Capítulo 9
-Me meto otro trozo de comida en la boca, desviando mi mirada de en frente, donde está sentado Rick, hacia mi plato. Su mirada incesante me está poniendo nerviosa.
-¿Qué prefieres niño o niña? –me pregunta, haciendo que lo vuelva a mirar.
Trago la comida que mastico antes de responderle. –No lo sé –me encojo de hombros. –En realidad, me da igual. Solo quiero que esté bien. Pero, supongo, que las niñas me atraen más.
Él me mira con una sonrisa y se lleva un tenedor con patatas a la boca.
-¿Y tú? –le pregunto, aunque no sé si lo he hecho porque realmente quiero saber su respuesta, curiosidad, o por no volver a caer en el incómodo silencio de nuevo. –Prefieres niño, ¿no? –Miro a Daniela que está jugando con Olaf cerca de donde nosotros estamos comiendo.
-¿La verdad? Me da igual. Sí, ya tengo una hija pero no me importaría tener otra. Y, si es un niño, también me gustará. Como tú, solo quiero que todo salga bien.
Castle sigue comiendo su comida, yo apoya la punta de mi tenedor en mi plato, arrugando mi entrecejo. Trago saliva antes de pronunciar mi siguiente pregunta, no sé si es algo que deba preguntar. Bueno, sé que no debo hacerlo pero la curiosidad es demasiado grande. Desde el primer día que pisé este loft ha estado rondando en mi cabeza y cada día que me he encontrado con los Castle, la curiosidad, ha ido aumentando.
-¿Puedo preguntarte algo? –inquiero con cautela.
-Ya lo has preguntado, ¿no? –contesta, sonriendo. Hago un mohín con mi boca y esparzo algunas patatas por mi plato.
-Sí, bueno.
-Pregunta –me dice ahora, apoyando sus codos en la mesa y entrelazando sus manos bajo su barbilla.
-¿Y la madre de Daniela? –Aguanto el aire cuando veo cómo se remueve en su silla, incómodo. La sonrisa de su rostro ha desaparecido y, ahora, mira su cena, serio. –No tienes que contestar si no quieres. –Digo, rápidamente.
-No, no es eso. Es complicado –Responde.
-Entiendo. –Vuelvo a llevarme un bocado a los labios, queriendo borrar el momento de la pregunta. Ni siquiera tenemos confianza. Ni quiero tenerla. Antes de que me meta la comida en la boca habla, así que dejo el tenedor encima del plato para escucharlo atenta.
-Cuando la ginecóloga nos preguntó por nuestros padres, yo dije que no los había conocido. Y así es. Viví hasta la mayoría de edad en un orfanato. –Se me escapa un "Oh" sin poderlo remediar. –No voy a decirte que es la mejor infancia que un niño puede tener porque no es así. Fue duro, sobre todo, cuando empiezas a comprender que si estás allí es porque nadie te quiere, ni si quiera tus padres. Ni la mujer que te dio a luz. Pero, bueno, todo esto no importa.
Yo lo miro sin saber muy bien qué decir.
-El caso es que, allí, pese a todo, pese a las carencias que pude llegar a vivir, me hicieron ser lo que soy. En un modo u otro, todo lo que soy se los debo a ellos. Así que, cuando salí, me prometí que no dejaría abandonados a los niños que dejaba allí. Tenía que ayudarlos de alguna manera u otra. Al principio, iba a jugar con ellos y hacerles pasar un buen rato, al menos, eso intentaba. El trabajo que tenía, apenas me daba para sobrevivir. Tuve suerte y una persona me ayudó a que una editorial leyera mis escritos. Una vez que empecé a ganar dinero, empecé a ayudarlos económicamente.
Si dijese que todo esto me había sorprendido 100 por 100, mentiría. Puede que sea un capullo pero sus ojos reflejan su interior cuando baja esa coraza, como en estos momentos, y, en ellos, puedo ver un gran corazón.
-Iba al menos cuatro veces en semana. Un día, cuando llegué, me encontré con que todo estaba más revolucionado que de costumbre. Había llegado un bebé nuevo. Tenía apenas unos días de nacido y –apretó los dientes con rabias –sus padres la habían abandonado en mitad de un parque en pleno invierno. El bebé sufría hipotermia y los médicos le diagnosticaron neumonía. Además, no había nacido en un hospital, ya que por la infección que tenía, no habían utilizado material esterilizado para cortar el cordón umbilical. Los médicos no le daban más de 48 horas de vida, a parte del dinero que el orfanato necesitaba para costear los medicamentos y todo lo necesario para que hiciesen lo imposible para salvarla.
Suspiró con tristeza, supongo por todos los recuerdos que le traería revivir todos esos momentos. Cuando las manos empezaron a dolerme por la fuerza que estaba ejerciendo, apretando los puños, las relajé. ¿Cómo se podía tener tan mal corazón o ser tan mala persona para hacerle eso a un bebé, a una personita tan indefensa?
-Decidí hacerme cargo económicamente de todo lo que el bebé necesitara. Eran tantos niños y tan pocas criadoras que me ofrecí a cuidarla. Hice todo lo que estuvo en mano para ayudarla. Hice que la trasladaran al mejor hospital y que se ocuparan de ella los mejores médicos del país.
Su voz tembló e, instintivamente, cogí su mano por encima de la mesa. –Su corazón llegó a estar parado durante ocho segundos cuando tuvieron que operarla. Fue horrible. –Se llevó su otra mano a la boca. Soltó una gran bocanada de aire. –Por suerte, a partir de ahí todo mejoró. Desde el primer momento que la tuve entres mis brazos, sentí que debía protegerla, que tenía que estar para ahí. No solo hasta que saliera del hospital, sino, toda la vida. –Miró hacia su hija, sus ojos, algo acuosos, reflejaban todo el amor que sentía por ella. Nunca en mi vida había visto mirar a un padre con tanto amor como a Rick en ese momento.
Mis labios se curvaron hacia arriba y una frase resonó en mi mente. "Mi bebé no podría tener un mejor padre". Sacudí la cabeza sin borrar la sonrisa de mi cara. La frase había acudido a mis pensamientos sin mi permiso.
XXX
Tengo que reconocer que haber aceptado cenar con Castle ha sido una buena decisión, aunque haya una parte de mi cerebro que no deje de repetir que me estoy traicionando a mí misma por pensar eso y haberme sentido cómoda, incluso, la he disfrutado.
Cierro los ojos para intentar dejar mi mente en blanco. No quiero pensar.
-Tu infusión. –Abro mis ojos despacio, separando mi espalda del respaldo de sofá.
-Gracias. –Musito cuando tengo la taza en mis manos.
-De nada. –Me sonríe. Por suerte, se ha recuperado del mal momento que ha vivido durante la cena. A partir de ahora tengo que medir más mis preguntas.
Por más que no quiera hacerlo, me recuesto en el sofá. De pronto, me siento pesada y tengo nauseas. No debería haber comido tanto. Sé lo que me pasa cuando lo hago desde que estoy embarazada. Bebo un buche del líquido verde, queriendo que eso ayude a disuadirla pero, en cambio, me producen arcadas.
Rick me mira preocupado.
-¿El baño? –logro articular. Me señala una de las puertas y salgo disparada.
XXX
Ni siquiera me ha dado tiempo a cerrar la puerta. Por la sombra que se ha formado a mi lado, sé que Castle está en la puerta.
-¿Estás bien? –me pregunta con un deje de preocupación en su voz. Se acerca titubeante y despacio a mí.
-Me ha debido caer mal la cena –respondo, poniéndome de pie. Él enseguida me ayuda, agarrando del brazo.
Camino hasta el lavabo, quisiera lavarme los dientes pero creo que tendré que conformarme con enjuagarme la boca.
-Tengo cepillos de dientes sin usar. Suelo comprar un paquete cuando compro. ¿Quieres uno?
Asiento.
-Ahora vuelvo. ¿Estarás bien? –me pregunta cuando me ve apoyar las manos en el mueble del lava manos.
-Sí. –Miento, cierro los ojos. Todo me da vueltas. Estoy deseando pasar los tres primeros meses de embarazo. Dicen que cuando estos acaban, las molestias desaparecen. Los consejos de la ginecóloga no están funcionando.
-Aquí está. –Por su respiración sé que ha ido corriendo donde quiera que los tenga guardados.
-Gracias.
Empiezo a lavarme los dientes pero el mareo que siento es tan intenso que tengo que volver a agarrarme al lavabo. Castle, en seguida me sostiene, rodeándome con sus brazos.
-¿Seguro que estás bien?
-Es uno de los síntomas de estar embarazada. –Contesto con la boca llena de pasta de dientes.
Cuando me repongo, termino de lavármelos.
XXX
-¿No pensarás irte así? –inquiere poniéndose de pie, junto a mí cuando me ve coger mi bolso.
-Ya estoy bien, Castle. –Y es verdad, estoy bien, aunque siento un pequeño malestar en mi interior. Y vuelvo a tener hambre.
-Pero puede que vuelva a darte mareo mientras conduces –contesta un poco ofuscado.
-No va a pasarme nada.
Cuando paso por su lado me agarra del brazo. –Kate, yo te acompañaría pero no puedo –mira a su hija que está dormida sobre una manta. Olaf duerme junto a ella. –No puedo dejarla sola. Pero, tampoco, puedo permitir que te vayas.
-Me iré en taxi. –Rick chistó.
-Por favor, Kate, quédate a dormir, no me quedarme tranquilo sabiendo que te has ido así.
-Castle…
-Por favor… -insiste. Sus ojos denotaban más preocupación incluso de lo que hacía su voz.
Suspiré sin saber qué hacer.
-Está bien, pero no dormiré contigo en la misma cama.
Sonrió y por cómo cambió de expresión rápidamente, supe que iba a hacer un comentario sobre eso pero que en el último momento se había arrepentido. Supongo que para que no volviese a rechazar su invitación y me fuera.
-Está bien. –Aceptó.
Gracias por vuestras ideas y vuestros ánimos. Intentaré seguirlas todas y mejorar un poco el fic.
De nuevo, gracias. :)
