Disclaimer en el capítulo 1.
Muchísimas gracias por leer y comentar a fanclere, Raquel Emanuele, Alex1619, Marymontoya17, Fernanda, Dadnelis (bienvenida a la historia), Lledó, Pau, franchiulla, galaxydragon (bienvenida también) y ReginaLove (y su mente hiperdramática, que siempre me saca una sonrisa). Gracias también a los nuevos seguidores y favoritos, y supongo que seguiré respondiendo las reviews por aquí, aunque procuraré no extenderme tanto :)
Algunas (la mayoría) me pedisteis en el capítulo anterior que nuestras protagonistas se lanzaran a tope, y otras que sólo tuvieran algo de contacto sin llegar a nada más. He intentado complaceros a todas, pero por si acaso, dejo claro que Emma y Regina aún tienen una larga travesía que recorrer y el amor verdadero no es un camino de rosas, por lo que este capítulo no significa que la tensión vaya a esfumarse o las adversidades desaparezcan en la nada. De todas formas, no hay nada explícito, eso me lo reservo para más adelante xD
Nuevamente, lamento la tardanza, y también que a partir de ahora las actualizaciones vayan a ser completamente aleatorias dependiendo del poco tiempo que tenga para escribir.
Hablando de otra cosa, ¿habéis visto el capítulo? ¿Sí? ¡Pues yo no! Me han puesto el internet en el piso hace 10 minutos (contados), así que os dejo esto y me voy corriendo a verlo.
PD: una amiga (Fer) me ha hecho un vídeo-tráiler del fic, podéis verlo añadiendo esto "/watch?v=2TNh4Uv8ge4" al típico link de la página de inicio de youtube (que fanfiction no me deja ponerlo) y alabar a Fer por su talento audiovisual x)
Capítulo 10:
Su plan inicial era asearse un poco y volver al campamento, pero Emma no había podido resistirse al agua cristalina que la llamaba a gritos. Se desnudó deprisa, dejando la ropa y el par de mantas que había llevado para secarse sobre una roca ni muy lejos ni muy cerca del agua, y se zambulló en el refrescante líquido.
Dio un par de brazadas y pronto se vio rodeada de diminutos seres del bosque deseosos por jugar. Hadas y duendecillos de brillantes colores y casi microscópico tamaño se divertían intentando hacerle cosquillas, y ella giraba y reía con ellos.
Hasta que un ruido detrás suya la hizo darse la vuelta y se le esfumó la sonrisa. Los animalillos se refugiaron entre la maleza, asustados, pero pronto asomaron la cabeza entre las hojas, interesados en el espectáculo.
- ¿Estás practicando para convertirte en sirena? - preguntó Regina, realmente interesada. Había algo en aquellas mujeres medio pez que le resultaba verdadera e inexplicablemente atractivo.
Emma se quedó muda, su mirada fija en la chaqueta en el suelo.
- ¿Qué haces aquí? - dijo al fin, comprobando disimuladamente que el agua y la oscuridad tapaban todo lo que tenían que tapar.
- Quería hablar contigo sobre el incidente de esta mañana. ¿Te importa si te acompaño? - contestó la ladrona quitándose las botas. Sin saber realmente porqué, se sentía valiente de repente.
- Esto... no – Regina enarcó una ceja -. No me importa, quiero decir.
- Perfecto – y pasó a desabrocharse la camisa.
Emma apartó la mirada, sonrojada hasta las cejas (y no necesariamente por pudor), y sólo la levantó tras haber sentido el agua moverse y a Regina hundirse en ella. La morena había dejado la ropa junto a la suya.
El lago era largo y bastante ancho, así que tenían suficiente amplitud para no tocarse aunque ambas estaban apoyadas en la misma fila de rocas que bordeaban el estanque, donde daban pie. Regina recostó la espalda contra la piedra y pensó en una forma de empezar la conversación sin espantar a la princesa, suponiendo que su "striptease" había sido suficiente descaro por el momento.
- ¿Cómo aprendiste a nadar? - quiso saber, realmente curiosa. Ella había creído que "el agua salvaje" era una de las muchas prohibiciones que le hacían como princesa sobreprotegida.
Al momento supo que no estaba equivocada, ya que a Emma se le iluminaron los ojos y su entusiasmo renació hasta hacerse visible en su cara.
- Había un río cerca de palacio, al pie de la montaña – comenzó a narrar, relajándose inconscientemente -. Cuando tenía 12 años encontré una zona de difícil acceso rodeada de bosque y decidí que quería aprender. Llevé allí a mi amigo Pinocchio y le pedí que me enseñara...
Emma contaba su historia con un brillo especial en la mirada. Se paraba a describir hasta los detalles más insignificantes y gesticulaba en demasía, pero lo remediaba con ternura y alegría natural.
Mientras hablaba, ambas fueron acercándose instintivamente, hasta que sus hombros quedaron a un palmo de distancia. Regina pensó que la princesa, al igual que ella, no debía tener problemas con su propia desnudez, acostumbrada desde pequeña a que las doncellas la vistieran. Pero la falta de ropa de la otra era un tema completamente diferente, al menos para ella.
- No me estás escuchando, ¿verdad?
- Lo siento – se disculpó la morena, sin referirse a su presente falta de atención -. No debí presionarte.
- No fue culpa tuya – repitió Emma al igual que esa mañana, para nada sorprendida ante el cambio de tema.
Regina intentó hacer una mueca, pero le salió una sonrisa.
- Eres demasiado buena conmigo – suspiró. No se merecía un trato así.
- O tú demasiado mala contigo – rebatió la rubia, antes de abrir su bocaza una vez más, sin remedio -. ¿Alguna vez duermes?
-¿Perdona?
- Quiero decir... a veces me despierto de noche y al escuchar las respiraciones de los demás... la tuya es diferente, agitada, consciente. Y luego por el día nunca te veo descansar.
Regina se quedó sin habla, y Emma observó las distintas emociones que bailaban en los marrones ojos, normalmente estoicos. Diez días. Sólo diez días llevaba la rubia con ellas y ya se había fijado en eso.
- ¿Porqué te despiertas de noche? - contraatacó -. ¿Pesadillas, princesa?
El rostro de Emma cambió de preocupado a molesto en una fracción de segundo, pero ni eso pudo ocultar su creciente rubor.
- Tengo nombre, ¿sabes? Úsalo.
¿Había sido una orden? Directa, concisa, demandante... sí que lo había sido. Y cualquier otra la habría acatado sin más. Pero no Regina.
- Lo estoy reservando para una ocasión especial – susurró, más sensual de lo que pretendía. La hipnótica luz de la luna debía estarla afectando más que a Red cuando estaba llena.
Emma tragó saliva, imaginando que era coraje, y decidió preguntar otra cosa, ya que la ladrona al fin hablaba con ella.
- ¿Puedo saber porqué?
- ¿Porque que lo estoy reservando?
- ¿Porqué apartas a todo el mundo? - generalizó Emma, no queriendo pensar en Robin Hood -. No quiero parecer presuntuosa ni nada, pero... no sé. Cuando nos conocimos, noté algo extraño. Una... ¿conexión? - preguntó más que afirmó.
"Conexión" se convirtió en el nuevo eufemismo del año. Ambas sabían que era más, mucho más, pero también que seguramente no existían palabras para describirlo. Regina la miró con intensidad. Era la hora de poner las cartas sobre la mesa.
- Tienes razón. Conectamos. Inexplicablemente, conectamos. Y en cualquier otra ocasión no habríamos tenido esta conversación antes de llegar a más... pero necesito que comprendas mi reticencia – se detuvo un momento, buscando las palabras adecuadas -. La confianza es algo complicado. Yo he tenido la suerte de encontrar a mi hermana y mis compañeras... mas es difícil hallar gente en la que confiar, y poder confiar en que esa gente hará justo lo que debe. Pero confiar en tu corazón, es lo más arriesgado de todo. Yo lo hice una vez, y perdí. Y no resistiré volver a perder.
- Pero ahora estás arriesgándote – Emma se acercó un poco más, tanteando el terreno. Que Regina tuviera dudas sentimentales no significaba que las tuviera físicas también -. Me estás confiando tus miedos y pidiéndome paciencia. ¿Porqué?
- La persona que perdí me dijo una vez que todos ocultamos secretos al resto del mundo. Fingimos amistades. Negamos relaciones. Pero, el peor, es el amor que no demostramos. Puede que esto aún no sea amor...
- Pero podría llegar a serlo – terminó la princesa, emocionada. La morena no podía entregarle todo de golpe ni prometerle un futuro maravilloso, lo entendía y lo apoyaba. Pero podía vivir el presente. Se miraron una vez más, y Emma habló con el tono más bajo y riguroso que Regina le hubiera escuchado alguna vez, del tipo que prohibía la desobediencia -. Intentémoslo.
Una corriente eléctrica recorrió la espina dorsal de la ladrona y la onda que se formó en el agua al moverse fue la única prueba que quedó de que allí había habido cierta distancia separándolas.
El beso fue suave al principio, tentativo, buscando encajar entre los labios de las dos mujeres. Sin embargo, pronto se volvió tosco, hambriento, olvidando la finura en presencia de la necesidad cruda. Regina posó su mano derecha en la mejilla de Emma y ésta se sujetó al brazo de la morena, acercándolas aún más. Dientes chocaron y labios fueron lastimados, pero a ninguna le importó realmente, no cuando estaban expuestas a tan intensas sensaciones.
Emma mordió el labio inferior de Regina de forma experimental, quien respondió colocando su otra mano en la cadera de la princesa, por debajo del agua, haciéndola estremecer. Ya sólo eran milímetros los que impedían que sus piernas o torsos se rozaran, piel contra piel.
Ambas anhelaban tanto como temían ese momento, ya que sabían que supondría un punto de no retorno. Un punto que podría definir el resto de su relación, y de sus vidas. Y un paso en falso podría echarlo todo a perder.
Emma jadeó en la boca de Regina y ésta interrumpió el beso suavemente, aunque sus frentes aún se tocaban. Cuando la respiración se le normalizó lo suficiente, habló con una voz que sonaba gutural.
- Abre los ojos.
La rubia negó levemente con la cabeza. Ver significaba despertar, salir de ese sueño más que maravilloso en el que Regina no tenía reparos en corresponder a sus sentimientos, físicamente al menos.
- Abre los ojos... - repitió la ladrona - ...princesa.
Emma lo hizo por la impresión, ya que creyó por un momento que Regina diría su nombre. Pero en vez de eso, se separó perceptiblemente.
- Se supone que tenemos que ir despacio, ya sabes, por si no funciona... o te arrepientes – explicó susurrando la última palabra.
- ¿Crees que me echaré atrás?
- No lo sé, pero no quiero que sufras por las malas decisiones que yo pueda tomar mientras lo decides – dijo, reculando una vez más.
¿Malas decisiones? Regina había vuelto a levantar sus muros para protegerse y protegerla, Emma lo pudo ver más claro que toda el agua que las rodeaba, pero esta vez no estaba dispuesta a dejarlo pasar. Eliminó con su cuerpo la distancia que Regina había impuesto y se pronunció con firmeza.
- Lo que yo no quiero es que me trates como una princesa mimada. El mundo está lleno de adversidades y yo no deseo rodearme de una burbuja de cristal. Quiero correr peligro, y hacer estupideces, y aprender de mis errores. Quiero vivir, Regina – Emma la miró a los ojos, pero la morena podría haber jurado que le estaba viendo el alma -. Y ahora mismo quiero vivir contigo.
No esperó contestación, y mucho menos permiso. Pasó los brazos por la espalda de la morena y se pegó a ella, cruzando definitivamente la línea de no retorno.
Y cuando la ladrona junto sus bocas una vez más, ambas pudieron sentir como la posibilidad de regresar al punto de partida se hizo completamente añicos.
xxxSQxxx
Zelena plantó su mirada en la hoguera por décima vez esa noche y se aguantó un resoplido. Si había algo en este mundo que la molestara hasta límites insospechados era el no saber, y más si se trataba de su hermana. No es que quisiera inmiscuirse en su vida privada, ella más que nadie respetaba el espacio vital de los demás, pero había tardado demasiado en conocerla y por nada del mundo quería perderla, cosa que pasaría si se ponía en constante peligro como acostumbraba a hacer.
Divisó a Red unos metros más allá, recostada contra un árbol y jugando a tirar al aire una manzana y recogerla con la mano, y se acercó a ella en busca de información.
- ¿Has visto a Regina?
- ¿Yo? No. ¿Para qué la quieres?
La pelirroja frunció el ceño, desconfiada.
- Emma tampoco aparece por ninguna parte.
- ¿En serio? Qué coincidencia más rara...
Zelena hizo desaparecer la manzana en una pequeña nube de humo verde, acostumbrada a las evasivas de la loba.
- ¡Eh! ¡Devuélvemela!
- ¿Dónde están?
- No lo sé – Red se cruzó de brazos -. Sólo sé que iban a hablar a solas.
- ¿Hablar? - repitió la bruja, incrédula.
- Es eso que hacen normalmente dos personas para comunicarse...
- Sé lo que es hablar, Red.
- Por si acaso.
Zelena frunció los labios y le devolvió la fruta, se había ganado la burla por sus malas formas y lo reconocía.
- Discúlpame, últimamente estoy irascible.
- No pasa nada – sonrió la morena antes de despedirla con la mano, ya que Zelena volvió junto al fuego.
No habían pasado ni dos minutos cuando Graham apareció por detrás de ella con el gran lobo blanco que los acompañaba, el cual pronto exigió su dosis de caricias de la mujer. El cazador miró hacia el camino por el que se iba al lago y Red siguió la dirección de sus ojos, compartiendo una sonrisa cómplice con él.
- ¿Crees en el destino?
- Las casualidades no existen - afirmó ella -. Si se conocieron, fue por algo.
Él la observó, más sonriente aún.
- Espero que pienses que nosotros también nos encontramos por alguna razón.
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Pasión.
La pasión está dentro de todos nosotros. Durmiendo. Esperando.
Y aún sin desearlo, sin pedirlo, se desata. Abre sus fauces y aúlla. Nos habla. Nos guía.
La pasión nos gobierna a todos. Y nosotros obedecemos. ¿Qué remedio nos queda?
La pasión es la fuente de nuestros mejores momentos. La alegría de vivir, la claridad del odio y el éxtasis del dolor. A veces, duele más de lo que podemos soportar. Pero vale la pena, porque debajo del hambre está el afecto, la atención, el amor no verbalizado.
Si pudiéramos vivir sin pasión, tal vez encontraríamos algo de paz. Pero estaríamos huecos. Seríamos habitaciones vacías, destartaladas y húmedas.
Sin pasión, estaríamos realmente muertos.
Emma podía intuir la hierba fresca bajo su espalda, sólo separada de ella por la manta que habían extendido a unos pasos de la laguna, pero sentir, sólo la sentía a ella. A Regina. Por todas partes. Los roces inciertos, los toques ligeros y las caricias inseguras se habían desvanecido casi demasiado rápido, dejando paso a una pura e ininterrumpida fusión de sus cuerpos hasta que no supieron donde comenzaba una y terminaba la otra. Ella quería decirle lo hermosa que era, y lo habría hecho de ser lo suficientemente valiente, pero todo era demasiado nuevo y los límites de lo que podía decirse y lo que no no estaban claros. Así que se mantuvo en silencio, agradecida de lo que Regina estaba dispuesta a darle, que en este momento, era su maravilloso cuerpo.
Placer. Eso fue todo lo que Regina sintió. No ira, no preocupación, no dolor. Simple deleite de robar besos de la boca de su amante como quien bebe ambrosía de unos labios entreabiertos. Casi no se lo creía. Y seguramente habría asegurado encontrarse en un sueño si ciertos pequeños detalles no afirmasen lo contrario. El suave aliento de Emma le hacía cosquillas en la piel humedecida, calmándola, diciéndole que todo era real. La princesa estaba aquí, haciendo el amor con ella, a ella. Nada más importaba en ese instante de luz en su mundo de oscuridad.
Ambas sabían que no estaba todo dicho, y que esto, fuera lo que fuera, no había hecho más que comenzar. Pero tácitamente prefirieron dejar esos pensamientos a un lado, preocupadas únicamente por llenar un vacío que ni sabían que tenían hasta que se vieron por primera vez.
Y por ello, por no fijarse en nada más, ninguna se percató de los destellos de colores que se formaron a su alrededor, jugando a escapar de los duendecillos que querían atraparlos con las manos.
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Maléfica se sentó en su trono con un movimiento fluido y acarició inconscientemente su cetro, orgullosa de sí misma. Se había acostumbrado muy rápido a su estatus como reina y no pretendía que tal hecho cambiara. Con Aurora dormida indefinidamente, el principito encarcelado de por vida y todos los demás viéndola como la salvadora del reino, viviría el resto de sus días rodeada de comodidades y lujos.
Si nada estropeaba sus planes.
Y el contenido de la misiva que acababa de recibir podría hacerlo fácilmente. En la carta (dirigida a la bella durmiente), Snow White solicitaba información inmediata en el caso de que su fugitiva hija le pidiera asilo temporal, cosa que obviamente no iba a hacer. Si la princesa Emma aparecía por allí, acabaría en la celda vecina de la de Phillip, encerrada para que no se fuera de la lengua con respecto a la situación del Reino Verde.
El cuervo de Maléfica se posó en su hombro y ella esbozó una sonrisa satisfecha.
Servíos vosotras mismas:
A) Eso es un buen baño y lo demás son tonterías.
B) ¿Dónde dijiste que estaba el maromo para Zelena? Búscale un hobbie o algo a la mujer y que deje de molestar x)
C) Pasión... *carraspea incómoda y va a leerlo otra vez*
D) Así que Maléfica tiene sus propios planes... ¿que será de nuestras Prófugas? (Acepto sugerencias de masacres y demás desastres).
*Noe salvaje escapó*
