Capítulo 9.
POV CARRICK
—Carrick, tienes que comer cariño, ¿Porque no vienes al comedor? —Me dice Grace en la puerta de mi estudio.
— ¿Qué hora es?
— ¡Casi las 8 de la noche!
No puedo creer que me haya pasado todo el domingo aquí sentado, yo y mi botella de Bourbon.
—No tengo hambre, Grace.
—Lo sé, yo tampoco, pero Mia ha pasado toda la tarde en la cocina, me imagino que para distraer su mente.
Suspiro resignado.
— ¡Enseguida voy! —Me dirijo con ella a la cocina, y veo a mi hermosa hija, mi pequeña princesa, la alegría de esta casa, con su cara toda enrojecida, creo que ha estado haciéndose la fuerte para que no la viéramos llorar, pero veo que hoy no ha podido más.
— Mia, cariño. ¡A tu hermano no le gustaría verte así!
—Lo se papá, es solo que me puse a cocinar para distraerme, preparé filetes y ensalada de pollo, la que le gustaba, sin pensarlo me puse a hacerlo con la esperanza de que viniera esta noche a cenar.
— ¡Oh Cariño! —La abrazo y beso su cabeza, para ninguno de nosotros era secreto que Christian amaba a su pequeña hermanita, incluso si él tratase de ocultarlo, por algún extraño motivo que aún no alcanzo a entender mi hijo se distanció mucho de nosotros ¡Y no!, no fueron a causa de sus traumas de infancia, ni las discusiones y enfrentamientos que hemos tenido. ¡Hubo algo más! Estoy casi seguro de eso, aunque no sepa el motivo.
—Tu hermano te quería mucho, de hecho eres la única que podía abrazarlo sin que explotara como una bomba de tiempo. —Le digo para calmarla.
—Lo sé, papá. ¡Yo lo quiero mucho! Aun cuando a veces se comportase como un idiota… me encantaba sacarlo de quicio, ¡el siempre trataba de estar tan controlado y sereno! —Me muestra una media sonrisa.
—No siempre cariño, no siempre… ven vamos a comer esa delicia que nos has preparado.
La cena trascurre en total silencio, ninguno de nosotros tiene muchas ganas de entablar alguna conversación banal, insignificante y fútil frente a todo este dolor que estamos pasando.
—Buenas Noches, Familia. —Llega Elliot de pronto a la mesa.
—Cariño, no te esperábamos. Creí que estarías con Kate, ¿Quieres cenar? —Le pregunta Grace en plan maternal.
—Sí, mamá. Gracias. —Le dice algo cansado, se sienta en la mesa y espera a que Grace y Mia regresen con un plato y cubiertos para él. —Estuve arreglando unos temas de la constructora para distraerme, luego fui con Kate, ella estaba con el Señor Steele, al parecer Ana ya lo sabe.
—Lo sabemos, hijo. —Responde Grace. —Esta tarde hablamos con Ray y nos lo dijo.
—Como soy la única que no se entera. —Nos dice Mia a todos, por su tono de voz sé que está muy molesta.
—Cariño, estabas en tu habitación cuando llamó, fui a buscarte pero estabas dormida, no quise despertarte. —Dice Grace.
Elliot continúa.
—Sí, pues… no se lo ha tomado nada bien, tuvo una especie de ataque, tuvieron que volverla a sedar, pero al parecer esta vez, su corazón se aceleró y dejo de respirar, suerte que la tenían en cuidados intensivos, la atendieron de inmediato... tuvieron que intubarla.
— ¡Eso no nos lo dijo Ray! —Digo asombrado por lo sucedido.
—Sí, nos dió a todos un buen susto, su padre pensó que se estaba muriendo, de hecho creo que fue así. Kate no podía dejar de llorar. Estuve con ellos hasta hace poco. Ana ahora está estable y el médico dice que según sea su reacción mañana la volverá a dormir o la pondrá en una habitación.
—Pobre Ana. Tal vez podamos ir mañana a verla. —Dice Mia.
—Yo creo que no es conveniente aún Mia. —Le dice Elliot. —Creo que es mejor que este solo con su padre y Kate.
—De hecho Elliot, nosotros iremos mañana a ver a Anastasia. —Le digo. —Como te dije, Ray habló con nosotros, además, tal vez mañana den los resultados forenses sobre el cuerpo de tu hermano. ¡Quiero saber que pasó!
Elliot en seguida deja de comer.
—Se me ha quitado el apetito papá, he pasado todo el día intentando evitar pensar en eso.
—Lo se hijo y lo siento, no tenía que traer ese tema a la mesa. —Le digo con la mejor calma posible, aunque al final se me quiebra la voz.
Terminamos de comer y le digo a Elliot que quiero hablar con él en mi estudio. Él me sigue y cierro la puerta al llegar. ¡No quiero que ni Grace ni Mia nos escuche!
—Hijo, me gustaría preguntarte algunas cosas de tu hermano.
— ¿Cómo qué papá?, Christian fue siempre muy reservado, y cuando le preguntaba de sus cosas siempre me respondía casi lo mismo, del trabajo… nada más.
— ¿De seguro que no sabes algo más?
—No lo sé, papá. Tal vez… ¿Qué es lo quieres saber?
—Tu hermano tenía hecho una especie de testamento, aunque lo disfrazó bajo la figura legal de plan de contingencia, al momento de que él faltara por alguna razón inexplicable.
— ¿Crees que estaba pensando otra vez en…? ¡No, no, no! ¡No puedo creerlo papá!, te juro que estaba enamorado. ¡Con solo verlo y escucharlo lo sabias!, ¡No creo que una persona enamorada piense en esas estupideces! Hablé con él la semana pasada, mientras yo estaba en Barbados y se escuchaba tan relajado y tranquilo, incluso me sorprendió que no cortara la llamada como era su costumbre, o me dijera que estaba ocupado, me dijo que fue a navegar con Ana y que habían pasado una bonita tarde. Papá, él no lo estaba pensando esas estupideces otra vez.
Elliot era el único que sabía toda la verdad aparte de mí, es único con quien podría contar ya que esto nunca se lo conté a Grace, por lo menos no toda, omití algunas partes para no lastimarla.
Cuando Christian tenía unos trece años, comenzó a meterse en problemas en la escuela, no había día que no llegara con la cara golpeada o ensangrentada, incluso lo expulsaron de un par de colegio por mala conducta, aun cuando sus notas eran excelentes. Grace y yo lo llevamos a más psicólogos y terapeutas, pero ninguno parecía dar con lo que él tenía, incluso parecía agravar la situación, ya que Christian terminaba más molesto cuando terminaban las sesiones, los terapeutas decían que Christian se ensimismaba y no respondía a ninguna de las preguntas que se le hacían, en parte lo atribuían a la fase rebelde de la adolescencia y en otras a los traumas que aun tenia de pequeño.
Estábamos casi empezando las vacaciones de verano, cuando Christian tenía unos 14 años, llego a casa con la cara golpeada. Cuando llegó, pensó que no había nadie en casa. Grace se había ido de viaje a una de sus convenciones de medicinas y jornadas de concientización de lo esencial que es vacunar a los niños, iban a ser dos semanas o más fuera de casa, se había llevado a Mia con ella, la niña no la dejó en paz hasta que accedió, y se le dio un permiso en la escuela. Quería conocer el país según ella, aunque también quería pasar más tiempo con su madre. Elliot se preparaba para ir a la Universidad, fue aceptado en Princeton ese verano, y se reunía casi todos los días con sus amigos según él para ir despidiéndose de todos ellos.
Christian llegó y no se percató que lo estaba esperando en la salita al lado de la puerta, tampoco sabía que el padre del compañero que agredió me había llamado para quejarse, ¡Estaba tan molesto!, no entendía porque mi hijo se comportaba así, ya ni siquiera quería hacer las cosas que nos gustaba hacer juntos, no quería navegar ni ir de pesca, ni siquiera ir con Elliot y Mía a comer helados, lo único que quería era encerrarse en su habitación y no salir de allí , hasta que lo llamasen a comer o ir a la escuela, era tan frustrante para mí, que hice algo por lo que todavía me culpo.
Cuando se dirigía a las escaleras hable con él.
— ¿A dónde crees que vas?
— ¡A mi habitación! —Me dijo sin voltear a verme.
— Primero tu y yo vamos a hablar, ¡Ven a mi despacho!
— ¡Papá! ¿Podemos hablar mañana?, de verdad estoy cansado y tengo deberes que hacer de la escuela. —Me dice aun si voltear a mirarme.
— ¡AHORA, CHRISTIAN! —Le dije mientras me empezaba a impacientar.
Christian se voltea y se dirige a mi oficina, pude ver que tenía roto el labio y un pequeño moretón en el ojo.
— ¿Qué te paso? —Le digo pero él no responde. –Te hice una pregunta Christian, ¿Qué te paso en la cara? —Él sigue sin responder.
—Déjame ayudarte a recordar, te peleaste con el chico Benson…
—Papá yo… me interrumpe, pero no dice nada más.
—Papá nada Christian ¿Cuántas veces hemos hablado contigo, cuantas veces te he castigado en tu habitación, o en este despacho para que pudieras meditar de lo mal que estás haciendo?, ¡Lo mal que nos sentimos tu madre y yo cada vez que te vemos golpeado de ese modo!
Él solo calla y baja, la mirada.
— ¿Que fue esta vez?, ¿Te miro mal?, ¡SOLO SE CRUZÓ EN EL CAMINO ENTRE TU PUÑO Y SU CARA! —Le digo alzando la voz. —DIME, ¿TE DOLIÓ CUANDO TE GOLPEO DE VUELTA? —Sigue sin contestarme y eso solo me enfurece más y más.
Fue una verdadera lástima que Grace no estuviera en casa, ¡Ella nunca me hubiese permitido hacer lo que hice!
— ¡HABLAME CHRISTIAN! — Seguía sin decir nada y en ese punto sentí que perdí toda mi paciencia. Y aun así él no me hablaba.
—Por lo visto ninguno de los castigos que tu madre y yo te hemos impuesto, parecen hacer meya en ti. —Le digo. — ¡Te entran por un oído y te salen por el otro! —Respiro hondo y mi decisión está tomada. — ¡Sube a Tu habitación y espérame allá!
Christian me miro con ojos de miedo, imaginaba lo que iba a hacer, una vez lo hice con Elliot, cuando se fue a la casa de un amigo, aun cuando yo expresamente, no le había dado permiso, paso casi todo el día fuera y Grace y yo estábamos asustados. Pero jamás lo había hecho con Christian.
— ¡No, papá!, te prometo que no lo volveré a hacer. —Me dijo.
—Ya es tarde para promesas, Christian. ¡Lo has prometido antes y no cumples lo que prometes! ¡Sube a tu habitación, AHORA!
—Papá...
— ¡AHORA, CHRISTIAN!, ¡O por Dios que te ira peor!
Mi hijo solo me miraba, no sabía si anonadado, asustado, o en shock. Subió lentamente y en silencio a su habitación y allí me esperó. Trate de calmarme antes de subir, aunque era muy difícil, respiré hondo y me dirigí a su habitación, abro la puerta y lo veo parado frente a mí esperando su destino.
— ¿Sabes por qué voy a hacer esto Christian? —Le pregunto.
—Sí, señor. —Me dice titubeando. —Me he peleado en la escuela cuando prometí que no lo volvería a hacer.
—Así es, hemos intentado hablar contigo de mil formas, disciplinarte de otras maneras y ninguna parece funcionar, es así como hoy te disciplinaré de otra manera.—Le digo mientras me saco el cinturón del pantalón. El me mira atónito.
—Bájate el pantalón y descubre tus nalgas, ponte boca abajo en la cama.
— ¡Papá…! Noo… Por Favor...
— ¡Haz lo que te digo! —Mi hijo me miró con miedo pero obedeció muy lentamente, estaba temblando. Al ver su cara estuve tentado a echarme para atrás, pero sabía que no había vuelta de hoja, si flaqueaba ahora, sería peor después, ya no respetaría mi autoridad como padre.
Respiro hondo y me preparo para disciplinar a mi hijo, y lanzo el primer azote. Christian suelta un grito y recuerdo los gritos de aquel niño en el hospital, muerto de hambre y maltratado. En ese instante me arrepentí de haber iniciado con esto, pero sabía que en estos momentos no puedo flaquear. ¡Christian no suplico, ni dijo una palabra!, solo gemía y ahogaba los gritos al sentir el cuero en sus nalgas, yo seguí azotándolas hasta ponerlas rojas, fueron un total de doce latigazos. ¡Puedo jurar que cada uno de ellos me dolió más a mí que a él!
Cuando terminé, escuche la voz de Elliot en el pasillo llamándome, había oído los azotes y gemidos de su hermano.
— ¡Yo espero no tener que volver a hacer esto, Christian! — ¡Por el amor a Dios que no! Pienso. —Pero lo haré si no me dejas otra salida y será peor que hoy. Le explico, tratando de mantenerme firme.
—Sí, señor. —Dice respirando hondo, tratando de controlar sus lloriqueos.
—Ya puedes vestirte de nuevo, hijo. ¡No tienes permiso de salir de esta habitación hasta nuevo aviso! Yo te llevaré a la escuela mañana.
En ese momento salgo de su habitación dejándola entre abierta y me encuentro con un Elliot estupefacto, él observa el cinturón en mi mano.
—Papá, ¿Qué hiciste? —Me dice sorprendido.
— ¡Disciplinar a tu hermano! Esta tarde me llamó el señor Benson quejándose de que Christian golpeo salvajemente a su hijo.
Elliot me mira y luego suspira con algo de resignación.
—Papá, ¿podemos hablar? Me hace señas para alejarnos de la habitación de su hermano, supongo para que Christian no escuche lo que tiene que contarme.
—Mira papá, yo no digo que no se mereciera la paliza pero… ¿Le preguntaste por qué golpeo al idiota de Benson? —Me dice con tono molesto.
—Lo hice, pero no me contestó, simplemente puso su cara estoica que siempre pone, ni siquiera me dio una excusa.
—Lo hizo porque Benson lo molesta todo el tiempo.
— ¿Cómo es eso Elliot?, ¡Explícamelo! —le digo apremiante. ¡Esto es algo que no sabía!
—Papá, desde hace mucho tiempo Tony Benson y su pandilla de amigos le hacen la vida imposible a Christian en la escuela, nunca te lo había dicho, pero mi pequeño hermano es catalogado como el bicho raro de la escuela, no habla con nadie, no tiene amigos, ni le interesa hacerlos. Esto está pasando desde que Christian entró en el instituto, de hecho me avergüenza decírtelo, pero yo jamás he intercedido por él ni los he detenido. La situación se agravó hace algún tiempo… Al parecer, hace un par de meses Christian estaba en las duchas cuando llego Benson a burlarse de él… cuentan en la escuela que lo consiguió en una situación incómoda… Desde entonces Christian no ha querido ni acercarse a los lugares que más se frecuentan en la escuela y por lo que sé, a duras penas entra a clases.
Estoy asombrado por este descubrimiento. ¡Esto es nuevo para mí! Los maestros siempre se han quejado de la actitud de Christian con sus compañeros, de lo violento que ha sido, aun siendo un alumno excepcional, ¡Nunca me dijeron que estos chicos, molestaban a mi hijo!
— ¿Por qué no nos lo habías dicho Elliot? —Le pregunto algo molesto.
—Una vez lo intente, pero Christian no me dejó, me dijo que eso no era asunto mío, que él sabía cómo defenderse.
— ¡A golpes! … ¡¿Por qué Christian no vino a nosotros?!
—Se lo pedí, le dije que te dijera a mamá o a ti, le pregunte varias veces por qué no lo hacía papá, y es siempre lo mismo, "No es tu problema-metete en tus asuntos" "Déjame en paz Elliot - No te necesito", ahora ya no veo a Christian en el instituto, ni siquiera en la hora del almuerzo, creo que se refugia en la biblioteca cada vez que puede, casi nadie va allí. ¡Papá se está aislando más de lo que ya lo hace!
Estoy preocupado. Muy preocupado, mi hijo mayor me ha abierto los ojos, y tal vez acabo de azotar el culo de mi hijo por algo que en realidad no todo es su culpa. Tengo el estómago revuelto.
—Está bien, Elliot. Hablare con el más tarde si no está dormido. ¿Ya cenaste?
—Sí, mis amigos y yo comimos algo en el centro comercial.
— De acuerdo hijo, ve a descansar, yo me encargare de tu hermano.
—No le digas que te conté. Si lo haces, no volverá a confiar en mí, aunque creo que no lo hace de todos modos. —Me dice apesadumbrado.
—No le diré nada, ve a dormir.
Es ese momento escuchamos un fuerte ruido del cuarto de Christian como de algo que cayó fuertemente al piso.
— ¡Acaba de empezar la rabieta de tu hermano!
— Me pregunto ¿con qué artefacto lo pagó? — Me dice Elliot. —Por lo que se escuchó debió ser uno muy grande.
— ¡Voy a esperar que se calme y para saber qué fue lo que rompió! — Le digo. El asiente y se va a su habitación.
Voy la cocina y caliento unos macarrones con queso que Grace dejo en la nevera, sirvo un poco de jugo de arándanos y lo subo a la habitación de Christian, junto con una pomada para bajar el ardor de su trasero.
Abro la puerta, esperando encontrar un montón de objetos rotos en el suelo, a consecuencia de la rabieta de mi hijo, pero lo que encontré me hizo un nudo en el estómago y mi corazón oprimido.
Era Christian quien se había desplomado contra el suelo, estaba boca abajo, sus ojos estaban abiertos, pero no me miraba.
Rápidamente, dejo la bandeja que traía en la mesita de su escritorio. Y me acerco a mi hijo.
— ¡¿CHRISTIAN?! ¡CHRISTIAN! ¡CHRISTIAN! Grito una y otra vez. Le doy palmadas en la cara para que reaccione pero sigue sin reaccionar.
De pronto llega Elliot corriendo a la habitación.
— ¡Pasa algo papá! —Elliot me mira asustado. Cuando se da cuenta de que su hermano está en el piso.
—Fue Christian quien cayó al suelo, ¡no reacciona! — Le dijo. Podemos ver a mi hijo pequeño en el suelo, sus manos están temblando levemente, lo zarandeo, pero sigue sin responder. Reviso a ver si no se lastimó, el sonido que hizo al caer fue muy fuerte. Y lo examino, como una vez Grace me enseñó. — ¡Se golpeó la cabeza! —Le digo a Elliot. Esta respirando pero muy entrecortado.
—Papá, ¿Qué hacemos? ¡Vamos a llamar a mamá!, ella sabrá que debemos hacer.
—No creo que ella pueda hacer nada desde donde está. Vamos a esperar, Elliot. Llamaré primero a la doctora Kaufman, ella es su psicólogo, sabrá que hacer. Por lo pronto subámoslo a la cama. —Elliot me ayuda a subir a mi pequeño a su cama y enseguida salgo a buscar el teléfono para llamar a la doctora Kaufman y le explico lo sucedido, le digo que discipliné a Christian y el estado en que lo encontré cuando fui a llevarle su cena.
—No sabría decirle exactamente por teléfono, señor Grey. —Empieza a decirme la doctora. —Pero me temo que su hijo pudo tener un colapso nervioso que lo llevo a ataque que acaba de sufrir. Mi recomendación es que lo lleve rápidamente al hospital para que sea evaluado. Sin embargo, intente hablarle colóquelo en una posición más segura para que su cuerpo descanse y pueda respirar tranquilamente. —Me dijo.
Su diagnóstico y el hecho que me pidió que lo llevara al hospital no me tranquilizó, cuando entre nuevamente a la habitación de mi hijo veo a Elliot muy nervioso, él se quedó al lado de su hermano para hablarle.
— ¡Hey!, campeón, todo va estar bien, Regresa ¿sí?... ¿Sabes he hablado con mamá de dejarte mi auto cuando me vaya a Princeton? … ¡Será todo tuyo!, sé que te gusta mucho… por favor vuelve hermanito, vuelve… —Me mira asustado. Y se pasa la mano por su cabeza halando su cabello. — ¡Papá, creo que ahora si hay que llamar a mamá!
—Ya lo intente hijo, pero me sale el buzón de voz. —Le digo. —Iba a viajar a Atlanta, así que creo que no tiene señal en su teléfono.
— ¿Dejaste mensaje para que nos llame? —Me dice preocupado.
—Le deje tres, diciéndole que llame en cuanto los reciba.
Estoy aterrado, Christian no responde, incluso lo toqué, lo abracé, con la esperanza de que se molestara y empezara a gritar que lo dejara, y me hiciera a un lado… ¡Nada!
—Llamare a Mayer, el colega de tu madre, también es pediatra, él sabrá que hacer. Además ya antes ha atendido a Christian en el hospital.
Era cierto. Cuando Christian tenía unos siete u ocho años, tuvo un ataque de pánico en pleno consultorio de su madre. Grace llamo rápidamente a su colega y cubrió a nuestro hijo en una cobija y salió corriendo con él a emergencias. Allí estaba Mayer esperándonos para atender al niño. Aparte de pediatra también tiene un doctorado en psiquiatría infantil, pero al parecer no ejerce esa rama de su profesión.
Le marco a Mayer y le explico la situación y el diagnóstico de la psicóloga. Me dice que vendrá a casa de inmediato a examinar a Christian.
Nunca vi a Elliot tan protector de su hermano, hasta ese día. Se quedó a su lado acariciándole el pelo y hablando con él.
—Sabes hermanito, se de buena fuente que le gustas a Megan, la chica de tu clase, de seguro cree que eres un buen partido, regresa con nosotros y prometo enseñarte como ligártela. —Le dice a Christian intentando que despierte. Pero no hay ninguna reacción.
—Elliot, hijo ve a descansar, yo esperare al doctor.
—No, papá. Yo te acompaño, aún no es tan tarde. Me quedare con él. —Me dice.
— ¿Sabes qué? Vamos a hacer turnos, el doctor vendrá pronto, prometo ir a tu cuarto y despertarte en cuanto llegue, yo me quedare con Christian, te despertaré, lo prometo.
—Está bien, pero estaré atento de todos modos. —Me dice resignado y sale de la habitación a regañadientes.
Veo a mi hijo pequeño, y sigue muy tranquilo sus ojos grises miran hacia el pequeño librero que pusimos en su cuarto, no aguanto más y se me salen las lágrimas.
— ¡Perdóname hijo! —Le digo suplicante. ¡Soy una Mierda de padre!, jamás pensé que algún día tendría una angustia semejante, le acaricio el pelo. Y le hablo de nuestros días de excursión, y en cuanto extrañaba que lo hiciéramos juntos de nuevo, quería que fuera con Elliot, Mia y yo, a navegar en un bote que compre hace algún tiempo "Mis dos hijos, y una princesa", quería recorrer el Sound, con ellos antes de que Elliot fuera a la universidad.
Miro alrededor de la habitación y veo la cena de Christian y al lado la pomada que le traje para bajar la hinchazón de su trasero. La tomo y le bajo el pantalón de pijama masajeando sus nalgas con ella, puedo ver el daño que le hice, uno que jure que nunca más nadie le haría, estaban muy enrojecidas, pronto habrían moretones y se notaba lo hinchado que estaban.
Sus manos aún están temblorosas, las tomo entre las mías y las acaricio.
—Tranquilo, mi niño. El doctor vendrá pronto, estoy seguro que no es nada. No te asustes hijo. —Le digo para apaciguar mis nervios y los de él.
En eso tocan el timbre y bajo para abrir la puerta. Elliot también escucha y como rayo sale de su habitación y me acompaña.
El doctor Mayer entra y examina a Christian, le explico la situación y le repito el diagnóstico de la psicóloga. Él solo continúa examinándolo mientras que Elliot y yo lo observamos.
—Puede que su terapeuta tenga razón, puede tratarse de un colapso nervioso y su cuerpo hizo una especie de corto circuito, para equilibrarse. Pero pienso que sería contraproducente dejarlo así, él no se puede mover, pero es muy probable que pueda escuchar todo lo que se le dice.
— ¿Es decir que está consiente? —Le digo, sintiendo algo de alivio. ¡Mi hijo no se ha ido, está ahí!, ¡Solo necesita salir de ese estado!
—Sí, creo que él puede oírnos, la mayor parte del tiempo, ha pasado mucho tiempo del ataque y ya debió haber salido de ese estado por si mismo, le voy a aplicar un medicamento que ayudara a sacarlo de esta fase, es una benzodiacepina. –Nos explica. –Esto actuara sobre su sistema nervioso, también tendrá un efecto sedante y servirá como relajante. Eso hará que sus músculos se ablanden y además de poner a su mente descansar, y así salir de ese estado. —Me dice. —Para mañana despertara, pero si no ha salido de ese estado, tendrá que llevarlo al hospital Carrick, esto podría significar un síntoma de algo peor. Incluso soy partidario de llevarlo ya mismo, y practicarle algunas pruebas. Pude ver en mi examen que el chico está demasiado delgado. Tal vez el ataque se deba a algo más que algo emocional.
— ¡Nunca hemos tenido problemas con él y la alimentación, Doctor! —Le digo. —Él siempre ha comido muy bien.
—Con más razón, me gustaría que se le practicaran unos análisis. Solo para descartar cualquier otra cosa. —Yo asiento.
Elliot se acerca a Christian, mientras el doctor Mayer prepara la inyección.
—Lo vez hermanito, todo está bien. —Se lo dice en tono muy suave y dulce. – Sé que no te gusta, pero el doctor te pondrá una inyección para que duermas esta noche, ya mañana te sentirás como nuevo. —Le dice mientras va acariciando el pelo.
—Bájele el pantalón. —Dice el doctor. Lo hago, y puedo ver nuevamente sus nalgas enrojecidas. Elliot también lo ve y toma a su hermano más fuerte y con voz de arrullo.
— ¡Shistt!, tranquilo hermanito todo estará bien. —Le dice como si Christian estuviera oponiendo alguna resistencia. —Solo será un piquete, no va a doler, yo estoy aquí hermanito… —Le va diciendo Elliot mientras que Meyer aplica la inyección y veo, como después de unos minutos los ojos de Christian cerrarse muy despacio.
Ahora se encuentra más relajado, su cuerpo está más flojo, sus manos han dejado de temblar lentamente, así que lo acomodo, lo arropo y salimos de la habitación para dejarlo descansar.
—Carrick, el estado del chico no es juego, debes llevarlo a su terapeuta de inmediato. El medicamento que le puse es solo la primera dosis, deberé evaluarlo mañana de nuevo. Sería bueno si su terapeuta estuviera aquí para cambiar impresiones del caso y saber sus impresiones del caso. Imagino que el niño dormirá toda la noche, déjelo descansar, lo necesita. Vendré a eso de las 10 de la mañana y necesitaré que después se haga esos análisis de los que hablamos. —Me dice. —Puede que tal vez mañana, si despierta, no recuerde mucho de lo que pasó hoy. —Eso en cierta forma seria muy bueno. Pero también encontré al chico demasiado delgado, tal vez sea el desarrollo, pero por ahora no hay que dejar nada de lado.
—De acuerdo. Estaré llamando a la terapeuta para que venga mañana, muchas gracias doctor. — Luego de algunas recomendaciones que me hace para cuando mi hijo despierte, acompaño a doctor a la puerta.
Elliot me espera en la sala.
— ¿Qué crees que tenga Christian papá? Oíste al doctor, se notaba preocupado.
— Lo se hijo, no voy a poder ocultarle esto a tu madre por mucho tiempo. ¿Por qué no te vas a descansar?, mañana temprano llamare a la doctora Kaufman para que venga a ver a Christian.
-¿Qué pasará con Christian, papá? —Me pregunta atemorizado.
—Ya oíste al doctor. No se despertara hasta mañana, de igual manera yo voy a quedarme con él un rato. No es necesario que nos desvelemos los dos, voy a necesitar de ti mañana cuando despierte. No creo que sea muy feliz de ver aquí a los médicos para examínalo.
—De acuerdo, papá. Me iré a dormir. Buenas noches.
—Buenas noches, Hijo.
Esa fue una de las noche más agonizante de mi vida, y pensé que mi pesadilla estaba a punto de terminar, pero que equivocado estaba, tan siquiera estaba comenzando.
