Sango y Miroku se encontraban dentro de la aldea buscando rastros de Inuyasha que había desaparecido al llegar. El sol se estaba ocultando y no había señales del hanyou por ninguna parte. Ambos se sentaron a la rivera del río como solían hacerlo en tiempos antiguos cuando descansaban después de las batallas. Miroku se recostó sobre el césped mientras que Sango acariciaba a Kirara.
- Miroku... ¿dónde crees que haya ido Inuyasha?- Preguntó preocupada, estaba segura que no podría soportar que un amigo vuelva a pasar por algo parecido a lo de Kagome.
- Es muy difícil saberlo mi amor, recuerda que es muy impulsivo... sería demasiado complicado... además cuando se trata de algo que puede ser importante para él, prefiere que lo perdamos de vista- Sango lo miró confundida- es cuestión de esperar, él es muy hábil, encontrará nuestro olor y nos seguirá hasta dar con nosotros, no se perderá... Inuyasha es un joven muy inteligente, te lo aseguro-
La joven exterminadora asintió levemente y observó el cielo nostálgica. El sol estaba comenzando a ocultarse y todo parecía muy tranquilo. A los lejos podía verse el monte Fuji. Se quedó observando a lo lejos, perdiéndose en la infinidad del cielo. Tantos recuerdos le traían las aldeas así. Recordó cuando no tenían donde dormir y su querido esposo mentía en la mansión más lujosa para poder pasar la noche, cuando Kagome se pelaba con Inuyasha por culpa de Kouga, o bien por culpa de Kikyo... a su mente volvió aquel nombre... Kikyo... ¿qué habría sido de la vida de aquella mujer?. Siempre había dicho que esa sacerdotisa no valía la pena, por eso se enojaba tanto cuando Inuyasha la prefería más que a Kagome. No había comparación alguna entre ambas. Suspiró levemente. Ya estaba anocheciendo e Inuyasha no volvía. ¿Qué podría haber sucedido después de que lo perdieron de vista en la aldea?.
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Inuyasha se encontraba caminando. Todo parecía tan distinto, tan lejano. Las cosas iban de mal en peor, ya no sabía que hacer. No le quedaba más nadie, estaba completamente solo. Recordó con dificultad cuando su madre había muerto, era la misma sensación de soledad y abandono. Levantó el rostro y divisó a lo lejos el monte Fuji. Los tenues rayos de sol iluminaban las flores amarillas, rojas, rosadas y blancas que se encontraban cerca. Un ancho río lo separaba de aquel lugar. A lo lejos podía verse la gran elevación rocosa en una majestuosidad impresionante. A lo alto de aquel lugar se veía la punta nevada del monte, totalmente impresionante. Sus ojos se cristalizaron al recordar aquella vez con Kagome en la cima de ese lugar. Una vez más, ella. Siempre aquellos recuerdos en los momentos menos esperados¿eso era el sentimiento de perder a una persona amada?. Sacudió la cabeza intentando borrar todos esos pensamientos y dejar su mente en blanco, quería descansar, si seguía así estaba seguro que iba a morir. Abrió sus ojos enormemente, es cierto¿por qué estaba vivo?. Bien podría el quitarse la vida y terminar así con todo, pero había algo que lo detenía en esa idea tan loca, había una razón para seguir en ese mundo y estaba dispuesto a no descansar hasta descubrir que era lo que lo ataba si Kagome no estaba, o al menos eso es lo que pensaba, ya que, después de ese extraño sueño la noche de luna nueva, no estaba del todo seguro que estuviera muerta. De pronto se reprocho por sus propios pensamientos, había llegado la hora de asumir que ella estaba muerta y que no volvería a verla, al menos que muriera.
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La vista es maravillosa, pensó mientras que se sentaba en el pasto. Las flores le hacían cosquillas cerca del rostro y sus manos. El amplio río se extendía separando al monte Fuji de la tierra. Observó con gracia las flores altas y violetas que le tanto le gustaban. Cansada, se sacó la capucha que cubría su rostro dejando caer su larga cabellera negra. Se recostó perezosamente en el pasto estirando sus brazos y piernas. Sus ojos se fijaron en la inmensidad del cielo, estaba celeste y sin ninguna nube aparente. Eso era buena señal, al menos estaba segura que no iba a llover. Sonrió y comenzó a jugar con las altas flores que se encontraban en el lugar, vaya paraíso, pensó.
- ¿Qué estarás haciendo Inuyasha?- Musitó suavemente.
Las imágenes de aquella vez se remontaron a su mente. Tantos recuerdos le traían aquel monte. Cerró sus ojos recordando el momento en que encontró a Inuyasha tan mal herido en el bosque. Ella misma se aseguró de que no le hubiera pasado nada malo. Lo estuvo cuidando toda la noche y esperaba que él no se diera cuenta de eso. Suspiró levemente. Jamás iba a permitir que algo malo le pasara, le había prometido que estaría siempre a su lado¿no?.
- Pronto será... ya lo verás... mi querido Inuyasha- Sonrió al pronunciar su nombre y rodó en el suelo como una niña pequeña al pensar en el chico que le gusta. Se sentía tan bien estar así, sin nada que hacer, viviendo como quería. Se detuvo ante aquel pensamiento... viviendo como quería... ¿acaso era así como quería vivir?. No, definitivamente no, ella quería vivir al lado de Inuyasha, estar con él, no importa cuales fueran las consecuencias, enfrentaría a todo y a todos con tal de lograr lo que ella quería, estar con su amado Inuyasha. De pronto una presencia se coló en el lugar. No estaba muy lejos de ahí... al parecer venía de la aldea que estaba cerca. Se paró de un salto, recogió su arco y sus flechas y colocándose la capa salió corriendo. ¿Por qué justo ahora?, se preguntó como una niña pequeña,
- ¡No es justo!- Protestó mientras que corría tan rápido como podía, vaya, ahora se daba cuenta que extrañaba mucho ir en la espalda de Inuyasha. Sacudió su cabeza espantando aquellas ideal para intentar dejar de pensar en él por un momento- este no es el momento- Se reprochó llegando a las puertas de la aldea.
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Inuyasha también se había percatado de la presencia que estaba cerca. Corrió deprisa llegando a la aldea. Buscó a sus amigos pero al parecer no estaban ahí. Kikyo también había desaparecido después de la pelea que habían tenido. El monstruo apareció amenazante destruyendo todo lo que había a su paso. Inuyasha tembló al verlo, su aspecto era demasiado aterrador. Sacó a Colmillo de Acero y se acercó al terrible ser con ánimos de desafiarlo, debía desquitarse con alguien ese día.
- ¡¡Oye monstruo!!- Este se giró mirando al ser que osaba desafiarlo- ¿por qué no te enfrentas con alguien que tenga tu propia fuerza?... claro de seguro es porque tienes miedo de perder, pues te aseguro que ha llegado tu hora- Gritó.
Inuyasha corrió directamente hacia el terrible ser. Colmillo de Acero comenzó a palpitar por lo que se sorprendió un poco. ¿Qué rayos estaba pasando?. No era costumbre en Colmillo palpitar cuando estaba por atacar¿acaso estaría dañada?. Nuevamente miró al monstruo. Lo arreglaré luego de destruirlo, pensó.
- ¡¡Viento cortante!!-
El monstruo fue partido a la mitad por la poderosa espada. Al instante llegaron corriendo Sango y Miroku preocupados. Inuyasha los miró y luego observó la espada. Aparentemente no estaba dañada, pero entonces... ¿por qué había palpitado?. Recordó la primera vez que lo había hecho, fue cuando le prometió a Kagome que iba a protegerla, aunque luego negó haberlo dicho, él sabía que debía cumplir aquella promesa.
- ¿Pasó algo Inuyasha?- Preguntó Miroku.
- ¿Estás bien?- Dijo Sango preocupada.
- Si... - Miroku lo observó extrañado e Inuyasha se percató de eso rápidamente- quieren saber que pasó ¿verdad?- ambos asintieron con la cabeza e Inuyasha guardó la espada- en el momento antes de que partiera al monstruo a la mitad... Colmillo de Acero... palpitó... y no entiendo por qué... no hace eso al realizar el Viento cortante-
Sango y Miroku se miraron sorprendidos. Inuyasha bajó la vista apenado. ¿Qué estaba pasando con él¿Acaso Colmillo de Acero percibía su inquietud?.
- ¿No estará dañada?- Preguntó Sango intentando buscar una explicación ante el comportamiento extraño de la gran espada, Colmillo de Acero.
- Es cierto Inuyasha, tal vez está dañada¿la revisaste?- Acotó Miroku mirando a su esposa que asentía con la cabeza.
- Si ya lo hice, pero al parecer no tiene ningún daño, tal vez lo mejor sea que nos olvidemos del asunto de la sacerdotisa, ahora mismo iré a ver a Totoussai y le preguntaré que demonios pasa con esta espada que reacciona de esa manera- Comentó molesto mientras que se disponía a caminar fuera de la aldea. De pronto un montón de aldeanos comenzaron a correr en dirección al templo. Los tres miraron sorprendidos la reacción de las personas.
- ¿Qué estará pasando?- Preguntó Sango.
- ¡¡Vengan todos¡¡La sacerdotisa ha llegado!!-
Inuyasha abrió los ojos inmensamente. ¿Acaso Kikyo había vuelto?. Los tres corrieron en dirección a donde estaban todos. Había un gran tumulto de gente alrededor y varias personas heridas en el centro. A su lado había una joven curando a cada uno de ellos. Inuyasha la observó por unos instantes hasta que ella se sacó la capucha que cubría su rostro. Una larga cabellera negra cayó hasta su espalda y unos enormes ojos café observaron todo con atención. Una sensación de escalofríos recorrió todo el cuerpo de Inuyasha. ¡¡No podía ser cierto¡¡Simplemente no podía!!. Intentó decir algo, gritar, llorar, pero nada salía de sus labios. Entonces... no estaba equivocado, era cierto... ¡todo era cierto!. Tan solo pronunció una palabra suave y casi inaudible.
- Kagome...
Continuará...
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------N/A: Hola a todas!!! Bueno, verdaderamente me esmeré lo más que pude y aquí les dejo el cap. 10. Espero les guste. Hora de agradecer: Gracias por los reviews y sepan que me siento muy apoyada por todos ustedes, en verdad, muchísimas gracias nn Gracias: Kagome-Higurashi13, Kagome ran ran, Inuyasha 070887, Nikole, Inukan, Marru-freackyyvampire. 8perdón si hay algún error!!) Las voy dejando para continuar el fic!! Espero que dejen sus comentarios!! Suerte en todo!! ;)
Gracias!
Besos!
Kagome-
