Autor: jacque-kari
Personajes: Sora y Hikari
Concepto: Cisne
El cisne y el patito feo
Hikari se acercó por detrás cautelosamente. Sora estaba con la espalda apoyada en un poste y la mirada perdida en algún punto del cielo. La castaña no pudo evitar preguntarse si alguna vez había comparado su color con el de los ojos de Yamato. Ella lo había hecho y mucho.
—Sora —llamó en un murmullo.
La mayor se volteó a mirarla y le dedicó una pequeña sonrisa.
—No es necesario que cada vez que tu hermano arruina todo vengas en su lugar para intentar resolverlo, ¿sabes? No es justo. Ese granuja no debería obligarte a hacerlo.
—Taichi no me envió. Vine por mi propia cuenta, de hecho siempre lo hago —le aclaró ella, tímidamente.
La pelirroja dejó ver la sorpresa en sus ojos por un segundo, pero casi enseguida volvió a su estado normal.
—Eso es bueno. Pero de todos modos quiero que sepas que no debes sentirte culpable, Taichi dice que eres muy culposa, incluso con actos de los demás.
—Pero es que yo me negué a ayudarlo con tu regalo y por eso todo terminó siendo un desastre —murmuró la castaña, apenada.
—Es precisamente de lo que hablo, no es tu responsabilidad. Llevamos casi seis años siendo mejores amigos, pero todavía no me conoce. Es frustrante, ¿sabes? Querer a alguien y que no te quiera del mismo modo.
Hikari pensó que sabía exactamente cómo se sentía lo que ella estaba diciendo, llevaba un buen tiempo lidiando con aquello, pero se negaba a creer que en el caso de ellos dos fuera igual.
—Sé que mi hermano es un atolondrado y que es normal que pienses que no te aprecia de verdad, pero él te quiere. Lo sé por la forma en la que habla de ti y te protege todo el tiempo. Quizás no sepa cómo decirlo o no sea el más audaz a la hora de demostrarlo con obsequios, pero él te quiere. Estoy segura, puedes creerme.
Sora finalmente se despegó del poste en el que se había estado recargando y se volteó hacia la muchachita que la miraba con insistencia.
—¿Ves cómo has venido a intervenir por él? —preguntó con calma—. Quisiera creerte, pero a veces ese tonto lo hace tan difícil…
Hikari la tomó sorpresivamente de ambas manos.
—Sé que Sora es una persona buena y que más que nadie es capaz de ver la bondad en las personas. Es también por eso que sé que tienes claro que mi hermano te quiere, pero al mismo tiempo no puedes evitar que te duela su actitud tan despreocupada por su amistad. Por eso has estado llorando, aunque intentes esconderlo.
—No entiendo cómo puedes darte cuenta de estas cosas —murmuró la pelirroja—. Eres demasiado madura para tu edad, Hikari. Yamato siempre lo dice.
Aquella simple mención hizo que el corazón de la menor latiera más deprisa y sus mejillas se enrojecieran. Esto no pasó desapercibido para la pelirroja, pero supo disimularlo bien, no quería ponerla incómoda.
—Tienes razón en todo lo que has dicho. Sé que Taichi me quiere, pero a veces odio lo despistado que puede llegar a ser. No puedo evitar sentirme triste, ¿sabes? Quisiera ser más fuerte…
—Sora es muy fuerte —la interrumpió Hikari—. Yo… la admiro por eso.
—¿Qué quieres decir?
—Que una persona que llora no es débil, solo es alguien que ha intentado ser fuerte por demasiado tiempo. A veces cargas con mucho.
Sora no pudo hacer más que asentir ligeramente con la cabeza, un poco obnubilada por las palabras de la castaña.
—Como dije, no vine aquí a defender a mi hermano, aunque me temo que acabé haciéndolo de todos modos.
—Está bien. Si algo tiene de bueno Taichi es que es un buen hermano.
—El mejor —asintió Hikari con una sonrisa—. Pero el motivo por el que realmente bajé es que no tuve tiempo de entregarte mi regalo.
Enseguida la castaña extendió la mano con una pequeña cajita en la palma. Sora la tomó con cierta timidez y la abrió frente a sus ojos. En su interior reposaba un bonito broche para el cabello con forma de cisne. Sus ojos apreciaron durante breves segundos el particular obsequio y luego vagaron de vuelta hacia los de Hikari, interrogantes.
—Yo… no sabía qué regalarte. No sé por qué, pero quería que fuera algo en verdad especial y luego de hacer que Takeru me acompañara por todo el centro comercial, él se aburrió y me dijo que pensara en un animal que te representara y así podía darte algo con una imagen de ese animal. Lo primero que pensé fue en un ave, algo que te recordara a Biyomon tal vez, pero cuando pasamos frente a la vitrina de la tienda en la que vendían este cisne, supe que ninguno te representaba mejor. Tú eres como un cisne, Sora. Tienes la elegancia y serenidad de uno.
A esa altura, la mandíbula de la pelirroja se había aflojado ligeramente para combinar con la sorpresa que denotaba su mirada. Su cerebro iba procesando una a una las palabras de la menor.
—Es… precioso. Muchas gracias, Hikari. Nunca me esperé un regalo así.
La castaña no pudo más que asentir, pensando en que no le había dicho toda la verdad, lo que realmente pensó cuando vio aquel accesorio detrás del vidrio.
«Sora es como un cisne: bonita, elegante y serena; yo soy el patito feo.»
Por eso Yamato la había escogido a ella y nunca elegiría a Hikari. Pero Hikari estaba bien con eso. Superaría sus sentimientos por él de algún modo. Le alegraba saber que estaba con alguien como Sora, a quien ella siempre admiró por no ser la típica chica débil que necesita que la protejan todo el tiempo, como en su caso, sino ser una verdadera guerrera y aún así no perder su increíble encanto femenino.
Notas: No fue mi intención meter Yamakari. Yo solo me aferré a lo que más conozco, pues Sora no es de mis personajes favoritos, espero haberle hecho justicia.
¡Gracias por leer!
