Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece, obviamente.

10/22

Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien. En fin, seré breve por priorizar la actualización -perdónenme por no hacer los agradecimientos adecuados. Gracoas, de verdad, gracias a todos: lectores, aquellos que dejan review, que agregan a favoritos mi humilde historia y quienes me agragan como favorito a autores. No se dan una idea lo feliz que me hace. En fin. Gracias (otra vez) Espero les guste. ¡¡Nos vemos y besitos!!


Yuxtaposición de soledades

Algo más

X

"Distancia prudente"

Observó en silencio partir a Tenten junto con Ino, la cual continuaba soltando bufidos de fastidio a causa de él (y probablemente a causa de Shikamaru también); algo que lo tenía realmente sin cuidado. Lo que Ino dijera, pensara o manifestara en relación a él no le podía importar menos. De hecho, la única razón por la que se había dirigido directamente a Ino –sin intermedio de, por ejemplo, Shikamaru- era porque su compañera necesitaba asistencia médica y Sakura se encontraba actualmente ocupada con sus propios compañeros de equipo (o ex compañeros de equipo, en tal caso) y no podría asistir las heridas de Tenten. En todo caso, ahora se encontraban desapareciendo detrás de un grupo de frondosos arbustos y un gran árbol. Poco a poco, la silueta de ambas desapareció de la vista de él.

Una vez que hubieron desaparecido completamente, dirigió su mirada hacia donde se encontraban los prisioneros, los cuales se estaban de momento amarrados y sentados en el suelo cerca de un árbol próximo. El resto del grupo, a excepción de Kakashi y Sakura, se encontraban esparcidos por el terreno intentando recuperar la energía consumida en las batallas e intentando idear un plan adecuado para regresar a la aldea con aquellos shinobi renegados y con la menor cantidad de incidentes en el camino. Lo cual Neji encontraba dificultoso. Seguro, ellos los superaban numéricamente pero sus extrañas cualidades y habilidades los hacían oponentes dificultosos y escurridizos. Eso, definitivamente, era un problema.

Sin embargo, todo hilo de pensamiento en aquella dirección fue erradicado al oír el sonido de alguien acercándose fuertemente a grandes zancadas y fuertes pisadas. Como si se tratara de un caballo galopando o algo aún más pesado que un caballo.

Activando el Byakugan, escaneó el área en silencio. Rehusándose a decir algo referente al asunto en voz alta hasta estar seguro que se trataba de enemigos. En momentos como aquellos, establecer un caos similar sería contraproducente y perjudicial. Además, la estabilidad del equipo comenzaba a fallar. A lo lejos, podía observar el corazón de Naruto dejar de latir lenta y progresivamente. Sus latidos cada vez más breves y la distancia entre uno y otra cada vez más amplia. Lo sabía, lo había visto antes con aquellos mismos ojos; Naruto estaba muriendo. Aún así, decidió aguardar. Y lo hizo. Con Naruto siempre había que aguardar un as bajo la manga o algo similar. El rubio nunca dejaba de sorprender. Incluso, lo había logrado sorprender a él, Neji Hyuuga, lo cual era prácticamente imposible pues él era conocido –y se jactaba de serlo- por ser sumamente precavido al punto de no confiar en nada ni en nadie. Pero a Naruto lo había subestimado, lo había llamado perdedor como todo el resto y ese había sido su mayor error, y uno que no se lamentaba haber cometido. Naruto le había abierto los ojos. Aún así, aún deseaba volver a combatir con él e intentar vencerlo. El joven rubio simplemente no podía morir. No hasta que él lograra vencerlo en combate.

En ese instante, su atención se vio dispersa hacia un grupo de arbustos los cuales –segundos después- fueron arrasados por las grandes patas anchas de un perro blanco de tamaño descomunal. Se trataba de Akamaru y, encima de su lomo, se encontraban Kiba Inuzuka y Hinata Hyuuga; la heredera de su clan, su prima, aquella que años atrás había intentado asesinar.

—¡Akamaru, alto! —oyó decir al amo del perro. Y, sin sorprenderse, Neji alzó la mirada a ambos. Con el Byakugan, los había visto venir. Aquello no era sorpresa alguna. Lo era, sin embargo, la razón por la que se encontraban allí.

Al voltear su rostro a un lado, se percató de la silenciosa presencia de Shino junto a él y, luego, volviendo la vista al frente observó a Hinata correr hacia donde se encontraban ambos. La palidez de su rostro revelaba la cuestión que la mantenía alerta de aquella forma. Neji no tuvo otra opción que deducir que Hinata había visto el corazón de Naruto ceder en la distancia, o quizá, no lo había visto abandonar la cueva. Una u otra, eran tan malas para ella como la anterior. No importaba cómo ni porque, para Hinata, Naruto tenía que vivir o Neji temía que ella misma moriría.

Finalmente, se detuvo delante de ambos y Neji observó por encima del hombro de la chica a Kiba dirigirse en la dirección en la que se encontraba Sakura —Shino-kun... —susurró— Naruto-kun...

Éste observó hacia donde se encontraba el cuerpo del mencionado y negó con la cabeza. Neji, aún con el Byakugan activado, volvió la vista en la misma dirección; observando como el flujo de chakra dentro de su cuerpo y de sus canales de chakra empezaba a ceder aún más rápidamente que los últimos latidos de su corazón. Hasta que, finalmente, se detuvo.

Aún así, Hinata se rehusó a creer que el rubio estaba muerto pues simplemente no era posible. Continuó allí, de pie, firme y negando una y otra vez con la cabeza. Su largo flequillo cubriendo sus blancos ojos característicos del clan de la vista de su compañero de equipo y de él, su primo. En ese instante, quiso decirle que no tuviera demasiada fe porque esta se quiebra fácilmente como cristal fracturado. Quiso decirle que no aguardara un milagro porque, aún si se trataba de Naruto, los milagros no existían. Quiso decirle que forzara las lágrimas que aún no habían caído de regreso al interior de sus ojos porque llorar no servía de nada, no proveía soluciones y solo hacían lucir débil a su portador. Quiso decirle, inclusive, que creciera y aceptara que la realidad no era como ella la veía; pero no lo hizo. La suave voz de Hinata le detuvo de decir aquellas palabras crueles y bruscas, pero que solo había querido decir por el bien de ella. Cuanto antes lo entendiera, mejor.

Bajando la cabeza, susurró —N-Naruto-kun v-vivirá... —Shino, a su lado, la observó en silencio; y él no pudo hacer otra cosa sino que contemplarla de la misma forma. Hinata era inocente, era frágil y era crédula. Él era frío, fuerte y veía la realidad tal cual era pero había veces en que desearía volver a ser el niño de cinco años, con padre, que creía en que las cosas se solucionarían. Así como quería creer que Naruto cambiaría la estructura del clan Hyuuga solo para él. Pero a pesar de todo, no lo hacía, encontraba difícil creerlo pero Hinata lo hacía ver tan simple... tan fácil... que encontraba cruel e injusto quebrar aquellas esperanzas con historias de la realidad. Neji ya había dañado a Hinata demasiado en el pasado.

Rendido, volvió a observar con el Byakugan activado en la dirección en la que se encontraba tirado el cuerpo de Naruto. Inmóvil, inerte. Todo en su interior había dejado de circular como se suponía que debía hacerlo. El ciclo equilibrado de la vida estaba roto al igual que el corazón de Naruto. Su cuerpo estaba muy dañado al igual que sus circuitos de chakra, principalmente los del brazo derecho, pero aquel era un daño menor en relación al daño de su corazón. Si este no volvía a latir en cuestión de segundos, estaría muerto indefinidamente y pasaría a ser una roca fría e insensible más en un campo de hierba verde y flores diminutas, rodeado de otras tantas piedras frías e insensibles que no significaban nada. Un caído más en batalla, un recuerdo en la historia de los caídos de Konoha.

Sin embargo, sus ojos se vieron forzados a reaccionar instintivamente, a abrirse desmesuradamente, cuando una suave oleada de chakra emanó de su corazón hacia sus circuitos más próximos. Luego, como si de una llamarada de fuego se tratara, una incapaz de ser apagada, se extendió en una nueva oleada violenta por todo su cuerpo. Una y otra vez, el chakra fluyó con perfecta armonía y naturalidad. Naruto había logrado, una vez más, lo imposible frente a sus ojos. Había vuelto a mostrarle un milagro de esos en los que Neji no creía. Naruto, también, hacía demasiado fácil querer creer... pero Neji no creía. Neji era un escéptico. Esa era su forma de ser y se aferraba a ella porque hasta entonces había funcionado, lo había llevado a límites insospechados y lo había protegido de cualquier otro daño que la vida pudiera propiciarle en su dirección. El escepticismo lo mantenía firme y fuerte, y él no veía razón alguna para abandonarlo. Ninguna, en absoluto.

Kiba regresó, segundos después, anunciando lo sucedido —El idiota está vivo.

Hinata soltó un pequeño sollozo, y luego otro. Y otro.

El Inuzuka parpadeó desconcertado —Oy, Hinata... ¿Por qué lloras? Esas son buenas noticias.

Ella asintió, bajando la cabeza y limpiando la única lágrima por derramar –que colgaba del filo de su ojo lista para caer- con el dorso de su mano —S-Si... Naruto-kun e-estará bien... —volvió a pasar el dorso de su mano por sus ojos y, algo más tranquila, elevó el mentón—. G-Gracias... K-Kiba-kun...

—Uh... Seguro...

Neji observó, mientras tanto, la interacción de ambos en silencio. Era demasiado obvio, al menos para él, que Kiba estaba intentándolo. Quizá demasiado. No le sorprendía, de todas formas, el Inuzuka era conocido por su incesante necesidad de atraer la atención. Aquello no sería una excepción a las reglas de su personalidad, si Neji no supiera realmente las intenciones de Kiba. Lo cual lo hacía parecer del todo un poco más desesperado. Patético...

Entonces, la joven se percató de la ausencia de dos miembros del grupo. Uno, particularmente, era la compañera de Neji Hyuuga. Tenten. La otra era Ino —Umm... ¿Neji-nii-san? —preguntó, temerosa de la respuesta que pudiera obtener a la pregunta que estaba por hacer.

Éste la observó en silencio, fría e indiferentemente. Sabiendo de antemano que preguntaría pero aguardando a que continuara lo que estaba a punto de decir. Era irritante, al menos para él, que Hinata no concluyera sus frases a cada instante. La vacilación debía desaparecer, al menos cuando se dirigiera a él, debería hacerlo sin dejar palabras perdidas y al aire. Aún si él sabía descifrar cada una de sus expresiones y cada uno de sus silencios.

—¿T-Tenten-san está herida? —preguntó la joven. Neji observó de reojo la expresión de fastidio de Kiba en relación a su propia reacción a la pregunta. No había manifestado nada, dejado entrever nada, porque no había nada debajo de su expresión de indiferencia. Las heridas de Tenten eran superficiales, él lo sabía porque él mismo las había provocado. Algo que se reprochaba, obviamente, pero que en el momento había sido incapaz de prever. Además, conocía a Tenten mejor que nadie de todos los presentes allí y sabía perfectamente que ella accedería sin mayores problemas a soportar un mínimo de dolor por el resultado de la misión. Así era ella, exigente consigo misma y conciente de sus propias prioridades; y él la respetaba suma y profundamente por ello. Tenten era la única que comprendía la escala de importancia de las cosas y comprendía las acciones de él a la perfección, sin juzgarlas de crueles, innecesarias o simplemente egoístas. Pues él nunca arriesgaría la vida de ella sobre una misión, eso era un arreglo mutuo y silente. Algo establecido que Tenten sabía perfectamente.

—Solo heridas superficiales.

Hinata asintió —Oh... —susurró—. M-me alegro de oír e-eso, Neji-nii-san.

Éste devolvió las palabras de ella con un corto gesto de asentimiento con la cabeza. Era un gesto simple y sin mayor trascendencia. No había nada que leer debajo de él, pero el gesto era el justo y necesario para la situación. Indicaba agradecimiento, pues Hinata no tenía obligación alguna de preocuparse por la que fuera su compañera de equipo ya que nada tenía que ver con ella, y era también un asentimiento a las palabras de ella. Tenten estaba bien y viva. Volviendo la vista hacia donde ambas mujeres habían desaparecido, permaneció con la vista allí largo rato (Byakugan ahora desactivado) y en sumo silencio. Aguardando el regreso de ambas. Preguntándose si habría habido alguna complicación que las retenía por más tiempo.

La voz de Hinata volvió a atraer su atención. Ésta vez, por una razón u otra, la joven había bajado la voz aún más. Como si quisiera que sólo él la oyera decir aquello —Neji-nii-san...

—¿Hmp?

—Y-Yo... podría ir a v-ver cómo se encuentran Tenten-san e I-Ino-san... si tú lo d-deseas...

El Hyuuga volvió la vista hacia donde ambas habían desaparecido y observó por unos instantes más el camino por el que se habían perdido. Hinata, aún junto a él, continuaba mirando sus acciones en silencio; aguardando una respuesta. La hipótesis de la complicación continuaba rondando en su cabeza, una y otra vez, como un pensamiento molesto, fastidioso e inútil; pero no podía apartarlo. Algo que se rehusaba, completamente, a dejar entrever.

—No veo porque fuera necesario eso —y sin decir más se marchó en silencio, caminando hasta la sombra de un árbol alto y dejándose caer bajo este. Sus ojos vagando por las ruinas de la cueva que tantas complicaciones les habían traído. La imagen del corte en la espalda de Tenten continuaba apareciendo en su cabeza. Había sido brusco, lo sabía, había forzado demasiado la voluntad de ella. Eso también lo sabía. Y sabía, también, que no era demasiado prudente acercarse tanto a la chica. Debía mantener una distancia prudente, una distancia correcta y adecuada; ambos estaban de acuerdo en que todo dependía de la distancia; y si él no respetaba ese acuerdo tácito podía correr el riesgo de generar en ella la impresión errada. Y sabía cuan peligroso era generar en Tenten la impresión errada pues conocía perfectamente cada pensamiento de ella respecto a él. Sabía cómo lo veía también, lo había vislumbrado azarosamente con el Byakugan varias veces antes. Así como también había percibido las reacciones del cuerpo de ella de acuerdo a su proximidad. Cómo estas variaban en intensidad y en obviedad. Para él, Tenten era trasparente –y a aquellas alturas podía deducir que esto también ella lo sabía- y eso a veces era perjudicial para su relación. Había cosas que Neji no deseaba ver, no de ella.

Observando a Hinata marcharse y desaparecer en la dirección en que Ino y Tenten lo habían hecho, se dejó caer hacia atrás; recostando su espalda en el tronco erecto del árbol contra el cual se encontraba. Cerrando los ojos lentamente y permitiéndose un instante meditar. Hinata iría a Tenten, lo sabía; iría a verificar por él el estado de salud de la chica. Aún si él le había dicho que no tenía importancia.

Hinata arribó al claro segundos después y tras ver la escena y la situación en la que se encontraban, comenzó a sentirse incómoda por haber llegado en momento tan poco oportuno. Cubriendo el sonrojo de sus mejillas con ambas manos, murmuró —L-Lo siento Tenten-san... v-vine en un mal momento... L-Lo siento...

La mencionada, que hasta el momento no se había percatado de la presencia de alguien más que ella e Ino en el claro, se volvió a ver a la recién llegada Hyuuga. Sin sorprenderse, verdaderamente, del sigilo que la había llevado hasta allí sin ser notada. Cada día, Tenten se convencía más que era un rasgo de los miembros del clan de ojos blancos. Neji era igual de sigiloso cuando se escabullía detrás de ella, muchas veces para reaparecer de sorpresa a su lado; logrando hacer que se sobresaltara. Algo que irritaba sumamente a la castaña. Pero con Hinata era distinto pues Neji lo hacía deliberadamente mientras que la muchacha frente a ambas simplemente deseaba pasar desapercibida y no estorbar.

Divertida con la reacción vergonzosa de Hinata, soltó una carcajada —Hinata.

Ésta, aún dudosa, pero claramente sorprendida pues aparentemente no era la reacción por parte de ella que esperaba; apartó parcialmente ambas manos de su pálido rostro y contempló a Tenten confundida —¿S-Si?

Ino se volvió a verla también con una sonrisa —No tienes que irte y, ¡Dios!, no tienes que cubrirte de esa forma. Somos todas mujeres.

La castaña asintió, aunque pudo comprender porque Hinata se sentía avergonzada de aquella forma. Tenten se sentía cómoda en su piel, no sentía ningún tipo de incomodidad al ver su cuerpo ni ningún tipo de inseguridad alguna pues ese tipo de cosas no le interesaban. Su cuerpo era lo que era por el entrenamiento y la vida que llevaban. Era una herramienta de batalla y la piel en la que tenía que vivir, entrenar, luchar, sentir dolor y demás, todos los días. Simplemente eso. Si era atractivo o no, lo ignoraba. Después de todo, no era hombre y no sabría por donde empezar a juzgar. Además, no le agradaba hacer dietas. Ino, por otro lado, cuidaba mucho su cuerpo y lo mantenía en perfecto estado y con un peso ideal determinado. No era tonto deducir que el cuerpo que Ino se forzaba a tener era el ideal masculino pues, probablemente, lo hacía por ese sencillo hecho. Ino entrenaba y hacía dietas, su piel era bronceada, pulcra y perfecta. Hinata, por otro lado, era insegura en todos los aspectos de su vida y era únicamente obvio que eso se reflejara en su propio cuerpo y piel.

—Ino tiene razón.

Hinata, aún más avergonzada de lo que ya se sentía por la intromisión, hizo un débil asentimiento con la cabeza; descubriendo su rostro sonrojado y sus ojos perlados de la palma de sus manos —S-Si... ¡L-Lo siento!

La observó entonces, con los ojos descubiertos, examinar sorprendida y cuidadosamente la herida de su espalda. De arriba abajo y de lado a lado, trazando con la mirada el corte transversal que la atravesaba desde casi debajo de la nuca hasta casi la cintura. Debía verse horrible, pensó, pues Hinata admiraba con horror la piel rasgada de ella. Pero, honestamente hablando, debía verse peor de lo que dolía pues no dolía tanto. Al menos eso se forzaba ella a manifestar, y se rehusaba a hacer una mueca de dolor cada vez que los dedos encandecidos por el chakra de Ino tocaban los bordes irregulares de la herida. Simplemente se rehusaba. Tenten era una mujer orgullosa y no deseaba mostrar debilidad alguna. Estaba determinada a probar que ellas no eran el sexo débil, como muchos hombres solían llamarlas.

Hinata, además, examinó su cuerpo con curiosidad aunque Tenten no encontró sentido a este examen. Su cuerpo no era nada especial, no había demasiado que admirar allí. Su piel, lejos de ser delicada como la de las demás kunoichi, estaba completamente quemada por entrenar día a día bajo el sol; habiendo adquirido un tono bronce que poco contrastaba con su cabello castaño y ojos de igual color. En su opinión, el bronceado se lucía mejor en Ino, o quizá era el hecho de que a ella simplemente no le importaba. Además de ello, su figura era delgada y su abdomen estaba completamente delineado por años y años de entrenamiento; pero, al menos, Tenten agradecía que mantuviera la naturalidad que caracteriza a un cuerpo femenino y que no se viera como los abdominales de Lee o Neji. Por otro lado, sus pechos eran normales y ordinarios. No demasiado grandes ni demasiado chicos, aunque sí algo pequeños pero firmes. Los cuales, de momento, tenía sujetos con una venda que usaba habitualmente con aquellos exactos fines. Para Tenten, era una fortuna que sus pechos no fueran grandes como los de Ino o Hinata; para ella solo serían una molestia. Un estorbo en combate.

Los ojos de Hinata fueron nuevamente a parar a la herida en su espalda —¿D-Duele?

Tenten contempló la herida por encima de su hombro. Rehusándose a mostrar que de hecho dolía un poco más de lo que ella dejaba entrever —Nah. Es solo un raspón.

—O-Oh...

Ino, comenzando a exasperarse por la presencia de Hinata allí. La cual permanecía simplemente de pie contemplándolas sin decir absolutamente nada, espetó. Perdiendo completamente la paciencia —Hinata ¿Qué haces aquí?

Tenten la observó sobresaltarse por un instante. Ella también se había hecho la pregunta pues Hinata no había viajado con ellos en la misión ni había sido convocada para ella, lo cual la había dejado bastante abatida –o eso había notado Tenten aquella vez en la entrada de la aldea.

Hinata volvió a susurrar, avergonzada —¡L-Lo siento, Ino-san! K-Kiba-kun y yo v-vinimos a a-ayudar...

La castaña asintió —Ya veo...

Sin embargo, esa no parecía ser la respuesta que la rubia aguardaba oír cuando hizo aquella pregunta; pues la siguiente pregunta sonó quizá un poco más agresiva de lo que realmente requería la situación. Pero, al fin y al cabo, Ino era así —Me refiero... a qué haces TÚ aquí.

—Oh... Uh... Umm... V-Vine a ver c-cómo se encontraba T-Tenten-san... Neji-nii-san q-quería saber...

Al oír el nombre de él Tenten se sintió tensar y estuvo segura que Ino también lo percibió debajo de las yemas de sus dedos pero, si lo hizo, no dijo nada. Afortunadamente para ella, pues Tenten no era del tipo que le gusta compartir su vida privada con los demás. Menos, aún, con personas con las que rara vez entraba en contacto.

—¿Cómo estaba? —completó la castaña. Hinata asintió lentamente y comprendió que el tono brusco en que había dicho aquellas palabras la había hecho sobresaltar. No había sido esa la intención, en verdad; pero no había podido evitarlo. Puso los ojos en blanco—. Si claro...

—Esto... Tente-san... E-Es cierto... N-Neji-nii-san...

Y quizá lo fuera. En verdad, no estaba enfadada con él por haberla forzado contra aquella pared y haber dañado su espalda. En absoluto. Era todo parte del trabajo de ser shinobi y de la misión y por el bien del futuro de la misión Neji lo había hecho. Eso ella lo comprendía, lo sabía perfectamente. Podía leer sin error alguna cualquiera de sus acciones. Así que, no, no estaba enfadada con Neji por ello. Estaba enfada porque había reaccionado de una forma en que sabía no debería. Estaba enfada porque no había podido lograr el autocontrol que había estado poniendo a prueba una y otra vez por aquellos largos años pero aún más le enfadaba el hecho de que él la había visto. Había visto a través de ella y lo comprendía todo. Lo comprendía todo y su única respuesta era silencio y frío absoluto. Pero, ¿qué debía esperar de él? Era Neji, se trataba de él, después de todo.

—Debería —volvió a interrumpirla. Sin embargo, a pesar de sus palabras, no sonaba enfadada. Había logrado aligerar el ambiente sutilmente. Había logrado contener su frustración, la cual parecía ser todo lo que sentía últimamente—. Por su culpa tengo esta herida.

—¿Uh?

Tenten sonrió —No me hagas caso, Hinata.

—O-Oh... —susurró, dándose media vuelta para regresar al campamento. Sintiéndose ligeramente fuera de lugar, como habitualmente solía sucederle cuando no se encontraba entre aquellas pocas personas –aquel número contado de personas- con las que se sentía a gusto. Sin embargo, antes de partir, dio media vuelta y susurró —¿Tenten-san?

Ésta alzó la mirada, curiosa de lo que la joven fuera a decir a continuación; aunque, podía imaginárselo —¿Si?

—Neji-nii-san en v-verdad se p-preocupa por ti... —la mencionada asintió. Lo sabía. Lo sabía perfectamente, había empezado a notarlo desde que tenían tan solo 13 años. volvió su vista al frente. Hinata dio media vuelta y comenzó a alejarse una vez más.

Pero esta vez, sintió que era ella quien necesitaba decir algo que Hinata parecía no notar o elegía no hacerlo. En todo caso, pensó que sería lo correcto decirle aquello, si bien no fuera directamente —Hinata —Ino observó todo con curiosidad.

Hinata se detuvo y se volteó a verla —Uh... ¿S-Si?

Sonrió —Todos tenemos alguien que cuida nuestras espaldas. Es cuestión de saber quien cuida la tuya.

La joven Hyuuga hizo una débil reverencia, susurró —S-Si... —aunque aún confusa por las palabras de la joven castaña, y sin decir demasiado más se marchó de regreso adonde se encontraba el resto del grupo.

Cuando llegó allí, Neji la observó reaparecer del camino por el que se había marchado. Hinata parecía confundida, por una razón u otra que él ignoraba, pero fuera de eso estaba tranquila. Su expresión lo denotaba, lo que significaba que su hipótesis de la complicación debía ser descartada. Lo cual era una buena señal y algo positivo. Aunque, nunca había dudado de la fortaleza de Tenten. Aquello era de lo único de lo que Neji no dudaba, el resto... podía ser sometido a examinación.