Limando asperezas

Tardaron menos de dos minutos corriendo en adentrarse al campo de quidditch para descubrir, por sorpresa y alivio, que Cho, Ginny, Lisa, Mónica y Padma se encontraban jugando a un partido privado, gritando a todo pulmón. Todas mantenían una concentración espectacular y, con un codazo de la Slytherin, se retiraron antes de que se dieran cuenta de su presencia hacia el camino que pasaba por al lado del Invernadero y que conducía al castillo.

Al salir de sus campos visuales, Hermione escuchó el gruñido de Pansy entre los jadeos por el esfuerzo físico.

—¡¿Te das cuenta de la cagada monumental que hemos estado a punto de hacer?!

—Merlín... tampoco es para tanto.

—¿Qué no es para tanto? ¿Lo dices en serio, Granger? ¿Qué les hubieras dicho a la pregunta "¿Porqué estáis juntas?" ¿Crees que Chang no sospecha ya de nosotras? Sólo faltaba qu-

—Eh, relaax, Parkinson —imitó el tono empleado por la Slytherin y sonrió al ver cómo ésta cedía a la petición—, no nos han visto y a las malas siempre va bien la excusa de que ambas estábamos paseando por los jardines por separado.

—Oh, claro, porque seguro que cuela la misma excusa por segunda vez.

—Añadiría que les comenté a Gin y Cho que iría en su búsqueda y te encontré a ti por arte de magia.

Pansy suspiró con molestia y acomodó ambas manos en su cadera, volteó completamente hacia Hermione, cortándole el paso.

—Granger.

—¿Qué?

—Eres una pesada de cuidado, peor que un grano en el culo. Y me lo has demostrado antes, obligándome a pedirte perdón y todas esas crueles torturas hacia mi persona.

—Ah, vale, muchas gracias, me servirá para mi futuro laboral, sí, lo presiento, son de esas frases que te descubren el alma y te elevan a una nueva dimensión.

La Slytherin alzó una ceja y con el dedo índice señaló la nariz de Hermione.

—Como vuelvas a utilizar el sarcasmo de la manera en la que yo lo utilizo, la tendremos —medio en broma, medio en serio, retiró el dedo—. Me da escalofríos que empieces a actuar así.

—Deberías tomar ejemplo y aprender modales míos.

—Ooh —se le escapó una risa a conjunto con su expresión de "lo llevas claro"—, va a ser que no, señorita, no soy tan influenciable como usted y me temo que quién lleva las riendas es una servidora. Es normal que mi carácter influya más.

—¿Las riendas? Si no fuera por mí ahora mismo en tu expediente estaría escrito una nueva infracción por el tema de la poción en el baño de Myrtle.

—¿Perdona? Sabes perfectamente que quién ha hecho todo el trabajo de evitar que nos atraparan construyendo coartadas y mentiras ha sido la reina del baile, en una palabra, yo. Así que no me vengas con esas.

—Estás perdonada porque en tu pequeña, cerrada y orgullosa mente hay esa vocecita que te dice "Hermione tiene toda la razón del mundo porque si no hubiera estado ella en todas estas meteduras de pata, ningún profesor/Filch/alumno hubieran creído en mis cuentos infantiles"

Touché.

—Y si hubieras estado tú sola evidentemente te echarían las culpas porque no sabes mentir.

—Me hubieran creído igualmente con decir que estaba patrullando y lo encontré. ¿Qué diablos? Simplemente no me habría pasado todo esto porque no tenía necesidad de crear una poción sino fuera porque me la pediste tú.

Pansy carraspeó, evitando fijar su mirada en algún punto en concreto, y continuó andando por los jardines.

—Vamos a dejarlo, esta discusión no llega a ninguna parte —dijo, sin girar la cabeza hacia Hermione a medida que caminaba.

—Claaaro, ahora que tu consciencia reconoce que tengo razón prefieres salir de aquí, eh.

—Puedo refutarlo en poco y nada, Granger, pero no quiero discutir más.

—Tonterías, si fuera así ¿por qué te adelantas caminando y acelerando más? Los Slytherins tenéis una manía increíble por escapar de los problemas.

—Por las barbas de Merlín —viró su cuerpo como si le hubieran dado un latigazo, obligando a que la Gryffindor diera un paso hacia atrás ¿Por qué nunca se respetaban el espacio personal cuando discutían?— ¡pesada, más que pesada!

—¡Dame la razón! —demandó Hermione, poniéndose de puntillas al mismo tiempo que mantenía los puños cerrados. Sus narices casi rozaron.

—Te daré una patada como sigas así, te lo aseguro —siseó, sacudiendo su cabellera al alzar el mentón con altivez.

—Eres peor que un niño pequeño y testarudo, ¡Infantil! Tu carácter no tiene otro adjetivo.

—¡Agh! ¡Me rindo! Sabía que sería un sufrimiento terrible aliarme contigo y no me equivocaba. Ya es la segunda discusión de hoy, no puedo más. Se acabó.

Con las dos manos, Pansy hizo un gesto enfrente de la cara de Hermione para indicar que lo dejaba todo. Volvió a girarse para retomar el camino, aún irritada. La Gryffindor mantuvo su expresión de enfado, pero le siguió los pasos.

—Va, reconoce que tengo razón y hagamos las paces.

—¿A quién le dices ahora que tiene una actitud infantil? Sólo reconoceré que formamos un buen equipo, poco más.

—Ya claro, tú sabrás construir coartadas pero yo hago todo lo demás.

—¡Venga ya! —chasqueó la lengua, todavía sin mirar hacia la bruja que la seguía detrás.

—Es cierto, la confianza que me he ganado de los profesores logra que crean en tus coartadas, y lo único que me devuelves a cambio es meterme en problemas desafiándome.

—Joder, no pararás ni con un calcetín en la boca.

—Quiero que te des cuenta d- —calló bruscamente al dar un brinco al comprobar cómo Parkinson había vuelto a girarse para encararla.

Esta vez, Hermione sí que tuvo miedo al ver la expresión de la Slytherin.

—Me doy cuenta de todo, Doña Perfecta, pero tú no. ¿Por qué crees que chocamos tanto, eh? ¡Porque te crees que tengo tantísimo orgullo que te acabas por olvidar de que tú tienes el tuyo también molestando! Conozco tu carácter y tu personalidad, y el problema está en que no hay manera de que te des cuenta de cómo funciono yo, maldita sea.

—Sí, sé cómo funcionas, por eso te obligo a que reconozcas las cosas aunque parezca una borde y una tozuda, porque sino no hay manera de que por ti sola pidas perdón o cualquier sinónimo.

—¡No! Me refiero que aunque yo no admita las cosas, siempre hago algún gesto o actúo de una forma para compensarlo, ¡y no ves eso! ¿Qué me paso la raya al meterme contigo? Pues suelto alguna broma para no agrandar nuestro enfado. ¿Qué me doy cuenta que he dicho algo que no debería? Pues lo recompenso con otro gesto o alguna cosa de ese estilo. Pero no me pidas que te lo diga directamente porque, y escúchame bien, no-está-dentro-de-mi-personalidad.

—¿Gestos? ¡Pues yo prefiero las palabras!

¡Aaaagh! ¿Qué dices? ¿Qué prefieres las bofetadas? ¡Oh, SÍ, YO TAMBIÉN, PERO ANTES TE RAPARÉ ESE PELO!

—Pero bueno, señoritas, ¿se puede saber qué hacen gritando a pleno pulmón?

Hermione giró levemente la cara para toparse con la profesora Sprout, que iba caminando hacia ellas confusa. Pansy, en cambio, ni siquiera la miró puesto que continuaba fijando su mirada llena de rabia al rostro de la Gryffindor.

—Buenos días, profesora Sprout, sólo-

Parkinson se fue a grandes zancadas antes de que Hermione siguiera hablando, dejando a ambas en medio de los jardines.

—Lo siento, profesora, no suele reaccionar bien cuando está enfadada —dijo. Ahora ella era la que se sentía culpable.

—No tengo ni idea de lo que ha pasado, pero quizás hablando y no gritando solucionaran el problema.

—Me temo que no, ella no es de palabras y cada vez que hablamos una de las dos acaba... así.

Con la mano señaló a la figura lejana que se alejaba notoriamente irritada.

—Espero que no se cruce con nadie de primero —añadió.

La profesora observó a ambas jóvenes y mantuvo la atención en la expresión desconsolada de Hermione.

—Vuestra amistad es muy peculiar —comentó en un susurro. Se dio cuenta de la sonrisa irónica de la Leona—. Últimamente los profesores os han visto interactuando y, hay que admitir, es muy extraño que una Gryffindor y una Slytherin mantengan contacto así que la mayoría creían que ustedes ocultaban juntas algún problema. Supongo que habrá escuchado sobre los utensilios de pociones que se encontraron en el baño del segundo piso, ¿verdad? Sería un ejemplo.

Hermione tragó saliva disimuladamente y evitaba como podía cualquier contacto visual. Sólo faltaba que la atraparan. En ese caso, Parkinson tendría otra preocupación: pensar en dónde esconder su cadáver.

—Sin embargo, os defendí —la confesión de la profesora sorprendió por completo a la joven—. Si me permites el tuteo —continuó después de ver el asentimiento—: hará un tiempo cuando regresaba del Invernadero vi a lo lejos cómo ella te ofrecía su abrigo en la entrada a los jardines, se estaba riendo pero aún así pensé que era un gesto encantador por parte de una Slytherin. También, al siguiente día, me encontraba desayunando en el comedor cuando me di cuenta que te retirabas de allí y minutos después un grupo de Slytherins te siguió. Decidí salir, pero observé que tu amiga se dirigía a a la mesa de Gryffindor y guardaba tu libro, creía que, si se preocupaba por devolvértelo, se preocuparía por defenderte de aquellas Slytherins. Estos pequeños gestos que vi antes del incidente del baño de Myrtle me ayudaron a decidir en si defenderos o no, porque, si de verdad os unisteis sólo por aquel incidente, ¿por qué tiempo atrás teníais contacto y os ayudabais mutuamente? Y sé que era mutuo ya que hablé con la profesora McGonagall y comentó que cuando destruiste la biblioteca titubeaste al contestar que nadie más estuvo involucrado decidiendo al final en no traicionar a tu cómplice... Después de salir del aula donde hablasteis, encontró a Pansy Parkinson esperando. —sonrió con dulzura al ver la cara incrédula de Hermione, como si hubiera escuchado una revelación divina—. Sí, definitivamente, vuestra amistad es muy peculiar.

—Muchas gracias, profesora Sprout, ha sido de gran ayuda su punto de vista y confianza.

La nombrada posó con suavidad su rechoncha mano en el hombro de Hermione, manteniendo la sonrisa.

—Si de verdad crees que esta amistad merece ser conservada, sé una Gryffindor, lucha por lo que creas. Estoy segura que ahora mismo en tu mente pasan muchos gestos que Pansy ha hecho por ti, y tú por ella. Cada momento y gesto que te ayudarán a elegir en si vale la pena intentarlo y a preguntarte por qué en ese instante decidisteis ayudaros incluso siendo enemigas de Casa. No tengas miedo de arriesgar, el miedo no va con los Gryffindors. Al igual que los Slytherins nunca abandonarán sus propósitos si creen que valen la pena. Nunca. A pesar de todos los obstáculos, de los desánimos durante el camino, siempre regresan a por su objetivo incluso años y años después, cueste lo que cueste, porque esa Casa sabe cuando algo tiene valor o no —miró a un lado y a otro—. Entre tú y yo, sé que cuesta admitirlo ya que yo también fui alumna, pero los Slytherins tienen muy buen ojo —asintió para sí misma, recordando algo del pasado—. Sí, y son unos endemoniados analizadores —carraspeó—. No le cuentes a nadie nada de esto, ¿sí?

Hermione rió entre dientes, agradecida de la cercanía que quería transmitir aquella profesora de aspecto afable. Quizás esto era la consecuencia de sacar muy buenas notas en Herbología.

— Muchísimas gracias, ahora mismo iré a buscarla e intentaré conversar con ella. Intentaré no chocar tanto con ella...

—¿Y qué te parece si en vez de hablar, le demuestras con hechos? Ya que antes afirmaste que no era una mujer de muchas palabras.

—Pero, ¿cómo?

—Creía que Hermione Granger conocía la respuesta, al fin y al cabo, eres tú quién conoce a la señorita Parkinson, ¿no es así? Y, por favor, recuerda que los gestos son más importantes que las palabras, alguien puede prometer y jurar pero si nunca llega a actuar ni a llevar a cabo la promesa, es como si nunca hubiera dicho nada. Es importante lo que se muestra y lo que no.

Apretó ligeramente el hombro y se dirigió a paso ligero hacia el invernadero donde dos alumnos de segundo la esperaban en la puerta para ayudarla a cuidar las plantas, dejando a la Gryffindor con sus pensamientos.

Ésta paseó con tranquilidad, todavía pensando, hacia la entrada al castillo. ¿Cómo podía demostrarle a Parkinson que quería mantener esta amistad y no sólo por conveniencia? Ya que, sí, la profesora Sprout le había mostrado otro punto de vista y había logrado sacarle la venda de los ojos, pero ¿y Parkinson? Ella todavía no... ¿Debía dejarla que ella misma lo viera o era mejor hablarle? No, era una Slytherin, si no lograba darse cuenta por sí sola no escucharía a nadie más.

Esto de ir cambiando tanto de opinión y de humor, la estaba matando por momentos.

Hermione dio una gran bocanada al llegar a la entrada. En el mismo lugar en el que se situaba el primer día de su encuentro, entre una estatua y la pared, estaba Parkinson leyendo una revista que había sacado del bolsillo de su túnica. Su rostro estaba sereno, con la boca relajada, los ojos atentos a la lectura y su media melena balanceándose por la brisa que lograba entrar en el castillo.

¿Tenía el mismo aspecto que el primer día? No estaba segura, quizá sí, quizás no, jamás había regalado tiempo en observar a la Slytherin en sus quehaceres diarios.

Hermione ladeó la cabeza, un tanto hechizada y a la vez aturdida. Tenía la sensación de que en el poco tiempo que transcurrió en Hogwarts estas navidades, los rasgos de la cara de Pansy se tornaron más maduros. La mandíbula la encontraba ligeramente más marcada, logrando que el cuello se viera más estilizado, y así sus proporciones se afinaran. Ya no poseía cara de niña pequeña y aquellos ojos atigrados sostenían la afirmación. Aunque, tal vez, años atrás, ya obtuvo aquellos rasgos más juveniles y atractivos, sólo que actualmente era cuando se fijaba. En ese momento, sentía que todo era nuevo y lo observaba con otro punto de vista.

La Gryffindor alzó ambas cejas, sorprendida, cuando su mirada chocó con la de su cómplice de problemas. Mantuvo los labios separados, sin embargo, su voz no logró salir. Parkinson desvió su mirada de nuevo a la revista y negó con la cabeza. Hermione, sin saber muy bien qué hacer, continuó con su andar hasta las escaleras, alejándose de la Slytherin.

Antes de subir, viró su rostro, dudando en si decirle algo o no, y percibió a Pansy observándola por encima de su hombro antes de que regresara de nuevo a la lectura.

Se acercó por detrás de la Serpiente en silencio, procurando no ser vista por ella, se puso de rodillas y la abrazó con firmeza apoyando el torso en su espalda. Al advertir que no recibía ningún rechazo, mantuvo la posición un minuto, convenciéndose a sí misma de que aquel gesto sencillo sería la mejor opción por el momento.

Si Granger hubiera decidido dirigir los ojos hacia el rostro de Pansy, se habría encontrado con uno totalmente incrédulo y confundido. La revista apenas se mantenía entre sus refinados dedos y Pansy tuvo que tragar saliva para evitar que ésta cayera por la comisura de la boca abierta. Cuando el abrazo se deshizo y escuchó un "Lo siento" y los pasos de Hermione alejándose, lo único que se le ocurrió hacer fue apoyar la cabeza contra la pared observando cómo los primeros copos de nieve se precipitaban a la helada hierba.

Jamás en su vida hubiera pensado que aquel ratón de biblioteca abrazaría a una víbora como ella.


¡Muchísimas gracias por los reviews y nos leemos el próximo sábado! ^^