Disclaimer: bueno, ya saben Gundam Wing no me pertenece, si no que es de Hajime Yatate y Yoshiyuki Tomino. Y de Sunrise, si les parece. Jamás obtendré nada de esto sólo una satisfacción personal, por lo que está escrito sin fines de lucro. Ya me fui del tema, es un Universo Alterno y espero que les guste muchito.

¿Otra vez la misma historia...?

Sumire-chan

Capítulo X: "¡Cávate tu tumba y échate a dormir en ella!"

Heero volvió tarde al departamento de Duo, tanto que este ya no estaba, supuso que andaría en sus cosas de a empresa, era obvio que no lo podía saber pues no estaba aún muy actualizado. Había estado dando vueltas tratando de sacarse de la mente la conversación con Relena, pero no podía... realmente la había embarrado, ¿verdad?

Duo, como no sabía Heero, acababa de llegar a la mansión, por una parte en su búsqueda y por otra parte para buscar unos trabajos que le había pedido a Dorothy que mirara. Llevaba dos años trabajando como instructor de niños con capacidades especiales y le encantaba, además de su siempre puesto en la empresa. Pero más que nada disfrutaba el contacto diario con los niños. Era maravilloso.

Dorothy le dejó esperando en la salita mientras ella subía por los papeles, luego de haberle contado que Heero no estaba en la casa.

- ¿Qué haces aquí? – bramó una figura parada al pie de la escalera.

- No hace falta que te enfades.

- No quiero verte aquí.

- ¡Esta no es sólo tu casa! Recuerda que en parte es mía también.

- ¡Ya vete! ¡Desvergonzado! ¡Cómo te atreves a venir aquí!

A ese paso Hilde ya estaba lo suficientemente cerca de Duo cómo para ver el brillo asesino en sus ojos.

- Madura un poco, por favor. Y ya deja de quedar en ridículo. Te dije que no vine a verte, ni me hace gracia tener que hacerlo.

Las palabras de Duo realmente le dolieron aún cuando levantó más la barbilla en un gesto digno como si nada le importara. Entonces Dorothy bajó y le entregó los informes.

- Muchísimas gracias – le dijo con una sonrisa encantadora mientras recibía los papeles de la mano de la rubia – Buenas noches, Dothy, dale mis saludos a Quatre.

Salió de la casa más cansado que nunca, odiaba pelear con Hilde, la amaba tanto... pero ella no comprendía la palabra perdón. Bien, él era un miserable, un desgraciado, se odiaba por haberle hecho una canallada así a ella, pero la amaba, diablos. Miró los trabajos de su chico... Dorothy siempre le ayudaba con su análisis. Había hecho varios cursos universitarios de Psicología sobre niños discapacitados.

Dorothy era buena en muchas cosas. Se preguntó cuando Quatre y ella se dirían sus sentimientos de una vez.

El acontecimiento llegó... al fin, tres semanas después.

Quatre hacía un gran pastel en la cocina y ella estaba en sus días sensibles. Hilde se había ido en el desayuno y ya, a la hora del té, no daba señales. Duo tampoco había aparecido de nuevo pero les había llamado días atrás. Relena les visitaba frecuentemente y Heero había conseguido un trabajo como repartidor de pizzas para mantenerse ocupado (ya que ni siquiera necesitaba el dinero). En fin, él también los visitaba seguido.

Trowa había mandado una carta cuando que él y Catherine visitaban varios lugares y que ella andaba aterrorizada pues había engordado un kilo. El horror...

Aquella tarde, Quatre la encontró mirando las flores con tristeza. Le llevaba una porción de torta que le entregó y observó cómo la devoraba rápidamente pero sin quitar esa expresión abatida.

- ¿no esta bueno? – preguntó inseguro.

- No es eso, hoy... no es un buen día.

- Dorothy...

Observó sus ojos azules fijos en los pétalos amarillos de alguna florecilla y su cabello rubio y brilloso por los destellos del sol rozando su piel, tan suave, tan blanca.

- ¿Uhm?

Aunque parecía cómo ida...

- ¿Algún día te dije que eres preciosa?

Quatre sabía muchas cosas. Entre ellas sabía qué debía decirle para que ella se sintiese feliz, mejor aún si no mentía al decirlo. Era sencillo aprender algo así, más que nada teniendo una hermana como Catherine.

La rubia levantó la mirada cristalina y le sonrió. Agradecida.

- ¿de verdad piensas eso?

¿Qué decirle? Algo brillo en la mirada azulada de ella y decidió que quizás era lo mejor.

- Definitivamente. Llevo... llevo mucho tiempo intentando decírtelo, además... además de que me he enamorado de ti.

Como buen hombre debía decirlo. Dothy abrió grandes los ojos y se puso de pie.

- No sientes lo mismo que yo, ¿cierto?

- te amo.

- ¿Cómo? – soltó antes de pensar todo.

- Que te amo.

Quatre extendió una mano y rodeó la suya mientras la acercaba suavemente hacia sí.

- ¿Puedo besarte? – le preguntó suavecito. Ah, era tan de él... Esa reacción era indiscutiblemente muy de Quatre.

- Por supuesto, tonto.

Y fue exactamente lo que hizo, acarició suavemente los cabellos de la lindura que tenía entre los brazos. Dorothy se sentía extraña allí, como si no existiese otro mejor lugar en el mundo, así que se escondió en su pecho.

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Casamiento. ¿Quién lo habría pensado?

Quatre era un gran sujeto. Adorable, hogareño, amable y la trataba como a una reina. No había motivo para dudar de sus sentimientos y eso la hacía inmensamente feliz.

Cuando le propuso matrimonio, un par de días después de que ella dijera por primera vez que le amaba, era una noche muy bella. El viento soplaba pero hacía mucho calor. Había preparado un día de campo en el jardín (cerca de sus amadas flores) con comida y velas (que nunca prendió). Postre incluido.

Ella había acabado llorando como una boba. Quatre a su vez, estaba contento, pero habría preferido que su hermana fuese la primera en enterarse, claro... no todo podría ser perfecto.

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- ¿qué pasa? – preguntó la parte masculina de la ecuación.

- Nada, mi hermano no ha contestado, ¿verdad?

- Aún no.

- Me preocupa.

- Mañana le llamamos... ¿Quieres?

- ¡Ah eres hermoso Trowa!

- Sí, lo sabía – rió – Auch, no me pegues...

- No fue gracioso... ven aquí... – y se abalanzó sobre él para curarle el golpe que le había hecho con deliciosos besos.

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Duo estaba acostado en su cama mientras Heero, en el baño, se arreglaba para el casamiento de Quatre. Aún faltaba raro pero a su amigo no le gustaba dejar todo para los últimos minutos.

- ¿sabes que...? – dijo al fin.

- ¿Qué? – preguntó el moreno asomándose a la habitación sin dejar de acomodarse la corbata.

- Realmente la amo, pero no soy capaz de dejar a un lado mi orgullo.

- No se si te das cuenta de lo estúpido que suena eso que dices.

- Ya sé. Pero no puedo rogarle que me perdone.

- Al menos podrías hablar bien con ella. Digo, sin discutir.

- Con ella no se puede.

El moreno bufó.

- Si te lo propones así...

El latino que ostentaba una larga trenza color café suspiró y se cubrió la cabeza con la almohada más cercana.

- Pareces una nena.

- Bueno, tu no has dado muchos avances con Relena como para enorgullecerte de tu machismo.

- Al menos no me he dado por vencido.

- Yo si – murmuró bajito a sí mismo. Se puso de pie de un salto y sacó el traje del armario. De un tirón sacó a Heero del baño y se metió él.

Además Duo era el padrino.

- ... mucho más importante – se dijo mientras se duchaba.

Salió un rato después, y al menos ya no tenía mala cara como Heero esperaba, le sonreía y también le brillaban los ojos.

- Voy a caminar un poco.

¿No era él un chico guapo? Se preguntó. Una chica le miró al pasar y casi se desmayó cuando él le devolvió la mirada. No podían negar que se veía lindo en traje...

Tenía unos lindos ojos entre violetas y azules; el cabello castaño oscuro trenzado que le llegaba por debajo de la cintura y una sonrisa seductora su voz era masculina y su aspecto en general también, a pesar del cabello largo.

Atraía a muchas mujeres pero a ella no.

No a la que realmente amaba.

Había comenzado a encargarse otras cosas tratando de olvidarla pero al final no le había funcionado. Todo le recordaba a ella.

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- Hilde... – murmuró él bajito. Habían ido al cine a ver una película de acción. Ella le tomaba la mano suavemente mientras recargaba su cabeza en su hombro. El contacto con su piel era increíble.

- ¿Qué pasa?

- ¿Qué planes tienes para el futuro?

- ¿Por qué me preguntas eso ahora?

Duo se encogió de hombros.

- ¿Al menos me incluyes en él?

- ¡Por supuesto! Duo... que tonto eres...

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Futuro. Muchas veces había soñado con un futuro al lado de ella, pero ya ni esos sueños le quedaban. Al menos en su corazón y en sus recuerdo guardaba recelosamente muchas cosas de Hilde, su risa contagiosa, sus contestaciones, su mirada sincera, su figura femenina y aquella niña que siempre estuvo para él.

Aún se sentía su guardián, aún quería protegerla de todo.

Duo pensó entonces que no podía cambiar lo ocurrido.

- Lo mejor es resignarse – se dijo volviéndose a buscar a Heero. Ya era hora de ir al casamiento de uno de sus mejores amigos.

Al menos Quatre era feliz y eso lo llenaba de alegría también.

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Heero y Duo se habían quitado las corbatas hacía rato... rato que pasaron bebiendo algo de cerveza. La mansión se veía hermosa y muchísimo más viva llena de gente que iba, venía, bebía, comía. Voces... como hacía mucho no había. Amigos de Dothy, de Quatre, de Hilde o Relena, algunos compañeros de trabajo de Duo.

Él la vio bailando, se tambaleaba peligrosamente... bueno, él también, pero ¿eso que importaba? Más allá, Quatre tomaba a Dorothy de la cintura y se sacaban fotos. Radiante y felices. Enamorados.

Que envidia...

Se apoyó en una mesa y trató de ver cuál de las cinco Hilde's era la real. Tuvo deseos de vomitar y todo daba muchas vueltas.

Ella se le acercó también riendo tontamente.

- te odio – siseó Hilde con bronca retenida.

- ¡¿Realmente! – exclamó él hipando.

- Sí, te odio, porque me engañaste y aún así te amo con todo el corazón.

- ¡Yo también te amo!

Evidentemente nada de esa conversación era coherente, pero qué más daba, era su conversación...

- Eso no es cierto – se quejó Hilde haciendo un mohín.

- Sí, es cierto – le aseguró abriendo grande los ojos – ven, te voy a enseñar, te voy a explicar... pero... pero no aquí.

Heero los vio salir, él estaba mucho mejor que su amigo pero no podía siempre arreglarle la vida y tratar de salvarle de lo que fuese que estuviese por hacer. Quizás el error a veces era una buena salida. Seguramente Relena pensaba lo mismo pues se acercó a su lado y miró hacia donde la pareja se había ido.

- Espero que luego no se arrepientan de esto.

- No creo que Duo lo haga.

- No puedo decir lo mismo de Hilde.

- Él la quiere.

- Lo sé.

- Como yo te quiero a ti.

- También lo sé.

Yuy la miró confundido.

- Seamos amigos.

- Eso no tiene sentido.

- ¿no me quieres acaso?

- Si – contestó con obviedad.

- Entonces sé mi amigo, Heero.

Miró a los ojos azules de Relena, eran demasiado sinceros y atrayentes...

- Está bien.

Aunque por dentro sintió que cavaba su propia tumba.

Fin del Cap. XI

¡¡Hola gente hermosa! Sigo con la actualización corriente. Les comento que el cap. ya tiene la continuación echa. ¿Quieren saber que va a pasar? Pues dejen reviews y hablaremos del tema, jaja.

Es broma.

Creo.

No, realmente es broma. La próxima actualización tiene fecha para: martes 27 de Junio. Seguramente por el horario nocturno de acá de Argentina. Pero espero que no, jeje.

Ojalá les vaya gustando el rumbo del fic, le calculo unos cuantos caps. más, pues la acción se va poniendo. ¿Qué me dicen del lemon? ¿Les suena un poco más? Si alguien no lo quiere, me lo dice y lo saco... aunque tendría que poner unos detallitos aquí y otros allá.

Ustedes me dicen.

¿Explicaciones, respuestas a reviews? En mi Lj, que pueden encontrar en mi perfil

Besos a todos.

Ruby Black (O sencillamente Sumire-chan, o Sol)