Derechos Reservados a J. K. Rowling por el infinito universo mágico de Harry Potter & a J. R. R. Tolkien por la creación de la Tierra Media donde encontramos a The Hobbit y todo lo que le tenga que seguir… Bla, bla, bla.

—…— diálogos
cursivas – narración resaltante (khuzdul, sindarín, quenya), cartas, recuerdos, sueños, etc…
"…" pensamientos
[…] cambio de escena

Disclaimer: De acuerdo a Wikipedia y Warner Bros. Harry Potter & The Hobbit lamentablemente no me pertenecen. Esta novela es sólo una obra de ficción. Simplemente tomando prestados los personajes para un producto de mi ilógica imaginación. Cualquier parecido con otra historia, sucesos, lugares o personas reales, vivas o muertas, es mera coincidencia.

Notas de autor: Muchas cosas por decir, casi nada por contar… Lo he logrado, he sacado el capítulo antes de cumplir el mes ¡Milagro! Aunque este resulte el único éxito en lo que va de mi inicio de año, adaptarme a mis nuevos vecinos no es fácil, algunos refunfuñan mucho y otros generan pleitos por quien obtiene el estacionamiento favorito de la cuadra. Estoy comenzando a creer que algún tipo de karma me persigue agotadoramente... Para no seguir atormentándolos con mis realidades cotidianas, les dejo el nuevo capítulo. Ya conocen la rutina, lean, disfruten y si gustan pueden dejar un pequeño comentario. Recuerden 'son gratis después de todo' (y se aprecian).
Antes de irme y volver a saber de ustedes hasta dentro de un mes, doy las gracias a las personas que han seguido la historia. Ananimal99, es un gusto conocerte, y descuida no abandonaré la historia, tenlo por seguro. Sapphire97, así es he vuelto y más vivo que nunca.
Ultimátum: Si no os gustan este tipo de crack: ¡JODANSE! Es mi historia y puedo escribir lo que guste. Simplemente retomen el camino perdido y busquen otro fic para leer.


By caves where the Sun does not shine
por
Connor Redfield

Capitulo Diez: Señor de Mirkwood, Profundidades del Bosque Negro

"Nunca sabes cuan fuerte eres hasta que ser fuerte es la única elección que tienes. Y cuando esto sucede, eres intocable" — Chuck Palahniuk

. . .

Mirkwood – en las profundidades del bosque
2941 T. A. – 13 meses después de salir de Bolsón Cerrado.

La entrada del sendero había resultado ser una suerte de arco que llevaba a un túnel lóbrego formado por dos árboles inclinados, demasiado viejos y ahogados por la hiedra y los líquenes colgantes para tener más que unas pocas hojas ennegrecidas. Y el sendero mismo resultó ser tan estrecho que serpenteaba por entre los troncos. Pronto la luz de la entrada fue un pequeño agujero brillante allá atrás, y en el silencio profundo los pies parecían golpear pesadamente mientras todos los árboles se doblaban sobre ellos y escuchaban. Cuando la compañía se acostumbró a la oscuridad los primero días, pudieron ver un poco a los lados, a una trémula luz de color verde oscuro. En ocasiones, un rayo de sol que alcanzaba a deslizarse por una abertura entre las hojas de allá arriba, y escapar a los enmarañados arbustos y ramas entretejidas de abajo, caía tenue y brillante ante ellos. Pero esto ocurría raras veces, y cesó pronto, y de ello, hace ya algún tiempo desde que ingresaron al Bosque Negro.

Había descubierto la presencia de ardillas negras en el bosque, y los ojos penetrantes e inquisitivos de Bilbo empezaron a vislumbrarlas fugazmente mientras cruzaban rápidas el sendero y se escabullían escondiéndose detrás de los árboles. Había también extraños ruidos, gruñidos, susurros, correteos en la maleza y entre las hojas qué se amontonaban en algunos sitios del bosque; pero no conseguían ver qué causaba estos ruidos. Entre las cosas visibles lo más horrible eran las telarañas: espesas telarañas oscuras, con hilos extraordinariamente gruesos; tendidas casi siempre de árbol a árbol, o enmarañadas en las ramas más bajas o a los lados. No había ninguna que cruzara el sendero, y no pudieron adivinar si esto era por encantamiento o por alguna otra razón.

No transcurrió mucho tiempo antes que empezaran a odiar el bosque tanto como habían odiado los túneles de los trasgos. Pero no había otro remedio que seguir y seguir, aun después de sentir que no podrían dar un paso más si no veían el Sol y el cielo, y de desear que el viento les soplara en las caras. El aire no se movía bajo el techo del bosque, eternamente quieto, sofocante y oscuro. Hasta los mismos enanos lo sentían así, y eso que ellos que estaban acostumbrados a excavar túneles y a pasar largas temporadas apartados de la luz del sol; pero el hobbit, a quien le gustaban los agujeros para hacer casas, y no para pasar los días de verano, sentía que se asfixiaba poco a poco.

—Sigo estimando que hubiera sido mejor tomar el camino que nos conducía 300 kilómetros al norte y 600 kilómetros al sur—dijo Bilbo, brincando entre la maleza que obstruía el camino.

—13 meses viajando y tu aún sigues quejándote de todo—habló Hermione, desde algún punto de la fila—¿Cuándo será el día en que dejes de hacerlo?

Bilbo se volvió, indignado.

—¡Cuando me encuentre lo suficientemente lejos de este maldito bosque!—indicó, exclamando a alta voz.

Los enanos lanzaron un bufido.

—Primero fueron las Tierras Salvajes—puntualizó Kili.

—Después las temporadas de lluvia—le siguió Bofur.

—De ahí, le siguieron los peligrosos animales de las lejanías—añadió Ori.

—¡Oh, y no se olviden de cuando escalamos las Montañas Nubladas!—enfatizó Gloin, y todos los demás asintieron.

Todos, a excepción del mediano, quien con una mueca de irritación ni siquiera le prestó oído a las habladurías de sus dignos compañeros de viaje, comenzaron a enfatizar y colocar en una lista, no muy corta, todas y cada una de las veces que el maestro Bolsón se hubiera quejado en lo que llevaban de viaje. Y fue una lista muy, muy pero que muy larga.

Siguieron andando por el camino, tan estrecho y pequeño, que bien parecía un sendero, una serpiente, una línea escurridiza en el suelo del escabroso bosque. Hubo ocasiones en las cuales el pequeño saqueador arrugaba incontables veces la nariz, porque había un olor nauseabundo en el aire del bosque, lo suficientemente fuerte para ser notable pero tampoco lo bastante para llegar a causar vómito o mareos. Y Bilbo se pasó una mano por nariz, sobándola y arriscándola tratando de borrar el mal olor que inhalaba, maldiciendo a los enanos por llevarlo por aquel camino, echó un vistazo hacia la parte central de la fila, centrando sus ojos en la menuda figura de cabello rizado y castaño que parecía estarle gruñendo al viento mismo.

Hermione llevaba condenando y crucificando a cualquier ser vivo a su alrededor desde que entraron al Bosque Negro. El aire cargado de un olor fétido le había provocado que la piel se le erizara y deseara encajarle los colmillos a cualquiera que osara en contradecirla, al decirle que el viento en ese ruinoso bosque era el más limpio y puro de toda la Tierra Media. Pero eso sólo era la pequeña y casi insignificante parte de todas las fatigas que pasaba, porque su relajante y pacifica vida de soltera se había vuelto un revoltoso manojo de frustraciones, y para ser completamente sincera, algo que siempre era con ella misma, desde que se vio aceptando a Thorin como compañero, su senda se había visto plagada de sobre cuidados por parte del enano, tales como: ¿Tienes hambre? ¡Hace demasiado frío, usa mi abrigo! ¡Debes de tomar agua, es importante! ¡No te separes de la compañía! ¿Qué haces al final? ¡Quédate en medio de la fila! Ava, esto… Ava, aquello… ¡Ava, con un demonio!... Bla, bla, bla… Y en el fondo de su mente, Thorin 'Escudo de Roble' podría joderse junto con todo su papel de Macho Alfa. No es que le molestara que él le preguntara o cuidara de ella, ¡pero con mil diablos, ni que fuera de cristal para romperse al menor movimiento!

Fue entonces que una tarde, después de soportar por milésima vez las ordenanzas y diretes del hombre, que la muchacha le puso un alto.

¡Es suficiente! —le ladró en Khuzdul—Puede que aceptara ser tu esposa, Thorin 'Escudo de Roble', pero no me trates como si fuera una inútil—señaló—¡Vuelve a hacerlo y juro que te castro! —Thorin soltó un gruñido al escucharla, pero no fue el único en decir algo.

—Mmm…—bufó Bofur—¿Sin siquiera haber probado antes la Luna de Miel? ¡Uy, así que chiste!

Thorin y Hermione voltearon a verlo, furiosos.

¡Bofur, cállate! —gritaron ambos en Khuzdul, y la compañía se quedó presenciando la pelea del matrimonio.

Algunos se dieron la oportunidad de tomar aquello como un objeto de entretenimiento, y es que para los enanos, las peleas de su señora y su rey siempre les eran de gracia. Incluso a Dwalin le hacían risa, y eso que se está hablando del enano con más carácter y gruñón de la compañía.

Y entre debates, vituperios y palabras mal sonantes en Khuzdul y lengua común, fue que Hermione por fin se vio de nuevo con la libertad de poder caminar a todo lo largo y ancho de la compañía de enanos y un hobbit a su antojo. Claro, sin dejar de mencionar que eso no evitó que el penetrante olor del bosque se esfumara, pero al menos, ya era una carga menos.

Continuaron caminando bajo la oscura maleza que el bosque les ofrecía, llena de ojos curiosos, murmullos y ruidos misteriosos, y de inquietante silencio, al menos, hasta que la poca luz del Sol que les permitían intuir que era de día, se fue extinguiendo, dando lugar al manto negro de la noche. Sólo entonces, Thorin dio la orden de acampar.

—Descansaremos aquí—dijo el rey enano—Bombur, la comida. Gloin, Oin, la fogata. Kili, Fili, leña. Bofur, Bifur, el campamento…. Los demás, verifiquen que los alrededores sean seguros—ordenó, siendo él también uno de los que inspeccionaron las zonas alrededor.

Sólo hasta que todo estuvo resuelto, con la fogata prendida, con suficiente leña para que el fuego no se extinguiera y la zona asegurada, fue que la compañía se dio el lujo de sentarse en el improvisado campamento de aquella noche, y que en palabras de Bilbo Bolsón, este resultaba ser más decente que el anterior. Y lo catalogaba de esa forma porque la noche pasaba había descubierto que un inofensivo alacrán se hubo escabullido a su equipaje y decidido ocultarse entre las mantas que improvisaban su cama. Mencionar el alboroto que armó, sería quedarse corto.

Una vez que la comida estuvo echa, caliente, pero con la falta de sazón del maestro Bolsón, las pláticas que animaban a la tertulia no se hicieron extrañar. Y Hermione se encontró sonriendo y soltando carcajadas, que incluso amenazaron con expulsar su cena por la nariz.

—Es muy cierto lo que digo, tal como la Luna es blanca y mis barbas largas—dijo Bofur—Una vez miré a Nori salir corriendo de la casa de una enana llamada Drisela, iba tan rápido y sin molestarse por quien lo mirara, que no le importó subirse los pantalones. Sólo se preocupaba porque el padre de Drisela no lo alcanzara, el enano iba persiguiéndolo con un hacha en las manos.

—Definitivamente, eso suena como algo que Nori haría—dijo Kili, sosteniéndose la barriga mientras soltaba una nueva carcajada.

El eludido sólo se encogió de hombros.

—¿Qué puedo decir? —preguntó inocentemente—Ellas me aman.

—Ten un poco de vergüenza por una vez en tu vida—le riñó su hermano Dori, pero el enano de tres puntas soltó un silbido e imitó el regaño de su familiar.

Una acción que causó nuevas risas, y rotundas negaciones en la compañía.

—Ya verás cuando recuperemos Erebor, Hermione—ella miró al enano de sombrero gracioso—Puede que al inicio se encuentre algo solo, sucio y con olor a dragón, pero cuando vuelva a tener la gloria de antaño…—Bofur hizo un gesto travieso, y la muchacha alzó una ceja, divertida.

—Así es, tenlo por seguro—siguió Gloin—Habrá cerveza de malta en cada casa y puesto del mercado en la ciudad, seguido de la mejor carne que tu paladar haya probado alguna vez.

La muchacha asintió quedamente, antes de contestar: —Eso no lo dudo, ni por un segundo.

—Te encantará vivir en La Montaña—le dijo Kili, sentado a su lado, mucho más exaltado que el mismo Escudo de Roble, y Hermione sonrió, definitivamente sería así.

"Si alguien me hubiera dicho que terminaría atada a una compañía de enanos, me hubiera reído en su cara, pero justo ahora, en este momento, ese alguien podría ser quien se burlara por mi icónica situación" pensó, meneando la cabeza, tratando que ningún pedazo de patata del plato de Bifur le diera. El blanco era Dori, no ella.

Pero el momento de algarabía y barullo se vio interrumpido cuando la figura de Fili se hizo presente en la compañía. Buscando un lugar donde acomodarse, el enano rubio ubicó a su hermano sentado a unos metros de la fogata, pero cuando se percató de quien se encontraba junto a él, su decisión cambió.

Quedándose parado a una corta distancia, movió los pies, indeciso, mirando a todos lados excepto al lugar junto a su hermano, el punto donde se encontraba Hermione.

—Eh… Ya regreso—dijo, casi tan bajo que de no ser por el silencio de la compañía, nadie lo hubiera escuchado.

—¿A dónde vas? —le preguntó su hermano, Kili.

—A traer más leña—indicó y se alejó del campamento, sólo entonces las pláticas volvieron a colación y las risas se escucharon una vez más.

Pero no Hermione, quien se había quedado observando al enano rubio alejarse. Fili llevaba ese comportamiento desde que ingresaron al bosque, desde que ella había aceptado a Thorin como compañero, evitándola tanto al mirarla como cruzarse en su camino y eso la hacía sentir incómoda, era como si hubiera salido de un torbellino de intrigas sólo para ingresar a otro. Tomando la decisión de ir tras de él, tratar de hablar con el enano, aclarar las situaciones, la mano de Kili se lo impidió.

—Déjalo irse…—Hermione miró a Kili, confundida, pero el muchacho sólo mantenía la vista fija en el camino de su hermano—Dale algo de tiempo, lo necesita.

—No creo que sea justo—le dijo.

Kili negó con la cabeza.

—Fili conocía las consecuencias de tu elección, y has elegido a tío Thorin—señaló el muchacho—No le queda otra opción más que aceptarlo…

Hermione sintió un nudo en el estómago, era tristeza mezclada con amargura, causarle dolor a Fili hubiera sido lo último que hubiera deseado hacer. El enano le agradaba, era simpático, leal y, hay que admitirlo, coqueto, pero ella no lo miraba más allá de un amigo, y eso, se lo había dejado claro hace mucho tiempo. En verdad esperaba ser su amiga, aunque si Fili no lo quería al final de todo, ella lo entendería.

—¿Así que ahora debo llamarte tía Hermione? —la muchacha sintió un tick nacerle en el ojo, y otro en la sien.

No es necesario, puedes seguir llamándome por mi nombre de pila—le contestó, aunque con un Khuzdul más austero al que solía usar.

Kili sonrió, y a ojos de la muchacha esa imagen parecía la señal de un niño a punto de hacer una travesura.

Pero si eres la mujer de Thorin, sería una falta de respeto que me dirigiera a la esposa de mi adorado tío de una manera tan indecorosa—indicó como si fuera lo más lógico del mundo, y Hermione controló las ganas de ahocar al descendiente de Durin frente a ella.

Sobre su cadáver dejaría que el joven príncipe le llamara tía Hermione, sintió un escalofrío escalarle la espalda, la sola mención de ese adjetivo en conjunto con su nombre la hacían sentir que acababa de expulsar una blasfemia, esas dos horribles palabras le daban la sensación de ser 500 años más vieja… Puede que tuviera 163 años, pero incluso ella sabía que se miraba más joven que Kili y Fili… Mucho más que cualquiera de la compañía. ¡Así que llamarla tía, sería un ultraje! Definitivamente vetaría esa palabra del vocabulario de ese enano.

Y mientras Hermione se entablaba en una disputa con Kili por indicarle que no la llamara por la palabra prohibida, un par de ojos ajenos reían ante la escena.

—Haz hecho una buena elección, Thorin—el rey miró al viejo Balin, el enano sonreía como si le acabaran de servir cinco tarros de cerveza, incluso lucía un poco más joven—Hermione será una buena compañera.

—Lo sé—dijo el rey, mirando a su mujer y su sobrino platicar.

—Pero que trabajo te costó conseguir que aceptara, ¿no es así? —bromeó Dwalin, dándole una palmada en la espalda.

Thorin arrugó el entrecejo.

—Fueron meses para que la muchacha le diera el sí—prosiguió Balin, siguiendo la broma de su hermano.

—Si ha tardado tanto en aceptar, imagínate cuando decidan tener hijos—señaló el enano tatuado—Tendrán que pasar más de 100 años para que miremos a un diminuto Thorin en los pasillos de Erebor.

Ambos enanos comenzaron a reír, excepto Thorin, quien comenzaba a cabrearle la conversación. Era lógico de esos dos hablar de él como si no estuviera presente.

—Parecen viejas cotorras—dijo finalmente, pero eso sólo hizo que los hermanos rieran con más ahínco.

Sin embargo, Thorin ya no les prestó atención a las burlas de los hombres, ni a las conversaciones que se escuchaban entre los demás, porque su mente se hubo concentrado en una pequeña parte de las palabras que Dwalin había dicho.

"Imagínate cuando decidan tener hijos" volvió a pronunciar en su mente… "Hijos" pensó detenidamente, y tuvo que pasar saliva lentamente. Acababa de juntársele demasiada en la boca.

No era por la idea de tener descendientes, no, por supuesto que no, de hecho era una idea más que bienvenida. Sino por la acción que venía ligada al hecho de procrearlos, porque para concebir uno, se debían seguir ciertos… procedimientos. Procedimientos que lo llevaron a imaginar múltiples escenas donde Hermione era la protagonista y él el autor. De repente hacía demasiado calor en el campamento, ¿no lo sentían? Y ese calor dio lugar a deseos que le causaron más de una reacción involuntaria y que se vio obligado a aplacar. Estirando el cuello de su camisa y soltando un carraspeo bastante grave, se reajustó su abrigo bajo la confusa mirada de Balin y Dwalin, no habían pasado desapercibido que el enano se quedó callado de un momento para otro y ahora se removía como si le doliera algo. Thorin dio gracias porque no le prestaran demasiada atención, sobre todo a aquello que estaba ocultando entre sus pantalones, les daría a esas cotorras más material para continuar burlándose de él.

[…]

Tal vez habían transcurrido dos o tres horas desde que los barullos de los enanos se vieron silenciados. Después de una larga caminata, de estómagos saciados y ahora acomodados para irse a dormir, el silencio reinaba nuevamente en el campamento. Medio sentada, medio acostada en su parte cómoda del área donde se quedaron a dormir, Hermione bendecía la llegada de esa hora, había estado esperando ese momento desde que Thorin les indicó que podrían comenzar a instalar el campamento. Aunque su mente en ese momento, se encontraba en la implacable incógnita que dominaba en su cabeza. Desde hace días llevaba buscando el dibujo que ella hizo de Thorin cuando se encontraban escalando las montañas nubladas, un lienzo que había estado guardando con profundo receloso y deseo, y ahora, se encontraba perdido. Ojala supiera donde se le habría caído ese pergamino, se lamentaba con tristeza haberlo perdido. No sólo porque fuera Escudo de Roble quien se mostrara en el dibujo, sino que el grafito tenía el recuerdo de una de las expresiones que más le gustaban del enano, aquellas que rara vez demostraba. Una de profunda calma.

"Hablando del diablo" sonrió pensando en el dicho, el olor que captó en el viento era precisamente el del enano, el bien conocido aceite de cedro y tabaco para pipa. Dejó de lado su preocupación por el dibujo, tal vez, jamás lo encontraría o eso pensaba ella.

No se molestó en abrir los ojos para mirarlo, sabía, por la dirección en que detectaba su aroma, que se encontraba frente de ella. Sólo cuando escuchó el sonido de la tierra siendo removida y un peso dejándose caer sobre el suelo que ella finalmente lo miró. Y ahí estaba él, el imponente enano tomando su lugar junto a ella para dormir como se había autoproclamado desde que le aceptara. La primera noche había resultado incómodo, por no decir que incluso vergonzoso pero conforme fueron pasando los días se podría decir que se acostumbró más rápido de lo que le parecería normal, y hoy en día ya le resultaba un hecho cotidiano que él lo hiciera.

Ahogando un bostezo, se estiró en su lugar antes de percatarse de una figura a su izquierda. Era Fili, retornando al campamento, sin despegar su mirada de él, lo vio caminar entre los enanos hasta llegar junto a su hermano pero el enano, sintiendo que alguien lo observaba, alzó los ojos y se encontró con Hermione mirándolo. Fili titubeo un segundo antes de apartar la mirada y recostarse, dándole la espalda. La muchacha soltó un suspiro, era difícil, por no decir que imposible esa situación, y su reacción no pasó desapercibida por el enano junto a ella, quien evaluó con algo de desconcierto la forma de actuar de la mujer. De su mujer.

¿Ava? —Thorin se sorprendió del tono de duda con el que la llamó, pero no era para menos, desde hace días que él había visto la forma en que su compañera observaba al mayor de sus sobrinos, y mucho no tardó para que su mente automáticamente comenzara a formularle ideas de que tal vez Hermione podría estarse planteando la idea de que aceptarlo no fue su mejor opción.

La muchacha volteó a mirar al hombre quien la llamó, incluso ella detectó esa pregunta en la voz de Thorin, y sólo le bastó con detallar en la mirada del enano para leer fuerte y claro lo que pasaba por su mente. Formando una sonrisa, se dijo que jamás podría lidiar con los celos de ese enano. ¡Que Mahal la iluminara y le diera paciencia! De lo contrario, terminaría cumpliendo su promesa de castrarlo y nadie quería eso, ¿verdad? Mucho menos ellos dos.

Thorin—le habló en lengua enana, trayendo de regreso la atención del rey enano sobre ella.

El hombre la miró, pero ante la mudez que le siguió, él enarcó una ceja y se desconcertó aún más cuando la sonrisa de la muchacha se volvió más grande. Negando con la cabeza, ella añadió hablando en lengua enana: —No es lo que piensas—le dijo aún sonriente—Sólo estoy preocupada, es todo.

Él asintió, ahora comprendía.

Aunque Hermione no era la única en mostrar preocupación por la actitud de su sobrino, él también lo hacía, sólo que Escudo de Roble, al igual que Kili, sabían que el tiempo le haría bien a Fili. Soltando un suspiro y relajando los hombros, se desplomó contra la corteza del tronco tras de él, sólo entonces se dio cuenta que Hermione no lo había dejado de ver.

—¿Qué tanto me miras, mujer? —le preguntó, comenzando a fruncir el ceño.

Hermione negó con la cabeza, ahí estaba el tono gruñón.

Nada, nada… ¿Qué no puedo ver a mi esposo?—le dijo en lengua enana y la respiración del rey se cortó, ella acababa de llamarle esposo… por primera vez, aunque mojándose los labios con la lengua, volvió a escucharla hablar, aunque ahora en lengua común: —¿Tienes idea de la horrible vena que se te salta al fruncir el ceño?

Thorin casi puso los ojos en blanco, "¡¿Qué demonios?!", pero antes de que dijera algo más, observó como la mano de Hermione se direccionaba hacia él hasta tocar con sus dedos la parte central de su frente. Sin dejar de mirarla, la dejó trazar pequeños círculos al mismo tiempo que ejercía presión, lo hizo hasta que la horrible vena se relajó.

—Mucho mejor—le dijo, y justo cuando estaba retirando la mano, el agarre de Thorin la detuvo.

Parando, observó con especial atención el contraste de la mano de Thorin en comparación con la suya, algo que el enano hizo también. Las manos de él eran grandes y pesadas, su piel, además de ser morena por nacimiento, se encontraba quemada por el Sol, con algunas cicatrices de las batallas que había vivido o de los trabajos de armería que fabricó, y una de las principales razones por las que se encontraban rasposas y con callos en los nudos de los dedos. Puede que para cualquier otra mujer las manos del enano le resultaran ásperas y maltratadas, pero para Hermione eran perfectas, porque a comparación de las suyas, más pequeñas y delgadas, con un tono de piel morena más clara, aunque sin librarse del toque del Sol e igual con uno que otro recuerdo del uso de armas, eran fácilmente envueltas en las grandes del hombre. Y un mismo pensamiento cruzó por la mente del rey, ¿qué podría ser más perfecto que eso?

Sintiendo la disminución del agarre, Hermione movió la mano sujetada hasta que logró entrelazar los dedos de ambos, enfocándose en cómo se miraban sus manos tomadas. Una sensación le cruzó el pecho, tan fuerte que incluso tuvo que respirar más lento para no asfixiarse.

¿Te molesta que demuestre preocupación por ti? —le preguntó Thorin, en lengua enana.

Hermione miró confusa al enano, se había visto tan concentrada en sus manos entrelazadas que no tomó atención a lo demás. Recapitulando lo dicho por el hombre, se dio cuenta a que se refería. Bueno, eso, y que una vez más comprobaba que las preguntas directas eran el plato fuerte de Escudo de Roble.

—No, Thorin, no es eso…—le dijo, aún sin soltarse del agarre.

Pero debería saber que una simple oración no bastaría para satisfacer al rey de los enanos. Y Thorin lo dio a demostrar al volver a fruncir el ceño, y ejercer un poco de presión en el agarre, sin llegar a lastimarla.

—Explícate—ordenó.

La muchacha ahogó un bufido antes de contestar.

—Durante mucho tiempo estuve sola—comenzó diciendo—He olvidado lo que es que alguien demuestre preocupación por mí.

—Ahora no lo estas—le interrumpió el enano—Me tienes a mí y eso es suficiente.

Hermione asintió, sonriente.

—Sí, es verdad—le dio la razón, era mejor dársela—Pero no es lo mismo…—el enano enarcó una ceja, ¿qué no era lo mismo? —Después de que perdieras Erebor, aún tenías a tu familia y amigos contigo, aunque después perdieras a tu abuelo, a tu padre, a Dis y a Frerin; Kili y Fili siguieron junto a ti. Incluso tenías a Balin y a la vieja cabra de Dwalin… Pero yo no…—Thorin comenzaba a sospechar a qué se refería la muchacha—Desde que Bilius murió, no he tenido a nadie más que demuestre lo que tú estás haciendo ahora… Puede que Gandalf lo haya hecho, pero muy a su manera… Y en Rivendell, bueno, la situación era muy diferente, por no decir de la historia con Teddy…

Thorin meditó en las palabras de la muchacha. Ya comprendía lo que Hermione le decía, aunque no podría decirle que le entendía del todo, porque bien era cierto lo que la mujer le dijo, él había tenido siempre a alguien que demostrara preocupación por su bienestar, pero Hermione no, porque durante mucho tiempo ese tipo de acciones se vieron negadas, no por decisión de ella, sino por la falta de alguien que se las ofreciera.

—Ya veo—le dijo.

Tal vez, pensó, si le daba tiempo ella terminaría por acostumbrarse, porque después de todo no se encontraba en su naturaleza dejar de cuidar aquello que desea, y con Hermione se había descubierto sumamente posesivo y celoso.

—No tienes por qué dejar de hacerlo…—Thorin la miró, interrogante—Es decir, puedes continuar si gustas… Sólo no exageres, ¿de acuerdo?— le dijo y el enano comprendió.

A ella no le molestaban sus atenciones, sólo la hacían sentir extraña, puede que para alguien más eso se hubiera escuchado como una alerta de ir poco a poco, pero vamos, seamos sinceros, se tata de Thorin II 'Escudo de Roble, heredero del trono de Erebor, hijo de Thráin quien era hijo de Thrór, Descendientes del Inmortal Durin, Padre de los Enanos. La sutileza no era su mejor virtud y para él con que Hermione no rechazara sus atenciones le bastaba, incluso le llegaba a sobrar.

La mente de Hermione era un torbellino igual o peor que al inicio. En verdad no le molestaba que Thorin se preocupara por ella, pero ahora debía hacerse a la idea de que había aceptado tener un compañero y tampoco es que pensara en que tomó una mala decisión, sólo que debía acostumbrarse a la nueva faceta de compartir y procurar el bienestar de otra persona que no fuera ella. Dejando de darle más vueltas al asunto, se dijo que dejaría a todo ese embrollo matrimonial seguir su curso natural. Total, con el paso del tiempo aprendería y a cómo iban, sería más temprano que tarde.

—Enderézate—escuchó la orden del enano, Hermione lo miró, patidifusa—¡Hazlo!

Alzando las manos en señal de rendición, hizo lo que le pidió, era demasiado noche para ponerse a pelear y rezongar con ese enano. Cuando lo hubo hecho, observó con sumo interés como es que Escudo de Roble se paró, y sus ojos se abrieron desmesuradamente al percatarse que el hombre se sentaba detrás de ella, colocándola entre sus piernas.

—Recuéstate—le volvió a decir, pero ella no lo hizo.

"¿Se puede saber qué mierda pasa por la cabeza de este enano?" se preguntó, casi alterada.

—¡No pienso hacer eso!—le dijo, de haber sido posible hubiera gritado, pero tratando de mantener esa conversación entre los dos, sólo murmulló en exclamaciones.

El enano frunció el entrecejo.

—¿Y por qué no?—demandó saber, para él no había impedimento válido para que ella se negara.

—¡Oh, por Mahal!—exclamó consternada—¡¿En verdad esperas que lo haga?!

Pero Thorin no le contestó, simplemente se limitó a mirarla, a indicarle con la mirada que no estaba jugando y al poco tiempo comenzó a impacientarse. Hermione tragó saliva duramente antes de terminar cediendo; dándole la espalda, poco a poco fue retrocediendo hasta quedar apoyada en el pecho de Escudo de Roble. Al principio, cuando apenas fue un rozón, la espalda de ella se tensó pero fueron sólo segundos antes de que se relajara y dejara caer el peso de su cuerpo sobre el enano. Por no decir de la vergüenza que la embargó al sentir los brazos de Thorin rodearla, sirviendo como una manta contra el frío del bosque, y daba las gracias porque la posición en la que se encontraban fuera de estar casi sentados, de lo contrario, no sería capaz de dormir si hubiesen estado completamente acostados.

Respirando profundamente, pronto mandó todo al carajo, el aroma de Thorin hacía un efecto increíble en ella, relajándola y manteniéndola serena, mejor que cualquier tabaco para pipa, cerveza o vino que hubiera probado. Sabía que el enano estaba despierto, podía darse cuenta de ello, a través de la forma en que respiraba y el curioso detalle de sus manos al encontrarse cerradas durante algunos minutos al inicio. Si Hermione hubiera sabido la alteración de Thorin, otra sería la historia. Y es que para el enano no resultó fácil su movimiento, si bien lo hizo para mantener más cerca a la muchacha, había comenzado a creer que aquel que saldría más perjudicado sería él; porque imaginarse escenas sexuales con su compañera era una cosa, sin embargo, tener a la protagonista de tales deseos en sus brazos era otra muy distinta. Obligándose a serenarse, se dijo que este no era el momento indicado para comenzar una campaña de seducción y levantamiento de carpa de circo.

"Díganle eso al problema en mis pantalones" pensó irónico.

Relajándose, poco tiempo le costó volver a tener control sobre su cuerpo, agradeciendo que la muchacha no sintiera la necesidad de moverse, de lo contrario, se hubiera encontrado con cierto tope haciendo presión en su espalda baja. Aunque pensándolo mejor, habría sido interesante enterarse de la reacción que eso provocaría en su mujer. Cortando esos pensamientos de golpe, se prometió que tan pronto recuperaran la Montaña Solitaria, le haría conocer a Hermione las consecuencias que acarrea una boda sin haberse celebrado adecuadamente la Luna de Miel.

El primero en caer dormido fue Thorin y sólo cuando ella se percató que efectivamente se encontraba más inconsciente que consciente, fue que se volteó a mirarlo. Por un momento, no supo con certeza que era exactamente lo que hacía, pero en realidad no era absolutamente nada, sólo quería verlo dormir unos segundos. Soltando un ligero suspiro, volvió a recargarse, sólo que en esta ocasión ella se posicionó casi de lado, con la mejilla completamente enterrada en la ropa del enano y el aroma a aceite de cedro y tabaco para pipa arrullándola hasta hacerla dormir.

Lejos de pensar que sus acciones pasarían desapercibidas, se equivocaban, porque los demás habían estado simulando dormir, manteniendo un ojo abierto para observar las sutiles muestras de afecto que la parejita se daba. Incluso Bilbo Bolsón lo hizo, quien con una mueca de incredulidad, logró captar el momento en que Dori le daba a Nori un pequeño fardo con monedas, al parecer los enanos seguían haciendo negocios. Sólo que en esta ocasión, la causa de las apuestas eran el Rey de los Enanos y SuCompañera.

[…]

Una vez más, Bilbo comprobaba que si los días eran desagradables dentro de ese maldito bosque, las noches eran lo peor, porque entonces se ponía oscuro como el carbón, pero no como el que se hace llamar negro carbón, sino realmente oscuro, tan negro que de verdad no se podía ver nada. Bilbo movía la mano delante de la nariz, intentando en vano distinguir algo. Bueno, quizá no es totalmente cierto decir que no veían nada; veían ojos. Y eso lo había descubierto cuando le tocaba a Bilbo hacer la guardia, porque veía destellos alrededor, y a veces, pares de ojos verdes, rojos o amarillos se clavaban en él desde muy cerca, y luego se desvanecían y desaparecían lentamente, y empezaban a brillar en otra parte. De vez en cuando destellaban en las ramas bajas que estaban justamente sobre él, y eso era lo más terrorífico. Pero los ojos que menos le agradaban eran unos que parecían pálidos y bulbosos.

"Ojos de insecto" pensaba, "No ojos de animales, ni tan brillosos como los de Hermione, pero demasiado grandes para ser normales"

Aunque no hacía aún mucho frío, trataron de encender unos fuegos, percatándose que eso parecía atraer cientos y cientos de ojos alrededor; pero esas criaturas, fuesen las que fuesen, tenían cuidado de no mostrar sus cuerpos a la luz trémula de las brasas. Peor aún, atraían a miles y miles de falenas grises oscuras y negras, algunas casi tan grandes como vuestras manos, que revoloteaban y les zumbaban en los oídos. Todo esto duró lo que al hobbit parecieron siglos y siglos; siempre tenía hambre, pues cuidaban sobremanera las provisiones. Aun así, a medida que los días seguían a los días y el bosque parecía siempre el mismo, empezaron a sentirse ansiosos. La comida no duraría siempre: de hecho, empezaba a escasear. Intentaron cazar alguna ardilla y desperdiciaron muchas flechas antes de derribar una en el sendero. Cuando la asaron, tenía un gusto horrible y no cazaron más, al menos hasta el hambre por volver a probar carne retornara.

Por lo menos ahora se encontraban descansando, un breve momento de misericordia que el rey de los enanos le brindó a la compañía para que bebieran y recuperaran energías. Aunque para Bilbo, era más que obvio que el verdadero y único motivo por el cual Thorin los había dejado descansar, era porque una escurridiza presencia femenina sólo tuvo que batirle las pestañas al enano para que diera la orden. En ocasiones como esta agradecía plenamente que Hermione se encontrara con ellos, aunque para ser completamente sinceros, había otras donde renegaba de su misma suerte. Un ejemplo claro: ahora mismo, en ese lugar y en ese tiempo.

—Deja de chillar como demonio de Tasmania, Bilbo—le regaño la muchacha—Haces más ajetreo que un cerdo antes de ser asesinado.

El hobbit soltó un suspiro/bufido, demasiado similares para ser diferenciados o distinguir que fue exactamente.

—¡Te resulta muy fácil decirlo, no eres tu quien está padeciendo de un suplicio! —exclamó, casi al límite de la alteración.

Hermione se cruzó de brazo antes de contestarle.

—Permite recordarte, querido Sr. Bolsón, que has sido tú quien me pidió que retomáramos las prácticas—la expresión en el rostro de la muchacha era austero, resultando ser demasiado intimidante para dar lugar a contradicciones.

El pequeño saqueador tenía las de perder, porque bien era cierto, él le había insistido a Hermione que continuaran con las clases de Oclumancia, una decisión que ya le estaba empezando a cobrar fractura y de una manera muy desdichada. No podía culpar a la mujer, después de todo, fue su idea el usar el pequeño descanso que Thorin les brindó para ensayar un poco.

Sintiéndose derrotado, el mediano se pasó una mano por los rizos del cabello antes de volver a sentarse frente a ella.

—Continua…—le dijo, aunque el tono en la voz de Bilbo fue más de agotamiento.

La mestiza negó levemente con la cabeza.

—Deberíamos dejarlo por ahora, el entrenamiento en exceso es perjudicial—indicó, preocupada por las últimas reacciones de Bilbo ante el proceso, pero el hobbit simplemente se negó.

—Sólo hazlo—le ordenó, las cejas de Hermione se vieron arqueadas en sorpresa, Bilbo acababa de ordenarle y el mismo hombrecillo se vio asombrado por sus palabras. Tartamudeando, añadió: —¿Por favor?

Hermione se tragó la leve y casi nada sutil exclamación que estaba por darle al mediano, pero decidió pasarlo por alto. Total, se dijo, que si Bilbo decidía continuar que así fuera, después de todo, el hobbit también poseía algo de terquedad aunque él mismo lo negara. Volviendo a colocar la palma de su mano en la frente del hombrecillo, se preparó para una nueva ola de insultos y vituperios.

—¿Listo? —el mediano asintió, y ella pronunció el hechizo:—Legeremens.

No tuvo que transcurrir mucho tiempo antes de que las exclamaciones del hobbit se hicieran oír. Porque a palabras de Bilbo, que Hermione le mostrara sus recuerdos había sido una sensación de discordia, pero sentir a la muchacha navegar en su mente, obligándolo a aprender a cerrarla para que no mirara sus recuerdos, y finalmente terminar expulsándola de su cabeza, era mucho peor que la situación cuando se encontró siendo a punto de ser desmembrado por los trolls.

—Es suficiente, ya no más—dijo entre jadeos cuando se vio librado del hechizo.

—¿Bilbo? —preguntó Hermione, preocupada.

—Sólo necesito respirar, es todo—le contestó. La muchacha le pasó su propia cantimplora de agua, haciendo otra nota mental que era mejor no excederse con las clases de Oclumancia.

Observando al pequeño saqueador estabilizarse, soltó un silencioso suspiro, preguntándose que llevaba a Bilbo a desear con tanto fervor practicar el arte de proteger su mente, y su curiosidad se vio dirigida hacia el anillo mágico que el mediano cargaba. Sólo esperaba que no fueran ciertas sus ideas.

—¿Te parece si dejamos por un tiempo las clases?

Hermione lo miró arqueando una ceja, ya sabía que el mediano tomaría esa decisión tarde o temprano, además no tenía otra alternativa más aceptar.

—No te preocupes, maestro Bolsón—le dijo, instándolo a beber un poco más de agua y pasándole un pedazo de manzana que ella sacó de su mochila.

—Por mis barbas, ¿quieren decirme qué diablos sucede aquí?

Bilbo y Hermione miraron a un confuso Bofur parado frente a ellos, el enano lucía desconcertado pero con un brillo de picardía y curiosidad bailándole en la pupila de los ojos, risueños.

—¿Y bien? —volvió a cuestionar.

El mediano estuvo a punto de hablar, de no ser porque Hermione le ganó la partida.

—Nada interesante, sólo estaba enseñándole a Bilbo el emblemático arte de proteger la mente—contestó, señalando lo que fuera más que obvio.

Bofur frunció el ceño, tal vez más confuso por lo que escuchó o puede que con algo más que desconfianza y recelo.

—Sea como sea, los gritos del mediano se han escuchado hasta el otro lado de la arboleda—indicó, mientras se pasaba una mano por las trenzas de su bigote, aunque a juzgar por la manera en que lo dijo pasaría a ser un asunto sin mucha importancia.

Pero para nuestro pequeño saqueador, quien se sintió gravemente ofendido, sólo atinó a picar el orgullo de aquel enano.

—Entonces no veo problema alguno en que tú lo intentes—Hermione volteó a mirarlo con incredulidad, el gentil Sr. Bolsón era una daga de doble filo.

Ante las palabras del saqueador, Bofur arriscó tanto la frente que incluso se podría jurar que las puntas de las barbas y el bigote le tintinearon de la indignación. Por no decir, que la muchacha perjuraba que las solapas del gracioso sombrero, se batieron al compás de los resoplidos del hombre.

—Muchacha—ella volteó a mirarlo, ¿acaso había caído en la trampa? Pero no hubo necesidad de que le contestara, el enano ya se hallaba sentado frente a ella con el gorro en una mano y con toda la posee de que no permitiría que un hobbit de La Comarca pusiera en duda su valor y fuerza.

Incrédula por lo que estaba pasando, Hermione se obligó a dejar de pensar que el orgullo de los hombre resultaba ser peor que el drama que las mujeres solían desarrollar, así que sacudiéndose de las vibras negativas, se enfocó en realizar el mismo hechizo en la mente de Bofur… Total, puede que resultara ser divertido hacerlo.

—¿Seguro que deseas hacerlo? —le preguntó, más bien como última advertencia que como una recomendación, no podía mentir que disfrutaría de ver al enano arrepentirse, y es que con la Legeremancia no se jugaba, bien lo sabía por carne propia. Cuando el enano asintió, ella no dudo en pronunciar el hechizo:—Legeremens.

Lo primero que sintió fue como si una clase de fuerza centrífuga le hubiera sido disparada hacia la cabeza, un dolor le reptó por la espina dorsal, centrándose en la nuca y esparciéndose hacia los lados, imitando la estrangulación en sus sentidos o volviéndolos demasiado sensibles. Pero lo peor de todo fue cuando comenzó a sentir una fuerza externa penetrar en su mente, y eso provocó un mareo, una arcada y un vacío en la boca del estómago. Trató de alzar los brazos, de colocar las manos en la cabeza y lidiar con la posibilidad de terminar con ese suplicio, pero ni siquiera sus extremidades le respondían, al menos, hasta que finalmente Hermione canceló el conjuro.

¡¿Qué demonios fue eso?!—bramó en lengua enana, tratando de estabilizarse y traer algo de cordura a su torturada mente.

Hermione se encogió de hombros.

Te lo advertí—le dijo, y el enano la miró sin saberse indignado o castigado.

Al igual que Bilbo, la muchacha le brindó algo de agua además de una manzana. Incluso, 10 minutos después que ambos hombres se encontraran en mejores condiciones, les ofreció un pedazo de chocolate a cada uno… Jamás olvidaría las reacciones en sus rostros.

—¿Eso para qué o qué? —preguntó Bilbo, Bofur asintió.

—Les hará sentir mejor, créanme—y aunque los dos tomaron del dulce, ninguno se atrevió a comerlo—¡Por todos los Dioses, que sólo es chocolate, no les hará ningún mal!

Pero ellos siguieron con la duda escrita en sus rostros. Frustrada, tomó un poco de la barra que llevaba consigo y lo metió en su boca, sólo entonces ellos también lo comieron. Negando con la cabeza, se prometió que sería la última vez que le ofrecería chocolate a un enano, aunque bien sabía que esa promesa no era cierta, tarde o temprano volvería a ofrecerles a la compañía.

Y mientras intentaba arrancarse la irritabilidad que los enanos fácilmente causaban en ella, un movimiento captó su interés. Desviando la vista, sus ojos se toparon con el gesto interrogante de Escudo de Roble, tal pareciera que el enano le cuestionara por lo que acababa de hacer y ella sólo se encogió de hombros, indicándole que el asunto no era tan importante para armar un alboroto como Bofur y Bilbo lo habían hecho. Y dicha conversación muda no pasó desapercibida por los ojos inquisitivos del hobbit.

—Te ves muy feliz—le dijo, intuitivo.

—Sí, Bilbo, lo estoy—Hermione lo miró, sabía a qué se refería, incluso ella había notado que su humor mejoró desde que Thorin era su compañero.

El saqueador ensanchó la sonrisa en su rostro.

—No fue tan difícil, ¿o sí? —ella le lanzó un par de ojos centellantes.

—Tu dieta contiene demasiado picante, Bilbo Bolsón—habló—Me temo que tendré que pedirle a Bombur que reduzca tus comidas.

Los ojos de Bilbo se abrieron como platos, incrédulo y a la vez frustrado, Hermione acababa de actuar como lo haría una madre con un hijo que se ha comportado de una manera indecorosa. Y a como él estaba enterado, su sacro santísima madre Belladona Tuk, había muerto hace más de 20 años. Pero también sabía que Hermione sólo estaba retándolo a seguir con su jueguito, pero Bilbo era demasiado listo para dejarse llevar por la tentación, después de todo era de sabios confiarse de los viejos refranes como: La curiosidad mató al gato, y él no se volvería un gato, al menos, no en esta situación y definitivamente no con Hermione. Esa perversa mujer acababa de meterse con lo más sagrado para un hobbit: la comida.

—Me atrevo a decir que ha sido interesante, aunque aterrador—Hermione miró al enano a su lado, aunque Balin sólo observaba a Bilbo y Bofur.

—¿Qué? ¿Tú también quieres probarlo? —le preguntó, divertida.

—¡No, por Mahal! —negó el enano, tal parecía que el color se le hubiera ido del rostro, y Hermione sonrió con gaita—Sólo he venido a preguntar cómo es que conoces ese hechizo, muchacha.

Ella balanceó la cabeza sobre sus hombros antes de decidir cómo contestar a esa pregunta, digamos, para que no sonora tan perversa como resultaba en realidad.

—Una vez conocí a un viejo mago oscuro en las Tierras del Norte… Y se puede decir que a cambio de un trato acordado, él me enseñó cómo usar la Oclumancia—le respondió, tratando de que la respuesta fuera corta y sencilla, tan bien estructurada que a Balin no le diera por indagar en los detalles.

—¿Mago oscuro? —volvió a preguntar—¿Te refieres a un hechicero que práctica la magia negra?

La muchacha maldijo la curiosidad del hombre.

—Sí—le dijo, renuente—Se llamaba Severus…

—¿Y qué clase de trato fue el que pactaron? —Hermione puso los ojos en blanco, ahora era Dwalin quien había preguntado.

Antes de que comenzara a sentir los tics nacerle en los ojos, decidió contar la verdad.

—El trato fue que él me enseñaría a utilizar la Oclumancia, sí yo no me lo comía—los hombres ahogaron un jadeo, ¿acaso ella acababa de decir comer, tragar, engullir?—No me vean de esa forma—les ordenó—Fueron tiempos difíciles y la vida en las Tierras del Norte no resultan ser un paraíso. Mi único sustento viable era vivir transformada en mi forma de huargo y como lobo transmutado comía la carne animal, orca o lo que fuera que estuviera en mi camino. Resultaba ser una bendición sí encontraba alimento.

Los enanos respiraron un par de veces antes de volver a hablar.

Realmente resultas ser un estuche de monerías, mi señora—dijo Dwalin en Khuzdul, y a Hermione casi le da un ataque al escuchar al enano llamarla mi señora, no porque le molestara, a esas alturas ya estaba más que acostumbrada, sino porque era él precisamente quien había pronunciado esas palabras.

Sin saber exactamente qué contestar, sólo atinó a encogerse de hombros y después de observar a los hermanos reír y retornar junto al resto de la compañía junto a Bofur, quien todavía se sostenía la cabeza entre las manos, volvió a mirar al pequeño mediano.

Bilbo se encontraba refunfuñando, tenía hambre, sed y estaba agotado, y ni siquiera era medio día, bueno, tal vez sí, pero para el Sr. Bolsón pareciera que apenas llevaban una eternidad caminando en ese bosque. Lanzando un suspiro, trató de tranquilizarse pero el inesperado sonido de madera crujiendo, lo hicieron pegar un brinco de su asiento. Mirando hacia la dirección de dónde provino el ruido, viró la cabeza a ambos lados, hacia atrás y nuevamente hacia enfrente, tratando de localizar donde se encontraba cada integrante de la compañía, sólo por si se llegase a ocupar. Pero para su pequeña desgracia, la mayoría le prestaba atención a las habladurías de Bofur y su cercana vista con la muerte.

Luchando contra el impulso de castañear los dientes, se mantuvo quieto, a la espera de que aquello que hubiera provocado el retumbo, se hiciera presente, aunque él rezaba porque no lo hiciera. Y el sonido se volvió a oír, seguido de algunas ramas moviéndose en los arboles aledaños a donde se encontraba. Conteniendo la respiración, sus ojos se abrieron al observar a la curiosa criatura que acababa de saltar de rama en rama hasta posarse en una muy cercana a él. El ser era pequeño, peludo y con los ojos más saltones y brillantes que hubiera visto. A simple vista la criatura parecía inofensiva, incluso se podría considerar como una mascota para el hogar, un pequeño animalito que brindara la comodidad de la compañía en las tardes de lluvia y las noches de invierno, pero tal como le vino ese pensamiento, rápidamente fue reemplazado. Si había algo que Bilbo Bolsón hubiera aprendido durante lo que llevaba de viaje con la Compañía de Thorin 'Escudo de Roble', era que no todo es lo que aparenta, y ese inocente animalillo no sería la excepción, un truco oscuro debería tener guardado.

Con cautela, fue descendiendo hasta quedar a línea del suelo y tomar a tiendas una de las rocas que se hallaban en el camino. Volviendo a erguirse, atinó la dirección y fuerza con la que debería lanzar la piedra pero justo cuando levantó la mano para hacerlo, un agarre determinante le detuvo. Mirando a quien le impidió lanzar el objeto contundente, se encontró con la brillante mirada dorada de Hermione, los ojos de la muchacha irradiaban una luz que le indicaban a Bilbo que se encontraba en serios problemas. Tragando saliva, el hobbit se dijo que los peculiares ojos dorados de la muchacha podrían llegar a ser tan hermosos como el oro líquido en constante movimiento, como igual de aterradores en singularidad del muro de hielo más amenazante y escalofriante que existiera.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —le preguntó, aún sin soltarle el brazo, pero el mediano no contestó y Hermione negó levemente con la cabeza—Ellos no te harán daño, no tienes de que preocuparte.

No del todo confiado, Bilbo volvió a fijarse en la curiosa criatura sobre la rama del árbol. ¿Cómo podría confiarse en que tan pequeño ser no lograría causar daño? No era estúpido y bien tenía entendido que, sin importar el tamaño, cualquier criatura podría causar un porcentaje de daño, para bien o mal. Y de acuerdo a como era su eterna karma, siempre resultaba para mal, a excepción de los thestrals, esos caballos alados resultaron ser cuero de otra correa.

Emitiendo algo parecido a un diminuto quejido, se dijo que tal vez, sólo tal vez, se encontraba exagerando en el asunto. Forzando un intento de sonrisa, pensó que una oportunidad a las criaturitas no les vendría tan mal, pero su relajación se encontró en un punto crítico al observar el inusual, y para nada natural, movimiento-acción que el curiosillo animalejo realizó. Tallándose los ojos, volvió a observar al mono blanco que colgaba del árbol, sólo para presenciar de nueva cuenta la impactante escena.

—¡¿Q-q-qué f-fue eso?!—preguntó, exclamando y señalando hacia la criatura—¡Hermione! ¡¿C-có-cómo hi-hizo esa co-cosa?!

Lo único que escuchó como respuesta fue la estridente carcajada de Hermione. Ni siquiera se dio la oportunidad de razonar en que la muchacha se estaba burlando de él, su mente sólo estaba enfocada en la ilógica acción que vio hacer al animal.

Aun soltando algunos suspiros de la risa, Hermione se limpió los restos de las lágrimas que la carcajada le provocó, antes de contestar:

—Tranquilo, Bilbo—le dijo, en apoyo le colocó una mano sobre el hombro—No te harán daño, son tan letales como la hora del té por la tarde—pero Bilbo no encontró el humor impregnado en las palabras de la muchacha, negando con la cabeza, ella añadió: —Se les conoce como demiguise. Son seres completamente inofensivos, incluso me atrevo a jurar que rayan en la línea de lo más aburrido que existe en toda la Tierra Media.

Bilbo Bolsón siguió sin comprender. De acuerdo, le acababa de explicar el nombre del curioso ser, pero esa no era su verdadera incógnita a resolver.

—Muy bien, un punto menos—dijo, señalando la mención del nombre de la especie de mono—Pero serías tan amable de explicarme: ¡¿cómo diablos acaba de desvanecerse de un segundo a otro?!

Hermione se echó el cabello hacia atrás, al menos el pequeño saqueador no había comenzado a crear una escena llena de pánico y discordia.

—Si lo que te preocupa es que termines siendo el platillo principal, te equivocas. Son seres pacíficos y sobre todo herbívoros, Sr. Bolsón—le dijo, explicándole otro de los puntos que para el hobbit aún no habían sido resueltos. Notándolo más calmado, continuó con la explicación:—Los demiguise poseen la capacidad de volverse invisibles, tal como el ejemplo que acabas de ver. Es uno de los hechos más extraordinarios que existen en este mundo. No hay nada del por qué alarmarse.

El mediano observó atentamente a la muchacha antes de asentir, mirando una vez a la criatura denominada como demiguise, prestó más atención a la fantástica pero casi anti-natural acción que los monos realizaban. Al principio le costó adaptarse a la vista de verlos desaparecer y aparecer en distintas direcciones, primero observaba a uno sentado sobre la rama alta de un árbol a 12 metros de él, después desaparecía y detectaba a otro emerger entre los espacios de los troncos que casi rozaban el suelo. Si se tomaran el tiempo y la delicadeza de preguntarle lo que opinaba al respecto, Bilbo Bolsón diría que observar a esa pandilla de monos malabaristas, era una mezcla de turbación y paciencia.

—Me resulta extraño mirar demiguises en este bosque, por mucho tiempo supuse que se encontraban en las lejanas tierras ubicadas al este de las Montañas Nubladas, más allá de las puertas de Moria—habló Hermione, más para sí misma que para alguien en específico—Puede que esta sea una de las últimas manadas que existan, por no decir que la única.

Bilbo enarcó una ceja, curioso por lo que acababa de escuchar decir a Hermione. Y claro, su inmensa curiosidad Tuk le impedía dejar esas palabras dichas al viento como un desperdicio de información jugosa.

—¿A qué te refieres con una de las últimas manadas? —Hermione lanzó un suspiro.

—Los demiguise son criaturas sumamente codiciadas por sus pieles, Maestro Bolsón, porque es con su cabello que pueden ser tejidas capas de invisibilidad—el hobbit abrió desmesuradamente los ojos—Aunque las capas hechas de su pelo se vuelven opacas con el pasar de los años y pierden el efecto de invisibilidad con el tiempo, las personas aún siguen cazándolos. Tal parece que estas dos razones no les importan mucho.

—Es muy triste—dijo, sintiendo un espacio vacío.

—Sí—dijo Hermione—Lo es, sin duda.

Reteniendo el suspiro melancólico que su pecho amenazaba con expulsar, Bilbo comenzó a pensar en la crueldad que estos animales pasaban. No sólo se encontraban expuestos a los peligros de los depredadores, algo que de por sí era bastante malo, sino además que debían lidiar con la amenaza que los hombres representaban para ellos. Vivir refugiándose y corriendo para no ser asesinado por un don que los demás anhelan, era en verdad agobiante. Pensando un poco más en cómo sería la vida de estas criaturas, cayó en la cuenta que el vivir de Hermione resultaba ser exactamente igual a la de los demiguise; ella tenía que vagar de un sitio a otro, sin ningún lugar fijo para quedarse, porque aquellos que no aceptaban su sangre mestiza la despreciaban y amenazaban con asesinarla. Una nueva ola de aflicción le cubrió el rostro, no pudo evitar preguntarse cuánta crueldad habría visto y vivido la muchacha en sus cortos y largos días de vida.

Tan sumergido se encontraba en sus cavilaciones, que ni siquiera se dio cuenta que Hermione le estaba hablando.

—Tierra llamando a Bilbo, Tierra llamando a Bilbo—decía ella, mientras le daba leves toquecitos en la frente o jaloncillos del cabello rizado—Responda Capitán Bilbo, cambio. Aquí Hermione, esperando señales de vida.

—¿Qué? ¿Qué pasa? —preguntó, desorientado.

La muchacha soltó una medio carcajada.

—Eso es lo que yo pregunto: ¿qué demonios sucede? Te has ido de repente, incluso comencé a pensar que tu espíritu se encontraba en un plano astral—bromeó, casi en tono de chiste blanco mezclado con un toque de sarcasmo.

Sacudiendo la cabeza, Bilbo se enfocó en el momento.

—Disculpa, no me di cuenta—pero ella sólo se encogió de hombros.

—Será mejor que dejes de soñar despierto, Bilbo, porque el tiempo del descanso ha terminado.

—¡¿Qué?! —preguntó, exclamando y casi gritando, ¿acaso su amado y bendito descanso se había esfumado tan rápidamente?

Ella volteó a verlo arqueando una ceja, con una expresión en su rostro que denotaba lo obvio y desafortunado del asunto. Casi se encontraba a punto de hacer un berrinche, con pataletas y temblores propios de un infante de cuatro años o de una mujer gorda que a fuerzas desea encajar en una talla de vestido dos veces más pequeña. En verdad deseaba poder quedarse sentado un ratito más, sus cansados y peludos pies se lo agradecerían a Thorin 'Escudo de Roble' toda su vida, bueno, al menos si regresaba Bolsón-Cerrado como el contrato estipulaba.

"¡No puede estar sucediendo!" se decía, una y otra vez, mientras recogía su improvisada mochila y la cantimplora de agua que el cambia pieles le había obsequiado "¡Maldigo, una y otra y otra vez a los enanos y sus misiones de recuperación de montañas solitarias habitadas por dragones con sed de oro!"

Y entre tanta maldición, no detectó al preventivo movimiento que se hizo a su espalda. Callando de poco en poco, comenzó a tomar nota que los sonidos que los demiguise emitían ya no se escuchaban, lo único audible en ese pequeña parte del bosque era el estruendo que la compañía de enanos hacía y los murmullos entre dientes que él mismo invocaba para conjurar maldiciones a sus compañeros de viaje, sobre todo a cierta mujer esposa de un enano rey en particular.

Sintiendo la garganta apretada, los labios secos y una tensión en los hombros que bajó por su columna hasta sentirse un escalofrío en la palma de sus peludos pies, comenzó a sospechar que nada bueno saldría que lo que sea que estuviera por suceder. Porque era más que obvio que algo malo estaba por acontecer, que Iluvatar 'El Único' lo castigara si se estaba equivocando.

—Bilbo—Hermione lo llamó, pero su atención estaba centrada en la inmóvil manada de demiguise a unos árboles de la compañía—Oye, Bilbo, te estoy habla-

Hermione calló de golpe, pero en lugar de volver a oírla llamándolo, la escuchó comenzar a olfatear en el aire. Había algo extraño en el viento, un olor casi inapercibido pero tampoco difícil de detectar, al menos para los de sentido desarrollado. Y a Bilbo, eso, definitivamente, no le daba buena espina.

De repente, los monos que habían permanecido misteriosamente quietos y callados, comenzaron a aullar, gritar y balancearse de una rama a otra. Lanzándose de un árbol a otro, trepando arriba y abajo como huyendo de un mal no visto. A Bilbo no le sorprendería que toda la compañía se encontrara expectante del show, nada silencioso, que las criaturas se encontraban montando. Entonces, de un segundo a otro, se escuchó el seco sonido de madera crujiendo, pero no como lo harían las ramas al moverse, el estruendo de madera fue similar al impacto de un tronco siendo arrancado; seguido del sonido de un cuerpo chocando contra el suelo acompañado de la desgarradora resonancia de dientes, dientes filosos, hundiéndose en la carne y despedazándola. Emitiendo un estruendo más fuerte que el anterior, la compañía observó expectante como los monos aullaban una última vez, como tratando de mantener a una presencia no grata apartada de ellos, antes de volverse invisibles y desaparece; lo único de quedó de ellos fue el sonido de las ramas por las que iban pasando.

El pequeño saqueador no sabía con exactitud qué decir, o pensar, en tal caso. Todo había sido tan rápido e imprevisto que difícilmente él lograba darse una explicación coherente, y eso que era un hablador elocuente para auto-convencerse. Sobre todo, al perturbador ser que se hizo presencia después de la huida de los demiguise.

Que El Hacedor nos proteja…—escuchó la voz de Gloin, desde algún punto atrás en la compañía. Y aunque el enano había hablado en Khuzdul, a Bilbo no le quedaba la menor duda que se trata de un rezo desesperado, aún más por la extraña criatura que se dejaba ver frente a ellos.

Jamás había visto algo como eso en todos sus largos años, ni siquiera algo semejante en lo que llevaba del viaje con los enanos. El animal, que se encontraba demasiado concentrado desgarrando la carne del cuerpo sin vida de un demiguise, se hallaba de perfil hacia ellos. En un perfecto ángulo de posición para que el mediano detallara en la extraña (¿y por qué no decir? Fantástica) criatura.

El cuerpo era enorme, con una curvatura en la espalda alta que daba la semejanza a una pequeña joroba. La piel podría ser de un tono gris muy oscuro para rozar el negro o un tipo de azul que irradiaba claros purpuras, pero en la oscuridad del bosque era difícil identificarlos o diferenciarlos. Lo que si no podía ocultar la falta de luz, era la presencia de dos inmensos cuernos sobresaliendo de su cabeza, seguidos por pequeñas protuberancias que asemejaban espinas adornando el resto de su cabeza, el largo de su cuello y formando una delgada línea en la columna de la espalda hasta desaparecer en el inicio de la cola, la cual recordaba a la de un cocodrilo. Un inmenso cocodrilo que camina sobre cuatro enormes patas, que tan sólo de mirarlas daba la sensación que una sola patada te lanzaría hasta los límites del bosque con las Tierras Áridas. Pero aquello que causaba más terror (y fascinación) en el hobbit, eran las mortales fauces que sobresalían del hocico del animal. Grandes y filosos, se encontraban cuatro colmillos que sobresalían de la boca, dos hacia abajo y dos hacia arriba, y Bilbo intuyó que esas cosas no eran una herramienta de uso común como él que utilizaría un sartén para cocinar un par de huevos estrellas, sino como un arma para defenderse cuando se sintiera atacado.

Inconscientemente, había comenzado a rezar.

En pocas palabras: Podría resultar ser un descubrimiento extraordinario, sí tan solo se encontrara en un lugar seguro y no frente a la criatura, que en cualquier momento lo detectaría. Tal pareciera que los movimientos del ser se coordinaran con el rumbo de sus pensamientos, porque fue en ese momento en que el imponente animal alzó la cabeza y fijó sus ojos en ellos.

Bilbo sintió la respiración detenérsele.

—¿Hermione? —la llamó, casi en un susurro, como si la sola necesidad de hablar pudiera hacer enojar al animal.

—¿Si? —le contestó, ninguno de los dos se había movido ni dejado de observar al ser frente a ellos.

—¿Este también es inofensivo o debemos correr? —preguntó, aunque para ser sinceros, el pequeño saqueador ya intuía la respuesta en su fuero interno, sólo que deseaba porque en esta ocasión fuera diferente.

—¿Tú que crees? —le cuestionó la muchacha, una contestación en forma de pregunta.

La garganta se le cerró al hobbit, los ojos se le achicaron y una opresión le creció en el pecho. Bilbo sabía lo que eso significaba: quería llorar. Controlando la respiración hiperventilada que comenzaba a mostrarse en él, forzó a su voz a volver a hablar, aunque ni siquiera se molestó en ocultar el tono de lloriqueo y desesperanza.

—¿Correr? —la garganta se le apretó más al pronunciar las palabras.

Hermione asintió, antes de contestar:—Definitivamente.

Y acorde a la conversación que el hobbit y la mestiza habían llevado, los movimientos de la criatura se volvieron más agresivos, colocándose firme y emitiendo un fuerte rugido hacia ellos, antes de comenzar una carrera en su dirección.

—¿Por qué nunca puede ser siempre la primera opción? —todavía paralizado en su lugar, en verdad deseaba que esta situación fuera una pesadilla. Una monstruosa pesadilla.

—Bienvenido a la Tierra Media, Bilbo—dijo Hermione, digamos como un símbolo de apoyo para aminorar lo que estaba por suceder, aunque después de decirlo, su tono y semblante cambiaron—¡Ahora, corre!

No hubo que repetirlo dos veces, tanto el hobbit como la muchacha emprendieron marcha en la dirección contraria por donde venía la enorme criatura. La compañía se dispersó en cuestión de segundos, rehuyendo a reunirse en el mismo punto para evitar convertirse en un blanco fácil de la bestia. Hermione llevó consigo al mediano, tomándolo fuertemente del saco y empujándolo lejos del camino del animal, junto a Bifur y Bombur detrás de ella.

—¡Por las barbas de Durin! ¿Qué demonios es esto? —gritó Dwalin, escapando de la enorme pata que estuvo por aplastarlo.

—Es un Graphorn—gritó Balin—¡Tengan cuidado, esta criatura es sumamente peligrosa y agresiva!

Incluso entre todo el desastre que se estaba desarrollando, el bufido incomparable de Bofur se escuchó.

—¡¿No me digas, en verdad?! —exclamó, preguntado con sarcasmo al mismo instante en que tomaba a Nori de los pantalones y lo jalaba de la cola del graphorn que le hizo caer al suelo.

Debido a la pequeña estatura de los enanos, el enorme Graphorn se vio en dificultades para lograr tomar a alguno entre sus fauces, una ventaja que la compañía tomó como oportunidad para escabullirse entre los inmensos miembros y lejos de los cuernos, colmillos, patas y cola del peligroso animal, cada vez que uno se volvía el blanco de atención del enorme mamífero. Pero había un enano en particular que no se encontraba concentrado del todo en lo que estaba sucediendo: justo antes de que lograra razonar por completo en el tempestivo ataque del graphorn, Thorin había perdido de vista a su compañera y ahora, entre todo el tumulto de gritos, rugidos y miembros al aire, le era casi imposible localizarla. No fue hasta que la vio, del otro lado de donde se encontraba la criatura, resguardando la seguridad de Bombur, Bifur y Bilbo que su incontrolable conciencia se serenó un poco. Aunque la poca paz que obtuvo se convirtió en desesperación al percatarse en la nueva dirección que el enorme animal tomaba, se estaba encaminando hacia donde Hermione se encontraba.

Bombur y Bifur corrieron hacia la derecha, mientras que Hermione empujó el cuerpo del mediano hacia la izquierda, justo para quedar ella sola en la vista de ataque del graphorn. Sin inmutarse en desenfundar las cuchillas o apuntar con el arco, esperó hasta que el animal estuviera lo suficientemente cerca y justo en el momento, antes de que la arroyara, Hermione saltó sobre él, caminando por la cabeza y rodando por la espalda hasta quedar del otro lado, dejando a la inmensa criatura estrellarse contra la arboleda. Irguiéndose, se llevó una mano a su costado izquierdo, la caída le había lastimado.

¡!Ava! —Thorin la jaló fuertemente, sacándola del camino antes de que el graphorn volviera a atacarla.

Llevándola a la esquina contraria de donde se encontraba el animal, el enano observó con el ceño fruncido en profundidad, la mueca de dolor que la muchacha soltaba al sujetarse el costado.

—Muchacha, ¿te encuentras bien? —preguntó Balin, hincándose junto ella y tratando de revisar la zona dañada, pero Hermione no lo dejó.

—Estoy bien, estoy bien—dijo, quitando de un manotazo las manos del viejo enano—Hay cosas que requieren más de nuestra atención que yo.

Thorin estuvo a punto de replicar, pero la mirada que la muchacha le dio le decía que este momento no era el adecuado para hacer mención de sus derechos y preocupaciones matrimoniales. En está ocasión, el enano le tuvo que dar la razón a la mestiza. Ayudándola a ponerse de pie, observaron cómo era que Gloin, Bifur, Kili, Fili, Dwalin y Dori batallaban contra la criatura.

—¿Qué es lo que haremos? —preguntó Balin, esperando una solución de su rey o sino de su señora.

—La piel de los graphorn es gruesa, incluso casi intraspasable—habló Hermione, evaluando la situación—No como lo sería la piel de dragón… Tal vez, sí encontráramos un punto débil, lo suficientemente blando para clavar una espada, hacha o flecha, podríamos matarlo.

Balin asintió, esa idea le gustaba y Thorin pensó lo mismo. Pero antes de diera un solo paso, un fuerte agarre le obligó a quedarse en su lugar.

—Tú no irás a ninguna parte—Hermione observó boquiabierta al enano, ¿qué cojones acababa de decirle?

—Disculpa, pero… ¿Qué has dicho? —le preguntó, comenzaba a sentir nacerle un tic en el ojo.

—No te moverás de este lugar—ordenó Escudo de Roble, ejerciendo todo el tono de mando y poder en su voz—Balin, cuida de ella.

Pero si el rey enano creía que sería así de simple que Hermione aceptara sus ordenanzas se equivocaba.

¡Jodido enano arrogante!—bramó en Khuzdul, la muchacha—¡No soy una maldita paria! —el enano volteó a mirarla con el semblante de alguien que acababa de ser retado a muerte.

¡Es una maldita orden, y la cumplirás te guste o no!—le gritó también.

¡Me importa un carajo lo que me ordenes, ha sido mi idea y yo participaré! —arremetió ella enfrentando al hombre, con los ojos brillándole peligrosamente.

¡Terca y obstinada mujer!—gritó Thorin, con los dientes rechinándole del enojo.

Balin se sujetó el puente de la nariz, incluso él sabía que este no era el mejor momento para que una pelea matrimonial se diera a colación. Pero lejos de que la disgustada pareja continuara con sus dices y diretes, un grito de alerta les llamó la atención, haciéndolos volver a concentrarse en la prioridad que era deshacerse del graphorn. Hermione contuvo un gemido de angustia al observar cómo era que la colosal criatura arrancaba, con sus colmillos sobresalientes, las raíces del árbol donde Ori, Bilbo y Kili se habían ocultado.

Después de que Hermione lo empujara del camino del graphorn y verlo estrellarse con el tronco de los árboles, Bilbo se vio en la urgencia de buscar un nuevo refugio y pronto lo encontró entre las presencias de Oin y Nori, además de Ori, Kili y Fili. Con un movimiento de cola, Oin y Nori había salido volando en direcciones diferente, dejando a Bilbo, Ori y Kili solos. El joven príncipe armó su arco y aunque soltó siete flechas, ninguna logró traspasar la piel del animal. Sólo entonces Bilbo observó una pequeña abertura entre las raíces de un árbol casi caído, indicándoles a los otros dos, los tres se resguardaron en el profundo agujero antes de que la criatura siquiera alcanzara a rozarlos. Ahora ahí se encontraban, con un furioso graphorn ubicado en su única vía de escape y con toneladas de tierra detrás y bajo de ellos. Para Bilbo Bolsón Tuk, el encontrarse en un agujero, jamás había representado tanto peligro mortal.

Dwalin y Gloin trataron de hacer desistir al animal de continuar cavando pero sólo eran recibidos por furiosas patadas y movimientos de cola acompañados con rugidos que lo mandaban volar una y otra vez. Fili intentó hacer un movimiento precavido, colándose entre las patas del graphorn y tratar de envolverle las piernas traseras con una cuerda para tumbarlo. Pero la criatura, astuta en suma experiencia, notó las intenciones del joven enano y entre bufidos y violentos pisoteos, hizo al príncipe huir de la situación. Hubiera acabado muerto, de no ser porque una persona lo tomó del cuello de su abrigo y lo apartó de la enorme pata que se dirigía hacia él. El movimiento había sido tan rápido y sin aviso que le hizo trastabillar y caer rodando junto al enano que lo salvó, quien acabó sobre él. Cuando abrió los ojos, sus pupilas se abrieron en sorpresa al percatarse que el enano, no era precisamente un enano, sino una mujer, la mujer de su tío Thorin.

—Hermione…—susurró atónito, ni siquiera se podría decir que fue un susurro, las palabras habían sido dichas tan lentamente que se perdieron en el viento sin ser escuchadas. Levantándose, la muchacha miró una vez más al joven enano y sin decirle nada, retornó al campo de batalla. Fili se quedó un momento más tumbado donde estaba, miles de sensaciones y pensamientos estaban cruzando por su mente.

Tomando la situación en sus manos, Thorin blandió Orcrist y avanzando hacia el graphorn, le hizo una profunda herida en el muslo, seguida de otra que se profundizo en el costado izquierdo. Ese era el poder de una espada élfica, traspasar la piel más dura que existe. Exhalando un potente rugido, la acción logró tomar la atención completa del animal. Observando al enano que lo hubiera lastimado, alzó una enorme pata dispuesto a pisotearlo pero Thorin se escabulló debajo de la criatura apareciendo del otro lado y clavando el filo elfico en el otro costado. Algo que se ganó una golpiza de la cola, sin embargo, Escudo de Roble ya se había familiarizado el movimiento y no le fue difícil evitarlo. Estallando en furia, el graphorn esperó por volver a Thorin aparecer y cuando lo ubicó, cerca de sus cuartos traseros, se dio la media vuelta y lo embistió con uno de los largos colmillos sobresalientes de su hocico. Mandando al enano volar varios metros.

—¡Thorin!—gritó Hermione. Corriendo hacía donde se encontraba el enano, se percató que Escudo de Roble no tendría nada más allá que unos raspones y moretones pero ningún hueso roto o una herida de cuerno en su cuerpo. Además del ego herido, claro era.

Sintiendo una fuerza envolverla en un tipo de aura oscura, se dio cuenta de que se trataba de su propio enojo. Una furia dirigida hacia la criatura que acababa de poner en peligro la vida de su compañero. Irguiéndose de golpe, se dijo que esa criatura pagaría con creces sus acciones. Trasmutando en su forma huargo, lanzó un rugido al aire que capturó el interés del graphorn sobre ella; mirándola con una mezcla de enojo y ferocidad, pero no tanto como lo demostraban los ojos dorados de la muchacha.

Zaraph devi melekei naurhy—gritó Hermione al graphorn, hablando en la lengua de las bestias.

El enorme animal entrecerró los ojos.

Uruk balej yadokai—rugió, retando a la muchacha y cuando ella escuchó las palabras de la criatura, sus ojos relampaguearon en vibrante furia.

Un segundo después, la criatura se había dejado ir sobre ella, bajando la cabeza esperando embestirla con los cuernos. Hermione alzó las patas delanteras y lo sostuvo impidiendo que los cuernos se enterraran en su cuerpo. El graphorn, iracundo por no lograr lo que deseaba, comenzó a empujar, ejerciendo fuerza y haciendo que Hermione fuera arrastrada hacia atrás mientras seguía manteniendo los cuernos del animal lejos de ella, mientras que con garras y dientes daba mordiscos y zarpazos en la cabeza y la espalda del graphorn. Irritado, la criatura bajó un poco la cabeza y volvió a subirla empujando de un golpe a la mujer y haciéndola rodar varios metros por delante.

Del otro lado de donde se desarrollaba la pelea, Balin y el resto de los enanos habían corrido hacia donde se encontraban Bilbo, Ori y Kili, sacándolos del casi destruido agujero que por poco se convertía en su tumba. Al salir, el mediano se llevó las manos a la boca con una expresión de pánico al detallar en la situación en que Hermione estaba envuelta.

—¡Hermione! —gritó Kili, observando el momento en que la muchacha era otra vez golpeada y lanzada lejos.

Thorin apretó los puños, se sentía impotente en toda la extensión de la palabra. No podía intervenir aunque lo deseara, si lo hacía corría el riesgo de que Hermione terminara herida o muerta por tratar de protegerlo. Sintiendo la bilis juntársele en la garganta, ordenó al resto de la compañía no moverse, los demás entendieron, pero se mantuvieron expectantes ante cualquier movimiento u oportunidad de poder ayudar a su señora.

Sintiendo al cansancio hacer mella en ella, observó al enorme animal. Aunque no estaba resultando nada fácil hacerlo caer, bien que había logrado hacer innumerables heridas en las patas traseras, la cabeza y la joroba de la espalda. Harta de tener que seguir luchando, se dijo que terminaría con esta situación de una vez por todas. Se paró derecha, esperando de nueva cuenta una embestida del graphorn, el ser, iracundo por no verla muerta, se volvió a encaminar hacia ella. Hermione se levantó en sus patas traseras, elevando una de sus garras y dejándola ir con fuerza sobre el rostro del graphorn. El impacto había sido tan descomunal que la cabeza del animal casi daba toda la vuelta completa en 360 grados, haciéndolo perder el equilibrio y caer. Arrastrándose entre el ahumadero de tierra, los enanos miraron con sorpresa que Hermione acababa de arrancarle de raíz uno de los cuernos que sobresalían de la boca. Sacudiendo la cabeza, el graphorn siseó en un tipo de amenaza susurrante, acababa de perder el cuerno derecho superior y el inferior, del mismo lado, se encontraba partido a la mitad; sin olvidar hablar de la inmensa marca que las garras del huargo dejaron en ese lado del rostro.

Hermione emitió un estridente rugido, dando a entender una advertencia por si el animal deseaba volver a atacar. Golpeando el suelo una y otra vez con sus patas delanteras, la muchacha continuó rugiendo y lanzando gruñidos hacia el intruso hasta que observó al graphorn bajar la cabeza y meter la cola entre las patas.

¡Farelesi!—le gritó.

El graphorn, comenzó a retroceder poco a poco, pero cuando miró que la muchacha se dirigía hacia él, su lento caminar se volvió un trote y después en una carrera. Corriendo, se internó de regreso en el bosque con la muchacha pisándole los talones.

La compañía todavía se quedó unos minutos en su lugar, antes de soltar el aire que había estado reteniendo y detallar que se encontraban fuera de peligro. Incluso, aún podían escuchar los gimoteos del graphorn y los rugidos de Hermione mientras lo perseguía.

—De la que nos hemos salvado—dijo Gloin, sentándose en el suelo y dejando caer el hacha.

—¿Por qué demonios hay una criatura como esa en este bosque? —preguntó Fili, todavía algo espabilado por lo que acababa de suceder, pero nadie le contestó. Y no le molestó la falta de contestación, su atención estaba enfocada en el punto por donde Hermione había desaparecido y ella aún no retornaba. Además, aún continuaba fresco en su mente que ella le salvara del graphorn. Inmediatamente, comenzó a sentir un escozor en el pecho.

Retomando el aire perdido y recuperando la presión cardiaca normal, la compañía esperaron porque la muchacha regresa, no pasó más allá de cinco minutos cuando Hermione volvió, luciendo ahora en su versión humana. Mirando en todas direcciones, buscó indicios de que algún miembro del equipo estuviera herido o lastimado, agradeció fuertemente a Ilutavar y Mahal porque este no fuera el caso.

—¿Están todos bien? —preguntó, tratando de asegurarse como precaución.

Muchas cabezas asintieron y otras medio cabecearon una afirmación, pero lo que rompió el silencio de la compañía fue la incomprensible risa que el mediano soltó en ese momento.

—¿Bien? ¡¿Bien?! ¡¿Ella dijo bien?!—el gritó de Bilbo era desconcertante—¡Por supuesto que no estamos bien! ¡Nada dentro de este maldito bosque lo está!—continuó, señalando a su alrededor como vivo ejemplo de sus palabras—Tus preguntas no necesitan respuestas cuando claramente son vistas, e incluso, vividas.

—Relájate, Señor Bolsón—habló Fili—Cualquiera diría que estas a punto de perder la cabeza.

El pequeño saqueador lanzó un refunfuñado, era claro que el estrés que acababa de pasar le había hecho desquitarse con el primero en cruzarse en su camino.

—Bilbo, tranquilo—le dijo Hermione. El mediano sintió una opresión en la garganta, culpa es lo que era. Cabeceando, asintió, dejándose caer por completo en el suelo, necesitaba sentir algo de estabilidad.

Negando una y otra vez, la muchacha relajó los hombros, comenzaba a sentirlos realmente pesados. No pasó mucho para que los enanos iniciaran con alegatos y disturbios, argumentando que se encontraban lo suficientemente cansados para continuar caminando, pero para Hermione esas palabras le eran insignificantes.

—Si nos quedamos aquí, corremos el riesgo de que el graphorn regrese y dudo que alguno de ustedes deseen volver a verlo—eso llamó la atención de los enanos—Así que si lo que quieren es evitar otra situación como la de hace un momento, les aconsejo que levanten sus miserables traseros y encontremos un lugar para pasar la noche.

Mucho no les quedó para llevarle la contraria a la muchacha, sobre todo después de que Thorin les ordenara enérgicamente que comenzaran a caminar. Ese día había sido el peor de todos desde que entraran en el bosque, bueno, el segundo peor, porque aquel donde habían cazado la ardilla se tomaba el puesto número uno. Una hora después, la compañía se encontraba instalándose en el pequeño escudriñado lugar que Fili y Kili habían localizado. Las tareas rutinarias del campamento se vieron más lentas y hurañas de lo normal, cuando en menos de 20 minutos el fuego y la comida estaban listos, ahora les tomó cerca de 40 minutos (el doble de lo establecido) para que cada integrante de la compañía fuera alimentado.

Hermione observó con algo de aburrimiento el contenido en su cuenco, era estofado de papas y zanahorias, lo mismo que llevaba comiendo desde el inicio del viaje. Haciendo una mueca de hastío, dejó el plato en un lugar apartado, no tenía deseos de continuar su cena. En verdad se preguntaba cómo diablos había estado alimentándose de papas y zanahorias por más de 13 meses, esa pregunta merecía una respuesta. Contando ovejas imaginarias, no le prestó atención a los pesados pasos que se acercaban a ella.

Ava…—la muchacha volteó a mirar al enano, quien se sentó junto a ella y la observaba fijamente. Hermione pasó saliva con dificultad, esa mirada no indicaba nada bueno. Pero antes de que abriera la boca para hablar, el movimiento de la mano de Thorin la impresionó.

Él había alzado la mano, colocándola gentilmente sobre la mejilla de la joven, delineando el rasguño que yacía sobre la piel. Frunció el entrecejo, maldiciéndose por no estar haciendo un buen trabajo como compañero al permitir que en su mujer, recayeran este tipo de daños; aun cuando sólo se trataba de un simple y mundano rasguño. Pero Thorin era un enano posesivo y celoso, resguardando lo que desea y ama de cualquier probabilidad que le amenazara con arrebatárselo.

¿Te sigue molestando el costado? —preguntó, con sus ojos indicándole la zona afectada durante la pelea contra el graphorn.

A Hermione casi le dieron ganas de reír como una idiota.

No es nada—le dijo ella, sonriéndole con cariño—Para mañana estaré mejor, es uno de los beneficios de la sangre de dragón—y le guiñó un ojo.

—¿Sangre de dragón has dicho? ¡Claro! ¿Cómo no lo pensé antes?—ambos voltearon a mirar a Oin, cada uno con una ceja arqueada en clara expresión de desconcierto, pero el enano no les prestó atención. En su lugar, el viejo herbolario comenzó a rebuscar en su mochila, sacando y haciendo un torbellino de mantas y artilugios que llevaba cargando. Al menos, hasta que exclamó en señal de haber encontrado lo que estaba buscando—Esto será suficiente para curar las heridas de los demás.

Hermione observó curiosa el pequeño frasco que Oin llevaba en la mano. Tomándose su tiempo en tratar de identificar de qué se podría tratar, sus ojos se abrieron de par en par al percatarse que dentro de ese frasquillo se encontraba una extraña mezcla de las hierbas hervidas que Oin utilizaba para sanar y la sangre que voluntariamente le había otorgado al enano. Sintió una ligera sacudida, el hombre era en verdad extravagante en sus formas de curar heridas y malestares.

Y aunque al inicio, ninguno de los enanos se dignó en probar el nuevo menjurje del sanador, poco después, y a costa de su voluntad, todos se vieron con pastas de color lila cubriendo los raspones y heridas que obtuvieron durante la pelea. Pero en esta ocasión, no se escucharon alegaciones y vituperios después de que fueron atendidos, porque desde la opinión de los enanos, este ungüento era la primera medicina hecha por Oin que no les provoca: vómito, diarrea, malestar estomacal, mareos, alucinaciones, pérdida del habla o memoria, desequilibrio, calentura mayor a los 40 grados, y en el peor de los casos, disfunción eréctil.

Encogiéndose levemente de hombros, la muchacha retornó sus ojos al punto musculoso que se encontraba junto a ella, y el cual, aun no le quitaba los ojos de encima. Enarcando una ceja, ladeó un poco la cabeza antes de dedicarle una sonrisa traviesa al enano. Escudo de Roble se preguntó si Hermione acababa de leerle la mente, porque lo que acababa de pasar por ella no resultaba ser muy caballeroso e inocente que digamos y la sonrisa pícara de su mujer no era de mucha ayuda para responder a su cuestionamiento.

—¿Cuándo crees que se besen? —Bilbo casi escupe el pedazo de zanahoria que llevaba mordiendo por más de 15 minutos.

Limpiándose los restos del estofado que no alcanzó a retener en la boca, observó a Bofur, quien se encontraba sentado junto a él. El enano se masajeaba con delicadeza las puntas de su bigote, con una expresión en el rostro que el hobbit dedujo como quien sabe algo pero no lo dice.

—¿Q-qué has dicho?—preguntó, tal vez había escuchado mal, pero tratándose de Bofur siempre era lo primero que se oía.

El enano lo miró con un gesto como si le costara entender que el saqueador no comprendiera a lo que se refería.

—Dije: ¿cuándo crees que se besen? —lo repitió—Vamos, Bilbo, no es tan difícil de entender.

—¿Besarse? —preguntó de nuevo, aunque la simple incógnita fue un auto-reflejo de corroborar sus sospechas.

—Sí, besarse—razonó Bofur, hablándole como lo haría un padre a su hijo de tres años—Es decir: la unión de labios, la mezcla de fluidos, el compartir saliva, picoretes tiernos, los besuqueos discretos e indiscretos, el baboseo entre ambos, el toque-roce-contacto que harán sus labios al juntarse… Espera…—Bofur se calló por un momento—¿Sabes lo que es un beso, Bilbo?

Ni siquiera se dignó en contestar, sólo dio una fuerte inhalación que dejó escapar en un suspiro que demostraba lo pronto que estaba por darle una terrible jaqueca.

"Estos enanos y sus formas tan directas de decir las cosas" se dijo, pero no podía negar que algo en ello resultaba ser sumamente gracioso.

—Te apuesto 10 monedas de oro y 5 de plata que en menos de un mes, ellos terminan besándose—dijo Bofur, sonriente.

Bilbo exclamó contrariado. Ahora sí tenía jaqueca.

[…]

"Hay un arroyo en el bosque con un oscuro encantamiento, no toquen el agua. Cruzarlo por el puente de piedra" Bilbo repetía una y otra vez las últimas palabras que Beorn le dijo antes de verlos partir y dejarlos marchar hacia el bosque.

Y en los últimos días, habían estado buscando y buscando y buscando ese puente. Pero del bendito arroyo, ni el sonido del agua se escuchaba, es como si no existiera. Por no hablar de que los ánimos en la compañía comenzaban a elevarse a niveles de desesperación y fastidio caóticos. El único lado positivo de toda esa descarrilada caravana, era que no habían perdido el camino. Siempre que se paraban a descansar era junto a él y ni siquiera se había visto en la idiotez de alejarse.

Durante las largas horas en que conllevaba recorrer el estrecho, polvoriento y destartalado camino, los enanos se habían visto en la obligación de tomar turnos para guiar al resto. En ocasiones hubo partes donde cuando el que iba de líder amenazaba con descarrilarlos, debido al cansancio, otro salía para volver a encaminarlos por la ruta correcta. La mayoría de las veces era Dwalin, Balin, Thorin, Fili o Hermione quien llevaba la delantera, pero si le preguntaban a la muchacha, ella prefería quedarse en la parte trasera de la fila. En ese lugar le era más fácil distinguir o percibir si algo o alguien los observaba o perseguía.

—Aire, necesito aire—se quejaba Bofur.

—La cabeza, me da vueltas—le siguió Gloin, tal pareciera que estaban sincronizados.

Se escuchó un resoplido.

—¡Dejen de quejarse y caminen!—bramó Dwalin, él también se hallaba cansado, pero no estaba haciendo berrinche por ello.

En respuesta sólo se escucharon las sandeces que ambos hombres le exclamaron al enano tatuado. Palabras que fueran recibidas y contraatacadas, iniciando una revuelta, esta era la cuarta en lo que se llevaba del día. Para Bilbo, que intuía podrían pasar de las 12 del mediodía, le era equiparable a las 10 de la noche más desagradable de su vida.

Se encontraban sedientos y de las cantimploras que el cambia pieles les había regalado ya no quedaba mucha agua, y eso que cada uno cargaba con la suya propia. En todo el trayecto no habían visto manantiales ni arroyos, además, aunque los hubieran encontrado, se dudaría que tocarían esa agua, las advertencias del gigantesco hombre no estaban a discusión para ser ignoradas. Así estaban cuando un día descubrieron que una corriente de agua interrumpía el sendero.

—Hemos encontrado el puente—gritó Dori, parándose. Era él quien guiaba al grupo en esta ocasión.

Lenta y pausada, pero no demasiado ancha, el agua del arroyo fluía cruzando el camino; y era negra, o así parecía en la oscuridad. Incluso daba la ilusión de asemejarse a un lago, un enorme lago negro estancado en medio de un oscuro y tenebroso bosque. Fue bueno que Beorn les hubiese prevenido contra el uso del agua, o hubieran bebido y llenado alguno de los odres vacíos en la orilla, sin preocuparse por el color. Así que sólo pensaron en cómo atravesarla sin mojarse. Se podía observar el inicio de un gran puente de piedra, pero para decepción de la compañía, si alguna vez hubo un puente allí, ahora se encontraba sólo las ruinas de él. Tal vez se había podrido con el tiempo y había caído al agua dejando sólo los postes quebrados cerca de la orilla.

—Podríamos cruzarlo a nado—propuso Bofur.

—¿Acaso no recuerdas las instrucciones del cambia pieles? —preguntó Thorin—La magia negra pesa sobre el bosque. Este arroyo está encantado.

Varios de los enanos soltaron un suspiro, ¿cómo se suponía que cruzarían el arroyo entonces? Pero esa respuesta no aminoró la personalidad bromista y juguetona de Bofur.

—Está encantado de qué—dijo el enano de sombrero gracioso, incluso en momentos como ese, se daba el tiempo de hacer bromas, y Bilbo no supo ocultar su risa. Ni siquiera Kili, Ori y Hermione, a ellos les había parecido un buen chiste, aunque una sola mirada de advertencia por parte de Dwalin les hizo callar.

—Debemos encontrar otra forma de cruzar—habló Thorin, casi dando una orden para que los demás comenzaran a pensar en ideas o tal vez sólo por decir algo.

Bilbo soltó un suspiro mientras negaba con la cabeza. Dejando a los demás hacer sus propios planes, centró su aguda vista en las negras aguas del arroyo.

"Tan profundas y oscuras, tal pareciera que tiene vida propia" pensaba el mediano, meditando sin dejar de observar el arroyo, es como si le atrajera y le sedujera de una forma indirecta, pero profundamente efectiva. Despabilándose de un zangoloteo, se dijo que no sabía por qué, pero tenía la ligera sensación que ese arroyo escondía más de lo que aparentaba.

Arrodillándose en la ribera, miró adelante y sus ojos captaron la difuminada figura de una construcción, con una estructura familiar. Tallándose los ojos, volvió a mirar en esa dirección, descubriendo el método que les ayudaría a cruzar el río.

—¡Hay un bote en la otra orilla!—gritó, llamando la atención de la compañía.

—¿A qué distancia se encuentra? —le preguntó Thorin, siempre impregnando sus palabras con ese tono de orden.

Bilbo cabeceó un par de veces.

—No muy lejos. Tal parece que se encuentra anclado—dijo, mientras lo señalaba.

—¡Ya lo veo, ya lo veo! —exclamó Dori.

En un santiamén, varios enanos se encontraban en la ribera para observar al pequeño bote, pero ninguno sabía cómo llegar hasta él.

—Sí tan sólo se encontrara de este lado del arroyo, nos haría el camino más fácil—dijo Balin, tal parecía que su comentario era más bien una queja que una simple oración.

Hermione soltó un suspiro, levantándose de la roca donde se había sentado y estirando los miembros de su cuerpo como si fuera hacer una clase de práctica de gimnasia.

—Tal parece que yo tengo que volver a salvar el día—dijo, encaminándose a la ribera donde los postes clavados eran lo único que quedaba del puente de piedra.

Ni siquiera llegó a la orilla, cuando una mano sujetando su brazo le hizo dar la vuelta.

¿Qué se supone que estás haciendo? —la expresión de Thorin daba a demostrar que no le gustaba la idea que ella pudiera estar tramando. La muchacha se preguntó a donde se habían ido esas cláusulas que el enano y ella hubieron estipulado la otra noche.

"De seguro le entraron por un oído y le salieron por el otro" pensó, y la verdad no dudaba que fuera cierto.

Tranquilo, querido—le dijo, colocando una mano sobre la del enano. Tal pareciera que jugaba con la sobreprotección que Escudo de Roble le daba.

Sonriéndole socarronamente y con un poco de picardía, la muchacha miró hacia la compañía, pero su sonrisa se medió borró al toparse con los ojos azules de Fili. Dubitativa, fijó sus ojos en la figura justo detrás del joven príncipe.

—Ori—el aludido pegó un brinco y miró a la mujer, quien le hizo una señal para que se acercara.

Cambiando a su forma huargo, la muchacha le indicó al enano que montara sobre su lomo junto con sogas y un gancho. Al parecer, la idea de la mestiza era saltar hasta el otro lado del arroyo y que Ori se encargara de enganchar la pequeña embarcación para que le sirviera al resto de enanos para cruzar el río oscuro. Thorin frunció el entrecejo, no le agradaba la idea, pero debía reconocer que era la única lo suficientemente buena para ser aceptada. Aún con algo de renuencia dejó que Ori subiera en ella.

—No es justo, ¿por qué no puedo ser yo? —se quejó Kili, tal como lo haría un pequeño de cinco años al no conseguir que su padre le comprara un helado.

—Kili, cierra la boca—le regañó Dwalin, y el joven príncipe no tuvo otro remedio más que mantener el silencio o enfrentarse a la furia del Señor Nada Amable Hermano de Balin.

Hermione rodó los ojos. Siempre era lo mismo con ese muchachito.

—¿Listo? —preguntó ella, pero no le dio tiempo al enano para responderle, la muchacha saltó de la orilla y el muchacho se aferró al pelaje del lobo.

El aterrizaje no había sido del todo amable. En el momento en que tocaron tierra, Hermione había cambiado radicalmente a su versión humana, sosteniéndose la cabeza como si le estuviera doliendo. Cuando Ori llegó hasta el bote, una expresión de pesadumbre cruzó por su rostro, instalándose y volviéndose más obvia conforme miraba más y más a la embarcación.

—Tenemos un serio problema por acá—los enanos le escucharon, sin entender a qué se refería con serio problema. Entonces, el enano añadió:—El bote se encuentra agujerado, tiene más hoyos que los calzones más viejos de Dori.

Si los ánimos no hubieran estado tan bajos por las malas, terribles, noticias, los enanos estarían carcajeándose y soltando referencias respecto a la ropa interior agujera que Dori utiliza.

—¿Y cómo cruzaremos? Al no tener bote, las ideas han disminuido—dijo Nori, recargándose en uno de los postes que formaron al puente.

Bofur chasqueó los dedos, acababa de ocurrírsele una brillante idea.

—¡Oye, Hermione! —le llamó. La muchacha volteó a verlo de reojo—¿Crees puedas cruzarnos a todos tal como lo has hecho con Ori?

La mestiza ahora lo miró directamente, gruñéndole como perro rabioso antes de gritarle en Khuzdul:—¡Consigan su propia vía de cruce!

Dándole la espalda, se sentó en la roca más próxima y se volvió a sumergir en el horrible mareo que aún no cesaba. Thorin la observó fijamente, algo le ocurría. Fue entonces que la voz de Kili se escuchó:

—Miren, estás lianas parecen fuertes—dijo, señalando la inmensa ramera que se enredaba de árbol a árbol en distints orillas del arroyo—Podríamos utilizarlas para cruzar—sugirió, comenzando a escalar en una, pero la potente voz de su tío lo detuvo.

—Kili—el muchacho volteó a verlo—Primero el menos pesa…

Sin necesidad de volver a repetirlo, la compañía comprendió a quien se refería el rey enano, y todos dirigieron su atención al mediano que se encontraba taciturno en la orilla de la ribera. Sintiéndose observado, Bilbo miró hacia atrás sólo para encontrarse con los ojos de 12 enanos fijos en él. Había escuchado a la perfección la orden de Escudo de Roble, pero no le había tomado importancia, no hasta que comprendió que él era el miembro más pequeño y sacudido de carnes de la compañía. Ahogando una exclamación de profunda indignación, se abrió camino entre los hombres con toda la dignidad que le era posible. Detallando en lo que estaba a punto de cruzar, sólo se permitió darse un auto-consuelo.

Al inicio comenzó caminando entre las lianas más gordas, no había problema con ellas; eran tan fuertes que andar sobre ellas resultaba ser una travesía sumamente fácil. El verdadero problema vino cuando esas lianas se acabaron y lo único que había al alcance era unas más delgadas. Sujetándose con fuerza, Bilbo se las tuvo que apañar con toda la paciencia de la que era poseedor para terminar de cruzarlas.

—Están bien. Yo no veo ningún problema—habló el mediano, aludiendo que las lianas no se romperían con facilidad. Pero justo cuando creyó ubicar correctamente los pies, uno de ellos resbaló y en dos segundos, el pequeño saqueador se encontraba colgando de cabeza, aferrándose a la liana con las piernas y evitando a toda costa caer al agua hechizada—De acuerdo, ahora sí veo un problema.

Enderezándote como pudo, pronto se vio otra vez de regreso escalando entre las lianas. Mirando hacia el frente, vislumbró que faltaba muy poco para llegar a la orilla donde Ori le esperaba, expectante. Dándose ánimos, se balanceó entre la hilandera, y entre uno de sus balanceos, el pequeño saqueador se volvió a ver en una situación donde por poco cae al agua. A sólo centímetros del oscuro líquido del arroyo, Bilbo miró su reflejo, era tan claro y preciso como si se estuviera observando en un espejo. De hecho, comenzaba a sentir la urgente necesidad por sumergir la cara en el agua, probarla, degustarla y dejarla arrastrarlo entre la corriente… Parpadeando confuso, se obligó a recordar que hacía exactamente en ese lugar. Tragándose el agrio sabor que dejó haber visto su reflejo en el arroyo, Bilbo terminó por cruzar, dando un salto para llegar hasta la orilla; pero la caída le había salido mal y terminó raspándose las piernas y palmas de las manos.

Retomando aire, se dijo:—Aquí pasa algo, y es algo malo—estaba completamente seguro de ello. Sentándose, giró su cuerpo hacia la compañía:—Quédense donde están, esperen un momento—pero sus palabras no fueron de mucho, porque justo cuando elevaba sus ojos para mirar a los enanos, se sorprendió al percatarse que toda la caravana se encontraba cruzando el arroyo a través de las lianas.

—Bienvenido a tierra firme, Sr. Bolsón—Bilbo observó a Hermione mirando desde arriba, con una mueca que podría ser una sonrisa.

Poco después, Thorin arribaba a la orilla, dejando saber su presencia con un estridente sonido seco de su salto hacia la ribera.

Ava—llamó inmediatamente—¿Ocurre algo?

Hermione cabeceó un par de veces, no muy segura.

—No sabría explicarlo—el enano arqueó una ceja—Hay algo extraño en este arroyo, sería mejor que nos diéramos prisa y nos alejáramos de él, cuanto antes mejor.

Thorin llevó una mano hasta el rostro de la muchacha, colocando delicadamente un mechón de cabello detrás de la oreja, antes de asentir. Hermione le sonrió en respuesta. Y en cuanto al estimado Sr. Bolsón, tuvo que hacerse de la vista gorda, pretendiendo que el suelo y los guijarros eran más interesantes que la romántica parejita a su lado.

Pronto todos estuvieron a salvo en la orilla opuesta. Dwalin acababa de llegar aprisa, con una cuerda enrollada en el brazo, aludiendo que no pensaba caer en ese maldito arroyo y sufrir de quien sabe que maleficios, y hubiera seguido cacareando de no ser cuando algo malo ocurrió. Sendero adelante hubo un ruido como de pezuñas raudas. De repente, de la lobreguez del bosque, salió un ciervo. Cargó sobre los enanos y los derribó, y en seguida se encogió para saltar. Pasó por encima del agua con un poderoso brinco que llegó a la orilla, y los enanos lo observaron alejarse rápidamente hasta que la oscuridad del bosque lo devoró. Ni siquiera les dio tiempo para volver a recuperarse de la impresión cuando de repente, sendero adelante, aparecieron nuevamente unos ciervos; sólo que estos eran blancos, junto con un cervato y unas ciervas. Tan níveos resultaban como oscuro había sido el ciervo anterior.

—¿Qué vas hacer?—preguntó Bilbo, observando que Thorin había preparado el arco y había puesto una flecha. Ignorando el cuestionamiento del mediano, el enano disparó rápido contra la bestia, la cual se escabulló, esquivando la flecha; siendo seguido por el resto de la manada—No debiste hacerlo—volvió a hablar el mediano.

—Bilbo tiene razón, trae mala suerte—secundó Hermione, incluso ella era temerosa de la caza a los ciervos blancos.

—No creo en la suerte—habló Thorin, con su usual voz de mando; no dejándose intimidar por las supersticiones de ambos—La suerte se la busca uno.

Y antes de que Thorin pudiera decir nada, tres de los enanos se habían puesto en pie de un brinco y habían disparado las flechas. Ninguna pareció dar en el blanco. Los ciervos sé volvieron y desaparecieron entre los árboles tan en silencio como habían venido y los enanos dispararon en vano otras flechas.

—¡Deténganse! ¡Deténganse! —gritó Thorin, pero demasiado tarde; los excitados enanos habían desperdiciado las últimas flechas, y ahora los arcos que Beorn les había dado eran inútiles.

—¿Qué decías? —le renegó Hermione, dándole a entender que su suerte no iría por buen camino. Thorin gruñó, obviamente molesto.

Una disputa comenzó a escucharse en el grupo. Se trataba de los enanos que se estaban recriminando el hecho de haberse malgastado todas las flechas en tratar de cazar a un ciervo. Hermione miró a Escudo de Roble con una expresión en la cara que declara a viva voz: Te lo dije.

¡Silencio, mujer! —le ordenó en lengua Khuzdul, no pensaba tolerar los tonos sabiondos de su mujer, ya tenía suficiente con tener que parar la nueva pelea que había entre sus hombres.

Hermione sólo se encogió de hombros y elevó los brazos, se rendía. Ella tampoco iba a estar soportando el carácter voluble y sumamente arrogante de ese enano. Así que levantándose, se fue alejando de la orilla del arroyo y de la compañía hasta dejarse caer en una raíz sobresalida de un árbol que parecía una pequeña silla. Permitiendo a sus pulmones llevarse de aire, aunque fuera del podrido e intoxicado viento del bosque, comenzó a meditar en la extraña fuerza que había actuado sobre ella cuando saltó en el puente. Había sido como algún tipo de hechizo, paralizándola y hacerle marearse violentamente; le costó demasiado tiempo luchar contra esa sensación y eso le indicaba que esa magia provenía del agua del arroyo. Aunque lo más extraño era que sólo ella parecía afectada, porque Ori no se miró con arcadas y desequilibrios, ese muchachito había pisado tierra más fresco que una lechuga. Gruñendo, se dijo qué tanto podía esconder este endemoniado bosque y su elfico rey.

Cerrando los ojos, se dijo que necesitaba vacaciones, urgentemente las ansiaba. Poco a poco se fue relajando, respirando al compás que entonaba una delicada melodía, tan mística y antigua que se le hacía extraño no conocerla. Fue entonces que su cerebro hizo clic, se suponía que debería estar escuchando las palabras mal sonantes de los enanos y los intentos de Bilbo por apaciguarlos, además de la autoritaria voz de Thorin por encima de todas, ordenándoles que se callara. Pero en lugar de todo eso, sólo había silencio, un profundo y escozo silencio, y la tranquila melodía que había estado escuchando todo ese tiempo volvió a oírse, sólo que en esta ocasión, distinguió una voz en ella…

Donde nuestras voces se oyen ven a buscarnos—¿voces?, se preguntó Hermione, comenzando a fruncir el ceño—Que sobre la tierra no se oyen nuestros cantos…

"¿Voceees? ¿Cantooos? ¿Buscar? ¿Tierra? ¿Qué demonios?" repitió en su mente.

Abriendo los ojos, se topó con la escena más perturbadora que se hubiera imaginado.

"Sirenas…" murmuró en su mente.

Grandes y hermosas mujeres, mitad humanas, mitad pez, se hallaban en la orilla del arroyo, cantando y atrayendo a los enanos hacia ellas con sutiles y sensuales movimientos de sus ojos y manos. Llamándolos como el olor más exótico y el hambre más necesitada. Hermione se dio cuenta de lo grave de la situación en la que se encontraban, debía hacer algo y pronto; pero cuando trató de levantarse, se vio siendo sujetada firmemente por las raíces del árbol donde estaba sentada. Manteniéndola inmóvil con los brazos y el torso apretados contra el tronco.

—¿Qué demonios?—maldijo, sin saber qué estaba pasando.

Mirando a los enanos, encontró que la única que no estaba bajo los hechizos de las sirenas era ella. Y al parecer su única vía de escape, se encontraba atada e imposibilitada para ayudarles. Chasqueando la lengua, se dijo que si no podía moverse, al menos podría gritar.

—¡No las escuchen!—les gritó—¡Hey! ¡Apártense de la orilla!—pero ninguno la escuchaba, tal pareciera que ella no existía en ese momento.

La desesperación comenzaba apoderarse de ella, en verdad tenía que hacer algo.

—¿Puedes hablar?—Hermione volteó hacia donde se escuchaban las voces, era la única conversación que se oía, además de las maldiciones que ella lanzaba en su mente.

Abriendo los ojos con sorpresa, encontró al enano menos pensado con una estúpida sonrisa en la cara mientras trataba de hablar con la sirena de cabello rubio que le seducía con un par de ojos azules.

—¡Dwalin, vieja cabra idiota! ¡¿Qué crees que estás haciendo?!—gritó exclamando, aún sin poder creerse que el enano tatuado estuviera a punto de caer en las redes mentirosas de esa mitad mujer.

Ignorando los gritos de la mestiza, el hombre se acercó un poco más a la criatura en el agua.

—Eres muy linda—le dijo, y como recompensa, la sirena le sonrió mostrando una hilera de dientes blancos y con un par de colmillos puntiagudos, pero el hombre se encontraba tan hechizado por la belleza de la mujer que no le prestó atención a ese detalle tan importante.

—Tú eres un enano, ¿no es así? —Dwalin asintió, la mujer dejó escapar un suspiro tan femenino que hizo al hombre acercarse con más decisión—Eres alto y guapo para ser un enano.

Dwalin cabeceó un par de veces y actuando como un idiota dijo:—Bueno… Gracias—soltó una risa tartamuda—Es un halago que una mujer tan hermosa me considere guapo… Es decir, eres preciosa, ¿lo sabes?—Hermione no podía creer lo que estaba escuchando, en verdad no podía creerlo.

—¿Quieres ser mi audaz y valiente enano? —le preguntó, agitando despacio las pestañas.

—¿En verdad? ¿Yo?—la sorpresa estaba impresa en la voz de Dwalin, la sirena confirmó con la cabeza, ladeándola y volviendo a mostrar esos ojitos con pestañas moviéndose.

Hermione casi entra en un ataque de impotencia, si la situación fuera otra hubiera estallado en risa, pero con los enanos a punto de ser devorados por mujeres mitad bestias, el problema requería de auto-control. Porque justamente eso es lo que estaba perdiendo, sino hacia algo rápido, tendría que ver desde donde se encontraba sujetada como era que sus amigos serían arrastrados hasta lo más profundo del río y después observar al agua teñirse de rojo. De la sangre de los enanos en ella.

Moviéndose con más violencia, se dio cuenta que en cuanto más hacía el intento de liberarse, las raíces del árbol la apretaban. Al punto de que la madera se clavaba en su cuerpo.

"Piensa, Hermione, piensa" se forzó a sí misma, tendría que haber una vía de escape, siempre había una ante todo mal. Si una manada de huargos y orcos no fueron capaces de matarla, unas brujas mitad pez no serían quienes triunfaran sobre ella. Tomando una fuerte bocanada de aire, se forzó a ejercer toda la fuerza de la que era capaz en romper las raíces, pero un sonido, de una voz conocida, la detuvo.

—Tú no eres un enano—se escuchó la voz de la sirena.

La respiración de Hermione se congeló al mismo tiempo en que pronunciaba el nombre del hombrecillo: "Bilbo…" Mirando en dirección de la voz, encontró al pequeño mediano a tan sólo un par de pasos de dejarse tomar por las garras de la mujerzuela pescado.

—¡Bilbo!—gritó su nombre—¡Detente, no lo hagas, no la escuches! ¡Bilbo, mírame!

Pero debía saber que el saqueador no la escucharía, y no lo haría mientras el hechizo de la sirena estuviera sobre él.

—No, yo soy un hobbit de La Comarca—habló Bilbo, sin despegar sus ojos de la exuberante sirena.

—Y, ¿cuál es su nombre, Sr. Hobbit de La Comarca?—le preguntó, moviendo lenta y pausadamente los labios, permitiendo a su lengua deslizarse con sensualidad al hablar.

El hobbit tragó antes de volver a contestar:—Bilbo Barrigón—negó con la cabeza al instante—Quiero decir, Bolsón Cerrado—volvió a negar—No, no… Mi nombre es Bilbo… ¿Bolsa? —lo último lo dijo ya sin saber que era lo que seguía en realidad y poco le importaba.

La sirena se inclinó un poco hacia adelante, mostrándole al mediano un poco más de su rostro y el hombrecillo caminó un par de pasos. En el instante en que la criatura creyó que lograría alcanzarlo, alzó un brazo en su dirección pero el otro terminó tocando la tierra de la orilla, haciendo que lo retirara con rapidez.

"Así que el tocar la tierra firme les quema…" ese detalle era una ventaja, pero no lo sería del todo si primero ella no encontraba la forma de escapar de las raíces del árbol.

—Ven, Bilbo, ven conmigo—insistió la sirena y Bilbo no opuso resistencia.

Hermione miró hacia todos lados, tratando de localizar lo que fuera para impedir que la mujer arrastrara al mediano. Observando hacia el suelo, sus ojos encontraron una roca a centímetros de su pie derecho. No lo pensó dos veces y estirando la pierna, tomó la roca con el pie hasta colocarla en el empeine, golpeándola como haría un jugador de futbol con una pelota, la muchacha lanzó la piedra al aire y al instante la pateó en dirección al hobbit. Un tiro certero que le dio en la cabeza al hombrecillo y le hizo caer de espalda, justo cuando estaba a centímetros de que la sirena lo tocara. E imitó la misma acción con varios de los enanos que se encontraban más cerca del agua. Las mitad mujeres, voltearon a mirar feroces a Hermione y la mestiza les respondió con la misma ferocidad en la mirada.

—¡Ni siquiera piensen en tratar de volver a ponerles las manos encima!—bramó furiosa, puede que estuviera encadenada al tronco, pero las sirenas no tendrían fácil el llevarse a los enanos.

—Fémina intrusa—Hermione miró a la sirena que le hablaba.

A simple vista podía jurar que esa mitad mujer no era igual al resto, mientras que las demás hacían el trabajo de atraer a los enanos, esa sirena se estaba manteniendo al margen. Observando con detalle la coreografía de sus hermanas.

—¿Los quieren? —preguntó la mestiza—Tendrán que pasar sobre mi cadáver para llevárselos.

La sirena sonrió mostrando los colmillos.

—Eso no será un problema—y alzando una mano, una nueva raíz apretó del cuello a Hermione, además de cinco extensiones más del árbol que le rodearon las piernas. Entonces lo supo, esa sirena se encontraba ahí para retenerla, para evitar que interfiriera en la captura de la compañía.

—Maldita bruja—dijo, entre jadeos, la raíz en su cuello le estaba cortando la respiración. Al parecer a la mitad pez no le había agradado ese insulto.

—No puedes hacer nada—habló la criatura—Ahora, mantente quieta mientras nos llevamos a tus amigos—Hermione lanzó un gruñido, eso jamás. Estuvo a punto de lanzarle un verdadero insulto en Khuzdul, impropio de una mujer pero se quedó callada cuando comenzó a escuchar la melodía que las sirenas entonaban.

Cupido me ha flechado.
La riqueza me da igual,
sólo ha de consolarme,
mi enano audaz, jovial.
Doncellas vengan todas,
quien quiera que seas,
que el amor de un audaz enano,
surca la embravecida tempestad.

Tal pareciera, que mientras más cantaban, más efecto tenía sus hechizos sobre los enanos. Debía cerrarles la boca a esos peces cuanto antes.

—Es demasiado curioso—escuchó hablar a la sirena otra vez—Eres demasiado hermosa para ser una simple y asquerosa mortal—la mestiza la miró con los ojos resplandeciéndole en un dorado excéntrico, la sirena ladeó un poco la cabeza antes de añadir:—Me pregunto si tu compañero también será capaz de resistirse a la belleza de una de mis hermanas.

Hermione abrió los ojos desmesuradamente. De repente, las raíces que la ataban ya le parecían tan importantes como antes. Observó a la sirena indicarle con la mirada hacía donde debía llevar sus ojos, cuando lo hizo, sintió un fuerte jalón en el pecho que la congeló al instante. Ni siquiera respiraba.

—Debo de admitirlo, el enano es apuesto. Tienes buenos gustos para ser una asquerosa mestiza—dijo la mujer con crueldad en las últimas palabras, pero Hermione no le prestó atención. Sus ojos estaban anclados en el enano y la sirena a unos metros de ella.

—¡¿Qué se supone que estás haciendo?!—gritó la muchacha—¡Thorin 'Escudo de Roble' aléjate de ella! ¡Thorin, apártate! ¡Maldita sea, Thorin, escúchame jodido enano arrogante!

Una risa hizo que la joven dejara de ver al enano y mirara a la sirena que la retenía en el árbol.

—¿En verdad crees que te escuchara? —le preguntó—Nuestra magia es poderosa y antigua, no tienes ningún poder superior sobre el nuestro. Además, es lógico saber que él actuaría de esta forma… Son hombres después de todo—dijo, como si la respuesta fuera bastante obvia.

Se abstuvo de cruzar nuevamente palabras con la bruja en el agua y volvió a mirar al rey enano. Dejando caer la quijada al observar la escena que se desarrollaba. La asquerosa mitad mujer de cabellera cobriza que se balanceaba ante Thorin frente a sus narices, había logrado que el enano llegara hasta ella. Y la maldita bruja de agua alzó los brazos tomando el rostro del rey entre sus manos.

—Nunca antes he besado a un rey enano…—dijo la sirena de cabello cobrizo entre susurros, pero Hermione la escuchó claramente, vaya que la había escuchado.

Con la respiración atorada en algún punto de su caja torácica, observó con lujo de detalle como la arpía acercaba su rostro hasta que sus labios hicieron contacto con los del enano. En ese instante, algo se quebró dentro de Hermione. Y entre susurros oscuros, la voz gutural de la muchacha se escuchó.

—Thorin 'Escudo de Roble' hijo de Thráin hijo de Thrór… Hijo de tu puta madre—al instante, se escuchó una explosión.

Las sirenas miraron hacia donde se encontraba la muchacha, sólo para percatarse que la explosión había sido producto de la acción que provocó la mestiza al destruir las raíces del árbol que la mantenían atada.

—¿Cómo has…—la pregunta se quedó en el aire cuando la bruja de agua observó los ojos de la muchacha.

Donde antes hubo un dorado intenso, tal como podrían ser los rayos del sol o el oro líquido en continuo movimiento. Ahora lo único que se miraba era una espesa oscuridad que se desbordaba de sus pupilas y difuminaba el contorno de sus ojos. Además de las marcas que brillaban sobre la piel de la mestiza. La sirena líder retrocedió espantada.

Sin decir una sola palabra, Hermione avanzó en gran velocidad hasta donde se hallaba Escudo de Roble y tomándolo del cuello de su abrigo, lanzó al enano lo bastante lejos para que la arpía de agua no volviera a ponerle las manos encima. Furiosa, la sirena alzó los brazos con las garras apuntándole directamente, pero Hermione la esquivó y tomándola del cuello la sacó del agua, lanzándola a un lado. Fue cuestión de minutos para que las demás criaturas se fueran sobre ella. Y antes de que la pelea iniciara, la muchacha sacó a cada enano de peligro para después enfrascarse en una lucha.

Una sirena la tomó de las piernas, tratando de hacerla caer y Hermione la pateó tan fuerte que podría jurar haber visto más de cinco dientes salir de su boca. Otra se lanzó, sujetándola de la espalda, pero la muchacha la agarró de los cabellos y le dio la vuelta en el aire, lanzándola devuelta al agua, cuando miró su mano se percató que le había arrancado mechones enteros de cabello a la criatura. Desenfundando las cuchillas que llevaba, le cortó los brazos a una sirena que intentó encajarle las garras en los ojos. Le enterró una daga en el estómago a otra que se lanzó sobre ella y otra en la cabeza a la sirena que quiso jalonearla al agua. Además de utilizar varias de los pequeños cuchillos que cargaba en las arpías que, aprovechando viéndola ocupada, trataban de volver a llamar a los enanos. Emitiendo un rugido, se percató de un movimiento zigzagueante. Gruñendo con más ferocidad que antes, sus ojos llamearon al observar a la sirena que se encontraba arrastrándose en el suelo. Era la misma que al principio Hermione había lanzado tomándola por el cuello. La sirena que besó a Escudo de Roble y al parecer tenía planeado regresar al agua.

—Ah, no—dijo con firmeza—Tú no irás a ningún lado.

La sirena lanzó un estridente chillido al sentir el filo de la daga incrustada en su cola, impidiéndole regresar a la seguridad del agua. Chillidos que fueron seguidos de los intentos de sus hermanas por ayudarla. Y siguió lanzándolos mientras la muchacha la tomaba por el cuello, tan altos e insoportables que al final terminaron por irritar la poca paciencia de Hermione. Metiendo la mano en la boca de la sirena, la mestiza arrancó de un tajo la lengua de la criatura. Cuando los gritos cesaron, la criatura intentó utilizar sus garras, pero la muchacha la azotó de cara contra el suelo y cuando intentó levantarse fue recompensada con un golpe en el medio de la espalda que la obligó a volver al suelo. Sujetando el brazo izquierdo, Hermione se lo torció hasta que escuchó el hueso quebrarse y el brazo derecho tuvo el mismo destino. Tomándola por el cuello, la muchacha empuñó la daga en su mano derecha y en un hábil movimiento la cabeza fue desprendida.

Observando al cuerpo sin cabeza retorcerse como lo haría una gallina después de ser degollada, los ojos de Hermione regresaron un poco a su antiguo semblante. Sólo un poco. Dejando de ver al cuerpo que había dejado de moverse, su mirada recayó sobre las sirenas que la observaban desde el agua con sus rostros tapados hasta la nariz. No decían nada, sólo estaban allí, mirándola.

—Vuelvan a tocar algo que sea mío y les abriré sus preciosas gargantas—y habiéndolo dicho, arrojó la cabeza de la sirena a la orilla del arroyo. Un ejemplo de lo que le esperaría a aquella que no escuchara sus palabras.

Las criaturas miraron por largo rato el rostro desencajado y la boca sangrante sin lengua de su hermana muerta, dieron un último vistazo a la mestiza quien les lanzó un gruñido de advertencia antes de volver a sumergirse en las oscuras del río. Hermione se quedó un momento más, asegurándose de que se hubieran marchado para dejar escapar el aire y el grito de exasperación que llevaba atorado en su garganta desde el inicio. 15 minutos después volteó para mirar a la compañía comenzar a despertar del hechizo.

—¿Qué ha sucedido? —preguntó Kili, tallándose la cara.

—Me siento como un pavo relleno—dijo Bofur.

Hermione aguardó hasta que todos estuvieran despiertos por completo.

—¡Sirenas! —se escuchó la voz de Balin—Había sirenas a la orilla del arroyo—la muchacha comenzó a sentir un tic en el ojo.

—Es cierto, yo las miré—habló Nori—Hermosas y con una belleza exótica. Oh, desearía que una de ellas me hubiera besado—muchos asintieron, deseando lo mismo, eso fue suficiente para la muchacha.

Shazara!—ordenó enérgicamente en lengua enana, todos voltearon a verla sorprendidos—En lugar de estar lloriqueando por unas criaturas que lo único que deseaban era devorarlos, levanten sus jodidos traseros del suelo antes de que me arrepiente de haberlos salvado por segunda ocasión.

Un horrible gemido de Bilbo hizo que todos voltearan a ver a la fuente de ese estrépito: —¡Bombur ha caído! ¡Bombur se ahoga!— gritó.

No era más que la verdad. Bombur sólo tenía un pie en tierra cuando la pelea de Hermione y las sirenas se dio. El enano había tropezado, impulsado hacia adelante y perdiendo el equilibrio, y las manos le resbalaron por las raíces limosas de la orilla, mientras se sumergía en el agua oscura y hechizada. Aún alcanzaron a ver el capuchón de Bombur sobre el agua, cuando llegaron corriendo a la orilla. Le echaron rápidamente una cuerda con un gancho. La mano de Bombur aferró la cuerda y los otros tiraron. Por supuesto, el enano estaba empapado de pies a cabeza, pero eso no era lo peor. Cuando lo depositaron en tierra seca ya estaba profundamente dormido, la mano tan apretada a la cuerda que no la pudieron soltar; y profundamente dormido quedó, a pesar de todo lo que le hicieron. Aún estaban de pie y mirándolo, maldiciendo la torpeza de Bombur, quien seguía durmiendo con una sonrisa en la cara redonda, como si todos aquellos problemas ya no le preocuparan.

—No hay forma de despertarle—dijo Dori y Oin le secundó—Tendremos que llevarlo arrastrando—e improvisando una camilla de ramas y mantas, subieron al gordo enano.

—Bien—dijo Hermione, habiéndose asegurado de que nada faltara—¡Ahora, vámonos! —sin decir más, la muchacha se fue alejando del campamento, dejando a toda la compañía con una extraña sensación de estarse perdiendo de algo. Hasta que de poco en poco, uno a uno fueron recordando con lujo de detalles lo que había sucedido, parándose de un salto, los enanos corrieron detrás de la mestiza, no deseaban volver a toparse con ninguna sirena. Por más hermosa que fuera esta.

Pero de todos, incluido el señor Bolsón, Thorin fue el único que encontró algo de que reírse. Al parecer alguien se encontraba molesta, muy molesta y celosa.

[…]

Encontrar donde quedarse aquella noche no fue difícil, lo difícil se presentó cuando llegó la hora de la cena, porque con Bombur profundamente dormido, nadie cocinaría esa noche. O eso se pensó, hasta que Bofur señaló que el maestro Bolsón podría ser un buen suplente de su hermano. Decir que el hobbit no se quejó, sería mentir descaradamente. Porque lo hizo y sin importarle en ocultarlo. Improvisando con las limitadas raciones que la compañía tenía, Bilbo logró prepararles algo de sopa de verduras, muy diferente al ya conocido estofado de papas y zanahorias que Bombur suele prepararles todas las noches. Pero conociendo el apetito voraz que los enanos cargan, la deliciosa sopa de Bilbo se vio rápidamente engullida sin dejar una sola pizca de que alguna vez existió.

Tomando los últimos sorbos que quedaban en su plato, Hermione agradeció que Bombur no fuera quien cocinara aquella noche, su humor no se encontraba del todo reestablecido para tener que lidiar con enormes trozos de papas y zanahorias difíciles de masticar. Echando una revisado al pequeño caldero ya vacío, hizo una mueca ladeada, ojala hubiera un poco más.

—Si gustas puedes tomar mi ración—ella miró el cuenco que el hobbit le extendía.

—No, Bilbo. Cómelo, lo necesitas—le dijo, brindándole una pequeña sonrisa.

Bilbo asintió y comenzó a comer, la muchacha dejó caer los hombros, el mediano siempre sacaba a relucir su lado más amable por la personalidad noble y caritativa del hombrecillo. No importara cuantas veces lo pronunciara, era como estar viendo a Belladona en el hobbit, la misma alma en diferente cuerpo.

—Gracias—Hermione arqueó una ceja—Por salvarnos hoy de las sirenas—terminó por explicarse el mediano. El mal humor de Hermione regresó.

—De nada, Sr. Bolsón.

Podría haber dicho cualquier cosa, lo que fuera, incluso el sarcasmo que amenazaba con salir de su boca, pero al final desistió. No servía desquitarse con el pobre hobbit.

—¡Y de qué manera, señores! —Bilbo y Hermione miraron a Kili, quien había llegado abriéndose camino hasta sentarse junto a ellos—Ahora recuerdo completamente lo que sucedió en el arroyo… ¡Hermione, eres fantástica!—anunció, como si fuera la pancarta de una obra extraordinaria.

La chica soltó una risa socarrona.

—No exageres, Kili—le dijo, el muchacho negó con la cabeza.

—En verdad lo eres, única en muchos aspectos—Hermione comenzaba a sentirse incómoda—¿No es así, Bilbo?

—Sí, es cierto—aseguró, la muchacha le miró con reproche por darle cuerda a las tonterías del joven enano.

Dándose por vencida, sabía que trataba de un caso perdido intentar convencer al muchacho de lo contrario. Soltando un bufido, dejó que lo tenso de sus hombros se esfumara, en verdad deseaba y quería vacaciones. Pero el estrépito que Kili continuo le predijo que su tranquilidad tendría que esperar.

—Me encantó la parte en la que tomaste a la sirena de la cola y la lanzaste, después como le encajaste una cuchilla en la cabeza a la otra. ¡Oh! Y la forma en que le rompiste los brazos a la última—los ojos de Kili brillaban de la emoción—Tienes que enseñarme esos movimientos, tía Hermione.

Un tic se formó en el ojo de la muchacha, allí estaba la maldita palabra vetada, pero claro, el enano no iba a dejar de pronunciarla.

—Te los mostraré, sí…—Kili la escuchó atento—Dejas de llamarme tía, ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo? Llámame: Hermione… ¡Hermione! ¡No es tan difícil, con un cuerno!

Kili fingió meditarlo un momento, rascándose la barbilla y golpeteando sus labios con su dedo índice.

—No me agrada el trato, pero es accesible ¡Hecho!—Hermione casi le hace firmar un acuerdo para que no fuera a olvidar ese pacto. Kili lanzó una estridente risa, que a la muchacha le recordó a los chillidos de la sirena—A mamá le hubiera encantado conocerte, Hermione—esas palabras captaron la atención de la muchacha—Es una lástima que no llegaras a verla, mi madre siempre dijo que en la familia hacía falta mujeres con carácter de hierro para lograr que los hombres del clan mantuvieran los pies en la tierra—¿eso lo estarían diciendo solamente por Thorin o también por los hermanos?

—Kili—le llamó—¿Qué sucedió con tu madre?

El joven príncipe dejó caer los hombros.

—Cinco años antes de que se formara la compañía, ella enfermó de fiebre de dragón… y murió—Hermione pudo sentir la tristeza impregnada en las palabras del enano, ella también sabía lo que era perder a un padre, aunque el suyo hubiera sido adoptivo.

—Lo lamento—le dijo, Kili negó con la cabeza.

—No importa—dijo, quitándole importancia al asunto. Mirando de nuevo a Hermione, la sonrisa que se había borrado regresó—Pero es verdad, mi madre se hubiera encariñado de ti al instante—Hermione soltó una risita.

—Es cierto, ella era de esa manera—las palabras se quedaron atoradas en la garganta de Hermione al escuchar esa voz. Era la voz de un enano que llevaba esquivándola durante los últimos días.

Ladeando de poco a poco el rostro, terminó por ver a Fili sentado junto a Kili, justo frente a ella. El muchacho la miraba con una sonrisa en el rostro y con los ojos tan azules como los recordaba. No supo que decir, ni siquiera sabía si tenía que responderle. Entonces, un sutil movimiento de Kili le hizo desviar los ojos, el chico le indicaba con la mirada que hablara con naturalidad y Hermione lo comprendió al instante, Kili le estaba diciendo que no hiciera mención del asunto sobre haber aceptado a Thorin, sólo que se enfocara en la conversación que ya tenían entre ellos. Sintiendo un pesado nudo en el estómago, la muchacha se forzó a continuar con normalidad, sabía que no era lo correcto, que las cosas no se arreglaban callando y fingiendo que no habían sucedido, pero está era la decisión de Fili y ella no podía hacer mucho al respecto. No iba a obligar al joven enano a hablar si no lo quería ni lo deseaba. Mojándose los labios, contestó:

—Tomaré estas palabras como un cumplido—y Fili sonrió aún más, una acción que también hizo sonreír a la muchacha.

Enfrascándose en una larga y cargada conversación, a Hermione no le tomó mucho tiempo para que pudiera desenvolverse sin cohibiciones con el enano rubio. Y eso a Fili le alegró el corazón, porque desde que se había auto-impuesto el alejamiento con la muchacha, se hubo encontrado triste y rezagado, casi al punto de no saber qué hacer. Está bien, Hermione había elegido a su tío y él nada podía hacer, pero eso no significaba que no doliera porque en verdad lo hacía, pero también se había dado cuenta que prefería tener a la muchacha como una amiga (porque no pensaba llamarla tía, aún le costaba hacerse a la idea de que Hermione ya no estaba a su alcance) que no tenerla en su vida. Mucho no pasó para que finalmente el sueño comenzara a esparcirse por la compañía y antes de que alguien decidiera tomar el turno de esa noche, ella se adelantó.

—Descansen, vigilaré el resto de la noche—dijo, levantándose de su asiento, y aunque hubo protestas, ella no aceptó contradicciones, absolutamente ninguna. Aludiendo que ninguno se encontraban en las condiciones para tomar guardia, porque los hechizos de las sirenas eran fuertes y debilitan las mentes. Y ellos habían estado a punto de caer en ellos de no ser por la paliza que ella les metió a las arpías de agua. Entonces, ninguno se negó.

Sacando dos grandes paquetes de su mochila, desenvolvió cada uno para descubrir uno guardaba rebanas de pan y el otro frascos pequeños con miel de abeja y maple. Repartiendo los trozos y la miel entre la compañía, Hermione finalmente se fue a montar guardia cuando miró a los enanos degustando el postrecillo rústico que les otorgó.

No se alejó mucho, tal vez unos 15 metros del improvisado campamento, vigilando desde un punto concreto todas las direcciones que rodeaban a la compañía. Las voces de los enanos eran escuchadas claramente desde donde se encontraba o tal vez era por el hecho de que podía oír hasta el aleteo más diminuto, pero lo divertido del asunto era que la conversación que se llevaba a cabo era el estúpido comportamiento que Dwalin tuvo al encontrarse frente a la sirena, recuerdos que fueron amenazados y sentenciados por el enano de que jamás se volvería hablar del asunto. 20 minutos después, la gran algarabía que los enanos manifestaban se silenció, habían caído dormidos. Sólo entonces, ella observó el tétrico bosque que los rodeaba esa noche.

Oscuro y lúgubre, la extensa arboleda los envolvía en un manto tan espeso que si no fuera por el fuego que tenían, difícilmente se lograría ver algo en ese sitio. Bueno, al menos que cuentes con ojos lo suficientemente desarrollados para mirar en la noche sin necesidad de luz. Hermione soltó un soplo de aire que al tocar el aire se convirtió en vaho, al parecer esa parte del bosque era de temperaturas bajas, aunque con la misma calidad de aire putrefacto que en las otras áreas del reino de Mirkwood. No sentía frío y daba gracias porque así fuera, porque de lo contrario, estaría titiritando como gorrión recién salido del cascaron.

"Gorrión" pensó melancólica, en esos momento como extrañaba a su halcón. Hacía días que no sabía nada de Fawkes, pero estaba segura que donde sea que se encontrara esa ave de rapiña, estaría más que satisfecho de saberse lejos de los peligros que el reino del bosque proveía.

Un sonido a su izquierda, como el de una rama siendo partida junto al eco de pasos pesados, le indicó que alguien se acercaba. Olfateando el aire, detectó el olor del intruso y una sonrisa se formó en su rostro, porque ese intruso era más que bienvenido. El aroma de aceite de cedro y tabaco para pipa era lo que había llegado a su nariz. Dando un ligero vistazo sobre su hombro, miró a la robusta silueta de Thorin acercarse a ella, quien se sentó de ¾ hacia ella. Girando por completo su rostro, observó al hombre frente a ella, con la espalda recta y ese imponente aire de superioridad que sólo los reyes podrían irradiar, incluso se preguntó en ese instante si lo que estaba mirando no era algo asociado al glamour.

—Come—le dijo el enano, extendiéndole un pedazo de pan de avena y un pequeño frasco de miel.

Hermione los tomó sin rechistar, al parecer el sujeto los había guardado para ella y esa acción provocó que un brillo le creciera en los ojos.

—¿A qué se debe el honor de su visita?—preguntó a forma de juego, mientras mojaba el pan en la miel.

—Brindarle compañía a una dama—Hermione comenzó a buscar por los alrededores.

—Yo no veo a ninguna dama—Thorin enarcó una ceja, divertido.

Es cierto—le dijo en Khuzdul, quedamente y mirándola fijamente—Y es por ello que me gustas.

La garganta se le cerró, incluso tenía que carraspear para evitar que la comida se le atorara a camino de entrar en su estómago. Hermione adjudicó ese hecho a que la miel era demasiado espesa. Dejando el frasco vacío sobre el suelo, movió su cuerpo hasta que se encontró sentada frente a frente con el enano, una sonrisa acompañaba lo brillante de sus ojos.

—Mmm, ¿en verdad?—murmuró pensativa—Supuse que tus gustos iban más dirigidos hacia las mujeres con pechos exuberantes, palabras insinuantes y cola de pescado.

Thorin no reprimió la sonrisa que se le formó en ese instante. Tal como pensaba, ella se encontraba molesta. Después de todo, recordaba el momento en que la sirena lo había besado, pero no fue porque él lo deseara, la magia que utilizó, lo hechizó sin lograr oponerse. Además, Hermione explicó que los trucos de las sirenas eran inútiles de resistir, no era del todo culpable.

¿Celosa? —le preguntó en lengua enana, inclinándose hacia el frente y apoyándose los brazos en sus piernas, deseaba ver con atención las expresiones que pasaran por el rostro de la muchacha al responderle.

Hermione lanzó un bufido, que también pudo haber sido un gruñido entre mezclado con una maldición en una lengua que él no entendió.

Se necesita más que un grupo de arpías de agua dulce para provocarme inseguridad, querido—pero el tono áspero en su hablar, no confirmaban del todo sus palabras.

¿Celosa ella? ¡Jamás! ¡Ni en un millón de años! Está bien, puede que se encontrara un poco molesta… De acuerdo, de acuerdo, no estaba un poco molesta sino demasiado molesta. A tal punto en que deseaba volver al arroyo para terminar con cada una de esas endiabladas mujeres-toca-propiedades-ajenas, pero no le daría el gusto a Thorin de que lo supiera por su boca, ya bastante era con que el enano lo intuyera y lo pensara. Razonando un poco en sus argumentos, al final tuvo que aceptar que si se encontraba celosa, pero no porque Thorin cayera bajo los hechizos de la sirena de cabello cobrizo, no, sino porque esa bruja había hecho algo que ella llevaba deseando hacer desde que aceptó al enano como compañero. Darle un beso.

Puede que se estuviera complicando la vida, sí. Y también que muchos otros le dirían que si tanto deseo tenía de besarlo que lo hiciera, pero también estaba consciente de la situación en la que se encontraban. En esos instantes, los momentos no se prestaban para que ella caldera la escena. Es decir, ¿cómo se supone que intentaría intimar un poco más allá que los simples ojitos y palabras cursis que se daban esporádicamente con un oscuro y tenebroso bosque en todas direcciones? Sin olvidar mencionar el objetivo central de la misión.

Miró nuevamente al enano, recorriendo las facciones masculinas que enmarcaban el rostro. Se fijó en la línea que unía la mandíbula con las patillas, en el contorno cansado de los ojos color azul, en las leves arrugas que se juntaban en la frente y alado de los ojos, y en la recta y fina nariz que le daba un toque al conjunto. Bajando un poco su mirada, sus ojos captaron curiosos la barba, corta y oscura. Entonces hizo memoria del recuerdo que Balin le mostró a un Thorin con una barba más larga que incluso se llegaba trenzar.

—Podrías volver a dejarla crecer—el enano arqueó una ceja, pero segundos después dedujo a que se refería.

—No lo haré—negó con la cabeza—Haberla cortado es el significado de mí caída en deshonor. Al perder Erebor ante un dragón, perdí también el honor a ser llamado heredero de la Casa de Durin.

Hermione lo miró con tristeza, eso lo sabía, había aprendido bastante de las costumbres de los enanos mientras moró en las Colinas de Hierro. Si algo se debía tener muy en cuenta, era el hecho de que el pueblo de los enanos asociaba el honor con el largo de su barba, el cortarla daba la señal de su vergüenza y desgracia. Y también intuía, que aunque llegaran a recuperar la montaña, Thorin no dejaría crecer su barba, porque el mantenerla corta le recordaría lo que una sufrió y también lo que le fue enseñado durante su exilio.

—Bueno, eso me agrada—él la miró extrañado—Me gustas más con la barba tal y como se encuentra—Thorin sonrió, incluso ella lo hizo.

Acercándose un poco más, Hermione observó un momento al enano frente a sí, con un extraño brillo en los ojos, antes de preguntar: —Mukhuh? —la respiración de Thorin se detuvo un segundo, tan sólo un poco para después asentir.

Sintiendo una ligera sensación en el estómago, ella elevó los brazos, llevando las manos hacia el rostro del enano hasta que hicieron contacto con la barba. Al inicio se limitó a tocarla, apreciando lo áspera que era y las cosquillas que le provocaban en las palmas de las manos. Después, sus limitados toques se volvieron caricias, pasando las yemas de los dedos por la piel más arriba de la barbilla, deteniéndose con más tiempo en las zonas de la cien y los pómulos. Para ese entonces, la pequeña sensación del inicio, era ya una tormenta en su vientre.

Que el diablo lo maldijera si mentía en no estar disfrutando las caricias que la mujer le prodigaba. Thorin se encontraba en una especie de limbo terrestre, está era la primera vez que su compañera lo tocaba, fuera de mencionar el roce de manos o el sujetar los brazos. Estaba extasiado, esa era la verdad y mucho se esforzaba por no cerrar los ojos y abandonarse a las sensaciones de las manos de Hermione en su cara. En un fugaz flash de memoria, recordó el infortunito accidente con la sirena.

Él había tratado de permanecer indemne ante los encantos que las exóticas mujeres ofrecían, cerrando su mente a las palabras seductoras y los movimientos insinuantes de los hombros, caderas y pestañas. Y hubiera funcionado, de no ser por el hecho de que una de ellas, quien se había percatado de la renuencia del enano por dejarse dominar, transfiguró su apariencia quedando convertida en una fémina con cabello rizado y castaño, con piel ligeramente morena y ojos tan brillantes como el mismísimo sol o el oro en su estado más puro. Thorin tragó saliva con dificultad, frente a él se le presentaba la ilusión de una Hermione sonriente vistiendo un indecoroso vestido de seda color perla que realzaba ciertos atributos. Atributos que hasta la fecha, se hallaban desconocidos por él. No pudo evitar sentirse excitado por la vista que su mujer le proveía y había sido suficiente para engancharlo, además de las insinuantes y lujuriosas frases que la Hermione transfigurada le dedicaba. Sólo cuando se vio lanzado y lejos de los hechizos de las sirenas, que el enano recobró la compostura, incluso escupió al recordar que la criatura había metido la lengua en su boca.

Volviendo al presente, observó como ella había retirado las manos y el frío que sintió al saberse abandonado, le provocó acunar entre sus callosos dedos el rostro de su compañera. Sólo que él sujetaba con más fuerza, con más decisión y poder. Enfocando sus ojos en las delgadas líneas de nacimiento de la muchacha, su mirada poco a poco fue descendiendo hasta toparse con los primeros tres botones de la camisa de la chica. Antes se debería aclarar que se encontraba algo perturbado por el recuerdo.

Thorin…—escuchó un susurro. Cuando elevó los ojos, observó un desconcertante brillo bailando en los ojos de su mujer.

Ava…—murmuró él, mojándose los labios con cada movimiento que empleó para pronunciar el nombre enano que le brindó. Y observó a Hermione recargarse en la palma de la mano que acunaba la mejilla izquierda. Una simple acción que le provocó un respirar acelerado. Y toda la conversación que le siguió fue llevada en Khuzdul, una forma sensual para ellos de intimar.

Una sonrisa pícara se vislumbró en la boca de la muchacha y con un pensar travieso, se fue acercando al hombre hasta que sus narices terminaron rozando. Emitiendo ronroneos cual gato, acarició la piel de la cara con la suya, subiendo y bajando, yendo lenta y sin prisas, como si el tiempo no existiera en ese momento. Al menos para ellos dos. Inclinándose un poco más, restregó sus cachetes hasta que su boca hizo contacto con la oreja del enano, y subiendo sus brazos nuevamente, dejó a sus manos enterrarse en la masa de cabellos oscuros del hombre, despeinándolos al entrar cada vez más.

Mmmh…—volvió a lanzar un ronroneo, pero este se escuchó más sensual, mucho más exótico que el anterior y para nada inocente—Hueles bien.

Escudo de Roble jadeó. Eso, para nada, lo había visto venir. Pasando los brazos por la cintura de la muchacha, en un solo movimiento, la obligó a quedar sentada con la espalda erguida y con él hincado entre sus piernas abiertas. Hermione se pasó la lengua por los labios. Descendiendo de a poco, sus manos pasaron por el cuello y después por los hombros, bajando hasta quedar sobre el pecho del enano. El cual se encontraba subiendo y bajando a un ritmo lento, dándole un aspecto relajado, pero por los continuos retumbos que Hermione sentía en sus palmas, sabía que en su interior, él estaba como una locomotora a todo vapor. En ningún momento, despegaron sus ojos uno del otro.

Dándole una sonrisa, donde le mostró los colmillos afilados, Thorin frunció levemente el ceño para después dar un gemido de sorpresa al sentir la mano de Hermione jugando con uno de los botones de su camisa. Primero sólo estuvo haciendo eso, jugando con el pequeño botón circular, rascándolo con la uña de su dedo índice hasta que encontró el ojal por donde se desabrochaba, y lo hizo. Cuando quitó el primer botón, le siguió el segundo, tardando el mismo tiempo que le dedicó al primero. Pero para el tercer botón, ese casi fue arrancado con tan sólo haberlo tocado.

¿Qué sucede? —preguntó Hermione, con un tono tan inocente pero que no era capaz de mostrarlo en sus ojos traviesos.

Deja de jugar, mujer—pudo haber sido una orden, pero debido a lo inestable de la voz, ella lo tomó como una súplica.

¿Acaso me estas pidiendo que haga esto? —un segundo después, la mano de la mestiza se colocó entre la ropa, tocando la piel del pecho que sin los botones cerrados le permitían tocar. A Thorin se le escapó un quejido, un gruñido y un jadeo al instante.

Inhalando con fuerza, Hermione detectó un nuevo aroma en el aire. Un olor picante y salado, acompañado fuertemente por la esencia de aceite de cedro y tabaco para pipa. Y eso provocó que ella soltara un gemido, lo que estaba oliendo era la evidente excitación del enano y no pudo reprimir el placer que se retorció en su vientre, entre sus piernas.

Sin los ánimos por detener sus acciones, movió una de sus piernas para que quedara rozando la de Thorin, y con la rodilla, comenzó un lento ascenso. Pudo sentir las manos del hombre apretándose en su cintura, incluso una bajó colocándose en su cadera, acercándola más al cuerpo masculino. Con paciencia, escaló acariciando el muslo, el cual se encontraba tenso, hasta toparse con la cara interna de la pierna, deteniéndose a sólo centímetros de llegar a la ingle.

Estás jugando un juego muy peligroso, Hermione—ella soltó un jadeó, le había encantado escuchar su nombre con esa voz ronca y apretada.

Hermione arqueó sensualmente una ceja:—Sólo pídemelo y me detendré.

Un gruñido brotó de la garganta de Thorin, tomándola con una mano por la nuca y ejerciendo la fuerza necesaria para impedirle moverse.

Ni siquiera lo intentes—y ella sonrió—Lo único que me detiene de tumbarte sobre el suelo es la existencia de 13 intrusos a metros de nosotros—maniobrando la cabeza que tenía firmemente sujeta hacía atrás, dejó la garganta de Hermione expuesta para él.

Dejando escapar un poco de aire, el sopló golpeó la piel de esa zona y la muchacha liberó un gritillo. Pero poco fue escuchado cuando la otra mano de Thorin, que se había encontrado posicionado entorno a su cintura, le cubrió la boca.

Shh…—le susurró, mientras pasaba sus labios por la garganta. Y hubo un momento en que Hermione podría jurar haber sentido la punta de la lengua de Thorin—No queremos que ellos se enteren de lo que estamos haciendo, ¿verdad, preciosa? —Hermione asintió con una bruma empañándole los ojos—A excepción de mí, no me gustaría que ellos te escucharan gritar.

Y un pensamiento travieso llegó hasta ella al escucharlo. Terminando por mover su pierna, la rodilla finalmente hizo contacto contra la entrepierna de Thorin, quien casi explota por lo placentero de la acción. Incluso tuvo que soltar a Hermione para sostenerse de no terminar cayendo, pero la mano que sujetaba la nuca, esa no la quitó. Al contrario, ejerció más fuerza y a través de ella, la muchacha recibía la contestación a lo que hacía.

Creo que al que escucharían gritar, sería a otro—le dijo divertida, y apretó con más fuerza su rodilla contra la ingle del enano, incapaz de apartar sus ojos de ese bulto duro y sobresaliente del pantalón. Relamiéndose los labios, se preguntó cómo se sentiría tenerlo refregándose entre sus piernas. O mejor aún, hundiéndose en ella. No tuvo que esperar mucho para saberlo, porque en un rápido movimiento, Thorin se había deslizado hacía enfrente y se hallaba presionando su erección contra el vientre de ella. Y ahora fue Hermione quien se mordió la lengua para no gritar.

Jadeando, acercó su rostro al de ella, donde Hermione observó los ojos azules tornarse oscuros y llenos de evidente deseo. Un tirón que casi le hace llegar al orgasmo con sólo haberlo visto. Sintiendo la respiración pesada del enano golpeando contra sus labios, Hermione supo lo que venía a continuación: Iba a besarla y en está ocasión, sería con su consentimiento.

Thorin—susurró, cerrando los ojos y ofreciéndole sus labios al enano.

¡Maldición, Hermione! ¿Sabes cuánto llevo deseando esto? —ella sonrió, manteniendo los ojos cerrados.

Entonces no comprendo cómo es que aún me tienes aquí, esperando porque me beses—lo escuchó gruñir. Pero como tenía los ojos cerrados, no miró la perversa sonrisa que Thorin le dio.

Ten por seguro que en este momento, haría mucho más que besarte—le dijo, rozando sus labios con los de ella con cada palabra que pronunciaba, y como recompensaba, obtuvo un empujó de caderas de la muchacha, seguido por una lengua que lambió sus labios entreabiertos.

Volviendo a sujetarla con firmeza, inhaló profundamente y se acercó a ella. Hermione pasó sus brazos por el cuello del hombre y sólo estuvieron a un insignificante segundo de besarse, compartiendo un roce, cuando escucharon un jadeo externo. Abriendo los ojos desconcertada, Hermione miró a Thorin que la observaba de la misma manera. Ese jadeo no había sido hecho por ninguno de los dos y no lo hubieran escuchado de no ser por el tono tan elevado. Segundos después, pudieron captar un movimiento entre los arbustos tras de ellos, seguidos por cuchicheos y murmullos. Los ojos de Thorin giraron con exasperación.

—Estoy comenzado a creer que lo hacen a propósito—dijo, apartándose de su compañera y sentándose donde estaba anteriormente. Podía escuchar claramente la voz de Bofur y Nori del otro lado de los arbustos.

Hermione se encogió de hombros, pasándose las manos por el cabello revuelto, tratando de peinarlo un poco.

—No les tengas mala voluntad, de seguro sólo trataban de ganar otra apuesta—Thorin elevó una ceja, claro que sabía de las jugadas que los enanos hacían y estaban idiotas si pensaban que él no se había dado cuenta. No es que le molestara, pero en este instante sí que se encontraba realmente cabreado. Es decir, ¿de todos los momentos en que pudo haberlos interrumpido tenían que elegir precisamente este?

La muchacha soltó una risa al aire, seguida de un suspiro: —Acércate—el enano la miró interrogante, ella sólo volvió a repetir la orden. Teniéndolo a una distancia que fuera decente, le pasó las manos por el cabello, ordenándolos y dejándolos como si nunca hubiera estado alborotado, y brindándole una sonrisa cuando hubo terminado. Thorin asintió, al menos ella no se encontraba molesta.

"Recuerda: la paciencia puede ser un árbol de raíz amarga pero con frutos muy dulces, y las cosas buenas les llegan a aquellos que saben esperar, porque aquel que tiene paciencia lo puede tener todo" Thorin miró confuso a la muchacha, ¿qué acababa de suceder?

—¿Cómo lo has hecho? —le preguntó, aunque ahora su tono había vuelto a ser mandón.

"Es parte de mi magia, el poder hablar telepáticamente con otros" respondió en su mente, el enano frunció el ceño "Pero esto es diferente"

—¿A qué te refieres? —volvió a preguntar.

"El enlace que comparto contigo es muy distinto al que uso con cualquier otra persona" Thorin se mantuvo atento, preguntándose a qué se refería exactamente "Eres mi compañero, Thorin y eso crea un vínculo entre los dos. Mi magia podrá ser usada por ti si así lo deseas" la mirada desconcertada del hombre le indicó a Hermione que debía continuar explicándose "La magia en mí es producto y herencia de la sangre de dragón que corre por mis venas. Yo actuaré como un transmisor que te brindara su uso, un ejemplo claro: leer las mentes. Tu podrás estar en mi como yo lo estoy ahora en ti"

Thorin soltó una exclamación. Eso era casi imposible de creer, no es que no creyera en la magia, si lo hacía, pero jamás pensó que algún día la terminaría usando.

"Aprenderás poco a poco" volvió a decirle a través de su enlace "Con el tiempo sabrás manejarla sin impedimentos"

—¿Cómo es que sabes esto? —Hermione tamborileó los dedos sobre su pierna.

—Saqué un libro sobre dragones escrito durante la Segunda Edad, cuando estuvimos en Rivendell. Allí descubrí ciertos aspectos que estoy notando actualmente, como el uso del fuego, las transformaciones, la importancia de la sangre y la pareja que se elige—Thorin prestó más atención al último punto—Somos Uno desde que te elegí y el vínculo se hará más fuerte conforme pase el tiempo. Volviéndose irrompible una vez que nos hayamos apareado.

—¿Dónde se encuentra ese libro ahora? ¿Sigue contigo? —Thorin se esforzó por evadir la parte en que escuchó a Hermione decirle que terminarían con él encima de ella en una posición que le daban las energías para volver a elevar cierta parte de su anatomía. La muchacha se percató de todo, no por nada era su compañera y el vínculo entre ambos le hacía poder estar en su mente y ver el mundo a través de los ojos del enano, literalmente.

—No—dijo finalmente—Lo perdí cuando fuimos capturados por los trasgos en las Montañas Nubladas. Lord Elrond me matará cuando se entere…

Thorin rió por las palabras y expresión de la muchacha.

—Ve a dormir—le ordenó—Yo terminaré la guardia.

Hermione asintió sonriente—Gracias, Thorin—y antes de que se levantara, el enano le colocó una bufanda, aquella que ella había usado una vez para vendarle la herida producida por el cuerno del erumpent, alrededor del cuello. Una simple y casta acción que provocó el rubor en las mejillas de la muchacha. El enano miró curioso el resultado, porque, literal, la muchacha acababa de sonrojarse por sólo haberle colocado la bufanda sobre los hombros, cuando antes ella misma había jugado a seducirle de la forma más descarada sin una pizca de vergüenza. Claro que eso merecía ser visto con atención.

—La noches es fría, cúbrete—ella asintió y recargó su frente en la del enano.

Buenas noches, Thorin—y se marchó, dejando al sujeto con un aroma rondándole que le recordaba a la menta y la vainilla.

Además de un problema entre las piernas. El rey bufó frustrado, mañana tendría un dolor en los testículos difícil de ignorar.

"Puedo volver y encargarme de tu problema, sí gustas" se sobresaltó, esa era la voz de Hermione en su mente. Después recordó lo que ella acababa de explicarle.

"¡Cállate y ve a dormir, como niña buena!" exclamó, la propuesta era demasiado tentadora pero no estaba en sus planes que se llevara a cabo.

"Mmmh… No estoy muy segura sobre la parte de niña buena" Thorin soltó un chasquido de lengua, no iba a contradecirla en eso, ya lo había comprobado e incluso pudo escuchar a Hermione reír en su mente ante su falta de respuesta "Me pregunto, ¿será cierto el rumor de que los enanos no carecen de desproporcionados atributos? Porque me muero por averiguarlo."

Sí, definitivamente, mañana tendría dolor de testículos.

[…]

Cuatro días después del arroyo encantado, llegaron a un sitio del bosque poblado de hayas. En un primer momento les alegró el cambio, pues aquí no crecían malezas y las sombras no eran tan profundas. Había una luz verdosa a ambos lados del sendero, pero el resplandor sólo revelaba unas hileras interminables de troncos rectos y grises, como pilares de un vasto salón crepuscular. Había un soplo de aire y se oía un viento, pero el sonido era triste. Unas hojas secas cayeron recordándoles que fuera llegaba el otoño y arrastraban los pies por entre las hojas muertas de otros otoños incontables, que en montones llegaban al sendero desde la alfombra granate del bosque.

Esa noche fueron una triste partida, y esta tristeza pesó aún más sobre ellos en los días siguientes. Habían cruzado el arroyo encantado, pero más allá el sendero parecía serpear igual que antes, y en el bosque río no advirtieron cambio alguno. Si sólo hubiesen sabido un poco más de él y del ciervo blanco que se les había aparecido en el camino, hubieran podido reconocer que iban al fin hacia el linde este, y que si hubiesen conservado el valor y las esperanzas, pronto habrían llegado a sitios donde la luz del sol brillaba de nuevo y los árboles eran más ralos. Pero no lo sabían, y estaban cargados con el pesado cuerpo de Bombur, al que transportaban como mejor podían, turnándose de cuatro en cuatro en la fatigosa tarea, mientras los demás se repartían los bultos. Si estos no se hubieran aligerado en las últimas jornadas, nunca lo hubieran conseguido, pero el sonriente y sonador Bombur era un pobre sustituto de las mochilas cargadas de comida, pesasen lo que pesasen.

Pocos días más y no les quedó prácticamente nada que comer o beber. Nada apetitoso parecía crecer en el bosque; sólo hongos y hierbas de hojas pálidas y olor desagradable, y el gordo de Bombur dormía aún, y ellos estaban muy cansados. A veces oían una risa inquietante, y a veces también un canto a lo lejos. La risa era risa de voces armoniosas, no de trasgos, y el canto era hermoso, pero sonaba misterioso y extraño, y en vez de sentirse reconfortados, se dieron prisa por dejar aquellos parajes con las fuerzas que les restaban.

—Necesitamos descansar un poco—pidió Bofur, quien se encontraba en ese momento cargando con el pesado cuerpo de su hermano.

—Sólo un par de minutos, por favor—dijo Oin, desde una de las esquinas de la camilla que llevaba a Bombur.

Lanzando una maldición, Thorin accedió a darles quince minutos, ni más ni menos. El aire del bosque también comenzaba a tener un efecto desgastante sobre él y la actitud arrogante habitual en el enano, se había intensificado. Todos en la compañía se vieron alguna vez victimas de él, bueno, todos menos Hermione.

Dejando el pesado cuerpo del enano cocinero, la compañía se recargó en el lugar más aceptable para pasar sus 15 minutos de descanso. Bilbo se dejó caer en unos improvisados troncos, ubicados a lado del camino.

—Toma—el mediano miró una cantimplora frente a su nariz, siguiendo la dirección del brazo, observó a la única mujer del grupo.

—Gracias—le dijo, tomándola entre sus manos—Oye, creí que ya no quedaba agua.

Ella se encogió de hombros—Es algo de aguamiel, lo he reservado para casos de urgencia.

Llevándose el líquido a los labios, el pequeño hombrecillo sintió la tibia bebida bajar por su garganta, saciando un poco lo desgastante de su cuerpo. Sólo cuando algo de su mal humor mejoró, volvió a hablar.

—Hermione—la llamó, ella le dio a entender que le escuchaba—Llevábamos mucho tiempo en el bosque y no nos hemos topado con ningún elfo, ¿en verdad hay en este lugar maldito?—la muchacha se tomó su tiempo en responderle.

—Da gracias de que no tengamos el infortunio de que aparezcan—Bilbo arqueó una ceja—Tal como dijo Beorn, los elfos del bosque negro no son para nada amigables. Lejos de tratarte con cortesía y gentileza, te mataran si tienen la oportunidad, suelen ser más agresivos y violentos que sus pariente en Rivendell.

Bilbo tragó saliva con dificultad, eso lo había olvidado; pero una nueva duda vino a su mente.

—¿Y el Lord de este bosque es igual de cruel?

—No lo sé, Bilbo—comenzó diciendo—Nunca lo he visto, está es la primera vez que me adentro a los territorios del reino del bosque—el hobbit frunció la frente, no era la respuesta que había esperado—Aunque he escuchado rumores—Bilbo paró la oreja—Se dice que el rey es un ser frío y rencoroso, alguien incapaz de sentir o demostrar compasión ante la peor de las calamidades. Pocos de los que le han visto, juran que con sólo observarlo puedes percibir la gran crueldad de la que es capaz.

Un escalofrío recorrió la espina dorsal del mediano, ni en sueños deseaba encontrarse con un sujeto como ese.

—¿Conoces su nombre? —Hermione reprimió un quejido, el lado Tuk de Bilbo seguía tan vivo como siempre.

—Thranduil—le dijo—Rey de los Reinos del Bosque, hijo del antiguo monarca, Oropher y uno de los últimos elfos de la Primera Edad.

Bilbo se atragantó con el nuevo trago que le dio al aguamiel, esos eran demasiados títulos. Títulos muy importantes y-¡Espera! ¿Acaso Hermione dijo Primera Edad? ¿Qué edad tenía exactamente ese sujeto? Justo cuando estaba a punto de hacer otra pregunta, un ligero destello llamó su atención. Girando su cabeza, Bilbo se encontró con lo que pareciera una llama azul flotando en el aire. Inmóvil y solitaria, en lo interno del bosque, muy lejos de la compañía de enanos. Entrecerrando los ojos, prestó más cuidado en descubrir de qué podría tratarse, y como si fuese magia, comenzó a sentir que esa misma llama azulada, le indicaba que la siguiera. Y en él creció la desesperación por desear ir tras ella.

De no haber sido por el firma agarre sobre su brazo, tal vez nunca más hubiéramos sabido algo del hobbit.

—Nunca, jamás, debes seguir esas luces, Bilbo—el mediano miró desconcertado a la muchacha, tal pareciera que hubiera hecho algo muy, muy malo—Esas luces que observas son conocidas como fuego fatuo y no son para nada algo que desees seguir, porque lo único que conseguirás es perderte y jamás encontrarás el camino de regreso—el mediano abrió los ojos aterrorizado—Se cree el mito de que los fuegos fatuos son espíritus malignos de personas muertasy que, a veces, aparecen para anunciar el fallecimiento inminente de alguien. Aunque esto último, yo lo dudo.

Mirando nuevamente, observó como la luz azulada, se iba extinguiendo hasta desaparecer, tal vez había comprendido que no conseguiría extraviar a nadie esa noche, o eso supuso.

Cuando Thorin indicó que debían volver a caminar y el pequeño hobbit estuvo a punto de levantarse, fue que un cuchicheo, un susurro y murmullo se comenzó a escuchar en el aire. Ululares en el viento que traían consigo palabras y frases que le hicieron erizar la piel y los pelos de los pies.

—¿Qué es eso? —preguntó aterrado—¿Qué es?

—¿De qué hablas? —le cuestionó Dwalin, con un áspero tono de irritación en la voz.

—¡Son voces en el aire! ¿No las escuchan? —volvió a preguntar, ¿cómo era posible que no lo hicieran?

—Yo no escucho nada—habló Thorin, habiendo escuchado las preguntas del hobbit—Ni el viento ni el cantar de un pájaro siquiera.

Bilbo respiró intrigado como era posible que no las estuvieran escuchando. Él lo hacía, y sin problemas, pero cuando miró la expresión en el rostro de Hermione, el mediano se dio cuenta que ella también las escuchaba, incluso mejor que él mismo. Porque el Sr. Bolsón las oía, sí, pero no lograba entender lo que decían.

—¿Qué hora es? —preguntó Thorin de repente, demandado porque alguien le diera una respuesta.

—No lo sé…—le respondió Dwalin—Ni siquiera sabría decir que día es.

Fuera como si una nueva ola de desesperación se estuviera apoderando de las pocas esperanzas que la compañía aún guardaba.

—Estamos tardando demasiado—dijo el rey, entre murmullos y maldiciones—¿Es que acaso no se acaba nunca este maldito bosque?

—No lo parece, sólo hay árboles y más arboles—habló Gloin, mirando de derecha a izquierda, dando a entender su argumento.

Y mientras los enanos seguían debatiéndose en lo interminable que parecía el bosque para ellos, Bilbo comenzó a tomar conciencia en las enormes telarañas que se encontraban en las orillas del camino. Acercando una mano, le dio un pequeño golpecito a una de ellas, mirando curioso cómo era esta vibraba y las ondulaciones se estremecían a lo lejos. Volviéndolo a hacer una y otra vez, y aún más al percatarse que las voces que sonaban se hacían más fuertes pero lo suficiente para ser entendibles.

—Allí…—ni siquiera escuchó las palabras de Thorin—¡Síganme, ahora!

Sin esperar por una respuesta, el rey enano se abrió camino entre la compañía, guiándolos por un sendero que no era el camino elfico que el mago le hubo marcado.

—Pero Gandalf ha dicho que-

—¡Háganme caso y síganme!—ordenó, cortando las palabras de Dori.

—¡No, aguarda, Thorin!—gritó Hermione, corriendo detrás del enano al percatarse que el hombre estaba siguiendo una luz azul, la misma que instantes atrás le había dicho a Bilbo que evitara.

Uno a uno, los enanos fueron yendo tras el camino que el rey enano les indicaba, apartándose del sendero e internándose en lo más profundo del bosque.

—¿Qué- ¡No, esperen!—indicó Bilbo, habiéndose dado cuenta de lo que estaba sucediendo—¡Deténganse en este instante! ¡No debemos abandonar el sendero! —pero ninguno de los enanos le escuchó y continuaron como si nunca lo hubieran escuchado.

Para cuando Hermione hizo a Thorin entrar en razón, ya era demasiado tarde, el camino se encontraba demasiado lejos y ellos estaban perdidos. Lo único que les quedó por hacer, fue dar media vuelta y emprender el viaje de regreso, tal vez y con algo de suerte lograrían encontrar el sendero de los elfos. No fue así y aquella noche tomaron las últimas sobras y migajas de comida, y cuando a la mañana siguiente despertaron, advirtieron ante todo que estaban rabiosamente hambrientos, y luego que llovía, y que las gotas caían pesadamente aquí y allá sobre el suelo del bosque. Eso sólo les recordó que también estaban muertos de sed, y que la lluvia no los aliviaba: no se puede apagar una sed terrible sólo quedándote al pie de unos robles gigantescos, esperando a que una gota ocasional te caiga en la lengua. La única pizca de consuelo llegó, inesperadamente, de Bombur.

El enano despertó de súbito y se sentó rascándose la cabeza. No había modo de que pudiera entender dónde estaba ni por qué tenía tanta hambre. Había olvidado todo lo que ocurriera desde el principio del viaje, aquella mañana de mayo, hacía tanto tiempo. Lo último que recordaba era la tertulia en la casa del hobbit, y fue difícil convencerlo de la verdad de las muchas aventuras que habían tenido desde entonces. Sobre todo, la parte donde le fue presentada Hermione como la compañera de su rey. Cuando oyó que no había nada que comer, se sentó y se echó a llorar; se sentía muy débil y le temblaban las piernas.

—¿Por qué habré despertado?—sollozaba, pasándose las manos por los cachetes gordos—Tenía unos sueños tan maravillosos. Soné que caminaba por un bosque bastante parecido a éste, alumbrado sólo por antorchas en los árboles, lámparas que se balanceaban en las ramas, y hogueras en el suelo; y se celebraba una gran fiesta, que no terminaría nunca. Un rey del bosque estaba allí coronado de hojas; y se oían alegres canciones, y no podría contar o describir todo lo que había para comer y beber.

—Y no tienes por qué intentarlo —dijo Thorin—. En verdad, si no puedes hablar de otra cosa, mejor te callas. Ya estamos bastante molestos contigo por lo que pasó. Si no hubieras despertado, te habríamos dejado en el bosque con tus sueños idiotas; no es ninguna broma andar cargando contigo ni aun después de días de escasez—Hermione negó con la cabeza, allí estaba el mal humor de su esposo reluciendo en todo su esplendor.

No podían hacer otra cosa que apretarse los cinturones sobre los estómagos vacíos, cargar con los sacos y mochilas también vacíos, y marchar sin descanso camino adelante, sin muchas esperanzas de llegar al final antes de caer y morir de inanición. Esto fue lo que hicieron todo ese día, avanzando cansada y lentamente, mientras Bombur seguía quejándose de que las piernas no podían sostenerlo y que quería echarse y dormir.

—No, no lo harás—decían—Que tus piernas cumplan la parte que les toca. Nosotros ya te hemos cargado bastante tiempo.

A pesar de todo, Bombur se negó de pronto a dar un paso más y se dejó caer en el suelo, diciendo renuente:—Seguir si ustedes quieren, yo me echaré aquí a dormir y a soñar con comida, ya que no puedo tenerla de otro modo. Espero no despertar nunca más—y el enano se hubiera quedado en ese bosque de no ser por la sarta de palabras en Khuzdul que Hermione le recriminó, tomándolo y zarandeándolo hasta que al enano no le quedó de otra que continuar junto a la compañía. Su señora daba más miedo que le mismo oscuro y tenebroso bosque.

Continuaron el camino, con los ánimos aún más miserables que al inicio y estos empeoraron cuando un día, el camino que habían estado siguiendo simplemente desapareció. Ni rastros del sendero de los elfos, ni por el que caminabas, porque este terminaba en un profundo barranco sin salida.

—¡Busquen el camino! ¡Búsquenlo ahora! —ordenó Thorin, mirando frenéticamente a todas partes.

—No recuerdo esta parte—dijo Balin, caminando por entre los arboles tratando de localizar el camino—No reconozco nada y nada me es familiar.

—Tiene que estar por aquí, no puede desaparecer—habló Dori, escalando entre las pequeñas colinas de roca a su alrededor.

—Mucho menos que lo hayan movido—dijo Dwalin, incapaz de entender como habían sido tan estúpidos como para salirse del sendero.

—Por aquí tampoco está—gritó Ori, desde algún punto lejano de los demás.

Bilbo suspiró, estaban completamente perdidos.

—Tranquilo, saqueador—Hermione le habló—Saldremos de esta…—pero esas palabras no ayudaron de mucho al mediano.

Los siguientes dos días no fueron los más primorosos y encantadores de su estadía en aquel bosque. Bilbo había comenzado a alucinar con meriendas y comidas, con tartas de frambuesa y panqueques de miel con avellanas, y enormes tarros de cerveza de mantequilla y escoceses de malta. Una horrible ilusión para su fatigado estómago hambriento. Incluso hubo ocasiones donde le pareció estarse mirando a él mismo, caminando detrás o delante de él, luciendo desorientado y aturdido por lo paranoico de la situación, y en el peor de los casos, donde sentía que sus pies caminaban en forma inversa. No fue hasta que llegaron más tarde a un valle en el que crecían unos grandes robles, que recobró un poco la cordura.

—¡Miren lo que encontré! —exclamó Dori, atrayendo la atención—Una bolsa de tabaco. Hay enanos en este bosque.

—Enanos de las Montañas Azules, sin duda—habló Bofur, tomando el fardo entre sus manos—Esta es exactamente igual a la mía.

—Porque es la tuya, ¿no te has dado cuenta? —le dijo Bilbo—Hemos estado caminando en círculos, nos hemos perdido.

—No es verdad, no nos hemos perdido—dijo Thorin, se negaba creer eso—Vamos hacia el Este.

Bilbo alzó las manos en exasperación.

—¿Pero dónde está el oriente? —preguntó uno de los enanos, más irritado que de costumbre—No podemos guiarnos, no hay Sol para saberlo.

—¿Acaso dudas de la palabra de tu rey? —amenazó Dwalin—Creí que tú eras el experto, guíanos entonces.

Hermione se interpuso entre ambos hombres.

—Tranquilos, no hay necesidad de comenzar una discusión—pero el otro enano no se tomó a bien las palabras de la muchacha.

Frunciendo de una manera bastante altanera la nariz, dijo: —Que alguien le diga a la mujer que se calle, no hacen falta sus remedios.

Dwalin lanzó un gruñido.

—¿Esa es la forma de tratar a tu Señora? ¿A la mujer de tu rey? —el otro enano tragó duro, no sabía que se le había metido para decir tales cosas; pero ya era muy tarde, porque Thorin y el enano tatuado se encontraban frente a él—Discúlpate con ella.

Y al no tener una rápida contestación, ambos hombres se fueron contra el enano, lanzándolo en un empujón que terminó con otros uniéndose en la pelea. Al final, ya cada quien luchaba por sus propios motivos sin recordar con exactitud el origen de todo eso. Mencionar que se jalaron barbas y se mordieron brazos sería un término poco adecuado para la pelea, porque los enanos parecían críos de cinco años luchando por ver quien ganaba un caramelo del frigorífico de su madre.

Ladeando la cabeza, el hobbit encontró a la mestiza, respirando con dificultad, recargada en el tronco de un árbol y tratando de mantenerse en pie.

—Hermione, ¿qué sucede? ¿Qué ocurre? —le preguntó, claramente alterado, ¿qué demonios estaba pasando en ese bosque y con ellos? —¡Thorin! —llamó al enano—Es Hermione, corre.

—Bilbo…—susurró la muchacha—El Sol…— el mediano la miró confuso, pero ella volvió hablar—El Sol, Bilbo. Debemos encontrar el Sol… Arriba…—siguiendo la dirección que apuntaba el dedo de la mujer, Bilbo observó las copas de los árboles—Tienes que escalar, sube…—fue entonces que lo comprendió.

—¿Estarás bien? —le preguntó temeroso, no parecía que fuera a estarlo, pero sólo asintió antes de volver a decirle que escalara, aunque ahora parecía más bien un gruñido.

Dejándola sentada, no se demoró en comenzar a trepar por árbol, y tan concentrado estuvo que nunca escuchó las palabras de Thorin, quien se detuvo a medio camino de llegar hasta Hermione, diciendo:—¿Qué es eso? —preguntó, comenzando a escuchar un leve cuchicheo—¡Ya basta! ¡Se acabó! ¡Cállense y escuchen!... Nos están vigilando—al instante, el olfato desarrollado de Hermione captó un nuevo aroma, demasiado conocido y, para su desgracia, horriblemente problemático.

El pobre señor Bolsón nunca había tenido mucha práctica en trepar a los árboles, pero se abrió camino por entre las pequeñas ramas enmarañadas, con más de un golpe en los ojos. Se manchó de verde y se ensució con la corteza vieja de las ramas más grandes; más de una vez resbaló y consiguió sostenerse en el último momento. Por fin, tras un terrible esfuerzo en un sitio difícil, donde no parecía haber ninguna rama adecuada, llegó cerca de la cima. Todo el tiempo se estuvo preguntando si habría arañas en el árbol, y cómo iba a bajar (excepto cayendo). Al fin sacó la cabeza por encima del techo de hojas, y en efecto, encontró arañas. Pero eran pequeñas, de tamaño corriente, y sólo les interesaban las mariposas.

Los ojos de Bilbo casi se enceguecieron con la luz. Oía a los enanos que le gritaban desde abajo, pero no podía responderles, sólo aferrarse a las ramas y parpadear. El sol brillaba resplandeciente y pasó largo rato antes que pudiera soportarlo. Cuando lo consiguió, vio a su alrededor un mar verde oscuro, rizado aquí y allá por la brisa, y por todas partes, cientos de mariposas. Supongo que eran una especie de emperador púrpura, una mariposa aficionada a las alturas de las robledas, pero no eran nada purpúreas, sino muy oscuras, de un negro aterciopelado, sin que se les pudiese ver ninguna marca. Observó a la emperador negra durante largo rato, y disfrutó sintiendo la brisa en el cabello y la cara, pero los gritos de los enanos, que ahora estaban impacientes y pateaban el suelo allá abajo, le recordaron al fin a qué había venido. Miró con atención alrededor, tanto como pudo, y no vio que los árboles o las hojas terminasen en alguna parte. El corazón, que se le había aligerado viendo el sol y sintiendo el soplo del viento, le pesaba en el pecho; no había comida que llevar allá abajo.

—Desde aquí distingo un lago y un río—comenzó gritándoles a los enanos, moviendo unas cuantas ramas, ubicó lo más importante de todo—¡Y la Montaña Solitaria! ¡Estamos muy cerca, si, señor! —pero no hubo contestación por parte de la compañía, ni un quejido ni un resoplido, todo parecía dormido allá abajo—¿Pueden oírme? ¡Ya sé hacia dónde ir! —y de nuevo, nadie contestó—¿Hola?

Bilbo se preguntó que podría estar sucediendo abajo para que nadie le respondiera, y justo estaba a punto de bajar cuando el sonido de ramas siendo despedazadas llamó su atención. Mirando por encima de las copas de los árboles, el mediano descubrió que si las ramas hacían ese sonido era porque algo se estaba acercando a ellos, algo muy grande y probablemente muy malo. Ocultándose, trató de mirar hacia la compañía pero en un movimiento torpe, uno de sus pies resbaló de la rama y el hobbit cayó.

—¡Oh, por Dios! ¡Esto no puede ser!—exclamó.

Sosteniéndose de una rama que colgaba casi a punto de caerse, Bilbo observó a su alrededor sólo para encontrar metros y metros de enormes telarañas. Un movimiento hacia su derecha, le advirtió de una presencia, y el pequeño saqueador gritó gravemente asustado al presenciar a una gigantesca araña que iba en su dirección. Tal fue el susto que terminó soltándose de la rama y volviendo a caer, golpeándose y cayendo de lleno al suelo, ni siquiera tuvo tiempo de procesar lo que sucedía cuando la gigantesca araña saltó sobre él. Bilbo soltó otro grito y elevó las manos hacia la cara, no tendría tiempo ni para desenfundar su espada, pero nunca sintió la embestida del animal; en lugar de ello, escuchó chillidos y rugidos feroces. Cuando abrió los ojos, se encontró con un enorme huargo de pelaje cobrizo con una de las patadas de la araña en su hocico y al arácnido muerto.

—¿Hermione? —la llamó, sentado desde el suelo.

El lobo volteó a observarlo, pero antes de que hablara, una nueva araña hizo presencia, no pasó mucho hasta que se halló muerta junto a la otra. Bilbo observó a ambos insectos y después al huargo que se transformó de regreso en Hermione.

—¿Qué pasó? —le preguntó.

—Arañas—el tono en que dijo esa palabra no pasó desapercibido por Bilbo—Nos atacaron por todas direcciones, eran demasiadas, se llevaron a todos. Traté de salvar a Thorin, pero había cinco bloqueándome el paso, sólo logré escapar cuando me transformé en huargo.

Bilbo compuso una mueca, aquí iban de nuevo en una extraordinaria aventura.

—Hermione—la volvió a llamar—Debemos ir tras ellos—asintiendo, la muchacha volvió a transmutar en su forma lobuna y ordenó al hobbit montar sobre su lobo.

Siguieron el rastro de las telarañas, guiándose por aquellas que resultaban más gruesas y con menos rastros de llevar mucho tiempo, además de que el aroma de los arácnidos se encontraba muy presente en el aire. No tardaron en encontrar la guarida. Al llegar, observaron desde un punto escondido en el suelo como las arañas arrastraban a los enanos, envueltos en toneladas de telarañas y los colgaban de cabeza en unas ramas. Hermione soltó un jadeo al ubicar a Escudo de Roble.

—Muy bien, ¿cuál es el plan? —preguntó Bilbo, suponiendo que había un plan, siempre lo había, ¿no?

—Tú escalarás y cortarás las telarañas-

—¿Qué yo qué?—interrumpió completamente atónito.

Hermione le lanzó un reproche con la mirada.

—Como lo escuchaste, subirás a esas ramas y cortaras las telarañas, sino lo haces se los comerán—el tono en la voz de la muchacha se volvió más mortal—Y si Thorin muere, yo te asesinaré a ti.

Bilbo sintió un tic en el ojo.

—Eso no es justo—se quejó—¿Por qué no vas tú?

—Yo serviré como distracción—le explicó—Alejaré a las arañas lo más que pueda, mientras tu aprovechas y salvas a los enanos.

Aún con todo esto, el plan no le gustaba. No quería subir hasta allá arriba, esas criaturas eran horrendas y- Paró de un golpe sus argumentos, razonando un poco más, descubrió una verdad muy disparatada.

—No puedo creerlo…—dijo desconcertado—¡¿Le temes a las arañas?!

La muchacha luchó por no golpearlo en la cabeza, si pensaba que Bilbo pasaría por alto la forma en que observaba a esos insectos y la aberración con que había hablado de ellos, se encontraba profundamente equivocada.

—Tú también les temerías si hubieras visto a una descendiente directa de Ungoliant, Bilbo Bolsón Tuk—se defendió, como odiaba todo lo que tenía que ver con esas criaturas.

—¿Ungoliant? ¿La araña Maia? —preguntó Bilbo, ese era un tema interesante.

Intuyendo lo que podría estar pasando por la mente del hobbit, Hermione le cortó las futuras preguntas de un tajo:—Te prometo que te contaré esa historia, pero el momento requiere que hagamos algo más, ¿listo?

Bilbo arqueó una ceja, ¿listo para qué o qué?

Y sin darle tiempo para nada más, Hermione lo tomó de la solapa de su abrigo y en un acelerado movimiento, lo lanzó metros arriba. Bilbo casi vomita cuando terminó de subir a la rama donde había caído, maldiciendo a la mestiza y maldiciendo a los enanos, pero mucho más a la mestiza. Tomando aire, se fue acercando de poco a poco, pero a escasos metros escuchó el sonido de la madera siendo cuarteada, mirando hacia atrás ubicó a otra araña y a otra encima de su cabeza, y otra en la rama donde estaba parado. Escondiéndose en un pequeño recoveco del tronco, Bilbo espero, rezando, porque los insectos no lo hubieran visto y mientras esperaba se encontraba preguntándose cómo diablos salvaría a los enanos sin que las arañas lo descubrieran.

Fue entonces que recordó el anillo en el bolsillo del chaleco, sacándolo lo observó unos segundos. Le había prometido a Hermione que sólo usaría el poder del anillo en casos de urgente necesidad. Bien, este era uno de esos casos. Deslizando la circunferencia de oro en su dedo, pronto sintió la diferencia de ser visible y volverse invisible.

Mátenlos. Cómanselos, cómanselos ahora que todavía su sangre corre caliente y jugosa por sus venas—Bilbo abrió los ojos de par en par, los cuchicheos que había estado escuchando eran las voces de esos animales. —Su piel es dura, pero son muy jugosos por dentro.

El mediano miró sorprendido la conversación de las arañas. Tal vez el poder del anillo no sólo lo hacía invisible, sino que también le permitía entender otras lenguas.

La carne se encuentra viva todavía. Dale un pique, dale un piquete—dijo una araña, después de que el enano que encontraba frente a ella, Fili, le diera una patada.

Que inicie el festín, el festín—rugía otra.

Sí, a comerlos vivos—imploraban algunas más. Entonces, a lo lejos, se escuchó un sonido, un eco que retumbo en la madriguera de las arañas llamando su atención.

Bilbo supo quién había hecho ese sonido. "Hermione…"

¿Qué es eso? ¿Qué fue eso? —dijeron a coro las arañas, y el sonido volvió a escucharse—¡Por acá! ¡Por acá! —y en un segundo, las criaturas de ocho patas se encontraban yendo tras el rastro de un huargo que corría en dirección contraria a la madriguera.

Todas, menos una, que se había quedado atrás con la intención de comer su propia caza.

Gordo y jugoso—dijo, bajando al enano seleccionado (Fili, puede que el muchacho no tuviera mucha suerte ese día)—Sólo una pequeña probada.

La araña era enorme, mucho más que las otras, con una piel negra y llena de pelos que parecían espinas. Sus patadas eran largas y recordaban a las líneas de las telarañas que utilizaba para atrapar a sus presas. Además de que su voz era la más siniestra de todas. Cuando Bilbo miró que la araña estaba por encajarle sus colmillos a Fili, el mediano alzó su espada y la dejó ir con fuerza, lastimando a la araña. El sonido de carne siendo cortada fue escuchado, y emitiendo un grito la criatura volteó hacia quien la había lastimado, pero no miró a nadie.

¿Dónde está? ¿Dónde está? ¿Dónde está? —gritaba colérica, aquella fuerza le había rebanado un colmillo y dos patadas. Al instante, el hobbit se quitó el anillo y enfrentó a la araña.

—Aquí.

Entonces, hundió por completo su espada en la cabeza de la araña, que se retorcía y gritaba chillando: —¡Arde! ¡Arde! ¡Arde!—y cayó muerta.

Bilbo observó a la araña muerta y después a su espada, y una idea se le vino a la cabeza:—Ardor… Sí, bonito nombre, gracias—le dijo al cadáver—A partir de hoy, tu nombre será Ardor—proclamó, bautizando a su espada.

Por alguna razón, matar a la araña gigante, él, totalmente solo, en la oscuridad, sin la ayuda del mago o de los enanos o de Hermione o de cualquier otra criatura, fue muy importante para el señor Bolsón. Se sentía una persona diferente, mucho más audaz y fiera a pesar del estómago vacío, mientras limpiaba la espada en su ropa.

Unos nuevos chillidos se escucharon y el hobbit observó al enorme sequito de arañas venir de regreso hacia la madriguera. De seguro habían escuchado los gritos de la enorme arácnida.

¡Mataron a Saenathra, mataron a Saenathra! —exclamaban alteradas. El hobbit intuyó que se referían a la araña que él mató—¡Saenathra está muerta, Saenathra está muerta!

—¡Corre, Bilbo! —esa fue la voz de Hermione, quien también corría de regreso, aniquilando a las arañas que encontraba a su paso.

Sin demorarse, el mediano comenzó a cortar las redes que mantenían a los enanos colgando y uno a uno fue cayendo hasta que los trece integrantes raptados estuvieron en el suelo. Deshaciendo de los montones de telarañas que los envolvían, los hombres rebuscaron entre ellos mismos, tratando de encontrar a los dos sujetos de faltaban en esa compañía.

¡Ava!—gritó Thorin, no miraba a su compañera.

—¡Hermione! ¡Bilbo! ¿Alguien los ha visto? —preguntó Bofur, pero nadie respondió—¿Dónde están?

Arriba, entre las ramas, el hobbit escuchó sus preguntas.

—Estoy acá arriba—pero su respuesta fue tapada por el rugido de la araña que se fue sobre él. Asustándolo y haciéndole dar un paso hacia atrás, cayendo ambos de la rama. Bilbo por querer alejarse del insecto, y la araña por intentar capturar al hobbit.

Observando como el tumulto de criaturas de ocho patas iban tras de ellos, la compañía emprendió el camino para huir de la situación. Armándose con espadas, hachas y arcos, e incluso sus manos desnudas, los enanos se vieron envueltos en otra peligrosa carencia.

Eran demasiadas arañas, decenas de ellas que bajan de las ramas y los perseguían sin cesar. Dwalin aniquiló por lo menos a nueve con su hacha, Thorin a seis empuñando a Orcrist, Kili a ocho con ayuda de su arco y flechas. Sin mencionar las otras que el resto asesinó. Una en especial se fue persiguiendo a Bombur, haciéndolo caer y colocándose encima de él, y el enano utilizó sus manos para evitar los feroces colmillos que sobresalían de la mandíbula del insecto.

—Tómenla de las patas—gritó Dwalin, y entre siete enanos más, jalaron hasta que sólo quedó el torso desnudo de la araña sobre Bombur.

¡Ava! —volvió a gritar Thorin, Hermione no aparecía por ningún maldito lado.

Un nuevo grito llamó la atención de la compañía.

—¡Auxilio! ¡Ayúdenme!—era Kili, que se encontraba siendo arrastrado.

—¡Kili!—gritó su hermano, pero no podía llegar hasta él, cuatro gigantescas arañas le bloqueaban el paso, y lo mismo pasó con los demás.

—¡Maldita sea, odio a estos jodidos insectos!—Kili observó a la figura que se dirigía hacia él, era Hermione, empuñando sus cuchillas y con una mirada que le erizó la piel.

Golpeando a la araña, logró que soltara al enano y en tres rápidos movimientos la decapitó. En verdad no se hallaba de humor para esto.

—Por acá—ordenó Thorin, más tranquilo al encontrarla, pero aún debía guiarlos lejos del peligro—No se detengan, sigan.

Y mientras corría, se vio detenido por una araña que le bloqueaba el paso. Lanzando un estridente chillido, la criatura se dirigió hacia él hasta que un movimiento en los árboles atrajo su atención.

Saltando de rama en rama, Thorin observó a una criatura esbelta y con una mata de pelo rubio correr hacia ellos. Cuando sus ojos identificaron de quien se trataba, una mueca de profundo disgusto se hizo presente en su rostro. Se trataba de un maldito trepador de árboles, un devorador de plantas, un amante de la naturaleza, un sabihondo inmortal anteñero y un pelos de escoba lampiño. En pocas palabras, un estúpido elfo del bosque.

El elfo saltó desde la rama y cayendo, se deslizó por el suelo atravesando a la araña con una daga cuando pasó bajo ella, irguiéndose inmediatamente y terminando por apuntar con una flecha directo a la cara de Escudo de Roble.

—No creas que no te quitaría la vida, enano—la expresión en la cara del sujeto era gélida.

Thorin alzó la barbilla, sin dejarse intimidar por un lampiño rubio.

—Es bueno saberlo—una segunda voz se hizo presente—Si lo tocas, será todo un placer asesinarte—y una sonrisa se formó en los labios del enano. Esa era SU compañera.

Mirando hacia su derecha, el elfo rubio descubrió a una mujer apuntándole con un par de dagas. Una de ellas estaba a centímetros de rozar su cuello. Arqueando una ceja, volvió su vista hacia el rey.

—¿Una mujer? —su tono era burlón, Thorin apretó los puños—Suelta el arma y nadie saldrá lastimado.

Hermione se resistió al inicio, pero finalmente accedió, dejando que el mismo elfo de cabello rubio le quitara ambas cuchillas, el arco y carcaj, además de algunas dagas que llevaba escondidas. Una vez limpia, Hermione caminó hasta posicionarse alado de Thorin, quien en un rápido movimiento la miró, verificando que no estuviera lastimada. Aunque no lo suficientemente rápido para que el elfo lo notara y entrecerrara los ojos receloso.

"¿Estás bien?" esa era la voz de Hermione en su mente.

"Si" contestó Thorin "¿Y tú?"

"Me encuentro bien, un par de arañas no me harán daño" le dijo, tratando de quitarle hierro al asunto.

Pronto, la compañía se encontró rodeada por un numeroso grupo de elfos.

—Revísenlos—ordenó el elfo rubio.

Uno a uno, los enanos fueron despojados de sus armas, siendo revisados de pies a cabeza. Incluso Hermione pasó por una segunda revisión, una donde se encontraron más dagas ocultas. Igual que con Fili, entre ambos se podría jurar que se llenó todo un costal.

—Oye, devuélveme eso, es privado—demandó Gloin, cuando le quitaron el guardapelo que llevaba en su abrigo.

—¿Quién es él? ¿Tu hermano? —preguntó burlón el elfo rubio.

—Esa es mi esposa—dijo Gloin, sintiéndose ofendido, nadie jamás insultaba a la mujer de un enano.

—¿Y qué es esta horrenda criatura? ¿Un trasgo mutante? —volvió a preguntar, con evidente tono cruel.

—Él es mi hijo, Gimli—el elfo arqueó una ceja, para él ambos eran horribles.

Thorin frunció el ceño, no le agradaba lo que estaba sucediendo. Acababan de librarse del ataque de las arañas, sólo para caer en un agujero más profundo. Ser capturados por elfos, sobre todo por los elfos del bosque, no había estado entre sus planes, porque eso significaba que volvería a verle la cara a ese traidor de cabellera rubia, y eso no le estaba gustando. Como tampoco el hecho de que Hermione fuera examinada tantas veces, maldición.

Hermione resopló fastidiada, esta era la decimoquinta daga que le quitaban de encima, aunque haciendo memoria, aun le quedaban muchas otras escondidas. Mirando hacia Fili, el enano le guiñó un ojo divertido, a él también le estaban sacando dagas hasta por dentro de los calzones. Pero cuando se percató que le estaban quitando la flauta que Sirius le regaló, ella alzó la mano para impedirlo y el elfo que la revisaba le amenazó con una espada. Así que tuvo que limitarse a observar como esa flauta desaparecía entre el montón de dagas, espadas, cuchillas, hachas y arcos con flechas de la compañía. Una mirada de impotencia cruzó sus rostro, una expresión que fue vista por el alto elfo de cabellera rubia al que había amenazado al inicio.

Gyrth in yngyl bain?—habló el elfo rubio, la compañía dedujo que podría tratarse del capitán de la guardia.

Ennorner gwanod in yngyl na nyryn—respondió otro elfo, de alta estatura y cabellera pelirroja atada en una coleta baja. A Hermione no le cayó bien ese elfo, sobre todo por los ojos profundamente grises con los que la miraba.

Reuniéndolos en círculo, Thorin observó, con la compañía detrás de él como era que otro trepa árboles le entregaba la espada que Lord Elrond le dio a él en el Valle de Rivendell al que suponían era el capitán de esa tropa.

Echannen i vegil hen vin Gondoli. Magannen nan Gelydh—dijo, empuñando la espada, observando el filo del arma con un interés alucinante. Entonces se volvió hacia Thorin, con una expresión acusadora—¿De dónde la sacaste?

—Me fue entregada—dijo, con toda la acidez de la que era capaz de contener, y no escupirla sobre la cara de ese niño bonito.

La expresión en la cara del elfo se tornó peligrosa, acompañada por el movimiento donde dirigió el filo de la espada hacia la garganta del rey enano.

—No solo eres ladrón, sino que también te gusta mentir—Hermione y el resto de los enanos gruñeron.

Instintivamente se colocó delante de él, amenazando al elfo con una brillante mirada, de que sí se atrevía a lastimar a Escudo de Roble, ella lo terminaría lastimando a él al triple. Pero el elfo sólo hizo lo único que llevaba haciendo desde el inicio, arqueó una ceja e ignoró la advertencia. Colocaron vendas sobre sus ojos, amarrándolos de las manos con cuerdas encantadas en una hilera con Thorin a la cabeza y Hermione a cinco puestos distanciada de él. Poco después escuchó cuando el capitán gritó en Sindarin, la orden de que se los llevaran.

"Thorin…" le habló a través de la conexión, comenzando a caminar.

"Saldremos de esta, lo prometo" a Hermione no le cabía la menor duda de que lo harían. Entonces algo que había paso por alto, le dio una nueva preocupación a la mestiza.

"¿Dónde está Bilbo, Thorin? ¿Dónde está?" el enano se tensó, ¿cómo había podido olvidar al mediano?

No muy lejos de allí, sólo a unos cuantos metros, Bilbo Bolsón se encontraba buscando frenético un objeto peculiar.

Su Anillo.

El mágico artefacto se le había caído cuando la gigantesca araña lo atacó en la cima de las ramas. Y aunque al inicio le dio más importancia a deshacerse del arácnido, cuando hubo tocado el suelo, su mente no se vio en otra cosa que no fuera recuperar el extraviado anillo que encontró en la cueva de Gollum.

—¿Dónde está? ¿Dónde puede estar? —se preguntaba frenético, moviéndose y tanteando la tierra a sus pies.

Prestando oído, comenzó a escuchar susurros, seguidos de una fuerza externa que le estaba atrayendo. Conocía esa sensación, era el anillo que lo emitía. Girando la cabeza, ubicó al adorno a tan sólo unos metros de él y una inmensa tranquilidad le invadió. Aunque poco le duró, desde el suelo, se abrió una rampilla de donde brotó una especie de araña blanca, y sin tener consciencia, caminaba sobre el anillo. Una inexplicable ira creció en el hobbit.

Sosteniendo en alto su espada, Bilbo gritó al momento en que se dejó ir sobre la criatura, azotándola y embistiéndola tantas veces que terminó rebanándole pedazos enteros del cuerpo. Terminando por encajarle el filo en la cabeza, Bilbo no tardó en tomar el anillo de regreso en su mano.

—Mío—señaló al cadáver, sonriendo de oreja a oreja por haber recuperado su valioso y precioso anillo.

"¿Valioso? ¿Precioso?" comenzó a razonar, un segundo después se llevó una mano a la boca. Tratando de calmar la urgencia que le vino de vomitar, observó lo que acababa de hacer. Había matado a una criatura sin raciocinio pensando que le robaría el anillo.

No pudo evitar pensar que las palabras que Hermione le dijo en casa de Beorn, podrían ser ciertas, y la magia del anillo estaba empezando a afectarle. De repente, tenía una inmensa opresión en el pecho, deseaba llorar sólo de imaginarse preso de la magia del anillo tal como la criatura Gollum.

Escuchando a lo lejos las voces de la compañía, Bilbo avanzó, no sin antes volver a esconder el anillo, sólo para darse cuenta del nuevo predicamento en el que se encontraban los enanos. Y muy a su pesar, tuvo que volver a hacer uso del poder del anillo. De lo contrario, los elfos lo descubrirían y sería capturado como el resto.

Bilbo los siguió algunas millas dentro del Bosque Negro, caminando hacia el lado este, aquel lugar donde vivía en ese tiempo el más grande rey de los elfos. No lo oyeron ni lo sintieron mientras corría al trote bastante atrás de la luz de las antorchas, mientras ellos llevaban a los prisioneros por el bosque. Poco después llegaron delante de unas puertas de piedra donde corría un río que venía de las cimas de los bosques y desembocaba dentro y fuera de los pantanos, al pie de las altas tierras boscosas. Esta gran cueva, en la que se abrían a un lado y a otro otras cuevas más reducidas, se hundía mucho bajo tierra y tenía numerosos pasadizos y amplios salones; pero era más luminosa y saludable que cualquier morada de trasgos, y no tan profunda ni tan peligrosa. De hecho, los súbditos del rey vivían y cazaban en su mayor parte en los bosques abiertos y tenían casas o cabañas en el suelo o sobre las ramas. Las hayas eran sus árboles favoritos. La cueva del rey era el palacio, un sitio seguro para guardar los tesoros y una fortaleza contra él enemigo. Pero todo esto sólo fue visto únicamente por el hobbit, quien no llevaba los ojos vendados.

Trataba por todos los medios de no quedarse demasiado atrás, pero los elfos hacían marchar a los enanos con una rapidez que nunca había conocido. Uno de los elfos, quien llevaba el cabello rubio y con una mirada impaciente, había ordenado que se dieran prisa. De pronto, las antorchas se detuvieron, y el hobbit tuvo el tiempo justo para alcanzarlos antes que comenzasen a cruzar el puente. Este era el puente que cruzaba el río y llevaba a las puertas del palacio del rey. El agua se precipitaba oscura y violenta por debajo; y en el otro extremo había portones que cerraban una enorme caverna en la ladera de una pendiente abrupta cubierta de árboles. Allí las grandes hayas descendían hasta la misma ribera, y hundían los pies en el río. Los elfos empujaron a los prisioneros a través del puente, pero Bilbo vaciló en la retaguardia. No le gustaba nada el aspecto de la caverna, y sólo a último momento se decidió a no abandonar a sus amigos, y se deslizó casi pisándole los talones al último de los elfos, antes de que los grandes portones se cerrasen detrás con un golpe sordo.

Holo in ennyn—ordenó el elfo rubio, pero justo antes de que él también cruzara las enormes puertas, miró hacia atrás. Exactamente al sendero vació, no sabía por qué, pero intuía que algo los había estado siguiendo. Sin darle más importancia, dio media vuelta e ingresó al palacio.

Dentro, los pasadizos estaban iluminados con antorchas de luz roja, y los guardias elfos cantaban marchando por corredores retorcidos, entrecruzados y resonantes. No se parecían a los túneles de los trasgos: que eran más pequeños, menos profundos, y de un aire más puro. En un gran salón con pilares tallados en la roca viva, estaba sentado el rey elfo en una silla de madera labrada y donde el imponente monarca sostenía en la mano un cetro de roble tallado. Quien llevaba en la cabeza una corona de bayas y hojas rojizas, pues el otoño había llegado de nuevo, pero en la primavera se ceñía una corona de flores de los bosques. Parándose en un lugar donde no fuera detectado, el hobbit observó todo lo que sucedió a continuación.

—No recuerdo la última vez que tuvimos invitados en el reino del bosque—habló el rey elfo desde su trono. Mirando con severidad las vendas y cuerdas sobre la compañía, ordenó que se les quitasen—Sobre todo cuando dichas visitas son inesperadas e indeseadas—añadió, identificando a Thorin entre el grupo. El enano apretó la mandíbula, era claro que esas últimas palabras habían sido dirigidas a él.

Hermione parpadeó un par veces antes de que sus ojos se adaptaran a la luz, y cuando lo hicieron, observó con un jadeó al gran elfo que se encontraba sobre un trono de madera labrada. El hombre irradiaba una atmosfera de frialdad, sólo con haberlo visto a los ojos, unos extremadamente llenos de indiferencia, sabía con exactitud que aquellos rumores que había escuchado sobre el rey del Bosque Negro, eran verdaderos. Thranduil no tendría misericordia con ellos.

¿Dónde los has encontrado? —los enanos gruñeron, ellos no entendían la lengua pero Hermione sí.

Cerca de la madriguera de las arañas—contestó el elfo rubio que los capturó. Haciendo unión entre los puntos, la muchacha comenzó a observar similitudes entre ambos sujetos.

Ambos de cabellera rubia, ojos intensamente azules, un porte altivo (al punto de ser arrogante), la indiferencia y la falta de compasión que se leía en su mirada. ¿Acaso esos dos eran familiares? O peor aún, ¿padre e hijo?

Los enanos se abstuvieron de lanzar maldiciones y palabrotas en Khuzdul, no sabían cómo sería su suerte con el rey elfo, y no deseaban averiguarla. Hermione entrecerró los ojos, algo iba muy mal. Buscando por encima de las cinco cabezas de enanos que tenía enfrente, se encontró con los ojos de Thorin. Abriendo el canal entre ambos, le escuchó decirle: "Mantente lo menos visible" Hermione asintió y bajó un poco la cabeza. Entendía a qué se refería el enano, era más que obvio que los enanos no eran bienvenidos en el reino de Thranduil, mucho menos aquellos que eran asociados con Thorin 'Escudo de Roble'. Pero si el rey se enteraba que había una mestiza entre las líneas, o peor, que dicha mestiza resultaba ser la mujer del rey enano… Reprimió un escalofrío, no quería saber que pasaría entonces.

El rey los miró unos instantes, evaluándolos a cada uno, hasta que sus fríos ojos se detuvieron en un integrante de la compañía. Prestándole más atención, el hombre evaluó que esa persona no se trataba de un enano, más bien era… La sonrisa del elfo creció. Y no fue nada placentero verlo sonreír de dicha manera.

—He de suponer que nuestros invitados se encuentran cansados—un fulgor oscuro se hizo presente en sus ojos—Muéstrenles sus habitaciones a tan deseadas visitas.

Deteniendo a uno de los guardias, aquel a quien Hermione no le tenía buen agüero (el elfo de cabellera pelirroja), le dijo algo entre murmullos y susurros que nadie logró escuchar, ni siquiera Hermione.

—Thorin 'Escudo de Roble'—el enano se tensó—Tú te quedarás, el resto de tu…gente será llevada a los calabozos.

Inmediatamente, miró sobre su hombro. Enviándole una mirada de preocupación a la muchacha, y ella a su vez, la correspondió. Era bastante obvio que algo malo estaba a punto de suceder.

"Thorin…" fue lo último que escuchó antes de ver como se llevaban a su mujer, junto con el resto de sus compañeros.

[…]

Decir que el camino a los calabazos fue cosa sencilla, sería una completa calumnia. Porque apenas habían cruzado dos pasillos, bajado cuatro pisos, atravesado tres puertas y quien sabe que más secciones, que Bilbo se había perdido ni siquiera llegó a mitad del camino. De repente se encontró sólo y abandonado entre los innumerables y desérticos pasillos del palacio en las profundidades del Bosque Negro.

Los enanos comenzaron a pensar que mientras más bajaban, más calor hacía en ese lugar. Apenas llevaban el paso, se encontraban cansados, hambrientos y fatigados, la enfermedad del bosque casi se metía en sus huesos.

—¡Esto no se quedará así! ¡¿Me oyes, maldito lampiño?! —bramó Dwalin, cuando de un empujón el elfo que lo escoltaba lo lanzó a su celda.

—¡Suéltame!—exigió Gloin, iracundo de que tuviera que ser zarandeado por un elfo.

—¡Déjenos salir! ¡Ahora! —gritaba Kili, golpeando los barrotes de su celda. Fili, a su lado, hacia lo mismo.

Una vez que todos estuvieron dentro de las celdas, los elfos procedieron a darles pequeñas raciones de agua, pan y un poco de carne, para después retirarse. No pasó mucho tiempo para que la compañía comenzara a azotar, golpear y tratar de tumbar las rejas de sus celdas. Un gran estruendo que duró por la próxima hora, pero como se encontraban tan abajo, en los más profundos pasadizos del palacio, su gran aleteo no sirvió para indicarle al pobre Sr. Bolsón donde se encontraban.

—¡Ya basta! ¡Deténganse en este instante!—exclamó Balin, recargado en la pared que daba a la salida de su celda—¿No lo entienden todavía? Estos no son calabozos de orcos, son los corredores del palacio del bosque. Nadie sale de aquí, sin el consentimiento del rey.

Largos y pesados bufidos se escucharon, seguidos de maldiciones y exclamaciones tanto en lengua común como en enana. En verdad, ninguna podía creer que se encontraran atrapados y, aparentemente, sin salida. De repente, se escuchó la voz de Fili.

—¿Alguien sabe dónde se encuentra Hermione? —el resto de la compañía se tensó, comenzaban a hacerse la misma pregunta.

Pisos más arriba, una conversación entre el rey de los elfos del bosque y el rey de los enanos, se llevaba a cabo… O al menos, a su manera.

Thorin se encontraba en medio de la sala del trono, de frente al trono tallado en madera del rey elfo. Con el monarca ubicado a su espalda, comenzando un monólogo.

—Muchos podrían pensar que una noble misión está en juego. Ir a recuperar su reino perdido y asesinar un dragón—el tono en la voz del rey elfo era indistinta, carente de sensación—Aunque personalmente yo sospecho de un motivo más vulgar, tal vez un intento de robo o algo parecido a eso—hizo una pausa, como si estuviera revaluando sus palabras.

Thorin se mantuvo quieto, indemne a las palabras del rey elfo. Maldiciendo la sensación de que algo no estaba bien, la forma en que Thranduil hablaba, la mirada que descubrió en los ojos del elfo pelirrojo hacia Hermione o el hecho de encontrarse en ese maldito reino. Nada encajaba, nada. Pero se forzó a olvidar por un momento el hecho de no tener idea dónde podría estar su compañera. Debía estar el 100% por ciento de su atención en el sujeto frente a él.

—Encontraste la manera de entrar a la montaña, ¿no es así?—dedujo el elfo, entrando en su rango de visión. Acercándose lo suficiente a su cara para detectar la respuesta en las facciones del enano, aunque él no hablara. Una sonrisa carente de vida o simplemente humor se formó en sus labios—Buscas algo que te pertenece, algo que te otorgaría el derecho a gobernar. La Joya del Rey, La Piedra del Arca—Thorin apretó los labios, ese maldito elfo era demasiado deductivo.

Thranduil no borró su sonrisa. Para él había sido demasiado sencillo descubrir las verdaderas intenciones desde que la pequeña compañía de Escudo de Roble fue puesta frente a él. Al principio supuso que podría tratarse de un viaje que los enanos realizaba, optando por tomar el sendero que atravesaba sus tierras, pero cuando observó a un enano que no pensó en volver a ver, sólo hizo falta rellenar ciertos agujeros en su línea de información para saber qué hacía Escudo de Roble frente a él.

—Puedo entenderlo—volvió a hablar—Hay gemas en esa montaña que yo también deseo con un inmenso ardor. Gemas blancas de Luz de Estrella—Thorin entrecerró los ojos. Recordaba esas gemas, tal como recordaba el momento en que la poca y frágil confianza que unía a su familia con el rey elfo se quebró. Receloso por lo que podría venir, escuchó a Thranduil añadir:—Te ofrezco mi apoyo—pero la extraña sensación en los ojos del elfo, le indicaban al enano que detrás de todo había una mentira.

Aun así, sonrió y decidió seguirle el juego.

—Habla, te escucho.

—Dejaré que te vayas. Tú y tu gente, sí tú me regresas lo que es mío—Thorin hizo una mueca, podía detectar una segunda intención escondida en esa oración.

Evitando que la mala mueca que amenazaba con salir, se dijo que ese había sido el plan de Thranduil desde el inicio. Poco sabía que eso era sólo una pequeña parte.

—Un favor por un favor—dijo, comenzando a caminar por la sala, dándole la espalda al rey elfo.

—Tienes mi palabra—aseguró el hombre, su voz seguía carente de emoción—Una promesa de un rey a otro.

Detuvo su andar. La respiración se había acelerado, sus puños se tensaron, la expresión en su rostro se volvió oscura, y sus ojos resplandecían en una furia evidente. Esas palabras, esas malditas palabras le habían cabreado a niveles exorbitantes.

—No confiaría en que Thranduil, el gran rey, cumpliría con su palabra aunque el final de los tiempos se acercará—Thorin volteó hacia el elfo, enfrentándolo—¡Tú! ¡Careces de todo honor!—dijo, señalándolo con el dedo—He sido testigo de cómo es que tratas a tus amigos.

La expresión en el rostro del rey elfo cambió radicalmente. Antes, donde nada se leía, ni siquiera el mero aburrimiento, brillaba una mirada asustada, puede que el recuerdo de haber abandonado a los enanos contra el dragón pesara en cierta sobre él. Y Thorin lo notó, notó el desconcierto y el punto blando del rey, y no aminoró sus palabras.

—¿Lo recuerdas, no es así?—preguntó el enano, con rabia en la voz—Cuando acudimos a ti, hambrientos, desamparados. Buscando tú ayuda… Pero nos diste la espalda—Thorin hizo una pausa, observando el perturbado rostro del elfo—¡Ignoraste el sufrimiento de mi pueblo y el infierno que nos destruyó!—las palabras de Escudo de Roble no se detuvieron, ni siquiera al mencionar las siguientes en lengua enana:—Imrid amrad ursul!

—¡No te atrevas a hablarme sobre el fuego de dragón! Yo sé que es cruel y ardiente—amenazó Thranduil, recobrando la vieja compostura fría y anti-compasiva, interrumpiendo la maldición que el rey enano le lanzó. Y Thorin dedujo, por el elfo se encontraba mucho más allá que molesto. Podía notarlo, se notaba en cada poro de la piel del elfo, era demasiado evidente verlo, sobre todo porque el rostro del hombre estaba a centímetros del suyo.

Pero eso no le preparó para lo que miró un segundo después. La cara del rey comenzó a transformarse, rompiendo el canónico estándar de belleza que los elfos siempre llevan encima y dejando ver una enorme cicatriz que abarcaba todo el lado izquierdo del rostro. Thorin evitó echarse hacia atrás, eso había sido tan repentino, no podía evitar el malestar de nauseas que nació en su estómago al verlo, sin olvidar recordar que el rostro y la cicatriz seguían a pulgadas de él. Aunque tenía que aceptarlo, si Thranduil luchó contra los grandes dragones del norte, eso era sin duda un recuerdo nada placentero de la batalla.

—Le advertí a tu abuelo lo que su codicia iba a invocar, pero no quiso escuchar—habló el rey elfo, alejándose del enano y retornando a su trono, con un caminar tan lento y erguido que a Thorin le pareció que sólo lo hacía para impacientarlo—Tú eres idéntico a él—le dijo, señalando la ambición de Thrór y Thorin por la montaña.

Realizando un simple movimiento con su muñeca, dos guardias tomaron por los brazos a Thorin. El enano trató de zafarse, ¿qué demonios significa esto?

—Quédate aquí y púdrete si quieres—dijo Thranduil, mirándolo desde lo alto de su trono, sus ojos resaltaban esa crueldad y regocijo en la miseria de los demás. Thorin sintió un retorcijón en el estómago, odiaba a ese lampiño estirado, lo detestaba—Aunque deberías saber que un siglo es apenas un parpadeo en la vida de un elfo. Soy un rey paciente, así que sabré esperar.

Thorin apretó los dientes, esto no podía estar sucediendo, en verdad no tenían que pasar este tipo de situaciones.

—Oh…—los guardias se detuvieron un momento y el enano miró receloso al elfo, ¿ahora qué era lo que tramaba decir?—Me disculpo por mis malos modales, ¿qué clase de anfitrión sería al no dar mi agradecimiento a la visitación que me ha traído un obsequio? —Thorin arrugó más el entrecejo.

—¡Yo no te he dado nada!—exclamó, gritándole. La fuerza con que era sujetado creció.

Una sonrisa se formó en los labios del rey elfo. Una acción que hizo a Thorin dudar y mantenerse alerta.

—¿Ah, no? Eso es una lástima…—por el tono en que empleó esa pregunta, podría decirse que trató de sonar decepcionado—Tengo que admitirlo: pocos son los objetos que logran atraer mi atención. No más allá que meros artículos labrados en oro y gemas preciosas…—a Thorin se le estaba colmando la paciencia, ¿a dónde quería llegar ese cabellos de escoba? —Pero una mestiza, sobre todo, una de dragón es una posesión que ni siquiera yo puedo evitar desear.

La respiración de Thorin se congeló, ¿qué acababa de decir el elfo? ¡¿Qué demonios acababa de escucharle decir al jodido elfo?!

¡Ni siquiera pienses en tocarla!—Thorin estaba colérico, haberle gritado en Khuzdul al elfo era una prueba de ello.

—Veo que te preocupas por esa mujer—dijo Thranduil, sentándose en su trono—Me pregunto, ¿qué tanta importancia tiene esta mestiza para ti?—el enano gruñó—Aunque no hace falta que me respondas, puedo verlo claramente: Thorin 'Escudo de Roble' hijo de Thrain hijo de Thror ha tomado como esposa a una mestiza de dragón—luciendo una tristeza falsa, añadió:—Me temo que he llegado algo tarde a la ceremonia nupcial.

El malestar de Thorin creció, pero antes de que abriera la boca, el rey elfo habló:—Descuida, la tratare como se debe…—eso no le daba buena espina.

Sin darle más tiempo, los guardias volvieron a jalar de él, arrastrándolo por los pasillos y escaleras del palacio rumbo a los calabozos, mientras Thorin gritaba una y otra vez al rey elfo qué era lo que pensaba hacer y amenazándolo si se atrevía a tocar a su mujer. No pasó mucho para que Escudo de Roble se uniera al resto de los enanos en las profundidades de los calabozos. El rey estaba furioso, caminando de un lado a otro como tigre en celda, aunque esta expresión podría tomarse a literal. Incluso aventó el plato con carne y pan que los elfos le dejaron.

—¿Te ofreció un trato?—preguntó Balin, su celda se encontraba a lado de la de Thorin.

—Sí, así es—le contestó, y con una sonrisa de oreja a oreja, añadió gritando:—Le dije que: Ish kakhfê ai'd dur rugnu! ¡Y sobre la de su gente!

El enano soltó un suspiro, eso ya lo veía venir, aunque tratándose de Thorin era lo más lógico. Casi deseó poder a travesar las paredes de su celda, sólo para darle un par de bofetadas a su rey, pudiera ser Thorin tuviera más de 300 años de edad, pero seguía actuando como un joven impulsivo. Al menos en ciertos aspectos.

—Bueno, eso es todo—dijo lamentándose—Un trato era nuestra única esperanza de salir.

—No es la única esperanza—susurró Thorin.

Balin supo a qué se refería su rey, al pequeño y escurridizo hobbit, pero ahora, en esos precisos momentos, dudaba que la valentía del mediano les fuera a sacar de ese dilema. Ni siquiera sabían dónde diablos se encontraba el tan necesario Sr. Bolsón de La Comarca.

—Un momento…—habló Thorin de nuevo, haciendo una pausa, recargó su cuerpo sobre el hierro de las rejas de su celda y comenzó a observar a su alrededor—¿Dónde está Hermione, Balin? ¡¿Dónde está?! ¡¿Ava?!

El viejo enano se encogió en su posición.

—No lo sabemos—el corazón de Thorin se detuvo—A ella se la llevaron aparte.

La garganta se le cerró, la respiración era forzosa e irregular. Su compañera no estaba con ellos, su mujer no se encontraba junto a él, su esposa estaba ubicada en algún punto escondido entre los innumerables pisos del palacio del rey elfo a merced de su enemigo. Que Mahal 'El Hacedor' lo perdonara por maldecirlos a todos, incluyéndose.

Todo era su culpa, si hubiera cuidado mejor de ella esto no estaría pasando… De repente, sus pensamientos se interrumpieron al escuchar un estridente sonido. Se trataba de un grito, agudo y alto, demasiado para la voz de un hombre. Entonces lo reconoció, ese grito provenía de Hermione, su compañera estaba gritando.

¡Ava!—gritó también, al momento en que azotaba las rejas, una y otra vez sin que nada ocurriera—¡Mierda! ¡Ava!

No fue el único en alterarse, los demás también estaban desesperados tratando de encontrar una salida de las celdas, mientras decían en gritos y exclamaciones:—¿Dónde está? ¿Qué sucede? ¡Hermione!

Los gritos se intensificaron, volviéndose más audibles, estridentes y llenos de dolor.

¡AVA! —gritó Thorin sin cesar y sin dejar de golpear la puerta de la celda—¡HERMIONE!

De un momento a otro, tal como habían venido los gritos, se detuvieron, seguidos por el más profundo silencio. Uno que era roto por el eco aún sonante, proveniente de los gritos, que retumbaba en las paredes lejanas. Seguidamente, una oscuridad se cernió sobre los enanos. Y en la mente conmocionada de Thorin sólo hubo un pensamiento:

"Hermione…"


De acuerdo al diccionario de Tolkien

Ungoliant: Es un personaje ficticio del legendarium del escritor británico J. R. R. Tolkien, que aparece en su libro El Silmarillion. Aparenta ser una gran araña, y ayudó al vala Melkor a destruir los Dos Árboles de Valinor, Laurelin y Telperion, se presume que podría ser una Maia caída, de la misma forma que Sauron, pero no este punto no es del todo considerada la madre de todas las arañas y la más grande de la especie. Su nombre en Sindarin significa araña oscura.

Arañas del Bosque Negro: Descendientes de Ungoliant, y la hija de esta, Ella-Laraña. Habitan en varios sitios oscuros a lo largo de la Tierra Media, aunque abundan sobre todo en el Bosque Negro, donde se formaron grandes colonias arácnidas, y algunas de ellas eran de gran tamaño y de aspecto temible. La más importante de las arañas que habitan en el Bosque Negro es Saenathra, la hija mayor y más grande de Ella-Laraña, quien marchó junto con algunas de sus hermanas hacia el interior del bosque y ahí engendró vástagos que terminaron oscureciéndolo. Aunque no vivió mucho, ya que durante la cacería hacia la Compañía de Thorin 'Escudo de Roble', Bilbo Bolsón terminó matándolas a todas mientras cantaba la canción de las moscas. Fue ella quien al morir, y sin saberlo, bautizó a la espada de Bilbo, por el nombre de Sting o Ardor como se le conoce en la versión Latinoamericana.

Maiar: Personajes ficticios del legendarium que aparecen principalmente en la El Silmarillion. Son seres espirituales, creados por Ilúvatar a partir de su pensamiento, que forman parte de la cosmogonía que creó Tolkien en la Ainulindalë. Según se les describe en El Silmarillion:

"Con los valar vinieron otros espíritus que fueron también antes que el mundo, del mismo orden de los valar, pero de menor jerarquía. Son éstos los maiar, el pueblo sometido a los valar, y sus servidores y asistentes. El número de estos espíritus no es conocido de los elfos y pocos tienen nombre en las lenguas de los hijos de Ilúvatar; porque aunque no ha sido así en Aman, en la Tierra Media los maiar rara vez se han aparecido en forma visible a los elfos y los hombres."

La forma singular de llamarlos es maia, mientras que la plural es maiar.

Shazara: Silencio. Proviene de la lengua enana Khuzdul.

Mukhuh: Es una forma de pedir permiso para tocar o hacer una acción, literalmente se traduce 'puedo'. Proviene de la lengua enana Khuzdul.

Imrid amrad ursul: Sufre una muerte en las llamas. Proviene de la lengua enana Khuzdul. *En lo personal, y fuera del contexto de la película y este escrito, es una de mis frases predilectas. Incluso me he visto en el contexto de usar al momento de maldecir a una persona.

Ish kakhfê ai'd dur rugnu: Literalmente su traducción dice 'escupir sobre su tumba', pero cuando lo adaptamos a la frase que Thorin pronuncia, adquiere una lectura diferente, aunque con el mismo sentido de la traducción—Le dije que escupiré sobre su tumba, y sobre la de su gente. Proviene de la lengua enana Khuzdul.

Gyrth in yngyl bain?: ¿Se encuentran las arañas muertas? Proviene de la lengua élfica Sindarin.

Ennorner gwanod in yngyl na nyryn: Si, pero vendrán más. Proviene de la lengua élfica Sindarin.

Echannen i vegil hen vin Gondoli. Magannen nan Gelydh: Es una antigua espada élfica. Forjada por mis antepasados, mi pueblo. Proviene de la lengua élfica Sindarin.

Holo in ennyn: Cierren las puertas. Proviene de la lengua élfica Sindarin.

De acuerdo al diccionario de Rowling

Demiguise: es un ser pacífico, herbívoro que puede hacerse invisible, es muy semejante a un mono con ojos grandes, negros y cabello largo y sedoso. Las pieles de los Demiguise son muy codiciadas ya que con su cabello pueden ser tejidas las capas de invisibilidad, aunque las capas hechas de su pelo con el tiempo se vuelven opacas, perdiendo su efecto de invisibilidad con el tiempo.

Graphorn: es una criatura mágica agresiva y peligrosa, de forma grande y jorobada, con la piel grisácea/púrpura más dura que la de los dragones y puede rechazar la mayoría de los hechizos, tiene dos cuernos de oro, y camina sobre cuatro grandes patas. Aunque en la versión que utilizo para la historia, este el detalle de la piel no es verdad, debido que el universo de Tolkien, la piel de dragón es la más dura que existe.

Sirena: como la mayoría de los pueblos situados en aguas calientes, son excepcionalmente bellas en comparación con las de aguas más frías como selkies y merrows, además de ser el pueblo de gente del agua más antiguo del que hay constancia. Estas son las bellas sirenas que la literatura y la pintura muggles han retratado en tantas ocasiones. Sobre todo se cree que estos pueblos usan sus bellos cantos para atraer a los marineros y llevárselos al fondo del mar, como en las leyendas conocidas. Durante la lectura, se hace una ligera mención de que tocar tierra firme les hace daño, sólo deseo aclarar que ese detalle lo he agregado yo.

De acuerdo a mí improvisado diccionario

Zaraph devi melekei naurhy: Metete con alguien de tu tamaño.

Uruk balej yadokai: Maldita hembra mestiza.

Farelesi: Lárgate.

De acuerdo al diccionario de Internet

1. Fuego fatuo: los will-o'-the-wisp, o fuegos fatuos, están presentes en numerosas mitologías del mundo, y tienen un lugar destacado en la cultura gaélica. Son lucecitas pálidas que flotan en el aire y aparecen de noche, sobre todo en ciénagas y zonas pantanosas. Cuando el viajero se acerca a un fuego fatuo, éste retrocede y así, poco a poco hasta que consigue desviarlo de su camino. Se cree que los fuegos fatuos son espíritus malignos de personas muertasy que, a veces, aparecen para anunciar el fallecimiento inminente de alguien. En muchas obras literarias se hace referencia a ellos, por ejemplo:

* J. R. R. Tolkien menciona en El señor de los anillos: Las dos torres, luces de los pantanos en las Ciénagas de los Muertos:

Por último Sam no pudo contenerse:

¿Qué es todo esto, Gollum? —dijo en un murmullo—. ¿Estas luces? Ahora nos rodean por todas partes. ¿Nos han atrapado? ¿Quiénes son?

Gollum alzó la cabeza. Se encontraba delante del agua oscura y se arrastraba en el suelo, a derecha e izquierda, sin saber por dónde ir.

Sí, nos rodean por todas partes —murmuró—. Los fuegos fatuos. Los cirios de los cadáveres, sí, sí. ¡No les prestes atención! ¡No las mires! ¡No las sigas! ¿Dónde está el amo?

Sam volvió la cabeza y advirtió que Frodo se había retrasado otra vez. No lo veía. Volvió sobre sus pasos en las tinieblas, sin atreverse a ir demasiado lejos, ni a llamar en voz más alta que un ronco murmullo. Súbitamente tropezó con Frodo, que inmóvil y absorto contemplaba las luces pálidas. Las manos rígidas le colgaban a los costados del cuerpo: goteaban agua y lodo.

¡Venga, señor Frodo! —dijo Sam—. ¡No las mire! Gollum dice que no hay que mirarlas.

-J. R. R. Tolkien, fragmento extraído del capítulo A través de las ciénagas, en el libro Las dos torres-

* J. K. Rowling habla del fuego fatuo durante una clase de Defensa contra las artes oscuras en Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Aunque la forma en que se le conoce o es visualizado difiere de las demás mitologías, porque en los libros, el fuego fatuo es conocido bajo el nombre de hinkypunk, una criatura de una sola pierna y aspecto frágil que parece estar hecha de humo. El hinkypunk habita las ciénagas y lleva una linterna que usa para atraer viajeros a la oscuridad. El profesor Remus Lupin presenta a la criatura en el libro Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Harry y sus compañeros se enfrentan a un hinkypunk en su examen final de Defensa Contra las Artes Oscuras ese año. Aunque Harry aprueba, Ronald Weasley queda confundido por sus desorientadores movimientos y se hunde en la ciénaga.

2. Canción que cantan las sirenas

Si alguno de ustedes ha mirado la película Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides, podrá haber identificado la canción que cantan las sirenas cuando la compañía cruza el puente. Todos los créditos de autor son dejados a Hans Zimmer, quien en colaboración con Eric Whitacre junto a su esposa Hila Plitmann, trabajaron con Zimmer para crear el tema para las sirenas de la película.

Yo sólo he tomado la letra y cambiado un poco el contexto de la misma, porque sabrán notar que no hubiera tenido gran lógica que las sirenas cantaran 'marino' en lugar de 'enano' o 'mar' en vez de 'tempestad'.

Dejo la letra original con su traducción, aunque antes debo recalcar que la verdadera canción es más extensa, lo que se lee a continuación es sólo la pequeña estrofa que se escucha en la película.

Inglés

My heart is pierced by Cupid
I disdain all glittering gold
There is nothing can console me
But my jolly sailor bold.

Come all you pretty fair maids
Whoever you may be
Who love a jolly sailor
That plows the raging sea

My heart is pierced by Cupid
I disdain all glittering gold
There is nothing can console me
But my jolly sailor bold.

Español

Cupido me ha flechado
la riqueza me da igual,
sólo ha de consolarme,
mi marino audaz, jovial.

Doncellas vengan todas,
quien quiera que seas,
que el amor de un audaz marino,
surca el embravecido mar.

Cupido me ha flechado
la riqueza me da igual,
sólo ha de consolarme,
mi marino audaz, jovial.