Siento la demora, pero se me ha hecho cuesta arriba este capi :). ¡Saludos y gracias por vuestro apoyo!
#Vacío#
Todas las buenas intenciones de Pandora de acudir a Radamanthys y hacerse perdonar se esfumaron de un plumazo. Hallarlo allí, en compañía de esa maldita rata rescatada de las inmundícias de los terrenos de otro dios sin su permiso, dejándose saborear con semejante lascivia y lujuria...éso...éso era una afrenta directa a su autoridad...y lo que era peor...una muestra inequívoca de que todo lo que ambos habían compartido en la intimidad no había resultado más que una farsa...una despreciable mentira que ella siempre necesitó creer como verdadera, y que la mirada que le brindaba Radamanthys le revelaba que no había sido así. Que quizás nunca había sido así...
Pandora necesitaba huir de allí, no deseaba seguir siendo testigo de una escena tan dantesca como ésa, pero algo la mantenía firme en el umbral de la puerta, con los ojos anegados en lágrimas de frustración y soledad. De amarga soledad. Su labio inferior temblaba de furia, y tuvo que mordérselo levemente para disimular la desesperación que ya no se podía encubrir de ninguna manera.
Una desafiante y fija mirada y otro descarado trago a la botella, seguido de un altivo alzamiento de mentón señalándole el camino a emprender, fueron más que suficientes para hacer que Pandora escapara de allí.
Las lágrimas ardían al paso sobre sus jóvenes mejillas, y sin poder soportarlo más, huyó.
Un sonoro portazo así lo confirmó.
El estruendoso golpe no hizo otra cosa que ayudar a agudizar más el dolor que martilleaba la cabeza de Kanon, completamente ajeno a lo que sucedía a su alrededor. La mano de Radamanthys que se había enredado en su cabello tensó más su agarre, invitando a Kanon muy descortésmente a levantar el rostro y alejarlo de su entrepierna, azotada por el etílico aliento de quién era incapaz de asimilar nada de lo que estaba ocurriendo.
- Maldito cabrón...- Refunfuñó Kanon, que ya no sabía si lo que le dolía más era el puñetazo recibido en pleno estómago, el tirón que Radamanthys imprimía en sus cabellos o las punzadas que asaltaban sus sienes.- ¡Suéltame!- Un torpe manotazo lanzado al aire como quién quiere espantar una mosca no consiguió que el espectro soltara el embrollado mechón.
- ¡Pues sal de encima mío!
Radamanthys, manteniendo aún el agarre a la añil cabellera, no dudó en incorporarse lo justo para empujar sin delicadeza a Kanon, soltándolo al fin, haciendo que cayera de culo al suelo. Los efectos etílicos obraban el milagro que Kanon no fuera capaz se desafiar a nadie con su mirada, achicada, enrojecida y cubierta por sus desarreglados mechones, que caían sobre su rostro, protectores de una dignidad que en esos momentos brillaba por su absoluta ausencia. Una temblorosa mano viajó hacia las heridas de su abdomen, comprobando por pura inercia si las cicatrices se habían vuelto a abrir.
- No te golpeé en las heridas...¡así que deja de mirártelas como un estúpido!- Exclamó Radamanthys, dejando la botella sobre la madera del escritorio con gesto brusco.
La voz de Radamanthys llegaba con dificultad a los oídos de Kanon, que sentado sobre el suelo como un niño caído seguía palpando las incisiones con un dedo, para seguidamente alzarlo a la atura de sus ojos y apreciar la ausencia de sangre.
El Wyvern se estaba desesperando ante la lentitud de movimientos y reacciones de Kanon, y la imagen de Pandora, fracturada y derrotada, no paraba de reproducirse en su mente cada vez que los párpados acudían a humedecer sus pupilas. Una serie de acontecimientos mal calculados y dispuestos de manera equivocada en el plano del espacio-tiempo habían atrapado a Radamanthys en un callejón sin salida, y del cuál ya no sabía cómo escapar.
Él no tendría que haber discutido con Pandora...era innecesario...prescindible...Simplemente tendría que haber obedecido, como dictaba su maldito deber, quedarse a dormir su lado, abrazándola y creyéndose a veces que ése simple gesto le reconfortaba...Sí...éso habría sido mejor...De ésta manera Pandora no hubiera resultado herida por una maraña de malas coincidencias alimentadas por una fútil rebeldía, él estaría a salvo de una furia que no sabía cómo iba a contener y no se hubiera encontrado con Kanon, borracho y entrometido, revoloteando entre su privacidad, convirtiéndose en ignorante cómplice de su desafío más vacuo y demencial.
Kanon...Kanon tenía razón. Su presencia en el castillo era inútil. Totalmente inútil en una guerra que estaba a punto de comenzar. Lo había sido desde el primer momento que su cuerpo cayó inerte en la celda de las mazmorras. Y Radamanthys lo sabía. No había transcurrido ni un sólo segundo sin que lo supiera. Lo supo incluso antes de rescatarlo de la inundación a la que Kanon había decidio entregar su vida.
Kanon resultaba ser su más execrable capricho. Su más perversa provocación. Su último intento de sentirse vivo al lado de alguien que había saboreado la muerte en más de una ocasión, y que siempre había conseguido esquivarla, aunque no fuera gracias a su voluntad.
Y allí estaba el resultado de su más pueril reto...sentado en el suelo, con la cabeza alzada, apoyada contra la pata del escritorio y una mano apretando la frente. Los ojos estaban sellados con fuerza, controlados por un rictus de profundo malestar y el color que teñía sus mejillas se apreciaba artificial.
La amarillenta mirada de Radamanthys le observaba con un cierto aire de melancolía y culpabilidad. Si Kanon se hallaba en ese estado era porqué así él lo había propiciado, pero no iba a disculparse por ello. El Wyvern no podía sucumbir a la debilidad de mostrar arrepentimiento...él no. Éso sólo estaba destinado a aquellos que aún les latía el corazón.
Sin saberlo, Kanon se había convertido en la más enferma y malsana contradicción de Radamanthys. Le odiaba por haber osado violar su privacidad, pero al mismo tiempo agradecía su revoltosa presencia llenando su fría soledad. Y se odiaba a sí mismo por odiar a quién yacía ebrio frente a sus ojos...a quién en ningún momento había pedido estar allí.
¿Por qué lo había rescatado? ¡¿Por qué?! ¿Qué había visto en él bajo los dominios de Poseidón para empujarle a tomar tal decisión? El poder que le había visto poseer y el cuál se podría aprovechar en la inminente guerra, era una burda justificación para presentarse ante Pandora y defender las consecuencias de su acto. La vieja maldad que había moldeado su corazón, otra excusa de difícil asimilación.
Todas estas preguntas tenían una fácil respuesta. Clara. Concisa. Escandalosamente humana.
Radamanthys estaba cansado...y la Guerra Santa aún no había empezado. Estaba agotado de soledad. De oscuridad. De estar encadenado a un destino que su alma humana no había elegido. Un destino que los dioses habían decidido por él, despojándole de cualquier opción de negarse a él. Y lo mismo sucedía con Pandora...Ambos estaban condenados a ser los más humanos de todos los espectros de Hades, aquí estaba su abobinable verdad. Pandora sólo deseaba sanar su soledad al lado de él, el único que trece años atrás sintió compasión por esa niña desamparada, perdida, convertida en un juguete roto entre las manos de los dos dioses que les habían robado todo resquício de voluntad.
Y Radamanthys...también anhelaba en lacerante secreto llenar su soledad. Compartirla con Pandora ya no le bastaba, porqué ella estaba tan muerta como él. Y él necesitaba volver a saber lo que era estar vivo. Sentir su corazón palpitar, acelerarse con la excitación que produce cualquier inminente ejecución, y con la excitación de saberse a punto de poseer cualquier cuerpo que a él se quisiera ofrecer...
Lo único que deseaba Radamanthys era sentir su piel palpitar, estremecerse... Desprenderse de las capas y capas de piel muerta que cubrían su arrebatada alma y poder volver a gozar de los escalofríos que sólo la humanidad puede regalar. Experimentar de nuevo las convulsiones internas que estrujan el estómago cada vez que una emoción nace del alma. Sentir, sentir...sentir...
Sentir odio, y degustarlo en su paladar.
Sentir compasión, y notarla recorrer cada fibra de su ser.
Sentir ira, y no contenerla.
Sentir deseo, y dejarse llevar por él.
Sentir...
Sentir que un humano, vapuleado por todas éstas emociones chocando dentro de sí, estaba más vivo que él...y envidiarlo hasta el punto de necesitar arrebatarle un atisbo de su antiguo rencor, y experimentarlo hasta doler.
Todo éso era Kanon para él...Su excusa para sentir.
Una excusa que se le ofrecía repleta de contradicciones, dudas y decepciones...Una excusa que empezaba a llamarle la atención poderosamente, induciéndole a una más profunda inspección...rindiéndose al juicio que sus ojos habían emitido desde el primer momento de poner su vista sobre él, y que estúpidamente se había propuesto franquear. Aceptando al fin que el atractivo que poseía el Dragón Marino era irrefutable, y que su proximidad había conseguido despertar lo que el Wyvern había estado deseando desde lustros atrás...Sentir...No de manera mecánica...sino de manera humana...
Sentir no sólo repudio, odio y frustración... Sinó sentir deseo...y sentir el temor que le despertaba la posibilidad de rendirse a él.
Un temor que hizo que Radamanthys observara largamente a ese hombre de abrumadora belleza y tentadora alma humana que había conseguido revolverle las entrañas. Que le incitaba unas ansias terribles de proporcionarle atención...y al mismo tiempo un respeto sincero que maléficamente se sobrepuso a los desvaríos de la tentación. Un respeto que tomó el control de su apagada voz. Un respeto que de alguna manera, quería proteger a Kanon de alguien que ya no tenía salvación.
- Vete Kanon...- Hacía rato que Radamanthys se había inclinado hasta dejar descansar los antebrazos sobre los mulsos, entrelazando los dedos de sus manos en el espacio abierto entre las piernas, con el rostro gacho y la mirada fija en el hombre que con sólo una botella de licor había sido derrotado...y que estaba a punto de derrotarle a él.- Vuelve a la habitación que te ofrecí.
Una risilla salió sacudió levemente el pecho de Kanon, que seguía sujetándose la cabeza con una mano, la cuál se había llevado parte de sus mechones hacia atrás y dejaba despejado parte de su rostro.
- No puedo...- Kanon intentó abrir los ojos, consiguiéndolo levemente, enviándole una mirada de refilón a Radamanthys.- No me acuerdo cómo volver...
- Yo te acompaño.
- Está inundada...- Una media sonrisa acompañó esta disparatada afirmación.
- ¿Cómo dices?- Radamanthys enarcó las cejas en un acto reflejo de simple incompresión.
- Y mi ropa empapada...por éso vine...en parte...para que me prestaras algo.- Kanon había bajado la mano, pero su cabeza seguía ligeramente inclinada hacia atrás, aprovechándose del oportuno soporte que le ofrecía la pata del escritorio.- Tengo frío...
- Todo ésto es...absurdo...Absurdo y lamentable...- Un profundo suspiro de resiganción hinchó los pulmones de Radamanthys, que al tiempo también alzó ambas manos para pasárselas por sus cortos cabellos, revoloteándolos aún más antes de decidirse a alzarse del sillón. Sólo un paso fue necesario para ubicarle frente a la deplorable imagen de Kanon, y sin dudarlo se inclinó lo suficiente para alargar el brazo y ofrecerle la mano para ayudarle a romper esa derrotada posición.- Vamos...levántate.
Kanon le regaló una mirada cargada de tristeza y melancolía, y sin pernsárselo mucho aceptó el gesto, agarrándose con las pocas fuerzas que le quedaban, sin poder prevenirse ante el súbito tirón que Radamanthys propinó en su agarre, alzándolo sin mucha contemplación.
Un terrible mareo acudió a entumecer aún más los tocados sentidos de Kanon debido a la brusquedad de movimientos que le alejaron del seguro suelo, propiciando que sus manos buscaran un nuevo e imprescindible apoyo si no quería verse de nuevo abocado de bruces al piso, agarrándose a los hombros de Radamanthys, que no pudo hacer otra cosa que tomarlo firmemente de la cintura para evitar su previsible desplome.
- Creo...creo que he bebido demasiado...- Ronroneó Kanon, arrastrando las palabras, mirando al Wyvern en una escasa distancia que permitía que el aliento a alcohol le salpicara el rostro.
- Éso es más que obvio...
Radamanthys quería estar furioso. Necesitaba estarlo...pero simplemente no podía. La fragilidad que le mostraba Kanon en esos momentos se le antojaba terriblemente conmovedora, sugerente...Desquiciadamente tentadora.
- Radamanthys...- Kanon luchaba para no ceder a la necesidad de cerrar su vidriosa mirada.- Necesito ver a mi hermano...o a lo que quede de él...por favor...
Otra vez lo mismo...el mismo ruego...la misma demanda...
- ¿Por qué? ¿Por qué tanta insistencia? Creí que le detestabas...tú mismo dijiste que Saga no es de fiar...
- Wyvrrn...- Los labios de Kanon ya habían perdido toda habilidad para pronunciar las palabras como correspondría en un momento de lucidez.- Haré lo que sea...todo lo que quieras...si me llevas a él...- Las manos de Kanon viajaron de los hombros hasta tomar el rostro de Radamanthys, manteniéndole preso en un débil agarre que el espectro fácilmente podía romper, pero que incomprensiblemente se resistía a hacer.
- No estás en posición de ofrecer nada ahora mismo.
- Lo...lo podría intentar...no eres mi tipo...en realidad ningún hombre lo es...pero contigo lo podría intentar...tu mirada...tu rostro...hay magnetismo en ellos...- Una mano consiguió arrastrarse maliciosa hasta la nuca de Radamanthys, que no pudo evitar cerrar los ojos y concentrarse en sentir los escalofríos que allí deberían aparecer. Resistiéndose a los insanos deseos de ceder ante ese momento.- Si eso es lo que quieres de mí...- Sus sentidos estaban tomados, pero no lo suficiente para no poder desenterrar parte de sus habilidades de manipulación forjadas con los años.
- ¿Dónde está tu honor, Kanon? ¿Desde cuándo un soldado se arrastra así?
Una ebria risa confeccionó una pequeña colección de exquisitos gestos en el rostro de Kanon, que seguía luchando para mantener su mirada clavada en la de Radamanthys.
- Tú...tú también te arrastras detrás de "tu señora"...- Las manos habían vuelto a bajar hacia los hombros, dejando que los antebrazos se apoyaran pesados sobre ellos mientras la cabeza demandaba agacharse y la mirada luchaba para mantenerse alzada, fija bajo las cejas moldeadas por una deliciosa expresión.- Así que...tampoco veo que atesores mucho honor...
Ahí estaba. Una vez más. La aplastante naturalidad que hablaba sin pensar...la rebeldía...las verdades soltadas a los cuatro vientos sin importar a quién iban a herir y a quién reconfortar...La espontaneidad...La maldita espontaneidad de la que Radamanthys tanto se anhelaba contagiar.
- Radamanthys...sé cómo me miras...me he dado cuenta...- Kanon había alzado el rostro lo suficiente para poder quedar perfectamente frente al espectro, congelado en una irracional inmovilidad.- Tú puedes ofrecerme algo que a mi me interesa...y sé que yo puedo hacerte claudicar...
- No, Kanon. Así no...
- ¿Por qué...?- Las manos de Kanon abandonaron los hombros de Radamanthys, y se empezaron a arrastrar por su cuerpo hacia abajo...hasta llegar a la altura de su bajo vientre, palpando descaradamente con su diestra la exitación que él le despertaba y que el Wyvern no podía ocultar.- ¿Me dirás que ésto es una casualidad...?
Radamanthys no pudo evitar cerrar los ojos con intensidad al notar la mano de Kanon friccionándose malévola contra su cubierta excitación.
- Estás borracho...
- ¿Y qué? Aprovéchate ahora...porqué cuando me llegue la sobriedad quizás ya no podrás...
- ¿Quién te ha dicho que es ésto lo que deseo de ti?
- Tu mirada Wyvrrn...tu mirada...
- Mi mirada está vacía.
- No más que mi alma...¿y éso qué más da?
- ¿Quieres conocer el infierno?- Radamanthys sentía la proximidad de los entornados ojos de Kanon ofreciéndole algo parecido a una fingida pasión, que aunque inverosímil, imposible ya de refrenar.
- Sabes que sí...- La mano de Kanon seguía con su trabajo mientras su vidriosa mirada insistía en clavarse en las pupilas de Radamanthys al tiempo que su media sonrisa adornaba sus ebrias facciones.
- El infierno...el condenado infierno lo tienes ante tí.- Masculló Radamanthys, que había cerrado su mandíbula con fuerza inentando no rendirse a las atenciones que su prisionero le estaba regalando sin escatimar.- Y quién juega en él...sólo se puede quemar...
Quemarse...Sentir...Llenar el vacío de la soledad...No cabía nada más en ese despreciable momento que había atrapado a los dos...sólo rendirse a la experiencia de sentir la vida renacer...Contagiarse de vacuas esperanzas...Y acabar con los restos que pudieran quedar de su fatuo honor.
Acabar con el honor que aún pudiera dormir dentro de sus almas...Consumirlo...Extinguirlo en un feroz encuentro de labios...y saborear su lenta muerte.
Una muerte con sabor a licor y vestida con velos de soledad.
De vacía soledad...
#Continuará#
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