tú.
Birras: Cervezas.
¡Qué chiva!: Expresión que denota emoción. Similar a decir ¡Qué bien!
Chavalo: Muchacho.
Mejor pinta: Mejor aspecto.
Capítulo 10
Y como dijo el mariscal, para antes del mediodía, los nuevos pilotos llegaron. Uno de ellos era casi de la misma estatura que Nicolás, algo que resaltaba en él era su cabello naranja, ondulado y peinado de una manera despreocupada hacia su lado izquierdo, sus ojos eran color oscuro; tenía un semblante distante, sus ojos estaban un poco caídos y su boca estaba en curva ligeramente hacia abajo. Su compañero lucía muy diferente a él, parecían dos polos apuestos, y no sólo físicamente; era alto, incluso un poco más alto que el mariscal, tenía tez morena oscura, barba de unos tres días y unos ojos color gris que resaltaban, su musculatura era mayor que la de cualquier piloto que haya visto. En comparación con su compañero, él no se veía tan afligido, en realidad parecía tener una ligera sonrisa y un brillo en sus ojos.
El moreno fue el primero en vernos y nos alzó una mano, saludándonos. –Bienvenidos– Demian los saludó, extendiendo su mano hacia los nuevos. –Mi nombre es Demian Hubbard.
–Mucho gusto, Demian– Le tomó la mano. –Mi nombre es Josué Baroldi– Sonrió despreocupadamente mostrando sus dientes. El rubio le devolvió la sonrisa.
Se volteó hacia el pelirrojo y él no le tendió la mano, sólo lo miró. –Yo soy Edwin.
Demian ignoró la descortesía de Edwin y aun así le sonrió amablemente. –Cualquier cosa que necesiten, estoy a sus servicios– Hizo una pausa y desvaneció lentamente su sonrisa. –Y lamento lo que ha sucedido con su base en Costa Rica.
Edwin suspiró enfadado y volteó a ver a Josué. –Buscaré la habitación– Dio media vuelta y comenzó a alejarse de nosotros.
Todos volteamos a ver al moreno, pidiendo una explicación por el extraño comportamiento de Edwin. –Suele ser así de amargado– Se encogió de hombros. –Y se porta peor por las mañanas. Sólo ignórenlo.
Terminamos de presentarnos con él y nos ha contado más detalladamente lo que sucedió. –Una vez que estuvimos frente al Kaiju, nos sacó la vuelta y comenzó a nadar con suma rapidez hacia tierra firme. Eso nos preocupó, intentamos ir tras él, pero su velocidad era mayor que la nuestra, y para cuando llegamos, el Jaeger de Panamá ya se estaba encargando de él. La mayoría de las personas lograron salir, sólo hubo unos pocos desafortunados… Pero nos encargaremos de vengarlos– Sonrió de nuevo.
Luego de unas cuantas preguntas más, él dijo que quería tomar una ducha, así que Héctor y yo nos encargamos de llevarlo a su habitación.
–¿Hace cuanto conoces a tu compañero?– Le preguntó Héctor.
–Hace un par de años, le salvé la vida al cabrón, y es hora que no me dice "gracias" – Soltó una carcajada espontánea, lo que hizo que me sobresaltara un poco. Y aunque no entendiéramos de qué se reía, el simple hecho de escuchar su risa, nos contagió. –Así es él, demasiado orgulloso para agradecer.
–Parece que ambos tienen personalidades muy opuestas… Él parece ser demasiado reservado, mientras que usted es– Me interrumpió abruptamente.
–¡Alto! – Gritó, lo que de nuevo hizo que diera un respingo. –No uses "usted" en mí.
–P-Pero… es mayor que yo… ¿no? – Me sentí regañada por alguna razón.
–Claro que lo soy pero no quiero que me llames de esa manera. Deja la formalidad y llámame de "tú" – Sonrió, quitando aquella mirada seria que tenía hace un momento. –Cuando me dicen por "usted" me hacen sentir viejo– Rió.
Era demasiado espontáneo, casi voluble. –Bien– Suspiré. –¿Qué edad… tienes? – Me resultaba algo difícil decirle "tú" a alguien de mayor edad, pero si él quería, podía intentarlo.
–Treinta y pocos– Me guiñó el ojo. No pude evitar sonreír.
Una vez que llegamos a la habitación nos despedimos de él y le hemos dado indicaciones de cómo llegar al comedor. –Una última cosa… ¿Cuál era el nombre del otro chico? – Preguntó Héctor.
–Edwin Salazar– Respondió. –Procura no olvidarlo, Ed odia que no recuerden su nombre– Volvió a reír, lo que me hizo pensar que estaba bromeando, pero a la vez parecía decirlo en serio. Me confundía un poco.
–Bueno… no lo olvidaré– Comenzó a caminar en dirección hacia el comedor, pero cuando vio que no lo seguí volteó a verme. –¿Karina?
"Edwin Salazar… ¿Será pariente de…? No, hay muchas personas que comparten el mismo apellido y no son familiares… ¡Argh! ¿Por qué debía tener ese apellido? Me recuerda a ella…" Una suave bofetada me sacó de mis pensamientos. –¡Oye, no hagas eso! – Froté mi mejilla izquierda.
Héctor se rió. –No me hacías caso, no me quedó más remedio– Habló entre risas.
Comencé a caminar a su lado. –No es gracioso, Héctor.
–Entonces dime, ¿qué pensabas? – Voltee a verlo arqueando una ceja. ¿De verdad que a él no le sonaba el apellido? –¿Q-Qué? – Ha preguntado confundido.
–Nada… es mejor así– Comencé a caminar a paso veloz.
–¡Hey, hey! Vamos, explícame, no entiendo nada– Lo ignoré. –¡Dios! Las mujeres son tan complicadas.
"Está bien que no la recuerde, ¿cierto? Eso quiere decir que para él es cosa del pasado. ¿Por qué habría de ponerme celosa por algo como eso? Fue hace mucho tiempo… debo olvidarlo" Trataba de convencerme. "Pero… ella logró besar a Héctor antes que yo… ¡Y bueno, tampoco es como que importe demasiado!" Sacudí mi cabeza, queriéndome quitar esos pensamientos de la cabeza.
Héctor ya no dijo nada, pero sabía que seguiría insistiendo más tarde. Durante el transcurso del día no pasaron muchas cosas interesantes, sólo comimos, estuvimos platicando con Josué y tratamos de ignorar el comportamiento descortés e indiferente de Edwin. El buen humor de Josué nos contagiaba a todos, solía reír y levantar mucho la voz, conforme pasaba el tiempo me fui acostumbrando a su espontaneidad.
Tiempo después apareció un Kaiju, el mariscal no quiso confiarse así que nos envió junto a Big Boxer, que era el Jaeger nuevo. Se había decidido que ellos lucharían y nosotros serviríamos de apoyo por si la situación se complicaba. Al principio todo había estado bien, el Jaeger costarricense lo estaba haciendo perfecto, repartiendo golpes al Kaiju por todos lados; su manera de pelear era parecida a la de un boxeador, no contaba con armas como un cañón de plasma o turbinas incineradoras, sólo tenían un refrigerante en cada costado que solían usar en caso de que sus puños no fueran suficientes, al ser capaz de congelar casi instantáneamente cualquier parte del Kaiju, hacía más fácil derrotarlo.
–¡Carajo! – Exclamó Josué. –Ese golpe de antes atascó la puerta del refrigerante del tanque derecho… ¡Y ya usamos el izquierdo para congelarle el brazo! – El Kaiju los agarró del cuello con la mano izquierda.
Por suerte, hemos estado cerca de ellos y pudimos quitarlo de encima. –Retrocedan– Ordenó Héctor cargando el cañón de plasma. Ellos obedecieron y mi compañero disparó.
Se escuchó la risa de Josué. –Oye mae, gracias, te debo una.
–Descuida, Joe, fue un placer salvarte el trasero– Mi compañero sonrió.
Regresamos al Shatterdome siendo aproximadamente las 6 de la tarde. Dejamos los Jaegers en las unidades correspondientes y rápidamente los mecánicos se acercaron para darle un vistazo a los daños. Esta vez, habíamos salido mejor librados, por lo que los mechas no tenían daños tan serios.
–¡Qué chiva! – Gritó jovialmente el moreno abrazando a Héctor por el cuello. –¡Otro Kaiju menos! – Sacudió el cabello del mexicano y lo soltó. –¡Vayamos por unas birras! ¡Anda, anda, debemos celebrar! – Lo tomó del brazo y lo jaló.
–¡O-Oye, espera! – No pudo soltarse de aquella atadura y fue llevado casi a rastras.
Escuché que Edwin suspiró. –¿Siempre es así cuando vence a un Kaiju? – Le pregunté. Él volteó a verme algo sorprendido, quizá no esperaba que le habla.
–Sí… Pero él sólo busca un pretexto para ir a tomar– Se terminó de poner su chaqueta. –Nos vemos– Dijo esto sin siquiera mirarme, sólo se fue.
Más tarde, como a las 10 de la noche, Demian y yo estábamos sentados fueran del Shatterdome platicando. El clima estaba fresco, ya que eran días finales de invierno. Vimos que Josué y Héctor habían llegado, al principio me preocupé, porque el mexicano se apoyó en el costarricense para poder caminar… y si es que a ese tambaleo se le podía llamar caminar, que más parecía que Josué lo estaba arrastrando; me acerqué, seguida por Demian.
Josué rió. –Descuida, descuida, no le pasa nada al chavalo. Sólo que no sabe tomar– Volvió a reír estrepitosamente.
–Cállate… la cabeza me da vueltas– Se quejó Héctor. –Jamás… te acompañaré a tomar de nuevo… jamás.
–No me culpes, cabrón, yo no te obligué a tomar– Mientras nos dirigíamos a la habitación, el mexicano dijo que quería vomitar, así que lo llevaron al baño, yo me quedé afuera esperando. Momentos más tarde, ha salido Josué y me ha dicho que le traiga ropa limpia a Héctor, no entendía muy bien qué pasaba adentro, pero me limité a obedecer; él parecía experto en estas cosas. Luego de llevarle la ropa, vi que Héctor se había bañado, y lucía mejor que hace rato, pero aun no muy bien; al menos ya podía caminar bien por sí solo. Fuimos a la habitación y Demian le dio un gran vaso con una bebida que no identifiqué bien.
Estuvimos callados un rato, ambos sentados en nuestras respectivas camas, él volteando a ver el suelo, y yo mirándolo a él. Una vez que se tomó la bebida, fue a cepillar sus dientes y cuando regresó tenía mejor pinta. –En serio– Habló. –No quiero ver más cerveza en toda mi vida…
–¿Ya estás mejor?
Suspiró. –Sí, mucho mejor que antes… Aunque todavía siento un ligero dolor de cabeza– Tomó asiento en su cama y volteó a verme con una ligera sonrisa. –Pero así me amas, ¿verdad?
Yo me reí un poco. –Quisieras.
Sonrió un poco más y me miró intensamente. –Entonces dime…– Se levantó y se sentó a mi lado. –¿Por qué te has puesto celosa al recordar a Salazar?
Abrí mis ojos de la sorpresa y no dije nada por unos segundos. –¿Cómo-… El enlace…– Él soltó una carcajada. –¡No debes espiar en mis recuerdos!
–Era algo que tenías muy presente, no podía ignorarlo– He desviado la mirada en señal de molestia. –¿Te molesta que me haya besado antes que tú?
–Si ya viste mis pensamientos, no creo que haya algo de qué hablar– Me crucé de brazos y le di la espalda.
–Y tienes razón, no hay nada de qué hablar al respecto…– Hizo una pausa. –Pero hay algo que aclarar– Susurró en mi oído, lo que me hizo ruborizar y sentir un pequeño escalofrío. Colocó su mano sobre mi hombro y tiró de él suavemente, haciendo que volteara a verlo. Su cara estaba sumamente cerca de la mía, nuestras miradas se cruzaron, él se veía muy relajado, casi divertido, mientras que yo parecía un tomate por el tono rojizo que había adquirido mi rostro. Me tomó del mentón y juntó sus labios con los míos; mi cabeza estaba en blanco, no sabía cómo debía reaccionar, no sabía si debía quitármelo de encima o dejarlo.
Muy lentamente fue empujándome para que quedara acostada en la cama. "¡No, eso no! ¡Es muy pronto!" He puesto mis manos sobre su pecho y traté de empujarlo, pero él me rodeó con un brazo y fue suficiente para apresarme y no poder quitarlo de encima. Podía sentir los latidos de su corazón, y por un momento me relajé. "Después de todo… ¿no era esto lo que quería?" He pensado inconscientemente. Con su mano rozó mi mejilla y pude sentir lo cálida que estaba.
Pero después, algo húmedo comenzó a moverse en la entrada de mi boca, lo que hizo que me moviera, indicándole a Héctor que esto ya no me estaba agradando. Él se separó de mí y sonrió. –Creía que me golpearías en cuanto te besara… y no fue así– Sonaba satisfecho.
–¡Me has tomado por sorpresa! Además… traté de quitarte de encima pero no funcionó…– No podía mirarlo a la cara en estos momentos, estaba completamente apenada y mi corazón latía frenéticamente.
Sonrió. –No empujaste con mucha fuerza– Se levantó de la cama y fue a la suya. –Buenas noches.
Yo no le respondí. Ambos nos acostamos y dormimos, aunque para mí fue muy difícil conciliar el sueño luego de aquel suceso. Los días agradables habían regresado, Bruce reía con mucha libertad, aunque solía pelearse con Josué, ya que éste último lo invitaba a salir y que conociera a otras chicas, y el americano se negaba, así que solía llamarlo gay; pero ignorando eso, todo era mucho más ameno. Edwin había comenzado a incorporarse con el grupo y había dejado de ser tan descortés, al menos ahora saludaba y se despedía, pero todavía era muy reservado, así que no mantenía largas conversaciones con nadie. Josué seguía teniendo el espíritu fiestero que lo caracterizaba, a todos nos gustaba estar con él porque siempre pasábamos ratos agradables. Pero sabíamos que esos momentos no durarían para siempre.
White Hunter y Andrómeda fueron enviados en esta ocasión. Ellos se encargarían del Kaiju y nosotros serviríamos como apoyo. Llegamos y nos colocamos en nuestra posición, White Hunter avanzó hacia el Kaiju ya estando preparado para atacar, la criatura sólo rugía con cada paso que daba el Jaeger, no se veía que fuera muy fuerte, o al menos, tenía un aspecto ligero. Una vez que estuvieron lo suficientemente cerca, trataron de golpearlo con el puño izquierdo, pero el monstruo sujetó el brazo, trataron de golpearlo con el otro brazo, y también lo sujetó. Forcejearon unos segundos, hasta que ellos levantaron un pie y lo patearon, la bestia los soltó y retrocedió para después comenzar a dar vueltas sobre ellos, cazándolos.
Con un ligero movimiento del Jaeger, el Kaiju se puso en alerta pero no salió del rango de ataque, así que White Hunter trató de cortarlo, pero sólo logró hacerle un gran rasguño en lo que sería su hombro y parte del costado; como era de suponerse, la criatura chilló y se enojó, algo en su garganta comenzó a inflarse, como un sapo.
–¿Pero qué demonios? – Exclamó Bruce.
El Kaiju escupió un líquido viscoso color verde oscuro, White Hunter trató de cubrirse con el brazo izquierdo, y aquel líquido quedó desparramado en el brazo y pecho del Jaeger.
–¡Urgh, qué asco! – De nuevo habló Bruce, mostrando cierta repugnancia. Trató de bajar el brazo pero no podía. –Pero… ¿Qué? ¡No responde! – No era que no respondiera, sino que el líquido se había endurecido casi al instante, inmovilizando todo lo que tocaba. Era similar a los refrigerantes que usaban algunos Jaegers.
El Kaiju sólo ocupó un movimiento para arrancar la extremidad y la parte superficial del pecho. El grito de Bruce y un rugido de Demian se escuchó por el comunicador. –¡¿Deberíamos ir a ayudarles ya?! – He preguntado con urgencia.
–¡No! Quédense donde están – Respondió Demian. –Esperen el momento adecuado y ataquen a distancia– El Kaiju de nuevo había comenzado a inflar su garganta. Trataron de moverse del lugar, pero antes de poder dar el segundo paso, el monstruo los volvió a manchar, ahora en el costado derecho, y sin pensarlo, se lanzó violentamente, decidido a arrancar esa parte color oscura.
El metal bañado en tinta oscura salió volando, y algunas chispas brotaron de aquel impacto. El Kaiju volvió a retroceder y tenía toda la intención de disparar nuevamente. –¡Él debería ser nuestro oponente! – Hablé. –Ustedes están en desventaja, no tienen ataques a larga distancia, y tampoco son capaces de moverse tan rápido para evadirlo– Héctor había comenzado a cargar el cañón. –¡Sólo retrocedan y déjenos a nosotros!
–De acuerdo– Accedió Demian. –Vamos a retroceder– Y justo antes de que dieran la vuelta, fueron bañados por la tinta del Kaiju en la mano derecha y parte de la cabeza.
La bestia, de nuevo con la intención de ir a atacar aquellos puntos vulnerables, se abalanzó hacia enfrente, en eso Héctor disparó y le dio justo en la garganta; chilló pero no cayó y sólo se detuvo dos segundos, para después continuar. –¡Maldición! – Se quejó mi compañero y disparó de nuevo, pero el tiro falló por muy poco.
Cuando el Kaiju llegó hasta el Jaeger, arrancó con su mano izquierda la mano derecha del robot y con la derecha la mitad de la cabeza. –¡NOOO! – Gritó Demian estrepitosamente, y esa fue la primera vez que su voz perdió aquella serenidad que la caracterizaba. –DAMN YOU!
Héctor disparó de nuevo mientras nos acercábamos a la escena, esta vez le dio en el hombro derecho y la criatura sólo golpeó de nuevo la cabeza del Jaeger y éste cayó al agua. –¡Demian! ¡Bruce! ¡Resistan! – He dicho.
El último disparo del cañón dio de nuevo en la garganta. –¡Necesitamos las turbinas! ¡Rápido! – Habló con urgencia y comenzó a oprimir los botones correspondientes de su lado, y yo hice lo mismo con los míos.
–I… can't… move…– Escuché la débil voz de Demian pero no vi ningún movimiento del Jaeger, seguían bajo el agua. –Ustedes… sigan luchando…
El Kaiju se dirigió a nosotros a mucha velocidad. –¡Carga ya, mierda! – Gritó Héctor, puesto que si disparábamos a tan corta distancia, también podría afectarnos a nosotros. Pocos metros antes de que el Kaiju nos alcanzara, la voz del sistema nos indicó que estaba completamente listo.
–¡Ya! – Disparamos y quemamos el pecho del Kaiju, quien casi de manera inmediata cayó al agua. Solté un gran suspiro. –Lo hicimos… ¡Oh, chicos! – Nos movimos hacia ellos y ayudamos a levantar al Jaeger. Su cabeza estaba casi hecha añicos, se podría decir que ellos estaban al aire libre, puesto que no había nada que cubriera el costado izquierdo y el frente.
–La ayuda va en camino– Habló Miguel con voz apresurada. –Traten de no mover mucho a White Hunter, Demian está lastimado, al parecer, algo ha logrado perforar uno de sus costados y justo ahora está inconsciente debido a la carga neuronal de ambos hemisferios.
–¿Ambos hemisferios? ¿Por qué ambos? – Pregunté y Héctor volteó a verme, pude leer sus pensamientos, pero no quería creerlo.
–…Bruce no está en el Conn-Pod…
–Entonces… cuando arrancó parte de la cabeza, Bruce…– No quise terminar mi frase, pero escuché el suspiro de Miguel. Una parte de mí quería llorar, claro que sí, había perdido a un gran amigo y compañero, pero otra parte me decía que debía ser fuerte y ayudar a Demian, ya que parecía que sólo podía salvarlo a él.
En cuestión de minutos, unos rescatistas llegaron en un helicóptero y lo sacaron; nosotros nos pusimos en marcha hacia el Shatterdome y una vez que estuvimos ahí, fuimos a ver a Demian. El rubio se veía realmente mal, estaba sudando mucho y su cara estaba pálida.
–Está en estado crítico– Se acercó el doctor y detrás de él venía Josué. –Debe ser trasladado a un hospital, aquí no contamos con lo que él necesita, pero su estado tan delicado nos impide moverlo. Las próximas horas serán decisivas… esperemos que logre sobrevivir.
Héctor suspiró y Josué se acercó a mí y puso una mano sobre mi hombro, el doctor abandonó la habitación, y yo me senté al lado de la cama de Demian y tomé su mano. No había nada que pudiéramos hacer, todo estaba en él… Habría que esperar.
Aquí el otro capítulo. Se suponía que debía agregar otro suceso más pero... iba a quedar muy largo, así que el siguiente capítulo será corto. No diré cuando lo subiré, sólo trataré de subirlo cuanto antes, pero todo depende de si la escuela me da tiempo D:
Luego del capítulo siguiente, ya, por fin, irán apareciendo los de la película, wiii ~
Comentarios y sugerencias en los reviews. ^^
Saludos!
