Hola, gracias por leer, espero que os esté gustando ^^. A ver si alguien se anima a dejar el primer comentario jejeje. Los personajes no me pertenecen.
Capítulo 10
Tsunade se encontraba frente a un nuevo problema. El día estaba siendo intenso y problemático. Primero la reunión con el Kazekage para preparar el examen conjunto anual de ascenso para los diferentes rangos de ninjas. Luego la entrevista, si es que se podía llamar así, con Mara, la misteriosa chica del bosque. Y ahora, el problema en las instalaciones de comunicaciones de la aldea.
Inoichi Yamanaka, el jefe de las comunicaciones de Konoha. Era un hombre entregado a su trabajo, al cual se dedicaba desde que el Tercero mandaba. Eficaz en sus cometidos pero, por desgracia, ese día no portaba buenas noticias para la Hokage.
-¿Cómo ha podido pasar? –Preguntaba Tsunade con una mano masajeando su sien.
-No lo sé, Hokage-sama, -respondió con sinceridad y el más absoluto respeto. –Nunca había visto un ataque como este.
-¿Quién lo ha hecho? –Volvió a preguntar muy seria.
-No hemos podido averiguarlo todavía, -respondió Inoichi avergonzado e incapaz de mirarla a la cara.
-¿Ha ocurrido con anterioridad? –Otra pregunta más que lanzaba como un dardo.
-Estamos revisando los archivos de las conexiones, lo sabremos pronto, pero lo más probable es que sí, -dijo el shinobi.
-Daos prisa en tratar de arreglar esto, o tendré que tomar medidas, -dijo Tsunade amenazadoramente.
Justo en ese momento, Kakashi y una jadeante Mara entraron en la enorme sala de comunicaciones. Era una estancia con poca iluminación, llena de mesas con pantallas y cables por aquí y por allá. En cada una de las mesas había un shinobi concentrado en su pantalla. Tan sólo se escuchaba el teclear rápido y errático de algunos de ellos.
Todos se miraron entre ellos. Mara y Tsunade hicieron contacto, la primera incómoda por el encontronazo de esa mañana y la segunda por temor de que resultara ser una espía. ¿En qué estaba pensando Kakashi al traerla aquí?
-¿Qué hace aquí? –Inquirió en voz alta.
-Me has nombrado su supervisor, no puedo supervisarla si ella está en mi casa y yo tengo que venir aquí, -respondió Kakashi con tranquilidad.
-¿Hemos viajado en el tiempo? ¿Hemos vuelto a hace diez años? –Preguntó Mara ignorando a Tsunade e inspeccionando la sala. Era una instalación antigua y desfasada con equipos viejos. Sin duda la Aldea de la Hoja había tenido mejores cosas en las que gastar su dinero, como esculpir rostros de Hokages en piedra, a cambio de poner en riesgo su seguridad en las comunicaciones y archivos. –Eso ni siquiera sé lo que es, -dijo señalando un extraño aparato sobre un desvencijado y polvoriento soporte.
-¿Qué sabrá una niña? –Dijo con desdén Inoichi. Ella sólo sonrió y pasó por encima el comentario.
-Cierto, tampoco es que me importe, -dijo mirando a Kakashi y, sentándose en una silla junto una de las mesas vacías, colocó las piernas estiradas sobre ésta y entrelazó las manos en su regazo. –Me da igual lo que le suceda a vuestra aldea. Yo sólo he venido porque me has arrastrado aquí.
-Mara, basta, esto es serio, -reprendió Kakashi. –Tsunade, te ayudaré en todo lo que pueda pero no soy especialista en esto, ¿qué ocurre?
-Hemos tenido una filtración de información, al parecer, -comenzó la Hokage. –Alguien ha entrado y a robado información de los archivos de la aldea. No hemos conseguido saber ni quién, ni de dónde, ni cuándo, ni cuantas veces, ni nada.
Eso era grave, los secretos de los ciudadanos podían ser expuestos, y no sólo los de los civiles, también los de los shinobis y los de la propia aldea. Copias de pergaminos. Dinero. Datos de clanes y familias influyentes. Tratados. Conversaciones con otras aldeas. Todo podía haber sido robado por alguien y para alguien.
Inoichi Yamanaka presionaba a sus subordinados quienes se afanaban en encontrar las respuestas a las preguntas de su Hokage. Sin éxito. Kakashi hablaba en voz baja con Tsunade, Mara supuso que sobre ella. Aprovechando que su supervisor y la Hokage estaban distraídos, se levantó y se dirigió junto a Inoichi que se encontraba mirando una pantalla con concentración, y le habló:
-¿Habéis comprobado las conexiones a vuestro servidor central? ¿Habéis filtrado las diferentes ipés? ¿Tenéis los anillos de protección de datos actualizados? –Preguntó mirando ella también la pantalla.
-¿Qué has dicho? –Dijo Inoichi sin creerlo. -¿Sabes cómo…?
Sin dejarle acabar la pregunta se volvió hacia Kakashi y Tsunade que ya la estaban mirando sorprendidos. Iba a aprovechar eso a su favor. No iba a dejar que esa Senju se saliera con la suya esta mañana.
-Eh, Senju, te propongo un trato, -comenzó. –Yo respondo a tus preguntas, quién, dónde, cuándo y cuánto. A cambio, tú rebajas mi período de prueba a una semana.
-Tres semanas, -contraofertó Tsunade.
-Quince días, última oferta, lo tomas o lo dejas, -dijo Mara con una sonrisa, ya característica, de medio lado. Se iba a salir con la suya, definitivamente. La Hokage seguía seria viéndola sonreír con altanería demasiado segura de sí misma. Las apuestas no eran lo suyo. Si precipitaba su evaluación quizá hubiese detalles que se le escaparan, pero si no aceptaba, todos los detalles de Konoha se le escaparían irremediablemente en manos de cualquiera.
-Hecho, -accedió.
Rápidamente, Mara fue hacia una de las mesas sin ocupar y desconectó una de las pantallas. Volvió a la primera donde se encontraban el shinobi subordinado e Inoichi y la conectó a una consola debajo de la mesa. Los dos se miraron extrañados. Repitió la acción, esta vez fue hacia una de las mesas que sí estaba ocupada por otro ninja.
-Disculpa, necesito la pantalla, así que, ¿qué te parece si mientras yo la uso tú vas a buscarme algo de beber? –Dijo comenzando a desconectarla. El ninja miró por encima del hombro de ella hacia su superior, éste asintió y el ninja se levantó de su sitio. Al verlo, Mara se volvió a dirigir a él: -Café, doble, negro, sin azúcar y caliente. Muy caliente. Es decir, ardiendo.
El shinobi se quedó parado asimilando las órdenes y mirándola desconcertado. La vio cargar la otra pantalla en dirección a la mesa de su jefe, éste le hizo un gesto rápido con la cabeza indicándole la puerta, se dirigió hacia ella rápido en busca de lo que le había encargado.
Mara terminó de conectar el otro monitor. Ahora sobre la mesa había tres. Le indicó al shinobi que se apartara y con un gesto de la mano le pidió los auriculares que llevaba puestos. Ocupó el lugar vacío y los demás se situaron a su espalda observándola. Notando los cuatro pares de ojos mirándola se volvió hacia ellos.
-¿Vas a quedarte ahí o vas a ayudarme? –Preguntó al jefe de comunicaciones y volviendo a mirar hacia la pantalla. –Al parecer tu subordinado no tiene acceso al uso total de toda la red, necesito que me des acceso pleno para hacer las comprobaciones.
-Ese permiso sólo puede darlo la Hokage, -respondió reacio a la cooperación.
-Que, casualmente, está aquí, -dijo ahora tecleando y haciendo que en las diferentes pantallas fuesen apareciendo letras y números, aparentemente, sin sentido. –Vamos, Senju, ¿qué dices? ¿Vas a autorizarme? El tiempo corre en contra de tu querida aldea, tic, tac.
-Autorízala, -dijo con los dientes apretados Tsunade.
Inoichi se sentó en la mesa contigua, se colocó sus auriculares y comenzó a teclear. Mientras activaba el permiso Mara entrelazó los dedos e hizo crujir sus nudillos, abrió y cerró las manos varias veces como desentumeciendo las articulaciones. Miró de soslayo a Inoichi y bufó.
-Tranquilo, tómate tu tiempo, no tenemos prisa, -dijo irónicamente sonriendo de medio lado de nuevo. Yamanaka tecleaba tan rápido como podía.
Kakashi se acercó a su oído, levantó una de las orejeras del auricular y le susurró:
-Espero que sepas lo que haces, Tsunade no está contenta por todo ese numerito, -dijo preocupado por el humor de la Hokage.
-No todo puede arreglarse con jutsus y un bonito sharingan, -respondió refiriéndose a lo acontecido durante la comida. –Deja que te ilustre. La pregunta que me hiciste mientras comíamos, vas a ver un ejemplo práctico de algunos de los trabajos que hacía, aunque con estos medios tan antiguos puede que tarde un poco más de la cuenta.
Mara y Kakashi estaban a menos de un palmo el uno del otro, dos veces en menos de medio día. Esta vez, ella se podía ver reflejada en el ojo negro que no llevaba oculto, al igual que él en el de ella, también negro y con un brillo de emoción causado por la situación.
Un mensaje apareció en medio de la pantalla confirmándole el pleno acceso y deshaciendo el contacto visual entre ellos. El tecleo se volvió frenético. Dirigía una mirada concentrada a una y otra pantalla. Abría y cerraba cuadros de diálogo tan rápido que ni siquiera Kakashi con su sharingan, ahora a la vista, lograba terminar de leer.
-Inoichi, acabo de blindar todos los archivos, la próxima vez que intenten entrar no lo harán, he programado varios cortafuegos enlazados infinitos, -indicó al shinobi junto a ella. –Eso os dará tiempo de rastrearles cuando yo no esté para hacerlo. Ahora voy a activar un par de rutas de acceso, para obligarle a pasar por donde queremos, y ahí es donde entras tú, tienes que ganar tiempo para que se mantenga dentro de ellas todo el tiempo posible y yo pueda rastrearlo.
-¿Cómo sabes todo eso? –Preguntó confuso y abrumado por la cantidad de información que estaba recibiendo. -¿Y cómo sabremos que está atacando?
-He programado detectores de actividad externa, es una unidad que filtra y reconoce las ipés de la aldea y avisa cuando detecta una que no lo es, -respondió segura. –Durante el chequeo, detecté que os han infiltrado un chivato para saber cuándo hacéis una actualización de los datos y es cuando quien quiera que sea entra y os los copia.
Tsunade y Kakashi la escuchaban hablar en un extraño idioma que, al parecer, sólo entendía Inoichi Yamanaka y con ciertas dificultades. Kakashi miró a la Hokage, sonrió son suficiencia y murmuró:
-Será una buena ninja para la Hoja, ¿no crees?
-Eso parece, sigues teniendo buen ojo para la gente, -concedió Tsunade haciendo alusión al sharingan visible.
En su jerga, los dos estaban ahora tecleando sin parar, necesitaban tender sus trampas para hacer creer al enemigo que todo seguía igual. En ese momento volvió a entrar el shinobi que había abandonado la habitación en busca de la bebida solicitada. En sus manos traía un vaso que cambiaba constantemente de una a otra.
-Aquí tiene, espero que le guste, -dijo amablemente.
-¿Doble? ¿Sólo? ¿Sin azúcar? ¿Y muy caliente? –Preguntó sin apartar la vista de la pantalla. El shinobi musitó un sí. Ella alargó el brazo, cogió el vaso y bebió un sorbo. –No está mal.
-Inicia la actualización, -dijo dirigiéndose a Inoichi. –Cuando detectemos actividad, tú tendrás que ganar tiempo y yo haré todo lo que pueda durante ese tiempo, espero que estos trastos aguanten y no se bloqueen.
Yamanaka tecleó un par de veces y esperaron en silencio. De pronto, un mensaje apareció en la pantalla. La señal que esperaban. Ambos empezaron a teclear sin parar una vez más.
-Tengo contacto, -dijo ella tras unos minutos. -Le sigo la pista, quien quiera que sea no lo hace mal, está usando una técnica de migración, se traslada continuamente de un lado a otro para evitar el rastreo.
-Está atacando el primer anillo de protección, -respondió Inoichi.
-Tranquilo, no saldrá de mi bucle infinito, pero restringe todo lo que puedas el tráfico de datos eso le ralentizará aún más, -indicó ella con tranquilidad. –Si consigues retenerle el tiempo suficiente para que esta antigualla haga lo que tenga que hacer, podré rastrearlo.
-Hago lo que puedo pero, a pesar de la restricción, es muy rápido tirando cortafuegos, -dijo Inoichi.
-Ya casi lo tengo, tranquilo, no creo que llegue si quiera a acercarse a mi primer anillo de blindaje, -respondió Mara dándole otro sorbo a su café y esperando a que una barra de carga llegara al final. –Te pillé, ahora eres tú el que tiene que esconderse de mí.
Había conseguido completar el rastreo, ahora los papeles se invertían, era el cazador convertido en presa. Mara comenzó a teclear a gran velocidad, haciendo que las pantallas a cada lado cambiasen su aspecto. La de la izquierda comenzó a comprobar un listado de nombres junto a los que aparecían imágenes de diferentes sujetos a toda velocidad. La de la derecha mostraba un mapa de todas las naciones ninja con innumerables puntos rojos repartidos por toda la superficie que poco a poco iban desapareciendo.
Al cabo de unos minutos, cuando sólo quedó un punto rojo fijo en la pantalla de la derecha y un rostro apareció en la de la izquierda, la pantalla central cambió a un fondo negro con una lista de archivos junto a los cuales había distintas fechas. Mara se echó hacia atrás en su asiento, se quitó los auriculares y bebió otro largo sorbo de su bebida ahora más fría.
-Ahí lo tienes, Senju, ese es vuestro ladrón de archivos, -dijo con suficiencia. –Espero que cumplas con lo prometido.
Tsunade y Kakashi se acercaron más a las pantallas, en ellas había un rostro conocido, el de Kabuto Yakushi, discípulo de Orochimaru, un sennin renegado que dejó la aldea y que realizaba experimentos en humanos con las células del primer Hokage. Observaron la otra pantalla que mostraba el mapa, señalaba un punto de las montañas del País de los Ríos. Y, finalmente, la pantalla central mostraba los archivos robados y la fecha en que lo hizo. Los datos eran impresionantes, la primera incursión databa de hacía casi siete años, casualmente, desde que empezaron los ataques de Akatsuki a las diferentes aldeas y las persecuciones a los Jinchūrikis.
Los dos se retiraron para hablar apartados de oídos indiscretos. Inoichi por su parte se había dirigido hacia uno de sus subordinados para explicarle algo. Mara se vio sola y con pleno acceso al sistema que controlaba la aldea. Tecleaba suave tratando de hacer el menor ruido posible. Miraba de vez en cuando alrededor comprobando de que nadie se fijase en ella. Cuando tuvo listo el sistema cogió la tarjeta de acceso que el shinobi había dejado sobre la mesa y la actualizó. A partir de ese momento, tenía acceso pleno al dinero de la aldea. Podría comprar ropa, comida, equipo y cualquier cosa que necesitara. Nadie se daría cuenta y si alguien lo hacía sospecharían primero de ese ninja. Guardó la tarjeta disimuladamente en su pantalón y se apartó de la mesa.
-Mara, nos vamos, -dijo Kakashi. La joven se acercó a los shinobis quienes la miraban con satisfacción. –Eso ha estado muy bien.
-Gracias, -dijo Tsunade. –Tu mes de prueba ahora sólo será una quincena.
-De nada, -musitó avergonzada mostrando las mejillas algo ruborizadas. Era la primera vez que le daban las gracias abiertamente por un trabajo de ese tipo y, era la primera vez también, que usaba sus habilidades para ayudar a alguien. También era la primera vez que no cobraba por ello. Normalmente, no se vería con nadie, sólo entregaría la información y recibiría el precio pactado, esto era toda una novedad y se sentía bien por ello.
Kakashi se encaminó junto a ella hacia la salida, la notaba tensa por lo que acaba de pasar, le pasó un brazo sobre sus hombros y la atrajo hacia sí.
-¡Bien hecho! Tsunade me ha dicho que ha quedado impresionada, esto se merece un buen postre como recompensa, -propuso sin ser consciente del doble sentido que sus palabras podrían adquirir.
-¡¿Qué?! –Dijo con la cara completamente roja y exaltada. -¡Deja las novelas eróticas!
El shinobi se excusó rápidamente, alegando que no había querido decir eso y que sólo se refería a ir a algún sitio y comer algo dulce como premio por el trabajo bien realizado. Entre acusaciones y excusas fueron recorriendo el pasillo con la mirada de la Hokage fija en ellos y con una leve sonrisa en los labios.
