Estaba pensando seriamente en esas posibilidades: podía sacar a Antonio de la casa y a la vez irse con él y su hermano, en parte quería irse de ahí, quería alejarse de Alfred, regresar a su anterior vida, como deseaba eso, pero había algo que no la dejaba, algo que le decía que se quedara ahí.
- Podría acabar con dos problemas a la vez.- dijo Isabel susurrando.
- ¿De qué hablas?- le preguntó Francisco, esperando que la respuesta no fuera lo que estaba pensando.- No vas a regresar a México con nosotros ¡Te vas a quedar!-
- Pero… quiero estar de nuevo a tu lado, estar en nuestra tierra, nuestro hogar.-
- Ya te dije que no, es mejor que te quedes con Alfred, estarás a salvo y…-
- ¿Acaso hay problemas allá?- lo interrumpió Isabel de manera brusca.
- No es eso…-
- ¿Nos están invadiendo? ¿Alguien está intentando apoderarse de nosotros?-
- No…-
- Estas mintiendo… sabes que lo estás haciendo… ¿Estás ocultándome algo?-
- ¡YA TE DIJE QUE NO!-
- ¿Sucede algo?- Interrumpió una tercera voz, el dueño de la voz era Alfred, los hermanos voltearon inmediatamente a verlo, detrás de él estaba Antonio.- Hice una pregunta y estoy esperando una respuesta.- Ninguno de los dos habló, Isabel solo entró a la casa y se dirigió a su habitación, el resto no había entendido para nada la reacción de la chica, pero supusieron que sería mejor no molestarla.
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Entró a su habitación y cerró la puerta con seguro, no quería que nadie entrara, quería estar sola, se recargó en la puerta y miró el techo.
- ¿Qué debería de hacer?- Fue lo primero que pensó, siguió mirando el techo y suspiró profundamente, miró el balcón, sintió la fresca brisa la cuál le susurraba:
- Vamos, tú puedes ser libre y lo sabes.- Caminó hasta él y se quedó ida, viendo el cielo azul.
- No sé…- susurró.- ¿Realmente sería bueno regresar?-
~~~~~ á ~~~~~
- ¿Le dijiste algo que la molestara?- Le preguntó Antonio a Francisco mientras sonreía de una manera estilo psicópata-rusa.
- Para nada, es solo… que esta confundida.- Contestó cruzado de brazos.
- ¿Confundida? ¿No sabe que hacer… o no sabe que es lo que siente?- dijo el español algo molesto.
- No se… tal vez… ni siquiera ella lo sabe…-
- Dejemos las cursilerías a un lado, iré por ella, hay que arreglar este asunto ya.- Esta vez el español habló algo molesto, Alfred lo observaba detenidamente, observaba todos los movimientos que hacía, así como su respiración. El primero comenzó a caminar en dirección del cuarto de la chica.
- ¿Qué rayos estará pensando hacer? Mejor voy detrás de él antes de que se le ocurra hacer alguna tontería.- Pensó el mexicano y fue casi corriendo detrás del español, Alfred los siguió con algo de calma, tenía que haber alguna forma de sacarlo sin hacer tanto escándalo y que no llamase la atención. El trio llegó a la puerta, dispuesto estaban a abrirla pero de esta salió la chica, quien los miró, no mostró ninguna emoción en su rostro y caminó rumbo a la cocina. Al llegar a esta cerró la puerta y se recargó en la pared, mirando al techo, abrazándose a sí misma.
- ¿Qué hago? ¿Qué hago?- Se preguntaba, había salido de la habitación y sin un plan, sin saber qué hacer, había salido a ciegas, ¿Cómo se los quitaría ahora de encima? Iba a ser un gran problema…
~~~~~ á ~~~~~
Afuera estaban los tres, Antonio quería abrir la puerta, tomarla de las muñecas y sacarla, aunque fuera a rastras de esa casa, pero gracias a Francisco había decidió esperar algo paciente a que la chica se dignase a salir de la habitación, Alfred se recargó de la pared que daba para subir las escaleras, observaba detenidamente cada movimiento de ambos hombres, no iba a dejar que se llevasen a su chica tan fácil, porque ahora era su esposa y nadie podía arrebatársela. Haría todo lo que estuviese en sus manos para tenerla a su lado, aun así tuviera que encadenarla a él. Ahora que lo pensaba… tal vez estaba loco, loco por ella, cualquier hombre quería tener a su lado a una mujer así de hermosa como Isabel, hasta comenzó a pensar que sentía algo por ella, o… tal vez era ¿obsesión? No, eso no podía ser, ahora ella era suya y eso nadie lo cambiaria, solo los observaría, esperaría y actuaría en cualquier caso, pero Isabel no iba a dejar esa casa, no en ese instante.
La chica optó por sentarse en el piso, no le importaba ensuciar su ropa, tenía que acabar con esto ya, no sabía si irse o quedarse, en parte quería irse, pues estar con un hombre al cual aún no conocía del todo, le incomodaba un poco, pero… ¿regresar? Sería una idea estupenda, sin embargo, por el tono con el que habló su hermano, no le daba buenas esperanzas, sabía que algo estaba mal en su tierra y si regresaba todo podía tornarse más negro de lo que estaba. Lo mejor era dejar a Francisco arreglar las cosas, aunque le costara mucho trabajo.
~~~~~ á ~~~~~
Ya había pasado al menos una hora, se estaban desesperando, la chica aun no salía de la cocina, y todos los presentes tenían sed, Jane se hizo tontita yéndose con el pretexto de que tenía que ir a comprar unas cosas, los hombres estaban sentados en la sala, mirándose los unos a los otros, en especial Antonio y Alfred, Francisco solo observaba las miradas de cada uno y al parecer se veían muy serios, demasiado… y eso daba algo de miedo…
- Tengo sed.- Se quejó el mexicano, deseando que alguno de los dos continuara con la conversación, pero fue en vano, todo se mantuvo en silencio.
- Veo que has sido muy paciente ¿no es así Antonini?- Dijo Alfred rompiendo el silencio.
- Cuando uno quiere y desea algo, es capaz de hacer cualquier cosa por obtenerlo.- Contestó el susodicho.
- ¿A si? Pues te aviso que eso que quieres no lo tendrás, a pesar de que allá sido tuyo una vez, ahora me pertenece.-
- No lo creo, no puede pertenecerte algo que has obligado a estar contigo, eso es de cobardes.-
- Es más de cobardes esconder el género de cierta persona para que no se lo arrebaten a cierta chica.-
- Admite que es una muy buena idea, nos sirvió por mucho tiempo, además no creo que seas capaz de gritarlo a los cuatro vientos, no te conviene, aun así… esa flor es mía.-
- Arráncala de mi jardín si puedes.-
- Claro que podré, le quitaré la malva que la tiene cubierta y…-
- ¡YA CALLENSE LOS DOS! Compórtense como los hombres que son, ustedes no tienen ningún derecho sobre mi hermana, a pesar de que tú, Alfred, seas su esposo, no puedes obligarla a hacer… ciertas cosas y tu Antonio… tú eres el menos indicado para hablar.- interfirió Francisco, sino lo hacia esos dos eran capaces de comerse vivos, pero sabía que esa pequeña paz no duraría mucho tiempo, necesitaban una respuesta y ya.- Iré a ver a mi hermana.-
- ¿Por qué solo tú?- Preguntó el estadounidense con un tono serio y macabro.
- Porque soy su hermano, es normal que los hermanos se apoyen, iré a hablar con ella, prometo que tendrán una respuesta pronto. Aviso que lo que ella escoja será por su cuenta, no por la mía, solo les pido que sean pacientes, tenía algo de tiempo que no estaba en una situación así… ya vuelvo.- Alfred ya no dijo nada, solo dejó que su cuñado se fuera a la cocina, estaba ansioso por saber la respuesta de Isabel.
~~~~~ á ~~~~~
- Toc toc.- llamaron a la puerta, la chica estaba sentada en el piso, abrazando sus piernas, el llamado no llegó a sus oídos, estaba sorda, pues sus pensamientos le habían hecho perder los sentidos y enfocarse en solo una cosa: ¿Qué debía de hacer? – Toc toc.- volvieron a llamar, esta vez el sonido penetró un poco sus tímpanos, pero no fue lo suficientemente fuerte como para regresarla por completo a la realidad.- ¡Toc toc!- llamó por tercera vez, dicen que la tercera es la vencida y esta vez tuvo éxito, la puerta se abrió lentamente y reveló a la chica.
- Isa… ¿te sientes bien?- Le preguntó el moreno.
- Y-yo… no sé…- contestó y comenzó a soltar lágrimas, una por una comenzaron a cubrir su rostro, Francisco levantó con cuidado su mentón y con un pañuelo le secó las lágrimas, esa escena… le recordó a cuando estaban más pequeños, de cuando se escapaban de la casa del español para ir a jugar al campo, de vez en cuando María sufría una que otra caída, la cual le provoca pequeñas lesiones y lloraba producto del dolor, entonces su hermano la socorría, un beso en la mejilla y limpieza de lágrimas… eso servía…
- No te preocupes hermana, deberías ir a tu habitación a descansar, al parecer esto es mucho para ti… si tan solo hubiese detenido a Toño…-
- No te culpes, estoy feliz porque he podido verte, estás aquí conmigo, justo como hace unos días, realmente quiero regresar a casa…-
- Ya verás que lo harás, sin embargo… esta vez es tu decisión si regresar o no, si te parece mañana puedes darles una respuesta, no te obligaré a quedarte, así como tampoco haré que te vayas ¿Está bien?-
- Estoy de acuerdo, mañana le diré, iré a mi habitación…- con esas palabras la chica salió de la habitación, Alfred y Antonio la observaron y vieron que su trayecto no estaba dirigido a ellos. Se levantaron de los asientos, dispuestos a seguirla, pero Francisco los detuvo.
- Déjenla, necesita pensar, nunca había estado en esta situación. ¡Gracias por lo que han hecho! Iré al jardín un rato, claro… si no les importa.- Los dos hombres se miraron con algo de odio, Antonio siguió a Francisco y Alfred se sentó de nuevo, observó como el español se retiraba al jardín, nunca le quitó la vista. Pasaron cerca de dos horas y ambos hombres ya se estaban desesperando, Alfred subió a la habitación para ver que sucedía con la chica, antes de entrar llamó a la puerta, pero nadie contestó, tocó por segunda vez y nuevamente no hubo respuesta, con cuidado abrió la puerta y solo pudo ver como las cortinas del balcón se movían por el aire.
- Maldición.- Pensó.
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- ¿A dónde vas?- le preguntó el español al norteamericano.
- Saldré a caminar un rato, estoy algo aburrido, necesito distraerme con algo.-
- Solo no le seas fiel a Isabel.- Le dijo con una sonrisa burlona.
- Serle infiel a una esposa a la cual ni siquiera has tocado y jamás tocaras… buen punto…- No dijo nada más y salió de la casa, iba caminando por la cera, metido en sus pensamientos pero a la vez buscándola.- ¿Dónde te habrás metido?- Se preguntaba.
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Vagaba por las calles, se abrazaba a sí misma pues la brisa que venía por ratos le daba algo de frio y, como no llevaba nada más que un vestido de tela delgada, era lo único que podía hacer. No quería regresar a esa casa, quería irse lejos, regresar a su país, pero era inútil, rápidamente la encontraría y no le iría muy bien. Caminaba sin rumbo fijo, simplemente iba a donde la llevaban sus pasos, le dio más de dos vueltas completas al área del centro de la ciudad, algunas personas comenzaban a verla raro y hasta pensaron que estaba enferma mentalmente, y si… estaba enferma, necesitaba desahogarse, sacar todo lo que odiaba, gritarlo, golpear cosas y hasta romperlas si era necesario, pero no… no podía, estaba atada de pies y manos invisiblemente, no veía las cadenas, pero las escuchaba cada vez que Alfred decía algo, con el simple hecho de escuchar sus suspiros lograba oír como las cadenas chocaban una entre otra, Alfred era el carcelario y ella… ella era el prisionera que suplicaba en silencio que le dejara en libertad. ¿A quién engañaba? Jamás la soltaría, no la dejaría correr a los brazos de su hermano, no dejaría que su cabello fuese golpeado por las brisas mañaneras, que jugara con el pasto y al parecer no la quería ver sonreír. Odiaba haber hablado, ese día andaba muy confianzuda, lo recordaba a la perfección, casi parecía la escena de película de comedia, que horror.
- Si tan solo… si tan solo…- Titubeó, pero no hubo ninguna continuación. Poco a poco sus ojos comenzaron a brillar, la garganta comenzó a dolerle, y la respiración se volvió algo agitada. La velocidad con la que caminaba disminuyó y antes de que sus reflejos le avisaran, cayó de rodillas, las lágrimas brotaron y un diminuto sollozo se escuchó mientras mordía sus labios.
- Odio todo…Lo odio… En especial a él…- Susurraba. Por ahí, cerca de donde estaba ella, se encontraba un hombre de muy buen parecer, estaba leyendo el periódico y al escuchar gemidos de llanto buscó con la mirada el origen de esos sonidos, hasta que dio con ellos: Era una chica con una apariencia de 19 años, piel morena clara y cabello castaño. Algo le dijo que la tenía que ayudar, pero lo que le preocupaba era que fuese a pensar que tenía malas intenciones hacia ella, así que decidió acercarse a ella con calma y posteriormente calmarla. Antes de acercarse miró a los lados para asegurarse de que no estuviese alguien observando, al ver que no había nadie fue a donde estaba ella.
- Hola, ¿puedo ayudarte?- Dijo con un tono muy amable y al parecer cargado de buenas intenciones. Isabel alzó la mirada y lo vio. Su rostro se venía algo rudo, pero en su mirada se veía todo lo contrario.
- D-disculpa… Mejor… Mejor me voy.- Contestó la chica mientras se levantaba a prisa para salir corriendo, pero el hombre la detuvo.
- No te haré daño, solo quiero saber si encuentras bien.- No hubo ninguna respuesta.- Sé que es extraño que un desconocido te ofrezca ayuda, sobre todo porque… Eres bonita… - El hombre se sonrojó.- No quiero que pienses mal, olvida… Olvida eso que dije…- De alguna manera eso había bastado para ganarse la confianza de la mexicana. Ella sonrió y extendió su mano.
- Isabel Fernández, es un placer.-
- Ludwing Beilschmidt, señorita.- Se presentó y correspondió el apretón de manos de la joven.
- No eres de por aquí, ¿Cierto?- Era obvio darse cuenta de eso, la simple manera de vestir lo delataba, así como la manera de comportarse.
- No, soy alemán. Estoy aquí por un asunto de negocios, llegué justo esta madrugada. Y tú… ¿Por qué estabas llorando? Disculpa si la pregunta te incomoda.-
- No te preocupes, son solo… Problemas de la vida… Ya sabes… Cosas sin importancia.-
- Pues discúlpame si lo que te digo no te agrada pero… Esas lágrimas parecen de desesperación, puede que ahorita estés sonriendo, pero ese problema que tienes encima te está matando por dentro, ¿O me equivoco?- El silencio fue la respuesta, así como la impresión de la mexicana.- Puede que seamos extraños, pero si quieres puedes contarme que te sucede y quizás pueda ayudarte.-
- ¿Realmente harías eso? ¿No se lo comentarías a nadie?-
- Te doy mi palabra.- María observó a los alrededores asegurándose de que no había nadie cerca, le hizo señas a su nuevo acompañante y él obedeció.
- ¿Podemos ir a un lugar más solo? No pienses que quiero otra cosa, es simplemente que no quiero que me encuentren.-
- ¿Estás huyendo? ¿De quién?- Si era alguien peligroso debía de hacer todo lo posible por hacer que ella estuviese bien, definitivamente era un reto.
- De mi esposo… Verás… Me casó a la fuerza con él.- Eso bastó para que Ludwing entendiese la situación.
- Entonces te sientes muy incómoda a su lado. Comprendo que quieras escaparte.-
- Al fin alguien me entiende. Mira, ese no es tanto el problema, el verdadero problema es que no sé qué hacer. Mi hermano mayor se enteró de lo que ocurrió y vino desde España hasta acá para llevarme con él, pero mi otro hermano, que tiene la misma edad que yo, me dice que escoja que hacer, con quien seguir mi camino y la verdad es que no tengo la más mínima idea de que hacer…- Eso era de pensar, pues no solo era una persona con quien lidiar, sino que eran 3. Vaya problema que tenía esa chica, aun así no se daría por vencido y la ayudaría en todo lo que pudiese, no importaba si se tenía que quedar aún más tiempo, estaba decidido: Ayudaría a esa chica costara lo que costara.
- ¿Tu esposo tiene poder en este lugar?-
- Podría decirse que si, además creo que donde yo vivía antes, en México, hay problemas y esa es una de las razones por las que mi hermano no quiere que vaya para allá.-
- Eso es grave… Si escoges irte para allá correrás peligro y si te quedas aquí solo sufrirás al lado de ese hombre. Pensaré como puedo ayudarte. ¿Te gustaría venir al hotel donde me estoy hospedando? Puedo invitarte algo de café y así estarías más a gusto, digo… Es mejor que vagar con por calles.-
- Por supuesto, vamos. Yo te sigo.- Lud detuvo un carruaje, abrió la puerta de este y extendió su mano ofreciéndosela a la joven, Isabel aceptó inmediatamente y ambos subieron al carruaje el cual los llevó hasta el hotel donde se quedaba el europeo. Una vez ahí, fueron a la habitación de él, si, se veía demasiado raro, pero nada malo ocurría ahí. La chica le contaba como era su vida con su esposo, mientras que él pensaba en cómo podía ayudarla.
- ¿Has pensado en huir de ahí?-
- Varias veces, pero no tengo a donde ir. El único lugar que tengo es mi casa en México, pero no puedo regresar, me encontraría.-
- ¿Y si fueses a Alemania conmigo?- Al escuchar eso la joven se sorprendió y en su rostro hubo un gesto de alegría, así como algo de rubor en sus mejillas.
- ¿Es enserio? ¿Irme… contigo? ¡No lo puedo creer!-
- No pienses nada malo, tú estarías encargada de la mansión donde vivo, ese sería tu trabajo.-
- Acepto, solo dime ¿Cuándo te irías?-
- Me voy en dos días, ¿Estarás lista para ese entonces?-
- Más que lista.- Contestó con una gran sonrisa.
~~~~~ á ~~~~~
- Esto es raro… Alfred salió e Isabel no ha bajado para nada.- Comentó el mexicano.
- ¿Acaso piensas que algo malo ocurrió?- Preguntó Antonio sin dejar de comer pan.
- Quizás, mi séptimo sentido me dice que vayamos a investigar.-
- ¿Séptimo sentido? No sabía que tenías más de cinco.-
- Es que se ocultarlo demasiado bien, nunca te conté de ellos porque eras capaz de experimentar conmigo.-
- Por favor, no hubiese sido capaz de hacer eso, o tal vez sí, pero nada serio hubiese pasado, además Isabelita te protegía demasiado. No entiendo porque nunca se enamoró de mí… Tanto que le demostraba mi afecto…-
- Es obvio, nos tratabas de la chingada, tratabas de lo peor a nuestra gente, nos discriminaban los tuyos, nos tenías encerrados, te robabas nuestro oro y ufff… Alégrate de que no continuo con la lista porque te iba a dar un fuerte dolor de cabeza.- Antonio rápidamente hizo un cambio de conversación, no quería recordar el pasado, le dolía no poder estar con sus pequeños hermanos y no poder encerrarlos… Que dolor por parte de él…
- Mejor vez a ver si está Isabel allá arriba, sino para que entre de una vez en pánico.-
- Ta'bueno, ya vuelvo. Espero no tardar.- Y así Francisco emprendió su camino hacia la cueva del lobo, pero se detuvo en el primer escalón.- Tengo miedo Toño…-
- No seas nena y sube a verla.-
- Te atreves a llamarme nena… Algún día tu economía sucumbirá por eso. Además no es que sea nena, solo no me quiero arriesgar a sufrir golpes de tercer grado.-
- Eres una nena y punto.- Repetía el español y otra vez, además de que estaba simulando aletear como una gallina. Francisco le lanzó una mirada asesina, se estaba cansando y era capaz de ir y golpearlo con todas sus fuerzas *cof cof* Si es que podía.
- ¡BASTA!- Gritó el mexicano enfurecido.- Te vez tan infantil que me das pena, sigue así y negaré que alguna vez fuimos hermanos.-
- Sigue así y yo sacaré tus temores más oscuros a flote.- Le contestó con una sonrisa sádica.
- Prefiero que me patee mi propia hermana a que me patee un estúpido.- Dijo para sí mismo y caminó hasta la habitación de la chica. Ya estando enfrente de la puerta tocó, pero nadie le contestó.- Isa… Ya sé que quieres estar sola, pero… Quisiera… Quisiera saber si estás bien… Sé que esto es muy difícil para ti, además que también lo es para mí… Por favor… Abre la puerta y deja caer tu bella melena amada mí… ¡PERO QUE COÑO! ¡Este no es el discurso emo-barbie que yo escribí!- El mexicano sacó de su pantalón varios papelitos y comenzó a buscar como loco el que traía un conmovedor discurso dirigido a su hermana. Lo escribió mientras se encontraban rumbo a Estados Unidos sobre un burro. Ya se había cansado de estar jugando con Antonio a "Adivina que miro" y se le hizo más entretenido escribir algo para su querida hermana que ver solo cactus, además casi presentía que algo así iba a suceder.- Hermanita… Ábreme, no seas mala… Por fis ¿sí?- Suplicó, pero no obtuvo respuesta. De nuevo volvió a tocar la puerta pero nadie contestó. Esto no le gustó en lo más mínimo.- ¿Estará abierto?- Se preguntó y decidió averiguarlo por sí mismo. Abrió lentamente la puerta, se asomó al paso que la abría, solo para descubrir que no había nadie.- ¡YA DECÍA YO QUE EL MUGRE GRINGO NOS LA HABÍA JUGADO SUCIO!- Gritó en la habitación para después salir corriendo al primer piso.- ¡ANTONIO! ¡ANTONIO!- Gritaba mientras bajaba las escaleras con desesperación.- ¡SE ROBÓ A ISABEL ESE MALDITO DESGRACIADO!-
- ¡¿QUÉ?! ¡TIENE QUE SER UNA BROMA! Ya sé… Tiene que ser un simulacro para entrar en pánico, ¿cierto?-
- No Toñito… María no está y Alfred tampoco…-
- ¿Entonces podemos perder la calma y salir corriendo a la calle?-
- Así es…- Contestó entre lágrimas.
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Ya había recorrido los lugares más concurridos y donde pensaba que podría estar la chica, su chica, pero no había rastro de ella por ningún lado.
- ¿Dónde se habrá metido? ¿Y si escapó? No creo… Ella no haría eso…-
Continuó caminando por un rato, dando vueltas una y otra vez por los mismos sitios, todo estaba tranquilo, hasta que…
- ¡POR EL NOMBRE DE QUETZALCÓATL TE ORDENO QUE SUCUMBAS A MI IRA!- Gritó Francisco mientras corría hacía él. Alfred no reaccionó a tiempo y fue embestido por el mexicano, mientras que Antonio lanzaba piedras pequeñas.
- ¡¿QUÉ RAYOS TE SUCEDE?!- Gritó el gringo espantado evitando, a duras penas, el ataque de moreno.
- ¡A nosotros no nos engañas! Raptaste a Isabel, la escondiste en algún sitio secreto de por aquí y planeas volverla inmortal para estar siempre con ella además de lavarse el cerebroooo.-
- Estás loco Francisco… Jamás haría eso…-
- Así que no quieres aceptar la verdad ¿eh? Entonces… ¡Prepárate para esto!- De su bolsillo sacó un tornillo y con el amenazó al estadounidense. Los presentes se atemorizaron y comenzaron a alejarse lentamente del trio raro. Unos niños corrieron a la estación de policía para dar aviso sobre lo que estaba sucediendo. Alfred se levantó del piso pero nunca le quitó la vista al tornillo asesino.
- Podemos arreglar esto de manera civilizada, no es necesario que parezcas un mandril en celo… Después de todo somos personas racionales ¿no creen?- Intentaba hacer entrar al mexicano en razón.
- ¡A mí no me vas a convencer con tus juegos inútiles!- Y dicho esto se lanzó sobre el rubio para hacerlo sufrir la fuerza de los dioses aztecas. Antonio aplaudía y gritaba:
- ¡Vamos Francisco! ¡Tú puedes! ¡Haz que te regrese Texas!-
La gente gritaba desesperada mientras observaba como se peleaba ese par de chicos, suplicaban que alguien llegara a detenerlos antes de que alguno de los dos resultara gravemente herido, pero ni los fortachones del área se atrevían a parar la pelea. Por fin un caballero se acercó, hizo lo posible por tomar a alguno de los dos de los brazos pero…
- No puede ser… Lo mandaron a volar hasta Nueva York…- Dijo una mujer a punto de desmayarse.
- Isabel se irá con nosotros…- Decía el moreno luchando.
- N-No… Ella es mía… Y se quedará…- Contradecía nuestro sexi amigo lentudo.
- Q-que no, ella hará lo que le diga…-
- ¿Qué yo haré que?- Interrumpió una tercera voz.
[Holi *-*/ Después de más de un año sin actualizar este fic decidí que era de continuar con el trabajo olvidado. Espero que haya quedado bien este capítulo y si no háganmelo saber^^ Ojalá les guste, que sea de su agrado. Nos leemos pronto~]
