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"Aléjate de mí"
Capítulo X
-Stay-
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Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.
Dedicada a LESVAL y Rouge Passion, por sus ánimos a subir esta historia.
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—¿Por qué hiciste eso? –preguntó Yaten a Minako en cuanto vió a Rei desaparecer por la puerta de la cafetería.
—¿Hice qué? No sé de qué me hablas. –evadió ella, fingiendo no entender nada.
—No te hagas la tonta, Aino. –insistió el platinado, mirándola fijamente. Mina se hizo la loca y bebió de la taza de él.
—No hice nada, Yaten. Si te explicaras mejor, sabría de lo que hablas.
Yaten suspiró, sabiendo que ella no cedería. Con calma y recargado en la silla, comenzó a hablar.
—¿Me vas a decir que no fuiste grosera con tu propia amiga y prácticamente la corriste? –preguntó el platinado con suspicacia.
—¿Yooooo? ¿Cuándo hice eso? Yo sólo pregunté si ya no tenía clases, es todo. No seas paranoico, Kou. Además, ¿De cuándo acá te volviste tan educado? –reclamó Mina, sacando a relucir lo que ella quiso saber ante todo. Yaten volvió a suspirar. Estaba perdiendo el tiempo.
—Olvídalo, Aino. –rindióse el ojiverde. No obstante, Minako no pensaba parar ahora.
—Además, ¿Qué fue eso de "Te llevaré de regreso" y "Te llamaré más tarde"? ¿Desde cuándo te volviste tan servicial?
—Para ya, Mina -dijo Yaten comenzando a fastidiarse-… De cualquier modo, no tengo por qué darte explicaciones. Me voy. –indicó antes de levantarse de la silla. Ni él mismo pudo explicarse su actuar, ni esa necesidad intensa de detener su partida de hace un momento. Sólo lo sintió, sólo lo hizo.
—¿Ahora resulta que no tienes por qué? Yaten, ¿Estás consciente de lo que me estás diciendo ahora mismo? ¿Es ese el lugar que me has dado siempre?
Ni Mina se enteraba de lo que estaba hablando. Directamente le reclamaba el significado que ella logró tener para él en esos años, en los que ella creyó ocupar ya un lugar especial en el corazón de él. El ver de modo abrupto que esa no fue la realidad, la decepcionó al grado de hacerla enfadar y odiarlo por dentro, a él y también a Rei. No es que creyera que ella tenía la culpa, sólo que el que fuera la que hubiese logrado lo que ella no, la enojó.
Yaten al escuchar sus palabras volvió a sentarse y la miró serio. No sabía que tendría que reaccionar en una situación como esa, todo se iba complicando cada vez más.
—¿Qué lugar pensabas tener? ¿Acaso no me conoces después de este tiempo? ¿Creías que eras mi novia o algo así? Minako despierta, estás perdiendo el tiempo. Si te dejé estar cerca fue porque tú no te fuiste.
Mina quedó boquiabierta y sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no las derramó.
—Ahora es que no te conozco… -dijo ella con decepción en la voz, antes de levantarse de la mesa para irse. Sólo cuando quedó fuera de la vista del platinado, las lágrimas cayeron sobre sus mejillas.
Yaten ni siquiera pensó en detenerla. En ningún momento dijo mentiras, al contrario, aclaró un asunto que tenía pendiente con ella. Aunque por la sensación incómoda que revoloteaba en su ánimo, sabía que empezaba a remorderle la conciencia, pues aunque era cierto que él jamás le ofreció un lugar como una novia ni compañera, también era cierto que le guardaba cierto aprecio, el que le había otorgado la convivencia frecuente. Sin embargo, lo había enfadado de alguna manera, lo que le hizo que soltar aquellos argumentos hirientes.
Su enfado por otra parte, también se extendía a Rei Hino. Las excusas tontas que ella enarboló, la necia necesidad de explicar la situación a Minako, relegándole a un lado., tomando esa estúpida actitud de autosuficiencia.
Bebió el resto de café ya frío que quedaba en la taza y se levantó de la mesa dispuesto a marcharse, pero antes de hacerlo, echó una mirada a la mesa que se halló del otro lado de la cafetería, en la misma donde se encontraba la pareja de la que antes Hino y él sacaran conclusiones fantasiosas. De los ojos añiles de la chica brotaban lágrimas. Ella lloraba. El chico no parecía más sereno.
Ellos rompían.
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Con mucha fuerza de voluntad, Rei se concentró en sus clases. Decidió centrar sus pensamientos en la gramática inglesa y francesa de aquellas sesiones, ignorando todo lo demás. No obstante, la sensación nauseabunda instalada en su estómago no desapareció.
Las clases terminaron y hubo que volver a casa, sin embargo, Rei no quería volver. Sentía que si lo hacía, ese vacío que se iba apoderando de su pecho crecería y crecería hasta apoderarse de todo su cuerpo. Esa noche no tenía una razón especial para volver, esa noche Yaten no estaría allí.
Recordó que le faltaban varias cosas en la despensa y creyó que era buena idea pasarse por el supermarket a comprarlas. Tomó una de las canastillas de metal y se puso a recorrer los pasillos: leche, yogurth, cereal, pañuelos, una crema facial, acondicionador para el cabello…
—¿No se te olvida algo?
Rei alzó sus ojos amatistas cuando vió caer en su canastilla, una bolsa de celofán transparente repleta de dulces diversos. Sus pupilas entonces enmarcaron la figura altiva de Yaten Kou.
—¿Qué estás haciendo aquí? –fue lo único que pudo salir de su garganta.
—¿Esto es en lo que estabas muy ocupada hoy? –inquirió el platinado, dejando entrever una sonrisa incrédula.
Rei recordó sus propias palabras y el porqué las había dicho. Obviamente no podía darse el lujo de desmentirlas.
—¿No puedo hacer otras cosas por mi cuenta? Me quedaba de paso así que decidí pasar a comprar algunos artículos. Ya te había dicho que no había podido hacer la despensa. Pero tú, ¿Qué haces aquí? Creí haberte dicho que no nos veríamos hoy.
—¿Qué? ¿Crees que vine siguiéndote? –cuestionó Yaten con una sonrisa burlona-. Vaya que eres vanidosa, Hino. Te vi por casualidad, yo también pasé por un par de cosas que necesitaba.
Y era cierto. Yaten después de salir de la cafetería se dirigió al departamento que compartía con sus hermanos. Allí estuvo un par de horas, en las que terminó por aburrirse; así que con la excusa de comprar algunos artículos de papelería salió a conseguirlos. En el camino se adentró a un establecimiento cualquiera, y sin provocarlo, como si la llamase con el pensamiento, Yaten vió a Rei caminando por el pasillo de las conservas.
Al principio pensó que era una broma gastada por su cerebro, no obstante, al observarla doblar el pasillo y mostrar su perfil, confirmó que era ella. Algo en su interior le hizo seguir sus pasos y acercarse, en especial después de la separación abrupta de esa tarde.
—Pues qué coincidencia tan extraña. Espero que encuentres lo que buscas. Nos vemos luego. –dijo Rei con cortesía y dio media vuelta para dirigirse a las cajas de pago.
Yaten sonrió y siguió sus pasos en silencio. Rei volteó y le dedicó una mala mirada.
—¿Me estás siguiendo?
—¿Sigues con ese complejo de Diva? No eres la única que va a las cajas de pago. –aclaró el platinado, disfrutando del desconcierto que iba ella pintando en su rostro marmóreo.
Rei rodó los ojos y continuó su camino. Sus labios por fin dibujaron una sonrisa y la sensación de vacío iba desapareciendo poco a poco. Su mente se iba relajando y de nuevo ya no pensaba en nada más que no fuera el presente exacto que estaba viviendo. Incluso la sensación nauseabunda que acompañaba las punzadas de su pecho disminuyó hasta desaparecer.
Cuando salieron de la tienda, ya hablaban libre y despreocupadamente del tema que siempre les apasionaba.
—Y así fue que se me ocurrió cómo terminar la canción. Hace falta que le des un vistazo. –comentó el platinado.
—Habría que verla… -opinó ella, tomando las bolsas de la canasta.
Yaten sonrió de lado por la arrogancia que leyó en sus palabras y le quitó las bolsas de las manos. Rei frunció el ceño, confundida.
—¿Qué haces? –preguntó la pelinegra.
—¿Qué se supone que crees que hago? –inquirió Yaten de vuelta, ignorándola para seguir caminando en dirección al estacionamiento.
—¡Yaten, espérame! ¿Dónde vas?
Rei lo vió desactivar la alarma de su automóvil oscuro y abrir la cajuela del auto, en la que dejó todas las bolsas.
—Entra. –ordeno el platinado dirigiéndole una mirada breve antes de adentrarse al auto del lado del volante.
La chica ni tuvo tiempo de protestar e hizo lo mismo en el asiento del copiloto. Nada más cerrar la puerta, el platinado arrancó.
—¿Dónde vamos?
—¿Dónde crees? Te llevaré a casa. –respondió Yaten despreocupado.
—No es necesario, Yaten. Deberías regresar, te dije que hoy no tendremos práctica. –dijo Rei, mirando su perfil.
—Ya lo sé, pero no está tan lejos. Además ya es bastante tarde para que regreses sola. Si te pasa algo, ¿Quién revisará mi canción? No puedo arriesgarme a que todo quede inconcluso, así que no te acostumbres, te llevaré sólo esta vez.
Rei sonrió por los comentarios y ya no insistió más. Su mirada violácea se perdió por la ventanilla.
—¿Mañana tendremos práctica? –cuestionó el ojiverde, deteniendo el coche en la luz roja del semáforo.
Rei volvió a mirarlo y negó con la cabeza.
—No, mañana quedé con mi padre para ir a un lugar. Quizá regresemos bastante tarde.
—¿Dónde irán? –inquirió el peliplata con naturalidad, esa curiosidad que ella le despertaba parecía siempre activarse en automático.
Rei se quedó sin saber qué decir, la pregunta la tomó por sorpresa. Dudó por un instante sobre decirle la verdad o sencillamente mentir inventando cualquier cosa. Sus ojos volvieron a perderse por el cristal de la ventanilla.
—A un lugar cerca de Narita. Iremos a rendirle honores a mi madre. Mañana será su aniversario luctuoso.
"¿Luctuoso?", repitióse Yaten en su cabeza, cayendo en el significado de aquel vocablo.
—Ella…
—Sí –respondió Rei a Yaten, anticipando su pregunta-, ella murió cuando yo tenía ocho años.
El chico asimiló la información y permaneció en silencio. Internamente se maldijo por inmiscuirse en un asunto que no le concernía, y que tenía como resultado esa expresión sombría en el rostro pálido de Hino.
—Yo no… -intentó disculparse. Rei sonrió brevemente y negó.
—No te preocupes, no es nada. De eso ya hace muchos años. Por eso es que no podremos vernos mañana, pero quizá pasado mañana, no estoy segura. Yo te llamaré.
Yaten asintió en acuerdo, y Rei pudo ver su incomodidad.
—Pero debes seguir practicando aunque yo no esté, Kou. El que hayas escrito una canción completa no significa que sea buena, debes escribir un montón de ideas para que la inspiración no se vaya y te sea mucho más fácil escribir cualquier melodía. ¿Entendido? No puedes andar vagueando en mi ausencia. –amenazó la pelinegra con un tono divertido, haciendo que Yaten riera y el aura tensa que se había formado se desvaneciera.
—Está bien, Hino Sensei. –burlóse Yaten, siguiéndole el juego.
Llegaron pronto a la entrada del templo y Yaten paró el auto un momento, ambos bajaron del auto. El peliplata abrió la cajuela y extrajo las bolsas de su compañera, dejando las suyas dentro.
—Toma –dijo extendiéndolas a su dueña, no obstante, se arrepintió y las apartó cuando ella las iba a tomar-. Mejor te las doy allá arriba, ¿Quién dice que aquí estás a salvo? ¿Qué tal si hay algún maleante por el páramo? No, no, debo asegurar mi canción. Vamos, te acompañaré arriba.
Y escuchando el decreto del muchacho, Rei lo vió subir las escaleras, dejándola atrás y sin la oportunidad de decir absolutamente nada. Terminó siguiéndolo.
—De verdad que eres testarudo, Kou. Debería contratarte como mi guardaespaldas. Mi padre estaría orgulloso de tu trabajo. –acotó la pelinegra, bromeando con él mientras subieron las escalinatas.
—¿Tu padre, por qué? Y por cierto, ¿Dónde vive él? Jamás lo he visto en el templo.
Rei sonrióse a si misma, por abrir la boca y darle oportunidad de saber más cosas de ella. Pero no podía evitarlo, cuando estaba con él, decía muchas cosas sin pensar. Además había algo que jamás creyó que volvería a sentir con una persona: Confianza.
Por una extraña razón, ella se sentía segura de decir cualquier cosa y saber que no sería traicionada, creía que podía confiar en él. No estaba segura del por qué, pero lo hacía, confiaba en Yaten Kou.
—Bueno, digamos que su posición le hace necesario estar en constante movimiento, así que no vivimos juntos. Y eso hace que siempre este preocupado de que vaya por la vida causando problemas.
—¿Problemas? ¿Tú? Já, quisiera ver eso –bromeó Yaten ante su declaración-. ¿Pues a qué se dedica tu padre?
—¿No conoces a Takashi Hino? –inquirió Rei, notando que Yaten era una de las pocas personas que no la relacionaban con él, como la mayoría de la gente.
—Takashi Hino… ¿De casualidad hablas del Senador de la Asamblea de Representantes? –preguntó el platinado, dudando de su respuesta.
—¿Puedes creerlo? –dijo Rei por toda respuesta, afirmándolo con ello.
—¿En serio tu padre es una figura política? Jamás me lo hubiera imaginado… Ahora entiendo de dónde sacaste ese mal carácter. –comentó el ojiverde con sorna.
—¿Mal carácter? –repitió Rei incrédula-. ¿Quién es el que tiene mal carácter aquí? ¡Ah, de verdad que eres cínico!
La risa brotó de los dos, mientras llegaron al patio central. La plática que auguraba ser la más incómoda para Rei Hino –por tocar dos de los temas más delicados en su opinión-, sorpresivamente se había vuelto amena hablándolos con él.
Sus risas pararon cuando se percataron de la persona que sentada en la entrada del santuario, parecía esperar con paciencia. Cabellos rubios, chaqueta café, ojos azules.
—Serena… -enunció Rei, reconociendo a su amiga.
Yaten se tensó y plasmó uno de los tantos gestos rígidos que pintaba cuando se topaba con personas con las que no estaba especialmente cómodo, aún fueran personas que él conociera.
—¡Hola, Rei! ¡Hola, Yaten! –saludó Serena, incorporándose para acercarse a ellos-. Pensé que ya estabas en casa a esta hora. Intenté llamarte pero no me respondías el celular.
—¡Oh! Es que se me acabó la batería por la tarde. No pensé que fueras a visitarme hoy, de saberlo hubiera vuelto antes. –explicó la pelinegra, sonriendo con nerviosismo.
La sensación que sintiera por la tarde en la cafetería, volvía a su cuerpo como una maldición. Su pecho iba aprisionándose, y en la boca del estómago nuevamente se le hacía un nudo. Yaten iba notando sus reacciones y se sintió enfadado de nuevo. Decidió que era hora de irse.
—Bueno, yo me voy. Nos vemos cuando vuelvas para lo de la canción. –comentó seco, mirándola rápidamente. Rei atendió sus palabras y cruzó su mirada con la suya.
—Sí, yo te llamaré. Gracias por el aventón.
El platinado no contestó y dio media vuelta para marcharse, sin siquiera dirigir una palabra a Serena. Rei vió su porte de espaldas alejarse, hasta desparecer por las escalinatas. Poco después escuchó el sonido del motor de su auto encenderse y desaparecer en el silencio. Él se había ido.
Cuando volvió en sí, miró a su amiga y la vió toda pensativa y callada. Cosa rara, rarísima en Serena Tsukino.
—¿Qué te pasa? ¿Viste un fantasma? No te quedes allí pasmada y ayúdame con estas bolsas. Anda, anda. –dijo Rei, recuperando su característica actitud y tomando el control de la situación.
Serena obedeció y tomó dos de las cuatro bolsas que su amiga portaba. Mientras le siguió los pasos, no pudo evitar murmurar aún pensativa.
—Parece que es cierto…
—¿Qué es cierto? –inquirió Rei, oyéndola balbucear.
—¿Eh?... Oh, nada, nada. –negó la rubia, percatándose que había hablado en voz alta.
Rei se conformó con eso y continuaron hasta la habitación. Allí la pelinegra encendió las luces e invitó a su amiga a sentarse, mientras llevó las bolsas de su despensa a la cocina. Cuando volvió, Rei encontró a Serena mirando unos CD´s.
—¿Qué pasa? Es raro que vengas a esta hora solo para hacer una visita social –empezó Rei, ofreciéndole una de las tazas de té de azahar que traía en la manos-. ¿Te corrieron de casa? ¿Escapaste? No me digas… ¡¿Estas embarazada?
—¡¿Qué? ¡Rei! ¡No, no estoy embarazada! –exclamó Serena alarmada, hasta ella misma se había asustado por las conclusiones de ella.
—¿De verdad? Qué alivio… No me gustaría convertirme en tía tan joven. –apuntó la pelinegra, sentándose en el borde de la cama.
—¿Tía? ¿Lo dices por… -intentó preguntar Serena, pero se calló. Rei frunció el ceño por su balbuceo.
—¿Qué, ya no me consideras tu hermana mayor? Vaya que cambias de opinión fácilmente, niña. Déjalo, no será mi sobrino. –atajó fingiendo molestia.
—Ah, lo decías por eso… -entendió la rubia, sonriéndose nerviosa-. Yo pensé que por lo otro.
—¿Qué otro? –precisó Rei sin entender el punto, y del cual la curiosidad se le había despertado-. De qué me estás hablando.
—Oh, de nada. Olvídalo, no es nada. –excusó Serena. La pelinegra dejó de beber su té y dejó la taza en el buró de madera junto a su cama.
—Sabes que odio que me hablen con rodeos ¿No? Habla si no quieres que conjure una legión de espíritus para que te acompañen a casa. –amenazó Rei, mirándola fijamente.
Serena tembló ante la idea.
—¿Fantasmas? –balbuceó con la piel de gallina.
—Yo dije espíritus. –corrigió Rei.
—Para el caso es lo mismo. ¡Odio los fantasmas! –chilló la rubia.
—¿Entonces vas a hablar? O ¿Debería comenzar a convocarlos? –se divirtió Rei, mirando cómo su amiga brincó ante la propuesta.
—Está bien, está bien. Te lo diré pero no convoques nada.
—Habla. –instó Rei con su calma victoriosa.
—Es que pensé que dijiste que no querías ser tía, no por el hecho de considerarme tu hermana, si no porque inevitablemente sería tu sobrino por ser hijo de Seiya… y por lo de tú con Yaten…
—¿Lo de mí con Yaten qué? ¿A qué te refieres?
—¿No es cierto que estás saliendo con Yaten o algo así? –inquirió Serena
—¿Por supuesto que no, de donde sacas esa tontería?
—Mina…
Serena se llevó las manos a la boca y no terminó de contestar. Rei frunció el ceño escuchando lo suficiente para darse una idea.
—¿Minako te dijo eso? ¿Y tú lo crees? –preguntó Rei con suma incredulidad-. ¡Ah, en serio! ¿Cómo puedes creer eso? ¿Acaso parezco esa clase de persona? ¿Por qué no entienden que sólo lo estoy ayudando con su estúpida canción? ¿Minako está tan descerebrada que cree que le quitaré a su novio? ¡Por Dios, es tan tonta!
El enojo se le podía notar inmediatamente en la voz. ¿Cómo había llegado todo a eso? ¿Por qué sentía de nuevo ese malestar, esa culpa ante las aseveraciones de Serena? Y aun más, ¿Cómo era que Minako podía decir tales cosas de ella? En toda su vida, Rei jamás traicionó a una sola amiga, mostrando su fidelidad y confianza en todo momento. El hecho de que esa fidelidad y lealtad fueren puestas en duda por sus amigas rubias, la puso furiosa. ¿No se suponía que ellas le conocían? Ya comenzaba a dudarlo.
—Pero no te agobies Rei, ya sabes cómo es Mina. Seguro no lo dijo en serio. –excusó Serena, tratando de aliviar la tensión de su amiga.
—¿En serio?¿Entonces a qué viniste? ¿No fue porque querías confirmar si era cierto?
—¡Por supuesto que no! Yo pensé que eran exageraciones suyas, ya sabes que es bien paranoica. Más bien, venía a invitarte para lo de este sábado.
—¿Lo de este sábado? ¿Qué hay este sábado?
—Bueno, pues a Seiya y a mí se nos ocurrió hacer una reunión el sábado en un club nocturno. Invitamos a varios amigos y bueno, las chicas me dijeron que les encantaba la idea de ir a divertirse un rato. Y pues como no nos hemos visto últimamente, vine hasta acá para invitarte. ¿Quieres venir con nosotros?
Rei escuchó a Serena explicar la situación, y su mente voló inmediatamente a los asuntos de su agenda para aquel día.
—No se… no recuerdo si tengo algo programado para ese día. Pero me suena bien la idea, es bueno relajarse de vez en cuando. Aunque no sé si con esto de Minako, realmente sea una buena idea asistir. –externó la pelinegra, sintiendo de antemano la incomodidad de encontrársela tan pronto.
—¡Ay, Rei! ¿Cómo crees? Ya te dije que no hagas caso de eso, así es Mina. ¡Anda, vamos! ¡Todas irán! –insistió la chica rubia.
—Lo pensaré, Serena. Probablemente sí asista, pero no te aseguro nada aún. Yo te aviso un par de días antes para confirmarte, ¿Vale?
Serena asintió y se puso enseguida a hablar del dichoso club, y de cómo había surgido la idea de organizar la reunión. Cuando menos se dieron cuenta, el reloj de mesa marcó las 12:30 y Rei le prohibió a Serena regresar a casa tan tarde, por lo que ofreció a su amiga rubia, quedarse a dormir allí.
Sin mucho trámite, Serena aceptó y continuaron poniéndose al dia con sus asuntos cotidiano. Bebieron un poco más de té, y finalmente se alistaron para dormir. No obstante, Rei por más que intentó no pudo conciliar el sueño, sino hasta mucho después, ya muy adentrada la madrugada, cuando su conciencia adormecida por el cansancio de ese día la fueron aletargando, sumiéndola en un sueño profundo.
En sus sueños, los malos recuerdos volvieron, en forma de pesadillas.
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10. "Stay" - Big Bang.
¡Annyeong!
¡Siento la espera! *No me apedréen* Es que en serio que mi atencion ha estado demasiado dispersa en otro asunto realmente importante para mi y que ultimamente abarca el 80% de mi tiempo y pensamiento, ademas de que a veces el trabajo no ayuda a dejarme algun tiempito para escribir. Pero en serio, intentaré ponerme las pilas para seguir actualizando lo mas pronto posible esta historia. Si alguna me sigue en algun otro de mis fics, les diré que no deben preocuparse, pues todos serán concluidos, lo prometo =) Primero este y luego el siguiente y asi sucesivamente xD
Pero despues de mis disculpas cínicas, les digo que bueno... este arroz ya se coció xD De aqui en más, no me culpen si los personajes se salen totalmente de mi control y de su OC, preparense para descubrir los secretos y para una que otra escena intensa =) Okas, pues me voy, espero sus comentarios a respecto de este capi =)
Muchas gracia a todos los que leen y se pasan por aquí, en especial a: Sheila Sevigne Sakurai, Rei-Videl3, Imari Malfoy Vampire Kou, Dianarr07, Patty Ramirez de Chiba, Nickrivers (la jueza rivers xD) y mi twina LESVAL.
Y a todos los que se pasan por aqui sin evidencias xD
Ps: En serio, escuchen la song, esta preciosa~~ con subs en español =)
¡Os adoro!
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¡Annyeong!
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*Sol*
