Hermanos
Damon planeaba, en su forma de cuervo, sobre el pueblo. No creía que Stefan estuviera muy lejos; no había dejado de sentir las emanaciones de su poder vampírico desde que él se le apareciera a Elena. Al fin lo divisó, en el bosque otra vez. Miraba hacia arriba, y parecía estarlo esperando.
—Stefan —aterrizó ante él, tomando al instante la forma de joven veinteañero que había hecho suspirar a todas las mujeres con la que se había encontrado en su existencia, y hasta a algunos hombres—, te estaba buscando.
El hermano de apariencia más adolescente asintió.
—Eso imaginaba.
—Necesito saber más, Stefan. ¿Cómo sabes tú tanto sobre Klaus y toda esa… parafernalia?
—Él me lo contó.
—¿Cuándo?
—Cuando Bonnie me invocó porque Elena se le aparecía en sueños. Él me habló, en un trance. Me contó toda su historia, fanfarroneando. Dijo que él mató al ejército de Alejandro el Grande y peleó en la Guerra de Troya. Que era uno de los vampiros originales, y que uno de sus primeros recuerdos era haber llevado un hacha de Bronce. Que había ayudado a derrocar al Imperio Romano. Y supongo que no mentía, si el diario de nuestra madre dice lo cierto; él era un representante muy fuerte del Otro Poder. Luego habló de Katherine. Dijo que ella le había contado que dos muchachos italianos la dejaron plantada, que ella había hecho todo por ellos, transformándolos en vampiros y dándoles vida eterna, pero ellos fueron desagradecidos y la echaron. Le dije que no había pasado así, pero imagino que él ya lo sabía, sólo se estaba burlando. Entonces dijo que ella nunca nos había olvidado, que nos comparaba. Que hablaba de los dos, pero especialmente de mí.
—Katherine te amaba más a ti.
—Sí, lo sé. Cuando me habló de ello, ya no había ningún vestigio de amor por Katherine en mi corazón, pero lo odié por transformarla en un ser repugnante. Porque yo también la amé mucho a ella; lo sabes, ¿no?
—Lo sé. Fui yo quien se interpuso entre los dos; y me arrepentiré siempre por eso. Ella no era para mí.
—No; no lo era. Una vez pudo serlo, pero Klaus interfirió. Ella llegó a Florencia siendo una vampira, y no era eso lo que estaba destinado para ti. Pero aún así no pudo evitar quererte también.
—¿Por qué hablas de que Klaus se interpuso entre Katherine y yo?
—Fue parte de su relato. Se jactó de que había ganado la batalla contra ti, y contra la Dimensión Dorada; que la mujer destinada a ti, tu complemento, él la había identificado antes que pudiera conocerte, le había impuesto una maldición que la estaba matando, y que ella tenía miedo de morir, y accedió a transformarse en vampiro. Aún le quedaba un poco de inocencia cuando nos conoció, pero la perdió al volver con él tras… nuestro enfrentamiento. Klaus se rió: «El hijo del unicornio transformado en un vampiro oscuro, ¿quieres mayor ironía?» Yo no entendía nada de eso. Entonces él me miró más burlonamente aún, y dijo: «Busca en el diario de madonna Salvatore». Y ya sabes lo que estaba escrito ahí, aunque yo no lo leí en ese momento.
—Klaus me dijo algo… en la casa. Me dijo que él y yo no teníamos que luchar, que ahora estábamos en el mismo bando.
—Eso era lo que creía, ¿no, hermano? Que tú estabas totalmente absorbido por la Oscuridad, y pensó en eliminarme sólo porque adivinó que a mí no me obtendría y que yo… era una buena influencia en tu conciencia, cosa que a él no le convenía. Por eso intentó matarme.
Los dos volvieron a ver ante sus ojos esas imágenes. Cuando Klaus había llevado a Stefan tan atrás como pudo, cuando parecía que Stefan debía estar a punto de derrumbarse o romperse, algo pasó. Klaus sonrió, y entonces empezó a empujar a Stefan hacia atrás otra vez. Stefan intentaba resistirse, pero Klaus sonreía abierta y locamente, miraba el extenso panorama, sólo aguardaba. Despacio. Inexorablemente. Su mueca se extendió por toda su cara. Como el gato de Cheshire. El gato con un ratón. Stefan gruñó fatigado, los dientes estaban fijos, mientras intentaba mantenerse lejos de Klaus. Pero Klaus y su palo seguían acorralándolo, Stefan simplemente retrocedía, y Klaus lo forzaba hacia la tierra mientras sonreía abiertamente todo el tiempo. Hasta que Stefan no pudo retroceder más, su propio palo le apretó la garganta con el peso de Klaus sobre su lanza. Klaus lo miraba hacia abajo y dijo. "Estoy cansado de jugar, muchachito", y enderezó y tiró hacia abajo su propio palo. "Ahora es tiempo de agonizar." Le quitó la lanza a Stefan tan fácilmente como si estuviera tomando algo de un niño. Lo recogió con un golpecito en su muñeca y lo rompió encima de su rodilla, mientras mostraba lo fuerte que era, tan fuerte como siempre había sido. Cruelmente había estado jugando con Stefan. Arrojó por encima del hombro una de las mitades del palo de madera blanco, hacia el claro. Con el otro pinchó a Stefan. No usaba la fina punta pero si el lado astillado, roto en una docena de puntos diminutos. Lo picó con una fuerza que parecía casi casual, Stefan gritó. Lo hizo de nuevo y de nuevo, mientras sacaba un grito a cada piquete. Stefan estaba muriendo, faltaba poco. Klaus, con la mano levantada, iba a terminarlo con un golpe mucho más abajo, en el corazón. La cara de Klaus se inclinó a la luna en una mueca de placer obsceno, mostrando que esto era lo que le gustaba, dónde conseguía emociones. Matar. Klaus sonrió, pero un trozo de lanza que venía del claro lo golpeó en medio de la parte de la espalda, aterrizando y temblando como una flecha gigante, como la mitad de una flecha gigante. Los brazos de Klaus se abrieron, mientras dejaba caer la estaca. Él estaba de pie, los brazos se extendieron, por un segundo, y entonces volteó, el palo de madera blanco en su parte trasera tambaleándose ligeramente. Simplemente se oyeron cuatro palabras, pero ellas cambiaron todo. "Aléjate de mi hermano." Klaus gritó, un grito que recordaba a los antiguos predadores, al tigre diente de sable y el mamut macho. Espuma ensangrentada salió de su boca junto con el grito, convirtiendo su cara atractiva en una máscara torcida de furia. Sus manos intentaron sacar la estaca de madera blanca y arrancársela de la espalda. Pero estaba muy profunda. El lanzamiento había sido muy bueno. Damon estaba de pie al borde del claro, enmarcado por árboles de roble. Dio un paso hacia Klaus, y luego otro; ágil, acechando, pasos llenos de mortales propósitos. Y estaba enfadado. "Aléjate… de mi hermano", dijo, mientras con los ojos fijos en Klaus dio otro paso. Klaus gritó de nuevo: "¡Idiota!" ¡No tenemos que luchar! ¡Te lo dije en la casa! ¡Podemos ignorarnos! " La voz de Damon no era más ruidosa que antes. "Aléjate de mi hermano, antes de que te arranque el corazón.", casi susurró. "!Te dije…!", gritó Klaus, espumando. Damon no reconoció las palabras de todas formas. La totalidad de su ser parecía centrado en la garganta de Klaus, en su pecho y en el corazón que iba a arrancar. Klaus recogió la lanza irrompible y se apresuró. A pesar de toda la sangre, el hombre rubio parecía tener fuerza suficiente. La carrera fue repentina, violenta, y casi ineludible. Lanzó la lanza hacia Damon, pero donde había estado Damon ahora había un cuervo negro que estaba volando hacia arriba mientras una sola pluma flotó abajo. Klaus, en silencio, cayó muerto en la madera. *
—Me salvaste, Damon; me protegiste como siempre lo has hecho. Luego pasó todo aquello: los espíritus guardianes y la vuelta a la vida de Elena, y tú tuviste que ver mi felicidad con Elena y apartarte.
—También vi que tu virilidad tuvo la misma respuesta al aura de Elena. ¿Por qué no hicieron el amor?
—Porque ella no me lo pidió. —Damon hizo una mueca de incredulidad—. Es cierto, Damon. Yo, desde que despertamos convertidos en vampiros en la tumba de la familia, he querido redimirme de mi culpa. Lo he intentado, mucho, y a veces he flaqueado, pero he seguido intentándolo. Créeme que no sabía nada de toda esta historia cuando conocí a Elena; llegué al pueblo atraído por las líneas de Poder que lo surcan y la vi a ella, igual a Katherine, y no pude evitar quererla para mí, para mí solo, ya que no había podido tener a Katherine. La influencié, pero aún así, me quedaba un poco de honor para no tomar su virtud si ella no me la daba por voluntad propia. Y ella, solicitaba mis besos, mi sangre, me pedía que yo bebiera la suya, pero yo sabía que estaba compelida por mi influencia.
—Pero sí sabías que ella sentía atracción por mí.
—Me di cuenta cuando se volvió vampira. Ella no había tenido mi sangre cuando murió, sino la tuya. Y si había bebido tu sangre, era porque sentía cierta atracción hacia ti; nadie bebe sangre de un vampiro si no lo desea. Sé que no podías obligarla.
* Cfr. Lisa Jane Smith: El Diario del vampiro: Invocación.
—No; no la obligaba. Pero le hacía creer que sólo eran sueños eróticos, culpables, con el hermano de su novio. Yo sí quería a Elena para mí, pero porque la amaba. Y sabía que la amaba tanto o más que tú; lo supe desde que la vi la primera vez, en el gimnasio de la escuela.
—Cuando… vi tus recuerdos… del tiempo que ustedes estuvieron solos, comprendí que yo estaba sobrando allí. Ella te ama a ti. Y ella te pidió a ti que tomaras su virginidad. También vi lo que hizo contigo, las «alas de redención» que tú no recuerdas porque Shinichi te las robó de la memoria. Vi que ella era la que podía salvarte a ti, redimirte a ti, ya que yo no tengo redención. Y entonces leí el diario de nuestra madre, y entendí todo lo que Klaus me había contado sobre corromper a Katherine para que no pudieras tenerla. Y entendí que la Dimensión Dorada había sido responsable de todo lo sucedido con Elena, desde su nacimiento, su apariencia, su vuelta a la vida, sus poderes. Y todo eso para hacer que tú pudieras reasumir tu destino.
—¿Y cuál sería mi destino?
"Ayudar a la humanidad a volver a la Luz" —Damon oyó la voz telepática en su cabeza. Miró alrededor y vio al unicornio.
—¿Quién eres?
Stefan también miró; no había oído nada, ni veía nada. Esperó a ver si Damon le contaba qué sucedía.
—¿Eres Asallam?
«Así que ahí está un unicornio, entonces», pensó Stefan, y se tranquilizó un poco.
"No. Asallam está ocupado con otras cosas, y además, tú estás ahora en mi territorio. Yo soy Isfendarmad, el que conoce la tiniebla, uno de los Siete Protectores engendrados en el Jardín de la Dimensión Dorada, hijos de Asallam".
—¿Hijo de Asallam? ¿Entonces…?
"Somos hermanos, y desde que entraste a la Oscuridad te he estado vigilando. Porque yo no puedo entrar a ella pero sí mirarla, y ahora… tú estás saliendo."
—¿Saliendo?
"¿Ya viste cuánto ha cambiado tu aspecto, Damon, desde que te unistesexualmente, a Elena? Tus ojos se han vuelto muy claros, ojos de unicornio. Y tu piel resplandece."
—Sigo siendo un vampiro, y me convierto en cuervo.
"Pero tu sangre ha cambiado. Tiene las mismas propiedades de mi cuerno: cura las enfermedades del cuerpo y del alma; elimina el veneno de cualquier sustancia, aumenta la potencia sexual; entre otras cosas."
Damon rió a su pesar.
—¡Resulta que ahora soy una farmacopea andante! Deberé tener cuidado no me vendan por partes en E-Bay.
"Sí. Debes tener cuidado. Y también Elena, y los hijos que engendren. Sus poderes serán deseados por todos los ambiciosos de Poder de la Dimensión Oscura. Pero ustedes, juntos, pueden vencer, y deben hacerlo. Yo estaré cuando me necesites, para ayudarte."
Damon volvió a ponerse serio. Su mirada se desvió de nuevo hacia Stefan.
—Todos nos han utilizado, Stefan. La Dimensión Oscura, la Dimensión Dorada, Asallam y Klaus. Y hemos pagado las consecuencias: nuestra madre, tú, yo, Katherine, Elena. Pero creo que al final tú te has llevado la peor parte. Lo siento.
—No; yo lo siento, hermano.
Stefan se adelantó y se abrazaron estrechamente. Isfendarmad mandó una oleada de energía hacia los hermanos entrelazados y desapareció.
—Debo volver a Florencia, Damon. Debo alejarme.
—No. No quiero que estés lejos, Stefan. También te necesito a ti, y lo sabes. ¡Si en quinientos años nunca he podido estar más de un mes en otro lugar que tú no estés!
—Es que duele. Yo he amado a Elena, de verdad; y duele.
—Lo superarás, Stefan. Lo sé. Lo superarás de alguna manera, como… Mutt… cuando apareciste tú…
—Matt…
—Ese mismo. Él amaba a Elena, creo que aún lo hace, pero eso no le impidió ser tu amigo.
—Tienes razón en eso.
—Sólo tómate un tiempo; y luego regresa. Somos una familia; nos necesitamos. Y se lo debemos a madonna Salvatore, Stefan.
—De acuerdo.
Damon desordenó el cabello de Stefan. Se sentía bien estar así con su hermano; era como si volvieran a ser niños.
