Notas de autora:

Me he tardado bastante, ¿que esta pasando conmigo? Iba a publicarlo el lunes porque estaba pensando hacerlo bastante largo pero luego me di cuenta que me quedaria sin material para el siguiente capitulo, esto es un poquito de lo que haré más adelante. Sufran conmigo(?)

Advertencias: AU, OoC (según yo), sapos molestosos, niños ricos y mimados, resfriados y más(?)

Diclaimer: -man pertenece a Hoshino Katsura


Manos unidas por un beso

10. Porque somos amigos

Su padre había recibido una propuesta de trabajo bastante interesante, imposible de negarse o rechazar, pero era en otra ciudad y tenía como duración el máximo de un año. Su padre no quería que él se separara de sus amigos, no obstante, no tenía a alguien con quien dejarlo a cargo. Estaba en un gran dilema.

Fue gracias al consejo de un amigo que su padre encontró una solución a su reciente problema.

Un colegio religioso privado que también era un internado, donde los alumnos tenían permitido salir solo a fin de mes para ver a sus familiares. Su padre dijo: "¡Perfecto!". De esa forma, su padre podría trabajar tranquilamente mientras sabía que él se encontraba bien y en compañía de sus nuevos compañeros, además, podría tomarse un descanso a final del mes y venir a visitarlo para pasar tiempo de caridad con su él, a parte, también tendría tiempo para que él pudiera visitar a sus amigos.

Al cabo de unos días, su padre comenzó a realizar los todos papeleos correspondientes para el traslado a su nuevo colegio.

El día que debía mudarse a su nuevo colegio llegó más rápido de lo que pensó. Pronto se vio a si mismo frente a la gigantesca puerta de madera que servía de entrada en aquel lugar, el cual, más que parecer un colegio, parecía un convento. ¿A qué clase de extraño lugar lo había metido su padre?

Bajando del auto, su padre lo llamó.

-Yuu, ¿tienes todo lo que vas a necesitar? Recuerda que al ser un colegio privado, ellos se encargarán de darte los útiles escolares y el material que necesitarás.

-Si. Solo estoy llevando ropa -mirando brevemente la pequeña maleta que llevaba consigo.

-Bien, creo que es todo.

El hombre mayor se acercó hasta él, se agachó, quedando a la misma altura, lo miró con cariño por unos instantes y lo abrazó, estrechándolo entre sus brazos, haciendo que su maleta cayera al suelo. Pudo sentir su hombro humedecerse. Su padre se había puesto sentimental, de nuevo. Esta vez no diría nada, lo dejaría pasar. Él decidió corresponder el abrazo. No se iban a ver por un mes, no era para tanto. Finalmente, se separaron. Los ojos de su padre estaban llorosos y trataba inútilmente contener las lágrimas.

-Mañana por la mañana debo partir. Pediré permiso y vendré a verte a final de mes. No hagas travesuras y pórtate bien, ¿sí?

-Yo no hago travesuras.

La expresión del rostro maduro cambió a una alegre, soltando una suave risa. Su padre se puso de pie, acariciando con dulzura su pequeña cabeza y despeinándola en el proceso.

-Tienes 10 años, aún eres un niño. Así que, es normal que las hagas.

-No soy un niño.

-Está bien. Eres un hombre grande.

-No te burles.

-No me estoy burlando.

Mentira. Él no le creía. Podía ver claramente que su padre se estaba aguantando las ganas de reír.

Escucharon como sonaban las campanadas provenientes del interior de su nuevo colegio. Era hora. Su padre dio unos golpes a la gran puerta, haciendo el llamado para que alguien los atendiera. Pasaron unos segundos hasta que una pequeña ventanilla se abriera y la regordeta cara del vigilante apareciera. Su padre presentó una licencia que lo certificaba a él como un estudiante de ese colegio y a su padre como su apoderado, una persona autorizada para realizar visitas. El vigilante cerró la ventanilla y les pidió que esperaran un momento. Pasaron los minutos y ellos aún se encontraban afuera. De pronto, con un sonido chirriante la puerta se abrió, mostrando a una joven mujer vestida con una sotana y un velo negro, era una monja. Ella le pidió la licencia, su padre se la dio, la revisó, dando su aprobación. Seguidamente, le comunicó a su padre que él ya debía ingresar.

-Cuídate.

Con un beso en la frente se despidió de él, dejándolo en aquel extraño lugar.

La mujer de la sotana le indicó que lo siguiera, iba a guiarlo a su habitación. Caminó junto a ella por los pasillos, notando lo desolados que estaban, no había nadie y todo estaba en silencio, pudiendo oír solamente el sonido de sus propios pasos. Ella notó su extrañeza y le mencionó que en este momento todos se encontraban en el comedor, cenando. ¿La cena? A penas había empezado a caer el atardecer, las personas de este lugar sí que eran raras. Mas aquel pensamiento fue corroborado cuando estuvo pasando por uno de los caminos empedrados que atravesaban el gran jardín de allí, pudo ver y oír como alguien hablaba animadamente con las plantas. Ese niño era tan raro como el lugar donde se encontraba.

Una vez que llegaron a los dormitorios, ella le mostró cual sería el suyo, retirándose, no sin antes decirle que si quería podía ir al comedor. Al entrar, lo primero que captó su atención fueron las dos camas que se encontraban al centro del cuarto. Eso significaba que tendría que compartir la habitación con alguien más, solo esperaba que esa persona no lo molestara.

Colocó su maleta sobre la cama que se encontraba desocupada, porque la otra estaba ocupada por unos libros y un peluche de un conejo rosado. Comenzó a desempacar su equipaje, poniendo su ropa en el armario que le correspondía, al terminar, guardó su maleta también. Luego, se dispuso a explorar la habitación, era más grande de lo que parecía, incluso tenía su propio baño y una ventana con vista al gran jardín. Mirando por la ventana supo que había anochecido completamente, ya no podría ir al comedor, no importaba. Estaba acostumbrado a comer algo ligero por las noches, bastaría con el paquete de galletas que su padre le dio antes de bajarse del auto.

Mañana seria su primer día de clases, empezó a alistar lo que iba a necesitar y efectivamente, también tenía su propio escritorio donde estaban los libros y útiles que usaría, tal y como su padre lo había dicho. En el tablero de la mesa se encontraba su horario de clases.

Tocaron a la puerta, era la misma mujer que lo habíatraído, venia para decirle que ya era hora de dormir, porque al parecer, cenar no era lo único que hacían demasiado temprano. También le comunicó que su asistencia a clases debía ser puntual, con esto último, se fue.


Él no necesitó que le recalcaran sobre llegar temprano, porque eso ya era un hábito suyo, aunque... tal vez llegó demasiado temprano. Entró al vacío salón de clases, todas las carpetas eran para dos personas, así que, inevitablemente tendría que sentarse con alguien. Decidió sentarse al fondo, en su anterior colegio siempre solía sentarse ahí, ya que la mayoría prefería sentarse adelante. Puso sus cuadernos y libros correspondientes a ese día sobre el tablero de la carpeta. Según lo que la monja le había comentado, dentro de unos minutos todos debían estar en el comedor para el desayuno. Extrañamente, él no tenía hambre.

Al estar su asiento al fondo, quedaba cerca de la ventana, así tendría con qué distraerse si las clases le parecían aburridas o su compañero o compañera de carpeta le parecía molesto. Ahora, era el cielo azul despejado quien tenía su completa atención, esto se vio interrumpido cuando oyó los pasos de alguien entrando al salón, lo ignoró, pero tuvo que darle importancia a ese alguien, al sentir cómo la silla de su lado era retirada y posteriormente ocupada.

-¡Hola! Tú debes ser Yuu. Soy Alma.

Tenía el pelo corto y del mismo color que el suyo, con dos mechones enmarcando su rostro, gruesas cejas y una peculiar cicatriz que cruzaba el puente de su nariz. Era el mismo niño que había visto el día anterior, aquel que estaba hablando animadamente con las plantas.

Raro, pensó.

Volvió a dirigir su vista hacia la ventana, haciendo de cuenta que no había visto a nadie, ignorando completamente la presencia del otro niño que decía llamarse Alma, así se aburriría de él y se iría, siempre funcionaba.

Mas no fue así, porque en ningún momento escuchó sonido de la silla moverse. De reojo miró a su lado, encontrándose con una mirada fija y una tonta sonrisa dirigida a él, quiso saltar de su asiento por el susto. Ese niño sí que era espeluznante. Fue su estómago el encargado de hacerlo quedar en ridículo cuando este emitió un gruñido lo suficientemente audible para los ellos, inmediatamente, sus mejillas se pintaron de un leve color rojizo, la sonrisa del otro niño se ensanchó un poco más. Su vista regresó a la ventana.

-¿Tienes hambre? No te vi en el comedor. Toma, puedes comer un poco.

Sintió algo chocando contra su codo, era un pequeño frasco blanco. El otro niño le decía que podía tomarlo con confianza.

-¿Qué es? -preguntó dudoso, mientras agarraba el frasco.

Los ojos de Alma brillaron y pareció como si estuviera a punto de decir algo muy importante.

-¡Es mayonesa! ¡Es la mejor comida del mundo! Deberías probarla.

Era la primera vez que escuchaba algo parecido. Cuando estuvo a punto de abrir el envase, varios niños y niñas entraron al salón, seguidos del profesor. Alma guardó rápidamente frasco y se puso de pie. Los demás niños se ubicaron en sus respectivos lugares, quedándose de pie. El profesor se paró al frente y saludó, posteriormente, todos respondieron al saludo en un tono uniforme de voz, para luego tonar asiento cuando el profesor se los indicó.

El docente notó su presencia, llamándolo al frente para poder presentarlo ante todos como el nuevo alumno. Le preguntó dónde le gustaría sentarse, él respondió sin dudar, se sentaría en el mismo lugar donde estaba sentado antes. Cuando se estaba dirigiendo a su nuevo sitio, pudo escuchar los murmureos y cuchicheos, no les dio importancia.

Las clases transcurrieron de manera normal, salvo por su compañero de carpeta, no paraba de buscar una oportunidad de conversar con él. Era molesto. Él hacía de oídos sordos, mostrando que las clases eran realmente interesantes.


Con el paso de los días, semanas y meses, se fue acostumbrando a todo lo relacionado a su nuevo colegio, incluso a ese extraño horario de comida. Fue en uno de esos momentos cuando estaba haciendo fila para pedir su orden al cocinero que no pudo evitar escuchar una peculiar conversación.

-Es Yuu. El alumno nuevo -una chillona voz habló. Estaban hablando de él.

-Me hubiera gustado hacer el trabajo con él -dijo otra.

-Es una lástima. Él está con Alma -rápidamente el tono alegre cambió a uno despectivo al mencionar aquel nombre.

-A él parece no incomodarle su presencia. ¿Crees que sean amigos? -preguntó preocupada.

-¡Ay no! Sería terrible -se escandalizó la otra.

Suficiente.

Salió de la fila y dejó la charola donde la encontró. Ya no tenía hambre, aquella conversación le había quitado el apetito. Si había algo que detestara más que las personas molestas, eran las personas molestas e hipócritas. Esta no era la primera vez que escuchaba una conversación o comentarios así, los había oído desde el primer día de clases cuando decidió sentarse con Alma, esta vez había sido el límite de su paciencia. Era exactamente esto una de sus principales razones por las que no le agradaba este lugar, lleno de niños ricos y mimados.

Esas expresiones de disgusto y molestia se hacían presentes en sus rostros cuando el sujeto de su malestar ayudaba a los profesores haciéndoles favores, participaba en clases o simplemente su despreocupada actitud. Él no lo entendía, el por qué sonreía a pesar de ser rechazado por los demás, como si aquello fuera lo más normal del mundo, como si aquello no le afectara.

Entró a su habitación, cerrando fuertemente la puerta. Entre los cajones de su escritorio buscó el paquete de galletas que su padre le había traído la última vez que vino a visitarlo, al encontrarlo, sacó solo una y guardó el resto. Su mirada se posó en la vacía cama del lado, en ella únicamente se encontraba aquel peluche rosado. Al terminar de comer, ordenó los libros y cuadernos de su escritorio, hoy tendría visita.

Tal y como esas molestas niñas habían dicho, él tenía que hacer un trabajo con Alma. La designación de las parejas para el trabajo había sido por lista, al ser sus apellidos: Karma y Kanda, el profesor les comunicó que ambos debían hacer equipo. El tema fue elegido atravesó de un sorteo, tocándoles a ellos el papel en blanco, lo que significaba que debían investigar sobre un tema libre, una flor cualquiera que fuera de su gusto. Todo esto para el curso de Botánica.

Luego, se cambió el uniforme, poniéndose ropa más ligera. Su cabello ya había llegado hasta la altura de sus hombros, decidió amarrarlo en una pequeña coleta baja, resultando que algunos mechones escaparan del amarre.

Unos instantes después, escuchó cómo alguien llamaba a la puerta. Al abrir, vio a Alma, él seguía con el uniforme. Pasaron adentro, y lo primero que hizo fue echarse en la cama que no era la de él, en la cama de su compañero de cuarto.

-¿Qué crees que haces? -preguntó, viendo como el otro se ponía más cómodo, abrazando aquel extraño peluche.

-Hola, Yuu -saludó él, entrecerrando los ojos. Lucia cansado.- Solo voy a tomar una pequeña siesta. Me despiertas luego, ¿sí? -y con esto último, se quedó dormido.

Los suaves ronquidos no se hicieron esperar, en poco tiempo Alma había entrado en sueño profundo. Una venita comenzó a resaltarse en su frente.

¡Qué pequeña siesta ni que ocho cuartos! ¡Tenían que hacer el trabajo!

Lo empujó de la cama hasta que estuvo a punto de caer de esta, despertó sobresaltado, dándose cuenta de su situación se agarró fuertemente de las sábanas y del peluche para no caer.

-¡Lavi, sálvame! -gritó en son de auxilio.

¿Lavi?

En su mente apareció el rostro del molesto pelirrojo que lo acosaba.

-¿Qué te pasa? ¡Casi me matas del susto!

-No puedes venir como si nada y echarte a dormir en una cama que no es tuya.

-¡Pero si es mi cama!

Un momento.

Entonces... ¿Alma era su compañero de cuarto?

Todo este tiempo había vivido en la ignorancia de saber quién era el misterioso niño que compartía cuarto con él. Porque ya le parecía raro que cuando se despertara por las mañanas solo encontrara la cama tendida y por las noches no apareciera hasta que él ya estuviera dormido. Extraño, pensó en aquel entonces. Siendo la Madre superiora quien se revisara los cuartos para verificar que todos los niños estuvieran durmiendo en sus respectivas habitaciones. Qué estúpido fue.

-¿Ese raro conejo tuyo se llama Lavi?

Bueno. A veces su cerebro se dignaba a hacer preguntas fuera del lugar.

-¡Si! A que es lindo, ¿verdad? -acercando el esponjoso juguete a su rostro.

Fue ahí cuando se dio cuenta que la conversación estaba tomando un rumbo diferente al que quería.

-El trabajo.

Alma lo miró con extrañeza.

-¿Cuál trabajo?

-El de botánica.

-¿Había un trabajo en...? ¡Ah, sí! El trabajo... -rio nerviosamente.- Ups. Lo había olvidado. Lo siento.

Quiso abofetearse. Alma podía llegar a ser realmente despistado.

-Es que no dormí mucho ayer y luego del almuerzo, tuve ganas de dormir un poco.

-¿Y qué es lo que haces en la noche? -preguntó a modo de interrogatorio.

-Estoy en el jardín. La Madre superiora lo sabe. Le doy las buenas noches a las plantas.

En este momento, Alma era quien se llevaba el primer puesto en su lista de rarezas vistas en su corta vida. ¿Hablar con las plantas? Qué absurdo.

-¿Piensas que hablar con las plantas suena absurdo? -él pareció haber leído sus pensamientos- La expresión en tu rostro me lo dice. ¿Sabes? Las plantas reaccionan ante la voz y el estado de ánimo de las personas, no está comprobado científicamente pero ayuda bastante para que ellas crezcan sanamente -y con una sonrisa concluyó su discurso.

Alma se sentó sobre la suave superficie del colchón con las piernas cruzadas entre sí, poniendo a Lavi a su costado. Lo estaba observando fijamente. ¿Acaso tenía algo en la cara? Entonces, a Alma pareció ocurrírsele algo. Bajó con rapidez de la cama, abriendo uno de los cajones de su escritorio. Sacó un enorme libro pesado parecido a la biblia que tenía su padre, poniéndolo sobre la mesa. Él le pidió que se acercara, claramente pudo leer el título de aquel ejemplar.

"El Atlas Del Reino Vegetal"

-Con esto podremos realizar el trabajo -dijo- Tengo una idea de lo que podríamos hacer.

Él miró atento a lo que hacía, viendo como pasaba y pasaba hoja por hoja. Al final, se detuvo, al parecer, había encontrado lo que estaba buscando.

-¡Aquí está! -exclamó- Nelumbo nucífera. Eso será lo que investigaremos, ¿qué te parece?

Al ver que él no decía nada, levantó el pesado libro, de tal manera que él pudiera ver a lo que se refería. Una flor fue lo que vio.

-También llamada vulgarmente como loto sagrado, loto indio o rosa del Nilo. Es una planta acuática que florece en el agua,Es famosa la longevidad de sus semillas, que pueden germinar ¡después de tres siglos! ¿No es sorprendente?

Alma estaba realmente entusiasmado con la idea. Por esta vez le daría la razón. Además, a él también le llamaba la atención.

-¿De dónde sacaste ese libro?

-Fue un regalo de cumpleaños. Me gusta la jardinería -sonrió.

Cerró el libro-biblia y lo guardó.

-Hay flores de loto en el estanque. Vayamos antes de que sea tarde.

Así, ambos fueron al estanque que se encontraba cerca del jardín. Las hermosas flores rosa pálido estaban sobre las hojas flotantes en el agua del estanque. Realmente eran hermosas.

-Esta planta es símbolo de pureza, además tiene la particularidad de crecer incluso en el lodo; es decir llega como una bendición para mejorar una situación. La flor de esta planta es mi favorita. ¿A ti te gustan, Yuu?

Él se quedó admirando las flores que estaban en el agua, solo algunas habían florecido.

-Florecen en primavera, justo en la misma estación que el Corso de la Amistad, ya falta poco para eso –Alma paró de hablar por un momento, ahora, él también miraba las flores- Cuando florezcan, ¿podemos venir a verlas?

Él únicamente movió la cabeza.

-Es una promesa entonces.

Alma trató de alcanzar una de ellas porque vio que a él le interesaban mucho, quería que las viera de más cerca, pero no pudo, su brazo no la alcanzaba a pesar que se estaba estirando todo lo que podía. Entonces, él lo intentó, al ser más alto, sus extremidades eran más grandes para poder compensar su estatura. Solo un poco más y la alcanzaría, las yemas de sus dedos ya podían tocar uno de los pétalos, si se acercaba un poco…

¡Plash!

Cayó al agua, mojándose completamente, su cabello se adhirió a su rostro y sintió un ligero peso sobre su cabeza. La flor fue empujada por las ondas del agua hasta la orilla, tan cerca que Alma pudo agarrarla, no obstante, no la sacó del agua, solamente se aseguró que no se volviera a alejar.

Seguidamente, Alma estalló en carcajadas, llegando incluso a poner su mano en su abdomen. Él no le encontró la gracia a su situación, hasta que escuchó un croar, miró a todos lados buscando la fuente de aquel sonido, Alma entre risas le señaló su cabeza. Hizo caso a su indicación, y si, había una rana en su cabeza, era una muy pequeña. Cuando quiso atraparla, esta saltó al agua, sumergiéndose nuevamente. Enojado le pidió que lo ayudara. El otro niño dejó de reírse por un momento, aunque poco pudo hacer para evitarlo. Le extendió su mano para ayudarlo a salir del agua, él fue más listo y lo jaló hacia sí mismo, haciendo que también cayera al agua. Ahora ambos estaban en igualdad de condiciones y en la misma situación. Totalmente mojados.

Su rostro mostraba una sonrisa socarrona, se había salido con las suya.

-¿Por qué hiciste eso? ¡Ahora ambos estamos empapados!

-Tsk.

-¡Esta vez me las pagaras, Yuu!

Si hubiera prestado atención a lo que había dicho Alma, habría tenido la oportunidad de esquivar el chapotazo de agua que lo mojo de lleno en la cara.

Bien. Si guerra quería, guerra tendría.

De esta manera, este fue el comienzo de una gran batalla acuática en el estanque, claro, cuidando de no hacer daño a las plantas y animales que había ahí. Ninguno de los dos tenía el pensamiento de darse por vencido, los dos eran malos perdedores. En medio de su pelea comenzaron a decirse sus verdades en la cara que tanto habían estado reprimiéndose.

-¡Lo único que yo quería era ser tu amigo! Pero me he dado cuenta que eres un amargado sin razón!

-¡¿Ah?! ¡Tú eres un idiota que habla con plantas!

-¡Sr. Tenebroso!

-¡Idiota!

La Madre superiora se encontraba tranquilamente en su oficina, cuando fue notificada que dos alumnos estaban peleando en el estanque. Inmediatamente, fue al lugar de los hechos.

Era verdad.

-Alma Karma. Kanda Yuu. En este momento, salgan del agua –habló en voz firme, sin la necesidad de levantar el tono de voz para eso.

Los niños pararon de pelear e insultarse, la Madre superiora los había atrapado con las manos en la masa, aunque en este caso, era en el agua. Dejaron de tirarse agua y salieron del estanque, sus ropas estaban chorreando agua. Primero los llevaron a los baños, donde les trajeron ropa limpia y seca. Ella los miró retadoramente, habían roto varias normas del reglamento. Los escoltó hasta su habitación, en donde estarían hasta que reflexionaran sobre sus actos, ya después vendría su castigo.

-Se quedaran en su habitación, meditando sobre lo que hicieron.

Ellos se quedaron castigados, mas cuando ella se retiró y oyeron que estaba lo suficientemente lejos como para no escuchar sus pasos, se miraron por momento, para luego reír. Rieron hasta que su garganta se los permitió, hasta que ya no pudieron más, hasta que empezaron a estornudar producto de haber estado bastante tiempo en el agua. Estaban resfriados, pero no les importó. Había sido tan divertido.

Sin darse cuenta, él había formado un lazo con Alma, uno muy especial.


Desde entonces, era normal que ambos estuvieran juntos. Él acompañaba a Alma al jardín, escuchando cómo hablaba con las plantas, contándoles su día. Era increíble, en ningún momento Alma se detuvo de hablar, era como si nunca se le acabara la saliva o se cansara de hablar. También iban juntos a la cocina, donde el cocinero le daba su porción de mayonesa en secreto, debía admitir que aunque la mayonesa no fuera completamente de su agrado, sabía bien con algunas comidas. Los murmullos y cuchicheos siguieron, hasta podía decir que aumentaron, pero no les importó. Que se amargaran solos la vida.

El tiempo pasó de una forma increíblemente rápida, o era que los días se le hacían así por estar acompañado. Pronto, todos se vieron rodeados de un ambiente alegre y emotivo, el motivo de esto era que pronto llegaría la primavera, y junto a ella, el aniversario de la ciudad y todas sus actividades en honor a esto.

-Yuu, ¿alguna vez has ido a ver el Corso de la Amistad?

-No.

-¿Por qué? Si es divertido.

-Es muy problemático ir. Prefiero estar en casa.

-Eres aguafiestas, Yuu –dijo aburrido- ¡El Corso será a final de mes! Me gustaría ir, sería la primera vez que iría a verlo.

-¿Nunca has ido?

-No. En este mes, mi abuela no puede venir a visitarme. Solo puedo salir si la persona autorizada viene a recogerme.

En cierto modo, pudo percibir la tristeza en aquella alegre voz.


Había averiguado preguntando a la Madre superiora si algo así era posible de realizar, ella le contestó que sí, solo necesitaba que esa persona encargada firmara algunos papeles y se podría conceder su petición. Su padre se sorprendió mucho cuando lo llamó para pedirle ese favor, le respondió entre lágrimas que si lo ayudaría.

Entró al cuarto, Alma estaba mirando por la ventana, observaba vagamente el jardín, mirando también como los demás niños eran recogidos por sus padres y lo contentos que estaban. Al cerrarse la puerta, Alma volteo a verlo. Su rostro reflejaba una sonrisa.

-¡Buenos días, Yuu!

-Buenos días –se limitó él a decir, preparándose mentalmente para lo que vendría- ¿Quieresiralcorso?

Esto no es error de ortografía, es que así de atropelladas le salieron las palabras. No estaba acostumbrado a hacer invitaciones a los demás.

-¿Al corso? ¡Claro que sí! –contestó sin dudar, pero esto cambió repentinamente al darse cuenta de un pequeño detalle- Pero no puedo, no vendrán a recogerme.

Otra vez ese tono de tristeza.

-Tsk. Cámbiate.

-¿Uhm? -Alma no entendía nada.

-Solo cámbiate. He conseguido permiso para que puedas salir.

Bastó que dijera eso para que Alma saltara sobre él, abrazándolo y demostrando lo muy agradecido que estaba con él, diciendo que era el mejor amigo del mundo que podría tener.

-Bájate, Alma. Pesas mucho.

Llegaron al corso, estaba repleto de personas, a penas y podía pasar sin ser pisado por los demás. Su padre se había quedado atrás, diciéndoles que tuvieran cuidado. Alma lo llevaba, era comprensible en cierto modo, después de todo, era la primera vez que venía a ver el corso.

-Apúrate, Yuu. ¡Ya va a comenzar!

Finalmente logaron llegar al frente, donde pudieron ver que el corso estaba por comenzar. Alma no paraba de asombrarse más y más con cada carro alegórico que pasaba frente a ellos. Él no entendía la razón por la que las chicas que iban en la parte de arriba del carro alegórico lanzaran dulces mientras pasaban frente a las personas, incluso Alma había salido del límite permitido para recoger algunos. Eso no fue todo, las personas se descontrolaron cuando el carro alegórico más bonito y grande hizo acto de presencia en el Corso de la Amistad. Fue ahí que Alma le preguntó.

-Yuu, ¿tú crees que regalen tarros de mayonesa?

-No seas tonto, solo regalan dulces.

Sabía que la mayonesa era la comida favorita de Alma, pero era bastante obvio que aquí no regalaban mayonesa.

Él vio como las personas se amontonaron al frente del carro, esperando ansiosos a que la mujer de arriba lanzara los obsequios. Entonces, las cosas se salieron de control, siendo empujado por las personas que estaban detrás de él, quienes habían decidido salir al ver que la chica no solo regalaría simples dulces, daría pequeños accesorios a quienes llegaran primero. Las personas se descontrolaron y en algún punto de todo el desorden causado, él terminó fuera del límite permitido. Escuchó como su padre lo llamaba desesperadamente.

-¡Aquí estoy! –quiso decir, pero no pudo.

El fuerte sonido de una bocina lo desubicó por completo, seguidamente, solo sintió como era golpeado fuertemente y los gritos de desesperación de las personas. La voz de Alma y su padre sobresalía de entre todos.

-¡Yuu! ¡Cuidado!

Después de eso, todo se volvió completamente oscuro.


N/A:

Bien, esta es mi versión de la historia de Alma y Kanda pero en un colegio religioso donde a Alma le gusta la jardinería(?) Perdonen a mi cerebro, últimamente anda fuera del espacio u.u

Creo que es en este punto donde la mayoría sospecha sobre quien es realmente Allen, me alegra mucho, porque quiere decir que están atentas a los detalles que pongo

Me hace muy feliz recibir sus review o comentarios, gracias a todas ustedes!

Yo iré a tomar un café en compañía de mi pan con mantequilla mientras disfruto de lo que vendrá adelante en esta historia. Yo ya quiero llegar ahi :)

Este es un capitulo dedicado a mi querida Misaki por su cumpleaños! aunque fue la semana pasada, pero ya saben, más vale tarde que nunca(?)

Gracias por leer!

Pays de manzana para ustedes