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(&&&- Cambio de escena)


CAPÍTULO 10

Confesión

Lin estaba en el sillón sin hacer nada en realidad, la computadora en su regazo era nada más que un pretexto inútil para pasar el tiempo. Rato atrás cenó y ordenó su departamento, cosas que no le llevaron tanto tiempo como deseaba. Ahora, luego de escribir brevemente en su diario sobre la decisión que tomó esa noche, nada más esperaba porque fuese una hora prudente para encender el televisor y sintonizar el canal de deportes. También podría enterarse por internet, pero de la otra forma miraría escenas y sería más sencillo darse una idea de que pasó.

El teléfono de su casa timbró de repente, no era la primera vez esa noche pero justo como las ocasiones anteriores, decidió ignorarlo. De todas formas se suponía que ella no estaba en casa y no tenía ganas de hablar con nadie. Además su teléfono celular andaba por ahí, así que si no la buscaban en ese número, no era nada de vital importancia.

Cuando se rindió y no pudo pasar un minuto más de ocio, prendió la tele y puso el canal de deportes pensando que quizás debería soportar un rato de fut bol, natación o cualquier cosa antes de lo que le interesaba… tal vez buscar una película… pero no pudo. En la pantalla ya estaban las noticias. Vio escenas dispersas de la carrera de esa noche, sabía que eran justo lo que buscaba por la iluminación artificial y el cielo oscuro, casi nadie corre de noche. Fue como un collage que pasó rápido ante sus ojos, donde apenas pudo distinguir un auto de Sengoku cruzando en primer lugar y otros dos de otra escudería en segundo y tercero, después una toma de cerca al otro hermano de la escudería y al coche que hizo que los dos salieran despedidos girando para después incendiarse.

En ese momento su corazón se detuvo. A sus oídos llegaban comentarios sobre la tragedia de esa noche y de repente la imagen de la pantalla se quedó nada más en una esquina –donde había un moño negro como terrible muestra tradicional de luto- y el conductor de expresión seria siguió hablando de la lamentable pérdida que sufrió el automovilismo, después pasaron a la discusión de si deberían quitarse las carreras nocturnas o no.

Esos segundos que pasó viendo sin creerlo se le hicieron eternos, Lin estaba confundida, aturdida ¿quién fue? ¿Quién estaba muerto? Sabía que uno de los hermanos cruzó en primer lugar… pero el otro…

Si hubiese pasado algo con Sesshoumaru de seguro que Sango le avisaría ¿no? Y en ese momento recordó las llamadas a su casa y de un solo movimiento dejó la computadora en el sillón y corrió por su bolso, ahí estaba el celular… apagado. Se le llenaron los ojos de lágrimas dando por hecho que lo más terrible aconteció, que fue su Sesshoumaru el involucrado y que Sango sí intentó contactarla.

Con movimientos torpes y el cuerpo invadido por todo el dolor de su suposición fue y tomó el teléfono de su casa, se fijo… y las llamadas sí fueron de su amiga. Sin dudarlo regresó la llamada y escuchó cada timbrazo con impaciencia y al mismo tiempo deseando que ella nunca atendiera, prefería mil veces la duda que la confirmación, aunque no pudiese detenerse. Al final el buzón entró y ella colgó… confundida y temerosa ¿y si de verdad fue Inuyasha el que sufrió el accidente? Con rapidez marcó el número de Sesshoumaru esperando escuchar su voz para salvarla de la oscuridad en la que iba cayendo de a poco. Pero nadie contestó.

Así ya sin opciones, sumida hasta el cuello en un mundo sin oxígeno para respirar, lleno nada más con sus lágrimas que caían al suelo inclementes, miró la televisión otra vez y vio que el debate les duró poco, ya habían pasado a otras noticias… como si la muerte de un piloto fuera poca cosa, aunque quizás ya tenían horas hablando de eso y ella como escogió el peor momento para aislarse del mundo… pero existía otra opción ¿sería capaz? Con lentitud dejó el teléfono y movió su cuerpo un paso a la vez costándole cada centímetro que ganaba. En internet encontraría la información… pero ¿cómo hacerlo? Era como caminar hacia un abismo sin desearlo, como con toda una vida feliz por delante… avanzar hacia lo que sería su propia muerte. Como un pensamiento fugaz le cruzó la mente una imagen de película, personas en un hospital psiquiátrico y una mujer adulta que nunca abandonó la niñez… quizás sería mejor, la envidió terriblemente, poder quedarse para siempre suspendida antes de la tragedia.

Cuando rozó la laptop con los dedos el sonido estrepitoso de su teléfono la trajo de vuelta, ahora recuperada como un milagro, ansiosa porque fuera el mismo Sesshoumaru quien llamara, corrió a contestar y la voz del otro lado habló antes que ella.

- ¡Lin! ¿Dónde has estado? –escuchó a Sango como el preludio de lo peor, alterada como nunca la escuchó antes. Y no pudo responderle. - ¡Lin! ¿Ya lo sabes?

- No… -susurró y se preguntó a sí misma si su murmullo fue para contestar la pregunta o para rogarle a su amiga que no se lo dijera.

- Hubo un accidente… y Sesshoumaru estuvo involucrado ¡qué día escogiste para faltar! No dejan pasar a nadie al hospital ¿cómo le vas a hacer para entrar a verlo?

- ¿Hospital? –preguntó en automático, sin poder creerlo ni sentir alivio.

- Sí, está internado donde mismo que tú estuviste.

- ¿Cómo está?

- Lin, tranquila- intentó calmarla Sango, quien por primera vez notó las lágrimas en su voz- No sé cómo está… no he parado ni por un momento de trabajar aquí. –la joven mecánica suspiró con frustración, cómo desearía darle a su amiga las respuestas que necesitaba… aunque… tal vez…- Dame unos minutos. Kagome debe saber y sino, quizás su hermana. Voy a investigar y te llamo. Espérame y cálmate ¿de acuerdo?

- Sí… gracias.

- Tranquila.

Sango terminó la llamada y Lin se quedó estática, de pie en el mismo sitio, con el teléfono entre las manos y el corazón dándole vuelcos que dolían… quería sentirse mejor, estar aliviada… pero… ¿y si Sango no estaba tan bien informada? ¿Y si de camino al hospital él…? No, claro que no, una cosa así la sabría. Así se le fueron los minutos, llorando y esperando, con temor de moverse y escuchando sus propios suspiros, sintiendo sus ojos húmedos y calientes hincharse poco a poco. Cuando el teléfono sonó, ella respondió de inmediato.

- ¿Lin? –Sango preguntó pero ella no pudo contestar, ahora eran todo suspiros- Cálmate, él está bien.

- ¿Qué? –de repente una oleada de la tan anhelada calma la recorrió, aunque no fue suficiente para quitarle el llanto.

- Él está bien. Tiene algo en un tobillo y una quemadura superficial. Está bien. Deja de llorar.

Lin quiso hacerlo, dejar que la calma le quitara las lágrimas, pero ahora ese alivio era el mismo que le provocaba llanto… Sesshoumaru estaba bien, estaría bien. Se escuchó a sí misma reír al mismo tiempo ¿cómo podía hacerlo? Tal vez Sango pensaría que se estaba volviendo loca.

- Lo siento… -se disculpó en el teléfono.

- Tranquilízate más y te digo algo importante. Anda, respira profundo.

Pasaron un par de minutos hasta que la cosa de la respiración funcionara, de todas formas no pudo dejar de derramar pocas lágrimas, pero ya tenía la voz suficiente para sonar medianamente bien, hasta ese momento volvió a hablar.

- ¿Qué cosa importante?

- Kagome no está ahí, pero va a mover hilos para que cuando llegues te dejen pasar, es la habitación 1025. Sólo prepárate mentalmente, porque la entrada va a estar llena de reporteros, sólo tienes que identificarte en la puerta principal.

- No puedo ir.

- ¿Por qué? ¿Te pasa algo? ¿Por qué no viniste a la carrera? –de pronto la voz de Sango sonaba alterada de nuevo.

- No… yo… no me pasa nada. –tomó una bocanada grande de aire preparándose para decirle a su amiga un par de cosas que no le contó antes- Él y yo nos besamos… salimos… estábamos como si no fuera trabajo, como si nos gustáramos… como si nos quisiéramos. Y de repente él terminó todo y ahora está saliendo con Kikyo Higurashi.- quizás no fue la mejor forma de plantearlo, pero sí la única que se le vino a la mente, del otro lado el mutismo de Sango fue tal que Lin se preguntó si seguía ahí.- Por eso no puedo ir.

- Tenemos mucho que hablar. –concluyó la mecánica anonadada- Y… es tu decisión… sabes que te puedes topar a Kikyo ahí pero… Sesshoumaru preguntó por ti.

- ¿Cómo?

- No lo sé, eso me dijo Kagome.

Mientras Lin recapacitaba en lo increíble de las palabras, escuchó cómo llamaban a su amiga para continuar con lo que hacían y se despidió de ella dándole las gracias por todo y con la imposible tarea de decidir qué hacer, si ir y verlo con todas las posibles consecuencias llenas de pena que eso le llevaría… o quedarse ahí sola toda la noche.

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Quizás esa la recordaría como una de las noches más caóticas de su vida, pero ya todo había pasado, bueno, casi todo. Nada más le quedaba una última situación por revisar, Inuyasha. Él estaba diferente… hasta mal podría decir y no tenía idea de por qué, ya que Kikyo sólo se limitó a informarle que él era algo celoso y posesivo pero su intuición le decía que las cosas no eran tan sencillas. Por eso fue a buscarlo a su casa a esas horas después de una carrera que ganó.

- ¿Kagome? ¿Qué haces aquí? –preguntó Inuyasha al abrir la puerta, se veía desaliñado, con ropa deportiva y el aroma a alcohol era fuerte, ella se sorprendió.

- ¿Has estado bebiendo?

- ¿Viniste a darme un sermón? –la cuestionó con una ceja levantada.

- No, tonto, vine a ver cómo estás, déjame pasar.

Inuyasha se rió con ironía y se hizo a un lado. Dentro de la casa Kagome notó la típica vivienda de un hombre solo… cada cosa fuera de lugar, ropa en la sala, trastes en la mesita del pasillo, artículos de limpieza sobre el comedor… al igual que una botella medio vacía. Cuando él tomó un vaso limpio y lo sirvió la joven ni sospechó que fuera para ella hasta que se lo ofreció, Kagome lo recibió por mero instinto y luego lo observó sentarse en la sala para tomar el trago que ya llevaba a la mitad, ella lo imitó.

- Supongo que a Kikyo no le va a molestar que yo también te eche a perder. –se burló él mirando el licor que ella sostenía sin deseos de beber.

- ¿Qué te pasa? ¿Qué les pasa? Todo era perfecto y de repente… ya ni se ven y tú estás de lo más extraño.

- Pensé que ustedes no se guardaban secretos.

- No muchos…

- Supongo que éste es uno de los que sí, pero… ¡si ni siquiera es secreto! Todo mundo sabe que ella se divierte con cualquiera, especialmente con el imbécil que está en el hospital.

- ¿Sesshoumaru? ¿Mi hermana y él? Por supuesto que no.

- No te engañes, ella ya lo hace bastante bien sola. –las palabras salieron de sus labios cargadas de veneno- Deberías mirar más los periódicos y así te darías cuenta de que ella es libre y puede salir con Sesshoumaru, conmigo y con quien sea.

- Suponiendo que sea cierto… -dijo con cautela Kagome, todavía sin entender mucho.

- ¡Es cierto! ¡Maldición, si ella misma me lo dijo!

- Está bien, es cierto, es cierto. –trató de calmarlo, aunque ella misma no daba mucho crédito de aquello, si Kikyo nunca fue así- ¿Te rendiste así de fácil? Tal vez sólo tengas que buscarla un poco más.

- Kagome, dices que no eres una niña, pero todavía hay muchas cosas que no entiendes.

- Entiendo que te quiere y que tú la quieres, que estás de mal humor y haciendo tonterías como la de ahora. En estos momentos deberías estar en el hospital con tu hermano…

- ¡No es mi hermano! Ese imbécil es hijo de mi padre solamente, no mi hermano. Y lo que le pase no me importa.

- Está bien. Calma. –la joven lo miró con toda la paz que pudo, tratando de transmitírsela y casi arrepentida de haber ido, por más que quisiera ayudarlos tanto a él como a Kikyo… quizás no podría.

- Ya, Kagome, suficiente. No hables de él y no hables de ella. –el tono que el hombre usó y la fuerza de llamas doradas resplandeciendo en su mirada fueron suficientes para convencerla, en ese estado no podría nada más que atizar el fuego y enfurecerlo más, quizás resultaría conveniente cambiar de estrategia.

- Está bien, pero dame eso. –se levantó y le quitó el vaso ya vacío de las manos y lo dejó junto con el suyo lleno en una mesita cercana. –Suficiente alcohol por hoy. Ve a bañarte mientras te preparo café. –él no dio signos de querer moverse- Inuyasha, es una orden.

- ¡Y desde cuándo me ordenas tú a mí!

Él protestó pero se puso de pie y se encaminó a la ducha, mientras, Kagome fue a la cocina para prepararle la bebida, pensando en que era lo menos que podía hacer por él, preocupada por lo tarde que era y el regaño que iba a recibir de sus padres, lamentando no poder pasar esas horas extras con Kouga ahora que él casi se iba y deseando poder maquinar algo para que Inuyasha no siguiera sufriendo así.

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Lin se detuvo en la puerta de la habitación, la verdad es que le tomó mucho llegar hasta ahí: tomar la decisión de hacerlo y obligar a su cuerpo a moverse hacia el dolor que la experiencia le causaría. Pero necesitaba verlo con sus propios ojos para saber que estaba bien. Tocó con suavidad, por lo menos la luz en el interior le dio la certeza de que Sesshoumaru no dormía y escuchar su voz dejándola entrar la calmó más.

Justo cuando abrió la primera oleada de dolor que estaba esperando se hizo presente tan fuerte y nítida en su cuerpo que se arrepintió de haber ido ¿la calma de verlo justificaba aquello? Ahí dentro estaba Sesshoumaru de pie cerca de la ventana vistiendo sólo el pantalón de una pijama negra, con un suero en la vena colgado a su lado y Kikyo estaba de pie al otro lado de la amplia habitación, viéndola con la misma expresión fría y calculadora de siempre, Lin no supo qué decir.

- ¿Vas a dar entrevistas ahora? –preguntó la hija de los dueños con sarcasmo.

- Al parecer. –dijo él sin quitarle la mirada indiferente a Lin.

- Como prefieras. Te veo después.

Kikyo abandonó el lugar sin más, cerrando la puerta tras de sí y los dejó solos, como si las cosas no pudieran ser peores para Lin. Sesshoumaru simplemente le dio la espalda para ver hacia fuera a través de las persianas abiertas, así la joven reportera pudo notar no sólo la férula en su tobillo, sino una amplia marca roja en su hombro y parte de la espalda. En otras circunstancias se hubiera ruborizado nada más de observarlo sin la camisa puesta, con los músculos marcados de manera casi soberbia, pero para ese momento ya estaba vacía.

- ¿Por qué no estabas en el autódromo? –le preguntó y luego se giró otra vez para mirarla, al notarlo sus movimientos eran más lentos de lo normal.

- No tenía sentido.

- ¿Y venir ahora lo tiene?

- Supongo que no… sólo quería saber que estás bien.

- Ya lo viste, estoy bien ¿necesitas mi descripción para escribir el reportaje? –la voz de Sesshoumaru era tan glacial y cruel que sobre las llamas lacerantes en la piel de Lin se clavaron agujas de hielo, sumándole dolor al dolor.

- No. Mejor me voy. –la joven dio media vuelta y abrió la puerta, estando ahí dudó un poco, quizás era idiota por detenerse y mirarlo otra vez, por decir lo que estaba a punto de, pero después de todo él en el pasado tuvo atenciones cuando ella lo necesitó. - ¿Hay algo que pueda hacer por ti?

- Traer algo de comida decente. Confío en tu buen gusto, te espero.

Lin salió de la habitación todavía intentando recuperarse del shock cuando algo nuevo la detuvo, una pareja de edad madura llegando apresurados, no los conocía pero pudo de deducir de quién se trataba, reconoció la piel suave y los rasgos de la mujer y el fuego dorado en los ojos del hombre, eran los padres de Inuyasha sin dudas, o sea, el padre de Sesshoumaru con expresión apesadumbrada, se detuvieron donde estaba ella.

- Está despierto. –murmuró simplemente y el hombre besó la mano de su esposa y asintió en dirección a Lin antes de adentrarse en la habitación de su hijo.

- Gracias. Soy Izayoi. –se presentó la mujer e hizo una reverencia, la joven correspondió igual.

- Mi nombre es Lin.

- ¿Trabajas aquí?

- No… yo… trabajo con Sesshoumaru, soy reportera. Aunque ahora no… -dejó que sus palabras se desvanecieran, una situación demasiado complicada para explicarla.

- Tú eres "la" reportera. –la mujer sonrió- Todos mundo lee tus reportajes sobre él. Mi esposo siempre se sorprende de lo mucho que lo conoces, con lo… críptico que es. Tienes mucho talento.

- Gracias…

- ¿Vas a escribir sobre esto?

- No… yo… voy a hacerle un favor. Voy a traer unas cosas.

- Entonces no te detengo, ve. Y ha sido un placer conocerte.

- Igualmente.

Lin aprovechó el momento para escabullirse, esa mujer era toda amabilidad y sonrisas cálidas, en otro momento le gustaría mucho poder entablar una conversación larga, pero justo esa noche no era el momento apropiado y menos cuando ella no era precisamente humana, ni para nada ella misma, no si en ese momento diversas clases de dolor se disputaban su ser para desgarrarlo mientras el vacío se abría paso y ya ni le quedaban lágrimas para llorar. En ese instante si seguía moviéndose era por mera inercia.

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Kikyo estaba en el estacionamiento del autódromo, fue más que nada para indicarle a un empleado que llevara las cosas de Sesshoumaru a la habitación del hospital y a recoger su auto, que en medio del caos, ir y venir, reporteros, ambulancias y todo lo demás, se quedó ahí.

La temperatura era baja y la noche demasiado oscura, el estacionamiento estaba vacío, al principio no supo por qué un mal presentimiento la invadió y pensó que se estaba poniendo paranoica, hasta que lentamente se acercó un auto que ella conocía, era un Mercedes negro, polarizado y muy ostentoso, ya antes le echó un ojo a las placas y siempre reconocería un carro que le perteneciera a él. Naraku bajó la ventanilla cuando estuvo a su lado.

- Buenas noches, muy interesante verte aquí. –la saludó sonriendo.

- Me sorprende más de usted, señor, un piloto de su escudería falleció esta noche.

- Una pérdida sin duda, pero el joven Sesshoumaru fue muy afortunado.

- Así es. –Kikyo se quedó mirándolo nada más, esperando porque se despidiera y la dejara marchar a casa.

- Pero señorita, no hables con tanta formalidad, si ya hasta has aceptado salir conmigo en ocasiones anteriores. Inclusive me preguntaba si ya que tuvimos oportunidad de encontrarnos ahora, quisieras ir por una copa.

- No es un buen momento en realidad.

- ¿Mañana? No acepto un "no" por respuesta.

Ella lo meditó durante unos segundos ¿qué perdía? Él era despreciable, no le gustaba ni poquito, pero otra vez… salir con él tenía un propósito y quizás esos malos presentimientos a su lado eran nada más que tonterías. Al final otra vez guiada por la convicción de una misión, aceptó y le sonrió para después despedirse y poder volver a casa, quizás con unas horas de sueño se sentiría mejor para afrontar el día siguiente.

Mientras conducía no pudo evitar sonreír irónica, pensaba en vivir un día a la vez… pero de la peor forma. No era como esas personas que desean sentirlo todo intensamente y disfrutar cada momento, al contrario, rogaba porque las cosas terminaran y el hacer una cosa después de la otra y soportar cada nuevo amanecer era pura táctica de supervivencia. Se preguntó cómo estaría Inuyasha esa noche.

&&&

Lin regresó al hospital con la cena para él, ojalá que le gustara, al entrar en la habitación luego de que él le diera permiso, notó que seguía en el mismo lugar, viendo hacia la ventana, sólo que ahora sus cosas reposaban en un sillón cercano. La joven fue a la mesa y abrió todo, acomodando las cosas listas para que él se sentara a cenar y se preguntó qué sería mejor ¿acompañarlo o marcharse?

- ¿Nada para ti? –dijo él indiferente mientras se sentaba con lentitud.

- No, no tengo hambre.

Todavía sin saber qué hacer una pequeña interrupción le dio segundos extras, su teléfono celular repicó y atendió la llamada de su jefe, menos mal que rato antes mientras se decidía a ir o no, tuvo tiempo de cargar un poco la batería.

- ¿Dónde está tu reportaje, señorita? –le gritó el hombre maduro desde el otro lado y ella así ya vacía como estaba, no supo bien qué actitud tomar.

- Lo enviaré en cuanto pueda.

- ¿Y la impresión se demorará? ¿Te das cuenta de que eso funciona de noche? Yo estoy aquí trabajando y no puedes simplemente dejarlo todo botado.

- Lo siento mucho, pero han pasado muchas cosas y no tengo mi computadora, no puedo escribir nada ahora, en cuanto pueda se lo enviaré. –estando nada dispuesta a seguir discutiendo terminó la llamada y no evitó el pensamiento que se coló expresado en palabras. – Creo que me va a despedir…

- Mi laptop está ahí, tómala y trabaja. –la voz de Sesshoumaru la desconcertó ¿le hacía un favor? La joven lo miró, estaba sentado con la comida enfrente, ya la había probado. -¿Qué esperas? Tengo que leerlo antes de que lo envíes.

- No tengo nada que escribir –le confesó- No vi la carrera, me enteré por las noticias y no he tenido cabeza para sentarme a ver lo que pasó con detalles.

- Yo lo estaba haciendo mal, él iba detrás de mí en cuarto lugar y trató de pasarme en la curva, le cerré la puerta y deliberadamente hizo que nuestros neumáticos se tocaran. Después todo fueron giros, impactos y fuego.

Lin se quedó pensando, eso le serviría bastante, al final suspiró y asintió, después utilizó la computadora del piloto y escribió el reportaje mientras él cenaba, qué manera tan rara de quedarse a hacerle compañía. Terminó pocos minutos después, a esas alturas le era muy fácil escribir sobre Sesshoumaru y a propósito o no, muchas de sus propias sensaciones se colaron entre sus dedos… así salió más fluido. Antes de que terminara de cenar, Sesshoumaru lo leyó y aprobó, así ella pudo enviarlo y quitarse un peso de encima

- Gracias. –le dijo al final cuando dejó la máquina en su sitio, en ese momento se dio cuenta de que estaba exhausta, tantos días previos de casi no poder dormir y esa noche llena de emociones fuertes lograron drenarle cada gramo de energía del cuerpo. Bostezó.

- Debiste tener un día muy cansado.

- Más bien una noche estresante.

- No veo por qué. –su tono fue frío y casi cruel y ella no lo entendió pero despertó una chispa de ira guardada muy profundo, sin esperarlo ni controlarse dejó fluir las palabras.

- No te entiendo en lo absoluto ¿no tienes mejores cosas que hacer que pedirme la cena, hacerme un favor y después irritarme? Ahora deberías estar agradecido por estar vivo. Es tu primer estúpido accidente y pudiste haberte matado. Se supone que deberías estar aquí con tu papá, tu hermano, tu novia, hasta tu mamá… pero no, en vez de alegrarte por poder estar con las personas que quieres, estás aquí conmigo… yo ni siquiera tendría por qué haberme quedado.

Cuando terminó de hablar cerró los ojos, desesperada consigo misma por haber abierto la boca, enloquecida con las actitudes incomprensibles de ese piloto, fastidiada con su propia debilidad que la tenía ahí agrandándose las heridas.

- Mi padre vino, Inuyasha no es exactamente mi hermano, no me agrada y de seguro que él me odia y mi madre llamó. Ahí están tus requisitos de lo que supones debería estar haciendo.

- Claro y Kikyo Higurashi también estuvo aquí. Tienes razón, cumpliste con todo, hasta con tu entrevista para mi artículo. Es hora de que descanses. Buenas noches, espero te recuperes pronto y quizás te vea en la próxima pista que puedas correr. –Lin se encaminó hacia la puerta con pasos lentos, cansados.

- ¿Vas a irte a la redacción de arte? –preguntó él voz firme y ella como siempre pudo sentir sus verdaderas emociones… estaba enojado por alguna razón.

- No Sesshoumaru, esa puerta se cerró para mí ¿recuerdas? Lo rechacé hace varios días. –abrió la puerta y ahí se detuvo para mirarlo y al contrario de lo que esperaba ya no había furia en él, ahora sólo exhalaba algo diferente… una cosa que nunca antes le vio… era como pena, como si se sintiera mal por algo… no pudo definirlo bien, pero al instante estuvo desarmada. – Buena suerte.

Después se marchó de ahí pensando en qué hacer, por una vez no tenía el más mínimo deseo de volver a su departamento, el cual siempre fungió de refugio, ahora deseaba todo menos estar sola pero en realidad no le quedaban opciones… sólo podría ir con Sango pero de seguro que estaba dormida después de mucho trabajo. ¿Qué hacer? No quería estar sola, era como si de antemano supiera que no podía soportarlo… y de repente se le ocurrió una buena idea, porque en verdad Sango no era su única amiga, aunque Kohaku estuviese lejos en otra ciudad, sí podría molestarlo con una llamada que la ayudara a flotar entre ese mar de vacío que se esforzaba por ahogarla.

&&&

Por fin estaba ahí en la puerta de la habitación de hospital… otra vez, justo a la mañana siguiente cuando horas atrás al marcharse de madrugada no quería saber más de ese hombre. Llamó y él le concedió la entrada sin saber que se trataba de ella, ni siquiera Sesshoumaru podría prever con seguridad su visita ¿verdad? O tal vez todo era un plan perfectamente maquinado en el que cayó… como liebre en las garras de un cazador.

FLASHBACK

Lin despertó esa mañana con el timbre insistente de su departamento. Estaba cansada y con la mente ausente todavía. Miró el reloj mientras iba a atender la puerta y vio que eran las nueve treinta, apenas había dormido tres horas… y peor aún, se quedó pensando en su amigo, en Kohaku que tuvo que colgarle el teléfono para irse a trabajar después de escucharla llorar y desahogarse por horas. Tendría que llamarlo otra vez para agradecerle.

- ¿Quién es? –preguntó por el intercomunicador con voz ronca a quien estuviera abajo

- Traigo un arreglo de flores para entregarle a la señorita Lin.

- ¿Flores?

- Así es… ¿podría subir para dejarlas?

La joven le cedió la entrada al edificio y abrió la puerta esperando por el repartidor, estaba tan cansada y sorprendida que ni se preocupó porque el chico la viera en pijama, además le ardían mucho los ojos.

Cuando ante ella apareció el arreglo floral le costó reaccionar para firmar de recibido, era precioso… más que eso… como algo sacado del último rincón de su imaginación. Tenía flores de todos tipos y colores, no guardaba simetría alguna, era sólo como un pedazo de naturaleza, de tierra y vida ahí concentrado en su departamento para darle color y alegría a todo. Después de que el extraño se marchó cerrando la puerta tras de sí a ella le tomó un par de minutos reaccionar y buscar una tarjeta, cuando la encontró la abrió con desconcierto… ¿quién podría…?

Disculpa todos los malos ratos. Lo último que deseo es complicar tu vida. Gracias por la cena de anoche y recuerda siempre que eres alguien muy especial. Y tenías razón, estuve con quien quiero de verdad.

Sesshoumaru.

¿Qué era eso? No tuvo ni la menor idea del significado de aquel maravilloso presente ¿era un "gracias"? ¿Se estaba disculpando? ¿Quería despedirse y así terminar la relación de trabajo? ¿Se estaba burlando? No podía entenderlo… no tenía sentido. Como si no hubiera ya derramado suficientes lágrimas por él, sintió que otra vez todo empezaría… pero en esta ocasión pudo detenerlo, respiró profundo varias veces para calmarse y mientras miraba las flores se concentró en tomar un siguiente paso ¿qué debía hacer? Y al considerar todos los factores… decidió que ir a buscarlo sería lo mejor y frente a frente tendría que despedirse de ella para siempre, si eso era lo que quería.

FIN DEL FLASHBACK

Entró y de inmediato se dio cuenta de que él ya se marchaba, iba completamente vestido y sus cosas reposaban sobre la cama de hospital. En cuanto la joven entró él la miró usando su nula expresión y al hacerle sentir toda la fuerza de sus ojos dorados… la desarmó otra vez al grado de casi ni poder recordar qué la llevó hasta ahí en esa mañana en la que no deseaba otra cosa que chocolates para su estado de ánimo y bolsitas de té para desinflamarse los ojos.

- Justo a tiempo para llevarme a casa. –le dijo él mientras tomaba su maleta y después se detuvo a su lado y abrió la puerta, cediéndole el paso.

- ¿Llevarte?

- ¿Te gustaron las flores?

Ah… claro, las benditas flores, el comentario la ayudó para salir de su asombro y reaccionar un poco, esa era su razón de estar ahí, pedirle que le explicara de una vez por todas qué se traía entre manos. Y aunque eso de "llevarlo a casa" le sonaba raro ya que ni siquiera sabía conducir, pensó que seguirle el juego le daría tiempo.

- Me desconcertó la tarjeta… -le explicó- y sí, las flores son hermosas.

En ese momento un doctor se acercó con un par de muletas para dárselas al hombre, quien iba dando pasos lentos y cansados, esforzándose por no apoyar el pie con la férula. Sesshoumaru no escuchó las recomendaciones que le daba el médico, pero tomó una de las muletas para apoyarse, así con la otra mano llevaba su equipaje. El silencio entre Lin y él se quedó fijo todo el trayecto hasta el elevador, camino a la planta baja y de ahí a la salida de atrás –sin tantos reporteros ansiosos de verlo abandonar el lugar- donde esperaba una limosina con chofer.

Mientras el empleado tomó la valija, el piloto abrió una de las puertas traseras para que Lin entrara, ella lo hizo todavía urdiendo en su mente el plan ideal… qué decirle… y cómo prevenirse para no quedar desarmada una vez más. Cuando Sesshoumaru entró por el otro lado, el chofer ya estaba en su lugar y de inmediato partieron, antes de llamar la atención de cualquiera. Y como en cierta forma la joven pudo predecirlo… todas y cada una de sus defensas y estrategias se fueron al suelo en el preciso momento en que él le tomó una mano entrelazando sus dedos y murmuró un casi inaudible "Gracias" sin siquiera voltear a verla.

CoNTiNuaRá...


Hello!! Aquí la entrega del capi!! Esta semana lo feliz: vacaciones!! Y lo triste: que ya se acabó Inuyasha Kaketsu Hen!! Pero de todas formas aquí estamos!!! Ojalá estén teniendo días lindos y les haya gustado este cap... es el incio de algunas cosas interesantes!!! Mil grax por todo su apoyo!! Y ya saben, dudas, quejas, suferencias... un comentario!! Y tmb saben... me animan muchísimo!!! Grax!!! Y nos estamos leyendo :D