Ya estoooooy aquiiiiiií… Cerrad las puertas y ventanas, esconded a los niños. ¡La loca de Cloe ha vuelto!
Después de varios años he vuelto, a ver que me deparará la suerte. Quizás estaba más guapa calladita en mi casa, quien sabe.
Ya sabéis a quien pertenece todo esto bla bla bla, J.K bla bla bla.
¡ATENCION!
LEER ANTES DE EMPEZAR EL FIC
Debido a algunos acontecimientos que no voy a nombrar XD me veo en la tesitura de aclarar ciertos puntos. Dichas aclaraciones serán universales para todas mis historias. ¿Y por qué? Pensaréis… Pues por una sencilla razón, porque si tengo que avisar antes de cada historia sus posibles advertencias estoy contando un spoiler. Véase, antes de un posible lemmon hay que avisar. ¿Y si mis lectores no cuentan con ello y quiero que sea una sorpresa? Pues se fastidia la cosa porque antes de cada capítulo hay que avisar de las posibles advertencias por si alguien no quiere leerlas.
Y a mí, enterarme por adelantado de lo que va a pasar (más allá del summary por supuesto) no me gusta.
Así que he decido poner una advertencia estándar en todos mis capítulos/fics. Para evitar posibles auto-spoilers.
¡AQUÍ VA!
(Como en los productos alimentarios)
Todos mis fics pueden contener trazas de:
-Personajes OoC. (Con personalidades distintas al libro o fuera de carácter)
-Historias fuera de contexto.
-Faltas de ortografía, gramática y léxico. (Obviamente no a propósito XD)
-Universos alternos.
-Exceso de azúcar en algunas escenas.
-Historias sin sentido y poco creíbles. (a veces queriendo y otras sin querer)
-Y Contenido para adultos:
-Insultos o vocabulario malsonante o soez.
-Violencia (lo dudo XD pero aviso por si acaso)
- Lemmon de cualquier tipo.
Además me atribuyo el derecho a revivir y matar a cualquier personaje que quiera y cuando quiera. Y cambiar las partes de los libros que mas me convengan. (Que para eso soy la Autora) XD
Bueno…
Esas son las advertencias.
Si no tienes problemas y decides seguir leyendo bienvenidos a mi mundo.
Pero si después de leer las advertencias hay alguna de esas cosas (sobre todo el contenido para adultos) que no te gusta o te puedan llegar a molestar o incomodar, por favor no sigas. Y si aun así decides seguir, tú mismo con tu mecanismo. Pero luego no quiero quejas sobre eso porque entonces… Solo entonces, es posible que me lo tome mal. XD.
FIN ACLARACIONES
Para los que se acuerden de mi (si es que todavía queda algun ) Bienvenidos de nuevo, ya sabéis cómo funciona la cosa.
Para el resto… Sed bienvenidos a mi mundo.
De reuniones y donuts de crema iba la cosa.
Los parpados se le caían del cansancio, su vista se nublaba, sus rodillas flaqueaban cada vez más seguido y su capacidad de reacción se veía mermada con cada segundo que pasaba. ¿Lo tenía todo? ¿Cómo iba a saberlo? Creía que si… pero en su estado a lo mejor no. ¿Se olvidaría algo?
-Llega tarde. No importa…- Dijo con desdén- ¿Lo tiene?- Preguntó seriamente.
¿Ya había llegado? Pero si acababa de salir hacía dos minutos de su despacho. Su cabeza daba vueltas. Ya lo tenía, o casi lo tenía, solo un poco mas y habría conseguido su objetivo.
- Granger.- La llamaron con un tono un tanto peculiar. Estaba demasiado agotada para averiguar exactamente que era esa matiz en su voz. El pocionista le hizo un gesto escueto para que la joven se sentase en la silla de enfrente a su escritorio. Si se sentaba le iba a costar mantenerse despierta, pero por otro lado no había dormido en 72 horas, su cuerpo suplicaba un poco de descanso. Solo un poco…
-Si.- Dijo sin más. Snape alzó una ceja, por supuesto que se había fijado en el aspecto que traía, hasta un ciego podría observar como sus habituales ojos color castaño se encontraban opacos y rodeados de una ojeras que acentuaban su decadencia. Era imposible pasarlo por alto. Había hecho una hazaña monumental, hubiera acabado o no el trabajo, aunque sabía positivamente que el informe estaría listo y perfecto. Realmente estaba orgulloso de lo que había conseguido, por supuesto, eso era algo que jamás le diría.
Hermione sacó la gruesa carpeta y la puso sobre la mesa.
-Muy bien, ahora me encargo yo, vaya a descansar…
-No, no puedo dejarlo ahora, ya casi lo he conseguido.- Se quejó.
-No sea terca, no es cuestión de uno, somos dos.- Siseó cortante. Hermione frunció el ceño con orgullo, sin embargo en su interior no podía más que sonreír y asombrarse. Sin previo aviso un cosquilleo se instaló en su estómago. ¿Por qué?, pues porque Snape los había tratado como una pareja, no como algo individual. Como dos. Se iba a casar con él, pero nunca hasta ahora lo había visto hacer referencia ambos como un conjunto. Sonreiría, pero estaba demasiado cansada para ello. – No tiene que demostrar nada a nadie.- Aclaró Snape suavizando ligeramente su tono. La joven se limitó a cruzar los brazos para afianzar su posición, solo por mero orgullo. El Slytherin bufó con resignación, aunque en el fondo de su cerebro no pudo evitar una pequeña sonrisa. Él siempre tenía un segundo plan, siempre.- Muy bien, pues no perdamos el tiempo.- El hombre agitó la varita e hizo aparecer dos tazas de té y una tetera humeante. Los objetos se movieron solos. La tetera sirvió dos tés, las jarras más pequeñas flotaron grácilmente, preparando aquella bebida. Una sola, con unas gotas de limón. La otra con leche y dos cucharadas de azúcar. Le ofreció una de las tazas a la joven y acto seguido le dio un largo sorbo a la suya. Hermione lo imitó con la esperanza de que la teína reavivara un poco su energía. Dio otro trago mas, era tan perfecto el té… Tan caliente, tan deliciosamente equilibrado, suave, con el dulzor justo. Dio otro sorbo.
-¿Por… Por donde quiere empezar?- Preguntó con dificultad. Su cerebro se apagaba por momentos. Tenía mucho sueño, el calor del té le obnubilaba la cabeza. La agitó un poco tratando de despejarse, pero no le sirvió de mucho, sin querer cabeceó sobre el escritorio. Trató de hablar pero…
La joven se quedó dormida sobre la mesa.
Snape no hizo gesto de sorpresa alguno, a fin de cuentas contaba con ello. Se levantó y rodeó el escritorio hasta donde se encontraba ella alzándola en brazos. La estrechó sutilmente contra su pecho. Se detuvo unos momentos, con ella en el aire. ¿Por qué la alzaba así? Por lo mismo que la ultima vez, porque si. Avanzó hasta su alcoba y con cuidado la depositó sobre la cama, no quería despertarla, aunque con lo agotada que se encontraba estaba seguro que ya podía venirse el castillo abajo que ella seguiría durmiendo.
Llamaron a la puerta con bastante insistencia, su cara se puso aun más pálida de lo que estaba. La molestia dio paso a la ira en cuestión de milésimas de segundo. ¿Quién era el estúpido que lo molestaba a estas horas? Granger podía despertarse y esa mujer testaruda y orgullosa necesitaba descansar.
Ignoró a quien fuera que trataba de molestarlo a aquellas horas, tenía trabajo que hacer. Granger había hecho el trabajo más duro, lo que quedaba era lo mas fácil. Pero intuía que le llevaría varias horas.
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-Me puso algo en el té.- Increpó la bruja entrando en el despacho. Snape ni se molestó en alzar la vista. Estaba muy ocupado ultimando todos los papeles como para perder el tiempo con ella.
-Buenos días a usted también Granger.
-Me puso algo en el té.- Repitió.- Me drogó.
-Si a lo primero, no a lo segundo.- Aclaró tranquilamente con la cabeza todavía fija en los pergaminos.- Si puse algo, pero no la drogué, solo añadí un poco de valeriana y melisa al té.
-Me lo puso en el té- Insistió.
-No se lo puse, yo también lo tomé.- Le recordó.- Me apetecía relajarme un poco. ¿A usted no?-Preguntó con malicia.
-¿Usted relajarse?- Inquirió la muchacha alzando una ceja aunque Snape no lo vio porque aun no se había dignado a mirarla.
-Sí, yo. ¿Acaso tiene algún problema conmigo?- Siseó Snape, aunque en el fondo sabía que le estaba tomando el pelo. Por supuesto que había sido consciente del efecto de esas hierbas, y más en personas cuyo agotamiento físico y mental se encontraba muy al límite. Pero le gustaba meterse con ella, era divertido.- No se vaya por las ramas Granger, coma algo.-Ordenó mientras alzaba la vista.
Ahí estaba ella, con el pelo enmarañado y las marcas de las sábanas aun sobre la piel. Tenía cara de sueño, sin embargo sus ojeras habían desaparecido. Hermione se colocó un mechón tras la oreja con cuidado, Snape se quedó prendado observándola. Ayer cuando la había metido en su recámara le había quitado la ropa para meterla en cama, no toda, por supuesto. Pero no podía dejarla durmiendo con unos pantalones vaqueros y una camisa. Así que la dejó con la ropa interior y una camiseta y le puso lo más cómodo que encontró en su armario. Un jersey verde del equipo de Quidditch de su casa. Era realidad no es que fuera lo más cómodo, si no que era lo único que tenía que no fueran túnicas negras y camisas.
No se había dado cuenta de la magnitud de la situación hasta ese momento en que la tenía ahí, delante de él, descalza sobre el frio y húmedo suelo de las mazmorras, y con un jersey suyo. Le quedaba tan grande que la prenda le tapaba hasta la mitad de los muslos y los puños se arremolinaban en sus muñecas. Era incapaz de apartar la vista. Se veía frágil, vulnerable y sin embargo sabía que no era así, solo era una fachada. Pero aun así, ahí estaba, delante de él, con cara de pocos amigos por su culpa, lo reconocía. Y no pudo evitar que sus ojos brillaran cuando lo vio.
Había pasado la noche en la cama del Slytherin, la había desvestido hasta dejarla prácticamente desnuda, y a pesar de todo eso, no le había hecho un solo comentario al respecto. No se la veía molesta, sino más bien cómoda ante aquella situación. Cómoda pero cabreada por haberla drogado, pero eso era otro tema. La observó detalladamente una vez, la joven se apoyó despreocupadamente en el marco de la puerta y sonrió.
Estaba…
Estaba…
Snape negó sutilmente la cabeza. Algo muy importante acababa de pasar, algo que había cambiado todo y de lo que la joven, por supuesto no había sido consciente, y obviamente jamás se daría cuenta, ni ella ni nadie, porque nunca lo diría. Por primera vez en toda su vida…
Había encontrado su punto débil.
-¿Y si no quiero?- Preguntó risueña sacando al hombre de su mente.
-No era una sugerencia.- Espetó.- ¿Voy a tener que aguantarla así el resto de mis días? Merlín me asista.
-No, cuando estoy hormonando soy peor.- Aclaró Hermione sonriendo con inocencia, lo que acentuó ese deje de picardía que asomaba sutilmente.
-Vamos.- Apremió el hombre, aunque su tono de voz no sonó para nada impaciente. La joven asintió. Snape no le preguntó y le puso una cesta llena de croissants y bollos y una gran taza de café sobre la mesa. Salivó sin darse cuenta.– ¿Y bien? ¿Va a desayunar usted sola o le tengo que hacer el avioncito?- Preguntó con una ceja alzada y algo molesto. Sin embargo Hermione no pudo más que sonreír.
-Si se empeña.- Contestó haciéndose la ofendida. ¿Eso… Eso era café? ¿Del Starbucks? ¿Pero acaso ese hombre sabía lo que era eso? Y segundo…
¿En qué momento lo había conseguido?
Cogió la taza de café humeante sorprendida y la olisqueó con deleite. Sopló un poco y le dio un sorbo, sus pupilas se dilataron y un suave gemido de satisfacción se escapó de sus labios.
Cogió uno de los bollos recubiertos de azúcar glas y se sentó informalmente sobre una mesa auxiliar al lado del escritorio, apenas a un metro. Cruzó las piernas y se recostó contra una pared llena de libros.
Snape la observó incrédulo, a su cara ya de por si pálida se le quitó el poco color que poseía. Se levantó raudo y se acercó a ella con actitud desafiante. ¿Cómo osaba? Iba a tener que enseñarle modales a esa mocosa.
La joven se asustó por un momento cuando lo vio acercarse a ella con esa velocidad. Sus ojos negros brillaron con maldad, estaba aprendiendo a lidiar con Snape, y una de esas formas era no amedrentarse ante sus envites, pero hacía tiempo que no lo veía así.
En cuestión de milisegundos lo tenía delante de ella, levantó la mano con violencia y…
Le arrebató el bollo llevándoselo a la boca y dándole un mordisco.
-Jamás vuelva a quitarme esto.- Le dijo serio mientras le enseñaba el bollo.- Los bollos rellenos de crema son míos. ¿Entiende?- Espetó molesto aunque en el fondo tenía un deje de diversión.- Míos.
-¿Y si yo también quiero?- preguntó siguiéndole el juego.
-No atente contra su vida Granger.- Advirtió. Dándole otro mordisco.
-Cambiando de tema.- Comentó alegre.- ¿Starbucks? ¿Pero usted conoce el mundo muggle?- Se atrevió a preguntar la bruja bajándose de la mesa.
-No me insulte Granger, ni soy estúpido ni un ignorante, vivo en un barrio muggle recuerda.
-Ni estúpido, ni ignorante.- Afirmó.- Pero no podrá negar que resultó… cuando menos curioso. ¿Cómo lo ha conseguido?- Quiso saber.
-Si le contara mi secreto tendría que matarla.- Mencionó serio. Sin embargo era un chiste en toda regla, y Hermione no pudo evitar una sonrisa de lado a lado.
-Parece que esta mañana me he propuesto poner en peligro mi vida.- Afirmó divertida.
-¿Esta mañana solo? Eso lo hace usted todos los días a modo de entretenimiento.
Hermione sonrió suavemente mientras se acercaba a la cesta con el desayuno.
-¿Puedo, o los croissants también están prohibidos?- Quiso saber colocando una mando juguetona sobre la cesta.
-Depende.- Masculló mientras cogía unas notas rápidas.- ¿Tiene crema?- Preguntó serio.
-No.
-Entonces su vida no corre peligro… Desayune rápido que tenemos mucho que hacer.- Siseó impaciente.
Hermione se limitó a sonreír una vez mas mientras le daba un sorbo al café. Pero esta vez no era una sonrisa sin más, si no que iba dirigida al hombre serio que se encontraba delante de ella.
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-¿Lo tiene todo?
-No lo sé…
-¿Cómo no lo va a saber? Merlín Granger, ¡espabile!- Le gritó furioso. La bruja se limitó a dar vueltas sobre sí misma, se frotaba las manos nerviosa y resoplaba.- Me está poniendo nervioso.
-Más nerviosa estoy yo.- Confesó, aunque no hacía falta que confesara nada, porque era bien obvio que se le notaba. Snape miró rápidamente hacia los lados, y al no ver nada la arrastró hasta un pequeño rincón apartado de miradas indiscretas y curiosos.
-No hace falta que lo jure.- Le espetó. Hermione comenzó a morderse las uñas.- ¡Cálmese!- Le ordenó cogiéndola por los hombres.- Cálmese.
Hermione alzó la vista encarándolo. El hombre estaba más cerca de lo que había previsto. Su aliento, su olor, tenerlo tan cerca la ponía más nerviosa aún, y ya tenía suficiente con lo que tenía. Pero Snape no era estúpido, y sabía perfectamente que ocurría. Se acercó más a ella y la aprisionó suavemente contra la pared, sujetándola contra ésta con su cuerpo. La respiración de la bruja se volvió errática, en breve hiperventilaría.
-Cálmese.- Siseó.
-Me pone de los nervios.- Espetó la bruja de golpe.
-Lo sé.
-Que esté tan cerca de mi me pone de los nervios.- Puntualizó.
-Lo sé.- Comentó sin más. Snape la agarró por la cintura y la apretó contra él. Hermione abrió los ojos con sorpresa. ¡Se supone que tenía que separarse, no acercarse más!- Relájese, no es nada con lo que no pueda lidiar, ha pasado por situaciones mucho más complicadas que esta. Sólo tiene que respirar hondo. Lo ha hecho muy bien hasta ahora.- Sus palabras sonaban sin ningún ápice de entusiasmo. Pero aun así resultaron de lo más efectivas. Parte de su malestar y nerviosismo desapareció. Sin embargo, su otra preocupación no se había ido. Snape seguía pegado a ella.
La joven cogió aire y asintió. Sus manos dejaron de temblar y su respiración se normalizó.
-¿Mejor?- Preguntó secamente. Hermione asintió de nuevo.- Bien.- Respondió. Sin embargo no se apartó de ella, sus nervios estaban a flor de piel. Hermione cogió aire y se recompuso del todo.
-¿Puede apartarse?- Preguntó con seguridad la bruja.
-¿Le incomodo?- Aunque estaba más que claro que era una pregunta retórica.
-No, como le dije antes me pone nerviosa.- Ante tal afirmación Snape no pudo más que sentir cierto regocijo ante la situación, por lo que apretó a la chica contra su cuerpo.- ¿Se ha propuesto torturarme?
-Ambos sabemos que esto no le supone una tortura.- Afirmó el hombre alzando una ceja.
-Ya le he dicho que me pone de los nervios. ¿Qué más quiere?- Quiso saber la bruja. Snape no dijo nada, no hizo nada, solo se quedó ahí, de pie. Mirándola fijamente a los ojos, podían sentir perfectamente el aliento de cada uno, incluso el calor que desprendían sus cuerpos.
Hermione le mantuvo la mirada, ¿qué pretendía? ¿Molestarla? Eso era muy propio de él. Claro está que normalmente su forma de molestar era otra completamente distinta. ¿Y si no era por molestar? ¿Y si… quizás lo hacía porque le gustaba? ¿Snape? Ni en sueño, como iba a abrazarla simplemente porque si. ¿Verdad? Qué locura.
Tuviera las intenciones que tuviera, Hermione decidió que por los menos en lo que quedaba de día, iba a dejar de importarle. De repente se dio cuenta de que la expresión de Snape había cambiado, y de que una sonrisa de medio lado aún por definir, se había instalado en su cara.
-Quería que se calmase, y a juzgar por su expresión y el cese de sus temblores, yo diría que lo he conseguido.
-¿Está seguro?- Inquirió la bruja alzando la barbilla con confianza.
-Usted dirá.- El silencio se hizo entre ambos. La bruja resopló molesta.
- ¿No se cansa de tener la razón?
-No.
Hermione rodó los ojos.
-Tenemos una reunión que está a punto de empezar.- Recordó.- Cuanto antes empecemos antes acabaremos esta tortura.- Masculló Snape mientras se separaba de la joven, no sin antes rozar sutilmente su cintura. Hermione se atragantó, lo que provocó una sonrisa en el cerebro de Snape.
-¿Señor Snape? ¿Señorita Granger? Soy Colin Ferm- Les llamaron desde el pasillo. Una cabeza redonda asomó por la esquina de la pared.- ¿Pueden acompañarme? el Ministro les espera.- La joven suspiró, bueno… Allá iban, que Merlín les ayudara.
-Vamos Granger.-Le susurró al oído.- Le invito a cenar después de esto, usted elige.
-¿Cree que durará tanto la reunión? Apenas es la hora de comer.- Preguntó asombrada la chica.
-Me juego lo que quiera a que no saldremos hasta la hora de cenar.
-¿Decía algo?- Preguntó Colin. Snape se limitó a lanzarle una mirada de rabia que hizo que el hombre se callara.- Por aquí por favor.- Snape aprovechó el despiste para acompañar a Hermione poniendo su mano en la cintura baja, en la espalda. A la joven que no se espera tal cosa se le erizaron los pelos de la nuca.
-¿Porque lo hace?- Preguntó la bruja. Los tres se detuvieron delante de una sala. Habían llegado.
-Porque me gusta Granger.
-Sí, ya sé que le gusta incomodarme.- Le contestó entre susurros.
-Eso, también.- Siseó.- Pero yo me refería a tocarla. Me gusta tocarla.- Le confesó al oído. Si, le había confesado algo que ni en sus peores pesadillas hubiera imaginado. Pero, era verdad, le gustaba tenerla cerca, sentirla, pero también hacerla sentir incómoda, era uno de sus pasatiempos favoritos, hacía que toda aquella situación fuera menos insoportable. Además, si lo volvía a mencionar, o hacía uso de ello, siempre podía negarlo. Eso se le daba muy bien.
Hermione se quedó con la boca abierta… ¿Eso era una declaración? No podía…
-Adelante. No se queden ahí, hay mucho de lo que hablar.
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A medida que la reunión avanzaba se sentía con más confianza, no sé qué extraña estrategia era esa de Snape de ponerla nerviosa para quitarle los nervios. Pero no iba a ponerla en duda, porque había funcionado.
-No sé qué opina usted señor Ministro, pero los datos están claros. – Afirmó la joven.- Como bien está indicado en la página 12 párrafo 5. El presupuesto no sería un problema, pues el programa educativo pre-escolar cuenta con subvenciones y patrocinadores externos.
-Sí, eso me ha quedado claro.- Afirmó el ministro mientras le señalaba algo al mago que tenía al lado y se bajaba las gafas.- ¿Usted cree que es viable?
- Con todo el respeto señor Ministro, creo que estamos delante de una gran oportunidad. Puede suponer un gran cambio.
-¿Y usted señor Snape?- Preguntó directamente.- Aun no ha dicho nada.
-Porque no tengo nada que decir. Los datos hablan por sí solos.- Trató de sonar lo más correcto posible sin que se le notase la molestia de tener que estar ahí.
-Creo que esa parte ha quedado clara. No tenemos duda alguna de la viabilidad del proyecto. Pero yo me refería a su teoría señorita Granger, es algo inusual.- Sentenció el Ministro mirándola fijamente a los ojos.- Meditación ¿eh?
La joven se puso momentáneamente nerviosa. ¿Y si su idea era una locura?
-Queremos que implanta un programa en Hogwarts con los estudiantes, queremos averiguar si realmente esos datos se corresponden con una realidad a largo plazo. ¿Estaría dispuesta a elaborar un programa?- Preguntó el hombre de los más serio.
Hermione se puso nerviosa, le había parecido una idea genial cuando se le había ocurrido, le encantaba la notoria mejoría que había supuesto en los alumnos. ¿Pero hasta donde estaba dispuesta a llegar? Se quedó en blanco, completamente muda.
-Por supuesto.- Afirmó Snape. La bruja giró la cabeza de golpe mirándolo.- No será un problema.
-Me alegra oír eso. Este Ministerio estudiará los detalles para la futura apertura del colegio de pre escolar. Les mantendremos informados, mientras tanto, me gustaría que me informaran del otro programa. ¿Cree que obtendrá datos más fiables si lo implantamos en todo un curso escolar?- El ministro se quedó callada a la espera de la respuesta, pero Hermione que tanto se había preparado ese momento, se quedó sin saber que decir, parecía estúpida. Y odiaba parecer estúpida.
- Por supuesto, nos dará una idea más acertada de hasta qué punto puede resultar efectivo.- Siseó Snape con su habitual tono de frialdad e indiferencia.- Nos pondremos a ello.
-Muy bien, entonces les veo aquí de nuevo en Junio. Espero grandes resultados de esto, estamos delante de algo grande, o si…- Y sin más, se levantó y se fue. La sala se vació y quedaron ellos dos solos, allí en medio de aquel gran salón.
-Y bien… ¿Qué le apetece comer?- Preguntó Severus en tono neutral.
-¿Qué?
-¿Está sorda? Sabe que no me gusta repetirme.- De repente la bruja se giró de golpe y le abrazó sonriendo.
- ¡Quieren que continúe con el proyecto! Bueno… continuemos.- Gritó entusiasmada. Snape se quedó pálido, con los brazos a ambos lados del costado y la chica colgada felizmente de su cuello. Claro que le gustaba tocarla, lo había dejado muy claro hacía unos momentos. Pero una cosa era tocarla él, y tener la situación bajo control y otra muy distinta que fuera ella la que lo abrazase.
-Lo logró.- Siseó el hombre con dificultad.- Y ahora si no le molesta le agradecería que se bajase, a diferencia de otros a mí me gusta respirar.- Espetó con tono jocoso, era la única forma de quitarle hierro al asunto y volver a controlar la situación.
Hermione se sonrojó.
-Y bien…- Apremió Snape.
-¿Qué opina del picante?- Preguntó la bruja aun con una sonrisa de oreja a oreja.
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El entusiasmo de la bruja era más que visible, se encontraba pletórica.
-¿Dónde vamos?- Espetó Snape de malos modos, no le gustaba no saber donde iba.
-Creí que elegía yo donde comer…
-Por supuesto, pero puede decirme donde vamos.- Inquirió el hombre, estaban en Londres, eso era obvio porque no se habían movido apenas unos metros de la entrada del Ministerio. El aire gélido de invierno le dio de lleno en la cara, apenas llevaban unos minutos en la calle, y la joven ya tenía la nariz roja por el frio.
-¿No se fía de mi?
-No.- Gruñó el pocionista.
-No es verdad.- Contraatacó la chica.- Si que se fía de mi.
-¿Me va a decir de una vez a donde vamos? ¿O tendré que usar veritaserum?- Siseó enfadado.
-Fíese de mí. –Una gran bocanada de vaho salió de su boca. La joven se llevó las manos a la cara para calentarlas un poco.
-Como voy a fiarme de alguien quien ni siquiera se cuida. – Snape se acercó y le sujetó las manos.- Está helada- Le recriminó.- El hombre se quitó la bufando y se sacó unos guantes de la túnica. Después pasó la prenda por el cuello de la chica y le puso los guantes quizás un poco mas brusco de lo que hubiera querido.- Vamos.
Pero la Gryffindor se quedó en el sitio, perpleja y sin saber qué hacer.
-¿Va ha hacer que me arrepienta antes de tiempo de haberla invitado a cenar?- Dijo alzando una ceja. La bruja reaccionó y se acercó corriendo al hombre, que ya avanzaba por la calle.
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Londres se encontraba abarrotado de gente, las calles parecían hormigueros, las tiendas estaba llenas de personas comprando los regalos de navidad de última hora. Todo estaba decorado, luces brillantes rojas verdes y blancas, para confirmar por si alguien no se había dado cuenta, de que estaban en Navidad.
-Hay mucha gente.- Gruñó Snape con disgusto.- ¿Era necesario pasar por aquí?
-No queda nada, está por aquí cerca.- Afirmó Hermione mientras avanzaba esquivando la gente de Picadilly. Se metió por varias callejuelas, evitando las grandes aglomeraciones.
-Me estoy quedando sin paciencia.
-¿Alguna vez ha tenido?-Preguntó la bruja con cierto deje de diversión.
-No me tiente Granger.
-Ya hemos llegado… Es aquí.- Snape alzó la ceja. Le esperaban unos años interesantes al lado de la Gryffindor. Entró por la puerta frotándose las manos.
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-¿Creí que había dicho que le gustaba el picante?- Seseó Snape tratando de ocultar cierto tono divertido. Hermione estaba roja y trataba de abanicarse. El hombre le acercó un vaso de agua que la castaña bebió rápidamente.
-Yo solo pregunté, no dije nada acerca de mi persona.- Se defendió la bruja. Severus cogió la misma salsa y la añadió a su taco, pero en mucha más cantidad. Antes de que pudiera darle tiempo el hombre dio un gran bocado.- ¡No!- Trató de pararlo pero fue demasiado tarde. Lo siguiente fue ver a Snape tosiendo, Hermione no pudo evitar reír, y al igual que había hecho él, le acercó un vaso de agua.
-Merlín, esto es como matarratas Granger.- Afirmó. Sin embargo le dio otro bocado.
-Está loco.- Dijo entre risas. No podía evitar reírse, estaba loco, eso era como comer fuego.
-En realidad no pica tanto una vez que se acostumbra.- Informó mirando su taco y dándole otro bocado.- De hecho está muy bueno… Pero creo que tenemos cosas que discutir Granger a aparte de si la comida mexicana pica o no pica. ¿No cree?
-Reconozco que es una caja de sorpresas.- Confesó la bruja mientras cogía otro de los tacos de la bandeja.
-Si usted lo dice.- Masculló con desdén.- No se desvíe del tema.
-Le escucho.
-No, es usted quien quería tener esta conversación.- Sentenció cruzándose de brazos.- Pues bien… ya lo tiene. Hable…
Hermione se quedó en blanco. ¿Por dónde empezaba? Es decir, si tenían una conversación pendiente pero…
-Por la… la…- La bruja se atragantó. Vaya… era mas difícil de lo que creía.
-¿Boda?- Snape alzó una ceja.- Puede decirlo.
-¿Si? ¿Se puede?- Quiso saber mientras le daba un sorbo a su copa.
-No es una palabra tabú Granger.
-No, no lo es, pero…
-¿A caso cree que me arrepentiré si lo dice mucho?- Inquirió con una ceja alzada. Su voz había sonado seria, quizás más de la cuenta. Hermione empezó a destrozar nerviosa la servilleta de papel. ¿Por qué se encontraba tan ansiosa? ¿Quizás la respuesta a esa pregunta le importase más de lo que quería admitir?
-No… bueno…
-¡Merlín! ¿Quiere dejar de titubear?- Espetó mientras se sacaba la cartera del bolsillo.- Resulta molesto. Mire…- Sacó un par de billetes y los dejó sobre la mesa mientras se levantaba.- Yo no ando jugando… Accedí a casarme con usted, y lo haré, lo único que pido es madurez, no quiero tonterías.
-¿Qué le hace pensar que no tengo madurez?-Preguntó mientras se levanta para irse.
-Demos un paseo.- Dijo sin más.
-¿Un paseo?- Preguntó confusa. Se dio cuenta de que últimamente preguntaba mucho.
-¿Sabe lo que es?- Espetó con ironía. Hacía tanto tiempo que no la usaba que pensó que se le había olvidado cómo usarla. ¿Se estaba volviendo demasiado amable con Granger?
Ambos salieron en silencio y se pusieron a caminar por la calles de la ciudad, eran cerca de las 12 de la noche, las aceras estaban prácticamente vacías.
-¿Realmente está dispuesta a casarse conmigo?
-Creí que ya habíamos tenido esta conversación.- Susurró Hermione con calma.- Pero si, no veo por qué no.
-No sé qué clase de vida espera tener conmigo.- Preguntó dándole la espalda.
-La misma que tenemos ahora.- El pocionista alzó una ceja, aunque la chica no lo vio.- Está bien, no quiero boda si a eso se refiere, es decir, nada de ceremonias, ni gente, quiero algo tranquilo con firmar los papeles me llega. Me gustaría poder decir que estoy casada, al menos avisar a mis amigos y a los Weasley. No me avergüenzo de casarme con usted, y no tengo por qué ocultarlo...- La joven se trabó ligeramente, lo que llamó la atención de él, que se giró para observarla directamente a la cara. Hermione retrocedió un paso, ese giro repentino la asusto.- No tengo fecha establecida, se hará cuando nos venga bien a los dos, aunque me gustaría que no se dilatara mucho en el tiempo. No hemos hablado del tema de…
-¿Sexo?- Preguntó Snape con sarcasmo. Aunque era evidente que la joven no había pillado el tono, pues se escandalizó más de la cuenta.
-¿Qué? ¡No! De vivir juntos…- Gritó alarmada.
-No se altere Granger, era una broma. Se bromear aunque no lo crea.
-Que gracioso.- Espetó cruzándose de brazos.
-Se pone muy guapa cuando se sonroja.- Contestó despreocupadamente mientras dejaba a la joven allí estupefacta y emprendía de nuevo su camino hacía ningún sitio.
-¡Espere!- Le gritó mientras corría hacia él.- Tiene un sentido del humor muy peculiar.- Contraatacó con sorna.
-Lo sé, pero reconozca que le gusta Granger.- Snape alzó la comisura del labio a modo burla. Era tan, tan divertido meterse con ella, siempre y cuando fuera él el que llevara las riendas. Si no tenía la conversación contralada, la cosa cambiaba mucho.- En cuanto a lo otro, me alegro que piense así, porque no pienso hacer durar esto más de la cuenta. No soporto las teatralidades, se firmarán los papeles y listo. Soy consciente de que en algún momento se sabrá, así que si, puede contárselo a quien quiera, pero no antes de que nos casemos. No quiero ocultarlo, pero tampoco quiero airearlo, es mi vida privada Granger, y apreciaría que seguiría siendo privada. ¿Me he explicado con claridad?- Siseó ligeramente amenazante. La joven asintió conforme. –Bien, en cuanto a lo de vivir juntos. No es cuestión de cómo, si no de donde. Primero solicitaría el traslado de alcoba en Hogwarts, sus aposentos son más pequeños que los míos, por lo que tiene más sentido que usted se mude a las mazmorras. De momento con eso llega, y cuando acabe el curso ya se verá.- Comentó sin más. – Por supuesto habilitaré algunas de las habitaciones que tengo. No tendrá porque dormir conmigo.
Hermione se paró de golpe, y no fue hasta pasado unos segundos que Snape se percató de ello.
-Siento que mi presencia le moleste.- Habló con calma la chica. Severus se le acercó lentamente, parecía que quería decir algo, o quizás solo parecía.- A mi no me molesta dormir con usted.
-Si tuviera algún problema no habría aceptado este matrimonio, pero no soy la persona más agradable para compartir espacio.- Su voz se volvió sombría y seca.
- Hasta ahora no me he quejado de ello.
-Cómo vea.- Dijo sin más.- ¿Qué le parece si nos casamos mañana? – Soltó como si hubiera preguntado por la hora. Hermione tropezó consigo misma.
-¿Mañana?
-¿Tiene algún problema?- Gruñó.
-No, no… - Se apresuró a decir.- Ninguno. Solo que con todo esto del colegio y todo no he tenido tiempo de pedir cita o preparar papeles.
-Todo el ministerio conoce nuestros nombres. Seguro que no tendremos problema alguno.
-Vale, si, tiene razón. –Se resignó mientras se encogía de hombros.- No veo por qué no.
-Pues listo, no haga planes para mañana Granger, no casamos.
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.-.-.-.-.-.-.-.-.- Fin del capítulo.-.-.-.-.-.-
Ahí os va otro más, espero que lo disfrutéis, y que tengáis un poco de paciencia, ahora empieza lo bueno.
Si alguien tenía idea de que la boda sería el punto y final de la historia, se equivoca. :P
Saludos de Cloe.
PSD: Gracias por los reviews antes de tiempo. Una simple palabra hace mucho de veras.
