Llegó la hora de la pachanga y, por cierto, ciertos fantasmas del pasado se le aparecen a Saga, así como hace un cameo una de las chicas de Chimaki. Como dije, este fic empezó a ser escrito antes de que Saintia Sho existiera, pero dado que ahora existe, no pude evitar usar la oportunidad de torturar a Saga, porque la verdad es que a todos nos gusta torturar Doraditos.

La buena noticia para él es que su primera tortura fuerte todavía está a varios capítulos de distancia. Por el momento todo es paz y tranquilidad en el Santuario, pero mi musa está despertando de su letargo y eso me pone muy contenta.

Por cierto, qué bueno que existe Google Earth, ya verán por qué en unos capítulos más.

Mientras tanto: enjoy.

Alfa Lázcares

De festividades

La alarma del celular de Alfa comenzó a sonar a las 5 de la mañana. Al fin era el día de la gran celebración para la cual el Santuario llevaba semanas preparándose. Todo el Santuario estaba muy animado. Fuera de un par de celebraciones a lo largo del año, en general no había tantas fiestas que involucraran al Santuario por completo, así que esta sería muy especial. Alfa se levantó de un salto, porque si no, estaría tentada a regresar a dormir. Tenía sueño. No se molestó en bañarse, porque eso se haría ya más tarde en los alojamientos de las Amazonas, así que nada más se cambió de ropa y se amarró el cabello. Luego tomó la mochila en la que llevaba los accesorios para sus amigas y un poco de maquillaje, al igual que sus zapatos y salió del templo. Los gemelos estaban desayunando en la cocina, les hizo un rápido gesto de despedida y bajó las escaleras a la sala de batallas del templo en donde ya todas las demás aprendices estaban esperándola. En grupo terminaron de bajar las escaleras y se dirigieron al Campamento de las Amazonas. Ya ahí, poco a poco empezaron a llegar el resto de las mujeres. Saori se encontraba sentada en una mesa del comedor principal rodeada por sus Saintias. Todas tomaron asiento y comenzaron un desayuno para nada formal, algunas se habían ofrecido voluntarias para preparar la comida y todas se iban sirviendo unas a otras. Cada una pasó un momento a saludar a la Diosa y hubo muchas presentaciones, reencuentros y muchas muchas risas. Cuando terminaron de comer se organizaron para dejar todo limpio y una vez que estuvo eso listo salieron al bosque que rodeaba el campamento. Encontraron un lugar un tanto alejado y se sentaron en piedras, troncos caídos, columnas derrumbadas y en el piso. Saori fue a colocarse al centro y comenzó agradeciéndole a todas por el servicio que le habían prestado durante esos años. Les dijo que estaba muy feliz de que ahora hubiera tantas mujeres en el Santuario y esperaba que se apoyaran mutuamente. No quería que hubiera peleas, y sí, bien sabía que era prácticamente imposible que en un lugar tan grande todo mundo le cayera bien a todos, pero esperaba que los malentendidos se mantuvieran al mínimo. Les habló un poco sobre el pasado y sobre cómo sus anteriores reencarnaciones hubieran deseado que se respirara un ambiente tan tranquilo en el Santuario luego de las guerras pasadas. Les dijo que, si alguna tenía pensado empezar una relación sentimental tenían su bendición, que si alguna quería ser madre, ya fuera de manera natural o por adopción, también tenían su bendición y que esperaba que pronto hubiera más niños nacidos en el Santuario. También le pidió a cada una de ellas que se levantaran y dijeran su nombre y rango para que se conocieran, al menos de vista, y que ya llegaría el momento en que se conocieran más y fueran amigas. El año anterior todo esto no había pasado, nada más se había organizado un gran festín y Saori había dado algunas palabras frente a todos, pero ahora quería hablar especialmente con ellas y pasar un buen rato en su compañía dado que usualmente su mayor trato era con los Santos Dorados. Luego de las presentaciones regresaron charlando más animadamente al recinto, también empezaron a cantar. Fueron ahora a apañarse regaderas. Las que vivían ahí decidieron ir a sus respectivas cabañas en grupos pequeños para que hubiera regaderas para todas. Luego comenzaron a reunirse en grupos para arreglarse. Algunas, las que llevaban maquillaje, empezaron a ofrecerse a hacer maquillajes a las demás, algunas llevaban barnices de uñas y se ofrecieron a arreglar uñas, otras, quienes eran mejores arreglando el cabello, armaron sus estaciones de peinados. En sí, lo que se formó ahí fue una gran pijamada. También hubieron muchos snacks y algunas copas de vino, cerveza y ouzo para las que quisieran. Alfa fue una de las que se prestó a maquillar a quien lo deseara y tuvo bastante clientela. Algunas pusieron música y el ambiente era muy animado y de celebración. Incluso las niñas más chicas fueron peinadas y arregladas, aunque sin maquillaje, claro.

Fuera del Recinto de las Amazonas, los hombres se dedicaron a limpiar la explanada, algunos cocinaron el festín de la noche, algunos hicieron espacios y prepararon fogatas que serían encendidas más tarde. Pusieron mesas, sillas, un par de carpas por si llovía o había mucho sol, con ese clima nunca se sabía. Los Plateados y Bronceados que se ofrecieron a cuidar niños los llevaron al Coliseo y estuvieron largo rato ahí jugando con ellos. Shion y Dohko, los mayores, eran los que estaban encargados de dirigirlo todo, así que no podían sentarse un momento y estaban de aquí para allá supervisando. Cuando la mayor parte de los preparativos estuvieron listos, muchos empezaron a irse a sus templos y campamentos para comenzar a ponerse guapos para la ocasión. La idea era no tardarse mucho para relevar a los que se quedaron supervisando la comida y bebida y poniendo los últimos detalles para que así, cuando Saori y las mujeres aparecieran, estuviera todo listo y todos estuvieran presentes.

Cabe decir que a las mujeres se les estaba haciendo un poco tarde, porque bueno, habían muchas risas y chismes y se estaban divirtiendo de lo lindo. Además, cuando al fin estuvieron listas y arregladas, iniciaron una improvisada pasarela, en donde cada una de ellas lució el vestido que habían elegido. Saori estaba sentada al frente y las animaba a pasar entre risas, gritos (que fueron escuchados hasta la explanada y lograron que más de un Santo curioso levantara la mirada hacia esa dirección), piropos y aplausos. Algunas de ellas estaban ya un poco "felices", gracias al alcohol ingerido, que en realidad no había sido tanto, tampoco querían estar borrachas.

Finalmente, cerca de las 6 de la tarde, estuvieron listas. Se acomodaron en filas de acuerdo a sus rangos, con Saori a la cabeza, seguida de sus Saintias, en seguida las Amazonas de Plata, luego las de Bronce, enseguida las aprendices de Dorados y así sucesivamente hasta las niñas que iban al final, rodeadas por algunas aprendices mayores y las chicas que trabajaban en los edificios administrativos y doncellas de servicio. Dicro había decidido ir hasta atrás para ayudar a hacerse cargo de las niñas. Los hombres ya estaban todos reunidos, esperando. Nadie dijo nada, literal, el lugar se quedó en completo silencio cuando vieron a Saori en la entrada de la explanada. Los hombres hicieron sus propias filas y esperaron. Shion estaba al frente de todos los Santos, a mitad de la explanada. Saori enfiló hacia él con las mujeres a la siga. Se colocaron en filas frente a los hombres. Cuando todas estuvieron en sus lugares, los hombres, incluyendo a Shion, hincaron una rodilla en el piso, acto seguido las mujeres hicieron una venia y los hombres se levantaron. Shion y Saori fueron a colocarse a un costado, y entonces Saori pidió la atención de todos. Una vez más, los miró con una gran sonrisa en los labios. Les dijo lo agradecida que estaba por poder verlos ahí, reunidos, pero en tiempos de paz y para una celebración que esperaba se siguiera llevando a cabo. Les habló a los hombres sobre el valor de las mujeres del Santuario, de su importante contribución, les dijo que no eran inferiores, y que esperaba que se apoyaran entre todos, que se necesitaban mutuamente. Que hicieran lazos de amistad, o, si lo deseaban, de algo más, que fueran respetuosos y que no temieran dar y pedir ayuda cuando fuera necesario. A las mujeres les dijo que los hombres no eran el enemigo, que nunca lo fueron, que eran sus semejantes, porque iguales nunca podrían ser, que pedía respeto y equidad para todos. Que esta celebración no era por ser mujeres, sino porque era momento de reconocer el valor de ellas también, como no se había hecho en muchos años. Luego, con otra gran sonrisa les dijo "¡Que comience el festín!" Y todos estallaron en aplausos. Las filas se rompieron y los hombres corrieron a presentar la comida que con tanto esmero habían preparado. En sí podían haber pedido que el festín fuera hecho por el pueblo de Rodorio, pagándoles, por supuesto, pero muchos se entusiasmaron la idea de cocinar ellos mismos la comida y mostrarla a las mujeres, por eso habían decidido no comprar nada ya hecho. Hombres y mujeres empezaron a servir platos y vasos. Algunos se quedaron a dirigir la comida mientras otros se iban a comerla. Alfa estaba buscando con la mirada a sus maestros entre el mar de gente. Al primero que vio fue a Aldebarán quien se acercó a largos pasos a su alumna con una sonrisa, Alfa le sonrió también y cuando estuvieron frente a frente, el de Tauro le dio un gran abrazo. Alfa le sonrió de nuevo y le dijo que, por ahí, había conocido a alguien que tenía ganas de verlo. Alfa había sido quien maquillara a Helena y ella le había hecho algunas preguntas, como queriendo tentar el terreno, quería saber si Alfa le había hecho ojitos a Aldebarán o viceversa. Alfa le dio a entender que no, que tenía el camino libre y que seguro él se alegraría de verla. Aldebarán sonrió a medias, pero como que no se decidía a ir a buscarla. En eso llegó Kanon con Saga a la siga. Le sonrió ampliamente a Alfa, la tomó de la mano y la hizo girar sobre su eje mientras hacía un claro gesto de aprobación.

—Alfa, por los Dioses, ¿a quién queremos conquistar esta noche?

Alfa le dio una palmada en el brazo.

—No sé, hay mucho de dónde escoger, a ver quién se deja —le contestó con una sonrisa mientras lo saludaba, luego volteó a ver a Saga quién también le sonreía ampliamente. Fue a saludarlo a él también. Ninguno de los tres se veía nada mal, por cierto.

Entre los hombres algunos habían decidido usar atuendos tradicionales griegos, sobre todo los que eran de esa nacionalidad. Algunos otros habían decidido usar ropa típica de sus países (algunas mujeres también habían optado por eso), y otros más llevaban ropa moderna que iba desde lo casual hasta varios que se pusieron trajes completos. Los tres Dorados que estaban con ella habían optado por estilos semi formales. Saga se había dado otra escapada a la ciudad a comprar un atuendo para la ocasión y ahí se había encontrado a Kanon que iba exactamente a lo mismo. Terminaron con ropa similar pero en colores diferentes. La camisa de Kanon era negra, de manga corta y a medio desabotonar. La de Saga era blanca y de mangas largas, aunque también estaba a medio desabotonar. Se quedaron platicando ahí un rato y animando a Aldebarán a que buscara a Helena. Milo pasó por ahí a saludar a Alfa y a dejarles copas de vino a todos, aparentemente había tomado el papel de "emborrachador" oficial, como usualmente hacía. Muchas más bromas siguieron a Aldebarán cuando, además, Gabriella, Shaka y Shura se unieron a la conversación. A lo lejos, Alfa vio que había un grupito de mujeres haciendo revuelo, y notó que era Helena la que estaba al centro. Le dio un codazo a Kanon y le señaló esa dirección. Kanon no tardó en entender y empezó a bromear con más ganas. Pronto, ellos también estaban haciendo bastante bulla y el grupo de mujeres, como no queriendo la cosa, se había acercado lo suficiente como para poder empujar a Helena dentro del grupo de Aldebarán. Acto seguido todos, menos los dos aludidos, se alejaron corriendo para dejarlos en privado.

Saga, Kanon y Alfa se fueron entonces a ver qué había para comer, se sirvieron unos cuantos platos y fueron a buscar un lugar para sentarse, que resultó ser junto a Dicro, Deathmask, Marín y Aioria. Se unieron a la conversación que llevaban, y no mucho tiempo después, la mesa en la que estaban se llenó y todos comenzaron una animada conversación. Cuando terminaron de comer Alfa se levantó a ayudar a recoger platos, vasos y demás y junto con algunos más pusieron un poco de orden. Guardaron algunas mesas, algunos fueron a encender las fogatas dado que ya estaba cayendo la noche. La música comenzó quién sabe en qué momento. Las habilidades artísticas también eran alentadas y entre ellas estaba la de tocar instrumentos, así que, los que eran adeptos a ello, fueron por sus instrumentos y comenzaron a tocar, de pronto Alfa notó que, quien cantaba, no era otra más que Dicro. La celebración se animó todavía más cuando los menos penosos se levantaron a bailar. Alfa estuvo un buen rato ocupada ayudando a limpiar y lavar trastes con algunas de sus amigas y otros Santos que casi no conocía. Cuando terminaron regresó al lugar en donde había estado su mesa, pero ya la habían guardado, en su lugar nada más quedaban sillas, pero los anteriores ocupantes seguían ahí. Saga la vio acercarse y le sonrió, luego le ofreció su silla y le regresó su copa de vino. Alfa la tomó y se sentó a escuchar la conversación. Vivien, quien estaba sentada junto a ella, se le acercó al oído y le dijo "alguien no dejaba de voltear en la dirección por la que te fuiste", y le guiñó un ojo. Alfa negó con la cabeza y le dio un trago a su copa. Entre la gente que bailaba vio a Aldebarán con Helena, a Shion con Saori, y a Lena con Milo.

—¿Quién de ustedes, caballeros, o damas, me da igual, me va a enseñar a bailar? Porque tengo una boda en unas semanas y no quiero hacer el oso —

Vivien sonrió y volteó a ver a Saga, quien pretendía no haber escuchado nada. Kanon le ofreció la mano a Alfa y Vivien soltó una risita mientras ella misma tomaba de la mano a Camus quien se quedó congelado, no literalmente. Alfa aceptó la mano de Kanon, le regresó su copa a Saga y se fueron a la improvisada pista de baile. Saga volvió a tomar asiento. Vivien le sonrió mientras se levantaba.

—Yo que tú, aprendía a bailar —le dijo antes de arrastrar a Camus con ella a la pista.

Saga se quedó con una ceja enarcada mientras los seguía con la mirada. De pronto, Katya se apareció en su campo visual, iba junto a otro par de Saintias. Saga agachó la cabeza a las copas que tenía en las manos y no tardó ni dos segundos en moverse dos sillas a un lado para estar más cerca de la conversación que Shura, Mu, Gabriella y Deathmask mantenían.

Pasó media hora antes de que Kanon y Alfa volvieran, riendo todavía. Se sentaron junto a Saga, quien le regresó su copa a Alfa. Milo volvió a pasearse por ahí para revisar que nadie se estuviera "deshidratando". De pronto, otra chica apareció en el campo visual de Saga, una Santo de Bronce llamada Yuri, iba caminando sola hacia la mesa de las bebidas. Saga volvió a mirar con intensidad su copa, Alfa le lanzó una mirada curiosa y Kanon soltó una risa.

—¡Ah, los fantasmas del pasado! —le dijo en tono burlón a su hermano.

—¿Te callas?, ya van dos.

—Eso es nada más culpa tuya, hermanito —le contestó con una amplia sonrisa.

Alfa enarcó una ceja y decidió que mejor no preguntaba por detalles. Yuri no tardó en volver a pasar por ahí y a lanzarle una mirada a Saga, quien hacía su mayor esfuerzo por mirar a los ojos a Alfa mientras ella le hablaba. Alfa también sonrió, porque algo ya estaba entendiendo.

—Voy por algo más para tomar. ¿Quieren algo?

—Te acompaño —le contestó Saga y ambos se levantaron.

—So… Yuri?

Saga soltó una risa nerviosa, pero no dijo nada.

—Tampoco quiero detalles, gracias. ¿Vas a bailar conmigo?

—Lo mío no es el baile.

—Ay, por favor. Te vi el año pasado —Saga volteó a verla, se mordió el labio inferior y negó con la cabeza.

—¿Tan pronto se cayó la buena imagen que tenías de mi?

—Si con "buena imagen" te refieres a la del Santo serio y gallardo, sí, más o menos.

—Vamos a bailar, aprendiza, no vayas a creer que soy un ogro sin sentido del humor —dicho eso la tomó de la mano y se la llevó a la pista de baile.

La fiesta siguió de ese modo por las siguientes horas. Los primeros en retirarse fueron los Santos y doncellas que tenían a su cargo a los niños pequeños, seguidos de los que tenían turnos y rondas temprano. Los entrenamientos del día siguiente iban a quedar cancelados, porque, además, habría que limpiar el desastre que seguro quedaría en la explanada, pero no tenían la obligación de levantarse insanamente temprano, como era su rutina. Pero las rondas y las guardias no quedaban canceladas, así que, con todo el dolor de su corazón, algunos tuvieron que retirarse relativamente temprano. Los adolescentes tenían toque de queda, pero se les había extendido, por única ocasión hasta las doce de la noche, hora a la que, cual cenicienta, se habían tenido que retirar a dormir, junto con algunos adultos más que se asegurarían de que los adolescentes no intentarían seguir la fiesta.

A las 3 de la mañana terminó la música y nada más quedaron grupitos sentados alrededor de las fogatas, comiendo lo que había quedado del festín, platicando, y terminando sus bebidas. Los ocupantes del tercer templo fueron de los últimos en retirarse a dormir, cerca de las 5 de la mañana, junto con los ocupantes de Acuario, Leo, y Milo y Lena. Hacía un buen rato que Alfa había perdido de vista a Aldebarán, Dicro y Deathmask.

Como zombies, Saga, Alfa y Kanon llegaron al Templo, murmuraron un "buenas noches" unos a otros y se aventaron en sus respectivas camas a dormir.

Seguro habría varios Santos crudos a la mañana.