Capítulo X

Minato leyó el informe y lo entregó a Sora.

–¿No conseguiste más del Tanuki? Acaso no eres la nieta de Ryô Uchiha –picó Sora.

–Ya hubiese querido verte frente a él –respondió la kunoichi– está muy molesto o yo diría herido, porque lo tratan como un arma que no tiene vida.

–Eso no es raro, lo raro sería que lo trataran con respeto y preguntaran su opinión –comentó cruel Sora.

–Eso lo sabemos. En fin, esperemos que no les haga más difíciles las cosas a los de Suna –terminó Minato– Si no hay más que tratar vayamos a descansar que ya casi es de día.

Los dos acompañantes asintieron y salieron con el Yondaime. El rubio fue escoltado hasta su casa y los primos dejaron a sus remplazos, en el otro turno. Minato agradeció y se metió a su hogar; estaba por subir los escalones cuando escuchó un ruido, se puso alerta y caminó en esa dirección…

Una figura algo… redonda se movía en la cocina:

–¿Nagato que haces levantado a esta hora?

El mencionado se giró:

–Minato…

–¿Me esperabas? –preguntó ilusionado el rubio.

–Cómo crees, Naruto tiene hambre y buscó algo… dulce.

Minato se deprimió, pero se repuso pensado en que sus amores estaba hambriento y él debía consentirlos ahora que tenía un poco de tiempo –aunque fueran las dos de la mañana. Se acercó y se levantó sobre sus talones y bajo un bote.

–Lo tenía guardado en caso de…

Nagato no lo dejó terminar y arrebató el bote de galletas de chocolate. El de ojos azules sonrió, sirvió un vaso con leche y rodeando a su esposo con un brazo lo guio hasta su habitación. En su cuarto, el rubio se preparó para dormir.

–Minato sabes que agradezco mi complexión.

–¿Por qué?

–Porque este niño come demasiado y terminaría este embarazo obeso, si no fuese delgado por naturaleza.

Minato negó y atrajo a su pareja.

–A mí me gustas redondito.

–¿Aunque estuviese redondo todo el tiempo y no solo por el embarazo? –preguntó perspicaz el pelirrojo.

–Aunque fueras Akimichi.

Nagato sonrió y dejó que Minato lo abrazara.

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La llegada del hospital a su casa, Sasuke no dio muestras de estar molesto, ni siquiera lloró. El pequeño pelinegro fue dejado en la habitación de sus padres –en su cuna– y los adultos salieron, no así Itachi que arropaba al bebé. Fugaku y Mikoto llegaron a la sala y Kazuo preguntó.

–¿Itachi se quedó?

–Sí, me parece extraño que no sienta celos de Sasuke, en cambio hasta lo cuida demasiado. –comentó Mikoto.

–Sabemos que Itachi no es como los otros chicos. –comentó Kazuo.

–Ciertamente, esa es la respuesta, Itachi actúa como adulto y eso que solo tiene cinco años. –explicó Fugaku.

–Pero no está dispuesto a admitirlo frente a nosotros –aseguró Mikoto.

–Quien sabe, desde que vimos a Sasuke en el hospital por primera vez, Itachi ha cambiado mucho. –dijo Shin– Lo que es una lástima porque quería seguir consintiéndolo más tiempo.

Los cuatro se callaron, pues el pequeño Uchiha entró en ese momento y como si supiese algo de lo que hablaron…

–¿Papá, mamá pueden cuidar un rato a Sasuke quiero dormir un ratito?

Dijo y fue hasta Kazuo y le pidió subir en sus piernas para dormir. Shin al ver esto se acercó a los dos y besó las hebras gemelas que las de su esposo, en su nieto.

–Descansa pequeño guardián.

El niño sonrió y se acomodó en el regazo de su abuelo. Mikoto se levantó y fue por una manta en lo que Fugaku se preguntaba si su adorado primogénito sabía que los tenía –al igual que Sasuke– en la palma de la mano… Si lo sabía, no en vano aseguraban los ancianos del consejo que Itachi era un genio.

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Los reunidos en la sala escucharon al pelinegro:

–No veo como podamos hacer esto sin que el zorro quede libre.

–No te cierres a las posibilidades Nawaki. –negó Dan.

–No lo hago, pero Mito-sama ya no tuvo más hijos después de que sellaran en cuerpo al Kyūbi.

–No podíamos detener el ciclo de la vida Nawaki –aseguró Tsunade.

–Pudo tenerlo en vitro –aseguró Orochimaru.

–No hubiese sido justo. –volvió a la carga Tsunade.

–Si a mí me hubieran propuesto no sufrir el parto… lo hubiese aceptado –confirmó Orochimaru.

Jiraiya negó. Nawaki preguntó.

–¿Y el sello?

–Podíamos reforzar el sello, pero no sabíamos cómo afectaría al no nato. –aclaró Hiruzen.

–El error fue mío –expuso serio Kazuo –Todos los presentes lo miraron– No estuve en contacto con el Kyūbi no Yōko por no exponer a la jinchūriki a la constante invasión y estas son las consecuencias, no sabemos cómo está él, si con ganas de salir o… furioso.

Nagato que solo estaba de oyente preguntó.

–¿Y otro contendor?

–¡Exacto! Eso es lo que yo opinó –aseguró Nawaki.

–No serás tú –cortó Tsunade y su hermano se enfurruñó

–Aunque el sellado se hizo de modo que el jinchūriki no muriera sin su Bijū, esto sigue siendo difícil –explicó Dan.

–Me temo que deber ser un niño –expuso Hiruzen.

–Un niño, no sé si eso me parece bien, no podemos decidir de ese modo el futuro de uno de nuestros niños. –dijo Minato.

–Ciertamente, esta aldea fue fundada para que los niños crecieran sin temor a ser lastimados. –expuso Jiraiya.

–Cualquiera que sea no será lastimado –respondió Kazuo.

Nagato se acomodó, pues la espalda ya lo estaba molestando y mencionó.

–Si ustedes quieren yo puedo… hablar con el Kyūbi.

–La cuestión es que en la última consulta, Kazuo trató de entrar en la mente de Kushina y esta reaccionó muy mal, la presión se le subió casi le da una taquicardia… fue muy difícil y peligroso. –informó Tsunade.

–Esa opción no queda descartada, la charla con Kyūbi puede hacerse al momento del parto –opinó Dan.

–Y de ese modo el indicado sería Nagato-san –aceptó Hiruzen.

–No lo apruebo, mi esposo esta esperando un hijo también y acercarse a Kushina cuando el sello del Kyūbi esta rompiéndose o mejor sería decir cuando este roto, es muy peligroso y no voy a arriesgarlos de ese modo. –sentenció Minato.

El silencio se extendió por el lugar hasta que Jiraiya habló.

–Nadie te pide que arriesgues a tu familia.

–Yo no lo haría –habló Kazuo–, sin embargo siento que traiciono a un buen amigo de mi padre y ya hemos visto lo que un Bijū molesto puede hacer, el ejemplo es Shukaku.

–Creo que en esto puede opinar y… Minato él debe sentirse dolido y solo, además no puedo olvidar lo que representa –El rubio observó a su esposo– representa la unión de los fundadores de Konoha.

Los murmullos de aceptación y orgullo se escucharon en la sala y Minato tuvo que ceder.

–Kazuo-sama, Tsunade y Nawaki presentes. –sentenció el Yondaime.

–Namikaze juegas a ganar, sabes que él reconocerá la herencia de Taiki. –aportó bromista Nawaki.

Nagato rio y aseguró:

–Se trata de ganar.

–Esto es un acuerdo –indicó Hiruzen.

–Tengo hambre –opinó Orochimaru.

–Yo te apoyó… ¡Ramen! –aportó el de rinnegan.

–Por esta vez aceptare tu opción –dijo Orochimaru y salió junto con Nagato. Minato sintió una palmada en su hombro.

–Estará bien, no permitiremos que esto se salga de control –sonrió Jiraiya.

Todos los del consejo asintieron y salieron del lugar, tomando diferentes caminos.

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Los rayos del sol se colaron por la ventana y despertaron a los ocupantes de esta, Yûki besó los labios de su esposa y preguntó:

–¿Cómo están las dos?

–Estamos bien, un poco hambrientas.

El shinobi se levantó y comentó feliz.

–No se diga más, yo preparare un delicioso desayuno…

–Arroz y sopa de misio con… sushi.

Yûki se resignó a ir a buscar Sushi para su adorada pelirroja. Kushina vio salir a su esposo y suspiró acariciando su estómago deseando que su hija estuviera bien, pues estaba dispuesta a dar todo porque ella naciera. La de ojos azules se levantó y fue a la ducha para estar lista en cuanto Yûki la llamara a desayunar, su trabajo iniciaba en un par de horas y es que ella no había querido dejar de laborar, porque eso la mantenía ocupada sin pensar en el día del parto y lo que eso conllevaba.

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Nagato llegó a su trabajo y dejó su morral en la silla, esperaba que Kushina no tardara, pues de ese modo le quitaría un poco de carga a él, se sintió un poquito culpable, pero su cansancio no lo dejaba por mucho tiempo, el pelirrojo aseguraba que Naruto sería hijo único… Eso si Minato no lo convencía con mimos de tener otro.

Con ocho meses de gestación el de rinnegan estaba al borde de los nervios y muchas veces lo pagaban los equipos…

–¡¿Cómo es posible que haya dejado ir a uno de los perros que paseaban?!

–Lo sentimos Nagato-san, disculpe nuestro error le trajimos dangos y…

–Por ahí hubiesen empezado.

Nagato olvidaba de pronto la molestia y el equipo salía ileso, por supuesto esa estrategia se había comentado de un equipo a otro e incluso algunos Jōnin la llevaban a cabo.

–Pero que para otra vez no haya errores o los regresare a la academia.

Si la estrategia servía, si no había alguna de las otras compañeras del pelirrojo.

–Mikoto ya estás de regreso ¿terminó tu permiso?

–No, pero decidí regresar ya que Sasuke se queda con sus abuelos y yo me estoy volviendo un ama de casa.

–Eso eres.

–Claro, pero también soy kunoichi.

Los equipos que esperaban la revisión de sus misiones tragaron saliva, al ver que Mikoto Uchiha estaba de vuelta y que Kushina Uzumaki iba entrando por la puerta, ambas más estrictas que Nagato Namikaze.

–Nagato-san ya te convencieron verdad. –dijo la pelirroja al llegar.

–¿Por qué lo dices?

Dijo el pelirrojo disfrutando de su dango.

–Olvídalo y dame un poco.

El día de trabajo inició y a medio día Mikoto recibió la vista de Shin, que llevaba al pequeño Uchiha. Ella y sus compañeros tomaron un descanso, pues ella debía darle de comer al morenito.

–¿Y Kazuo-san? –preguntó la Uchiha.

–Fue por Itachi. Seguro que llegan en un momento.

Nagato se dejó caer en una de las sillas cerca de su amiga pelinegra y acarició el rostro de Sasuke.

–Mira, pero que bien portado bebé.

El niño intento sonreír y fue motivo para celebrar. Itachi llegó corriendo poco después seguido de su abuelo que fue a sentarse junto a su eterno compañero.

–Ese niño es muy rápido para mí.

–Ay Kazuo, es la edad.

El hombre con cabellos grises asintió y abrazó a Shin.

–Espero poder llevar a Sasuke a la academia.

–Lo harás.

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Kurama se levantó de su cómoda posición y miro a la oscuridad.

Ya es hora… no pienso quedarme encerrado más tiempo en este lugar…

Kushina se levantó gritando y aferrando su vientre. Yûki se despertó sobresaltado.

–¡¿Qué pasa?!

–¡Ya viene!

–¡Pero aún no es tiempo!

El chakra del zorro apareció y el Sarutobi se levantó veloz esperando que el Hokage y los demás llegarán a tiempo. Acomodó a su esposa y apretó su mano.

–Estarán bien, mis niñas.

Kazuo llegaba corriendo por los tejados, seguido de Fugaku.

–Te dije que te quedaras.

–No lo hare, además papá quería venir y le dijo que no, pues yo te acompañaría.

–…

Kazuo no agregó más. Al llegar a la calle de la casa de los Sarutobi se les unieron Tsunade, Orochimaru, Nawaki, Jiraiya y Dan.

–Veo que estamos muchos para ayudar –bromeó Tsunade.

–Entre más mejor. –aseguró Jiraiya.

Llegaron a la casa de Yûki y Kushina y ahí ya se sentía el chakra del zorro demoniaco. Minato y Nagato llegaron en ese instante.

–Entremos. –pidió el rubio.

El grupo subió a la habitación y entre Tsunade y Orochimaru prepararon a la pelirroja. Minato, Kazuo, Jiraiya y Fugaku realizaban algunos sellos para que el chakra no saliera hacia la aldea. Nagato esperaba en la sala a que fuera seguro acercarse a su amiga. Haciendo un recorrido y colocando sellos fuera de la casa estaban Dan y Nawaki.

La labor de parto inició y la pelinegra de coletas ayudaba a la madre para que diera a luz; al mismo tiempo, Kurama trataba de salir, pero las cadenas de Kushina lo detuvieron.

–¡No lo hagas Kushina! necesitamos tu fuerza para que esta niña venga al mundo, no combatas con él –ordenó el sannin de las serpientes.

–¡Yûki, llama a Nagato! –pidió Tsunade.

El Sarutobi bajó las escaleras de dos en dos.

–¡Nagato-san…!

El pelirrojo se levantó con ayuda de su esposo que no se apartó de él. El chakra rojizo estaba llegando al piso inferior y Kazuo llamó a su primo y a Dan:

–Vengan que necesitamos reforzar esta barrera para que no salga…

Los aludidos entraron sintiendo el calor sofocante que significa la marea roja del zorro.

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Mikoto y Shin miraron en dirección del centro de Konoha:

–No puedo creerlo, a pesar de la barrera aún se siente su fuerza –dijo Shin.

–¡Espero que no esté muy enojado!

Dentro de la casa, Itachi se levantó y sintió lo que su madre y abuelo, caminó apresurado hasta la cuna de Sasuke. Viendo que sus padres no estaban fue hasta esta y sacó a su hermanito que estaba removiéndose inquieto.

–Ya Sasuke, yo te protegeré.

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El Uchiha brincó llegando al tejado donde su compañero se encontraba:

–No sabía que esto estaba sucediendo. –dijo Obito.

–¿No? Mis padres me comentaron algo y por eso cuando Minato-sensei nos pido que fuésemos guardias y que estuviésemos cerca… supe por qué. –respondió Tsubasa.

–Esperemos que nuestra intervención no sea necesaria.

Kakashi llegó y abrazó a Obito:

–Si así fuera… quiero estar contigo hasta el final…

–No exageren par de locos, Kyūbi es nuestro guardián, el regalo que dejaron los fundadores, no nos lastimara. –aseguró Tsubasa deseando creer en su propias palabras.

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Kushina estaba pujando. Nagato entró y ayudado por Minato llegó hasta la cama y se sentó. La pelirroja lo vio por un momento y lloró…

–Tengo miedo…, no dejes que lastime… a mi bebé.

El de rinnegan acarició el cabello el joven:

–Vamos que no se diga que la Chile Habanero es cobarde. Déjamelo a mí yo lo convenceré… tu concéntrate en traer al mundo a esa kunoichi.

Nagato llamó a Yûki y le susurró…

–Llama a Kazuo-san lo necesitaré para que me acompañe.

El Sarutobi asintió y en pocos segundo Kazuo estaba en la habitación. Nagato y él entraron en Kushina…

Los dos caminaron por el lugar.

–Esto es muy tétrico –comentó el pelirrojo– ¿Así ha sido siempre?

–No lo creo, a mi padre no le hubiese gustado que el lugar donde su amigo descansara, fuera así.

Los dos avanzaron hasta llegar a un lugar un poco más iluminado por un tono rojizo de luz…

–Ya está casi roto el sello –afirmó el Uchiha.

Nagato se acercó y notó la figura que ya estaba con medio cuerpo fuera. El zorro rugió, pero ninguno de los dos visitantes se amedrentó:

¡¿Quiénes son ustedes y que quieren?!

–Votantes Kyu…

–Kurama-sama –intervino Kazuo.

¡¿Cómo sabes mi nombre?!

–Mi padre me lo dijo.

¿Tu padre?

–Taiki Uchiha…

El zorro demoniaco al escuchar eso por fin se dignó a observar detenidamente a los humanos. Con Kazuo no se limitó a ver y lo olió buscando algo que le recordara a su amigo.

Si… tienes parte de su ser… ¿Y tú…? ¿Quién eres?

–Soy Nagato Uzumaki, su señoría.

–Tienes ojos parecidos, pero no eres él… ¡Eres un impostor! –se molestó el Bijū.

–Puedo explicarlo…

Nagato relató lo que sabía de su origen y el zorro escuchó atento, pero al concluir su historia Kyūbi se levantó e hiso intentos de salir, pasándolos.

–Por favor Kurama-sama no salga… –rogó Nagato.

¡¿Por qué?! ¡Que yo sepa nunca fui un reo! Taiki me lo dijo, solo buscaron un lugar donde yo descansara, pero en los últimos tiempos… –El zorro se quedó callado.

–Sabemos que fue un error permitir que se le tuviera incomunicado, pero…

¡Si lo sabían por que no hicieron nada!

–No creímos que las cosas estuvieran tan tensa entre ustedes…

Esta mocosa no habla y se la pasa atándome con sus cadenas. Taiki prometió a alguien que vendría y seria…

–¿Un amigo? –preguntó el pelirrojo.

No lo creo… ya no creo en nada de lo que él me prometió –se negó Kurama.

–Aún puede haberlo –trataba de convencer el de rinnegan que si bien veía a un ser poderoso y mítico, también veía la soledad de este y el dolor que le causaba.

Kazuo se acercó al demonio y ofreció su mano… sabía que el zorro podía despedazarlo sin mover una garra, sin embargo la aldea estaba de por medio y su familia con ella.

–Permítame refrendar al promesa que mi padre le hiso… quédate con nosotros.

Es tarde no soy tonto humanos y sé porque quieren convencerme, pero ya no es posible la cría de esta mocosa se parecerá a ella y no quiero pasar por la misma sole… ¡No lo hare!

–¡Siente! –gritó Nagato. El zorro giró a ver al de rinnegan con curiosidad– Este es mi bebé, un varón que…

El zorro se acercó y olisqueó el vientre…

…Fuera de Kushina –al mismo tiempo– el chakra rojo envolvió el cuerpo de Nagato y Minato luchó contra él.

–No lo está lastimando –detuvo Fugaku que había llegado antes.

El rubio observó y aceptó que era cierto, el chakra parecía solo rozar, sin quemar al pelirrojo…

… Dentro, Kurama se dejó caer recargando su cabeza sobre sus patas delanteras y los dos visitantes creyeron ver una sonrisa en el gran hocico,

No mintió…

Dijo el zorro y de pronto:

–Yo creo que… ¡Debemos salir de aquí! –gritó Nagato zarandeando a Kazuo– ¡Naruto ya viene!

El Uchiha se giró a ver al zorro:

Vayan yo esperare por… Naruto.

El Uchiha y el Uzumaki salieron y Kurama los vio partir.

Confió en ti Taiki no me falles… de nuevo…

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Ellos regresaron y Nagato gritó.

–¡Ya viene, ya viene!

–¡¿No lo convencieron?! –preguntó alarmado Minato.

–¡No baka, ya viene Naruto!

–¡Aun no es tiempo! –casi gritó histérico Minato.

Orochimaru dejó a Tsunade ayudada por Fugaku y él se concentró en Nagato:

–¡Llevémoslo a otro cuarto! –ordenó el sannin.

–¡No, debo estar aquí! –se negó Nagato.

–¡¿Por qué?! –preguntó el rubio.

–Naruto… será el próximo jinchūriki –explicó el de rinnegan a su esposo– Lo siento Minato, debí consultarte, pero es que él está tan solo y triste…

–Entiendo. –Besó el rubio a su pareja y lo abrazó susurrándole– Te cuento un secreto…

–…

–Yo siempre quise ser jinchūriki, aquí en Konoha es todo un honor.

–No quiero que Naruto tema a Kurama

–¿Kurama?

–Así se llama.

–Le enseñaremos a ser un orgulloso jinchūriki.

–Si…

La conversación finalizó, pues el dolor de las contracciones se hacían más fuertes en Nagato, quien aferraba la mano del Hokage dejándola casi fracturada.

–No te esfuerces y deja pujar, que sabes que será cesárea –regañó Orochimaru.

El de rinnegan fue desnudado y cubierto por una manta limpia y esterilizada. El sannin de las serpientes sacó su maletín y los instrumentos.

–Afortunadamente estaba preparado, pero no creí que este mocosito se adelantara.

El pelinegro inició y Minato vio como Orochimaru metía sus manos llenas se chakra dentro de Nagato y tuvo que usar todo su autocontrol para no desmayarse, porque una cosa eran las heridas de guerra y otra cosa era ver nacer a tu hijo.

Las manos del sannin pelinegro salieron y con ellas llevaba a un bebé lleno de sangre, pero que lloró tan fuerte que todos rieron por eso. Orochimaru limpió al bebé y lo colocó en el regazo de un fatigado Nagato:

–Hola Naruto… soy papá.

Minato se unió a ellos y acarició el pequeño de rubios cabellos…

–Y yo soy tu padre…

El niño bostezó y se quedó dormido.

Kazuo llamó a Minato:

–¿Estás listo?

–¿No le dolerá verdad?

–Por supuesto que no…

Kurama se levantó y caminó con paso tranquilo a donde se veía un hilo de chakra que lo guiaba. Fuera Kazuo y Minato estaban listos para sellar al zorro en el niño rubio…

El proceso inició y Kurama entró en Naruto que solo se removió, pero no despertó. En ese momento Hikari nacía.

El proceso terminó y Minato cargó a su pequeño…

–Tiene bigotitos. –Sonrió el rubio– Tenías que ser un presumido Jinchūriki y mostrárselo al mundo.

Nagato se lo pidió. Lo observó.

–Sigues precioso.

Lo abrazó cantándole una nana.

La mañana llegó y el pelirrojo fue trasladado a su casa. Kushina descansaba con su hija a su lado segura de que ambas estaban a salvo y… libres.

Nagato acomodó al Naruto para que este descansara en la cama y se acostó junto a él acariciándolo y...

–Hola...

De nuevo visitándome. –preguntó fastidiado Kurama.

–Y acostúmbrate.

Espero que tu hijo si sepa respetar la privacidad de los demás.

Nagato se rio, pues no creí que Kurama lo dijera en serio. Seguro que estaba feliz de ser visitado.

Minato vio a sus dos amores en la cama y llamó:

–Nagato deja en paz a Kurama-sama y ven…

Nagato abrió los ojos exactamente a tiempo para recibir un beso:

–Te amo y te agradezco por darme una familia.

–Yo… nosotros también te amamos Minato.

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Los Uchiha se presentaron una par de días más tarde, encontrando a los recientes padres con ojeras:

–¿Qué pasó? –preguntó Shin.

–Naruto tiene el sueño muy ligero y se ha acostumbrado a dormir en brazos. –explicó Nagato.

–El café fue un buen regalo –bromeó Fugaku.

–Si lo fue. –aceptó Minato.

Mikoto acostó a Sasuke en la cuna del rubio y le pidió a este a su papá.

–A ver si no despierta. –temió el de rinnegan.

El rubito fue recostado y se removió inquieto, pero su vecino, que ya tenía más tiempo de vida, no estaba dispuesto a ser interrumpido en su siesta y gimió molesto. Itachi se acercó a la cuna:

–Debes ser bueno con Naruto, esta pequeño, cuidaremos de él ¿Si?

El niño acercó a los bebés que al sentir el calor del otro se fueron quedando dormidos.

Nagato viendo la escena, comentó.

–Mikoto te mandare a Naruto por las noches.

Todos rieron.

Hikari (luz) Significado literal: Luz. Significado abstracto: Que será bello, radiante, brillante.

Muchas gracias a:

Gelygirl, kaoryciel94, Zussi, Alba marina, Zanzamaru, Moon-9215, Ale-are, AlyZoe, jennitanime, Lunatica Drake Dark, emelian65 y kane-noona.