Rey estaba sentada en el suelo, entre los monolitos en memoria de Shara Bey y Kes Daemeron, y frente al monolito de Han Solo. Era lo que llamaban "El cementerio", pero que más bien era un memorial, porque casi ningún cuerpo de las personas allí representadas se encontraba bajo esa tierra. Había sido trasladado ahí, piedra por piedra, desde la base antigua de D'Qar hasta la nueva base. Los pequeños monolitos de piedra gris con nombres grabados se extendían hasta donde Rey podía ver. Era tarde y ya casi no quedaba luz de día, pero el sector contaba con algo de luz artificial. Hacía un poco de frío, así que Rey se mantenía cubierta con la capa marrón de padawan y la capucha sobre la cabeza.
Frente a ella tenía el Código Jedi que Luke le había entregado. Ya llevaba más de la mitad, y había memorizado una buena parte. Aquel lugar la llenaba de nostalgia. ¿Cuánta gente se había perdido, y cuantos monolitos quedaban aún por levantar? Le consoló pensar que pronto habría un monolito en honor a Zana en ese lugar.
Cerró el libro por un momento, y sacó de entre sus ropas los sables de Skywalker y Zana. Siguió trabajando en su proyecto: unirlos para formar un sable doble. Quizás sería el primero con una hoja roja y la otra azul. Recordó que se había visto a sí misma matando a Finn con un sable rojo. Pero se dijo que eso no tenía por qué pasar.
— ¿Podemos acompañarte, hermana? — preguntó la voz de Poe Daemeron a su lado. Se sentó a su izquierda sobre la hierba. Jaina Solo no preguntó nada y se sentó a su derecha. Pero le susurró al oído, sonriendo:«Hasta con esa horrible capucha te ves bonita. Te odio.»
— ¿No deberías estar con tu madre? — preguntó Rey a Jaina.
— A ella no le importa mucho — repuso Jaina, en tono dolido — es una princesa, está acostumbrada a poner la razón de Estado sobre la familia, excepto en el caso de Ben, que tiene talento de jedi. Quizá yo debí seguir los caminos del Lado Oscuro para recibir un poco de su atención. Era igual con Han Solo, y en parte por eso mi padre se fue.
— Ella se preocupa por ustedes — repuso Poe — es sólo que no puede demostrar debilidad. Muchos dependen de ella.
«Claro» murmuró Jaina, con sarcasmo. Se hizo un silencio profundo, en que aparecieron algunas estrellas en el horizonte.
— La situación de Finn me está desesperando. Además, me he sentido extraña en esta base — rompió el silencio Rey — me da la impresión de que todos me tratan...no lo sé, como a una princesa.
— ¿Cómo a una princesa? — preguntó Poe, sonriendo.
— Todos los pilotos y soldados parecen ansiosos por servirme. Todos me preguntan si necesito algo. Siento que muchos me miran como esperando que yo les diga alguna cosa. Hay una niña que no deja de seguirme, y que parece que me estuviera imitando. Otros me evitan, parecen ponerse nerviosos cuando yo paso.
— Es que les has traído esperanza — repuso Poe.
— No me digas eso...— empezó a decir Rey. Pero Jaina la interrumpió con su soltura habitual.
— ¿Y que querías? Esta gente ha perdido todo en manos de la Primera Orden, y llevan años dando una pelea que parece no tener fin. Y de pronto, se enteran de que una chiquilla salida de la nada ha derrotado a Kylo Ren en un duelo, y se ha encontrado con Luke Skywalker. Luego tu vienes y te apareces aquí vestida así, con una trenza de padawan y con un sable en el cinturón. La mayoría de ellos no habían visto un jedi en toda su vida. Ya estaban empezando a pensar que no eran más que mitologías religiosas. Lo quieras o no, ya eres la esperanza de todos ellos.
— ¡Ja! — Rey lanzó una risa forzada. Sentía que el formidable peso de la responsabilidad sobre sus hombros la empequeñecía. Luego agregó:
— Yo no puedo ser la esperanza de un ejército completo. Apenas puedo cuidar de mí misma. Si hay alguien que es la esperanza de la Resistencia, ese es Luke Skywalker.
— Luke no ha hecho nada por ellos durante años ya — respondió Poe. Entonces Rey, sin poder contenerse, dijo levantando la voz:
— ¿Y si me equivoco? ¿Y si me matan? ¿Y si quiero renunciar para olvidar todo? A veces siento deseos de correr y no volver más, como la primera vez que toqué el sable de Luke.
— Estas son cosas de las que no se puede escapar. Pero recuerda que no estás sola. — repuso Poe, sonriendo. Luego agregó, en un tono más alegre. — te he traído algo.
Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó una pequeña placa metálica. Era una pequeñísima pantalla en que podían verse muchas imágenes, una tras otra. La primera que apareció, fue la de una pareja con una niña. Eran Shara Bey y Kes Daemeron, y una pequeña Rey que se veía feliz con ellos.
En el momento en que tomó la decisión definitiva de dejar la Primera Orden, Finn sintió que despojándose de su casco de stormtrooper estaba la libertad. Cuando se lo sacó, mucho antes de lo que mandaba el reglamento, le pareció que todo era más grato, que incluso los colores eran más brillantes sin tener que usar eso. Precisamente entonces supo que sólo quería ponérselo una última vez en su vida: para rescatar al piloto de la Resistencia que había sido capturado, y huir.
Todo lo que vino después había sido muy extraño. Finn nunca se había sentido tan inspirado. Fue necesario disparar a los soldados que intentaban impedir el robo del caza TIE en la plataforma de lanzamiento, y lo hizo muy bien. Le parecía que una extraña fuerza salía de su interior, controlaba sus miedos y le daba una concentración sobrehumana. Después disparó varias veces las armas de la nave de combate, cosa que jamás había hecho, y volvió a hacerlo de un modo tan preciso que no podía ser suyo. Luego cayeron en el desierto de Jakku, y se había sentido extrañamente guiado hacia el puesto de Niima.
Y entonces vio a BB-8, reconociendo al androide que Poe le había descrito, y a Rey, que lo recibió con un violento golpe de su bastón. Pero eso no fue nada comparado con el golpe que recibió de los ojos y la sonrisa de la joven. El jamás había visto nada que le pareciera tan hermoso. Además, era una mirada de aceptación y sinceridad que entre militares no se podía encontrar. En ese momento sabía que algo estaba uniendo sus destinos, pero no podía darle un nombre. Ahora sabía que ese algo era La Fuerza, actuando de manera especial en él por algunas horas, antes de que todos sus miedos volvieran.
"Concéntrate en el momento de tu despertar" le había susurrado Ben Solo, directamente al cerebro. Se concentró en ese momento en que sus disparos parecían guiados por una fuerza sobrenatural. Sentado al borde de la litera de su celda, todavía vestido con ropa de cama de hospital, procuraba volver a sentir lo mismo. Vació su mente, cerrando los ojos. En ese momento no lo sabía, pero estaba meditando como un jedi. Estaba haciéndose uno con todo el universo, con La Fuerza.
Recordó sin querer algo que le había contado Poe poco antes de su secuestro, y que, a su vez, Rey le había relatado al piloto antes de ir a buscar a Luke. Poe le había dicho que Rey había controlado al guardia para que la liberara . ¿Sería posible que él hiciera algo similar, aunque fuera por cortos instantes? Le parecía poco probable.
Pasó casi toda aquella mañana hasta que sintió que la puerta se abría. Su concentración había sido tal, que recién ahora notaba el dolor en la espalda debido a su postura en la litera. Un stormtrooper entró con una bandeja con comida. ¿Lo intentaría?. Finn seguía teniendo en la mente el sonido de las explosiones que el había provocado en su primer escape con Poe, para evocar sus sentimientos en el momento de su despertar. Se concentró en el soldado.
De pronto, el guardia miró hacia el techo como alarmado, y corrió hacia una ventana que parecía dar al exterior. Observó por unos segundos. Y luego dijo en voz alta, dirigiéndose al prisionero: —¡Qué extraño! Por un momento sentí disparos y explosiones allá afuera.
Finn se sobresaltó un poco. ¿Sería posible que él hubiera provocado aquella ilusión en el guardia? Intentó decirle algo con su mente, pero nada sucedió. Quizás le tomaría días, pero lo seguiría intentando.
En la sombría sala del consejo, los siete Caballeros de Ren esperaban a Snoke. El único que no tenía máscara puesta era Ezra Bridger, el que no permitía que le llamasen de otra manera. Él estaba sentado inmediatamente a la derecha de Kylo Ren.
— ¿Qué hablabas a solas con el prisionero, Ren? — preguntó Ezra, mirando directamente a los agujeros de la máscara.
— ¿Dudas de mi lealtad, Bridger? Yo no soy el que está obsesionado con resucitar a mis padres o construir una antena de comunicaciones.
— No, pero estás obsesionado con Rey, que es peor — respondió Ezra, con una sonrisa. Kylo Ren puso la mano sobre la empuñadura del sable, furioso. Los otros cuatro observaban en silencio.
— ¿Y? — preguntó Ezra, burlón — ¿Vas a sacar tu arma? Arreglemos esto de una vez. Veamos cuánto tardas en morir.
Ren estaba a punto de perder por completo la paciencia.
— Puedo sentir que el prisionero aumenta sus poderes con cada hora que pasa — prosiguió Ezra — y curiosamente, esto empezó justo cuando tu le hablaste. Tal como sucedió con ella.
Ren se iba a levantar de la silla, pero uno de los otros caballeros silenciosos lo afirmó con fuerza. Otro de ellos dijo «Tranquilos ustedes dos. Se están acusando sin fundamento»
Kylo intentó calmarse, mientras Ezra sonreía para molestarlo. El hijo de Han Solo le dijo entonces, en voz más baja:
— ¿Por qué le pediste permiso a Snoke para construír esa gigantesca antena de comunicaciones en la cúspide del Tempo Sith?
La sonrisa del rostro de Ezra desapareció. Pero luego su boca se torció en gesto sarcástico y respondió, mirando a todos:
— ¿Para qué ha de ser? Para radiar el mensaje de la Primera Orden a todos los rincones del Borde Exterior...
En ese momento se abrió la puerta, y entró Snoke, encapuchado. Todos se levantaron respetuosamente de sus asientos. Pero Ren todavía alcanzó a susurrarle a Ezra.«Bridger. Te has vuelto malvado y retorcido, pero yo sé que queda algo de jedi en ti. Y Snoke lo sabe también»
— ¡Silencio! — dijo Snoke con brusquedad — ustedes cinco — prosiguió dirigiéndose a los demás caballeros — Viajarán inmediatamente a Naboo. Quiero que obliguen al Regente a proveernos materias primas para la construcción de la flota que necesitamos para expandirnos hacia el Borde Exterior. Si se niegan, reemplácenlo por uno de ustedes, y que el resto siga de inmediato a Mustafar. Necesitamos ese acero. No debemos perder más tiempo, la pérdida de la Starkiller nos dejó sin capacidad de ataque. Vayan.
Los cinco aludidos se levantaron y salieron rápidamente, haciendo una reverencia. Ezra y Kylo los siguieron con la mirada, y luego miraron a Snoke.
— Debemos prepararnos para la llegada de Skywalker y su discípula — prosiguió Snoke — desconozco por qué se han tardado, pero vendrán.
— Maestro, no parece razonable arriesgar a varios combatientes en una misión tan peligrosa para salvar a un solo hombre — dijo Kylo Ren.
— No es cualquier hombre — repuso Snoke — es un futuro jedi. Hay muy pocos como para perderlo. Ellos vendrán.
— ¿Cómo podrían entrar en Kórriban sin que lo notemos? — preguntó Ezra.— es el lugar más vigilado del mundo, y además su energía nos avisa de inmediato de cualquier cosa que pasa en el planeta. Y no tienen la fuerza necesaria para un ataque directo con la Resistencia.
— No debemos confiarnos — repuso Snoke — La Fuerza tiene muchos misterios, y podría haber un modo que ni siquiera yo conozca. Skywalker se ha vuelto muy sabio. Debemos estar atentos.
— Maestro, déjeme a mí encargarme de Rey y del traidor, y que Ezra se encargue de Skywalker. — intervino Ren. Ezra lo miró con suspicacia.
— Ya veremos — contestó Snoke — Ustedes dos siempre están discutiendo, y yo los conozco. Cada uno de ustedes tiene sus propios deseos, su propia agenda. No son como los sith, o como esos otros cinco, totalmente entregados a la ira: han sabido mantener algo no totalmente oscuro en sus espíritus. Kylo-Ren, tu fundaste la Orden, en aquel asteroide llamado Ren, con el sólo propósito de impedir el surgimiento de la orden jedi de Skywalker. No lo hiciste por odio: realmente creías que la democracia y los jedis eran un peligro para el equilibrio de La Fuerza. Y tu, Ezra Bridger, sigues pensando que la Nueva República y los jedis, en especial la maestra Ashoka Tano, traicionaron a tus padres y a tu maestro. Por eso consideras que no son buenos para nadie, y por eso aprovechas los poderes del Lado Oscuro.
— Maestro, nosotros reconocemos tu sabiduría de más de mil años — repuso Ezra, haciendo una reverencia.
— Tu tienes parte de la energía vital de Darth Plaguéis, el único capaz de crear vida, y de trascender la muerte sin ser jedi — repuso Kylo, con voz que trataba de sonar humilde.
— Ya conoceré su lealtad — repuso Snoke. Su tono era más siniestro que nunca —La llegada de la chica, mi creación, y de Skywalker será la prueba final para ustedes. Y no crean que no he preparado algo en caso de traición. También tengo mi sorpresa lista para esa chica. Si todo marcha de acuerdo con el plan, será ella misma la que mate a su maestro y a su amigo el traidor.
