Y un capi más! Si no pasa nada, nos vamos acercando al desenlace
Dedicado a mi novia, te cambio capi por chinchilla? ;)
Espero que os guste
CAPITULO 10
Era fácil sentir el miedo en la voz de Regina mientras le relataba cómo había buscado al chico por todas partes sin encontrarlo. Aquel crío, sin duda, había sacado su talento para huir. Pero empezaba a cabrearla.
—Emma, sé que después de cómo terminó todo no puedo venir a pedirte favores, pero si vuelve a tu apartamento, llámame por favor.
—Sí, Regina, sabes que lo haría sin dudar. Pero verás hay un pequeño problema…
—Por Dios, Emma, entiendo que puedas estar enfadada conmigo, pero tienes que ayudarme a encontrar a Henry, ¡es solo un niño!
—Lo sé, claro, pero…
—Además, es tu hijo también, no puedes quedarte de brazos cruzados…—Siguió interrumpiéndola Regina.
—No, claro…
—Ni tampoco quedártelo y no decirme nada. Emma yo lo he criado estos diez años.
—¡Regina! Para ya por favor. Estoy intentando decirte que no estoy en Boston, por eso no podré decirte si está allí.
—Oh. —Regina paró la velocidad de su discurso por primera vez desde que había llamado. —¿Y dónde estás?
—Estoy…estoy en Storybrooke. He…había venido a buscarte. No sé…
—Emma, no sé qué decir, pero ahora mismo mi prioridad es encontrar a Henry.
—Sí, claro.
—Espero que entiendas que…
En aquel preciso instante las palabras de Regina se perdieron en la corta distancia entre el teléfono y su oído, pues Emma creyó vislumbrar una silueta que no le era del todo desconocido.
—Lo entiendo, Regina, te llamaré si sé algo. Adiós.
Casi distraída, Emma colgó el teléfono sin escuchar (o sin querer escuchar) los gritos de Regina al otro lado; caminando hacia la morena cabecita que había visto por allí cerca.
Sus sospechas se confirmaron cuando encontró a Henry Mills, con su característica bufanda a rayas rojas y grises, sentado en un parque infantil con la forma de un castillo.
—Ey chico. —Lo saludó.
—¿Emma?
—La misma. ¿Puedo sentarme contigo? —él se encogió de hombros.
—Es un mundo libre.
Emma se dejó caer sin demasiada delicadeza en la madera junto a él.
—Tu madre me ha dicho que te has vuelto a escapar. —Le dijo tras un rato en silencio.
—Puede ser, ¿qué más da?
—Bueno, a ella le dará un ataque, y a mí otro de no haber sido porque te he visto.
—A ti no te importo, me abandonaste. —Ni siquiera la miraba a los ojos.
Aquellas palabras se clavaron como un puñal en el pecho de Emma.
—Sí, te abandoné. Pero tuviste suerte, tuviste a una madre que te quiso. No todos los niños que llegan al sistema tienen la misma suerte.
—¿Qué vas a saber? —Espetó el crío.
—Más de lo que crees. Mis padres me abandonaron en una cuneta. Ni siquiera se molestaron en llevarme a un orfanato u hospital. Crecí de casa en casa sin que nadie me quisiera nunca. No quería que tú tuvieras esa vida, pero yo no podía ofrecerte nada Henry, era una cría y estaba en la cárcel. Una adopción cerrada me pareció la mejor opción.
—Si pudieras volver atrás, ¿lo cambiarías, te quedarías conmigo? —Dijo el niño esperanzado. Emma meditó muy bien su respuesta.
—No. Lo siento Henry, pero no me arrepiento. Ahora, más que nunca creo que fue la mejor decisión para ti. Después de conocer a Regina y saber cuánto te quiere y cuánto te ha querido, cómo te cuidó, cómo viviste…Puede que ahora estés enfadado y no te des cuenta, pero no has vivido un solo día de tu vida sin ser querido por alguien, sin sentirte querido… y eso, Henry, es el mayor regalo que la vida puede hacerte, no sabes cuántos morirían por algo así. Claro que me he arrepentido durante estos años y me he torturado pensando cómo estarías y si serías feliz. Pero ahora tengo la certeza de que lo has sido y lo puedes ser con Regina como madre.
—Yo no creo que me quiera. —Dijo el niño apenado.
—¿Cómo puedes decir eso Henry? ¿Acaso no te ha tratado bien todos estos años?
—Sí, muy bien, ha sido la mejor madre…excepto quizás por las pajaritas y los trajes pomposos que me obligaba a ponerme para las reuniones familiares navideñas. Pero…no soy su hijo.
—Hay personas a las que eso no les importa en absoluto, queda tanto amor en su corazón que no les importa nada más. —Por un momento se entretuvo recordando todas las conversaciones hasta la madrugada con Regina y cómo ella también había tenido eso, aquella cálida sensación de sentirse amada. —Y tu madre es, sin duda, una de ellas. Aunque no siempre sea la mejor mostrándolo.
—¿Y tú qué? —Preguntó el niño.
—¿Mi capacidad de amar? Bueno, tal vez esté algo marcada por el abandono constante y todo eso…pero no dudes de que te quise desde el momento en que te vi.
—¿Y a mi madre? —Preguntó de pronto el crío.
—¿A tu madre, qué..?
—Venga, vi cómo os mirabais cuando fui a buscarte, y cómo la has defendido. Ya tengo diez años, ¿Sabes? No soy un niño.
—No, claro que no, Henry. —Se rio ella. —Pues tu madre y yo…bueno es una historia larga.
—No tengo prisa.
—No sé lo que tu madre quiere que te cuente. Es algo privado y yo…
—Está bien, está bien. Solo dime una cosa.
—Está bien. — Aceptó ella no muy convencida.
—¿Quieres a mi madre? Pero querer, querer, del tipo besos asquerosos y abrazos y cosas vergonzosas de esas.
Emma no pudo evitar reírse.
—Sí, chico, quiero a tu madre. Y me gustaría hacer todas esas cosas que dices.
—¿Y ella te quiere a ti?
—Habías dicho que solo una pregunta.
—Venga, enróllate.
—No lo sé, Henry. Ella me dijo que sí, pero después de… ya no lo sé.
—¿Después de mí querías decir?
—No, Henry, no…—Pero en realidad sí.
—No mientas, estaba delante. Estabais juntas hasta que llegué yo y mi madre descubrió que tú eras, bueno, mi madre.
—Sí, es cierto, pero tampoco es tu culpa. Regina se puso nerviosa, yo me quedé bloqueada. Tendría que haber salido enseguida tras vosotros o no haberla dejado marchar.
—No habrías podido, mi madre es muy terca cuando quiere. Pero lo importante es que estás aquí ahora.
—Conozco esa cara, Henry, y no me dice nada bueno.
—Tú déjamelo a mí Emma.
—Que digas eso aún me gusta menos.
—A ver Emma, reconozco que la fastidié. Me dejé llevar por la tristeza de ser adoptado y pensar que nadie me quería e hice infeliz a la única persona que me ha querido toda su vida. Así que tengo que arreglarlo.
—Es un gesto loable por tu parte Henry, ¿pero qué planeas?
—Mmm todavía no estoy del todo seguro. Algo se me ocurrirá.
—Esa mirada no me da buena espina. —Dijo Emma.
—¿Por qué no?
—Porque es la misma que pongo yo cuando se me ocurre alguna trastada.
—Confía en mí, Emma, confía en mí. Ahora, ¿volvemos a casa?
—Volvamos, chico.
-SQ-
Mientras, en su enorme casa blanca, Regina daba vueltas cual león enjaulado, pensando dónde podría estar su pequeño Henry.
Justo cuando pensaba que no aguantaría más y que estaba a punto de enloquecer, la puerta central se abrió dejando paso a su desaparecido hijo.
—Oh Henry.
Se lanzó a abrazarlo, sin darse cuenta hasta que estuvo de rodillas atrapando a su hijo entre sus brazos, de que Emma estaba justo enfrente.
—Emma, ¿lo has encontrado?
—Sí, el crío no estaba demasiado lejos. Solo en el parque de las afueras.
—Ah claro, su parque favorito. Creía que había buscado ahí antes.
—Me escondí. —Aclaró el chico.
—Claro. —Dijo Regina resignada.
La alcaldesa los miró a los dos apenada, sin saber qué más podría hacer para mantener a su hijo con ella. Quizás estaba siendo egoísta, quizás él prefería a Emma, pero estaba segura de que perderlo sería su muerte segura.
—Henry, por favor, deja de darme estos sustos. —Le dijo al fin.
—Sí, mamá. He hablado con Emma y he comprendido que mi conducta está siendo demasiado infantil. Me afectó tanto saber que era adoptado y no sé, quizás Archie tiene razón e inventé toda la historia de la Reina Malvada para darle sentido a que me hubieran abandonado. Pero lo compensaré mamá. No volveré a escaparme.
—Es una gran noticia, Henry, espero…
—Cooon una condición.
Las dos mujeres se quedaron mirando a aquel pequeño extorsionador.
—¿Qué condición? —Dijeron a la vez.
—Pronto lo sabréis. —Dijo sonriendo.
Gracias por leer. ¿Qué tramará Henry?
